Esta vez más temprano. Agradezco infinitamente sus reviews, desde el primer capítulo hasta el pasado, ustedes aligeran increíblemente la carga en mi mente… Y, Shinobu, por favor, recuerda que si no fuera por ti no hubiera escrito nada nunca en español. A tí te dedico este capítulo.
El descubrimiento del laboratorio de Kanou y todo lo que ocurrió debajo de la vetusta mansión dejó olvidadas las tiernas caricias ocultas del café. El aire estaba tenso y lleno de contradicción. No podían fingir que nunca habían pasado; la pared destruida entre ellos les había permitido verse por entero, y Tsukiyama no puede evitar adolecer junto a su amado. La fatalidad de la vida de Kaneki parecía llegar a un crescendo: una horrífica transformación, una verdad inconsolable, una herida profunda, la pérdida de la cordura; estaba al borde del precipicio una vez más.
Tsukiyama sentía que estaba a un lado de él, mirando hacia el abismo.
El ghoul que encuentran en el laboratorio, envuelto en una kagune negra, cara cubierta por una máscara terrorífica, era la locura personificada. El grupo sabe que debajo de esa máscara está su líder, pero no saben qué tan consciente está. Tratan de acercarse y este los vence tan fácilmente... Después de que Kaneki atraviesa con su mano el pecho de Banjô y casi lo mata, nadie puede decir nada.
Tsukiyama sabe, racionalmente, que Kaneki no tiene el corazón para matarlos, pero el ghoul frente a él se deshizo rápidamente de todos ellos sin titubear. Si no hubiera sido por el kagune de Banjô, y su pronta recuperación frente a Kaneki, Tsukiyama teme que hubieran perdido más que un valioso miembro de su equipo.
En el momento después de que se empieza a desmoronar el kagune de Kaneki, Tsukiyama intercambia una mirada con Banjô y este asiente la cabeza. El pelimorado toma a Kaneki en sus brazos y Banjo guía al grupo hacia la salida a paso apresurado, consciente del CCG en el laboratorio. Tsukiyama cuida la retaguardia, ojos rojos envueltos en sombras, kagune en forma defensiva. Un sentimiento curioso florece en su pecho al escuchar a Kaneki tratando de sofocar sus sollozos contra su hombro. Tsukiyama trata de calmarlo, besándole sus cabellos blancos, susurrándole dulces palabras, pero el medio ghoul en sus brazos es inconsolable.
La impotencia, ese sentimiento curioso, se aferra a su mente especialmente después de que deja a Kaneki en su cuarto y su amado le cierra la puerta firmemente.
El trágico joven volvió a retraerse. Vuelven al inicio una vez más. Kaneki vuelve a guardar silencio, vuelve a encerrarse en su cuarto, vuelve a los ayunos, vuelve a las pesadillas. Sin embargo, Tsukiyama no vuelve a la rutina anterior; no puede regresar a sólo observarlo, su preocupación escondida detrás de una sonrisa, mientras lo sigue en su búsqueda de una verdad nebulosa. Aun cuando su corazón le permitía conformarse con sólo eso anteriormente, Kaneki le había correspondido no hace mucho. Y aunque no se lo había dicho con palabras, y nada era oficial, Tsukiyama no puede abandonarlo; si no lo hizo antes con menos, era imposible ahora. Kaneki parece haberse revertido a lo que era antes, pero Tsukiyama sabe, mejor que nadie, que el tiempo fluye en una sola dirección. Y todo lo que uno vive se puede intentar olvidar, más nunca borrar del todo. Sus transgresiones siempre estarán ahí, en su memoria, en la memoria de Kaneki, como lo llevó al Restaurant de ghouls—a un lado también se encuentran nuevas memorias de sonrisas tímidas y palabras dulces, una mirada como el atardecer.
Parecía inevitable el fin trágico del que alguna vez le habló Kaneki. Tsukiyama no pensaba que fuera un pensamiento internalizado al grado al que se presentó ese día en el laboratorio. La forma de su kagune, no, de su kakuja, le preocupaba también. Había visto a Kaneki tener ataques, eran aleatorios, pero nunca lo había visto mientras estuvieran peleando o usando sus kagunes. Que tomara la forma de un ciempiés... Lo único en lo que puede pensar Tsukiyama es en un instinto salvaje activado por el alto nivel de estrés causado por su encuentro con Kanou. O podría ser algo más, algo del pasado enterrado de Kaneki. Tsukiyama vuelve a sentir la impotencia presionándole el pecho, cortándole el aire.
