Capítulo 3 – Exámenes; Problemas.

Parte II: Problemas


Disclaimer: Hagane no Renkinjutsushi (Fullmetal Alchemist para quien no sepa) no me pertenece, sólo escribo por amor al arte y para una sana diversión.


- Es hora de que nos presentemos ante todos, Yarik – susurró uno de los encapuchados.

- Sí, habrá que mostrarles quienes son los que dominan, todo si queremos recuperar lo nuestro – Respondió el otro – Varik, será hora que nos dejemos caer sobre ellos – Sonrió maliciosamente. Nada bueno tramaban, era seguro.


- ¡Van! – un pequeño crío se acercaba al mayor, contento por el hallazgo. – Lo siento – No fue capaz de articular nada más, sentía la fría indiferencia de Van como un cuchillo que le atravesaba el corazón, partiéndolo en dos dolorosamente…

Un silencio reinó en la azotea del edificio, mientras rechinaba la puerta por la que había salido el menor.

No había palabras. Cansado ya de los ataques del mayor, Loth decidió retirarse, con el dolor de su alma que le embargaba la vida. No tenía fuerzas, de verdad le quería; le amaba, pero al parecer su pareja no lo sabía tan bien como él.

- No te vayas – Susurró el mayor, antes de que Loth cruzara el umbral de la puerta – Yo soy quien debe disculparse – Se incorporó del suelo, acercándose al otro. No se había fijado, pero ese día el menor llevaba su hermosa cabellera violeta amarrada en forma de coleta, no muy gruesa. Quizás debía enmendar su error, pero jamás fue bueno en eso, ni menos para escoger las palabras adecuadas.

- No… no quise… - el menor no pudo articular palabra, un dedo le cubría sus labios, presionando dócilmente, con ternura.

- Mejor no lo digas, dejémoslo en el pasado – Le sonrió alegre. Quería dejar ese mal momento enfrente de esos 'extraños' atrás… Sólo le interesaba el menor.

Justo en ese momento, entraron los hermanos Elric, acaramelados y sin darse cuenta de la presencia de los otros dos, siguieron su juego de miradas que llevaban por la subida de la escalera.

- Disculpen si les interrumpo – Richtofen se dirigió a la pareja distraída – Vayan a otra parte si quieren seguir con eso – bufó, enojado.

Ambos reaccionaron ante el comentario, riéndose ligeramente. No se atrevían a hablar, pero Alphonse tomó la palabra.

- Lo sentimos, Loth nos dijo que podríamos encontrarte aquí, pero veo ya han solucionado el problema – Miró a los dos enfrente suyo, quienes estaban demasiado cerca el uno del otro.

- No es de tu incumbencia – soltó fiero. No estaba de bromas y sólo quería irse a casa.

- Hermano… Ellos son… nuestros… - le costó buscar la única palabra que necesitaba – Profesores – finalizó la frase, inseguro de sí mismo. Miró un poco preocupado al colorín, quien estaba un poco desconcertado. Algunos cabellos rojos saltaron de su peinado, dando la impresión que estuviera desaliñado total.

- Je – Ed se burlaba, algo entretenido por la escena – Vamos abajo, tenemos que empezar luego. Se dirigió a la escalera, acompañado de Al - ¿Vienen o los bajamos desde el primer piso? –

Los otros se miraron y asintieron, bajando por la escalera, detrás de los alquimistas. Se sentían nerviosos, no sabían que clase de "entrenamiento" iban a recibir… Tenían la fama de ser algo "drásticos" para sus asuntos, y esa no era la excepción.

- ¿Qué… tendremos que… hacer? – El menor se le adelantó a sus pensamientos, es cierto que hay lazos entre pensamientos y sentimientos.

- Por ahora, nada… Sólo debemos conversar con sus padres – El rubio seguía su trayecto. Estaban llegando al final de las escaleras.

