Disclaimer: Kuroshitsuji y sus personajes pertenecen a la genialidad llamada Yana Toboso.
De gafas y rifles asesinos
IV. De sombreros de paja y cardos.
Finny
Los grillos cantaban sus sonatas en la noche oscura. Eran las tres de la madrugada y la peliroja abrió los ojos de repente. Un ruido sordo había despertado su sueño. Tenía una bata blanca como ropa de dormir y se calzó unas pantuflas, no sin antes tomar una pequeña arma que siempre guardaba debajo de la almohada. Salió de su habitación mirando sigilosamente. Apuntaba con cuidado hacia el frente. Su mirada desnuda; sin sus gafas, era aterradora. Cuando se ponía seria, Mey-Rin cambiaba completamente. Toda ella regresaba a ser la asesina sanguinaria.
Con pasos silentes llegó a las escaleras, debía verificar que el joven amo estuviera bien. Fue hasta el cuarto de su amo y entreabrió la puerta, el niño dormía dulcemente. Eso la tranquilizó un poco, pero aun debía seguir investigando aquél ruido de la planta baja. Abrió la puerta principal y salió para observar. Todo estaba quieto y en su lugar. Incluso Pluto dormía pacíficamente entre los arbustos.
"Buen perro", pensó.
—Mey-Rin…
—¡Ah! —gritó espantada al escuchar una voz detrás de ella.
—No llevas tus gafas.
—¡Finnian! —Lo regañó —. ¿Acaso quieres que te mate? ¡No me hables por la espalda!
—Lo siento mucho —dijo apenado —, pero escuché un ruido fuerte.
—Yo también lo oí.
—Es de la primer planta, ¿verdad?
—Eso creo, pero no he vuelto a oírlo. Revisemos las habitaciones.
—Sí. —asintió decidido el ojiazul.
La cocina estaba impecable -seguramente gracias a Sebastian-, el invernadero parecía normal, el salón de té, la sala de estar. La habitación de los sirvientes estaba bien excepto que Bard roncaba como león en celo, Tanaka incluso dormido hacía su "jojojo" y finalmente… Mey-Rin y Finny tragaron saliva con dureza.
—Bueno, tenemos que entrar para ver que Sebastian-san esté bien. —dijo Finny temeroso frente a la puerta.
—Yo no quiero hacer esto, ¡paso! —Sonrojada, la china ya se iba pero el rubio tomó su mano.
—Por favor, Mey-Rin, no me dejes solo con esto. —Suplicó con esa vocecita inocente que la peliroja no pudo resistir.
—Ay, está bien. —Se quejó.
Con nerviosismo giraron la perilla y abrieron la puerta, enseguida un chirrido escalofriante les taladró los oídos, ¡malditas bisagras sin aceite! Los dos sirvientes cerraron los ojos y detuvieron la puerta. Con miedo abrieron sus orbes, nada se movía en la habitación así que sintieron alivio.
—Uff, menos mal. —sonrió Mey-Rin y se recogió en el peinador, enseguida un jarrón se estrelló en el piso y la sangre de ambos sirvientes se fue de sus cuerpos. Pero nada en la oscura habitación se movió por segundos y volvieron a sentir alivio —. Lo siento. Tendré más cuidado. —Se disculpó nerviosa —. Verifiquemos a Sebastian-san y larguémonos de aquí. —susurró Mey-Rin. Finny asintió de inmediato. Voltearon a la cama y, ¡oh, sorpresa!, Sebastian no estaba.
—¿A dónde se fue Sebastian-san? —preguntó el rubio preocupado, temiendo lo peor. Ya lo habían visto "muerto" cuando varios amigos de los Phantomhive se reunieron en la mansión. Voltearon a todas partes. Finny caminó distraídamente hasta que se tropezó con algo, cayendo al suelo —. ¡Un muerto! —gritó asustado, alejándose del bulto misterioso. Mey-Rin empalideció pero luego observó mejor aquello.
—¡Shh! Es Sebastian-san, mira, debió caerse de la cama. Subámoslo. —Apuntó con el dedo y Finny comprobó lo visto por la china. Efectivamente Sebastian -con su uniforme de mayordomo- estaba profundamente dormido en el suelo.
—Con mucho cuidado, Finny, no lo despiertes. —Mey-Rin daba las instrucciones mientras el fuerte rubio cargaba a Michaelis como una princesa rescatada y lo depositó sobre la cama con suavidad. Terminada la peligrosa tarea se esfumaron de aquella habitación como si el diablo les pisara los talones.
—Pues no encontramos nada. Mejor vamos a dormir y mantengamos un ojo abierto. —Opinó Mey-Rin.
—Sí, está bien. Buenas noches, Mey.
—Buenas noches, Finny.
o
Un nuevo y soleado día comenzaba para Londres y las labores domésticas en la Mansión Phantomhive iniciaban a primera hora. Bard preparaba un desayuno super nutritivo para todos, tratando de hacer el menor destrozo posible, Finny echaba agua a las plantas y árboles de afuera antes de que el sol de las nueve llegara con su calor, Tanaka escuchaba una radionovela en la sala con su tecito cargado y su "jojojo", Mey-Rin lavaba cargas enormes de ropa, Ciel estaba tomando su baño y Sebastian estaba terminando el itinerario del día para repartirlo entre los sirvientes.
