Gracias a todos lo que han pasado por aquí y han dejado su review.

Pido disculpas por la tardanza y prometo no tardar tanto la próxima vez.

Espero que sigan disfrutándola.

Con esperanza,

HRHED

Entre silencios de biblioteca y desencuentros de sangre

La cruda realidad

Se maldice entre dientes como cuando una poción destila un olor no propio de su aroma, como cuando se le rasga el pergamino y debe empezar una redacción de casi doscientas líneas. Se maldice porque se ha dejado envenenar por los ojos verdes y un silabeo más propio de una serpiente que de una voz humana.

Se limpia con la esponja como si frotara plata sucia con un estropajo y está segura de seguir así hasta que note que la piel no lo soporta más y empieza a rasgarse. Se siente sucia, impura e indigna. Ha caído en las redes de las que lleva huyendo desde hacia ya demasiado tiempo. Se desespera y llora en silencio intentando recobrar la compostura.

No ha dormido desde que llegó de la biblioteca. Se ha mantenido tumbado en la cama de la habitación, mirando el techo plagado de fotos de su familia y amigos y con una media sonrisa que le va y le viene. Le viene porque el aroma de Rose parece permanecer en su propia piel y le va porque en la foto de sus padres Draco parece mirarle con más aspereza de la normal.

Ha tenido los brazos de Rose alrededor de su espalda, sus labios entre los suyos expertos e insaciables, las piernas cerrando un círculo con su cadera pidiéndole más de lo que él esperaba poder darle.

La ducha fue ciertamente reparadora y cuando salió volvía a ser la de siempre, la de antes del baile, al menos para los demás. Había conseguido sacar cualquier rastro de Scorpius de su cuerpo, ahora sólo faltaba sacarlo de su mente.

Cuando llegó al Gran comedor, deprisa y corriendo, no esperaba ver a Rose tan seria y con la faz tan dura como la vio. Creyó que cuando la viera ella le sonreiría y el marcharía a su encuentro borrando la imagen de su padre con un cálido beso de "buenos días". Ni mucho menos.



Los ojos melosos se le tornaron fríos y opacos, dejando el precioso color miel en un marrón oscuro lindante al negro. El moño impoluto le hacia perder la candidez y, a su vez, lujuria que aportaba su cabello rojo al viento. Las curvas guardadas en el anodino uniforme de Hogwarts.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando los ojos de Scorpius la buscaron desde la entrada. Se sentía mareada y débil. No podía hacer otra cosa que mantenerse dura, si flaqueaba no habría vuelta atrás y lo sabía.

Estaba más guapo de lo normal. Llevaba la ropa menos recta y bien colocada, algún botón desabrochado, la corbata mal anudada, el pelo revuelto y más dorado. Parecía tener más color que nunca y los labios más tintados de rojo que de costumbre, incluso algo morados. La memoria le hizo recordar el porque y bajó la mirada hacia el vaso de leche que tenía delante.

No hablaron más. A los pocos día las vacaciones de Navidad llegaron y prácticamente todos los alumnos de Hogwarts partían hacia sus hogares. Rose no le vio en el tren. Para Scorpius fue imposible no verla en la estación de King Cross rodeada de cabezas pelirrojas y el famoso Harry Potter con sus hijos y esposa.

La gran mansión de los Malfoy era menos oscura que tiempo atrás y las mazmorras se mantenían cerradas por orden estricta de la señora Malfoy, la mujer de Draco.

Scorpius vio en su habitación el peor lugar del mundo, lejos de la calidez de Hogwarts, del ruido de la sala común, de los niños de primero en los pasillos. Lo único que a Scorpius le recordaba Hogwarts a su casa era la biblioteca. Era enorme, quizás mayor que la del castillo, y albergaba un millar de historias. Por supuesto, era silenciosa. Le gustaba sentarse a leer en una de las butacas más alejadas de la chimenea, era mucho más tranquilo y un lugar prácticamente imperceptible desde casi toda la biblioteca.

Mientras ojeaba un manual de Quidditch que uno de sus amigos le había mandado para que se aficionara a ese deporte escuchó unas risitas tras una de las estanterías. Por un momento, pensó que se trataba de sus primas, dos niñitas rubias de cuatro años que había venido junto a sus tíos a pasar las Navidades. Se levantó farfullando, pero en silencio, esperando darles un susto de miedo.

La imagen que se le presentó se le antojó extrañamente familiar, pero a su vez sorprendente. Scorpius sorprendió a una de las cocineras con el chofer de la familia entregándose a la lujuria y a la pasión, al amor quizás, como una vez lo hizo él con Rose.

Señor. – Thomas, el chofer, abrió los ojos como platos, dejó en el suelo a Agatha y la tapó con su propia chaqueta. Semidesnudo intentó disculparse como pudo.

