Hola buenas noches
Espero que les guste esta adaptación de la autora "thebestuchihaforever1", la cual me permitió adaptar esta hermosa historia, aclaro que los personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi.
Esta historia en los primeros capítulos la trama es muy dura, se que a tal vez a muchos no les guste, pero en serio denle una oportunidad, conforme avance la historia comprenderán muchas cosas.
Muchas gracias a aquellas personas que le dieron seguir, favoritos, e incluso a aquellas que se tomaron un tiempo para dejar un review.
Les pido una enorme disculpa por los errores al subir doble el prólogo, pero ya tiene mucho tiempo que no publico nada, y estoy en proceso de re-adaptación
Sin más por el momento disfruten el primer capítulo
Caminé por el pasillo hasta llegar a nuestra suite. Escuché unos gemidos, por un momento pensé estúpidamente que veías alguna película erótica y me sonreí, pero al abrir la puerta me llevé una terrible, desgarradora y nauseabunda sorpresa. El que hacia una película erótica y en nuestra cama eras tú. No te importó que fuese nuestra primera noche juntos, no importó que fuese el mismo día de nuestra boda. No te importó que hacía tan solo un par de horas me dedicabas amor eterno ¡Pff! Que gran sátira de tú parte, eres un buen actor, lo reconozco.
Gemías tan fuerte como ella, le recorrías el cuerpo con tus grandes manos, le besabas los labios con tú lengua, esa lengua que alguna vez estuvo dentro de mi boca. La movías el mundo se fuese a acabar, claro, tenías que apresurarte antes de que estúpida de tu esposa los encontrase, pero era tarde. Te vi y me dolió, no sabes cuánto me dolió.
Tú rostro perlado en sudor, tus ojos entrecerrados mirando cómo se movían sus senos arriba de ti, tus dientes mordiendo tú labio, tus ansias por seguir y seguir y seguir penetrándola. Nunca vi ese rostro, lo sé. Nunca te dejé llegar más allá de una nalgada y no sabes cómo me hubiese gustado que esas expresiones y esos gestos hubiesen sido para mí.
Si, como una imbécil me quedé mirándolos, es que maldita sea, era algo absolutamente surrealista ¿Cómo me iba a imaginar que me harías algo así? La maldita tenía una figura envidiable. Sus nalgas rebotaban mientras te cabalgaba ¡Diablos! Quería salir de allí, juró que lo quería, pero mis malditos pies se quedaron clavados en el piso y mis ojos fijos ustedes.
Ver tú rostro cuando llegaste al orgasmo fue el tiro de gracia para mí, sonreíste satisfecho, con tu respiración agitada, tratando de recomponer el aliento, tratando de bajar el golpe de placer que acababas de sentir ¿Y yo? En la puerta de pie, como una estatua.
Todavía no te habías dado cuenta de que yo estaba allí. Te demoraste en salir de su interior, como lo disfrutabas ¡Maldito bastardo! Giraste tú rostro y tus ojos se encontraron con los míos. Vi cómo te la sacaste de encima. Vi cómo te apresuraste en buscar su ropa, se la tiraste en la cabeza y la encerraste en el baño, pobre idiota ¿Pensabas que le iba a pegar? Créeme que no tenía fuerza para eso. Solo quería cerrar los ojos e imaginarme que todo esto era una puta pesadilla, pero no era así, era tan real como mi amor por ti… Maldición
- ¿Qué estás haciendo aquí? - fue lo primero que me dijiste, vaya, que pregunta más ridícula. Por último, me hubieras dicho que lo sientes o que se yo.
- Esta es nuestra suite ¿No lo recuerdas? - tus ojos se abrieron ¿Sorprendido? No lo creo.
- Esto... - ya sé "No es lo que imaginas" Pura mierda podía salir de esa boca que tanto desee alguna vez.
- No te preocupes. Tú sigue en lo tuyo - te interrumpí - Yo me iré a otro lugar - quise caminar dignamente. Todavía no me corrían las lágrimas, no sé porque, o tal vez sí. Puede yo siempre supe que tú no eras lo que yo esperaba. Si tan solo te hubiese hecho caso, nada de esto me estaría pasando, pero yo y mi necedad por aferrarme al amor de un hombre que terminó engañándome. En nuestra noche de bodas.