—Este calor está destruyendo las flores. —Finny se puso triste al ver que las rosas empezaban a secarse.
—Resuélvelo, Finnian, no le pediré al joven amo otro injerto de rosas rojas. Debes hacer que el jardín quede presentable para la fiesta de hoy.
El rubio se rascó la cabeza con nerviosismo. Estaba frustrado y tenía ganas de llorar. No quería que Sebastian o el joven amo se molestaran con él. Se quitó su sombrero de paja y lo abrazó, sintiendo un poco de aguita escapando de sus ojos.
De pronto sintió una mano delicada sobre su hombro y volteó. Ahí, a un lado de él estaba Mey-Rin con su pulcro uniforme de mucama, su recogido cabello y sus grandes gafas. Tenía una sonrisa comprensiva en su rostro que lo observaba.
—Yo sé cuánto te gustan esas cosas, Finny, pero por alguna razón esas flores no duran en la mansión. Tienes qué dejarlas ir.
—Pero en el invernadero se han dado muy bien. No lo entiendo.
—Yo tampoco. Tú eres el experto, ¿a que sí? Busca flores fuertes para la mansión Phantomhive, ¿quieres? Sé que podrás hacerlo.
Finny lo comprendió entonces. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.
—Sí, tienes razón, Mey-Rin. —Sonrió —. ¡Gracias! —Entonces se fue corriendo dentro de la mansión rumbo a la biblioteca.
o
La noche había caído y a la luz de la luna se celebraba el cumpleaños de " " mediante una velada, obsequio del fiel y amable Ciel Phantomhive. Los invitados devoraban los bocadillos con exquisitez preparados por Baldroy, claro, con ayuda de Sebastian. Por ahí se podía ver a diferentes personalidades como Nina la costurera de muchos nobles y miembros de la realeza, Abberline…
—Esa decoración floral es salvaje y a la vez elegante, joven Phantomhive. —Opinó una dama mayo que vestía un abrigo de piel carísimo y tenía unos modales sumamente perfectos.
—Se llaman Cirsium arvense. Es mi culpa. El personal de jardinería siempre quiere verme contento con sus innovaciones.
La dama rio un poco y continuó con una plática política que aburrió al pequeño Phantomhive, aunque no lo dejó entrever. Al otro lado Sebastian había sudado frío por el comentario de la señora varonesa.
"Ese Finnian… ¡cultivó cardos y flores de rancho!", pensó enojado sintiendo que vomitaba la bilis y hasta el hígado del coraje.
Cuando llegó el final de la velada -todo un éxito, por cierto- Finnian se llevó un coscorrón marca Sebastian por imprudente. Los sirvientes limpiaron todo y Tanaka llevó al joven amo para descansar.
—Listo, quedó todo impecable. Gracias por su arduo trabajo, pueden ir a descansar. —Sebastian dio la orden y los demás rompieron filas irse a sus habitaciones.
Eran las tres de la madrugada y el silencio reinaba en la mansión Phantomhive. Finny despertó somnoliento en busca de agua fresca. Se levantó, caminando por los pasillos y se encontró la puerta entreabierta de la habitación de Sebastian. Se acercó para cerrarla y no pudo evitar ser testigo del momento en que Sebastian daba media vuelta en la cama y se caía con dureza contra el suelo de madera, provocando un ruido sordo. Finny recordó ese ruido, abriendo los ojos y la boca; sorprendido.
—Fue Sebastian todo este tiempo. —Se dijo. Iba a levantarlo pero por inercia se tocó la cabecita, ahí donde Sebastian le había pegado. Hizo un mohín y luego entró a la habitación para poner a Sebastian en su lugar e incluso le colocó encima una manta. Se fue de ahí para buscar su vasito de agua sin saber que un par de ojos ámbar habían visto todo desde la oscuridad.
"Eres un lindo niño", pensó Mey-Rin con la mitad de una sonrisa, "uno muy bueno e inocente".
La pelirroja giró los ojos a la habitación de Sebastian. Fue un ruido. Seguro que se había vuelto a caer de la cama. No se lo diría a Finny. Sebastian se lo merecía. Mey-Rin hizo una sonrisa vengativa y regresó sobre sus pasos a su respectivo aposento.
Si has llegado hasta aquí, ¡muchas gracias por leer! Y si dejas un comentario ya you know que i love you ;)
Y ya sé que me tardo años luz en actualizar pero tengan por seguro que siempre regresaré con cosas para este fic porque me encanta Kuroshitsuji y amo a Mey-Rin. Me quedan dos personajes más para el fic (Tanaka y Snake) y ya después de ahí podría repetir personajes (como Sebastian, que ya le tengo otro capítulo). Espero que el pequeño capítulo les haya gustado :)
Muchas gracias por comentar Lady black butterfly 465, Usio Amamiya, Funimis y CandyChristmas34, les mando un saludo hermoso y un abrazo asfixiantemente largo.
Nos leemos luego...
