Capítulo 2: Hermanos Fullmetal v/s Hermanos de Plata.

De antemano, debo deciros que he contestado los reviews que me han llegado en mi profile, para quien guste ver su respuesta, ahí estará. También los he respondido de manera personal, pero me gusta decirles gracias en forma pública a todos mis lectores.

Aclaraciones: Para la trama espacio-tiempo, me basaré en la cronología del anime, con sucesos varios del manga. La edad de Edward es de 19, la de Alphonse, como en la serie recuperó su cuerpo de los 10 años, debería tener a lo sumo 14 años. Espero os aclare algunas dudas.


Ya no caminaba, corría hacia su destino, tratando de evitar todo contacto con los militares. Algo no andaba bien y tenía la leve – grandísimo mejor dicho – presentimiento que el Coronel estaba implicado directamente en todo esto.

- Déjame pasar – soltó fieramente, mostrando su credencial 'reloj de plata' a un guardia a escasos metros de la entrada principal. Siempre a la ofensiva… Su carácter ni había variado mucho en tantos años.

- Edward Elric – una voz le llamaba, se le hacía seriamente familiar, temblando levemente con un coche eléctrico recorrerle la espalda, sin detenerse a dar explicaciones – Tranquilícese y le explicaré todo con cal…- fue interrumpido. Un soberano empujón dejó al Mayor Alex Louis Armstrong literalmente incrustado en una muralla.

- No tengo tiempo para explicaciones Mayor, tengo que ir a rebanar a alguien en cubitos mientras le saco a patadas de aquí – Entró de súbito en la escuela, camino a donde suponía estaba el aula de Alphonse, guiado por instinto a su hermano.

- ¿¡QUÉ QUIERES DECIR CON ESO?! – un grito sordo se escuchó por todos los pasillos. Sabía de quien era esa vocecilla, aunque no creía nunca escucharla tan enfadada. Era la voz de su hermano gritando a todo pulmón. Echó a correr, sabía de antemano a quien se le dirigía. Se apresuró aun más, llegando a su destino.

Abrió la puerta de súbito, encontrando a quien no veía hace muchísimos años – Teniente… Ross – quedó algo estupefacto al verla. Le tenía demasiado cariño por todos los sucesos del pasado. Miró a su alrededor, mirando a su hermano que estaba de pie, con los puños cerrados en el pupitre y con sus enormes orbes plateadas abiertas de par en par, irradiando algo de ¿Enojo? – ¡Alphonse! – Se acercó a su hermano, dándole un cálido y fuerte abrazo – Tranquilízate, ya estoy aquí – Le susurró en el oído, tratando que el resto del alumnado no le escuchase. Sintió como el cuerpo de Al se destensaba, pero rápidamente fue separado.

- ¿Qué haces aquí nii-san? – Hablaba en tono sutil ya, con la mirada baja. De seguro se había sonrojado como a él le gustaba – No deberías estar aquí – Levantó la mirada, ya con su color normal y sus ojos normales, inocentes, relucientes de felicidad reprimida.

- ¿Cómo que qué hago aquí, Aru? Claro que es para acribillarme con el Coronel… - Fue interrumpido, una mano se posó en su hombro, haciéndole girar lentamente - ¡Teniente! – Exclamó, dándole un abrazo fuerte por verla de nuevo – Creía no estaría en el país luego que la obligasen a ocultarse – Afirmó en voz baja, era prudente que nadie se enterara.

- Gra…Gracias Edward – Le miró algo sorprendida. Ese cálido abrazo era un "agradecimiento" – Ahora debemos ir al Auditorio, el General de Brigada Roy Mustang dará una charla a todos, tratando de explicar la situación – Se alejó suavemente, luego de mirar a un Alphonse bastante irritado '¿Celos de su hermano?.. ¿Acaso… es cierto?…' pensó para sí la teniente. Se sentía algo extraña al mirar a tan joven niño en ese estado.

- ¿General… de Brigada? – Repitió mecánicamente el rubio, ante las palabras de su casi-madre militar. – Muévanse todos, esto se hará rápido y no quiero reproches – Alzó al voz ante las miradas de los compañeros de aula de Al, viendo como todos se levantaban de sus asientos.