- Si quieres me puedo ir yo - giré mi cabeza por sobre el hombro y te vi.
- No es necesario - suspiré - No me gustaría dormir en una cama que huele a sexo y perfume barato - caminé, pero volví a detenerme
- ¡Ah! Y dile a Kikyou que eres todo de ella te puedes ir a la mierda junto a esa perra - escupí con una tranquilidad que hasta a mí me asustó.
- Kagome, espera… - quisiste tocarme, pero en cuanto sentí las yemas de tus dedos rozar mi espalda me dieron ganas de vomitar. Retiraste tú mano.
- ¿Qué quieres Inuyasha? ¿El divorcio? - no te miré en ningún momento, mi vista estaba clavada en la puerta que estaba al frente. Fue tanto mi impacto que no cerré la puerta de la suite - Si eso es lo que quieres bien por mí. Pero por favor procura llevar tu ropa puesta cuando nos encontremos con los abogados. De verdad me daría vergüenza que estuvieras m tus partes íntimas al igual que lo estás haciendo en este momento - dije satíricamente.
- ¡No te voy dar el divorcio! ¿Me escuchaste? ¡No te lo daré! - gritaste desesperado, como si me quisieras de verdad ¡Ja! Que gran función, digna de un circo de cuarta.
- Eso lo veremos Inuyasha - agarraste mi brazo y me hiciste girar quedando frente a ti y tus ojos se encontraron una vez más con los míos - ¡No te atrevas a tocarme! - no soportaba el contacto de tú piel con la mía. Me quemaba, me dolía, me repugnaba. Traté de zafarme, pero me apretaste un poco más - ¡Que me sueltes, maldita sea! –
- ¡No lo haré! - gritaste con más fuerza.
Mis ojos se fijaron en un punto específico, tú te diste cuenta y miraste a la misma dirección. Kikyou había salido del baño, ya estaba vestida. La muy perra tenía una sonrisa burlo puto rostro. Te pillé desprevenido, me solté de tu agarre y caminé hasta la botella de champán que estaba en la cubeta llena de hielo.
Ya no sabía si mis miembros se movían por si solos o si mi mente me guiaba, pero agarré una copa de cristal y la llené de ese líquido espumoso y lo bebí a lo seco. Santa mierda, tan helado que hasta sentí un leve dolor en mis sienes. No me importó, necesitaba refrescar mis ideas.
- A su salud - levanté la copa vacía brindando por ellos ¿Patética? Probablemente si - Espero que disfruten de su gran noche. Todavía es muy larga, pueden seguir cogiéndose como un par de perros en celo - escupí cada palabra y tú, maldita Kikyou cambiaste el rostro, reí para mis adentros. Estaba disfrutando de ese momento, aunque mi corazón estaba hecho trizas. No lo demostraría.
- No seas ridícula Kagome ¿Quieres? - me dijiste. Todavía estabas desnudo, por Dios que no tenías pudor alguno, me dabas vergüenza ajena.
-No lo soy - lo miré de pies a cabeza. Me detuve en tu flácido miembro y sonreí sarcástica - ¿No te das cuenta de que tú eres el que hace el ridículo? Mírate... - levanté mi mano al aire y la dejé caer a lo largo de tú cuerpo mostrándote - Estás completamente desnudo frente a tu amante y a "Tu esposa" Tienes tu miembro muerto. Bueno que más puedo esperar, si esa te lo ha dejado así - la apunté con desprecio y me serví más champán - ¡Ah! Querido, sácate el preservativo antes de que se caiga - vi como fruncías el ceño ¿Incómodo? En absoluto.
- ¡Basta ya! - caminaste a mi dirección y yo retrocedí con la copa llena en mi mano.
- No - me senté sobre el baúl que estaba en una orilla. Acerqué la copa a mis labios y disfruté del sabor espumante bajar por mi garganta reseca - ¿Por qué detenerme? Ustedes sigan en lo suyo. Dudo mucho que tu querida amante no siga con ganas - te dije con tono cortante - La noche es joven. Acérquense, hagamos un brindis - terminé el contenido de la copa y te la lancé a los pies con todas mis fuerzas. Tú retrocediste. Te había caído en los dedos y tu sangre salió a relucir.