En su esfuerzo por ser más fuerte, parece que Kaneki ha querido desechar por completo su humanidad. Sin embargo, Tsukiyama no puede dejar que lo haga, especialmente porque no cree que sea su "humanidad" lo que Kaneki quiere extraerse. Compasión, afecto, empatía, deseos y sueños; esas son las cosas que Kaneki piensa lo hacen débil, y en su defensa, Tsukiyama también, no hace mucho, había pensado lo mismo. Era el privilegio de los fuertes no tener que preocuparse por el peligro que esas cosas podían traerle como ghoul; Tsukiyama pensaba que Kaneki lo entendía al haberlo seguido todo este tiempo, misión tras misión.
Por otro lado, sus más cercanas observaciones desde aquel día en que decide besar a Kaneki en vez de morderlo, le habían hecho entender que Kaneki se estaba esforzando en sobremanera de no sólo ser fuerte, sino actuar como alguien fuerte. Tsukiyama no lo entendía, Kaneki era la persona más fuerte que conocía, tal vez, con la única excepción de su padre. Había sido un humano anteriormente, había tenido una vida totalmente distinta a la que ha tenido que llevar estos últimos nueve meses. Una vida llena de sueños kafkianos.
Se trató de ocupar en su casa para darle su espacio, sin embargo, a tres días del incidente, ya no lo soporta más, y va a visitarlo. Trae unos iris violetas, consciente de que es mera superstición que alejan los malos espíritus, pero nunca está de más un poco de suerte. Banjô le recibe en la sala junto con Hinami, y los tres comparten un silencio tenso.
—¿Qué tipo de flores son estas, Tsukiyama-san?
Hinami le recibe las flores y rompe el silencio fácilmente. Banjô suspira, cansado, y Tsukiyama le ofrece una pequeña sonrisa a la joven ghoul.
—Son iris, little lady. Son flores que se usan para ahuyentar a los malos espíritus en el viejo folclor.
Hinami las observa con nostalgia y responde, —A mi hermano le encantarán.
Tsukiyama le pone gentilmente su mano sobre su hombro, esperando que lo vea a él, y le dice de la manera más esperanzada y jovial que podía, teniendo en cuenta que él mismo estaba muy preocupado por Kaneki, pone su mano derecha sobre su corazón y alza la izquierda teatralmente,
—Claro que sí, mademoiselle, porque, sencillamente, ¡las flores arreglan todo!
Banjô rueda sus ojos, aunque una pequeña sonrisa se escabulle en su fachada irritada, y Hinami le mira con cierto asombro,
—¿Lo crees en verdad, Tsukiyama-san?
Tsukiyama le sonríe y le dice mientras le señala el ramo de flores, —Sólo hay una manera de averiguarlo, ¿o no?
Banjô se ríe de buena manera y encoge los hombros al decir, —No ha recibido a nadie desde lo del laboratorio, así que buena suerte.
Tsukiyama suspira y recibe nuevamente las flores de Hinami. Ella le mira con cierta esperanza en los ojos y Tsukiyama, por primera vez, se siente comprometido con ella. Su corazón se estremece al pensar que podría bajar con malas noticias. Sacude su cabeza internamente; no iba a pensar en eso. Después de todo, los iris también tenían un significado en hanakotoba: "buenas noticias". Cuando alza la mirada, Banjô le está viendo con detenimiento. Se miran unos segundos en lo que Banjo parece buscar algo en su mirar. Tsukiyama lo va a desviar como usualmente lo hace (diciendo su nombre mal), pero Banjô le gana:
—Ha estado de un humor muy negro; no creo que se aguante darte un golpe, para que no entres desprevenido.
Tsukiyama, un poco sorprendido, e internamente conmovido, suelta una risilla burlona, —Bueno, por lo menos tu petit kagune me puede sanar si es necesario.
Banjô no tenía que saber francés para entender lo que dijo de él. Se pone rosa de la cara mientras responde, —¡No tenías que mencionar el tamaño, Tsukiyama! —voltea la cara y cruza los brazos—Aparte, ¿quién dijo que estaba ofreciéndote ayuda?
Tsukiyama ya está subiendo las escaleras para esto y le digna una última mirada magnánima. Hinami a un lado de Banjô se cubre la boca tratando de callar sus risas. Tsukiyama cree sentir algo en su pecho, un ligero tremolo, pero lo ignora. Los deja atrás para enfrentarse a la puerta cerrada de Kaneki. Sabe bien que no sería ni la primera ni la última vez que Kaneki lo saque de su cuarto o le cierre la puerta en la cara. Inhala profundamente para prepararse (Qué ridículo, piensa, pero igual se siente mejor después) y abre la puerta.
