Hola! gracias por los rw's! ya son 27, jeje, y pues... pronto se va a resolver la situación de si es un R/Hrm o un H/Hrm, o al menos eso creo yo. Por lo pronto mañana no publicaré -.- porque pues... se supone que los fines de semana no publico, pero hoy tuve la oportunidad de subir uno, jeje
sin más que decir, los dejo... espero que les guste:
Capítulo Anterior:
- Mis deberes…- le dije sin poder evitar admirar cómo bajaba unos cuantos escalones con una gracia y elegancia dignas de una princesa. ¿Pero que rayos estaba pensando?
- ¿Tus deberes¿Te sientes bien?- dijo preocupada tocándome la frente. Percibí la suavidad de su piel y un escalofrío me recorrió la espalda.
- Si, estoy perfectamente bien…- le dije sonriendo. Ella contestó a la sonrisa, y finalmente me di cuenta: estaba perdidamente enamorado de mi mejor amiga.
Capítulo 6
Y así pasaron los días, y llegó el otoño, y con ello el color bronce de los árboles. Ese día estaba sentado en nuestro lugar favorito, viendo las hojas que caían con el rumor del viento semejando pequeños pergaminos enrollados que volaban hasta posarse suavemente a mí alrededor. Me había vuelto un poco solitario y retraído.
Todo seguía siendo tan confuso… Me había intentado mantener lejos de Hermione sin levantar sospechas, y hasta cierto punto lo había logrado. Era temporada de exámenes y de deberes, por lo cuál entendían mi distanciamiento pensando que necesitaba estar solo para estudiar por mi cuenta. Pero era falso. Ya lo había aceptado, me gustaba mucho Hermione. Y en mis ratos libres pensaba en cómo decírselo, cómo hacerlo notar, cómo… bueno, ya me entendieron.
El punto es que no sabía cómo decirle, ni sabía qué iba a decir si yo se lo decía. Probablemente me dijera: "No Ron, tú y yo no podemos ser otra cosa que amigos…" y pensar que me dijera eso me partía el alma. Por otra parte, no quería perder mi amistad con ella, y si por alguna razón algo salía mal y terminábamos distanciándonos, yo no me lo perdonaría nunca. Ustedes saben lo que suele pasar en este tipo de cosas. Si ella te rechaza, las cosas jamás serán lo mismo desde ese momento. Ya no es posible conservar del todo esa amistad sin sentir un poco de vergüenza… al menos eso pienso yo.
Así pues, me encontraba tratando de ahogar mis penas con el rumor del viento y el lago, cuando aparecieron mis amigos en la entrada del castillo.
- ¿Qué haces Ron?- preguntó Harry al llegar.
- Nada… solo me relajo…- dije con todo el convencimiento que pude. Evitaba mirar a Hermione en cada momento. Sabía que tenía que intentar verla nuevamente solo como una amiga… como mi mejor amiga.
- ¿Has estudiado algo?- preguntó Hermione viendo que yo no tenía ningún libro.
- Este…-
- ¡Ron, Deberías de estar estudiando!- dijo con reproche.
- Lo siento, es solo que necesitaba relajarme un poco…-
- Aja…, vayamos a la biblioteca mejor en vez de estar aquí perdiendo el tiempo…-
Y nos fuimos a la biblioteca. Una vez más, fue Harry quien le abrió la puerta, quien le ayudó con unos libros y quien la trataba bien. Estaba conciente que yo debía aprender algo de eso… y pronto. Sabía que no habría mucha diferencia en cuanto a su perspectiva sobre mí, pero algo era algo.
Pasamos la tarde estudiando para pociones, el curso más odiado por Harry y por mí. Hermione sencillamente no podía odiar ninguna clase. Le fascinaba todo, aunque no precisamente el profesor. Los tres lo detestábamos, pero ese no es el punto.
Está de más decir que a ella le fue excelente en todas sus exámenes, mientras que a Harry y a mi nos fue… pues regular. Sobre todo a mí por estar pensando día y noche en ella.
Y así iba pasando el tiempo, y cada día que despertaba me decía a mi mismo que ese sería el gran día. El día en que le hablaría y le confesaría que me moría por ella. Pero ese día se iba posponiendo cada día más. Me negaba a creer que era un cobarde, pero ahora que lo veo bien después de todos estos años, si lo era.
El otoño dio paso lentamente al invierno, que terminó por doblegarlo y transformó el rojo bronce en un blanco inmaculado. La Navidad se iba acercando, y con ella el día en que comenzaban las vacaciones.