- ¡¿Estás loco?! – Exasperado, el colorín se adelantó a todos, quedando en frente de Edward – ¡Ni creas que le contarás todo! – lo miró con furia… No era nadie para que fuese así de simple contar las cosas… Ellos no sufrían el tormento de sus padres vigilándolos en todo momento…

- Tranquilo Van – El castaño tomó la palabra, algo desconcertado – No hablaremos de eso, sólo necesitamos un permiso para entrenarlos y ellos deben estar de acuerdo – Enfatizó el 'eso', refiriéndose a la relación – Será duro, pero les servirá si quieren ser buenos – sonrió, alegre… Sabía lo que planeaba su hermano… Lo intuía.

- Si, si… Basta de charlas, vayan a sus casas y mañana los vemos… En la reunión de hoy conversaremos con ellos - Edward ya estaba aburrido de tanto temor… Aunque él no era quien para decir eso, se había demorado un año en declarársele a Al y vaya que fue un largo año…

Loth y Richtofen se fueron rápidamente, deseaban que todo terminara luego para seguir con sus vidas normales... Cuán importantes serían en un futuro no muy lejano. Prefirieron no pensarlo mientras tanto, pero la duda les carcomía la conciencia.

Edward y Alphonse vieron la hora. Seis de la tarde, aún quedaba tiempo para preparar algunos detalles.

- Aru, ¿Hay un lugar suficientemente nativo por aquí que pueda usar? – inquirió el güero, quien necesitaba un lugar amplio para el entrenamiento.

- Hay un monte detrás de la escuela con bastante flora y fauna – respondió, sin inmutarse. Sabía lo que haría después de todo, era tan predecible.

- Llévame, tendremos que prepararlo para los muchachos. Les será más fácil esta vez, al menos podrán estar tranquilos por dos semanas – Dijo, feliz.

- Claro Edo – Comenzó el cobrizo a caminar con rumbo al lugar – Yo me encargo de cercar el lugar – Miró al rubio que venía a su lado. Lo miró con ternura mientras llevaba su rostro al cabello de éste – Manzanilla – dijo, mientras inhalaba una gran bocanada de aire mezclado con el aroma del mayor.

- Al… - le abrazó de la cintura y lo atrajo hacia él. Ya estaban fuera de la escuela, por lo que podían tener un poco de libertad. Le depositó un beso en los labios, pero sin darse cuenta, el menor quería un poco más. Una guerra entre los dos se había desatado, hasta que tuvieron que separarse por falta de aire. Se miraron durante unos segundos, hasta que se dieron cuenta que estaban en la calle y que cualquiera podría verlos ahí.

De pronto, un gato blanco se cruzó entre ellos, acariciando las piernas de Alphonse. No se resistió y se agachó a recogerlo.

- Al, deja a ese gato donde estaba – No podían gustarle los gatos. Llevaba ya mucho tiempo en una batalla campal contra ellos para que Al dejara de llevarlos a casa.

- Vamos Ed, vino solito… Quizás está perdido – lo acurrucó entre sus brazos, mientras el animalito maullaba contento y cerraba los ojos – Debe estar muy cansado nii-san – Lo meció suavemente en sus brazos, logrando que se quedara dormido con un suave vaivén de éstos.

- Prométeme lo dejarás por ahí antes de volver a casa – suspiró resignado. No podía negarse ante las peticiones de Alphonse, pero si podía condicionarlas.

- Está bien – triste, miró como el tierno gato de no más de 3 meses dormía apacible – Es tan chiquito – murmuró. Algo le gustaba de ese gato en especial.

Siguieron su caminata hacia el monte. Debían llegar temprano a la reunión que tendrían en dos horas más y no querían fastidiar de nuevo al General, el genio de éste no era el mejor en estos días y no sabían el por qué.


Una gran oficina adornada con algunos cuadros, un lindo escritorio y una cómoda silla. Muchos muebles con trofeos y diplomas, algunos estantes con libros y carpetas debidamente ordenados...

