Hola, he regresado después de un tiempo hibernando debido a los exámenes finales de la universidad... Pero nunca dejé de penar en continuarla. Es algo de lo poco original que he aportado a Kung Fu Panda; una pareja que nunca se han imaginado, pero que puede funcionar sin necesidad de revolver o inventar señales que no existen canónicamente. Espero sea de su agrado esta historia.
#kungfupandanoestamuerto
Sin más preámbulos comencemos
Capítulo 2: El sentimiento de un combate
Arduo entrenamiento, aunado a la disciplina que conllevaba las artes marciales, todo aquello que ignoraba antes de pertenecer aquí. Por primera vez en toda mi existencia me sentí útil, tenía aspiraciones. Me sentía aceptado. Ya no era un vagabundo, ahora cargaba en mis hombros el peso de la seguridad de miles de ciudadanos.
–Y dime Mono –habló ella, rara vez lo hacía, era demasiado introvertida, incluso podía decir que fría cómo el hielo. Más sin embargo algo en ella me cautivaba.
–¿Qué ocurre Tigresa? –pregunté curioso.
Estábamos sobre los extensos pastizales que había detrás del Palacio. La frescura del amanecer era incomparable, no existía sensación parecida.
–¿Cómo te has sentido aquí? –una pregunta sencilla pero percibía algo más allá de eso.
–Muy bien, acogido, bienvenido –dije sonriéndole –, dejando a un lado al maestro gruñón –ella rió un poco, una risa suave y delicada, muy sorprendente para su actitud la mayor parte del tiempo –, ¿a qué se debe esa pregunta?
–Ni yo misma sé por qué me nació preguntarte eso –fue la primera vez que la sentí espontánea, no había preparado lo que iba a decir, no lo pensó, simplemente lo dijo.
–¿Tú? –pregunté con sarcasmo pero bromista poniendo mis manos en mis mejillas mientras abría mi boca más de lo normal –, ¿no saber lo que dices? –ella volteó a verme extrañada por mi dramática expresión de asombro.
–No soy perfecta –dijo "molesta" –, no puedo creer que te pongas así, que infantil eres –siguió el juego, la situacióne ponía cada vez mejor.
–Puede ser, pero igual te gano en un combate –le brillaron los ojos, esa mirada cuando alguien la retaba, me atraía.
–Vamos a verlo primate –los apodos eran una característica particular cuando estaba dispuesta a lo retos.
–Muy bien gatita –frunció el ceño y rugió un poco, yo tragué grueso, salté hacia afuera posicionándome en la arena, ella a cuatro patas saltó conectándome un puñetazo en mis ante brazos.
Retrocedí, era muy fuerte, para ser una hembra era demasiado ruda… y eso me encantaba, su intensidad que ponía en todo lo que hacía, su orgullo, los gestos que su rostro dibujaba. Una chispa que me iluminaba en mis días más oscuros.
Avancé con una serie de golpes demasiado rápidos que para mí mala suerte ella si podía ver con facilidad, pero eso no significaba que pudiese bloquear todos. Di una voltereta hacia la derecha esquivando su respuesta de ataque y conectando una patada en su torso lanzándola a dos metros lejos de mí. Me senté sobre mi cola mientras reía con burla.
Ella se levantó arqueó una ceja y se sacudió el polvo de la ropa.
–Veo que has progresado bastante, más de lo que mis expectativas imaginaban –cruel, sardónica e hiriente, esa tigresa en los combates era un arma demasiado poderosa.
–Tal vez, pero al menos yo no espero nada de mi contrincante –una estupidez que en ese momento fue una contestación muy ingeniosa e hilarante para su soberbia.
Sacó sus garras, rugió nuevamente… La cosa tomaría un nuevo nivel, ahora iba enserio el combate, tomé mi bastón y apunté. Ella, con velocidad y destreza inimaginable para ese entonces, saltó, girando sobre si misma antes de caer con una patada encima de mi cabeza, que afortunadamente cubrí con mi bastón, me la quité y girando, al mismo tiempo que me desplazaba conectaba unos cuantos golpes, ella solo bloqueaba y una que otra vez atacaba. Era muy analítica al instante de atacar para saber cómo dar un golpe certero y acabar cualquier lucha, de la nada me quitó el batón dejándome indefenso, con su dedo anular iba a picar uno de mis nervios. El combate estaba a nada de finalizar y ella volvería a ser la ganadora.
Pero mi cuerpo reaccionó de manera instintiva y tratando de salvar mi pellejo hice una locura que casi me cuesta la vida.
Un ligero beso en los labios, nuestros ojos estaban a dos centímetros de distancia entre sí. Ella se sonrojó al igual que yo, se apartó.
–¿Qué? –exclamó estupefacta, un bochorno invadió mi cuerpo –, no puedo creer que lo hicieras –escupía, eso me dolía porque eso solo confirmaba que era únicamente un compañero de trabajo, ni siquiera un amigo.
–Perdóname –le pedí –, a veces mi instinto me controla y no puedo evitarlo, es algo relacionado a cómo me siento y lo que en mi interior habita, ¿sabes? –ella se quedó estática ante eso, yo me preocupé nuevamente por lo que su mente pudiera crear en contra de mí.
De la nada frunció el ceño otra vez y se abalanzó tacleándome, dejándome inerte en el suelo, estaba a su merced, sus brazos me detenían, me sentía cómo una niña.
–Si vas a acabar conmigo por favor hazlo rápido –cerré los ojos aceptando mi final, pero jamás llegó, al contrario sentí algo húmedo que transpiraba un callo dentro de mi boca.
Abrí los ojos, más grande fue mi sorpresa al contemplar cómo ella me besaba. Cerré los ojos dejándome llevar por el momento, ella aflojó el agarre de mis muñecas y yo la abracé. Acurrucándonos el uno al otro, dejándonos llevar por el sentimiento.
–¿Por qué? –pregunté inconscientemente.
–No lo sé –respondió con inocencia y algo de vergüenza por todas está emociones que estaba experimentando. Algo mágico e indescriptible que guardé para siempre en lo más profundo de mí ser.
–Te amo –acaricié su mejilla y volvía besarla con locura desenfrenada, la pasión quería consumirnos, mis manos comenzaron a recorrer su cuerpo, entonces ella se apartó.
–No es el momento ni el lugar Mono –dijo ella sacándome de la órbita –, volveremos a repetirlo, pero por ahora es suficiente –se levantó del suelo, no se sacudió en esta ocasión. Yo hice lo mismo, antes de retirarse me dio un beso en la mejilla. Camino hasta empezar a correr para entrar lo más rápido posible al Salón.
Yo solo la contemplé hasta que se oscureció, me senté en las escaleras y duré toda la noche contemplando las estrellas con una gran sonrisa dibujada en mi rostro.
Ojala les haya gustado, los invito a dejar sus comentarios que alientan a eguir escribiendo y que además a todo aquellos escritores coloquen el hastag que puse en la introducción del capítulo para seguir avivando la llama en este fandoom que poco a poco empieza a desaparecer.
Sin más que decir me despido, su amigo y escritor:
CARPINTERO IMPERIAL