Toca el marco, dos veces, para anunciarse, aunque el joven de cabellos blancos le estaba viendo ya, desde su posición recostada sobre la cama. Su corazón se estremece, pero su sonrisa aguanta.
—Kaneki, ¿podemos hablar?
Sus ojos se comunican por él, mirando hacia un lado, y Tsukiyama obedece. Mantiene las flores púrpuras detrás de él en su camino hacia Kaneki y toma asiento en la orilla a distancia cordial. No quería accidentalmente irrumpir más en su espacio. Kaneki por su parte, al darse cuenta del olor floral en su cuarto, suspira lentamente.
—¿Qué tipo de flores me traes hoy, Tsukiyama?
El Gourmet hace una cara indignada al ponerlas frente a él, fingiendo una voz lastimada, —Podrías por lo menos fingir que es una sorpresa.
El peliblanco rueda sus ojos, cansado, manchas oscuras debajo sus ojos, y poco a poco se alza de la cama, —No estoy sorprendido, sólo tengo curiosidad.
Tsukiyama haría lo que fuera para darle un descanso, ayudarlo a romper la superficie del mar de fatiga incansable en el que se ahoga, sin embargo, Kaneki no le ha permitido acercársele estos últimos días. Aunque tal vez las flores estén ayudando un poco. Kaneki se acomoda junto a él, su brazo entrelazándose con el suyo mientras apoya su cabeza en su hombro para olfatear mejor las flores en su regazo. Tsukiyama trata de mentalmente apaciguar el latido de su corazón, pero sabe que es imposible.
—Son iris… —Kaneki alza su cabeza y mira fijamente a Tsukiyama, extrañado— ¿Qué buenas noticias me traes?
Tsukiyama le sonríe, para nada sorprendido de la perspicacia de su querido Kaneki y responde, —Vengo a renovar mis votos.
Esto logra sacar una sonrisa, aunque exasperada, del medio ghoul. Hunde su cara en el hombro de Tsukiyama y susurra contra su piel— ¿Mi héroe regresa a casa?
Tsukiyama siente a su corazón latir en sus oídos, pero lo ignora. Niega con la cabeza y responde, —Lamentablemente parece que la guerra aún continúa.
Tsukiyama siente como se tensa la quijada de Kaneki contra su hombro y le gustaría poder ver su cara, pero la mantiene apoyada en su hombro, su mirada en su cuello. Tsukiyama sigue,
—Así que mientras esta campaña dure, no importa cuán peligrosa se torne, yo estaré al lado de mi señor.
Kaneki le sujeta fuerte el brazo, poco a poco.
—Cher… No sabemos exactamente lo que pasó, y no necesitamos saberlo; lo único que entendemos es que lo que sea que encontraste ahí te está alejando de nosotros.
Kaneki suelta el brazo de Tsukiyama. El pelimorado extraña inmediatamente la cercanía, pero Kaneki ya agarró espacio entre ellos, tanto con distancia como con silencio. Tsukiyama se olvida de las flores y antes de que Kaneki pueda alejarse más, toma su mano izquierda. Kaneki alza la mirada, ligeramente irritado.
—Es el privilegio de los fuertes andar sin miedo; sin importar lo que destruyan, a quien pisen, o lo que sea que hagan. El humano no siente tristeza al pisar a una hormiga, Kaneki.
El joven de cabellos blancos deja de alejarse, se queda quieto, mas no lo voltea a ver. Tsukiyama prosigue,
—No me importa que decisión tomes, Kaneki, yo siempre estaré a tu lado, por favor no lo olvides.
Kaneki quiere regresar a un tiempo en donde las palabras de este hombre no le hicieran tanto efecto. Le gustaría decir que no fue hace mucho, pero desde el momento que conoce a Shû Tsukiyama, todas sus palabras han sido efectivas. Su mano sobre la de él es más grande, su agarre es firme, pero Kaneki no se siente atrapado. En verdad quiere contarle todo, pero no puede. Ni siquiera sabe por dónde empezar… Todo en su cabeza está revuelto. Se muerde el labio, pensando; baja la mirada y Tsukiyama cree que pierde a Kaneki. Aprieta un poco su mano alrededor de la de él y dice solemne,
—Recuerda que lo que te protegerá de verdad, al final, será la daga bajo tu almohada.