Se dirigió con una sonrisa al comedor, intentando dar tiempo a que la pareja se vistiera por si a alguien de la familia se le ocurría visitar la biblioteca. Llegó al salón, cerró la puerta tras de si y no pudo creer lo que sus ojos vieron. Su padre lloraba en el hombro de su madre.

A Rose le encanta la Madriguera. Es un lugar acogedor y encantador, pequeño y plagado de un olor a comida que prácticamente toda su familia adora. Sabe, a ciencia cierta, que pronto será imposible que pasen las Navidades todos juntos en esa casa.



Los abuelos Weasley, los abuelos Granger, sus padres, sus tíos, sus tías, sus hermanos, sus primos, Teddy, la señora Tonks e incluso a veces el viejo Hagrid, los padres de su tía Fleur y una tía abuela rechoncha que su padre detesta. Todos juntos suman varias decenas. En la casa siempre reina el buen humor, las ganas de comer bien y un sentimiento de paz que pocas veces se ve turbado.

Quiere un poco de silencio para pensar y poner su mente un poquito en orden pero esa casa es imparable y no hay nada que se mantenga en pie y con una pizca de seriedad, el tío George hace estragos por donde pasa y James y Fred parecen seguir sus pasos con ahínco.

Sale al jardín en busca de paz y se sienta frente al verde pasto que le rodea. Algunos bichos le suben por las piernas y acaban posándose en el libro que ha traído para leer haciéndole imposible la lectura. Una discusión a gritos llama su atención. Son Teddy y Victoire, cerca del cobertizo.

Eres el ser más despreciable de la tierra. – Victoire habla a gritos, intentando separarse de Teddy que no para de acercársele.

Y tú la mujer más bonita de toda Inglaterra. – Teddy sigue sonriendo a pesar de que Victoire se mantiene rabiosa en posición desafiante.

Pues es una pena porque cuando me marche a Toulouse no podré hacer que los hombres caigan rendidos ante mi, con tanta facilidad como lo hago aquí. – Victoire ha pretendido hacerle daño, hacer sentir a Teddy uno de tanto pero a él no parece haberle afectado en absoluto, al menos no eso. Rose se acerca para escucharle entre los pocos arbustos que rodean el cobertizo.

¿Te marchas a Francia? – La voz de Teddy suena asustadiza y perdida, como la de un niño pequeño a pesar del tono grave.

¿Qué?- Victoire se ve sorprendida por el cambio de tono y le mira de nuevo, aflojando su gesto.

¿Te vas a ir a Toulouse?- Traga el nudo que se le esta haciendo en la garganta.

Bueno, ya sabes que era una opción. De hecho aún lo estoy pensando, pronto acabaré los estudios del primer ciclo. Y bueno estaba la posibilidad de terminar el segundo ciclo allí. Derecho es mucho más buena en esa universidad y...

No te vayas, Vic, por favor no me dejes aquí. – EL miedo asalta la cara de Teddy y las lágrimas asoman en su rostro cetrino. Rose sabe que debe marcharse de allí pero la curiosidad le puede y se mantiene agazapada.

Ni se te ocurra llorar o me harás llorar a mi, eh. ¡Ted! – Teddy se ha arrodillado suplicante y ella a su lado le ruega que no llore más.

Vic, de verdad no volveré a hacerte rabiar con Rhonda, juro que sólo lo hago para que te enfades y poder reconciliarme contigo un millón de veces, de verdad que yo no tengo nada con ella. Que yo sólo te quiero a ti... Vic...

¡Sh! Ya. Un, dos , tres. Respira y deja ya de llorar. ¿Te suena? – Ted sonríe y se limpia las lágrimas como puede. - No sabía que me querías tanto. – Él sonríe y ella le besa.

Rose deja de mirar de una vez y se encamina corriendo hacia el cuarto de sus padres, su madre es sensata y debe aconsejar a Ted y a Victoire antes de ella se marche. Su madre debe hacer algo, lo que sea.



Entra en la habitación a trompicones y su madre pega un pequeño gritito que le hace ponerse alerta y coger la varita de inmediato.

¡Joder mamá! ¡Qué reflejos! – Cierra la puerta tras de si.

Esa boca Rose. – Intenta subirse la cremallera del vestido en vano. - ¡Joder! – Rose la mira con elocuencia. – Perdón. Ayúdame ¿quieres?

¿Porque te arreglas tanto? Ese vestido negro es demasiado elegante para comer en la Madriguera. – Le sube el vestido hasta el final y Hermione comienza a recogerse el pelo.

Mira cariño, tu padre y yo, bueno y tus tíos y tus abuelos tenemos que ausentarnos unas horas para atender un compromiso. Deberías cuidar de los más pequeños, o mejor de que James y Fred no hagan nada a los demás.

Está bien. Pero ¿qué ha pasado?

Ha fallecido Narcissa Malfoy, la madre de Draco. Su hijo, Scorpius, va a tu curso, ¿le conoces mucho? – El perfume de su madre le ha resbalado de las manos.

Te acompaño.