- ¡Sí profesor! – Dijeron al unísono unos 40 alumnos y alumnas en total.

- ¿Profesor? – Se repitió a si mismo el güero, quedando atónito. La sala de fue vaciando de a poco, quedando sólo su querido hermano, la teniente y él. – Vamos Al – Se dirigió de nuevo a su hermano, quien estaba soberanamente irritado de nuevo. Últimamente, tenía cambios de actitud bastante frecuentes. Tendría que "conversar" con él en casa.

- ¡Claro nii-san! – Le tomó de la mano, entrelazando los dedos con los de Ed, mientras lo arrastraba levemente por el piso cerámico de la sala – Teniente, será mejor se apresure – Dijo, quedamente. Una sonrisa algo malvada se esbozó en su cara, cambiandola por una total y perfectamente honesta sonrisa.

- Después de todo es cierto, niños – Dijo la teniente, mirando las manos de ambos Elric – Pensé solo era un rumor, ahora puedo confirmarlo – Se acercó al escritorio el profesor, sentándose calmadamente en la cómoda silla, dejando caer su peso sobre ella.

- ¿A que se refiere, teniente? – El dorado preguntó, algo confundido por las palabras de la mujer. Rastreó la mirada de la mujer, que veía la mano de ambos hermanos – Acaso… ¿No le informaron? – Dijo, mientras trataba de retener un poco al castaño.

- Llegaremos tarde, el General nos regañará nii-san – El oji-plata tomaba más fuerte el agarre, llevándose consigo al mayor de los dos.

La teniente Ross quedó sola en el salón, pensativa y bastante confundida. Era poco común ver relaciones incestuosas y más viniendo de tales niños, a tan corta edad. Quizás era eso, pensaba, sólo una relación de jóvenes que no saben lo que quieren… Aunque esos dos siempre fueron bastante decididos.

Así meditó durante algunos minutos, escuchando los pasos lejanos de los últimos dos que abandonaron el aposento de estudio.


- ¡Espera Aru! – Edward estaba ya entrando en una especie de colapso por la actitud de su hermano - ¿Qué te sucede? Normalmente no eres así, ni menos en la escuela donde todos sabrán lo nuestro – Se interpuso en el camino del menor, mirándole directamente a los ojos – Ahora dime, ¿Por qué te enfadaste tanto? – Le dijo suavemente, cambiando su semblante a uno más sumiso. Sus ojos perfectamente dorados temblaban ligeramente al ver a su hermano… Algo no andaba bien y prefería saberlo.

- Cómo quieres que esté, si entras a mi salón, me abrazas, luego a esa… teniente – escupió cruelmente la ultima palabra. No fue capaz de seguir hablando, sintió como empezaba a quebrársele la voz ante situaciones que pasaban por su mente; su hermano siendo alejado de él.

- Al, no seas celoso – rió por lo bajo, tratando no se notase – Ella fue y creo sigue siendo nuestra madre en los militares, nos cuidó en el pasado y creí no volverla a ver, nada más – Dijo, levantando el rostro de su hermano por la barbilla, mientras que con su mano libre peinaba suavemente unos mechones de la frente del castaño – Te quiero solamente a ti, Aru – Se acercó hasta depositar un suave beso en la frente de su hermano.

- Yo igual, nii-san – Se abrazó al cuerpo de su hermano, escondiendo el rostro en el pecho de éste, sujetándolo fuertemente – No quiero te alejes de mi –

- No lo haré Al – abrazó a su hermano, mientras le tomaba por la cintura y lo removía lentamente de su escondite – Ahora si, vamos al auditorio. Tengo algunas cosas que escuchar del…General Mustang – Se ciñó al cuerpo del oji-plata, mientras comenzaba una caminata lenta por los pasillos, guiado por su hermano a través de esto, con dirección al Auditorio central.

- Nii-san – Musitó despacio el menor, mientras continuaban su marcha – Seremos profesores de Alquimia ahora… ¿Crees pueda enseñar bien? – Su voz sonaba confusa, algo le molestaba, pero no sabía como decirlo.

- Claro Al – Ya había asumido que sería instructor de la escuela, no le quedaba de otra – ambos podremos enseñar bien esto, sólo hay que recordar las enseñanzas de la maestra – su mente divagaba en algunos recuerdos fugaces – Sólo te voy a pedir que uses la alquimia tradicional, no es bueno que todos se enteren que podemos hacer cosas nuevas – rió ligeramente el mayor.