- ¡¿Te has vuelto loca?! - me gritaste y fuiste desnudo al baño. Yo ya no quería seguir allí y me puse de pie para por fin largarme de ese asqueroso lugar, pero antes de que yo pudiese salir, sentí tú mano agarrar mi brazo - ¡Tú no te vas de aquí! ¡¿Me escuchaste?!
- ¿Cómo mierda llegaste tan pronto? ¿No estabas en el baño limpiándote la sangre?
- ¡Tú a mí, no me dices que hacer! Yo hago lo que a mí se me antoja. No eres nadie para prohibirme salir de esta inmundicia - Kikyou maldita puta, como disfrutabas del espectáculo, mis manos picaban de las ganas que tenían por golpearte y borrarte esa estúpida sonrisa.
- ¡Eres Mi esposa! Y si te digo que no vas a ningún lado, no irás a ningún lado - tus ojos ardían de la ira, pero me importaba menos que la mierda, te lo juro. Mis fosas nasales aleteaban de lo alterada que me tenías ¿En qué puto momento se me ocurrió hablarte? Solo debí irme y desaparecer para siempre de tu miserable vida.
- No seas patético ¿Tu esposa? ¡Ja! Por favor. Eso ni tú te lo crees, del momento en que profanaste nuestra noche de bodas para venir a revolcarte con esta puta de cuarta dejé de ser algo tuyo ¿Dime desde cuándo? No, sabes, la verdad es que no me interesa. Solo ¡Suéltame! Y deja que me vaya - tú apretaste el agarré. Ya me estabas lastimando, pero el dolor en mi brazo no se comparaba con el dolor que tenía en mi corazón. No te daría el gusto de verme llorar. Mis ojos escocían, pero retuve mis lágrimas. Nos les daría el honor de ver mi miseria, mi dolor, mi desilusión - Inuyasha… - me mirabas tan intenso que pensé que podías ver a través de mí, pensé que podías ver mi alma. Tus ojos estaban tan negros que me sentí p tú lado, sin embargo y a pesar de todo, me sentía fuerte - Quiero el divorcio - tus ojos se agrandaron tanto que en un momento pensé que se te saldrían.
- No te lo daré - susurraste - ¿Acaso no me escuchaste? - ¡Sí! ¡Maldita sea! ¡Si ya te había escuchado!
- Si me lo darás - me puse derecha y alcé mi rostro. Era más pequeña que tú por una cabeza y media, pero quería ser grande, grande y fuerte. Te desafié con mi mirada. Tú giraste la cabeza y miraste a la maldita de Kikyou, ella te sonrió. Dios que horror, estaban coqueteando frente a mí y tú muy maldito aún no me soltabas.
- Vete Kikyou - le ordenaste. No sé cuál de las dos estaba más sorprendida. Si ella o yo, lo que sé es que cuando le dijiste eso, ella cambió su rostro.
- Pero Inu- ¿Es en serio? ¿Inu? ¡Mierda! Si hasta te tenía un sobrenombre. Quizás desde cuando me estabas viendo la cara - No te quiero dejar solo amor - ¿Amor? No, es la mierda.
- Vete - insististe. - In… - musitaste, pero no te dejó terminar. - ¡Que te vayas! ¡Por la mierda! ¿Qué no entiendes que tengo que hablar con mi esposa? ¡Ándate! ¡Largo de aquí! - Agarraste tú cartera roja y bufaste antes de salir.
Viste cuando ella salió de la suite y me soltaste para cerrar la puerta con llave. Maldito seas Inuyasha Taisho, te aseguraste de que yo no pudiese salir. En este momento como te mierda que está atascada en mi garganta me amenaza con salir. Quiero vomitar todo lo que siento. Te vi caminar hasta el ventanal, todavía no te ponías ropa. Te miré reflejado vidrio, tus ojos estaban perdidos en la cuidad ¿Confundido? ¿Encontrando las palabras exactas para disculparte? No es posible, no harías eso, te conozco, mejor dicho, creí conocerte. No pude evitar recorrer tu cuerpo con mis adoloridos ojos, adoloridos sí, porque me estoy aguantando las lágrimas y eso es peor que botarlas.
