Capítulo 2
Hola buenas noches
Espero que les guste esta adaptación de la autora "thebestuchihaforever1", la cual me permitió adaptar esta hermosa historia, aclaro que los personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi.
Esta historia en los primeros capítulos la trama es muy dura, se que a tal vez a muchos no les guste, pero en serio denle una oportunidad, conforme avance la historia comprenderán muchas cosas.
Muchas gracias a aquellas personas que le dieron seguir, favoritos, e incluso a aquellas que se tomaron un tiempo para dejar un review.
Les pido una enorme disculpa por los errores al subir doble el prólogo, pero ya tiene mucho tiempo que no publico nada, y estoy en proceso de re-adaptación
Sin más por el momento disfruten el siguiente capítulo
- ¡No me digas así! - "Pequeña Kagome" Solías decirme y cuando lo hacías me encantaba. Lo decías con tanto amor, con un brillo especial en tus ojos negros. Pero ahora lo aborrecía tanto o más de lo que te aborrezco a ti.
- ¿Por qué no? Pequeña Kagome - maldito como estabas disfrutando el burlarte de mí - Anda, dime que no quieres que te lo meta hasta el fondo –
- ¡Deja de hablar así! ¿Quién diablos eres? - no sabía que cara tenía, pero de seguro era una de terror. Nunca pensé que pasaría algo como esto.
- ¿No te gusta? - alzaste una ceja - Mira. A todas las mujeres con las que he estado les encanta que les diga ese tipo de cosas - soltaste una pequeña risita que me dejó helada ¿Entonces ya me habías engañado antes?
Y, Sí. A mí también me hubiese gustado escucharlas, pero no de esta manera, no así, no con burlas, risas sardónicas, con maldad. Me hubiese gustado seguir con la venda en mis ojos, no haber conocido esta horrible faceta tuya, hubiese preferido seguir creyendo que eras un hombre distinto y no un maldito bastardo, porque así te estás comportando conmigo maldito bastardo.
No sabes cómo te odio en este momento. Todo el amor, toda la adoración, la admiración que sentía por ti se fue directo al carajo junto conmigo. Me odio y no quiero seguir aquí escuchándote decir esas cosas. Me tapé los oídos y escuché las vibraciones de tus exageradas carcajadas, sentí que me moría.
- Kagome. No seas niña - entrecerraste los ojos - Tienes diecisiete años. Ya madura - Diecisiete años, esa es mi edad. Me casé contigo joven pensando en que estábamos preparados, pensando que nuestro amor era intangible, irrompible. Verte con Kikyou fue como haberme lanzado al precipicio desde un trigésimo piso y haber quedado viva, pero con todo roto y expuesto, así me sentí cuando vi tu rostro llegar al clímax. A pesar de tener m tapados, podía escuchar tus burlas. Te miré desafiante y te dije.
- ¿Y tú te crees muy maduro? No eres más que un mocoso de dieciocho años que juega a ser un puto playboy que se caga a su "Esposa" En la noche de Su boda - estaba dolida con la fuerza suficiente para escupir cada palabra - Con eso solo demuestras que eres tú, el que no ha madurado. Y no te atrevas a acercarte a mí
- ¡Mierda! Esas palabras fueron como apagar el fuego con bencina. De una zancada estabas frente a mí aprisionándome contra la puerta. Bajaste la mano hasta dar con la orilla del vestido y comenzaste a subirlo. Yo me moví desesperada, no quería que me tocaras, no quería sentir tu aliento en mi cuello, tu lengua resbalosa en mi clavícula. Cerré mis ojos asquea cuando llegaste a la orilla de mis bragas solté un grito.
- ¡Suéltame! ¡Déjame! ¡No quiero que me toques! ¡Anda a buscarte a tú puta! - traté de morderte, sin embargo, te echaste hacia atrás.
- ¿Para que buscarme una puta si te tengo a ti? - cerré mis ojos y en ese momento fue cuando sentí mis mejillas calientes. Estaba llorando ¡Maldita sea!
- ¡Yo no soy una puta! ¡Te odio! ¡No sabes cuánto te odio Inuyasha Taisho! - mi respiración se cortaba, sentía que el aire no entraba a mis pulmones.
