Capítulo 4 – Entrenamiento y Protección.

Si quieren saber en que me inspiré para lo que hice en el capítulo, vean la nueva foto en mi profile. Algún día pondré links para cada capítulo.

Disclaimer: Hagane no Renkinjutsushi (Full Metal Alchemist) no me pertenece. Escribo sin fines de lucro y por mera entretención para los lectores y mi persona.


No era agradable su sueño… Lo alejaban de quien más quería en el mundo y por alguien conocido. Corrió dentro de su estado, agitado, sin poder conseguir su objetivo. Lo llamaba constantemente, quería decirle aun cuanto le amaba, que no se alejase, que no se apartara de él. Lo llamaba incansablemente, mas su voz no salía de su garganta. Juntó todas sus fuerzas y lanzó un grito desgarrador y desesperado…

- ¡HERMANO! – gritó, sentándose bruscamente en la cama. Su mirada estaba perdida en algún desconocido punto, hasta que por fin pudo reaccionar. Estaba en la misma habitación donde durmió en el hospital, pero con mucha gente en ella. Vio al grupo del General ahí parados, unos de pie, otro en la silla donde estaba el gato, pero el animal yacía descansando en los pies de la cama.

Comenzó a llorar… Se sentía pésimo y para colmo lo oyeron llamando a su amado hermano… Las lágrimas escurrían por sus mejillas, hinchándole los ojos. Trató de evitarlas al taparse la cara con sus manos, pero no podía evitar que éstas escaparan.

- Al, tranquilo, estoy aquí… - Ed se acercó a la cama, apresurado. Había estado cambiándose detrás del biombo por unas ropas que el General les había traído. No había terminado de arreglarse, su camisa estaba mal abotonada y dejaba ver su pecho semi-desnudo, cuando se acercó al menor.

- No… no te vayas… - decía entre lágrimas, aguantando sus sollozos mientras se aferraba al pecho del mayor por su camisa, buscando su calor. Lo envolvieron unos brazos; sentía de nuevo el fervor que añoraba.

- Shh… Aru… Tranquilízate… No me he ido – le susurraba en el oído, tratando de calmarlo. Por fin las cristalinas lágrimas dejaban de salir de sus hermosos orbes plateadas. Empezaba a preocuparle que Al despertara así… Nunca había pasado y menos llamándolo de esa manera tan desesperada.

- Ya… Ya me siento…mejor – su voz en un hilo se desprendía de sus labios. Soltó el agarre de la camisa, dejándose atrapar por el abrazo del rubio. Cerró sus ojos de nuevo, quería seguir durmiendo. Lo consiguió, esta vez, con el cálido sentimiento que estaba ahí su hermano para protegerlo y que no se iría a ninguna parte, que no lo abandonaría.

Todos miraban extrañados la escena. No pudieron evitar el sentirse conmocionados por la cantidad de amor y ternura que podía dar Edward… Y por la inocencia que despedía Alphonse, quien daba la impresión de ser mucho más maduro que el mayor.

- Se quedó dormido de nuevo… - murmuró. Lo acomodó suavemente en la cama, arropándolo en el acto, mientras depositaba un beso en la frente del menor.

- Edward… - el General no podía sentirse mal, el rubio era demasiado cariñoso, aun estando ellos – Espero sepas lo que haces con tus estudiantes – dijo, tratando de despejar su mente de esos pensamientos de… ¿Celos?

- Si, pero sin Alphonse no me moveré ni un poco, lo necesito demasiado… - respondió, ante la pregunta del azabache – y él a mi…- murmuró, inaudible, mientras miraba tiernamente al castaño que dormía apacible nuevamente.

- Sí, sólo necesitábamos informarte de lo que te dijimos – el General miró a sus acompañantes – Te dejamos, necesitamos arreglar los últimos detalles – salió de la habitación, seguido por Riza y Armstrong, quienes le siguieron. Los otros dieron un saludo formal a Edward, mientras se retiraban igual que los otros. Escuchó el chillar de la puerta y un suave 'clic' que anunciaba el cierre de ésta.

Se acercó nuevamente al castaño, inclinándose desde su posición - Duerme Al, ya volveré por ti cuando termine de vestirme – le susurró al oído al dormido castaño. Sintió como éste se estremecía por su comentario… Lo más probable le haya gustado la sensación.

Fue detrás del biombo y terminó de vestirse. No tenía otra opción más que usar el traje que le llevaron y le obligarían a usar por parte de ese día; el uniforme militar a su medida. Había uno para Al igual, un poco más grande… Tendría que explicarle el porque debían usarlos, por mucho que los negaran.

