Lo observaba, no se cansaba de mirarlo. Le parecía un extraño... Había crecido unos 15 cm. en el verano, sus ojos se habían tornado más profundos, sus manos más grandes, y su pelo más rojo (si es que eso era posible). Definitivamente había dejado de ser un niño y ahora era todo un hombre, y el hecho de que se hubiera convertido en un hombre hecho y derecho le perturbaba en lo más profundo.
-Ron, hijo, ayúdame con éstas cosas. Los señores Delacour llegarán en cualquier momento y aún falta mucho por hacer. Hermione, Ginny, ayúdenme con las sábanas por favor- les recordaba una y otra vez la Señora Weasley, que se movía de un lado para otro repitiendo en un susurro todo lo que aún le quedaba por hacer.
Y Hermione salía de su ensimismamiento cuando él la tomaba de la cintura y la hacía a un lado, susurrando un "permiso", y Hermione no podía evitar sonrojarse. Entonces subía a toda marcha las escaleras, y se dirigía a poner las sábanas.
Y mientras hacía la cama, tratando de dejarla perfecta, pensaba en él, y se desconcentraba, y las cosas, aunque le salían bien, no le salían como a ella le gustaban. Llegaba él y alborotaba su mundo, y eso no podía hacerla sentir más vulnerable.
No recordaba con exactitud cuándo había dejado de ser un niño pecoso y mal genio, y se había convertido en un hombre maduro, reflexivo y servicial. Ya casi no se molestaba cuando su madre le pedía ayuda, sólo resoplaba, se paraba y se dirigía donde la Señora Weasley le necesitara.
Aún no creía posible que su pelo estuviese más intenso, pero tenía la certeza de que era cierto. Lo sabía, de tanto observarlo podía estar segura. Quizás es que antes no lo observaba tanto, o quizás es que ahora lo observa demasiado. Sus ojos no habían cambiado absolutamente nada en los 7 últimos años, azules claros cuando estaba feliz, cuando estaban azul oscuro, ¡pobre del que se cruzara en su camino!, pero definitivamente cuando ella más los prefería era cuando se encontraban azul verdoso, aunque eso implicase tristeza y cierta nostalgia.
Nadie lo conocía mejor que ella, ni siquiera la Señora Weasley... Bueno, quizás no a tal extremo, pero digamos que lo conocía bastante.
Bajó a la cocina a prestar ayuda, el reloj avanzaba, los invitados llegarían pronto y aún quedaba una docena de cosas por hacer. Y ahí estaba él, picando repollos al lado del lavaplatos. Su espalda ancha, como un fuerte donde siempre podrías sentirte segura, se encorvaba sobre el mesón, y uno que otro quejido se oía provenir de su boca.
-Hey! despierta Herms, has estado tan distraída éstas vacaciones.. Ven, ayúdame con estos repollos... Mm no estoy seguro de qué hechizo utilizar para que se corten solos, y he perdido más de 15 min. en esto -le relataba Ron con un cuchillo en una mano y un repollo de bruselas en la otra.
-A ver, déjame a mi- dijo ella sacando su varita ante la mirada atenta de Ron. Lo hizo lentamente, porque le encantaba que le prestara tanta atención. Pero entonces los repollos comenzaron a picarse por sí mismos, y no salió ni una sola palabra de la boca de Hermione.
-Pero Hermione! yo... Tú estabas... Y de pronto -repetía Ron más para si mismo que para ella, con una notoria confusión y una cara de sorpresa digno de retrarse. En ese preciso momento, Hermione pudo verlo tal como era hace 6 o 7 años, un niño confundido con gesto ofuscado.
-Se llama Hechizo No Verbal, Ron, y lo hemos aprendido el año pasado
-Pero yo quiero aprenderlo!
-No Ron... No lo necesitas. Ya has crecido demasiado para mi y debo admitir que me gusta llevarte ventaja en algunas cosas.
Él le sonrió cómplice.
-Si no quieres enseñarme a cocinar, vas a tener que casarte conmigo Herms, y te aseguro que no sé si te va a gustar tanto
Ella sólo se rió divertida y le guiñó un ojo.
Quizás la idea no le molestaba tanto a fin de cuentas.
