Primero quiero agradecer a kaoruca por su comentario. Te confieso que a mí también me hizo ruido esa parte, pero al mismo tiempo entiendo el enfoque de la autora original, ya que ésta es una alternativa ideal presentada frente a las infames OVAs Seisou hen, que ni a Watsuki le gustaron. Tal vez (porque lo veo probable) a medida que crece y conoce la historia de su padre y su filosofía de vida con la espada, el pequeño Kenji lo empiece a valorar más y por qué no, a admirarlo. Lamentablemente, los fics y nuestras opiniones serán sólo supuestos. Lo bueno de todo es que con el inicio del nuevo arco del manga seguramente podamos ver una evolución en la relación padre e hijo, eso lo dirá el tiempo. Muchas gracias por tus palabras y espero que sigas disfrutando de la traducción de la saga. Saludos!
Cuando Kenji bajó del tren, ya se había hecho de tarde. Caminó desde la estación de trenes hasta su casa, reconoció algunas caras familiares durante el trecho con las que se saludó. En sus 15 años de vida, había hecho algunos buenos amigos. Ser hijo de una famosa mujer instructora de kendo y tener de padre a quien fuera un temido asesino del Bakumatsu le habían hecho ser objeto de atracción desde pequeño. Kenji se preguntó si sus padres sabían que había salvado a unas amigas suyas una vez, usando el Kamiya Kasshin Ryuu, cuando un grupo de hombres trataron de molestarlas en la calle. Durante sus reflexiones, había llegado a la orilla del río; era el camino al Dojo Kamiya. Kenji sonrió por dentro cuando llegó a la puerta principal. El conocido cartel del dojo de su madre lo saludó y pudo escuchar a algunos estudiantes dentro lo que hizo que el joven Himura sintiera curiosidad. Usualmente a esa hora las prácticas ya habían terminado.
- Tadaima, - saludó Kenji mientras cerraba la puerta.
Escuchó pasos y Kenji volteó a ver a su madre corriendo hacia él, - ¡Kenji!
Kenji sonrió y se inclinó levemente antes de que su madre lo aplastara con un abrazo de oso.
- Pensé que no vendrías, - Kenji escuchó la suave voz de su madre y casi se sintió culpable por no haber venido a Tokio antes.
- Siento preocuparte, Madre, - replicó Kenji con el mismo tono de voz que ella.
Kaoru lo liberó de su abrazo y alisó el bolso de Kenji. - ¿Has comido? Tu padre preparó algo especial para ti. Estaba seguro de que vendrías. No te preocupes por el mal sabor. Hoy me mantuve alejada de la cocina.
Kenji rio. - Después de vivir lejos de ti y de Padre por algún tiempo, no me importa el mal sabor, Madre.
- ¿Dónde aprendiste a halagar, jovencito?
Kenji miró sobre el hombro de su madre y vio a su padre caminar hacia ellos. Kenji se enderezó y a continuación se inclinó. - Padre.
Kenshin sonrió y palmeó el hombro de su hijo. - Veo que Shishou te enseñó algo más que el uso de la espada.
Kenji frunció los labios. - Ha mejorado después de diez años, Padre. Les envía saludos a ambos.
Los ojos de Kenshin se suavizaron. - Eso es agradable de su parte. Creo que se suavizará teniéndote con él tanto tiempo. - Luego, rio, y sus ojos brillaron. - Tu madre y yo estamos felices de que estés en casa, hijo, sí que lo estamos.
Kenji se inclinó de nuevo. - Hai, Padre.
- ¡Kenji!
El chico buscó con la mirada y vio a Yahiko Myojin parado frente a la sala de entrenamiento. Kenji se volvió a inclinar. - Yahiko-niisan.
El hombre de 25 años sonrió a Kenji. - Qué bueno que al fin estés en casa. Tu madre ya estaba impaciente.
Con el rabillo del ojo, Kenji pudo ver a su madre dar vuelta los ojos.
- No lo escuches. Incluso después de 17 años, sigue burlándose de mí. - Kaoru enlazó su brazo al de Kenji. - Vamos. Comamos todos juntos.
- ¿En serio, Kaoru? Fui yo quien solía ayudar a Kenji cuando no podía bajar del techo. Un poco de crédito, - apuntó Yahiko.
Su madre ignoró al maestro del Dojo Kamiya y junto a su padre, Kenji se dirigió al comedor.
Después de tomarse un baño y cambiarse de ropa, Kenji caminó silenciosamente a la sala de entrenamiento. Se inclinó ante el santuario antes de entrar al salón. El lugar no había cambiado en nada; incluso se veía exactamente igual desde el día en que empezó a entrenar con su madre hacía varios años. Un estante lleno de shinais en una esquina de la habitación llamó su atención y casi sonrió cuando vio la pequeña shinai que solía usar cuando era niño. Kenji se aproximó al estante y sintió una pequeña nostalgia, tomó la shinai del estante y la sostuvo con su mano. La shinai era muy pequeña y su memoria retrocedió hasta el momento en que su madre le enseñó por primera vez.