- Chicos…- dijo Hermione un día de esos. Habíamos acordado que los tres pasaríamos la Navidad en Hogwarts, haciéndole compañía a Harry, que por razones que ustedes ya saben, no quería volver con sus tíos. Así que nos asombró escucharla:
- Mis padres me han pedido que vaya a pasar la Navidad con ellos…-
Vaya… y yo que había pensado hablar con ella en las vacaciones.
- Esta bien Hermione, estaremos bien… ¿cuándo te vas?- preguntó Harry.
- Mañana…-
Y el resto del día estuve pensativo todo el tiempo. Sabía que no podía hablar con ella antes de que se fuera, pues sería muy precipitado. Además, a lo mejor durante las vacaciones mis pensamientos cambiaran. Por su parte, Harry estuvo callado todo el tiempo también. Solo Hermione hablaba e intentaba crear un mejor ambiente digno de las fechas Navideñas. Casi no dormí aquella noche, pensando en la partida de Hermione.
- Les mandaré sus regalos- dijo en la mañana, cuando nos despedimos frente al tren que la llevaría de vuelta al mundo muggle.
- Gracias, nosotros también te los enviaremos-
Y se fue con el sonido del tren.
Harry y yo volvimos cabizbajos a Hogwarts. Él iba más callado que antes, pero lo asocié a que nuestra mejor amiga no pasaría esas fechas con nosotros. Ingenuo.
Conforme los días pasaban, me daba cuenta de que mis sentimientos hacia Hermione no habían disminuido en lo absoluto. Al contrario, parecían haberse intensificado desde su partida. Pero lo relacioné con el hecho de que cualquiera extrañaría tener a sus mejores amigos en Navidad.
Se habían ido muchos de Gryffindor. Solo se habían quedado unos cuantos que habían preferido aprovechar las vacaciones para estudiar un poco, cosa que obviamente no hacían. Al menos yo no los vi abrir un libro en ningún momento. Pero ese no es el punto.
Harry y yo solíamos salir a jugar Quidditch con los miembros de otras casas, y aún así apenas lográbamos formar los equipos. A mi me gustaba jugar, porque al volar sentía que todas mis preocupaciones quedaban atrás, y el aliento frío del invierno me hacía olvidar mis problemas. Pero desgraciadamente todo regresaba cuando ponía un pie en tierra.
Y así llegó la cena de Nochebuena, y los pocos que quedábamos en Hogwarts nos reunimos en la noche, en una sola mesa como de costumbre durante la Navidad. A pesar de los chistes de Dumbledore y de Fred y George, que en aquellos tiempos seguían en Hogwarts, todo transcurrió tranquilo. Cuando la cena terminó, las casas se retiraron a sus respectivas salas comunes, y nosotros nos dispusimos a seguir festejando por nuestra cuenta. Fred y George habían conseguido algunas cosas de la cocina, miento, muchas cosas de la cocina, y literalmente tuvimos una segunda cena.
Ellos habían conseguido cervezas de mantequilla, y las intentaban repartir a diestra y siniestra, con unas enormes sonrisas en el rostro. Habían anunciado su nuevo producto, y a pesar del miedo que producía ingerir cualquier cosa que ellos te dieran, Harry aceptó valientemente el desafío.
- ¿Qué es?- preguntó.
- Solo es cerveza de mantequilla con un pequeño hechizo. Sus efectos no duran mucho, pero son una buena broma en cualquier fiesta…- dijeron enigmáticos. Al ver que Harry aceptaba, la mayoría de los presentes aceptó con gusto también. Sin embargo, yo rechacé la copa que George me ofrecía, temiendo que la broma no fuera mucho de mi agrado.
Así pues, todos bebieron al mismo tiempo. Al principio no pasó nada, y yo pensé por unos momentos que la broma de los gemelos no había dado resultado. Pero ellos tenían unas sonrisas enormes en el rostro, señal de que había sido todo un éxito. Pero estaba equivocado. Me estremecí cuando observé que todos se empezaban a comportar como si estuvieran ebrios.
Fred y George se rieron. Se acercaron a mí y me dijeron:
- Lo mejor de nuestro producto es que el que está bajo los efectos recordará perfectamente las locuras que hizo mientras duraba el…- Y de pronto sucedió. Harry se levantó y alzó la copa imponente. Todos lo imitaron.
- Brindo…- comenzó, y al instante supe que algo malo estaba por pasar. Y no me equivoqué. A pesar de los efectos del hechizo, todos miraban y escuchaban con atención. Y su voz grave resonó en toda la sala común.
- …por ella… por su belleza… por un amor imposible…-
Y el silencio cubrió con su manto a la sala común...
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