::Más vasto que imperios ::
::Capitulo dos :: El agua conoce su debilidad ::
Observaba sentado, como una pequeña repetía con constancia ciertos movimientos, intentando levantar con el simple movimiento de su mano un pequeño contenido líquido que reposaba entre las paredes de una copa apoyada en el suelo.
Su rostro se empezaba a demarcar demostrando como la frustración se elevaba poco a poco hasta convertirse en la única emoción que propinaba. Apretó sus labios mientras movía nuevamente la mano buscando elevar nuevamente el contenido, su ceño se frunció y pego una patada contra la tierra al mismo tiempo que soltaba un bufido frustrado.
"No puedo hacerlo" se volteo cruzada de brazos, sus mejillas se inflaron ante la declaración. Testaruda como ella, e impaciente como yo… Dos caras en una misma moneda. Vio cómo se giró para observar a una segunda copia que estaba a su lado, la cual manejaba con naturalidad la corta porción de agua "¿Por qué Satoe si puede hacerlo y yo no?"
El hombre suspiro y se puso de pie, acercándose a la pequeña quejona, se inclinó hasta quedar a su altura y con un simple movimiento del dedo hizo que el agua se elevara.
"Hasta tu puedes papá ¿Por qué yo no?"
Siempre deseando hacer más.
"La respuesta es muy simple Natsuko, tu no controlas el agua" al decir esto sus labios se tornaron en un puchero al mismo tiempo que sus mejillas empezaban a sonrojarse, quizás aguantando la rabia que estaba pensando en ese momento, vio como sus ojos de cristalizaban. Poso una mano sobre su cabeza "No hay nada de malo con no poder hacerlo, hija… Tu elemento no es el agua"
"¿No lo es?"
Nego con la cabeza "No, por eso no puedes hacerlo"
"Entonces, no manejo ningún elemento" se sentó en el suelo vencida ante su descubrimiento.
"Mi prima maneja la tierra, y su hermano mayor maneja el agua… Ellos son de diferente edad" asintió el hombre. Los hijos de Tk y Kari "Naname tiene los ojos marrones y el cabello marrón, por eso maneja la tierra y Nobu tiene el cabello rubio y los ojos azules… Por eso maneja el agua" se quedó en silencio esperando la analogía que estaba procesando la pequeña.
"¿Y es que acaso nuestro físico determina quienes debemos ser?"
"Pues claro, así siempre ha sido… Abuelo Hiroaki me lo dijo"
"Mira a Satoe" la pequeña miro primeramente a su padre y luego se inclinó hasta su hermana, que parecía encantada con su nueva hazaña producida por el agua "¿De qué color son sus ojos?"
"Azules"
"¿Segura?" en un impulso iba a responder abriendo su boca, pero ante la pregunta de afirmación de su padre, coloco un dedo sobre su mente "¿Satoe?" la nombrada se detuvo y un splash se escuchó contra el suelo, la pequeña solo observo con desconcierto lo ocurrido y miro a su papá.
"¿Si papi?"
"Ven acá, estamos jugando a adivinanzas y tu hermana parece algo perdida" Juegos, siempre les fascinaban los juegos. Dio un pequeño brinco emotivo y se acercó en un salto, colocando sus manos detrás de su espalda a la altura de su cadera.
"Natsuko"
"¿Mhmm?"
"Mira a tu hermana a los ojos y dime que colores ves" Se puso de pie y las coloco frente a frente
"Pues… son azules"
"Y hay algo de dorado mezclado también" dijo Satoe viendo a su hermana por igual, y respondiendo por Natsuko. Aunque al darse cuenta de su respuesta se tapó la boca: temiendo arruinar la adivinanza.
"¡Sí! Ya lo veo… Pero, papá ¿Eso es posible?"
"Claro que lo es" camino hasta donde se encontraba sentado anteriormente y se sentó, invitando a las niñas a hacer lo mismo "Veras, hay un elemento que no responde normal a nuestros rasgos… ¿Alguna de ustedes sabe cuál es?"
"Si, mamá lo tiene… Es el aire"
"Así es… Aire, este elemento hace que todos los que nazcan bajo el mismo sean diferentes"
"¿Por qué?"
"Mhmm veamos… ¿Nunca te has preguntado por que el viento nunca se mueve igual, siempre cambia, siempre es desprevenido, impaciente, alegre, saltarín?"
"¡Como Natsuko!" Respondió Satoe con entusiasmo, la dueña del nombre se giró para ver a su hermana y luego miro a su papá como si hubiera descubierto algo nuevo.
"Pero, yo no quiero manejar el viento… Quiero manejar Agua como tu papa, como Satoe y Nobu" se giró de brazos molesta, el rubio adulto perfilo su rostro con seriedad ante la declaración de su hija, no complacido con la respuesta.
"A ver, y esto ¿A qué se debe?"
"Pu-pues… porque el viento no se puede ver… No tiene ninguna utilidad aquí… En el reino, el agua es la que hace que los alimentos crezcan, es con agua que pueden moldear muchas cosas, con agua se puede encerrar a tu enemigo y… y…"
"¿De dónde vienen estas palabras?"
"Nobu me lo dijo, me dijo que no hay nada de útil en manejar el aire… Que él no lo ha visto, y 'Como puede ser algo útil que no puedes ver' dijo" el ojos azules tomo una bocanada de aire y aguantándolo se acarició la frente y luego soltó el aire.