Comenzó a meditar el extraño suceso que le tocó calmar. Alphonse estaba utilizando mucho esa "alquimia" y comenzaba a preocuparse. Los efectos secundarios eran ya visiblemente notables y él cada vez se sentía más débil. La diferencia de todo era que el efecto era reversible, demostrando sus sentimientos puros, tal como lo había echo recién. Aún no se daba cuenta del gran alcance que tenía esa misteriosa alquimia con la que pudo devolverle el cuerpo a Al. Se sentía culpable por no contarle nada al menor, pero si lo hacía de seguro éste no lo iba a permitir y buscaría la forma de devolverle lo que había ofrecido a cambio… No era justo, pero consiguió a tiempo la fórmula para evitar ese terrible sueño que lo embargó alguna vez. Algún día le contaría a Alphonse sobre su nuevo 'pecado', sólo si este prometía no cometer alguna tontería.

Terminó de vestirse. Al menos pudo conservar las botas que usaba. Iría a casa por otros trajes, definitivamente. Ya vestido, se acercó a su pequeño, susurrándole palabras al oído para despertarlo.

- Aru… Despierta. Es hora de irnos ya – le acaricia los flequillos que caían por su frente, peinándolos y moviéndolos sutilmente.

- Cinco minutos… Por favor – entre sus sueños, Al parecía no querer despertar.

Iba a responderle, pero algo le llamó la atención. El animal a los pies de la cama se aproximaba hacia la cabeza de Al. Lo miró extrañado, parecía querer ayudar a despertarlo. Se acercó al rostro de Al y comenzó a acariciarle con su cabeza el pómulo de su cara, acariciando suavemente con sus finos y blancos bigotes el rostro. Observé que Al levantaba su mano y parecía rascarse suavemente por donde pasaron los bigotes, dándole cosquillas.

Después de todo, dejar al gato no fue mala idea. Escuché un farfullo que salía de la boca de Al, al parecer molesto y a la vez divertido.

- No, Edo… si ya me voy a levantar… - ¡Por fin abrió los ojos! Me quedé contemplando como Alphonse instintivamente acariciaba al minino, mientras se sentaba pesadamente en la cama. Se talló los ojos buscando centrar la vista y lo vio ahí parado, vestido de militar. No pudo evitar que un tono carmesí le inundara las mejillas, se veía realmente apuesto y… sexy con ese traje.

- No me mires así, Al… Sabes que no me gusta el uniforme – Fue lo único que atinó a decir luego de ver esa expresión lujuriosa en su rostro. – Hay uno para ti también. Solo póntelo y por el camino te explico porque debemos usarlos – Se adelantó a cualquier réplica que pudiera hacerle el menor… Sus intenciones de discutir llegaban a su sima y en realidad, eso era muy bajo.

- ¿Y mis buenos días? – Dijo. No pudo evitar, después de todo, un reclamo del menor.

"Eres increíble Alphonse" fue lo único que pudo pensar antes de resignarse. Se acercó al menor y le dio un suave beso en los labios, pero el menor lo profundizó antes de poder separarse. Jugaron un rato con sus lenguas, pero la falta de oxígeno era algo que aún no se podía solucionar y mejor que así se mantuviera. Buscaron aire y quedaron viéndose fijamente; Oro contra plata.

- Buenos días, dormilón – sus labios rozaban los del castaño mientras decía las palabras, despacio y provocador. Se separó para contemplar al desaliñado Alphonse recién despertado. Su pelo estaba realmente desastroso, pero con una buena ducha volvería al estado normal y podría acariciarlo sin miedo a seguir despeinándolo. – Levántate. Te esperaré afuera. Iré a comprar algo para desayunar mientras te arreglas – Tomó el pantalón que usó el día anterior y sacó su billetera de uno de sus bolsillos. Miró de vuelta a su pequeño y pudo ver que se levantaba lentamente, sacudiéndose la modorra.

Abrió la puerta y lo dejó ahí. Llegó a la entrada y le dijo a la recepcionista que su habitación ya estaría desocupada cuando salga un chico de cabello castaño vestido de militar. Debía avisar su salida para dejar disponible su habitación a algún otro paciente.