- Yo no he dicho eso. Eres mi esposa, mi virginal esposa. La que quiere que se lo meta duro - ¡No! Yo no quería eso. Seguías tocando mi intimidad y me sentí asqueada. Esas malditas manos estaban recorriendo el cuerpo de otra hace menos de veinte minutos ¡Dios!
- ¡No me toques más Inuyasha! ¡Por favor, suéltame ya! - te rogué y me sentí miserable cuando tuve que llegar al punto de suplicarte para que me soltaras. Me miraste y vi una expresión en tu rostro que no pude descifrar. No me interesaba hacerlo tampoco, solo quería salir de esta suite y desaparecer de tu vida. Moviste la cabeza con una sonrisa burlona y te alejaste. Buscaste tu ropa, de novio, y te vestiste. Giraste hacia mí y alzaste la cabeza.
- Te quiero mañana en mi casa ¿Me escuchaste? Si no estás ahí al mediodía, juro que te arrepentirás - amenazaste con odio.
Saliste y cerraste con un portazo que casi desarmó la pared. Yo me dejé caer de rodillas en el frío mármol, así estaba mi corazón, frío. Lloré y lloré como nunca pensé en hacerlo. Dios era una adolescente que quiso jugar a ser adulta. No llevaba ni veinticuatro horas de casada y ya mi matrimonio se había ido al diablo y de paso me arrastró a mí hasta el mismísimo infierno ¿Qué pasó para que se comporte así? ¿Por qué me trata de esa manera? No lo entiendo. Se veía tan feliz cuando nos dábamos el "Si, acepto" No comprendo que mierda pasó contigo. Trato de calmarme, pero me es imposible, lo que acabo de vivir no me lo espere jamás. Mi vista está borrosa, no tengo noción del tiempo. Solo sé que esto me ha dejado destrozada ¿Qué vida me esperaría al lado de un hombre así? Solo el tiempo lo dirá. Cuando logro calmarme, respiro profundo y me pongo de pie. Miro la cama deshecha y me ira. Seré fuerte y no me dejaré vencer por ti, Inuyasha Taisho. Sentencio.
Y así fueron pasando los días, los meses y los años. Cinco putos e infernales años, en los que tú traías a las putas a revolcarse contigo, a nuestra casa. Demonios en los primeros meses era insoportable escuchar los gemidos exagerados de esas, pero con el paso del tiempo me acostumbré a escucharlas, hasta verlas salir con una sonrisa repugnante en sus hinchados labios. Me sentía ultrajada, mancillada, vulnerable, al ver como salías de la habitación abrochando tus pantalones con una sonrisa satisfactoria y llena de placer al verme. Maldito seas.
Me sentí con claustrofobia encerrada entre estas cuatro y enormes paredes. Cuando no estabas yo salía a tomar algo de aire. Nunca más volví a ser la misma, tú mataste mi alegría de vivir, mataste mis ilusiones y mis esperanzas. Pero ya no más, se acabó. La sumisa Kagome llegó hasta el día en que Kikyou se sentó a la mesa con nosotros, más bien sobre tus piernas, tú sonriendo e ignorándome por completo. Esa fue la gota que derramó el puto vaso. Definitivamente te podías ir a la mierda. No sé cómo soporté tanto este infierno que me estabas haciendo vivir. Estabas ganando las batallas, pero yo ganaría la guerra. Quién destruye a quién, definitivamente sería yo.
Me levanté temprano, sentí que desperté distinta con mis aires renovados. Me miró en el espejo y me digo "Tengo veintidós años por Dios" Y parecía ser una persona de más de cuarenta años. Ya no me vestía con converse, habían sido reemplazadas por zapatillas de dormir. Ya no me ponía vestidos, los había reemplazados por batas de descanso. Ya no me peina tampoco me maquillaba. Nada me importaba, pero se acabó. Fui a darme un baño de tina. Me relaje por una hora, después de salir del baño, me cambie de ropa y me fui al centro comercial. Cambio de look, eso haría.
El estilista cortó mi cabello dejándolo por sobre mis hombros. Mi ropa ya no era el de una adolescente. Me compré vestidos, tacones, carteras y joyas. Me miré en un aparador de la tienda y no podía creer que esa que estaba reflejada en el vidrio era yo, sí que había logrado cambiar por fuera ¿Y por dentro? Aún faltaba, las heridas de mi corazón todavía es cicatrizando, pero pronto ya no serían más que pequeñas marcas. Me sentí nueva, bella y llena de vida. Como hacía cinco años atrás, como siempre debió ser.