"Natsuko… Solo porque alguien te diga que un elemento no es útil, no quiere decir que así lo sea"
"Mentiras"
"Solo porque no se puede ver, no quiere decir que no exista y quien lo piense así o niegue su existencia es sencillamente porque le tiene miedo"
"¿Cómo le puede tener miedo? Si todos los que lo manejan solo lo usan para cosas tontas como secar la ropa ¿Eh?" su tono se había alzado, mostrando molestia y frustración.
"¡Natsuko! No insultes lo que será tu herencia" la niña solo se volvió a cruzar de brazos y desvió su rostro del hombre frente a ella "La tribu del aire son personas muy pacíficas, Nako… Solo usan su poder en lo mínimo y se mantienen neutrales"
"Entonces ¿De qué sirve tener el aire si no lo usan?"
"Si te dijera algo sobre el aire ¿Cambiarias de opinión?"
La ojos hibrido se mantuvo callada.
"Y si te dijera, que aquella chica que salvo mi vida y la de tus tíos… Hizo que tu abuelo sintiera tanto temor que lo llevo a hacer cosas de las que hoy en día aún sigue arrepentido ¿eh?" El escuchar a su gran abuelo: El gran Hiroaki, temblar de miedo. Atrajo un poco su atención. El rubio se giró dirigiendo su vista a la otra criatura, que tiraba de las prendas de vestir del hombre.
"¿Me contarías papi?" pregunto intrigada, ella siempre era igual callada y calculadora pero sabía que palabras exactas decir en el momento adecuado.
"Bueno… Pueda que sí, solo si alguien se dignara a pedirlo de manera amigable" dijo haciendo referencia a la hermana que tenía a su lado. Satoe brinco como si un clic ante la respuesta hubiera golpeado en su cabeza
"Nako, por favor… Papá nos contara sobre la chica…"
"…"
"Naaakooo"
Aun no había respuesta.
"Por faaaavoorr"
"Está bien…" se giró y tomo una bocanada de aire y miro con cierto orgullo al adulto frente a ella "Podrías contarnos papá…"
"¿Cuál es la palabra mágica?"
"¡Por favor!" dijeron al unísono. El hombre sonrió y se acomodó en una mejor posición, y mojando sus labios, comenzó su relato
Luego del incidente en la zona prohibida, tanto Yamato, como Tk, Kari y Taichi estaban siendo escoltados de vuelta al reino pero, había algo en la mente de Yamato que no parecía apaciguarse. A pocos metros de ellos, se encontraban caminando atados de mano a mano aquellos extraños forajidos que habían salvado su vida. La mirada de la castaña de ojos miel denotaba miedo, un miedo irreconocible.
Y eso le hizo pensar mucho al rubio. Había visto bien… Su forma de pelea, la forma en como detuvo todos los ataques incluyendo la tierra no es de ningún elemento que conozca actualmente… Hay algo en ella, que me trae un mal recuerdo… estoy seguro que ella uso el viento a su favor pero, es imposible ¡Digo! La tribu del aire desapareció hace siglos… Es irreal que existan.
"¿Qué crees que padre haga con ellos?" la voz a su lado lo hizo despertar de su pensamiento, era Takeru quien le hablaba.
"No lo sé Tk"
"Debes decirle lo que paso Yamato, ellos nos salvaron…"
"Lo se Tk"
"Además esa chica no puse resistencia cuando llegaron los guardias ¿Por qué?"
"Porque quizás ella no buscaba pelea… recuerda lo que ese anciano le repitió"
"De no ser por ella, quien sabe que nos hubiera pasado"
"Si"
"… Siento vergüenza en la forma que le estamos pagando gratitud"
"Nosotros no somos quienes tomaron esta acciones, sabes cómo es padre"
"Lo sé, tengo miedo de que otras decisiones tome padre… Sobre todo porque su forma de pelea, es… "
El viento…
"Se supone que ellos estaban extintos"
"No sabemos si esta gente pertenece a esa tribu Tk"
"Pero, tú mismo viste lo que hizo hermano… No puedes negar que es una posibilidad"
"Tk, eso lo sé pero… Mira… Será mejor no comentarle nada de cómo nos salvó a padre… Pueda que tome acciones aún más drásticas"
No quiero pensar en que pueda ocurrir.
"¿Crees que… Los ponga en la… la fosa?" pregunto tímidamente mientras volvía su mirada a las personas que caminaban detrás de ellos. El rubio mayor de solo pensarlo sintió un escalofrió.
"Esperemos que no"
"Mi señor, aquí traigo al hombre, tal como lo ha pedido"
No había entendido como habían llegado a ese punto pero ahí estaban, en cuanto llegaron los extraños fueron llevados a la celda mientras que Kari llevaba a su hermano a que se pudiera recuperar, Takeru y Yamato se adentraron hasta las cámaras reales, donde su padre iba a tener una audiencia con ellos.
"Me gustaría que me explicaras Yamato ¿Qué hacían tú y los demás en aquella área?" Esa voz, El gobernante de la tribu del Agua y Tierra, conocido como El terror alado por su precisión y frialdad ante su toma de decisiones: Lord Hiroaki Ishida, el padre de Yamato y Takeru. Era un hombre de mucho poder, muchos le respetaban aunque se podría asegurar que también había muchos que le temían. Siempre que estaba molesto, lo podías observar con una copa de vino en su mano.
