Penúltimo capítulo... Espero que les guste, aunque temo que el final no sea mucho de su agrado -.-, de todas formas mañana, como siempre, actualizaré y subiré el último capítulo...

Los dejo:

Capítulo Anterior

"El Ministerio ha dado la voz de alarma llamando a todos los aurores y aquellos magos capacitados del mundo mágico para una reunión de emergencia. El Ministro no dejó nada claro, pero hizo ver que no se debe descartar un posible ataque de mortífagos en la región… si usted considera que es un mago capacitado, por favor contacte con…"

"El Ministerio no dejó muy claro que Quien-ustedes-saben haya vuelto, pero por los acontecimientos durante estas últimas horas, es de suponer que los días de terror hayan regresado…"

"Hay rumores de que aquél-que-no-debe-ser-nombrado ha concertado una reunión con el actual director del colegio Hogwarts, Dumbledore, quien se ha negado a corroborar o negar los murmullos…"

Los tres nos miramos en silencio.

Capítulo 12

Todo sucedió tan rápido que definitivamente he olvidado uno que otro detalle. Recuerdo que Neville entró presuroso llamando a Harry a gritos.

- ¡Dumbledore quiere verte!- decía alborotado.

Miré a los ojos de mi amigo, y descubrí cierto miedo y angustia, confusión, pero también decisión y valor. Prometió contarnos todo lo que sucedía, y Hermione y yo nos quedamos solos en la sala común.

Se sentó junto a mí, y seguimos viendo el periódico. La verdad es que con todo lo ocurrido, no me había dado cuenta de que ella estaba tan cerca de mí. Y asombrado, descubrí que quería protegerla. No quería que nada le ocurriera, y me sorprendí al darme cuenta de que la quería ver feliz. No importaba como, pero quería que ella disfrutara su vida, que fuera feliz. Si, aún con alguien que no era yo. Y por dentro prometí proteger a Hermione y ayudar a Harry para que ambos fueran felices.

Estuvimos mucho rato ahí, a la espera de la llegada de Harry. Los minutos eran eternos, y toda la sala común aguardaba impaciente. Los prefectos intentaban calmar el alboroto que había, con poco éxito. Entonces Harry regresó. Venía triste, e inmediatamente supimos que algo andaba mal.

Todos en la sala común se arremolinaron alrededor de Harry impacientes de escuchar, pero éste se abrió paso hasta nosotros. Cuando estuvo junto a nosotros, habló.

- Dumbledore quiere que vaya con él. Dijo que… que Voldemort hizo un pacto…- un rumor de angustia recorrió a la sala común ante la sola mención del nombre tenebroso.

- …Voldemort quiere luchar contra mi… un duelo…- dijo conteniendo toda la angustia y adrenalina.

- Oh Harry…- dijo Hermione derrumbándose en el sillón.

Sentí una opresión en el pecho al verla tan afligida.

- Te ayudaré Harry…- dije con decisión. Me había prometido a mi mismo proteger la felicidad de Hermione.

- Ron… gracias, pero no es el trato… debo ser solamente yo…- dijo apretando su varita firmemente.

- Pero Harry…-

- Además, Dumbledore necesita de tu ayuda. Hogwarts los necesita. Los mortífagos atacaran… para evitar que me ustedes me ayuden…-

Una vez más, sus palabras tenían sentido. Si atacaban a Hogwarts, tenía que haber quién la defendiera. La Orden del Fénix y los aurores del Ministerio podrían no ser suficientes. Por algo El Profeta estaba haciendo el llamado a cualquier mago capacitado.

- Así que no hay nada de qué hablar…- dijo sentándose junto a Hermione, quien lo abrazó y lloró en silencio.

- Cuándo… ¿cuándo es…?- pregunté con temor.

- Voldemort ya me está esperando-

Y un silencio de muerte cubrió a la sala común. Harry tomó la mano de Hermione y mi hombro, y nos guió a un lugar aparte.