Caminé hasta mi auto y emprendí rumbo a mi "Hogar" Que risa me da pensar que ese mausoleo sea mi hogar. Dejé las bolsas de papel en mi habitación y tomé mi celular. Busqué su número entre mis contactos y di con él. Estaba dudosa de si llamar o no, porque había pasado mucho tiempo desde que hablé con ella y no sabía si quisiera hablar conmigo después de todo.
Me advertiste que era un error y no te quise hacer caso, peleamos y fue una discusión que nos llevó a no volver a hablarnos. Ya no sabía nada de ti ni de ellos, fui tan tonta en alejarme de ustedes ¿Por qué no te escuché? ¿Por qué no los escuché? Me advertiste que Inuyasha era una bestia sin corazón, pero estaba tan cegada por el amor que sentía por él, que cerré mis oídos ante las lluvias de críticas que recibía por parte de ustedes, pero hoy, les doy la razón.
Miré y miré la pantalla del celular ¿Seguirías teniendo el mismo número? Me aventuré a marcarte y si no me contestas es porque aún no es tiempo de que nos hablemos. No sabes cómo te extraño, como echo de menos tú voz, tú sonrisa, tus locuras y reclamos. Eras una loca sin remedio ¿Cómo estarás ahora?
Reí de solo pensar en tú cara de confusión al ver mi número reflejado en tú celular, quizás hasta me habías eliminado de tus contactos, no me extrañaría que lo hubieses hecho, hasta te entendería.
- ¿Kag? - preguntaste dudosa y mi corazón se aceleró ¿Cómo diablos podía ponerme así al escuchar tu chillona voz? - ¿Eres tú? –
- Hola... - musité con temor. - ¡No lo puedo creer! ¡Eres tú! - gritaste y casi me reventaste el tímpano. Una carcajada salió de tú boca y me alegré de que el enojo se haya ido.
- ¿Cómo has estado Sango? –
- Bien - sentí un suspiro de tú parte - Diablos Kag ¿Cómo estás? ¿Dónde estás? ¿Qué ha sido de tu vida? Demonios. No sabes cómo te he extrañado - estabas agitada, no sé si por la emoción, la misma que sentía yo al escucharte o si ibas caminando.
- Ha pasado mucho tiempo… - traté de no llorar, solo quería verte y contarte lo que ha sido mi miseria en estos cinco años.
- ¿Mucho? Han pasado años Kag ¡Años! ¿Dónde estás? –
- En mi casa - reí ante lo que dije. - ¿Aún sigues casada con Inuyasha? - diablos ¿Por dónde empezaría a contarle mi martirio?
- Si - resoplé - Todavía estoy con él - hice una mueca. - ¿Estás bien? No te escuchas como una mujer felizmente casada - sonaste preocupada.
- Será porque no lo soy - resoplé cansada.
- ¿Qué pasó? - ya podía verte con el ceño fruncido - ¿Qué te hizo ese imbécil? -
- Ay Sango… - suspiré - Que no me ha hecho ese bastardo –
- ¡Mierda! Kag - gruñó.
- Si lo sé - me dejé caer en la cama.
- Tenemos que vernos –
- ¡Sí! Por favor. Necesito verte - supliqué.
- ¿Dónde estás? ¿Sigues viviendo en Tokio? –
- Si - sentí el auto del indeseable llegar –Sango tengo que colgar… Mi querido esposo acaba de llegar –
- Entiendo… - suspiró - Te llamaré mañana. Nos juntaremos en el café de siempre ¿Vale? –
- Vale. Mañana espero tú llamada para que me digas la hora. Ahora te dejó. Hasta pronto Sango –
- Hasta pronto Kag - demonios que no quería dejar de hablar con Sango, pero no quería que Inuyasha se enterase de que me contacté con ella. Me asomé por la ventana y lo vi bajar del auto, con su maletín en mano. Se me hizo extraño no verlo con alguna de sus putas. Cuando lo vi entrar en la casa, miré las cosas que había comprado y suspiré.