"Fuimos a explorar padre" su tono de voz hizo énfasis en la palabra padre "Como futuro heredero, debo saber todo lo que hay bajo mi futuro dominio"
"No juegues conmigo Matt, sabes bien que esa zona está prohibida y mira lo que paso, tenemos al heredero de la Tierra herido y unos extraños que de no ser por los guardias pudieron haberles hecho daño"
"Pero padre…" hablo Takeru, antes de que los estribos de Yamato y Hiroaki estallaran, ellos dos cuando discutían parecían una gran tormenta "No fueron ellos los que nos hicieron daño, fueron los rebeldes de Tierra… Esta gente nos ha salvado… Tenías que haberla visto, ella se atravesó con su vara y nos ayudó… Detuvo el ataque de los tierra antes de que pudiera lastimar a Kari y a mi"
"¿Detuvo un ataque? ¿Controla la tierra?" su ceja se alzaba en denotación de intriga y recelo, había dado un brinco al escuchar de como una chica los había salvado usando su vara, esto atrajo su atención. No me gusta por donde va esto. Fue el primer pensamiento que pudo procesar ante la intriga por parte de su progenitor.
"Tk…" susurro.
"Eso es lo más increíble de todo papa, no uso ni tierra ni agua, ni siquiera fuego para detener el ataque" la mirada del hombre se abrió en sorpresa, el rubio mayor pudo notar como su cuerpo se tensaba y su respiración se agitaba.
"Tk…" volvió a repetir el mayor, pero este no escuchaba.
"Simplemente se paró en frente y… y… el viento llego… y… pues…" se notaba su emoción de solo recordar lo sucedido pero, al nombrar la palabra viento cayo en cuenta de lo que había ocurrido. Su torpeza le había llevado a contar lo único que su hermano pidió que conservara para sí mismo.
"¡¿Viento?!" el hombre se paró en seco, acallando la frase de Tk. No me gusta por donde va esto. Su respiración se paralizo al momento en el que vio a su padre, salir disparado fuera de la habitación y volvía a entrar al poco tiempo después.
La situación había tornado a un cambio drástico, ahora el hombre que hace un momento estaba regañando a sus hijos, se encontraba ansioso esperando la llegada del anciano del grupo. Y había llegado.
"Buen día, anciano"
"Buen día, mi señor" el hombre se inclinó suavemente en señal de respeto pero su mirada era vacía, como si estuviera creando una pared mental a lo que venía.
"Mis hijos me han dicho que… una chica de su grupo, les ha salvado"
"Así es Milord"
"Puedo preguntar ¿Cómo?" los ojos del anciano estudiaron el rostro del hombre por un largo momento.
"Lo lamento Milord pero no estoy en posición para hablar tales acciones, estoy seguro que… sus hijos han sido lo bastante claros de como ocurrió" el rubio mayor observo como el hombre en la gran silla de madera gruesa se inclinaba hacia un lado y luego al otro en señal de desespero.
"Ya veo"
"Si no le molesta milord, nos gustaría retirarnos… El pequeño no está muy bien de salud y la humedad de… nuestros aposentos no es lo mejor para su estado" el hombre mantenía una posición firme pero relajada.
"¿No le parece que es muy descortés la forma en como trata a su anfitrión?
"Para nada Mi señor, sobre todo por la forma en la que fuimos invitados a venir"
"Padre, ellos ya hicieron demasiado por nosotros…"
"Yo diré cuando han hecho demasiado, Yamato"
"Le aconsejo escuchar a su hijo, Lord Hiroaki"
"Y yo le aconsejo anciano que calle"
"¡Papa!"
"Calla Takeru, nadie me enseña cómo y a quien debo escuchar y mucho menos un anciano" se puso de pie y camino hasta quedar frente al anciano, obviamente Hiroaki era mucho más alto que el anciano pero esto no parecía intimidar al mismo "Le preguntare una vez más Anciano… ¿Cómo, lograron, salvar, a mis hijos?"
"Y yo le repito nuevamente Mi señor, no estoy en posición para hablar de tales temas"
"Escucha anciano, nadie juega conmigo…" El rubio mayor dio un paso hacia al frente. Esto no va bien.
"Quizás… Padre, debas preguntar de otra manera" Fue la mera sugerencia del primogénito
"Está bien… ¿Qué elemento manejan? Por lo que los guardias comentaban… El cabello de los chicos no concordaba con ningún… elemento… Todos, parecían… diferen-" no continuo la oración, y fue bajando el volumen a medida que hablaba lo que necesitaba por respuesta. El hombre se tensaba nuevamente y su piel empezó a palidecer, como si hubiera conocido y visto a algún fantasma. Retrocedió unos cuantos pasos y su mano paso de su rostro a su cabello y luego a sus prendas, negaba con la cabeza. Algo no está bien.
"¡GUARDIAS!" todos los presentes dieron un brinco ante la situación de la estruendosa voz.
"Padre ¿Qué haces?" Los guardias ingresaban a la habitación
"Preparen a este hombre y al resto"
"Padre…"
No me gusta por donde va esto.
"Esta noche irán a la fosa"
Oh no.
La fosa.
Uno de los entretenimientos más ortodoxos y marginales que existen, se han mantenido a lo largo de los siglos. Debido a la guerra, entre tanto caos y destrucción, la fosa era el único entretenimiento que tenían. Ahí ingresaban a los prisioneros que eran atrapados luego de grandes batallas o cacerías y los propios guardias o soldados de la tribu del agua jugaban con ellos hasta que ninguno quedara vivo.
Actualmente era una forma de castigar a los ladrones, traidores, entre otras cosas. Personas de la mala calaña que casi nadie extrañaría. Pero esta noche, una extraña actitud de Lord Hiroaki había llevado a los salvadores del cuartero a la fosa.