Mientras tanto, el menor fue por una cálida ducha, mientras lavaba su cuerpo y enjuagaba su cabello. Pensaba en el sueño que había tenido y que le llamaba tanto la atención. Luego recuerda algunos factores: Gente, lágrimas, amor, abrazo, sueño de nuevo. 'Sólo fue un sueño' pensó. No recordaba nada más, excepto las palabras de su hermano en su oído antes de dormir de nuevo. Cerró la llave del agua terminadas sus labores de aseo. Estiró su brazo por su toalla y se secó las gotas de agua que resbalaban por su desnudo cuerpo. (N. del A.: Very Cute!)

Se vistió calmadamente, procurando no forzar mucho el hombro, ya que no tenía vendajes pero ya había empezado a sanar. Otra cualidad extraña, no recordaba poder sanar tan rápido. Cogió al gato en sus brazos ya vestido formal y se dirigió a la salida, saludando amistosamente a la recepcionista y despidiéndose a la vez por la corta estadía.

- ¡Nii-san! – gritó. Estaba a unos cuantos metros, así que caminó rápidamente. Llevaba unas bolsas en su mano izquierda y en el brazo derecho sostenía lo que parecía una taza de café.

- Al fin saliste, Aru… Toma, tu café – le extendió el café. Acomodó al gato en un brazo y con la mano disponible recibió la taza. Estaba caliente.

- Gracias… ¿Vamos a la escuela ahora? – Dijo, mientras comenzaban a caminar, al parecer con el rumbo dicho.

- Pues si, debemos presentarnos oficialmente. Al parecer, el Führer viene de visita y quiere ver los avances en la operación de Mustang, por lo que nos pidió usáramos estos incómodos trajes – Tomó un costado de la ropa, estirándola, haciendo ver que le incomodaban increíblemente – Luego iré a casa por nuestra ropa, pero deberás esperarme con los chicos – dijo. Metió su mano metálica enguantada en la bolsa, sacando un panecillo dulce. Lo saboreó y le mordió. Extendió el pan a la boca del menor, sabiendo que éste no podría tomar más cosas con sus ocupadas manos – Come, están deliciosos – sonrió.

Al miraba extrañado, pero tierno. Realmente, ¿Desde cuándo Ed se comportaba tan tierno? Quizás en los dos años no lo había siquiera notado, ya que para él era muy habitual ese tono, aunque con el resto era muy distinto. Decidió abrir la boca y comer un poco de lo que le ofrecían. Era dulce y amargo, con sabor a… ¿Ed y vainilla? Era el sabor típico de la pasta dental que sentía por las mañanas cuando lo saludaba en casa, pero con un dulzón típico de sus labios.

- Está sabroso, tiene sabor a ti – Cuando terminó de comer, habló. Bebió un sorbo de su café y vio que Edward estaba ligeramente sonrojado – ¿Qué hice ahora? – preguntó, confuso.

- No, es que… No recuerdo cuando fue la última vez que dijiste eso y casi me da un infarto porque aun no te decía cuanto te amaba – Rió gracioso – Como pasa el tiempo, ¿No crees, Al? – le miró, tierno y con esas enormes orbes doradas relampagueantes, absorbiendo toda la luz del sol matutino.

- Lo recuerdo… Ahí empecé a sospechar que tendría una oportunidad contigo – Bebió el último trago de su café, acomodando su cabeza sobre la de Ed – Además, nunca pensé ser ligeramente más alto que tu – sonrió. El rubio no replicó… Quería demasiado a Alphonse como para enojarse con él por su estatura. Ya lo había superado, al menos con él.

Vieron la entrada del establecimiento. Había grandes delegaciones de importantes Generales de los cuarteles Norte; La Mayor General Armstrong era quien más destacaba. Nunca salía en reconocimientos como estos, pero parecía ¿Feliz? Otros Generales del Sur, Este y Oeste se encontraban fuertemente resguardados, al igual que el Führer. Se acercaron al lugar, sin cambiar de posición y entraron como si nada.

Los Generales todos, a excepción del Führer se formaron ante los hermanos. Al parecer la noticia de ser el puesto directamente inferior del Führer era una noticia que corría bastante rápida. Alphonse estaba sorprendido ante tanta 'caballerosidad'.

- Buenos días jóvenes Elric, estábamos esperándolos para iniciar el trayecto por la escuela y su campo de entrenamiento. – El Führer era una persona recta, enterada de todos sus pasos y para colmo, muy sabia. Ni se asemeja a Wrath (1), pensaban ambos hermanos.

