¡Ya era hora! He tardado demasiado , lo sé, pero esta semana no he sido persona.
Aquí os dejo el tercer capítulo, con Augusta por protagonista. Espero que os guste. Aun sin spoilers.
Disclaimer: Nada de lo que reconozcáis es mío. Sólo la imaginación y el tiempo (que debería dedicar a mis estudios...).
3. Ventana
El viejo álbum reposaba pesadamente sobre el escritorio. La infinidad de fotos se arremolinaba y evocaba cientos y cientos de recuerdos en la mente de Augusta. La primera explosión de magia de Frank, a los tres años, en que voló hasta el tejado de la residencia Longbottom. Frank montando su primera escoba. Recibiendo la carta de acceso a Hogwarts. Recibiendo la chapa de prefecto. Presentándoles a Alice una tarde de verano. En su boda, irradiando felicidad. El día del nacimiento de Neville.
Pero Frank ya no estaba, hacía mucho tiempo que no. Aun no asumía que ya no habría más fotos que colocar en los vetustos álbumes que reposaban en los estantes. Que ya no escucharía más risas frescas que la rejuvenecían y la transportaban a los tiempos en que su marido estaba con ellos. Que no habría más regañinas por hacer piruetas con la escoba a ras de los magníficos rosales que daban vida a la mansión Longbottom.
Y ahora ella estaba sola, sola a cargo del pequeño Neville. Neville, que con cinco años era completamente diferente a Frank pero con algo intrínseco en él que le recordaba a su hijo de un modo abrumador.
Se levantó pesadamente intentando alejar los viejos fantasmas del pasado. Dejó reposar su peso en el alféizar de la ventana y miró el vasto jardín. Neville cuidaba de aquellos rosales llenos de pasado para Augusta, ayudando a Casiopea, la elfa encargada del cuidado del jardín. Sonreía y miraba con admiración el magnífico mundo natural que crecía a su alrededor. Augusta sonrió. Quizás Neville aun no había dado muestra alguna de magia, quizás no se parecía a Frank como ella deseaba secretamente, pero en ese instante la bruja sólo vio a su nieto, a ese ser que adoraba.
Se enderezó y salió sin molestarse en devolver los álbumes a su sitio. Mientras bajaba las escaleras tranquilamente, Augusta se decidió a llenar más y más álbumes de recuerdos, de recuerdos con Neville.
¿Qué tal? Particularmente, me gustó mucho de escribir. Augusta es una gran mujer.
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