Al momento que Yamato y Takeru ingresaban, podían escuchar voces gruesas y finas gritando de emoción: Una atracción de extraños. El par de rubios tomo asiento a cada lado de Lord Hiroaki. Yamato observo al adulto se movía en su asiento, ansioso de la situación. Deseoso por algo. ¿Qué será?
"¡¿Qué demonios?!"
"¿Por qué están amarrados?"
Siendo empujados por espadas y atados manos a la espalda entraban cada uno de los personajes a ser juzgados. La chica de cabellos morado miraba con temor todo lo que ocurría a su alrededor, parecía tener hipo y lágrimas escapaban suavemente de su mejilla, la hicieron arrodillar. El niño, parecía absorto de lo que ocurría, como si se hubiera desconectado del mundo real, también lo hicieron arrodillar. Los gemelos mantenían una postura seria, su rostro era inquebrantable solo escrudiñaban todo lo que tenían a su alrededor como si de alguna manera por esos lares estuviera la respuesta. El anciano, mantenía la misma postura recta que tuvo esa misma tarde, no se podía leer su mente y mucho menos sus ojos, solo miraba de reojo a la de cabellos castaños mientras que lo hacían arrodillar al igual que al resto. La de ojos miel que parecía agitada de la situación la hicieron adentrarse al centro de la fosa pero, era la única que no tenía las manos atadas.
"¿Qué clase de juego es este Padre?" hablo el mayor
"Uno donde, el que manda es quien debe ser respetado" levanto la mano, y todo el público se acallo "Bien, querida… Me han dicho que tú fuiste la que salvo a mis hijos" la chica giro hacia donde venía la voz mirando de reojo al hombre y a lo que parecía su familia, su respiración se agitaba aún más "Pero por mas y por más que le insistí al anciano frente a ti, nunca me dijo que elemento dominaban" la chica dio un paso hacia atrás. ¿Qué planea? "Así que, te tengo una proposición… Me muestras, que elemento dominas y tus amigos serán libres y podrán irse… Pero, si no lo haces, pues tristemente… Bueno, no saldrán de aquí"
La castaña volvió a mirar al hombre y luego a su familia, y observo como los guardias tomaban posición uno detrás de cada persona que se encontraba de rodillas. Ella solo observo al anciano el cual le decía con un leve movimiento que no lo hiciera, ella negó con la cabeza y susurro un No.
"¿Qué clase de acciones son estas padre?"
"Calla Yamato, es hora de que te comportes como un hombre, ya no eres un niño"
"Pero padre esa gente que amenazas, salvaron nuestras vidas"
"Y por eso les estoy ofreciendo esta oportunidad Matt, ella simplemente me muestra lo que pido y saldrá libre"
Mentira.
"¿Y si te muestra algo que no deseas ver?... ¿Los dejaras ir?"
No hubo respuesta. El rubio se giró para observa a la chica que parecía tener una lucha consigo misma. Se medió inclinaba buscando refugio en sí misma.
"Aun estas a tiempo de detener esto, padre"
"¿Y quién te dijo que me detendría?"
"Tan solo míralos, no han puesto resistencia de algún tipo, quizás si les damos otra oportunidad… Fuera de este sitio, nos digan…"
"Ya les di una oportunidad y solo me pagaron con negación"
"¿Qué ocurre contigo padre? Este no eres tú… Acaso hay-"el hombre se giró ante Yamato y este solo contuvo la respiración. Esos ojos, los recuerdo una sola vez… Esto no va a acabar bien, siempre que padre tiene esa mirada, alguien siempre sale lastimado.
Se volvió hacia la fosa y frunció el ceño, rogando que aquella castaña rebele si elemento y esta farsa y jugarreta termine de una vez por todas.
"¿Y bien, niña?" La chica salto y negó con la cabeza.
"Por favor, déjenos ir" fue lo único que grito. Esto hizo tensar más al hombre, sus dientes rechinaban entre frustración.
"Muéstrame"
"No"
"Que lo hagas he dicho"
"No"
"Hazlo"
"No"
"¡HAZLO!" Todos en el sitio estaban en silencio, nunca habían visto al regente actuar de esa manera, tan fuera de sí, al parecer esta chica y su grupo habían logrado romper algo en él y ya no había vuelta a atrás. El hombre se puso de pie.
"Guardias…"
"Por favor, no…"
"Padre detén esta locura"
Los guardas alzaron las espadas, todos observaban en silencio y las próximas victimas tan solo miraban a la chica.
"Muestra, muéstrame lo haces"
"No"
Alzo una mano, y se escuchó un grito, los ojos de la castaña se abrieron al igual que los del rubio, la chica de pelos morado era atravesada en un costado, se retorcía mientras la espada volvía a salir de su costado, haciéndola caer por un momento. La castaña contuvo la respiración mientras que su cabeza empezaba a palpitar en dolor, agarro su cabeza entre sus manos como si eso fuera a remediar algo, y sin dejar de mirar a la otra chica, observo como esta se volvía a poner en su posición original, tomaba una bocana de aire y cerrando su boca, le daba una mirada a la ojos miel llena de determinación.
Esto es una locura.
"Muestra, o la siguiente vez iré en serio"
"¡Detente por favor!"