- Si, claro General – El rubio se separó un poco de Alphonse, pero aún así, seguía aferrado al brazo de éste mientras el gatito seguía durmiendo, aun con tantas personas por ahí. – Adelante, pasen todos. No es una gran escuela, pero tiene excelentes alumnos – sonrió, un poco nervioso – Alphonse será el guía, ya que conoce mucho mejor la escuela – señaló con la mirada al castaño, quien estaba rojísimo y con la presión a mil.

- Preferimos ir a inspeccionar su zona de entrenamiento y luego los Generales se retirarán – El viejo tenía algo entre manos. Se le notaba cierto destello en esos ojos rasgados y casi cerrados.

- Muy bien, Generalísimo. Si nos siguen, podremos llegar en unos 10 minutos caminando. No está lejos pero es imposible acceder en vehículo – dijo, mientras veía ciertos movimientos de los cocheros -.

- Claro joven… Caminaremos. Es un bello día y es mejor para disfrutar un paseo tranquilo cuando se está bien acompañado – comenzaron su trayecto. Edward y Al notoriamente sonrojados iban adelante… Ellos sabían el camino. Atrás venía el Führer y su escolta, seguidos por los Generales y un escuadrón de Alquimistas Nacionales como guardaespaldas.

Caminaron exactamente siete minutos cuando llegaron al lugar. Extrañamente, sólo los hermanos podían acercarse al lugar. Instintivamente el Führer se detuvo en su marcha al notar que no podría seguir.

- Este fue el lugar, cierto, ¿Alphonse? – El Führer interrogaba ahora al castaño, que se daba vuelta de inmediato – Han conseguido muy buenos elementos, pero necesito saques los círculos activos que protegen el monte – El viejo ahora estaba serio. Los Generales impactados y los alquimistas presentes no entendían. Estaban inhabilitados en su alquimia…

- Señor, los círculos sólo se desactivarán dentro de 2 semanas y dos días – Alphonse ya no podía ocultar sus nervios – Además, la zona de la recomposición está asegurada para evitar investigaciones de extraños – Sudaba frío. Edward, sorprendido, no entendía ni media palabra de lo que hablaban.

- Entiendo. Volveré en el tiempo que has dicho…- el viejo quería seguir, pero le dio paso al menor, que al parecer quería decir algo.

- Será imposible señor, el terreno será destruido cuando se desactive la protección instalada – Ya se había calmado un poco. No podía mentirle a la máxima autoridad de los militares y no pretendía hacerlo.

- ¡Señor! ¡Déjenos investigar el anillo y podremos tener las respuestas que quiere! – El General del Sur se acercó rápidamente, parecía bastante molesto ante tanta negativa.

- Denegado General – El Führer y Edward habían pensado lo mismo. Se miraron algo sorprendidos, pero el Führer siguió la conversación – No se le puede pedir eso. Es de valor y propiedad del señor Edward Elric, quien ya sabemos no aprobará su petición – Sonrió, satisfecho. – Joven Alphonse, vendré en el tiempo que ha dicho y espero pueda demostrarme una vez su nuevo potencial – se giró. Les dio la espalda y caminó con dirección a la escuela – Orden de prohibición de acercamiento a 20 metros de este lugar a la redonda para todo oficial no autorizado por los Elric – el Führer se abrió paso por sus Generales, quienes asintieron ante su orden.

Los vio alejarse, pero la Mayor General Armstrong no les quitaba la vista de encima. Parecía querer decirles algo, advertirles, pero no pudo en ese momento. Sólo se alejó con el resto, al parecer murmurando y bastante inquietos.

- Me debes una gran explicación, Alphonse Elric de la Luz (2) – jamás en toda la vida habían usado el apellido de su padre y no pretendía escucharlo jamás, pero Edward estaba serio y con ciertas ganas de acribillarse con la única persona ahí presente… Y de paso, el gato también.

- Edo…Digo… Ed… No me llames así, por favor – susurró. No le gustaba le mirasen así y se sentía enormemente culpable por haberle ocultado toda esa información a Edward.

- Tienes de aquí a la escuela para explicarme detalladamente que sucedió recién y con todo detalle… - lo miró fulminante. Llevaba muchos años sin usar esa mirada con él; estaba molesto, furioso.

