Disclaimer: Kuroshitsuji y sus personajes pertenecen a la genialidad llamada Yana Toboso.
.
.
De gafas y rifles asesinos
III. De soldados cocineros y pastel de limón
El 99.9% de las veces que cocinaba Bard, todo salía quemado. Bueno, "quemado" era una palabra demasiado suave. Todo quedaba carbonizado, hecho trisas, como si un batallón hubiera pasado por encima de la zona para reventarla con granadas. Sebastian-san había perdido las veces en que la cocina de la Mansión Phantomhive se tuvo que remodelar. Ciel a cada rato se molestaba cuando le llegaban las facturas de los daños, aun así siempre autorizaba los gastos de remodelaje y nuevas adquisiciones de bazookas especiales pedidas por Baldroy. Eso no parecía tener lógica alguna.
¿La razón? Simple. Porque eso le fastidiaba a Sebastian, y todo lo que le fastidiaba al demonio Ciel lo llevaba a cabo a propósito. Era divertido verlo rabiar mentalmente, lo podía comprobar a través de sus ojos rojos.
—Bard. —La voz media ronca y suave de MeiRin era inconfundible. Era la única fémina de la mansión. La chica bonita entre tantos locos, aunque ella misma tuviera algo de esa locura. Bard siempre le dejaba probar el único postre que le salía bien —. Sebastian-san ha salido a hacer diligencias del joven amo y nos encargó la cena.
—¡Cocinaré un super bistek para el joven amo, aderezado con algo de perejil, ajo y…! —Ya veía la maravillosa mesa puesta con los alimentos que él iba a cocinar para su joven amo cuando…
—Él no quiere eso. Él quiere que le hagas un pastel de limón de los que tanto le gustan.
El rubio se mostró sorprendido y dejó sus dramáticos ademanes a un lado, serenando su rostro y mostrando una media sonrisa casi imperceptible. Miró hacia abajo con sus ojos brillosos. Eran de un azul cielo precioso. Cuando Ciel pedía eso significaba dos cosas: 1, que Sebastian no estaba, y 2; que al joven amo se le antojaba comer ese único postre que a Bard le salía bien. Además, a Ciel de vez en cuando deseaba comer algo hecho con manos humanas, con tiempo y dedicación, y no solo la comida endemoniada y perfecta de Michaelis.
—¡Bien, manos a la obra! —Se arremangó las mangas de la camisa.
MeiRin sonrió al verlo. Ciertamente le gustaba ver a Bard cocinando. Era entusiasta en lo que hacía, era alegre todas y cada una de las veces que cocinaba a pesar de que sabía que muy probablemente todo terminaría quemado y explotado. La mucama se ofreció a moler las galletas, metiéndolas en una bolsa de plástico y triturándolas con sus propias manos. No necesitaba de un mazo. Bard podía ver que MeiRin no era ninguna chica frágil. Siempre levantaba grandes pesos de vajillas recién lavadas y las colocaba ya sea en la mesa o en vitrina de cristal. Se echaba un montonal de ropa al hombro y la tendía en un santiamén, lavaba y refregaba la ropa con paciencia, tendía las camas de toda la mansión en veinte minutos, por Dios, ¡veinte minutos!, era casi una hazaña. Bard, en secreto, la admiraba. Porque además de ser una excelente sirvienta, también se tomaba el papel de guardia de la mansión Phantomhive muy a pecho, transformándose totalmente en una asesina de puntería altamente perfecta si la situación lo requería. Su rostro bastante amable y descuidado cambiaba a uno frío y preciso. Totalmente enfocada a su misión. Era un soldado perfecto.
Aquella vez que atacaron la mansión pudo comprobar todo eso. Ella era una chica de armas tomar. Ella era una chica de guerra. En realidad los tres; MeiRin, Finny y él, eran chicos de guerra.
—Vamos, Bard, estás muy distraído. —Le advirtió preocupada, acomodándose sus enormes anteojos.
