Disclaimer: Kuroshitsuji y sus personajes pertenecen a la genialidad llamada Yana Toboso.

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De gafas y rifles asesinos

II. De clases de biología y sonrojos.


Se escuchaba el sonido como de una tetera hirviendo al punto máximo, saliendo vapor a toda velocidad pero no era una tetera, no señor, era la cara más roja que un tomate perteneciente al líder de la familia Phantomhive; el querido Ciel.

―¡¿POR QUÉ?! ―gritó fuertemente con el ceño fruncido. Era increíble lo mucho que ese niñito podía fruncir el ceño hasta niveles insospechados. Estaba sentado en su escritorio apaciblemente hasta que llegó la hora de las lecciones escolares impartidas por Sebastian, más específicamente la clase de biología. Tal vez todo hubisese sido más fácil si su tía Anne estuviera viva y... no, en realidad no hubiera sido más fácil ―. ¡¿Por qué tenemos que usar a Mey-Rin como modelo?!

―Porque por más que he intentado explicarle la reproducción humana usted no entiende, joven amo. ―Le reiteró el mayordomo mientras le saltaban como veinte venitas en la sien derecha. ¡Estaba harto de ese niño humano que no entendía cómo el palito se metía al hoyo!

―¡NO VOY A PERMITIRTE QUE HAGAS UNA ESCENA AQUÍ, MALDITO DEGENERADO! ―Ciel se levantó de su asiento y azotó las manos contra el escritorio ruidosamente.

―¡Que traigan a la china! ―Sentenció Sebastian y como no había nadie más en el cuarto tuvo que ir él mismo por la sirvienta engañándola con que el joven amo quería darle unos nuevos lentes.

―¿Y cómo son? ¿Redondos, rectangulares? ¿Están bonitos? ―La pelirroja iba caminando detrás de Sebastian. Iba visiblemente emocionada. Cuando entró al despacho del joven amo se sorprendió al ver varios modelos anatómicos delante del escritorio y encima de eso el pequeño Ciel estaba notoriamente a punto de convertirse en el asesino personal de Sebastian. "Él no va a darme unos lentes nuevos", pensó Mey-Rin cuando observó la situación. Bajó la mano hasta su pierna para sentir la pistola escondida entre sus ropajes, ahí estaba, se sintió un poco más segura.

―Muy bien, vamos a dar inicio con la clase de biología. ―Anunció Sebastian con porte elegante. Los ojos de Ciel y Mey-Rin eran idénticos, como saltones y con miedo, temiendo lo peor.

―Sebastian, no me quiero traumar. ―Le advirtió Ciel, aunque más bien sonó como súplica.

―Yo t-tampoco. ―Secundó Mey y en cuanto dio un paso hacia atrás chocó contra una mesita cercana, tirando un florero turquesa que se partió en cientos de pedazos en el suelo. A Sebastian le dolió un poco la cabeza.

―Eso... era un regalo de la reina hacia el joven amo. ―gruñó con los ojos cerrados y tocandose la frente.

―¡Ah! ¡C-Como lo s-siento! ¡Yo lo reparo! ―En seguida la pelirroja corrió para levantar los pedazos de porcelana pero Sebastian la estiró del brazo ligeramente.

―Déjalo, yo lo recogeré al terminar la lección.

―Muchas gracias, Sebastian-san. ―Sonrió alegre y caminó hacia el escritorio, apunto estuvo de llegar cuando sin saber por qué ni cómo demonios, se tropezó, agarrándose de la orilla para no caer del todo solo que terminó tomando la orilla de una charola de plata que contenía un juego de té chino muy antiguo y se lo llevó con ella hasta el suelo.

A Sebastian le dio migraña.

―Eso... era una reliquia de la familia Phantomhive, regalo de cumpleaños de la señora Rachel. ―gruñó decepcionado y furioso, cerrando los ojos y con la mano a punto de ahorcarse él mismo.

―Ay no, ¡cuánto lo siento, joven amo! ¡Yo lo reparo!

―¡Deja, deja! ―La estiró del vestido por la cintura antes de que empezara a recoger todo ―. Yo lo limpio luego. Hay que seguir con la lección. ¿Hay algo más que puedas romper aquí? ―Sebastian hechó una mirada a la habitación ―. Parece que no. Entonces, continuemos. Estábamos en la lección de biología, la reproducción humana...