Kaneki sabe en ese momento que nunca se van a cansar de hablar con simbología y Tsukiyama nunca la va a dejar de traer flores. Ya no tan sorprendentemente, una sonrisa tímida se extendió en sus labios. Y poco a poco, se va volteando a ver a Tsukiyama. El otro se relaja poco a poco al verlo, como si hubiera estado tenso por mucho tiempo. Tal vez así había sido. Empieza con su mano que suelta un poco su agarre, sus hombros que van poco a poco bajando a una posición más cómoda, su cara que estaba tan seria: la quijada relajada, los ojos cerrados. Es una simple pero fuerte revelación que Kaneki también tiene un efecto en Tsukiyama. Inhala lentamente y otra vez se acerca a él, una vez más acomodándose a su lado, entrelazando sus dedos. Apoya nuevamente su cabeza su hombro.
—No sé exactamente lo que pasó ahí dentro tampoco... Y lo que vi... —Parece que Kaneki no puede seguir ese pensamiento, lo deja y vuelve a empezar—Al fin había encontrado a Kanou y a Rize pero no era.. Ellos no eran..
Kaneki estaba tan confundido. ¿Qué esperaba encontrar en el laboratorio? ¿La razón de su existencia? ¿Un premio al final del arcoíris? ¿Despertar de este sueño monstruoso? No. Él ya sabía que era el monstruo de Frankenstein nada más, pero no se sentía como el nuevo Prometeo, sólo como Gregorio Samsa, destinado a morir como lo que en verdad era por dentro, un insecto miserable. Kanou le habla de la jaula de la sociedad, de convertirse en rayos de luz... La verdad aparente y la verdad del mundo y Kaneki solo podía pensar en lo que le dijo del gerente de Anteiku. Estaba Rize frente a él, en ese contenedor, y él no pudo hacer nada. Siente que se le juntan las lágrimas en los ojos y como todo su cuerpo tiembla y lo quiere contener todo, pero Tsukiyama está ahí y algo en él se vence. Apoya su cabeza contra el hombro de Tsukiyama y exhala, unas cuantas lagrimas escapándose.
—Rize… Ella estaba... Se la llevó Yomo—se limpia sus lágrimas con su mano libre—Kanou… Él.. Él dijo que había sido su experimento más exitoso… y que debía seguirlo a Aogiri.
Kaneki suelta una risa burlona, ácida y oscura.
—Unirme a Aogiri… Ni siquiera es chistoso, pero lo peor no fue eso.. Me dijo que el señor Yoshimura había creado Aogiri. Y yo.. Yo no..
Kaneki ni siquiera sabe lo que sintió en ese momento, cuando entra Yomo para llevarse a Rize y le dice que camine su propio camino. ¿Cuál era ese camino? Él quería proteger a todos, pero no importaba lo que hiciera —su brazo atravesando el pecho de Banjô, su kagune dentro del abdomen de Tsukiyama, su sorpresa ante la verdad de Kanou, su impotencia ante la fuerza de Shachi— él no era nadie. Sólo podía lastimar a los demás. ¿Era eso mejor o peor que no poder hacer nada? Ya no lo sabe. ¿De qué camino hablaba él antes, cuando estaba en Anteiku? Ya no lo recuerda.
Tsukiyama guarda silencio. Puede entender lo que pasó más o menos ya, pero lo que acongoja a su querido Kaneki es algo más… Dice lo que siente y espera lo mejor,
—No tienes que hacerlo todo solo, ¿sabes?
Kaneki sacude la cabeza y responde, —Hay cosas que sí, Tsukiyama... Hay cosas que debemos enfrentar o estar destinados a siempre perder.
Tsukiyama no puede describir el sentimiento en su pecho, pero lo sofoca. Acerca sus manos entrelazadas y besa la mano de Kaneki. El medio ghoul le dirige una mirada tímida.
—Pero… Esta vez... —Kaneki no puede creer que lo va a decir en voz alta, siente que no debería decirlo, pero ha querido decirlo desde que Tsukiyama desapareció una semana, no quería infligirle eso a nadie, mucho menos a él— Sé que me esperas...