- Está bien, aunque creo que no deberíamos hacer esto…- soltó después de una corta pausa. Eso le angustiaba… En el pasado, vio mucho sufrimiento por culpa de la alquimia, pero a la vez le había dado una gran recompensa, con un gran costo entremedio.

Siguieron caminando a paso lento, mientras miraban por las ventanas a cientos de personas dirigirse al salón magno, donde presenciarían la charla explicativa y que pensaban luego los dejaría libres. Edward seguía meditando lo que había pasado, su encuentro con el sujeto. Aún así no fue capaz de decirle a su acompañante todo eso, se sentía demasiado bien caminando juntos para separarlo y contarle algo que quizás no tuviera importancia.

- Ed…Ed…-Le llamaba el castaño, quien no reaccionaba, sólo estaba ahí a su lado – No quería hacerlo – suspiró resignado - ¡ENANO! – gritó fuertemente en el oído del mayor.

- ¡¿Quién dijo que soy un canijo que no puedes ver?! – Respondió automáticamente su hermano, quien ya estaba dispuesto a golpear a quien pasase por su lado. Reaccionó por fin, mirando al oji-plata riendo frenéticamente a escasos metro de él. – Alphonse Elric – su tono había cambiado, era amenazante, frío, calculador, demente… ¿Juguetón?

Entumeció de pronto, dejó de reír y comenzaba ya a correr, cuando unos brazos le sujetaron fuertemente – ¡Nii-san! ¡No fue mi intención! ¡Juro que era para que reaccionaras! – pataleaba en el aire, mientras comenzaba a perder un poco la respiración debido al fuerte agarre de su hermano. Sus brazos estaban inmovilizados, por lo que no le quedaba más que suplicar clemencia. – Ya llegamos al auditorio…-Comenzaba a agitarse – Bájame, por favor – Ya no le quedaba aire, empezaba a nublársele la vista, hasta que sintió sus pies en el suelo y el forcejeo ya era innecesario.

- ¡Nii-san! – Trataba de incorporarse, pero le temblaban los pies – Eso fue cruel – Un puchero se formaba en sus labios. Su hermano lo miraba tiernamente, por lo que sabía se sentía algo culpable.

- Lo siento, Aru – Dijo el mayor, besándole la frente – Entremos, está por comenzar al parecer – Ayudó al menor a caminar, le pasó su brazo izquierda por los hombros. Al era más grande que él, por lo cual era realmente cómodo dejar su cabeza apoyada en el brazo del menor. Quizás su edad corporal fuera realmente abismal entre los dos, pero mentalmente aún se llevaban un año de diferencia.


- General, han llegado todos – Un oficial se le acercó a Roy Mustang, informándole cuantas cosas y quien sabe que eran.

- Muy bien – dijo con su tono frío habitual – Dígale a los hermanos Elric que pasen directamente a la primera fila – Ordenó al militar, mientras hacía un ademán con la mano dando paso a que éste se retirara.

Será una larga charla, y quizás la más tediosa de su vida.

- General, está todo listo tal y como ordenó. Sólo falta usted empiece – Riza Hawkeye siempre tan eficiente, le agradaba eso – Si me permite…- Fue interrumpida.

- Ahora no teniente, luego podremos preocuparnos de los detalles – No era habitual en él, pero la seguridad de todos por delante. – Es hora – Susurró para sí mismo, mientras subía una escalera y entraba por un costado del gran escenario. Se acercó lentamente al podio donde se encontraba el micrófono que daría su mensaje.

- Profesores y Alumnado – comenzó, algo nervioso tal vez por tener demasiadas miradas clavadas en él. Después de todo, si podía perturbarse – Seré breve. Por órdenes del Führer la ciudad completa fue declarada estado de sitio, en especial esta escuela. Serán fuertemente vigilados por los militares. Se impartirán clases de alquimia, dirigidas por los hermanos Elric y otros alquimistas nacionales. – Miró a la primera fila, dándole la señal al mayor Armstrong. De inmediato, éste se paró de su asiento, al mismo tiempo que otros militares. – Ellos serán sus maestros, incluyendo los anteriores que seguirán impartiendo las mismas clases normales – Miró a los Elric, quienes se habían quedado sentados por vergüenza – El escuálido de pelo dorado será el Jefe del Departamento Alquimista – Dijo, con mirada burlona.

