Naruto © Masashi Kishimoto
Summary: Ella es el hogar, el arco iris, la protección y la fuente de amor del equipo 7. Ella es una deidad.
Recoge mansamente el consejo de los años,
renunciando graciosamente a las cosas de la juventud.
-Bien, creo que eso es todo-
La oyó desde el otro lado de su casa, con un delantal y un pañuelo calado en la cabeza. Tenía las mejillas rosadas y se sacudía las manos enérgicamente.
-Te preparé la cena-
Entonces él sonrió y asintió enérgicamente. Adoraba sus comidas, especialmente cuando de verdad se cansaba de comer ramen y no quería admitirlo. Eran esos días en los que ella iba a su casa como si le hubiera leído la mente, y se instalaba toda la mañana y tarde, le ayudaba con la limpieza y le hacía un número infinito de comidas crudas para que él solo tuviera que cocinarlas. A veces sentía que se trataba de su madre más que de su amiga y compañera de equipo.
Antes de irse, se acercó lo suficiente para dejarle un cálido beso en la mejilla, cuidando de no mancharlo con la mezcla de polvo y sudor. Algo irónico, porque creía que debía estar más cubierto de tierra que ella, pero aún así sus instintos salían a flote.
Le dedicó una mirada a todo el lugar, sintiendo el aire a hogar disperso por todos lados. Un olor renovado y más dulce que de costumbre, con dejos de nostalgia, canela e invierno.
Ya no recordaba cuando había sido la primera vez que Sakura había tomado como hábito ir a su casa una vez por semana (cuando las misiones y el trabajo en el hospital de ella los superara) para ayudarle con todo. No porque en realidad lo necesitara y no que ella lo hiciera porque de verdad quería, pero era la excusa perfecta para pasar un tiempo solos sin tener la tensión de una misión en los hombros. Además, a ella le gustaba cocinarle, lo sabía, porque no le agradaba ni lo más mínimo que aún viviera a ramen instantáneo. Sonrió complacido mientras se hundía un poco más en la cama.
Le ha visto siempre a su lado. Desde que lo recuerda, desde que su mente llena de malas evocaciones le permite, existe algo que le hace notar unos tonos rosas asomándose por allí.
Para Naruto ella es, junto con el Teme, su razón de vivir. Su lucha, su cariño, su amor, su fuerza, sus deseos, sus pasiones. Todo le pertenece a ella. Tiene el derecho de que lo hagan, porque le ha ayudado a crecer, porque lo ha compartido y sufrido con él.
Porque estuvieron siempre juntos.
No sabe explicarlo de una manera explícita, porque es algo que se siente y le llena el pecho. Lo inunda, lo alborota y además lo serena. Porque es Sakura y Sakura es sinónimo de bondad, de alegría, de fortaleza, de templanza, de amor. Sakura es sinónimo de una vida mejor, es el significado (la seguridad) de ser feliz.
Es cerezo. Un sexto elemento. Imprescindible.
Es como Hestia, la diosa del hogar y la familia. Porque cuando ella entraba a su hogar no necesitaba demasiado para iluminarla con sus ojos. A veces, cuando cenaban juntos se sentía más que acompañado, por su hermana, por Sakura. No es difícil imaginarla así, porque no hay características que le sienten mejor.
Virginal y pacífica, tanto que a veces olvida que es un arma para matar, un utensilio que debe ser usado para el propio beneficio de la aldea, para los demás, siempre por sobre su voluntad. Sin embargo no deja de ser dulce y cálida, tan cuidadora de los sentimientos íntimos y las tradiciones como siempre. Oírla se transformaba en un dulce arrullo, en la música para su corazón roto, la restitución de esos débiles hilos representantes de lazos que se desgastaban con el tiempo. Su cable a tierra, su más preciada familia.
A veces, en esos momentos en que el suelo debajo de sus pies tiembla y siente que va a caer, siente su mano (tan tersa y cálida como nadie podría sentirla) asirle, despacio y con cuidado. Es entonces cuando vive de nuevo y sonríe (porque no hay por que llorar ahora) y es feliz. Con ella, solo con ella.
Hestia. Su Hestia.