"Padre"
"Muéstrame"
"No puedo"
"Vamos"
"No"
"Entonces- Que ellos mueran"
"¡Padre no!" el hombre volvió a alzar la mano, y la castaña solo pudo observar como en cuestión de segundos la mano se alzaba, su mirada se desvió a las espadas. Estas lentamente se elevaban en señal de empuñar la espada. El sonido de los gritos del público empezaba a silenciar, ya no podía oír mas nada, su cuerpo pesaba, su espalda dolía, su garganta ardía. Su corazón palpitaba, algo le intentaba decir, algo quería salir fuera del mismo.
Ella, cerró los ojos. Su cabeza, quería explotar. Sentía todo más frio, todo le daba vueltas, quería vomitar, quería detener eso. Ella solo intento ayudar a esa gente, ahora por su imprudencia lo que quedaba de su familia moriría, todo por una tonta norma, una tonta regla impuesta por el anciano para proteger a los de su clase, pero ella sabía qué clase de persona era, ella sabía la historia que esta tribu compartía con ellos.
Ella sabía que eso había ocurrido hace mucho tiempo pero, heridas tan grandes eran difíciles de cerrar y cuando por fin pudo cerrarlas y estar dispuesta a volver a confiar, esa misma gente que intento salvar le han dado la espalda. Se encontraban ahí sin el poder de hacer algo, solo observando. Su respiración se agitaba rapidamente, una millonada de pensamientos pasó por su cerebro en cuestión de milésimas de segundos y solo le dio la respuesta a algo. Algo que estaba muy por debajo de su tribu, algo que estaba muy encerrado dentro de ellos, algo que fácilmente podría contaminar su ser con solo respirarlo. Ella quería hacerles daño.
"¡NO!"
Gritaba en busca de auxilio para detener lo que ocurría fuera de su mente y al mismo tiempo detener lo que quería salir.
Ella.
Deseaba hacerles daño.
Su cuerpo se tensó.
Su corazón se detuvo.
Y ahí fue que dejo de pensar.
Ella.
Quería…
Matarlos.
A todos.
Abrió los ojos de golpe. Y soltó el aire que estaba reteniendo, y como si hubiera accionado otro mecanismo para respirar, su corazón latió en una arritmia muy inusual, algo que dolía en el pecho y solo necesitaba dejarlo ir para que, ya no doliera más. Sus ojos cambiaron de color de un tono miel a un dorado brillante. Al mismo tiempo que las espadas empezaban a descender.
Subió la mirada, y en una voz helada proclamo la sentencia de quienes le amenazaban.
"Te dije, que los dejaras en paz"
Levantando su rostro, y con solo observar y soltar un poco de aire hizo que las espadas se clavaran contra la pared que estaba detrás de los guardias. Lord Hiroaki, tembló y cayó sobre su silla. La castaña se reincorporo y con un leve movimiento hacia el frente. Desapareció. El hombre conocido como el terror alado, soltó un grito ahogado. El rubio observo a su padre por un momento y volteo su mirada hacia donde se encontraban aquellas personas. En un abrir y cerrar de ojos. Lo que observaron sus ojos, su mente poco a poco lo estaba procesando.
La joven apareció apoyada contra la pared, como si hubiera caído en ella, posando ambas plantas de los pies sobre esta, como si la gravedad existiera ahí, y tan rápido como se hizo presente tomo rápidamente una espada y dando un giro en el aire y con un movimiento rápido de la misma, desapareció nuevamente. La única conciencia de que en este ambiente se encontraba esa chica, era solo por el sonido del viento. Solo látigos de aire se vieron en el ambiente. Y cada uno de esos látigos, fue golpeando a los soldados de una manera impredecible, haciendo cortes perfectos.
"No, no puede ser"
Yamato no podía escuchar o procesar algo más. Solo observo a los hombres caer al suelo, bañados en sangre, y al mismo tiempo los que antes yacían atados eran liberados, todos corrieron a ayudar a la chica de cabello morado. El anciano sencillamente se puso de pie y coloco sus manos en su espalda, algo en su mirada parecía conocido: lamento. Subió la mirada hasta donde la familia real se encontraba. ¿Qué está viendo hacia acá?
Escucho otro grito. Y el rabillo de su ojo capto algo diferente. La multitud grito y señalo hacia donde él estaba, se giró lentamente y diagonal a él, apoyado en la barrera tomando parte de la ropa del Lord Hiroaki estaba aquella chica, empuñando la espada hacia su garganta.
"Lord Hiroaki… Usted…" sus ojos, eran diferentes, era dorados. Una mirada penetrante, que infringía terror a quien mirara directamente en ellos "Usted, pidió una demostración…" empuño la espada hacia atrás "…Le daré una demostración…" y atrayendo la espada nuevamente a la garganta empezó a descender.
No.
"No" El instinto del rubio mayor, fue socorrer a su padre alejando a la chica de donde estaba el hombre, se puso de pie y la tomo por la muñeca, sintiendo un corrientazo. Una terrible punzada golpeo su cabeza y la de ella. La castaña y el rubio abrieron los ojos casi desorbitados.
¿Qué es esto?
Y todo se volvió negro.
Al momento que Yamato volvió a abrir los ojos, su vista intentaba acostumbrarse a su alrededor ¿Dónde estoy? Abrió los ojos cuando se dio cuenta que aún estaba en la fosa. Todo era caos, las personas eran retiradas por los guardias. La chica. Se puse de pie de un brinco y se asomó por la fosa, ahí estaba su padre caminando de un lado a otro. Frente a ellos estaban aquellas personas, siendo nuevamente amarradas. Yamato giro la cabeza y observo como Takeru seguía de pie, rígido, sin parpadear.