Ya no quedaba algo de todo eso, sólo era un desastre con tanta gente adentro y un montón de papeles dispersos por el suelo y en algunas cajas le quitaban toda la hermosura a la oficina de la directora.

De pronto, un gran estruendo se sintió por toda la habitación, alterando levemente el estado de ánimo de sus ocupantes. El General Roy Mustang no pudo evitar mirar a la ventana, contemplando el motivo del temblor.

- ¡General! – Armstrong entraba rápidamente a la oficina, mirando al fiel escuadrón que había elegido - ¿Qué fue eso? ¡Una gran muralla se ha levantado alrededor de todo el cerro de ahí atrás! – se veía preocupado, podría tratarse del enemigo planeando alguna forma de acercarse a la escuela.

- Tranquilo Teniente, sólo Alphonse es capaz de hacer eso – explicó, parado en el marco del gran ventanal detrás de su nuevo escritorio – Edward se encargó del monte, ha cambiado un poco su vegetación por lo que puedo apreciar -.

- Pe…pero… No deberían hacerlo sin consultar – Era casi imposible un alquimista normal pudiese realizar algo tan grande… No sin gastar una gran cantidad de energía corporal.

- General, han empezado a llegar los tutores de los alumnos y están un poco alarmados – Riza aparecía por detrás de Armstrong, informando la situación. – Los hermanos Elric no han sido avistados en el perímetro, señor –.

De pronto, el suelo de la habitación comenzó a temblar suavemente, apareciendo en frente de ellos…

- ¿Qué demo… - El General no pudo terminar la frase. Atónito, observaba como iban apareciendo dos siluetas, recomponiéndose lentamente.

- Recomposición de la materia… - susurró. Nunca había visto nada similar.

- ¡Son Alphonse y Edward! – Riza, asombrada, se acercó rápidamente.

- ¡No se acerque teniente! – El General gritó, levantando su brazo haciendo la negativa de la acción de Hawkeye – ¡Aún no termina la recomposición! –

Lentamente, se vio como las dos personas comenzaron a tomar forma y aparecían sutilmente. Alphonse llevaba en brazos a Edward y sobre él… Un gato.

- ¡Ayúdenme! ¡Se ha desmayado y no respira! – Cansado, se dejó caer en sus rodillas. Alphonse ya no podía sostener por mucho tiempo el cuerpo inconciente del mayor. Lloraba, no sabía que podía hacer y no tuvo más elección.

- Armstrong, lléveselo a el hospital más cercano. ¡Usa mi coche si es necesario! – Desesperado, Mustang se acercó hacia Alphonse y le quitó a Edward. Se lo entregó a Armstrong.

- ¡Rápido! – ladró. No soportaba ver a Edward en ese estado. Le partía el alma.

- ¡Si señor! – re retiró rápidamente, corriendo por los pasillos.

No se había percatado, pero tenía rastros de sangre en sus manos. Miró rápidamente al castaño que yacía desplomado en el suelo, atendido por sus subordinados, quienes lo trasladaban a un sofá cercano. El gato, por su parte, se había ido a sentar en la silla del General, acurrucándose y quedándose dormido nuevamente.

- Salgan todos. Vayan con los padres y traten de retrasar un poco la reunión. – Su mirada fiera dio a entender que debían obedecerle en el acto.

Salieron. Sólo quedó Alphonse, quien sangraba en su hombro. Se acercó al botiquín personal de la directora y sacó unos vendajes.

- Quítate la ropa, te vendaré – ordenó. La salud del menor era más importante, antes de empezar con el interrogatorio de lo que había sucedido.

- S…Sí – murmuró. Comenzó sacándose la chaqueta. La dejó a un lado. Prosiguió con la camisa que llevaba puesta, teñida de carmesí en su hombro izquierdo. Se quejó al mover tan brusco su hombro, por lo que se la quitó suavemente.