Porque a pesar de parecer estar en segundo plano era tan necesaria para la aldea. Siempre yendo y viniendo, de un lado al otro. Tan veloz, tan rápida y segura. Tan eficiente.
Tan Iris.
Como el arco iris, anunciando el pacto entre los hombres y los dioses. Anunciando la paz, siendo su mensajera. Siempre tan hermosa con sus alas doradas, llegando hasta el mismo infierno si fuera necesario. Porque nada importa si puede cambiar algo, nada importa si puede curar un corazón roto. Ella tiene ese habilidad, el chakra color esperanza, color augurio, color amor.
Sakura era familia, hogar, arco iris.
Sakura significaba el fin de la tormenta.
-Kakashi- Le llamó ella con una sonrisa mientras el le miraba por el único ojo que tenía al descubierto. Lo había visto esperarla fuera de lo de Naruto, con una mano en el bolsillo y la otra con la nueva edición del Icha Icha Paradise.
El alzó la vista por unos segundos, como recordando por qué estaba allí e imaginando el polvo que habría en la casa del rubio para que saliera con esas pintas: Parecía que acababa de salir de una batalla importante... En un campo de barro.
-Sakura, Tsunade me pidió que fuera a verla en cuando te libraras de Naruto-
Ella dejó escapar una suave sonrisa y asintió con seguridad. Se llevó una mano hasta la altura de la frente e hizo un gesto de saludo desde allí, para desvanecerse de pronto.
Elevó una ceja ligeramente. A veces lo tomaba un poco desprevenido y no alcanzaba a despedirse.
Ahora para ella las técnicas que en un momento hubieran sido causa de un trauma eran de su uso más cotidiano, como si cualquier Genin pudiera llevarlas a cabo sin demasiado esfuerzo. Sonrió debajo de su máscara.
Antes le hubiera costado creerlo. Antes hubiera dado muy poco. Antes no la hubiera admirado tanto.
El recuerdo de cuando era pequeña. Tan simple y básica, atada a un amor imposible. Era incapaz de tantas cosas, de comprender tantas otras. Incapaz de querer a Naruto, incapaz de olvidar a Sasuke, incapaz de querer del todo a su sensei. La primera vez que se enfrentaron los tres a él (la primera vez como ese equipo tan sólido y perdido, tan herido y fuerte) había sido la mayor decepción. Tan superficial e incluso débil. Esa era la palabra. Débil. Lo era, lo había sido, pero ya no lo era. Lo notaba cuando la veía caminar, cuando le miraba y no le temía a su Sharingan. Lo notaba al hablar y cuando de repente se convertía en la más experta, en la mejor guerrera.
En la mejor arma.
A veces se preguntaba si había fallado en algo. En realidad no se lo preguntaba, lo sabía. Había fallado. Se había visto enviciado por el poder de Naruto, identificado con Sasuke. Los había acaparado, alejado, ayudado, aconsejado, recordado y apadrinado. Pero… ¿Qué ocurrió con Sakura? La olvidó, la alejó, la mantuvo aislada y la atrasó de lo que podía avanzar. Cuando descubrió su asombroso control de chakra no hizo más que utilizarlo para hacer competir a sus otros dos estudiantes. Olvidó hacerla feliz por un momento.
Olvidó recordarla.
Pero ella jamás reprochó nada. Es más, sonrió en público y lloró en silencio. Y se hizo fuerte, más que él, más que cualquiera. Porque en parte él ha sido el culpable de que ella se sumara a un equipo de corazones rotos, donde todo se disipa y se empaña, donde no hay un día del todo soleado y en donde lo primero que los enlaza son las lágrimas.
Y hubo un momento (el no supo cuando, estaba demasiado ocupado) en que fue una diosa, la de la guerra, la sabiduría, la educación, la belleza y el arte. Atenea, su nombre.
Porque ahora se cernía impertérrita sobre los pueblos, como la mujer más astuta, la más experimentada y la más hermosa que pudiera existir. Era el arma de guerra, la dinamita que hacía explotar al equipo siete. Su raíz, la unión, el lazo, la fuerza, el amor.
La protección.