- Ustedes han sido mis mejores amigos, mis únicos mejores amigos desde que entré a Hogwarts- dijo con seguridad. – Ron, contigo he sido castigado tantas veces y juntos hemos ganado la copa de Quidditch, no podría tener un mejor amigo. Esto no será una despedida… nos veremos cuando todo esto termine…- dijo, y la voz se le quebró. Los tres nos abrazamos, y cuando nos separamos, Harry me miró a los ojos, y comprendí. Tenía que proteger a Hermione en su ausencia. Es algo que yo ya me había propuesto.

- Ron…Hermione, pase lo que pase… por favor, no se olviden de su amigo, ni de Hogwarts... y prometan que contarán esta historia… si algo llega a pasarme. No dejen que Hogwarts muera, y si lo hace, no lo dejen morir en sus mentes…-

Todo Gryffindor siguió a Harry con la mirada cuando salió por el retrato en compañía de Hermione. Supe que tenía que dejarlos solos un momento. Era la despedida entre ellos, aunque dijera lo contrario. Nadie sabía lo que iba a pasar. Todos contenían el aliento ante lo imprevisible del destino.

Cuando Hermione entró llorando, supe que él se había ido. La sala común se quedó en silencio, y los prefectos no sabían qué hacer.

Cuando llegó la profesora McGonagall, todos nos acercamos a ella. A pesar de las insistencias de muchos, ella solo escogió a unos cuantos. A Hermione y a mí entre ellos. Casualmente me di cuenta de que los escogidos éramos los del Ejército de Dumbledore. Deseé que Ginny y Hermione se quedaran, pero no me atreví a decirlo al ver sus miradas de decisión.

La seguimos escaleras abajo, donde Dumbledore nos esperaba. No vi a Harry por ningún lado. Dumbledore me vio a los ojos, y tras adivinar mi pensamiento, afirmó con la cabeza. Harry ya se había ido.

- Síganme. Hoy Hogwarts los necesita más que nunca…- fueron sus únicas palabras. Un tropel de alumnos de todas las casas lo siguió hasta las afueras del castillo, donde la Orden del Fénix y los aurores ya estaban presentes.

- Harry estará bien…- le dije a Hermione para tranquilizarla. La verdad es que también lo dije para tranquilizarme a mi mismo.

De pronto, un rayo verde cruzó el cielo, y un auror que estaba cerca de nosotros cayó al suelo, inerte. Se escucharon unos gritos, e instantes después, Hogwarts era invadido por infinidad de mortífagos.

Solo recuerdo que había hechizos por todas partes, y la mayor parte del tiempo era imposible atacar, pues hacerlo y evitar los hechizos al mismo tiempo era mortal. Las carcajadas de los mortífagos resonaban en el silencio nocturno, tan repentinamente roto por maldad.

Muchos de mis hechizos dieron contra los mortífagos, y en más de una ocasión ellos me dieron a mí. Sin embargo, gracias al hechizo Protego resistí los ataques. Me sorprendí al ver que no utilizaban hechizos mortales, tan solo querían inmovilizar y confundir. Por su parte, los aurores atacaban sin piedad, con hechizos de todo tipo, y más de un mortífago cayó ante la maldición de la muerte.

Entonces los vimos. La batalla quedó literalmente suspendida al aparecer Voldemort y Harry luchando a muerte. Mortífagos y aurores los seguían con la mirada. Harry luchaba bien, y podría decirse que estaba a la altura del señor oscuro, e incluso más.

Y había muchas razones. Harry no luchaba por el poder. No luchaba para matar, ni para dañar a otros. Luchaba para proteger a sus amigos… luchaba por ella…

Lentamente Voldemort fue quedando arrinconado, ante la expectación de los mortífagos, que lo miraban con incredulidad. No podían creer que un muchacho estuviera venciendo a su amo y señor.

Pero Voldemort, haciendo honor a su miseria y cobardía, utilizó el último recurso que tenía. Y mirando a su alrededor, fue a posar su repugnante mirada en la chica de cabello castaño y alborotado que sobresalía entre los ahí reunidos.

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