Caminé hasta el baño y me refresqué la nuca, estaba nerviosa de ver a ese animal después de mi "Cambio de look" Sentí como la puerta de mi habitación se abría y mi estómago se contrajo, como siempre, no tocó antes de entrar. Respiré profundo y salí del baño. Ahí estabas, mirando por la ventana con las manos en tus bolsillos haciendo que tus glúteos d marcaran más de lo debido ¡Maldito! Como si me hubieses escuchado te giraste y tus ojos se abrieron. Me observaste de pies a cabeza, me escrutabas por completo. Sacaste la del bolsillo y te la pasaste por el cabello.
- ¿Qué significa esto? - preguntaste con el ceño fruncido.
- ¿Qué significa? ¿Qué? - me paré derecha, sin signos de intimidación.
- Esto… - miraste las bolsas en el suelo y después me miraste a mí - ¿Se supone que debo decirte que te ves bien? - preguntaste con tal tono de burla que me dieron ganas de esos perfectos dientes de un puñetazo.
- No se supone que me digas nada - caminé hasta las bolsas y las recogí - ¿Qué es lo que quieres? –
- Vine a saludar a mi esposa ¿No puedo? - alzaste una ceja.
- No - te miré y tú rostro tenía una sonrisa - En fin. Inuyasha me da igual a lo que hayas venido, pero no seas cínico por favor ¿Dime que es lo que quieres realmente? - me senté piernas cruzadas sobre la cama. Observaste mis piernas y yo puse las manos sobre mi regazo queriendo protegerme de tú lasciva mirada. Me molestaba que vieras así.
- A nada en especial en realidad. Quería verte - una sonrisa escapó de mis labios.
- ¿Ya? - reí una vez más - Me viste esta mañana cuando tenías a Kikyou en tus piernas ¿No lo recuerdas? - alcé una ceja.
- Estaba tan embobado con ella que no me di cuenta de tú presencia en la mesa - cerré mis ojos y los malditos se me escocieron. Como dolía cuando me decías cosas así.
- ¿Y cómo sabes que fue en la mesa? - pregunté creyéndome triunfal.
- Porque anoche estaba arriba de mí y después debajo de mí - moviste las manos haciendo gestos obscenos, que asco - En la pared, en el baño… -
- Ya, ya entendí - te dije molesta - No tienes para que describirme como la has puesto. No me interesa –
- Me gusta ver tú cara cuando lo hago - frunciste los labios en son de burla, una vez más. Patético.
Suspiré - Inuyasha… Inuyasha - moví mi cabeza - ¿Quieres darme celos? - fue mi turno de hablar con burla.
- ¿Celos? ¿A ti? - hiciste una mueca de ¿Incredulidad? ¡Pf! Claro que no - ¿Por qué querría yo darte celos a ti? –
- ¿Entonces por qué me cuentas de tú "Encuentro sexual" Con Kikyou? –
- Tal vez sea para que sepas de lo que te pierdes al no querer acostarte conmigo. Soy tú esposo ¿No? - caminaste por mi habitación y te sentaste en el baúl que estaba a los pie cama.
- Créeme. No me pierdo de nada - te miré y nuestros ojos se vieron reflejados en los del otro. –
¿Qué quieres decir con eso? - frunciste el ceño confundido.
- ¿Quién te dice que yo me estoy perdiendo de saber lo que es el sexo? - tu cara se transformó y por un momento creí que te había producido algo. Pero contigo eso es imposible ¿Qué podría provocarte mi mentira?
- ¿Qué me estás queriendo decir? - te levantaste molesto y caminaste por la habitación.
- Tú a mí no me has sido fiel desde nuestra primera noche de bodas ¿Qué te hace pensar que yo si lo he sido? - me miraste, me fulminaste con esos ojos negros, pero no me importó ¿Qué más podría pasar?
- ¿Me estás diciendo que me estás engañando? - caminaste hacia mí y me levantaste bruscamente de la cama.
- Si es así ¿Qué te importa? - dije tranquila. Sentí tus como tus dedos se incrustaban en la piel de mis brazos. - Eres una maldita - me zamarreaste. - Y tú eres un cerdo asqueroso que trae a las putas hasta esta casa, sin importarte que yo esté aquí - te desafié.