Flashback
- Sosténlo con fuerza, ¿sí, Kenji? - Kaoru le mostró a Kenji cómo sostener su shinai.
Un Kenji de 7 años asintió. - Hai, Madre.
- ¡Y ahora, golpea! - Kaoru blandió su bokken con mucha fuerza.
- ¡Haiya! - Kenji repitió el movimiento de su madre.
Por un rato, madre e hijo impulsaban bokken y shinai. Después de varios golpes, Kaoru miró a Kenji y reparó en que su hijo estaba algo cansado. Kaoru sonrió. - Muy bien, Kenji. Es suficiente por ahora.
- Hai, - replicó Kenji obedientemente, con la respiración entrecortada mientras se secaba el sudor de su frente.
Fin flashback
Kenji acarició su pequeña shinai y la colocó de vuelta en el estante. Sintió el ki de su padre y se volteó para verlo ya sentado en el piso cerca del shoji.
Kenji inclinó su cabeza levemente. - Padre.
Kenshin sonrió. - Tu madre todavía guarda esa shinai. Es muy especial para ella.
Kenji rio por lo bajo. - Lo es para mí también. - Se acercó al ex hitokiri y se sentó junto a él.
- Oh, casi lo olvido, - dijo Kenshin. - Feliz cumpleaños, Kenji.
Kenji gruñó. - Gracias, Padre.
- Disculpa por no darte ningún presente. No sabíamos si querías venir o no.
El joven Himura sonrió inocentemente. - No me importan mucho los regalos, Padre.
Kenshin escrutó el rostro de su hijo y luego asintió. - ¿Entonces, sabes acerca de una tradición de espadachín cuando éste alcanza los 15 años?
Kenji respiró profundamente. - Sí.
- ¿Y?
El joven pelirrojo se encogió de hombros. - Estoy aquí para seguir con la tradición. Sin importar el resultado.
Silencio.
- Yahiko me pidió tener una práctica contigo mañana, - dijo Kenshin.
- Ya veo.
Otra vez silencio.
Honestamente, Kenji no sabía qué decir. Sabía que Yahiko-niisan lo desafiaría como parte del Genpuku. Y seguramente usaría la espada de su padre. Kenji sintió un apretón en su corazón que pasó rápidamente. Ya había aceptado la verdad y sea lo que sucediese mañana, sakabatou o no, realmente no le importaba. El recuerdo de haber ayudado a Kotaro le había probado que podía proteger a las personas inclusive sin espada. Y hablando de Kotaro…
- Padre, ¿aún recuerdas a Hiro Miyosato?
Kenshin parpadeó y lo miró pensativo. - Creo que he escuchado ese nombre en algún lado.
Kenji asintió y se incorporó. - Dijo que peleó a tu lado en la misma facción durante el Bakumatsu.
Los ojos de Kenshin se ensancharon y recordó. - Miyosato-san. ¿Cómo lo conociste?
Kenji se volvió a encoger de hombros y luego, sonrió. - Digamos que bajo ciertas circunstancias. - Se inclinó ante su padre. - Oyasuminasai, Padre.
Kenshin observó la figura de su hijo retirándose con algo de confusión. Tenía la impresión de que Kenji ya estaba escribiendo su propia historia.
Al día siguiente por la tarde, Kenji y Yahiko se pararon el uno frente al otro en la sala de entrenamiento, con cierta distancia entre ellos. Kenji sintió el ki Yahiko y se dio cuenta de que el maestro del dojo iba a pedirle una práctica entre ellos. Y con la sakabatou en su cadera izquierda, supo que no sería solo una práctica. Kenji miró brevemente a su padre, luego a la katana de Yahiko y por último a los ojos de Yahiko.
Yahiko sonrió, percatándose de la mirada de Kenji hacia la espada. La sostuvo y le dijo al joven Himura, - ¿Qué pasa, Kenji? ¿Quieres esta espada?
Kenji no dijo nada.
Sería una mentira si dijera que no, porque la verdad era que él quería esa katana. Él era el hijo del propietario anterior. Él debería portarla. Pero, después de pasar por una pelea real para salvar la vida de alguien, Kenji sabía que no necesitaba de ninguna espada para proteger a las personas. Ya no tenía importancia para él.
Kenji miró a Yahiko. - Iie.
Yahiko levantó las cejas. - ¿Iie? - Kenji pudo reconocer la burla en el tono.