- ¿¡A quien le dices enano microscópico, General…?! – Fue interrumpido por el castaño, quien le daba un fuerte golpe en el estómago, provocando las risas de todos en el auditorio. Se había destensado un poco el ambiente. – Me la pagarás Mustang – susurró por lo bajo.

- Tendrán la libertad de elegir con quienes querrán aprender alquimia, pero tendrán que pasar una prueba para saber cuales son sus aptitudes y quienes podrían enseñarles mejor a mejorarlas – Finalizó el discurso – Acepto consultas que pueda responder –

Nadie parecía querer preguntar, pero vio una mano alzada entre todos los presentes – Identifícate y pregunta – ordenó, de manera cortante.

- Fletcher Tringham – dijo un rubio, levantándose con miedo - ¿A que… se debe esta… repentina irrupción en el año escolar…? – preguntó casi tartamudeando, estaba entrando un crisis de pánico cuando todos le quedaron viendo, sonrojándose un poco.

- Eso es confidencial. Es una misión de alta seguridad. Puedo deciros si que todos corren peligro, especialmente los Elric – Cerró sus ojos, dándose la vuelta. Sabía que no habría más preguntas. Comenzó su caminata hacia la escalera por la cual había entrado, dando paso a que todos se retirasen. Tendría que esperar todos los alumnos salieran del auditorio, ya que quería hablar en privado con todos los de la primera fila, quienes debían quedarse para más instrucciones.


- ¿Fletcher? – El rubio miraba al castaño - ¿Por qué no me dijiste que Fletcher estaba en esta escuela, Aru? – Persistía en su pregunta, mientras seguía abrazado del menor.

- No sabía estaba aquí Nii-san, no recuerdo haberle visto. Quizás se integró hace poco – Mintió. Sabía que Fletcher estaba en la escuela hace un tiempo ya, pero jamás fue capaz de hablarle, quizás por miedo a que no le reconociera.

- Hmp – Resoplo un regaño, algo le inquietaba. Al no era bueno para mentir, pero no quiso protestarle, debía tener una razón por la cual no le había dicho y respetaba eso. Después de todo, estaba con él, no debía temer por nada ni nadie.

- Jóvenes Elric, es un verdadero placer verlos de nuevo, y más para trabajar con ustedes - Zolf J. Kimbly (1) era quien se acercaba a ellos, con su típica mirada cínica y una sonrisa bastante deformada – Me atrevo a decir que podría soportar trabajar con un par tan melodramático como ustedes – rió fuertemente

'Clap' se sintió ligeramente, a la vez que ambos hermanos golpeaban ligeramente con una mano el suelo, lo curioso era que el mayor usó su mano izquierda y el menor la derecha. De pronto, una mano de concreto apresaba el cuerpo del alquimista carmesí, quien se mostraba ligeramente sorprendido.

- No molestes Kimbly, no estamos de humor para tus exóticas bromas – dijo el rubio, aun abrazado del castaño, acomodándose con éste en las butacas donde estaban sentados.

- Increíble – Armstrong miraba la escena algo confundido, con sus ojos resplandecientes y peculiares brillos rosas en su cabeza – Transmutación conjunta y perfecta – decía suavemente, acercándose a los hermanos – Después de todo, el nombre de "Alquimistas de acero" no es vano, ni menos cuando se dice en plural en todo su esplendor – Lloraba de alegría, abrazando a ambos susodichos que permanecían aplastados por los brazos algo mutantes del Mayor.

- Ya basta Teniente Coronel – entre las sombras y por el costado derecho de la primera fila aparecía Mustang, algo irritado – Suelten a Kimbly y pónganse serios. Hay mucho que hacer y ustedes siguen jugando – Se acercó lentamente hacia el grupo, compuesto por no más de 10 personas.

Tim Marcoh, Russel Tringham, Zolf Kimbly, Alex Louis Armstrong, tres militares desconocidos, los hermanos y Roy Mustang estaban ahora debidamente ordenados, sentados, escuchando al General.

