Aquí estoy de nuevo con el siguiente capítulo de "Iluminati", he de admitirlo, no soy buena para los títulos y éste me costó mucho trabajo el encontrarlo, pero creo es el indicado para este segundo capítulo el cual se titula: "La promesa de la Luna" o "Chikai no Tsuki", disfrútenlo n.n
P.D.: Si el cap anterior les pareció algo fuerte, ya después de revisar éste, en verdad que está más traumatizante, así que insisto: si eres menor de edad, muy sensible al sado-maso, te ofendes con facilidad o tienes una pequeña mente inocente o muy cuadrada, ya ni le sigas, que hasta yo me sonrojé cuando escribí algunas partes y me dio pena al leerlas XDDD, y eso k soy la escritora XDD Xd
Pero bueno, como ya he dicho antes: el que advierte no es traidor, si tú quieres traumarte con las cosas que escribo aki, ya es muy tu bronca, que he cumplido con advertirlos y utilizar un lenguaje un tanto complicado para cualquiera que no tenga la preparación psicológica para leer este fic; ahora si, no hay más que agregar, adelante con este fic (no, atráz!! nwn) cállate Yang ¬¬
Última advertencia -se los prometo TT- esta parte contiene lenguaje un poco fuerte, así que espero que al leerlo no se asusten, (tanto --)
°LA PROMESA DE LA LUNA°
La luna brillaba en lo más alto, siendo la única testigo junto las estrellas mientras las doradas orbes se cerraban con fuerza a causa del insoportable dolor.
-Esto aun no ha empezado-¿A qué se refería con esas palabras¿Acaso no era ya suficiente diversión para él? La imagen pura de Al brilló en su memoria ¿Qué era lo que hacía aun ahí? Al lo estaría esperando desde hace rato, seguro estaría muy preocupado y él perdiendo el tiempo con aquel homúnculo; tenía que acabar con esto lo más antes posible y regresar con su pequeño hermano, ya tenía suficiente con todo lo que le había provocado desde el fallecimiento de su madre como para llenarlo de más preocupaciones.
-A...Al- apenas fue capaz de articular con un hilo de voz al tiempo que abría esos hermosos ojos para vislumbrar un cielo ya despejado a causa de fuertes ráfagas de viento en las alturas que provocaban la noche más helada de su vida.
- ¿Al? Ah, ya entiendo: el montón de chatarra que trasmutaste¿No es verdad enano?-una chispa en los ojos de Ed – Repite eso y te...!!
-Y me qué, enano?- repitió el homúnculo con una sonrisa y apretando aun más el agarre provocando otro grito de dolor del rubio- recuerda que estás bajo mi control, ochibi-san. ¿Cómo osas amenazarme en tu condición?-con fingida sorpresa acercó su rostro al del menor otorgándole otro desconcertante y a la vez cálido beso, distinto al anterior, esta vez lleno de ternura y calor, una sensación nunca antes experimentada; tan suave, tan embriagante...un beso que reflejaba los sentimientos más tiernos, algo que era imposible en ese oscuro ser, en aquel personaje lleno de rencor y amargura, del que estaba completamente seguro no tenía corazón para amar, ahora lo besaba con tanta ternura, tanta que estuvo tentado a corresponder...¡Pero un momento¡¿Corresponderle un beso a él¡¿A Envy?! Su mente embriagada reaccionó a tiempo antes que sus labios e intentó apartar al peli-verde de sí, el cual reaccionó de una manera muy desconcertante como si lo hubiera ofendido, propinándole una fuerte bofetada que le hizo caer del abrazo, con gran dolor, pero al menos su entumecido brazo ya se había librado del agarre.