- ¡Es mi casa! ¡Y yo traigo aquí a quién yo quiera! - podía sentir tus bufidos sobre mi rostro. - ¡Entonces hazlo, síguelo haciendo! ¡No me interesa lo que hagas o dejes de hacer! ¡Pero no me llames maldita por estar con otra persona! –
- ¡¿Entonces si es cierto?! - gritaste. ¡No es cierto! Sigo tan virgen como siempre maldita sea.
- ¡Sí! - me trate de zafar. Fue imposible, en ese momento sentí como mi mejilla ardía, dolió, pero más me dolía verte con otras. Sentí un leve sabor metálico en mi boca. Abriste los ojos ante lo que hiciste, sin embargo, no te retractaste.
- ¡Eres Mi esposa! ¿Cómo te atreves a andarte revolcando con otro? –
- Que pensamiento tan retrograda Inuyasha - te miré con odio - ¡Tú puedes andar de playboy! ¡Tú puedes revolcarte con cualquier puta! ¿Y yo? ¿Acaso no tengo ese derecho? ¡No esposa! - te recalqué - Métetelo en la cabeza. Que hayamos firmado un papel no quiere decir nada. Tú mismo me lo has demostrado durante estos cinco putos años. Tú mismo dejaste claro en nuestra noche de bodas. Tú eres quién tiró por la borda todo lo que habríamos podido ser - tú mirada cambió - Ahora no vengas a reclamarme nada. Si yo me acuesto con alguien o no ¡No es problema tuyo! ¿Y ahora vienes y me pegas? ¡No eres más que un poco hombre! - puse mis manos en tu pecho y me dolió el contacto. Hacía tanto tiempo que no te tocaba.
- Kagome - gruñiste mi nombre - No me provoques - amenazaste.
- No te provoco. Tú eres quién me ha provocado por tanto tiempo. Es hora de que te devuelva la mano ¿No? - me soltaste y fuiste hasta las bolsas. Sacaste una por una las prendas que me había comprado.
- ¿Por eso este cambio? - tomaste una lencería de encajes que compré - ¿Esto es para él? - enrollaste las bragas entre tus dedos.
- Eso a ti no te importa - caminé hacia ti y las arranqué de tu mano.
- ¡Claro que me importa! ¡No dejaré que te andes revolcando con cualquiera! - me afirmaste el brazo - ¡No mientras vivas bajo este techo! –
- ¡Perfecto! - me solté - ¡Me largo! - caminé hasta mi closet y saqué una maleta. Fui dejando una por una mi ropa, sin importarme como cayeran dentro de ella. Tú estabas como una piedra, de pie, mirando lo decidida que estaba. Caminaste hasta la maleta y sacaste toda la ropa - ¡¿Qué demonios haces?! - seguí tirando mis cosas adentro.
- ¿Qué demonios haces tú? - estaba furiosa contigo. Ya no quería respirar el mismo aire que tú, solo quería largarme de esta maldita casa, no soportaba más esta situación.
- ¿Qué no es obvio? ¡Me largo de esta maldita casa! ¡Ya no te soportó! –
- Tú no te vas a ningún lado - afirmaste mi cabello y me obligaste a echar mi cabeza hacia atrás - Aquí te quedas - quise gritar, quise golpearte por hacerme vivir en esta pesadilla.
- ¿Por qué no buscas a Kikyou y te revuelcas con ella? A lo mejor así se te quita lo amargado que estás en este momento - apretaste más el agarre de mi cabello, echaste mi cabeza más atrás y me obligaste a mirarte. No me quejé.
- Ella es solo para saciar mis necesidades - ¡Asqueroso! - Tú eres la que debes permanecer a mi lado ¿Me entiendes? - quisiste besarme, pero yo como pude di vuelta la cara y tu beso cayó en mi mejilla - Serás mía, quieras o no. No voy a permitir que otro goce de lo que me corresponde - Dios, no otra vez.
Mis suplicas no fueron escuchadas y me lanzaste a la cama. Caí de espalda y solté un gemido ahogado al ver como comenzabas a sacarte la ropa. Me levanté rápidamente, pero poder hacer cualquier cosa, me vi otra vez en la cama. Estaba en shock. No quiero, así no quiero que suceda. Lo último que me faltaba, que me violaras. Te miré a los ojos y m traspasabas con tus ojos negros de deseo. Caminaste hasta mí y me empujaste hasta que quedé acostada, solo cerré mis ojos, ya no quería saber de nada más.