Porque cuando el grupo parecía hundirse en lo más profundo, siempre aparecía la claridad (más viva que nunca, más pura que nunca) a recordarles que no debían dejarla sola. Porque la soledad la mataría, la ahogaría. Y todos lo habían entendido, porque Sakura se había transformado en la razón de vida para todos. Su luz, su alma, su sangre.
Siempre fue el cerebro detrás de la acción. La chispa manipuladora y consejera desde el fondo. Con esa imagen débil que aún conserva, pero que es tan dibujada como lo es su sonrisa. Ha crecido como su propia arma, capaz de matar con un solo golpe. Se ha desarrollado para no depender de lo creado por el hombre, sino por lo que la naturaleza le ha dado. Por lo que Gea le ha dado.
Sakura es Atenea. Fuerte, hábil, ágil, astuta, valiente, virgen, victoriosa.
Sakura es la vida del equipo 7, es la mano salvadora.
-Hey, Sasuke-
Su voz resonó en sus oídos como un eco, fuerte, violento. El sonido había penetrado antes que su imagen, a pesar de que la había estado buscando.
Por el contrario, para él es diferente.
El no ha cambiado su visión de ella. Es más, para él, ella sigue siendo la misma niña de siempre. Tan estorbo, tan molestia, tan infantil. Ha crecido físicamente, sí, pero ¿y con eso qué? Sigue siendo incapaz de superar a Naruto, ni siquiera pude hacerlo con Kakashi.
La fuerza entra por otro lado. Desde dentro, desde el corazón, desde algo que te moviliza. No es fácil adquirirla (y menos cuando te estorban), pero se debe luchar por ello, vencer, se derrotado, incluso matar. Pero ella, ella nunca ha hecho más que cubrirse con los demás. Siempre ha sido la doncella que había que defender y francamente, se había cansado de ser el príncipe. La vida de un ninja no es fácil, pero pareciera como que para ella lo fuera. Siempre con una sonrisa pintada en los labios porque no tenía nada por qué llorar, porque para ella existía todo. Todo le era correspondido.
-¿De donde vienes?-
Incluso se había creído mejor que nadie y no dudaba de que aún se mantuviera así. El cerebro, la templanza, la perseverancia y los malditos (y hermosos) ojos pegados en el libro no eran suficientes. Se necesitaba entrenar y ella estaba demasiado ocupada en banalidades (amarlo, preocuparse por Naruto, mejorar) como para preocuparse de verdad. Era estúpida, estúpida de verdad.
¿A quien intentaba engañar? El era como Hades, el dios del inframundo (oscuro y muerto).
No ha luchado con ella, eso es verdad (¿para qué hacerlo? Incluso es un estorbo matarla) pero con solo verla se le nota. Su apariencia es demasiado frágil, su cuerpo lo es. Sus manos, sus brazos, sus piernas. Todo en ella parece estar apunto de quebrarse, incluso su mirada. Es demasiado débil.
Frágil como un flor.
-De la oficina del Hokage- Comentó, desecha mientras se sentaba en el sofá.
Como una flor de cerezo (hermosa y tersa). Como Perséfore, la hija de Démeter. Hija de las flores y las plantas. Una doncella inocente, frágil.
Sin embargo, la mitología decía que Hades la había raptado para sí. Así de pequeña, con los colores de la naturaleza, dejando atrás el verano para llegar al invierno y convertirse en la reina del inframundo con él.
Su reina.
La rodeó con sus brazos y permitió que sus cálidos labios le quemaran la mejilla, en un beso pequeño.
Tan niña y cautivadora, tan infantil y hermosa, tan molesta y necesaria. Como el aire, como la frescura, como la primavera.
-¿Esperaste mucho?-
-Hn-
Aquí, reportándome. Bueno, hacía tiempo que tenía ganas de plasmar la visión de los integrantes masculinos del equipo 7 sobre Sakura. Obviamente, una Sakura mayor.
Sentí deseos de poner un leve SasuSaku, porque últimamente vengo escribiendo mucho de ellos como algo no correspondido.
¡Un beso grande!
¡Muchísimas gracias a (me alegraron mucho con sus comentarios)!:
Minakouchihayuki, Lady Lathenia (espero que esto tenga un poco de la luz que querías D) sasukeuchihaJm, KireikoAmi.
Suko-chan