Roy empezó la labor de desinfectar la herida, curarla y luego vendarle. Era increíblemente suave la piel de Alphonse… Quizás era una de las tantas cosas que le gustaba a Ed de su hermano. Lo comprendió un poco,

- Gracias General – Al sólo se puso su chaqueta ahora. No alcanzó a mancharse con sangre, por lo que pasaba desapercibida su herida.

- Ahora me explicarás que pasó y como hiciste eso- recalcó la última palabra. Se refería a aparecerse en la oficina como si nada.

- Nos… Atacaron – fue lo único que pudo decir. Aún estaba en shock por lo ocurrido.

- De eso me puedo dar cuenta Al – El General se acercó a su escritorio. Se iba a sentar en su silla, pero el gato se lo impedía. Lo tomó en brazos y se lo pasó a Alphonse – Creo es tuyo-.

- Si…-murmuró. Lo recibió y lo acurrucó en su pecho, acariciándole la barriga al animalito.

- Tenemos un poco de tiempo, por lo que podrás contarme…- Se sentó por fin. Levantó sus brazos y los apoyó en los codos. Entrelazó sus dedos y apoyó su barbilla en ellos - ¿Fueron los hermanos de plata? – preguntó. Ya no soportaba estar desinformado ni menos con un hermano moribundo y otro herido.

- Nos pillaron desprevenidos – alcanzó a decir, mientras comenzaba su relato lentamente.


Flashback – Alphonse's PoV.


- ¡Nii-san! – Grité, contento – Es aquí – señalé un pequeño cerro detrás de la escuela, a escasos metros nuestros. Edward parecía emocionado con la idea de entrenar a esos dos chicos.

- Gracias Al – me dijo. Tenía la mirada fija en el monte, mientras vi que golpeaba sus manos y procedía a arreglar un poco la vegetación del lugar. Dejé al gato en el suelo, mientras repetía el 'ritual' de mi hermano y golpeaba la tierra, levantando la muralla alrededor del monte. La tierra tembló bastante, mientras subían los muros. Debió sentirse en la escuela.

Siete metros a ras del suelo. Nada mal, pensé. Mi hermano me miró sorprendido, no creía podría hacerla tan alta y sin cansarme como él.

- Al, cada día me sorprendes más – Me dijo. Se acercó a mi, cansado. Lo alcancé con los brazos, mientras veía que sonreía y se quedaba levemente dormido. En realidad, realizar alquimia a grandes escalas es agotador para cualquiera, pero extrañamente a mi no me cansaba.

- Edo…- Le besé la frente con ternura, mientras los llevaba bajo un árbol cercano. Fue ahí cuando sentí la presencia de alguien más.

- Vaya, vaya… Los encontramos en mal momento parece – Un sujeto de pelo plateado bajó de un árbol cercano, acompañado de alguien con similares características. Sólo se diferenciaban por el largo de su cabello.

- ¿Quiénes son ustedes? – los miré furiosos. El gatito al parecer se había asustado y se posó sobre Edward que estaba dormido. Estaba en una clara desventaja si pienso que podría acabar con los dos sin que lastimen a Ed.

- Somos a quienes ustedes buscan – Un de pelo largo se acercó lentamente. Sólo atiné a abrazar con fuerza a Ed. Quería protegerlo a toda costa.

- No sacas nada con protegerle – el otro se acercó también. Golpeó sus manos al igual que nosotros y transmutó una pequeña daga que sacaba de su cintura, haciéndola una fina espada larga y filosa. Corrió hacia mí, con claras intenciones de matar a Ed… Su sed de sangre era perceptible.

Cubrí a Edward con mi hombro, mientras me ensartaba el arma en éste. Miré a mi hermano, seguía dormido.

- Vaya, que suerte tiene el enano en tenerte – sonrió maliciosamente. Pude ver como iba a lanzar otro ataque. Solté a Ed mientras golpeaba las manos y toqué la tierra. Levanté un pequeño muro frente a nosotros, mientras los rodeaba para repetir el acto y sacaba una lanza desde la tierra.