Kaneki baja la cabeza, pero Tsukiyama puede ver como sus orejas se ponen rojas. Tsukiyama sonríe, victorioso, amado, invencible. Estas eran las mieles del amor correspondido, estos eran los frutos del árbol resguardado en el invierno, el más DOLCE de todas las riquezas. Saberse amado es distinto a amar, y por primera vez lo ve también en Kaneki. Esto hace más delicioso el momento de partida, y el momento del reencuentro será... FORTISSIMO. Tsukiyama una vez más siente en todo su cuerpo gratitud a las vicisitudes del azar que no se lo comió antes, que el tiempo le pudo mostrar los verdaderos sabores de la vida a través de este joven frente a él.
Aún y cuando estará triste en su separación, se pone de pie. Debe respetar su decisión, aunque no la entienda, pero saber que está pensando en él es más que suficiente por el momento. Está a punto de irse cuando Kaneki rápidamente extienda su mano y toma la de él. Tsukiyama, sorprendido, voltea a ver al peliblanco. Kaneki está tan sorprendido como él, al parecer, y está a punto de soltarlo, o eso cree Tsukiyama, cuando el peliblanco, desvía la mirada y susurra,
—Gracias.
Tsukiyama sonríe abiertamente y sujeta más fuerte la mano de Kaneki para alzarlo también de la cama. Kaneki se levanta, un poco confundido, y Tsukiyama fácilmente lo acerca a él. Kaneki alza la mirada y Tsukiyama baja la suya. El pelimorado tiene un breve momento de claridad donde se da cuenta de que Kaneki le permite tocarlo, le permite ayudarlo, por algo más que conveniencia o necesidad. Que Tsukiyama no sólo le puede dar ayuda económica o de batalla. Que puede apoyar a Kaneki como Hinami o Banjou…
Lleno de mariposas en el estómago, Tsukiyama rosa su frente con la de Kaneki dulcemente, mientras le dice,
—Cuando quieras, cher, sólo márcame y yo estaré aquí.
Kaneki cierra los ojos e inhala suavemente. La colonia de Tsukiyama le calma de manera novedosa. Abren los ojos al mismo tiempo y Kaneki siente que se le enciende la cara. No sabe si en algún momento se acostumbrará a la cercanía, pero por el momento no importa. Tsukiyama le besa la frente y está a punto de besarlo en los labios, o eso espera Kaneki, separando sus labios, casi saboreando su aliento, cuando el otro voltea repentinamente hacia la puerta.
Hinami está escondida detrás de la puerta, tímidamente desviando la mirada. Kaneki siente que debe decir algo, pero nada sale de su boca. Tsukiyama alza sus manos unidas y besa su mano otra vez, dulcemente.
—Espero tu llamada..
Suelta su mano y toma las flores olvidadas en la cama. Va hacia la puerta y se dirige a la menor nerviosa por la puerta, —Hinami-chan, lo dejo en tus muy capaces manos.
Le endereza el flequillo y le da una de sus flores antes de irse con un fuerte y feliz, —¡Ciao!
Kaneki sigue ruborizado para cuando Hinami entra al cuarto, un fragante iris en la mano. No sabía exactamente qué acababa de ver, sin embargo, su hermano mayor no parecía ni enojado ni triste, sólo un poco fuera de sí. Ella sabe que desde esa vez que todos se fueron por una semana, hace poco, algo había estado pasando entre ellos dos. O talvez, desde esa vez de las flores púrpuras, cuando venían con una dedicatoria. Su hermano había querido tirar las flores desde que entró Tsukiyama con ellas, pero una sola mirada a la tarjeta y su hermano se puso rojísimo de la cara y sacó a todos de la cocina. Cuando salió de la cocina, no tenía nada en mano, excepto la tarjetita blanca, y con una sola mirada hacia el hombre de las flores, el pelimorado se fue sonriendo jactancioso del departamento.
Cuando le preguntó a su hermano que decía la tarjeta, se volvió a sonrojar, pero le respondió que era Shakespeare. Hinami nunca lo había leído. Kaneki le sonrió y le dijo lo que decía. "Una rosa, por cualquier otro nombre, olería igual de dulce." Entonces Kaneki le contó una historia, un poco triste, de dos humanos enamorados pero separados por sus circunstancias familiares. Un día, la joven Julieta le confiesa a Romeo que si tan sólo no fuera de su familia, "si tan sólo no tuviera ese nombre," agregó Kaneki, "Ella lo podría amar libremente."
En ese momento, Hinami le pregunta a Kaneki si Tsukiyama quiere que se cambie el nombre. Kaneki se ríe y sacude la cabeza.