- Bueno, el tema es el siguiente: Hay dos hermanos prófugos, los alquimistas de plata se hacen llamar. Son extremadamente peligrosos y buscan a cualquier precio la alquimia conjunta de ustedes dos – Se dirigió a los menores del grupo, los Elric – Por lo cual hacer que enseñen vuestra alquimia hará que vengan más rápido y será más fácil capturarles, además serán protegidos por todos nosotros mientras dura la misión – Explicó calmadamente el alquimista de fuego.

- Así que eso nada más – Respingó frustrado el rubio – Si me permite, General, quisiera retirarme a mi casa con mi hermano, mañana será un largo día al parecer – Se puso de pie, tomando sutilmente la mano del castaño - ¿Vamos, Al? – Le sonrió al menor.

- Debo ir por mis cosas nii-san – El oji-plata se puso de pie también – Con su permiso General – hizo una pequeña reverencia, haciendo camino a la salida.

- Tengan cuidado los dos, les aviso que tendrán guardias en cubierto en las cercanías de su casa – dijo el azabache – Edward…- se mordió la lengua – Quiero decir, Teniente Führer… Mañana a las 8 AM tiene clases en el aula 212 – Soltó, mordazmente.

Vio alejarse al dorado, que hacía un ademán con la mano. Desde la última vez que había ido a central, fue promovido a teniente Führer para que nadie le molestase, a excepción del mismísimo Generalísimo. Estaba realmente molesto cuando se enteró, pero nada podía hacer… Sólo seguir ascendiendo a su manera. Esta sería quizás una buena ocasión para 'vengarse' del oji-dorado y alivianar un poco el peso que le atormentaba.


- No te demores Aru, te esperaré en la entrada – Edward miraba a su amado hermano, mientras le daba un beso en esos rosados y suaves labios que tanto le gustaban – Date prisa-.

- Claro, dame cinco minutos nada más – Se echó a correr, sin dar vuelta atrás, entrando en el ala norte del gran edificio. Se apresuró hasta su salón, pero un repentino presentimiento le hizo abrir lentamente la puerta.

- Tu eres el menor – una voz desconocida estaba en la sala, una silueta cerca de la ventana – Soy Varik, uno de tus 'perseguidores' – Dijo, lanzándose por la ventana.

- ¡NO! – gritó Alphonse, corriendo a la ventana y encontrarse con las afueras del patio vacío… Aquella persona había – Desaparecido – dijo, revelando sus pensamientos en un tono inaudible.

Tomó sus cosas y salió apresurado, con dirección al lugar de encuentro con su hermano. En verdad, sería una larga misión.

Llegó con su hermano, tomándole del brazo derecho fuertemente. Tenía miedo, pero su hermano le hacía sentir mejor.

- Vamos Al, no me abraces tan fuerte o tendré que decirle a Winry me repare el automail – Sintió cálidamente el agarre de Al, aunque tuviera su brazo de metal aún, podía sentir ese sentimiento por parte de su hermano - ¿Sucedió algo que te tiene así, Al? – preguntó, mientras comenzaban su marcha a casa.

- Si, un tal Varik dijo ser uno de nuestros 'perseguidores' – soltó, triste y preocupado por la acción que podría tomar su hermano.

Nada sucedió, sólo siguieron caminando en silencio, hasta que el mayor rompió el silencio.

- Yo me encontré con Yarik, el otro que nos sigue – dijo, sin inmutarse – Si estamos juntos, nada nos pasará Al, no debes preocuparte – pasó su brazo metálico por la cintura del menor – Llegando a casa, ¿Podrías preparar algo rico para cenar? – Sin darse cuenta, el día había transcurrido demasiado rápido, por todos los sucesos que habían acontecido.

- Claro, pero tú preparas el postre – el castaño le habló sensualmente, no sabía de cuando se comportaba así.


Zolf J. Kimbly (1): Nombre real de Kimbly, aunque aún está en discusión el como escribirlo correctamente. Decidí dejarlo vivo, como en el manga. Disculpen si es spoiler.

Bueno, este es el final del capítulo 2. Fue algo meramente explicativo, pero ya se viene la emoción, jejejeje.

Dudas, consultas, críticas, dejen un hermoso review!

Hasta el próximo capítulo.