Tú espalda es tan perfecta, tus brazos fuertes, tus piernas tonificadas y tus glúteos firmes y duros. Como hubiese querido todo eso para mí, pero ya es tarde, ya no quiero nada siquiera quiero tus miradas, ni tú lastima, eso es lo que probablemente sientes por mí. Pensándolo bien ¿Por qué sentirías lastima por mí? Si hubiese sido así, no te habrías revolcado con esa puta en nuestra cama. Ahora que lo pienso mejor, debes haberlo hecho para que yo te viese disfrutar con otra y restregarme en la cara lo que nunca te di. Mi virginidad.
Te giraste y me miraste. Yo todavía tenía puesto mi vestido de novia, me sentía ridícula vestida así. Hace menos de cinco horas me sentía radiante, feliz, llena de vida, enamora ahora, estoy vacía.
Simplemente vacía. - Kagome... - musitaste.
- Por favor vístete - miré hacia otra parte, perdiendo mi vista en un lugar inespecífico.
- Quiero que hablemos - te vi de reojo recoger tu bóxer.
- Ya escuchaste todo lo que tenía que decir - fui a la cubeta, tomé otra copa y me serví champán. Quería embriagarme y olvidarme de todo.
- Lo que pasó con Kikyou… -
- ¿No es lo que pienso? - te interrumpí - Por favor, no me digas esa frase tan cliché ¿Quieres? –
- Si te divorcias de mi te haré la vida imposible - que descaro el tuyo.
- ¿Más? - reí, pero mi risa fue irónica - Si no me divorcio de ti, también me harás la vida imposible ¡Me engañaste en nuestra noche de bodas! ¿Eres imbécil? ¿O es que metérselo tanto a esa puta te ha dejado tarado? –
- ¡No me interesa lo que pienses! ¡No te daré el puto divorcio y punto! ¡Me importa una mierda lo que pienses de mí! - te pasaste la mano por el cabello en un gesto exasperado.
- Eso me lo dejaste muy claro. Queridísimo esposo mío - bebí un sorbo - ¡Brindemos! Brindemos porque esta noche de bodas es inolvidable. Quedará en nuestra memoria para siempre - terminé el contenido de la copa.
- Eres patética - me dijiste y mi corazón se arrugó. Si eso ya lo sabía estaba dando un show deplorable - Te irás a Mi casa y te comportarás como una buena esposa –
- No me hagas reír - moví la cabeza negando - Esto es estúpido –
- La única estúpida aquí eres tú - escupiste cada palabra y eran como una daga que me atravesaba.
- Esta bien - me puse de pie - Sigamos con este circo. Me parece perfecto que juguemos a la pareja feliz frente a todo el mundo - fui a la puerta y traté de abrir, pero se me olvido que la cerraste ¡Mierda! - Pero te cito "Te haré la vida imposible" Ahora abre la maldita puerta –
- Esta bien, veremos quien destruye a quién primero - reíste burlón y te maldecí - Te quedarás aquí conmigo. Es nuestra noche de bodas ¿No? - te acercaste y yo retrocedí chocando con la puerta - Disfrutemos ¿No es eso lo que quieres? –
- ¡Ni se te ocurra dar un paso más! - pero no me escuchaste y seguiste avanzando. Como te odio.
- ¿Por qué? ¿Acaso no quieres que te lo meta a ti también? - eres asqueroso, bajo un desgraciado - Eres virgen y no sabes cómo te haré disfrutar cuando te la meta hasta el fondo y la pierdas… - reíste - Mientras gritas mi nombre - ¡Maldito!
- Me das asco - no tenía otro calificativo para describirte ¿Dónde mierda está el Inuyasha del que me enamoré? ¡Devuélvanmelo! No conozco a este hombre que tengo frente a mí -Eres un animal rastrero –
- Si, un animal que te arrastrara conmigo… - me agarraste de la cintura y trataste de besarme, pero te escupí en la cara y te reíste mientras te pasabas la mano por el rostro - No interesa lo que hagas. Escúpeme todo lo que quieras "Querida" Pero esta noche serás mía… - y me besaste, me besaste a la maldita fuerza.
Te pegué con mis puños cerrados, no quería sentir el sabor de tus labios, no quería que tus manos me tocaran después de haberte revolcado con esa maldita basura. Me afirmaste con más fuerza y metiste tu asquerosa lengua en mi boca. Te mordí y te separaste de mí, tenías sangre y no me importó - Eres tan predecible pequeña Kagome - dijiste con una son macabra mientras te sacabas sangre con el pulgar.
Yo solo cerré mis ojos ante lo que estaba viviendo.