-Gah...ah...-apretaba los dientes para no dejar salir otro grito, ya había sido suficiente, ya le había causado bastante satisfacción a ese maníaco; ahora tenía que salir de ahí, como fuera, pero tenía que hacerlo si quería volver a ver a Al y cumplir su promesa. Solo tenía una mano y una pierna para hacerlo, con eso le bastaba, pero antes de poder hacer nada, Envy ya se había acomodado sobre su cintura; estaba a cuatro patas, mirándolo de frente, con una expresión de profundo rencor. Tomó la cara del pequeño con una mano al tiempo que le hablaba con furia contenida –si ...alguien ...te besa...deberías ser...más agradecido...maldito enano,...o acaso crees...que después de...de todo lo que has hecho...alguien...de buena gana...te querría besar...maldito...pecador?-el desafiante rostro de Edward con aquellas palabras de pronto cambió por uno de miedo y culpa, lo cual calmó un poco más a Envy, quien continuó- si...creo que deberías de ser más agradecido, pequeña sabandija -ahora su rostro dibujaba una amarga sonrisa- si te beso, después de todo lo que has hecho, la trasmutación de tu madre, de tu amado hermano...hahahaha! Por más que rogaras¿Crees que siendo un repugnante criminal (pues lo que has hecho no es más que un acto criminal) alguien podría amarte? Así que agradece que te demuestre algo de compasión al besarte, enano estúpido, y agradece que te haré sentir, aunque no lo merezcas lo que es el "amor"-con estas palabras, sus ojos se llenaron de un brillo macabro, la sonrisa se encendió maligna y el joven homúnculo lamió sus labios para luego bajar a las heridas del desnudo torso. Edward, que había quedado petrificado por la "verdad" de sus palabras, no opuso resistencia alguna. Sí, era verdad: había cometido un acto imperdonable al realizar la tan prohibida trasmutación humana en su propia madre, confinando a su hermano pequeño a una fría armadura vacía. El rostro se deformó en una mueca de auténtico dolor culpable y unas traicioneras lágrimas volvieron a brotar.
El homúnculo bajó sus besos hasta el cinturón del atormentado rubio, que arrancó de su dueño con ímpetu, repitiendo lo mismo con el botón y cierre del pantalón; ahora sí, de seguro terminaría siendo suyo al fin, después de tanto tiempo desde que le vio por primera vez en Lior, podría poseer y dañar ese pequeño cuerpo que tanto deseaba y aborrecía a la vez.- Te haré sufrir, ochibi-san, te haré sufrir y gozar como te mereces pequeño bastardo- con una mirada de perversión y un rápido y violento movimiento terminó de desnudar a Acero, acariciando con esas frías y suaves manos el miembro de éste.
Ed no lo podía creer, se supone que le odiaba, pero los movimientos de sus manos alrededor de su erección que rozaba con frenesí le provocaba rendirse sin más; nunca había sido tocado de esa manera tan sutil y con fiereza, ni en sus más candentes fantasías sentiría lo mismo: el más grande enemigo, dándole esas placenteras sensaciones, la maestría con que movía sus dedos, la suavidad y agresividad mezcladas; el fuego y la excitación atacaban su cabeza. Todo el dolor de hace un momento había desaparecido y cuando Envy introdujo el miembro en su boca, Edward solo logró reprimir el primer gemido de placentera culpa.
Movimientos hacia abajo, movimientos hacia arriba; Ed estaba llegando a su límite cuando repentinamente Envy paró. Desconcertado, el alquimista se medio incorporó para ver a su amante -Na...nani?
-¿Acaso crees que eres el único que va a gozar aquí? Eres despreciable-sonrió- tan egoísta, siempre pensando en ti mismo.
-¡Eso no es verdad¡Yo...!
-¿Lo vez? "yo", "yo",y siempre "yo", disfrazándolo de sacrificio por la familia-sonrió aun más-podrás engañar a todos, bicho, pero a mi no.
-¡¿A quién le dices pulga enana?!
-¡Jajajaja! Aun en estas condiciones te ofendes, he?- colocó una mano en la frente de chico obligándolo a recordar el dolor de su brazo al ejercer fuerza para tumbarlo otra vez y capturar su suaves labios en un beso más pasional que las anteriores veces, abriéndose paso con su lengua al interior de la boca del perro de los militares profundizando aun más, rozando las lenguas, succionando y mordiendo, provocando más dolor; por fin cortó el beso y volvió mordiendo con pasión desbordada el labio inferior del rubio haciendo brotar el exquisito elixir de vida, que bebió cual sediento vampiro, reincidiendo a succionar mientras rodeaba con candidez la espalda y se sentaba sobre su presa, haciendo que las hombrías de ambos se rozaran separadas por la suave tela que cubría al homúnculo. Cada gemido era encubierto por la boca del metamorfo, que delicadamente iba desarmando la sedosa trenza, enredando sus dedos entre las rubias hebras.
De improviso cortó el beso un vez más.