—Sí, tienes razón. —Sonrió decidido, frunciendo el ceño. Entonces mezcló huevos, harina, mantequilla, leche y limón, revolviéndolo todo con rapidez. Pronto la mezcla estuvo lista para servirse en un molde redondo y lo metió al horno por algunos minutos, cuidando el cocimiento en todo momento para que no se pasase de tiempo, ya que todo tenía que ser perfecto.
Mei-Rin por su parte supervisó que todo en la casa estuviese limpio. Las cobijas del joven amo habían sido cambiadas por unas limpias, la habitación había sido limpiada de arriba abajo, incluso el techo estaba reluciente, la lavandería no tenía más ropa sucia, las vajillas estaban limpias y en su lugar. Las tareas de la pelirroja se habían acabado por esa noche. Iría a darse una ducha caliente porque afuera hacía mucho frío, se pondría su pijama y ya después bajaría a la cocina para encargarse de lo que había hecho Bard.
—Buenas noches, Mei-Rin. —Se encontró al jovencito ojiazul cuando iba de camino al primer piso para fregar los utensilios que hubiera usado el rubio.
—J-Joven amo, buenas noches. —Lo observó todavía con sus ropas del día —. Sebastian-san no ha regresado, ¿quiere que le ayude a cambiarse?
Ciel se le quedó viendo pensativo, su mirada zafiro hizo que la joven mucama se hiciera para atrás, un tanto nerviosa. Ciertamente casi nunca hablaban más allá de la cuenta porque Ciel solo platicaba más con Sebastian que con los demás. Si acaso también con Finny pero hasta ahí.
—Uh, no. Tal vez luego. —Continuó con su camino hacia su habitación.
Mei-Rin un poco más tranquila bajó hasta la cocina, arremangándose el pijama y ajustándose las gafas. Cual fue su sorpresa que los trastos estaban pulcramente limpios. Bard había lavado todo, además, estaba una rebanada mediana de pastel de limón que con letra delicada decía "Para Mei".
—Bard. —Sonrió tiernamente como una niña. Pocas veces tenían detalles así para ella. Se llevó el postre a su cama junto a un té caliente y cenó sola, mirando por la ventana. Estaba por la mitad del pastel cuando de pronto tomó un arma pequeña, una Smith & Wesson 45, abrió la ventana y jaló el gatillo.
—¡NGH! ¡CASI ME DAS MUJER! —gritó un hombre.
—¡Bard! ¿Pero qué hacías en medio de la oscuridad? —La pelirroja se preocupó.
—¡¿Qué más?! ¡Alimentando a este estúpido lobo! —Detrás del rubio estaba Pluto meneando la cola emocionado por el disparo —. ¡Yo no sé para qué Sebastian-san admite mascotas en la mansión si no va a cuidarlas! —Se quejó —. ¡Y luego uno tiene que limpiar sus gracias! ¡Como si no pudieran enseñarlo a ir al baño como la gente decente! ¡Estúpido Sebastian!
—¡Bard!
—¡¿Qué?!
—¡Está detrás de ti! —Avisó.
Bard lanzó un escupitajo al suelo y gruñó.
—¡Demonios! —Echó a correr dentro de la mansión siendo observado por un Sebastian inexpresivo.
Tal vez si alcanzaba llegar a la habitación del joven amo éste declamaría su perdón a cambio de pasteles de limón. Quien sabe. Mei-Rin sin más compartió una sonrisa simple con Sebastian-san y luego se metió nuevamente para continuar su dulce cena. A lo lejos podía escuchar el desastre que hacía Bard para huir de las garras del mayordomo negro.
Me disculpo por la tardanza pero les dejo con amor este capítulo que espero les haya gustado. Muchas gracias por dejar un lindo review:
GuestJulio16
mary-animeangel
mishi
Ladi Noir
Aye-Nekita
Tenshi Barbery
Usio-Amamiya
Al próximo capítulo le toca a Finny. Todavía no tengo el título definido, ¿me ayudan con eso?
¡Muchas gracias por leer!
Nos leemos luuuego...