"Takeru…"
El rubio menor se giró, sus ojos se veían nublados casi impactados.
"Hermano"
"¿Qué fue lo que ocurrió?"
Vio como apretó los labios y volvió a mirar a la fosa.
"Después que intento matar a papá, y tú la intentaste detener… Algo les pasó, tú te desmayaste y ella se mareo y cayó a la fosa. De no ser por esos gemelos se habría lastimado gravemente… Papá hizo desalojar a todos. Apenas la chica, toco el suelo era como si…" vacilo y bajo la mirada "como si hubiera despertado de un sueño… Fue extraño"
"Takeru, algo ocurrió… Siento, mi cabeza llena… de imágenes sin sentido, no sé cómo explicarlo pero… Sencillamente, es como si… No lo sé, mi mente está llena… NO puedo pensar"
"Hermano calma, mejor será bajar antes que papá intente algo" Coloco una mano en el hombro del rubio, este asintió y se encaminaron hasta la parte más baja de la fosa.
En ella, Lord Hiroaki aún seguía dando vueltas, pensando en que hacer. El anciano se había puesto frente a la chica aun estando atada. No puso resistencia cuando la volvieron a apresar, así como ninguno de los presentes.
"Señor ¿Qué debemos hacer?" repuso un guardia al ver al terror helado callado
"Se supone, que ustedes… debían estar muertos, todos muertos… ¿Por qué siguen vivos?" dijo refiriéndose al anciano.
"Lord Hiroaki Ishida, nuestra tribu ha pasado por mucho y usted está consciente de ello…"
"Pero, mis ancestros los destruyeron…" dijo casi con miedo de sus palabras. Observo de reojo como los ojos del anciano se inmutaba.
"Hemos tenido que escondernos Señor" Se atrevió a hablar la pelos morados "Mi abuelo…" miro de reojo al anciano "Me comento que cuando su padre era un niño ocurrió todo por el cual estamos así, cuando todo esto ocurrió… Señor, no sé cómo fue, ni entiendo mucho el por qué pero, no buscamos hacer ningún mal"
Yamato que apenas llegaba al sitio, termino por escuchar las últimas palabras de la joven y su corazón se detuvo. Parecían pequeños conejos alrededor de lobos. Y verlos en ese estado le hizo recordar una gran conversación que tuvo con su madre, mucho antes de ella morir. Que hasta hace mucho, había olvidado.
"Mamá ¿Por qué solo existen 3 elementos?" Un pequeño niño de grandes ojos azules, estaba en el regazo de su madre, la cual tarareaba una dulce melodía. Abrió suavemente lo ojos, un suave tono muy similar al del chico, con un tono rubio de cabello muy tostado bajo su mirada suavemente hasta mirar fijamente al niño en sus brazos, esbozo una suave sonrisa
"¿Si Yamato?"
"Uhm… ¿Por qué… Solo existen 3… elementos?" acallo suavemente ante su pregunta. Cuando observo como la mirada de su progenitora se iba oscureciendo.
"Hace muchos años, mucho antes de que tu abuelo crecería a ser un hombre, ocurrió una gran guerra… Mucha gente murió ahí y mucha gente vivía con miedo… Y ese miedo llevo a muchos hacer cosas de las que muchos se arrepintieron ¿Sabes a lo que me refiero?"
"Uhm como…" sus ojos miraron al techo buscando la respuesta en su cabeza "como cuando use la espada de papa y rasgue su capa cuando me sorprendió sin querer"
"Algo por el estilo"
"Pero yo prometí no volver a hacerlo y tu volviste a coser su capa favorita, como nueva"
"Así es… Pero, hay cosas que no se pueden restaurar… Veras Yamato, antes existían 4 elementos: Agua, Tierra, Fuero… y Aire"
"¿Aire?"
"Si… Era una tribu muy amable, culta, activa… y muy cariñosa"
"¿Existía una tribu así?" levanto su labio en forma de queja ante lo que escuchaba, la mujer solo rio.
"Aunque te parezca extraño Yama, era una tribu muy fuerte por igual. Debido a que tenían un lado tan dócil, también tenían un lado peligroso y por eso, la tribu del Fuego los quería como aliados"
"¡Pero! La tribu del agua gano ¿no?" dijo con miedo ante la información que le decía.
"Gano, pero de la peor forma Yama…" acaricio su cabello "La tribu del agua se enteró de esto y también los buscaron como aliados pero, lo que no esperaron era que Aire saldría con una propuesta para ambos"
"¿Cómo así?"
"Pues, la tribu del agua no le gustaba la guerra, nunca les gusto la guerra. Decían que cada persona, somos únicas y por ende, debíamos ser tolerantes los unos con los otros"
"Pero no somos únicos Mamá, Tu, mama y yo… Inclusive Takeru, se parece a nosotros"
"Hahaha, inclusive entre nosotros hay diferencias Yamato. Pero esta tribu no se refería a lo físico, sino a lo personal… Todos tenemos cosas diferentes, por ejemplo a ti te gusta el jugo de limón y a mí el jugo de agua de rosas" vio como el niño puso cara y rostro de asco "Pero, no por ello me debes odiar ¿verdad?" el negó con la cabeza
"Si a ti te hace feliz el jugo de rosa, pues yo soy feliz con ello" dijo con una gran sonrisa, la mujer solo se hecho a reír"
"Me alegra oír eso…"
"¿Qué cosa ofreció la tribu del aire?"