Con el brillo previo a sus ya conocidas transformaciones, el homúnculo apareció exactamente igual, salvo con la pequeña diferencia de que ahora sus ropas no lo cubrían.
Ahí estaban, ambos en completa oscuridad, cobijados por la Luna que miraba atenta desde las alturas rodeada de sus fieles acompañantes las estrellas que bañaban a ambos amantes de plateados destellos luminosos. La pálida piel del peliverde le hacía ver seductor, como un fantasma o una ilusión; un ser de luz envuelto en oscuridad, atrapado por las miserables circunstancias que habían echo de él un demonio ¡No! La creación de un verdadero demonio, un ser repulsivo que seguramente le había herido tanto hasta hacer de aquel sublime delirio el demente monstruo que tanto deseaba eliminar de su camino: una bestia de sangre. El miedo, la tristeza, la desesperación y el dolor se transformaban en la fantasía más sublime, el misterio más excelso...la cúspide hermética, aun más que la misma piedra filosofal, el secreto indescifrable; lo maravilloso y lo terrorífico se conjuntaban en un solo ser: aquel fantasma que estaba a punto de hacer suyo.
Los dorados ojos que reflejaban la fusión de el Sol y la Luna, el rubio cabello que era mecido con suavidad por el frío viento reflejaba la brillante luz del cautivo satélite, las sonrosadas mejillas producto del violento golpeteo del pulso en su rostro hipnotizaban los sentidos del de la violácea mirada. El frágil cuerpo humano, mortal, de su prisionero, dañado, herido y cercenado incitaba a ser ahora profanado por él, a ser devorado, a abrir aun más las heridas de su débil cuerpo, a romper su piel y obligar a toda la sangre a brotar como un río de vida y de muerte; beberlo, bañarse de el y morir a su lado.
Juntaron lentamente sus bocas en un nuevo beso, lleno de fantasía, ansia, pasión, deseo y agonía; El mayor enterró nuevamente sus dedos en la lastimada espalda haciendo brotar de un punto nuevo el espeso líquido escarlata mientras bajaba hacia el cuello del rubio y lo mordía con frenesí para luego pasar a su fornido pecho y lamer y morder su encendido pezón, en donde se entretuvo un rato mientras Ed acariciaba y tironeaba del verde cabello. Al terminar, Envy dio un suave beso en éste y bajó por su marcado torso hasta el palpitante sexo, duro, apetitoso, y lo introdujo de nueva cuenta en su boca para saborearlo una vez más, lamerlo, besarlo y chuparlo como un niño a su paleta, su dulce favorito.
Luego de un precioso momento, el joven metamorfo apartó de su boca el pene con un hilo de baba e introdujo en su lugar su pequeña entrada, que ardía en deseos por sentir en su interior la candente excitación de Ed, quien solo atinó en gemir nuevamente, y cada vez que el homúnculo subía y bajaba de él a ritmos cada vez más frenéticos, más desesperado, causando mayor volumen en los gemidos del rubio y cuando éste sentía el climax cada vez más cerca, Envy paró.
-¡¿A qué diablos estás jugando?!- gritó desesperado por la forma tan repentina en la que el peliverde se levantó de su lugar, a respuesta a esto, Envy solo lamió sus labios con gula acercándose al rostro del mayor de los Elric y darle un profundo beso mientras despacio lo volteaba. Al notar que Ed no podía sostenerse por sí mismo a causa de la falta de una de sus piernas, Envy lo llevó hacia una banca que se hallaba frente a ellos y ahí lo colocó hincado sosteniéndose con su único brazo y su pecho.
Bajó sus besos desde la perlada y salada nuca todo lo largo de la espalda hasta llegar a la entrada de Ed, a quien no le agradó la idea e intentó resistirse, pero su captor era más fuerte y tenía la ventaja, y no dudaba en recordárselo a cada rato; así, era ahora Envy quien disfrutaba lamiendo del excelso sabor del rubio, mordiendo los glúteos, jugueteando con la lengua, acariciando el sexo del menor... el delirante goce que el homúnculo le provocaba iba cada vez en aumento, subiendo el tono, amenazante con quemar hasta su alma y corromperla hasta que no tuviera ni un ápice de esperanza, pero no le importaba, no le interesaba si su alma tenía o no salvación, pues en esos momentos se sentía en la gloria y eso era todo lo que en ese preciso momento le importaba.