Kenji sonrió. - Mi padre te dio esa espada a ti. Eres más que capaz para llevarla contigo, Yahiko-niisan. Cuando estaba de viaje de camino a aquí, ayudé a un chico. Mis oponentes estaban usando espadas, pero me las arreglé para vencerlos sólo con la shinai del muchacho. Ahora mismo debo seguir aprendiendo el Hiten Mitsurugi, pero mi intención es proteger, no matar. Por lo tanto, no tiene importancia para mí.
Kenshin parpadeó. Sintió calidez por todo su cuerpo al escuchar la confesión de Kenji. Pero, su instinto de espadachín se activó; más aún después de que Kenji le contara sobre esa parte de 'bajo ciertas circunstancias'. ¿Podría ser…?
- Hmm… - Yahiko refunfuñó. - Escuché sobre tu enfrentamiento con Aoshi-san el año pasado. ¿Crees que podrás vencerme?
Kenji respiró hondo. Todavía recordaba ese enfrentamiento. Y estaba orgulloso de ello. Pero, sabía que esta vez sería diferente. Yahiko-niisan peleó codo a codo con a su padre cuando tenía 11 años, siendo más joven que Kenji. Por otra parte, Yahiko-niisan era conocido como el campeón y también como el maestro del dojo de su madre mientras él, aun habiendo dominado todos los niveles, rechazaba el título de maestro. Y eso lo hacía apenas un espadachín más.
El sonido de la katana siendo desenvainada regresó a Kenji a la realidad. Vio a Yahiko sostener la sakabatou y posicionarse. Kenji empuñó su shinai.
- Vamos, Kenji, - dijo Yahiko.
Kenji respiró profundo y también se posicionó. Prestó atención a la postura de Yahiko y ya planeaba cómo atacarlo.
- Atácame con tus creencias de proteger a la gente, Kenji-chan.
Kenji no dijo nada.
- Kaoru.
Su madre se paró entre ellos con su brazo derecho suspendido y con un rápido movimiento, lo bajo mientras gritaba, - ¡EMPIEZEN!
Yahiko se adelantó y Kenji retrocedió para bloquear su ataque. Yahiko continuó atacando mientras Kenji trataba de defenderse. Cuando vio su oportunidad, Kenji se agachó, y con su velocidad, se adelantó y golpeó a Yahiko en una pierna. Yahiko sonrió y se volteó para ver al joven Himura ya incorporado y en posición.
Tus padres tenían razón, Kenji. Eres muy bueno. Pero, no puedes vencerme solo con haber ganado una pelea. Pensó Yahiko.
El maestro del Dojo Kamiya se adelantó otra vez y empezó a atacar a Kenji con el Kamiya Kasshin Ryuu. Kenji, conocedor de los movimientos, esquivó fácilmente los ataques. Pero, Yahiko, con más experiencia, fácilmente vio cómo podría vencer a Kenji. Después de hacer retroceder al chico con su combo de ataques, Yahiko saltó y golpeó el hombro de Kenji, rompiendo la shinai del muchacho en el proceso. Kenji se arrodilló y se tomó del hombro izquierdo.
Finalmente, está hecho. Pensó Kenji con la cabeza gacha.
Kenji pudo escuchar el sonido de la katana siendo enfundada otra vez y los suaves pasos de Yahiko-niisan. Kenji levantó lentamente la cabeza y vio a Yahiko-niisan parado frente a él; alto, y con el aura de todo un espadachín. Yahiko sonrió y extendió su mano con la sakabatou.
- Lo siento, por haberte golpeado. Aquí tienes tu regalo de Genpuku, Kenji.
Kenji parpadeó. - ¿Nani? Pero, yo-
- Sí, sé que no lo quieres. Pero, vi tu fuerza en tus ataques; tus creencias en ayudar a la gente con tu espada y no sólo queriendo tener la sakabatou sin un propósito. Ya eres un hombre, Kenji. Ahora, acepta esta espada. Te la mereces.
- Pero, perdí…
Yahiko sonrió. - El punto de esta contienda no era buscar un ganador. Quería ver la fuerza que tenías y estoy feliz de haberla visto.
Kenji no podía decir ni una sola palabra, pero miraba la espada en la mano de Yahiko-niisan. Levantó la mano, tomó la espada y Yahiko finalmente soltó la sakabatou en la mano de Kenji.
- Deja que mi fuerza y la de tu padre te den suficientes razones para continuar con tus creencias, Kenji.
Kenji agarró con fuerza la katana. No podía describir lo que sentía. Feliz, asombrado…y sabía que la responsabilidad había recaído ahora en sus hombros. Kenji se incorporó lentamente y se inclinó ante Yahiko. - Arigatou, Yahiko-niisan.
Yahiko sólo asintió y Kenji se volvió para ver a su padre. El ex hitokiri lo miró con orgullo en sus ojos. Kenji se aproximó lentamente y se inclinó ante el Himura mayor. - Padre…
Kenshin abrazó a Kenji después de que su hijo se enderezara. No pudo pronunciar palabra alguna, siempre se había imaginado este momento y ahora era real. La sangre de su sangre finalmente estaba empuñando su espada.