—No, él no quiere eso. Él quiere que vea algo más en estas flores…
Hinami inclina su cabeza a un lado, dudosa. Kaneki le sonríe y le dice,
—¿Conoces el hanakotoba, Hinami-chan?
Hinami asiente la cabeza, emocionada, y le responde,
—¡Un poco! ¡Como que si te regalan margaritas, son señal de buena fe!
Kaneki sonríe amablemente y le acaricia dulcemente la cabeza,
—Exacto, Hinami-chan. Pero el hanakotoba puede ser aún más complicado. Una combinación de flores puede significar algo distinto con el contexto adecuado. A veces las flores representan palabras secretas o a veces son solo una parte del mensaje.
Hinami asiente la cabeza, entendiendo lo que le decía Kaneki, pero hace una otra pregunta,
—Y Tsukiyama-san… ¿Él que te está tratando de decir?
Kaneki no se volvió a ruborizar, pero coloca sus dedos en la barbilla y encoge los hombros, —No estoy muy seguro, Hinami-chan.
Hinami tiene muchas evidencias para creer que Tsukiyama adoraba a su hermano— no podía decir lo mismo de él. Su hermano era un hombre muy reservado, difícil de entender, aunque amable y gentil típicamente. Con Tsukiyama era un poco distinto; el hombre de las flores le sacaba todo tipo de caras a Kaneki, unas que ella nunca había visto antes. De alguna manera, Hinami sabe en sus adentros, que eso era bueno. Desde que regresaron de la expedición al laboratorio de Kanou, todos estaban distintos y nadie le quería decir por qué.
Hinami se sentía un poco sola por eso… Pero si su hermano la necesitaba, ella estaría ahí por él.
Se va a sentar a un lado de él cuando se da cuenta de un libro conocido para ella en la cama. Sonríe y lo alcanza fácilmente mientras le dice a Kaneki,
—Hermano, estabas leyendo el del colgado de mac.. mm…
Kaneki voltea a ver el libro en sus manos y sonríe—Ah, El colgado de McGuffin.
—Ah.. sus libros son tan extraños, pero me encantan. Aunque creo que no los estoy entendiendo de todo.. Sen Takatsuki, ¿qué tipo de persona será?
—¿No te gustaría ir a averiguarlo?
Eso sonaba mucho más a Tsukiyama de lo que Kaneki se esperaba y sacude la cabeza inmediatamente. Hinami se ríe, dándose cuenta de la nueva idiosincrasia, pero no dice nada.
—¿Tendrá un evento pronto?
Kaneki asiente con la cabeza y le sonríe, —Justamente hoy.
—Me encantaría ir contigo, hermano.
Sin más Kaneki manda a Hinami a arreglarse, y a media hora del evento salen de la casa, libros en mano.
-o-
Conocer a Takatsuki Sen no fue exactamente lo que él esperaba. No que no fuera grato- lo fue tanto que Hinami y él salieron satisfechos y con sus libros firmados. Sólo que antes de que su vida diera tantos giros, tal vez este momento era algo idealizado. Ahora, a través del velo de sus problemas y confusión, a través del velo de la muerte y la sangre, Kaneki se da cuenta de qué tan diferente es su vida. Más allá de tener que comer carne humana o de matar a otros, la manera en la que piensa de las cosas es diferente.
Era un lujo humano poder caminar por la calle sin mirar a los demás, perderse en la multitud. Un ghoul debía siempre estar alerta, siempre buscando, oliendo y oyendo la posibilidad de un ataque. Era un lujo humano pensar que las dificultades más grandes en una relación eran horarios de trabajo que no cuadraban, no verse de vez en cuando, querer cosas distintas a futuro. Un ghoul… Piensa en Nishiki y Kimi y forzosamente su mente se cambia a Tsukiyama, mas no de la manera en la que esperaba. Su mente le conjuraba una memoria breve, Tsukiyama cargándolo delicadamente, acurrucándolo a su pecho, tratando de mantenerlo a salvo. Y Kaneki sabe que no todos los ghouls temen como él, como Tsukiyama, perder a su ser amado en una pelea; no todos son como ellos, pero esta es la mano que se ha escogido.
Ya no puede fingir que es mera fatalidad.
Él ha escogido este camino— casi muertes, sangre, canibalismo. Siguiendo inconscientemente su impulso destructivo, Kaneki no puede creer en cuánto peligro ha metido a todos sus seres queridos. Al final de este camino, ¿qué esperaba encontrar? ¿Cuál era la respuesta correcta? El creía saber la respuesta, creía saber por qué hacía todo esto. Quería proteger a todos.