Ambos sujetos retrocedieron. No soy tan hábil como mi hermano, pero con un solo brazo era difícil manejar el arma.

- Eres fuerte, mocoso – el de pelo corto se acercaba de nuevo, con un arma idéntica al del otro – Ni creas que podrás salir bien de ésta – Se abalanzó de nuevo. Pude retenerle, pero el otro ya había llegado donde estaba mi hermano. Sólo pude ver un destello azul mientras escuchaba el grito ahogado de Ed.

- ¡Déjalo en paz! – dejé al otro acorralado con otro muro, mientras desvanecía el que cubría a mi hermano y lo abrazaba rápidamente.

- Veremos si puede sobrevivir sin respirar – rió. Se juntaron los dos y salieron de ahí corriendo. No veía heridas en el cuerpo de Edward, pero no respiraba. Estaba entrando en crisis.

- Prometí no hacerlo Ed… Perdóname por lo que haré – golpeé mis manos, descomponiendo las células de nosotros, incluido el gato que no se había separado de Ed, mientras empezaba a recomponerlas en la oficina del director, donde seguro estará Mustang.


Fin Flashback Alphonse's PoV


- Y así fue como llegamos aquí – bajó su cabeza. Estaba realmente preocupado por Edward - ¿Puedo ir a ver a mi hermano? – preguntó, levantándose del sofá suavemente, aún con el gato en sus brazos.

- No – respondió a secas – Debes quedarte si quieres conseguir el permiso para tus estudiantes – se acomodó en la silla. No podía imaginar que en un abrir y cerrar de ojos los hermanos fueran atacados y derrotados tan fácilmente… Aunque con ciertos factores en contra bastante fuertes. - ¿Desde cuando puedes descomponer y recomponer de esa manera, Al? – necesitaba saberlo. Nadie era capaz de hacer eso… O al menos lo era hasta ese momento.

- Desde que tengo este anillo – alzó su mano, mostrando el objeto. Relucía esplendoroso a la luz del sol en el atardecer – No se que tendrá de Edward, pero tiene la increíble capacidad de aumentar los poderes de quien lo use, incluso ignorando parte del principio de Equivalencia de Intercambio – explicó. No debía decirle a nadie eso, pero no tenía más alternativas; lo hacía o era incinerado.

- Bien – meditó un poco las siguientes palabras que usaría, pero decidió cambiar de tema – Vamos al Auditorio, debemos hablar con los padres -.

- Si… - no podría hasta dentro de un rato más - ¿Puedo dejar a Edo aquí? – miró tiernamente al gato. Se parecía mucho a Ed cuando dormía, así que ya le tenía nombre.

- ¿Edo? – se giró para ver a que se refería el castaño, hasta que comprendió que se refería al animal – Claro, sólo ven a recogerlo antes de irte – siguió su trayecto hacia la puerta, cruzándola rápidamente.

- Quédate aquí Edo, vendré por ti en un rato más y veremos a Ed – sólo recibió un maullido y un ronroneo por respuesta, mientras lo acomodaba en el suelo alfombrado delicadamente – Si ves a Black Hayate, salúdalo, es muy amigable – dijo esto, salió y dejó solo al gatito.

Debía conseguir el permiso para Loth y Van, si no, Edward le iba a regañar. Suspiró resignado, mientras seguía su camino, sumido en sus pensamientos… '¡Quiero ver a Ed!' gritaba en sus pensamientos. No soportaba estar lejos de él por mucho tiempo, ni menos cuando sabía podía estar herido.

Luego de una hora de conversación generalizada, pudo por fin contactar con los padres de Loth y Van. Una pareja joven, agradable. Al principio no querían acceder al entrenamiento de sus hijos, pero los motivó diciendo que no correrían peligro y tuvo que decirles que él y su hermano eran alquimistas nacionales, conocidos como los 'hermanos Fullmetal'. Se asustaron de nuevo, pero confiaron que si ellos dos habían accedido y quienes los cuidarían habían salido vivos de todos sus problemas –según dicen los rumores- no tendrían problemas. Consiguió firmaran el papel de autorización, al igual que muchos de los padres que estaban ahí.