- Estoy orgulloso de ti, Kenji, - fue todo lo que Kenshin pudo decir.
- Arigatou, Padre.
Kenshin lo liberó de su abrazo y Kenji quedó listo para el de su madre. Kenshin sonrió contemplando a las dos personas más importantes en su vida y miró a Yahiko quien los observaba.
Kenshin se acercó a Yahiko y le sonrió. - ¿Estás bien?
Yahiko alzó las cejas. - Por supuesto. ¿Por qué la pregunta?
Kenshin miró brevemente a Kenji quien todavía hablaba con Kaoru. - ¿No te sientes triste porque te alejaste de esa espada que te acompañó por once años? - Era como un déjà vu para Kenshin, cuando recordó a su koishii haciéndole la misma pregunta.
Yahiko sonrió un poco. - Es duro. He aprendido mucho de esa espada. Pero… - miró también a Kenji. - Kenji es el único que debería tenerla, Kenshin. No yo. Tú solo me la prestaste.
Kenshin rio entre dientes. - Eres maduro, Yahiko. Estoy orgulloso de ti. - Y sus ojos se suavizaron. - ¿Qué harás después de entregar la sakabatou?
El maestro del Dojo Kamiya sólo se encogió de hombros. - Tal vez busque mi propia espada.
Kenji se sentó con la sakabatou ante él en su habitación. Cuando su padre le entregó su katana a Yahiko-niisan hacía once años, sintió resentimiento hacia él.
Sintió resentimiento hacia él por abandonar a su propio hijo, por no creer en él. Esa razón hizo que entrenara muy duro todos esos años practicando y practicando. Su último enfrentamiento amistoso, Kenji recordó, fue con Aoshi-oji-san y su primera pelea real fue cuando ayudó al chico cuyo padre aparentemente fue camarada del suyo. Qué coincidencia. Kenji casi sonrió cuando Miyosato-san pensó que era Battousai. Ésa había sido la parte más graciosa.
Cuando Yahiko-niisan lo desafió esa tarde, y sostuvo la sakabatou, Kenji se sintió un poco celoso. Su ego quería que fuese él el único en tener esa katana. Pero, después de haber entrenado con su Sofu y que éste le obsequiara una espada real para su entrenamiento, Kenji no había pensado mucho en ella. Aprendió a aceptar que tal vez la sakabatou no tenía significado alguno para él. Tampoco pensó en cómo obtendría una espada una vez que terminara su entrenamiento. La nueva era seguía cambiando. Algún día, las espadas serían inútiles, y serían reemplazadas por pistolas y otras armas.
Enfrentarse cara a cara con el hombre que tenía por hermano mayor, le abrió los ojos sobre el por qué quería ser fuerte desde el principio.
Quería la sakabatou.
Y, después del evento en el Festival de Obon el año anterior en el que supo más acerca de su padre, Kenji descubrió entonces la verdadera razón de por qué quería ser fuerte.
Quería que sus padres se sintieran, pero más su padre, orgullosos.
Su padre era un espadachín legendario; su madre era la hija de un espadachín cuya escuela buscaba proteger.
Y él, como hijo de los dos, tenía que continuar el legado.
Ser un espadachín que protege a las personas.
Es más, el haber ayudado a Kotaro hizo darse cuenta a Kenji que incluso después de dos décadas en la nueva era, todavía habrá quienes piensen que portar espadas les dará poder y por lo tanto, el derecho de pasar por encima de los débiles.
Y por esa razón, Yahiko-niisan finalmente le entregó la sakabatou de su padre, después de vencerlo.
Kenji levantó lentamente su obsequio de Genpuku y cuidadosamente la desenfundó. La conversación que tuvo con su padre sobre la historia detrás de esa espada volvió a su mente.
Antes de esa espada, había otra; la que porté durante mis años de vagabundeo, pero fue rota en una de las batallas contra Shishio. Fui a ver al fabricante en Kioto, pero ya había muerto. Su hijo se negó a hacerme una nueva, pero después de una lucha en la que salvé a su hijo, me dio esa espada. Estaba tan devastado cuando pensé que había matado de nuevo, pero resultó ser también una sakabatou. La "verdadera."
La espada brilló bajo la tenue luz y el corazón de Kenji martilleó cuando comprendió que esta katana fue la que ayudó a su padre a salvar al Japón y proteger a sus seres queridos, especialmente su madre. Kenji sujetó la empuñadura e hizo la promesa de seguir protegiendo con esta espada.
La sakabatou.
- Owari -
Y así termina la segunda parte de "Las Crónicas de Kenji". ¡Se viene la tercera!