El éxtasis explotó cuando, luego de que Envy introdujera sus dedos uno a uno rozando, acariciando, masajeando y pulsando en el interior de Ed provocándole estremecimientos de arrebato y deleite, el joven homúnculo hubiera dilatado lo suficiente la entrada del pequeño alquimista para entrar completamente y hacer suyo de una vez por todas aquel pequeño cuerpo que con tanto embriago deseaba.
Ambos amantes se movían a la par de una tenue melodía tocada por el viento en dulces ráfagas heladas mientras los ya conocidos mordiscos del homúnculo se entretenían ya en el dolorido y extasiado hombro del de ojos dorados mientras unos pétalos oscuros caían sobre de ellos formándoles un pequeño lecho para ambos, llenos de escarcha y sangre.
En la inmensidad de la noche solo se podían oír los suaves y melodiosos gemidos de Edward, cuyo cuello era atacado vorazmente por su amante, mientras que con una mano sostenía aquel débil y lastimado cuerpo y con la otra masturbaba a su nuevo juguete mientras éste aferraba los verdes cabellos con su única mano aun sangrante.
Las bocas volvieron a juntarse en un arrebato de pasión y lujuria; las lenguas rozándose con frenesí, las embestidas en aumento de ritmo y fuerza. A pesar de tratarse de una noche inmensamente fría, un fuego rodeaba a ambos, que escurriendo en sudor y saliva no paraban de disfrutarse; por fin, Edward cortó el asfixiante beso y volvió a colocar su brazo izquierdo en su apoyo original. Ahora gemía con más intensidad.
El homúnculo tiró nuevamente del rubio cabello obligando al joven a mirar las estrellas, tan altas, tan sublimes; la imagen de su hermano siendo arrastrado hacia La Puerta, las lágrimas que derramó en ese momento motivadas por el miedo, la armadura a la que lo había confinado...la tristeza que emanaba de su ser, aquella que a simple vista profana no podían ver, más sin embargo ahí estaba, y la notaba día a día, noche a noche, recordándole el imperdonable pecado cometido no solo en contra de la alquimia, sino de su ser más querido, el único que le quedaba. Edward contempló con tristeza pidiéndole perdón desde su interior. ¿Cómo era posible que un ser tan puro e inocente tuviera que sufrir tanto mientras que él, un sucio pecador, sentía aquel placer, ese deleite? Cerró suavemente los ojos dejando escapar una lágrima más mientras que su captor lamía su cuello y enterraba unos colmillos exageradamente largos en la yugular, haciendo emanar aun más sangre del agitado y excitado cuerpo.
-¿Qué ocurre enano¿Acaso no te hago gozar? – Preguntó con sarcasmo y una burlona sonrisa llena de placer desbordado- Porque tú a mi sí que me haces delirar.- lamió el cuello con voz entrecortada a causa de la respiración agitada- Debo admitirlo, desde la primera vez que te vi en Lior, me gustaste, a pesar de que estuvieras echo un pigmeo.- sonrió.
-Deja...de llamarme...ah...enano...ahh.
-Jaja, eres adorable-mordisqueándole la oreja concluyó-odio admitirlo, Ed, pero me gustas mucho...
-Eso ya...ya lo dijiste...n..
-Me gustas más que eso, enano idiota...ah- embistió aun más fuerte provocando un nuevo grito en Ed- tu aroma delirante...tus ojos... hechizantes...ahh...tu pequeño...y...frágil cuerpo...que es tan exquisito...tan delicioso...como la fruta prohibida...el elixir de tus besos...la dulzura de tu piel...tu largo cabello...eres...simplemente sublime...Edward...ah- Envy estaba llegando a la cúspide del placer, la cima del éxtasis, la máxima expresión de aquella chispa que lo había quemado desde hace ya mucho tiempo al fin se expresaba en forma de la explosión que llenó por completo al dueño de las orbes doradas hasta lo más profundo de su ser; el homúnculo que abrazaba al alquimista por detrás y en respuesta al último estímulo aunado al concluyente grito de placer deleitante de ambos amantes, sostenía en rodillas a su uke, pues era suyo ahora y para toda la eternidad, aunque ya jamás pudiera volver a tenerlo, aunque nunca más podría volver a amarlo sin complejos, sin miramientos, aunque desde ahora tuviera que volver a usarlo solo como un pieza más, aunque aquel final no significara más que eso, un final y no pudiera volver a probar aquellos dulces besos, el embriagante sabor de su boca, el aroma que lo envolvía y el calor que de él emanaba; aunque después de aquello continuara su plan como si nada hubiese pasado nunca y hacer de cuenta que no le interesaba en nada... aunque, al final de cuentas, tuviera que matarlo. Una traicionera lágrima brotó proveniente del corazón artificial que, aunque se suponía no tenía alma, sentía como si se le quebrantara, como si la profunda soledad y el vacío que sentía desde el momento en que fue creado y abandonado regresaran, aquellas sensaciones que aquel rubio bastardo le había esfumado poco a poco y desde lejos con el simple hecho de mirar esa sonrisa, esos ojos, ese carisma, la única fuente de luz que alumbraba su miserable existencia y le daba un sentido que jamás se imaginó que llegaría a tener se le escapaba de las manos con cada fatídico segundo que le seguía a la culminación de su anhelo.