―Quiero pastel de chocolate. ―Exigió el pequeño amo.

A Sebastian le empezó a faltar el aire.

―Joven amo, concéntrese. ―dictaminó frunciendo ligeramente el ceño, pero aun estaba calmado. Ni bien terminó de decir aquello cuando escuchó un estruendo de algo quebrándose detrás de él. Volteó casi con torticolis y vio a Mey-Rin y un cuadro hecho trizas en el suelo.

―Lo siento, estaba chueco y yo solo quería enderezarlo... y-yo lo reparo... ―musitó la chica con lagrimones en los ojos. Ahora sí Sebastian iba a matarla. Ella estaba por agacharse para recoger los vidrios cuando de pronto su pie se ladeó y cayó de cara contra el piso. Una fina herida empezó a enrojecerse por su mejilla.

―La clase acabó. ―Finalizó Sebastian pálido y sin alguna emoción, solo era alguien en blanco que estaba deshaciéndose como el viento.

―¡Eso! ―Aplaudió Ciel y en seguida salió a paso veloz rumbo a la cocina, tenía muchas ganas de pastel.

Sebastian observó a Mey-Rin levantándose con la cara sonrojada y triste.

―Ya ven acá. ―La levantó al vuelo agarrándola por debajo de las axilas y la puso en pie ―. Vamos a limpiarte esa herida. ―Caminaron al primer piso, en la cocina Sebastian tenía un pequeño botiquín de primeros auxilios por aquello de los desastres que provocaba Bard en la cocina comúnmente. Sacó un pañuelo mojado con antiséptico y lo presionó suavemente contra la mejilla de la sirvienta. Mey-Rin estaba sentada sobre la mesa de cocina, por lo que casi estaba a la altura de Sebastian, éste lucía concentrado en aliviar la herida de la señorita china.

En el comedor contiguo se escucharon un par de voces platicando, se trataba de Tanaka y Ciel. El primer mayordomo le había preguntado a Ciel el motivo de seguir conservando a la señorita Mey-Rin si ella era muy distraída, la respuesta de Ciel fue divertida.

―Mientras moleste a Sebastian, a mí me agrada. ―Lo había dicho en un tono travieso y después lanzó una ligera risita, secundado por el señor Tanaka.

Mey-Rin sonrió, bajando los ojos hacia el suelo. El mayordomo negro la observó con curiosidad, parecía como si la chica estuviese enamorada; sonrojada y mirando hacia abajo.

―Listo, Mey-Rin. Ahora ve a lavar la vajilla que se usará para la cena. Van a venir invitados así que trata de no romper nada. ―Le ordenó Michaelis.

―¡Así lo haré, Sebastian-san! ―Asintió la jovencita dando un salto para llegar al suelo y se fue rápido para iniciar sus tareas.

Cuando de pronto llegó Tanaka a la cocina para dejar el plato y los cubiertos que había usado Ciel.

―¿De verdad iba a montar una especie de "representación teatral" sobre la reproducción humana, Sebastian-san? ―inquirió el viejito con cara seria. Sebastian solo puso los ojos en blanco en señal de fastidio.

―Solo iba a pedirle a Mey-Rin que le explicara ella misma, las mujeres parece que tienen más tacto y precision con esas cosas. ―Se explicó, cansado de que lo pensaran un degenerado.

―Me pregunto cómo es que sabe eso, Sebastian-san. ―Añadió Tanaka confundido.

Bueno, tal vez sí era un degenerado. Después de todo, él era solamente un simple mayordomo demoniaco.

―¿Sabe qué? Olvídelo, el joven amo no llevará otra lección de biología hasta que cumpla catorce. Pero si Lizzy y él hacen algo, ¡no será culpa mía! ―advirtió, iniciando los preparativos para la cena.


Me salió más SebasMey que CielMey... pero bueno, se hace lo que se puede, jaja.

Próximo capítulo le toca a Bard pero todavía no tengo un título definitivo.

Cualquier duda, opinión, correción la pueden dejar en un review.

Muchas gracias por su review a:

Yue-black-in-the-Ai

mary animeangel

AnVi.1995

lady noir

Mihaela-Taka

¡Enserio muchas gracias! No pensé que el fic fuera a tener tan buen recibimiento. :)


Nos leemos luego...