"Bueno, crear un lazo usando al aire como medio para la paz… La tribu del aire, aceptaba aliarse con cada una si dejaban de pelear por sus diferencias, ofreciendo a sus dos herederos para unirse en matrimonio con un heredero de cada tribu"
"¿Es decir que ellos buscaban la paz también?"
"Así es, ambas tribus aceptaron… Las tribus estaban felices, así que comenzaron con los preparativos para su trato, el cual decía que ninguno debería atacar a la otra tribu, siempre y cuando esta no provoque a la otra"
"Y así ha sido ¿no? Digo, no peleamos más con el Fuego, puesto papá siempre les podrá ganar ya que somos los más fuertes" saco una sonrisa triunfante de sus labios
"Todos somos fuertes y débiles Yamato, y tristemente el agua sabía que el aire era su debilidad. El aire puede hacer muy fuerte al fuego, lo fortalece… Mientras que el aire puede provocar que el agua se evapore haciendo que hasta la más fuerte ola se convierta en un roció de primavera" Los ojos de terror se asomaron por los ojos.
"Así que, la tribu del agua solo los engaño, cuando se llevaba a cabo la primera unión… Durante el festejo previo a la unión, mezclaron veneno en todas las bebidas y aquellas personas que no probaron el líquido fueron asesinados por la espada… Cada uno de ellos, hasta que…"
"¿Hasta qué?" el rostro del niño denotaba preocupación, entre un miedo y una preocupación
"Hasta que ninguno quedo en vida… Con esto, fuego se tuvo que dar por vencido y en 'honor' a las muertes ocurridas prometieron no atacar al fuego, siempre y cuando ellos no lo hicieran"
"Y… y… ¿No hay nadie vivo de ellos?"
"No que yo sepa Yama pero de algo si se, todos nos necesitamos unos a los otros, nosotros respiramos aire para poder vivir, ellos deben beber agua para no morir, el fuego nos da calor para pasar las heladas y la tierra nos permite construir nuestras vidas…Mientras exista uno de esos elementos en nuestras vidas, quiere decir… Que no han desaparecido de la faz de la tierra"
Alzo la mirada, y trago suavemente. Todos nos necesitamos los unos a los otros. Siempre habían sido las palabras de su madre, ella siempre hablaba de paz y nunca de guerra y al recordar toda la historia que el agua había vivido, le hacia sentir algo de vergüenza por quien era. Cerró los labios y endureció su rostro. Su padre creía en la dominación a través del dialogo deseando que su legado no fuera una herencia, sino un ejemplo para el futuro y desde que madre había muerto, ese legado había sido siendo pisoteado por la dominación y el terror, convirtiendo todo lo que creía en todo lo que intentaba dejar atrás. Él, no deseaba ser así. Ya sabía qué hacer.
"Padre" el hombre se detuvo en seco y se giró hacia su hijo.
"¡Yamato! Despertaste" la castaña al oír la voz y nombre del rubio levanto la mirada por encima del hombre anciano, para luego desviar sumamente su vista hacia un lado.
"Así es, y me di cuenta de algo…" Es ahora o nunca
"¿Si?"
"Me deje llevar por las apariencias" Observo como el hombre, se levantaba captando su atención, al igual que el resto "Esta gente, no intentaba ayudarnos"
"Ah ¿No?"
"No padre, de ser así, no se habrían negado a decirnos quienes eran ni sus verdaderos elementos" Vio como el anciano afilaba la vista y sintió la mirada de los gemelos sobre él "Es obvio que su motivo era acercarse a ti padre, y usarla a ella para poder vengar lo que ocurrió en su tribu"
"¿Y cómo puedes saber eso?"
"Es mucha la casualidad que solo ella, pudo detener a esos hombres que nos atacaron en el bosque, y que haya sido ese niño el que nos haya atraído a ellos"
"Tiene sentido"
"De no ser así ¿Qué otro motivo tendrían para ocultarse? Sabiendo que la destrucción de su tribu ocurrió muchos años y ya no son más que un pequeño puño de personas, mientras que nosotros somos miles… Ellos sabían que acercarse a nosotros o a ti, no sería fácil" podía sentir como aquellas personas lo querían matar con su mirada, el simplemente mantuvo su postura recta y seria.
El cuerpo del hombre se relajaba.
"Hermano ¿Qué haces?"
"Tienes razón… Tienes razón" Repetía el hombre
"Así que, te pido padre. Dame el honor de… Poder acabar con ellos, yo mismo"
"¿¡Que?!"
En compañía de Takeru, siendo amarrados en fila estaban caminando por las calles del gran reino del agua, el rubio menor miraba con reprenda al mayor que solo caminaba arrastrando la soga que unía a las personas de la tribu, que solo observaban al suelo.
Yamato, había convencido a su padre de poder encargarse de matar a la tribu del aire, lejos del Lord. Insinuando que alguien como él no debería mancharse las manos como mugre y escoria como ellos, y que lo haría el mismo para poder solventar los errores de blandes que tuvo ante los forajidos.
"hermano"
El menor intentaba hablarle debes en cuando, esperando iniciar una conversación. Voltearon en una esquina y la multitud empezaba a ser dejada atrás, volvía a cruzar por otro callejón y continuo caminando, el espacio se hacía más estrecho con cada paso.
"hermano"
Volvía a girar, y ya no se escuchaban voces. De golpe el mayor se detuvo, y por ende el resto de quienes le seguían.