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Había estado esperando ese momento desde hacía tiempo cuando le vio por primera vez; en aquel entonces era tan insignificante, tan común, tan...enano ¿Cómo era posible que un alquimista del que tanto se había hablado y que se supone era un prodigio pudiera ser una pulga como ésa? Pero bueno, el plan, tan sencillo como siempre recordaba era igual: atraer a todos los alquimistas posibles para provocar que algún idiota crease para ellos la Piedra de los Filósofos, aquella Panacea que había provocado ya tantas desgracias.
"Los humanos son idiotas-había expresado a sus compañeros, a los cuales no consideraba más que eso-nunca aprenden de sus errores y siempre tienden a repetirlos; matarse uno a otro por causas solo tan estúpidas como ellos, es por eso mismo que se extinguirán pronto."
No tenía ninguna razón para creer lo contrario, desde que fue creado lo comprendió claramente: la ambición que los humanos tenían por la adquisición de más y más bienes sería su perdición y ni la razón ni la inteligencia los tocarían, ja y se hacen llamar seres de raciocinio. Nunca creyó que algún humano valiera la pena...hasta entonces.
El alboroto que ese enano había causado en verdad lo sorprendió y lo divirtió...diversión, aquella palabra que solo conocía causando dolor a otro ser; hum, ése fue el primer signo que dejó pasar inadvertido, procurando que se interesara y se intrigara por aquel poder desconocido, pero a la vez familiar.
Dos años habían pasado ya y Acero le rondaba la cabeza. No soportaba que ella le hubiese puesto el ojo encima con el pretexto de que era el más apto para crear la piedra ¡Que algún otro idiota se tragase esa falacia! Él sabía muy bien porque lo quería. Le repugnaba la idea, la aborrecía. ¿Porqué él¿Porqué precisamente él? Él, que era objetivo de su creciente pasión, intruso en sus sueños, sigiloso raptor de su mente, violador de su inconsciente. ¿Porqué él¿Porqué precisamente él? Era simple la respuesta: se parecía mucho a él, su creador, el que luego lo abandonó. ¿Sería por eso que se había ya obsesionado con Acero¿Era por eso que lo odiaba y...lo amaba¿Por eso le necesitaba con tanto fervor¿Era acaso por eso que lo que más deseaba en el mundo era tenerlo entre sus manos para hacer de él lo que quisiera, para hacerle sufrir lo que él mismo había sufrido, para que lo quisiera como nadie lo había querido y beber de su impertinente sangre para estar de nuevo, al menos en esencia con su creador? Fuera cual fuese la razón debía tenerlo, debía estar con él, hacerlo suyo: más que una pieza importante en su juego se había vuelto una obsesión, una sensual y deleitante obsesión.
Planeó una divertida e interesante estrategia, le puso mucho empeño y dedicación a la organización: cada detalle, cada palabra, cada herida que le infringiría a ese exquisito y diminuto cuerpo; cada lágrima que él derramaría, cada beso que le daría, cada uno de sus gemidos...ho sí, no podía esperar a que ése día llegara, pero tampoco quería que pasara, era más bien como una fantasía que jamás esperara a realizar pues en cuanto el juego acabara tendría que matarlo, era algo inevitable, sabía que aquel rubio que había llamado su atención jamás podría amarlo, y menos soportaba la idea que aquel enano tan insoportablemente excitante pudiera estar en los brazos de otra persona, que pudiera querer a otro que no fuese él, que fuera feliz sin él; por eso mismo le detestaba, por que él jamás le pertenecería por voluntad propia, porque tendría que obligarlo a amarlo para que lo amara, porque tendría que robar de aquella embriagante boca sus besos que seguramente matarían de placer a cualquier tonto mortal que los probara, que no merecían probar. Le odiaba porque jamás sería suyo si no era a la fuerza, le odiaba porque se resistiría, porque sabía que no querría, porque lloraría, porque lo lastimaría...aunque esa pudiese ser su única relación que tuviera con Ed.