¿Para qué había acumulado tanto poder? ¿No fue Tsukiyama quien le dijo que el poder daba el beneficio de andar sin miedo? Entre más y más sabía, se daba cuenta de qué tan débil era. Ahora sólo siente miedo. Miedo de perderlo todo.
No se dio cuenta que había apretado demasiado la mano de Hinami, hasta que se da cuenta de que Hinami lo ha arrinconado en un callejón y le está llamando, suavemente tratando de separar sus manos
—Hermano, hermano, por favor, háblame, hermano…
Kaneki la suelta rápida y bruscamente, y se muere de la pena.
—Hinami-chan, perdóname, perdóname, por favor…
Hinami se ve inmediatamente aliviada y una sonrisa florece en sus labios viendo que su hermano ya le contesta. Le había dado un poco de miedo, pero ella estaba empecinada en ser apoyo de verdad. Kaneki se siente aún peor. ¿Alguien como él merece tales personas en su vida? Se percata de las manos pequeñas y ligeramente lastimadas de Hinami y quiere llorar. ¿Qué estaba haciendo?
Hinami ignora todo esto y toma nuevamente su mano—su mano llena de cicatrices, manos llenas de sangre, uñas negras, negras como su kagune, como su mente, como sus intenciones—y Kaneki siente que le falta el aire, pero Hinami tranquilamente modula su voz y pregunta, —¿Le hablamos a Tsukiyama-san? Tengo su número, ¿lo necesitas?
La mente de Kaneki se detiene en seco. ¿A Tsukiyama? Sólo márcame y ahí estaré… Sí había dicho eso, pero, ¿por qué Hinami le preguntaba a él? Kaneki intentaba entender que conexión había pensado Hinami que tenían, aparte de verlos juntos… esa mañana…
La realidad del asunto le cae encima como una patada de Shachi a la cabeza.
Hinami tranquilamente está sacando con su mano libre su celular de su pequeño bolso, pero Kaneki logra reaccionar a tiempo y pone su otra mano sobre la de ella. Hinami voltea a verlo, sus ojos confundidos.
Kaneki abre su boca varias veces, pero no sale nada. Hinami espera pacientemente. Kaneki inhala, larga y profundamente y exhala igual. Ve a su pequeña acompañante con nuevos ojos. Hinami no es tan pequeña como él cree. Es un adolescente, mucho menor que él, claro, y no sólo eso, sino que es una adolescente perspicaz. ¿A quién trataba de engañar? Ella obviamente sabía sobre él y Tsukiyama. Kaneki se siente muy incómodo de repente, pero le gana la curiosidad.
—Hinami-chan, ¿qué tipo de relación crees que tenemos Tsukiyama y yo?
La castaña se ríe como si le hubieran preguntado algo tonto.
—¿Se pelan mucho pero son cercanos..?
Kaneki exhala aliviado. No sabe exactamente a quién está salvando, o qué exactamente está sintiendo sobre esto, pero no quiere pensarlo en este momento exacto. Con que Hinami no pregunte al respecto, duda mucho que tenga que pensarlo por mucho tiempo más. Los dos empiezan a caminar otra vez en dirección del departamento.
Caminaron en silencio hasta que Hinami hace otro comentario,
—Aunque hoy en la mañana…
Kaneki sabe que en algún momento Hinami se iba acordar de esto, sólo que no espero que fuera ahorita mismo. Kaneki ni siquiera sabe por qué se alteraba. Era un ghoul. Los estándares de la sociedad no aplicaban en su persona. Estaba totalmente fuera del escrutinio social. Bueno, aparte de los comentarios de "monstruo" y "peligro para la sociedad", nada más lo detenía. Kaneki siente que se le acelera el corazón. Se le había olvidado que antes se había guardado tantas cosas por eso mismo. Pero ahora…
—Nunca los había visto actuar así… Parecían.. pues..
Ahora Hinami es quien se sonroja.
Surge en Kaneki el deseo de contarle a Hinami todo. Bueno, por lo menos lo esencial. No tenía por qué ser malo, ¿verdad? Aunque cuando abre la boca, se da cuenta una vez más que una cosa es entender, y otra es hacer. Como si Tsukiyama no le hubiera mostrado esto mil veces ya. Vuelve a intentar.
—Nosotros.. pues..
Hinami le mira con curiosidad.