"Aquí está bien"
"¿Qué? Pretendes matarlos aquí mismo ¿Qué no tienes ni siquiera decencia para esto?"
"Tk"
"No Yamato, esto está mal y lo sabes. Si crees que con eso lograras ganarte a papá estas comenzando mal"
"Tk"
"Ellos no hicieron nada Matt, míralos. Hasta tienen una chica lastimada" lo vio acercarse a las personas y saco un pequeño cuchillo "Detente por favor"
Se acercó a la chica y vio como esta solo bajo la mirada y cerró los ojos "Date la vuelta" Ella dio un pequeño respingo y se giró con lentitud.
"Yamato por favor"
Observo como todos los demás a su lado, se giraban para no observar lo ocurrido y pudo sentir como la respiración de la chica se agitaba, acerco el cuchillo y miro fijamente la nuca de la chica. Bajo el cuchillo hasta la base de las cuerdas.
Y las corto.
"No lo haré"
Los brazos de la chica cayeron de lado y lado y esta misma se giró de golpe, sin dejar su asombro a un lado
"¿Cómo puedes ser…? ¿Eh? ¿Qué dijiste?" se puso de lado de su hermano y observo con sorpresa en sus ojos la acción del hombre a su lado. Le entrego el cuchillo al menor
"Ayúdalos a soltarlos por favor" Aun perplejo, el chico tomo el cuchillo y corrió a desatar a los demás, que también estaban en una especie de emociones encontradas.
"Lamento mucho todo lo que dije pero… Era la única manera de poder sacarlos de ahí, sin que padre notara algo"
"Un Ishida, siempre será un Ishida, Joven" dijo el anciano buscando retar al hombre diagonal a el
"Así es señor, pero también soy un Takaishi… Y mi madre siempre me enseño que todos los elementos, dependemos los unos de los otros" La castaña por primera vez se atrevió a verlo y fue por primera vez que él pudo observar y detallar aquellos ojos, nuevamente sintió algo brincar dentro de él y las miles de imágenes volvieron a recorrer su mente.
Aquellos ojos con un tilde de oro, eran únicos y por primera vez sintió que ese color era algo normal en él, algo que siempre debió estar en su mundo.
"¿Qué quiere decir con ello?" volvió a hablar el anciano.
"Ella siempre decía algo, que olvide… Hasta el día de hoy" Dijo sin dejar de mirar los ojos de la chica "La tierra nos permite construir nuestras vidas… El fuego nos da calor para pasar las heladas… El agua nos permite no morir deshidratados… y el aire, pues… Sin el aire no podríamos vivir…"
"Ya que siempre necesitamos respirar" La castaña concluyo su oración y esto solo hizo que el rubio mantuviera más atención sobre ella. El anciano observaba con calma, y soltó un leve suspiro relajando parte de sus músculos.
"Aun… Me queda algo por hacer" sin más saco su espada y la estiro en sus manos, ofreciéndola con una leve inclinación hacia la chica frente a él "Yo, no pude agradecerte formalmente… De no ser por ti y tu gente; mi hermano, mi cuñada y mi mejor amigo quizás no estarían aquí conmigo"
"hermano"
"Esto entre mi gente, es el mayor honor entre nosotros, te la ofrezco como símbolo de gratitud y de eterna deuda contigo" la estiro y la chica miro al anciano a su lado, que asintió suavemente, con una suave sonrisa se volvió y acepto la ofrenda.
"Gracias…"
"Yamato… Mi nombre es Yamato…"
"Yamato" susurro suavemente, mientras guardaba la espada.
"Ahora, si siguen por este camino de manera recta, llegaran a los límites y podrán salir" dijo señalando el camino "Deben apresurarse, antes de que se puedan dar cuenta" Tk estaba sin habla, al igual que el resto del grupo, los gemelos comenzaron a caminar rapidamente ayudando a la pelos morados, y seguido en su caminata se le unieron el pequeño niño, el anciano y por último la castaña. Cuando estaba cruzando por una esquina para desaparecer de la vista de los rubios, la misma que portaba la espada se dio la vuelta.
Y mostrando una sonrisa, hablo.
"Se me olvidaba, mi nombre es Mimi y nuevamente, gracias"
Mimi.
"Ese es el nombre de mamá"
"¿Ayudaste a mamá a escapar?"
"Así es"
"¿Y abuelo Hiroaki no se molestó?"
"Mucho, pero esa es otra historia" la pequeña Natsuko, se quedó callada, luego miro al campo de entrenamiento y luego a su padre y se puso de pie.
"¡Bien! Ya lo decidí… Le enseñare a Nobu como el viento puede dar miedo"
"¡YEY! Nako usara su elemento"
"¿Ahora qué piensas del aire Nako?" la niña estaba corriendo emocionada, levantando sus manos.
"Que sin él, ni tú, ni mama, ni abuelo, ni Nobu, ni Naname, ni Satoe, ni abuelo Gennai, ni tía Yolei, ni mi ave Toto, ni…"
"Natsuko ve al punto" Siempre siendo tan explícita.
"No podríamos vivir"
Así como yo descubrí, que sin ese tipo de aire… Realmente no podría vivir.
Debo agradecer de ante mano, a El susurro del viento por ayudarme con un pequeño error ortográfico que tenia. Asi por igual a un GUEST por las lindas palabras sobre esta historia y mis otras (ya que veo que lees también las otras, que prometo actualizar, pero esta ya la tenia escrita.
En fin, les vere la próxima y a quienes me siguen espero les haya gustado. Espero sus Reviews.