- Agradezco confíen en nosotros – Les agradeció con una sonrisa feliz y sus ojos cerrados – Les pediré le digan que se preparen para las próximas dos semanas a sus hijos, sino fuese mucha la molestia. Mañana mismo comenzamos – terminó de explicar, mientras guardaba el papel firmado en su chaqueta, sin dejar mostrar que estaba sin camisa bajo ella.

- Claro, señor Elric – La madre de los chicos era guapa y aparentaba tener a lo sumo unos 30 años – Sólo cuídelos bien, por favor. – le miró preocupado. Es castaño sólo asintió, disculpándose que debía retirarse ya que su hermano estaba enfermo y debía ir a verlo.

- Vaya. Debe quererlo mucho para preocuparse así de él – el padre, algo más viejo que la dama, habló – Podrían llevarse así de bien los nuestros, se la pasan peleando en el día y en la noche se disculpan solamente – sonrió triste, algo le preocupaba – Espero esto les sirva para llevarse mejor – Finalizó, mientras se levantaba de la silla y ayudaba a la mujer a levantarse. Se retiraron raudamente, ya no tenían nada que hacer ahí, excepto velar por el futuro incierto de sus hijos.

Suspiró resignado. Salió del auditorio, dejando al General y los otros alquimistas convencer a los padres de firmar la autorización… Kimbly tenía serias ganas de explotar a los que les encargaron. El General, amenazado por Riza, no pudo ponerse los guantes, el resto… Tranquilo. Lo habían conseguido sin mucho problema, con bastante tacto.

Fue a buscar al gatito y buscó al Teniente Armstrong para preguntarle donde estaba Ed. Un hospital no muy lejano, a escasas 3 cuadras de la escuela. Al parecer, se había estabilizado cuando llegó. Entró al cuarto del mayor, con serios complejos de existencia y al parecer, preparado para que lo retaran.

Sólo encontró el cuerpo en reposo de Edward en la cama. Dormía tranquilo. Vio el pecho inflarse y un suspiro ahogado escapó de sus labios. Descansaba apacible.

- No te quedes ahí Al, entra – se asustó muchísimo. No esperaba estuviera despierto – Vamos, sabes que no muerdo - recalcó esas palabras a propósito. Era tan sensual y provocador cuando quería.

- Deberías dormir un rato más – entró. Cerró la puerta tras él y dejó al gato en una silla que estaba adornando la habitación. Sólo había un jarro con agua y un vaso en un velador cerca de la cama y una gran ventana donde entraban los últimos rayos de sol. Estaba anocheciendo y no tenía permiso para quedarse como visita en el hospital.

- Ven acá Aru – estiró los brazos, para abrazar a su pequeño. Alcanzó a notar que Al no movía del todo su brazo izquierdo, lo hacía torpemente – Sácate la chaqueta, Al – le ordenó. Tenía un mal presentimiento y no sabía que tan verdad era.

Inconcientemente, Al se la sacó, sin rechistar… Después de todo, ya estaba vendado y no podía ocultárselo a su hermano… Más temprano que tarde se enteraría de su herida.

- Me hirieron mientras te desmayaste en el cerro – explicó, triste. Tenía la mirada vacía y atónita de Ed clavada en su hombro. No articuló palabra al ver la herida, por lo que deducía estaba paralizado e iba a explotar en ira cuando reaccionara – Tuve que llevarte con esa técnica a la escuela – recalcó. De seguro, Ed entendería lo que quiso decirle.

- No debiste Al - ¿Escuchó bien? ¡No lo estaba regañando! Su corazón dio un vuelco inesperado al darse cuenta que no debía contentarse por eso… Su hermano se preocupaba por él. – Estando herido debió costarte mucho más hacer la recomposición perfectamente… ¿Funcionó bien? –

- Perfecto. Edo también pasó bien la recomposición – el castaño miró al gatito como dormía nuevamente en la silla.