Kaneki trata de tranquilizarse; no debía hacerlo más raro de lo que ya era. Aparte Hinami era inteligente y si ella tenía dudas debía ser lo más claro posible. Voltea a ver a Hinami y le dice,
—Somos pareja, él y yo. Aunque es reciente. No es un secreto tal cual..
Hinami parpadea varias veces, como procesando la información.
—¿Pareja? ¿Como novios?
Kaneki aprieta los labios, un poco nervioso. En verdad nunca pensó que algo así pudiera pasarle, enamorarse de un hombre. Nunca lo pensó mucho tampoco; de cierta manera no tenía interés en enamorarse con nadie, hasta que conoció a Rize. Anterior a eso… Hide había monopolizado su mente y su espacio y Kaneki estaba más que feliz así. No necesitaba nada más, solía pensar.
Enamorarse de Rize, para Kaneki, terminaría siendo algo inevitable. Con su belleza y mirada intelectual, su andar tan femenino y gusto por los libros— Kaneki nunca tuvo oportunidad. Ella había sido como una estrella fugaz; la había volteado a ver justo en el momento correcto y le concedió un deseo. Tsukiyama por otro lado había sido más como un espejismo. Bello en la distancia, pero una trampa de la mente de cerca. Aunque sólo al inicio, porque luego fue un ladrón; robando su paz, su tiempo, su corazón. Con el tiempo se había escabullido en su mente, debajo de su piel, y nunca iba a salirse. De cierta manera no puede creer que se tardara tanto en darse cuenta de los sentimientos del Gourmet ya que su obsesión había sido larga e intensa, pero totalmente distinta después de Aogiri. Después de esa vez en el cuarto de entrenamiento.
Aceptar que él también está enamorado de Tsukiyama ha sido nada menos que el resultado de un gran ejercicio de aceptación propia en general. Y cada que Kaneki no puede creerlo, llega Tsukiyama con flores y palabras dulces, un beso y un momento de ligereza. Había muchas cosas que Kaneki detestaba del Gourmet, pero cuando está con él se esfuman. Sólo puede pensar en su mirar lleno de afecto, su cuerpo lastimado en pos de su causa, y en todos los cambios que ha tenido desde que trabajan juntos. A veces es un juego tratar de adivinar qué aspectos de Tsukiyama eran nuevos o viejos, y Kaneki podía pasar tardes enteras pensando en ello.
Kaneki sabe que lo que sea que tengan ellos dos, no es nada humano, pero, definitivamente era algo cercano a lo que Hinami decía. Kaneki extrañamente ya no se siente incómodo o apenado y le sonríe a Hinami al responder más tranquilo,
—Exacto, Hinami-chan. Novios.
Pasan unos segundos pero la niña de estar pensando duro, pasa a sonreírle a Kaneki,
—¡Por eso te ha traído flores todo este tiempo Tsukiyama-san! ¿Era eso lo que te quería decir con las flores?
Kaneki sacude la cabeza y se ríe, recordando el último mes y medio.
—Al inicio me estaba pidiendo perdón… Pero luego sí.
Hinami cubre su expresión de asombro con su mano libre, —¡Y le perdonaste..!
La sonrisa de Kaneki se va suavizando mientras responde, —Sí.. Él no sólo me traía las flores y ya…Es fiel a mí y se ha convertido en mi más grande ayuda acá afuera, sin el señor Yoshimura..
Kaneki suelta una risilla burlona y continúa,
—Fui muy duro con él, con toda razón, claro, de todas las cosas que me había hecho anteriormente, pero él fue muy persistente. Aún lo es.
—¿Entonces te conquistaron las flores? —Hinami no podía ocultar su sonrisa pícara. Todo esto se le hacía salido de una novela romántica, pero con ghouls como protagonistas. Kaneki por su lado está ruborizado hasta las orejas.
—¡Hinami-chan!
—Ustedes se quieren mucho, ¿verdad? No quise interrumpirlos en la mañana, pero Tsukiyama-san se dio cuenta.
Kaneki no puede verla a los ojos, pero igual le responde,
—Sí.
—¿Mucho mucho?
Kaneki se ríe, de repente sintiéndose muy ligero.
—Sí. Pero sólo no se lo digas a él. Se le subirá a la cabeza.
Los dos se ríen juntos mientras tomados de la mano se dirigen a su hogar.
El borrador original de este capítulo estaba llegando a 7k cuando mejor decidí partirlo a la mitad. Así que a esta historia todavía le faltan otros dos capítulos. Esperen la siguiente parte en los siguientes días.
Una vez más, gracias por todo su apoyo.