Desde entonces se convencía cada día que disfrutaría al verle sufrir. Al ver derramadas cada lágrima, cada gota de sangre y sudor; cada grito de dolor combinado con cada gemido de placer, cada una de sus súplicas para al final concederle su muerte al atravesarle el pecho con su propia mano transformada en el arma definitiva, lamer cada uno de sus dedos, colocarse sobre él y besar sus fríos labios.
"Con una rosa bañada en sangre me despediré de tu bella sonrisa, añorando por el resto de mi infame eternidad aquellos ojos que iluminaron la parte más oscura de mi fría soledad."
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-pero el momento llegó antes de lo que planeé- habló en un susurro el homúnculo que seguía abrazado del chico rubio con el cual habría soñado tener-tenías que dejar a la chatarra parlanchina, tenías que deambular solo por las oscuras calles de esta ciudad dándome la oportunidad perfecta para poner en marcha mi plan, el plan que tanto me había esforzado en realizar, que tanto había soñado, con el que tanto había deseado; inclusive Lust y Glottony están en otro lugar. Todo fue perfecto pero...
Entre los brazos de Envy, los apagados ojos de Edward ya no podían llorar más, el cuerpo ya no podía sentir el frió que acompañaba la despejada noche que bañaba a los amantes con sus rayos de luna, la sangre comenzaba a secarse en las abundantes heridas; un escalofrío estremeció el desnudo cuerpo del mortal, el homúnculo reaccionó -Supongo que esto es el final...-un brillo alumbro el pálido antebrazo en alto con forma de espada –te prometo que pronto terminará...-lentamente fue elevando cada vez más la espada reflejando en su filo la pálida luz de luna, el frío emblema se una noche roja, oscura, donde seguramente la vida de un gran alquimista terminaría -...pronto dejarás de sufrir...-las lágrimas del inmortal no podían parar de fluir, suaves, delicadas, como hilos de plata en el rostro de aquel que se confundiría en la noche y soledad por siempre; tal era su destino ...
caminare el resto del viaje otra vez en completa desolación, sin tus labios que me den su humano calor o tu cuerpo que latía con cada palpitar. Tal es mi destino al no poderte tener, no ser dueño de ti, de tu alma, de tu ser. Te irás en los brazos extrañamente cálidos de la muerte y me abandonarás a mi suerte en este frío mundo corrupto y lleno de ironía, la dulce y cruel ironía que se burla de mí por mi despreciable inmortalidad
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Y¿Que tal? Verdad que les dejé picados, muajajajaja.
Ya se que me van a querer matar por dejar el fic así, pero si me matan ya nadie lo podrá continuar ajajajajaja –risa tipo Kodachi-
No, en serio, quise hacerla de emoción con este fic, pues no he tenido muchas respuestas y a menos que si tú, que me estás leyendo ahora y quieras tener una Death Note en tus manos, no dejas review juro que ya no lo continuaré, y la verdad es que tengo varias ideas geniales en mente así que, tu sabrás.
Ontoni arigatou gozaimasu a las únicas personas consideradas que dejaron review el cap pasado: Edward-Elric-ADD, Marquesa de Sade y VittoriaD'Lenfent, en verdad os lo agradezco, me devolvieron las ganas de subir esta parte.
Para los demás que solo se pasean, leen y no dejan comentarios, quiero al menos unos 10 reviews para continuar y que me den su opinión¿Ed debe morir¿Cambio la historia de la serie o la dejo como tal? Ya he dicho, cualquiera de las posibilidades las tengo en la mente y en verdad que serán geniales, pero solo si dejan review ¬.¬
"Mi ausencia en este mundo no quiere decir que no exista, ya que sigo existiendo y mis huellas por siempre perdurarán."
TaRa.