- No le pongas mi nombre al gato, Al – se giró en la cama, para darle la espalda al menor que estaba sentado en una orilla – No me gustan los gatos – murmuró, sin mirar a Al.

- Duerme igual que tú… ¿Puedo llevarlo a casa? – 'No'. Esperaba la respuesta, pero se demoró mucho más en venir de lo que tenía presupuestado.

- Está bien, pero deberás amaestrarlo – Seguía girado en contra del oji-plata.

No entraba en si… ¿Lo había dejado… llevar al gato?

Se abalanzó contra el rubio, lo abrazó fuertemente sin importarle que le doliera su hombro, sólo quería besarlo y agradecerle que hubiese aceptado. El rubio se giró para quedar frente a Al, que yacía semi-recostado en la cama. Sin darse cuenta, Al lo besaba profundamente… Le acaricia el cabello en la nuca y lloraba ligeramente de felicidad por esos ojos cerrados fuertemente.

- ¡Gracias nii-san! ¡Muchas gracias! – le agradeció, después de soltarlo y haberse calmado un poco. – ¡Lo cuidaré muy bien y prometo no te molestará! – volvió a besarlo, ahora suavemente, en la frente, mientras apretaba aun más el abrazo al mayor.

- Por nada, Aru… - No pudo seguir hablando, una enfermera había entrado de súbito en la habitación al escuchar tanto farfullo en ella.

- Señor, por favor, es un hospital, debe dejar descansar al joven para que se recupere… Además, ¡Vístase por lo que más quiera! – finalizó la enfermera, mientras esperaba alguna reacción del menor.

- Se quedará esta noche aquí, señorita, es mi hermano y me acompañará – Ed se había sentado en la cama, soltando el agarre de Al y miró fieramente a la enfermera – Le pido un poco de respeto, además está herido y necesita recuperarse – señaló el hombro vendado de Alphonse. La enfermera asintió enfadada, se retiró enojadísima y cerró la puerta casi de golpe, pero sería demasiada mala educación.

- ¿Pretendes que me quede aquí? – Al se acomodó en un lado de la cama, quedando tendido en esta.

- Claro, la cama es grande para los dos… En el mueble de allí – Señaló un pequeño buró que estaba en la esquina de la habitación – puedes encontrar algo que ponerte para dormir. – Finalizó, acomodándose en la otra orilla para descansar – Te espero, si es que no me quedo dormido antes – bostezó.

Alphonse se acercó al mueble que había señalado Ed, sacando un pijama azul que estaba en él. Se acercó a un biombo que había y se cambió tras este. Dejó su pantalón colgado en el aparato separador y se puso la camiseta. Salió vestido y vio a Edward ya dormido en la cama. Era increíble que estuviera bien después de haber estado en un paro respiratorio producido por quien saque que cosa…

Levantó suavemente las sábanas y se acomodó a un lado de Ed. Instintivamente y al parecer entre sueños, el mayor se giró y quedó frente a Al.

- Al… - murmuró. Pasó un brazo por la cintura del menor. Al solo atinó a abrazarle y acurrucarle más hacia si. Le encantaba esa calidez de Ed… ¡Le volvía loco!.

Así, en la misma posición, se quedaron dormidos hasta el otro día… Estaban demasiado cansados para hacer alguna cosa y disfrutaron su sueño, uno al lado del otro, sin importar nada ni nadie, ni que los mirasen si alguien entraba en la habitación. Sólo estaba Ed y Al ahí… Y el gato dormido ahora en el sofá.


¡Por fin! Dos días haciendo el capítulo 3 completo… No creí que me iba a entusiasmar tanto con mi propia historia… Cualquier comentario, dejen su review y no duden en que se los responderé.

¡Los veo en el siguiente episodio! R & R por favor