Comenzaron la caminata y la larga explicación del castaño. Tuvo que empezar desde el momento en que Edward se había desmayado, estuvo en la batalla, creó los muros con círculos de protección en 8 puntos del monte y la zona donde hizo la descomposición de materia estaba destruida ya. Él ya sabía que muchos andaban tras la alquimia del anillo de Ed, pero nadie se había atrevido hasta el momento a averiguar sus límites. Alphonse tenía miedo de que pudiera pasarle a su hermano si permitía todo eso, por lo que una vez conversó con el Führer y le dio muchísima información… Confusa e incompleta, ya que la otra mitad de la información la tenía el rubio.

- Al menos ahora me dejas más tranquilo, Aru – dijo Edward, suspirando resignado luego de llegar a la escuela y dirigirse a una oficina desocupada con Al. Dejaron al gato dar unas vueltas por el patio. Al parecer, ya no se perdería.

- Disculpa nii-san, no quise mentirte – Al cerraba la puerta tras si. Se sentía terriblemente culpable. Tenía motivos, pero debió contárselos para evitar una situación como la que pasaron – No… No volveré a mentirte – Se sentó en un sofá, dejando caer su peso completo sobre éste. Posó sus codos en sus rodillas y se tapó la cara. Sentía la mirada de Ed clavada en su cabeza… Tenía miedo y peor aun, volvía a tener esa sensación de soledad del sueño.

Imposible. Era realmente imposible que fuera tan tierno e inocente… Era incapaz de enojarse por mucho con Alphonse y sabía había cometido un error al llamarlo con el apellido de su padre. Quizás fue un poco duro y le partía el corazón ver al menor así de deprimido.

Sentí como se acercaba, se paraba frente mío y… ¿Se agachó frente a mí? Levanté ligeramente la cabeza… Y ahí estaban esos enormes orbes de oro mirándome con pena, con síndrome de culpa. No pude resistirme… No podía quitarle la vista de encima. Penetrantes, escudriñaban mis pensamientos, poniéndome nervioso. Ed sabía exactamente como me ponía cuando hacía eso… ¡Era un bastardo! ¡Soy vulnerable a esa mirada!

- No…hagas… eso – musité, desesperado. No podía apartar la vista. Al fin de cuentas, cerramos la puerta con llave y dejamos que las cosas pasaran. Debo admitir que el sofá no era lo más cómo del mundo, pero cumplía expectativas razonables. Al fin y al cabo, me había disculpado… A su modo, que me embriaga.


- Es hora del entrenamiento chicos – Edward estaba muy entusiasta luego de semejante reconciliación con el castaño, quien estaba bastante desaliñado luego del encuentro y por lo visto, cansado. - ¿Quieren de verdad seguir el entrenamiento? – les preguntó. Necesitaba saber la respuesta de sus corazones y no de una orden.

- ¡Claro! ¡Por algo estamos aquí! – Loth era el más entusiasta. Iban vestidos casuales, ya que tuvieron tiempo de ir a cambiarse por órdenes de los Elric en la hora de almuerzo.

- No pregunte cosas sin sentido, estamos aquí porque queremos – Van respondió fiero. Existía esa determinación en los ojos de los menores. La misma que tuvieron ellos al enfrentar a su maestra.

- Está bien… Irán con Alphonse a su lugar – Miró al castaño… Estaba adolorido y se quejaba de su "espalda"… Extrañamente, tenía su mano en la zona más baja de su espalda… Quizás fue un poco 'bruto' después de todo. (N. del A.: ¡XD!)

- Eh… Si… Vamos… - el castaño comenzó a caminar, lento… Le dolía todo. Las iba a pagar caro esa noche el dorado. – Llévate a Edo, dale tu leche y tráeme otro traje… Ya no soporto este uniforme – Dijo, mientras se alejaba. En realidad, necesitaría un baño caliente y una buena siesta.

- ¡Recuerda decirles lo que comentamos! – gritó Ed, que se alejaba con dirección a casa con Edo a hacer los encargos del menor. Jamás pensó cargar un gato y lo estaba haciendo todo por Al… Y porque el gato se tomaría la leche que tanto odiaba.

Llegó a su destino. Dejó al gato en la cocina mientras le servía un plato con leche. Extrañamente, el gato bebió un poco y… ¡La escupió! ¡Un gato que no le gusta la leche!

- Te pusieron bien el nombre… - dijo Ed, mirando entretenido al animal – Toma un poco de agua mejor – Botó la leche por el desagüe, cambiándole el líquido por agua fresca.

El gato se acercó desconfiado, bebió un poco… Y siguió bebiendo. Estaba sediento al parecer.

- Iré por nuestra ropa – Miró al gato firme – Y tú, te quedarás aquí. Nada de usar nuestra cama para dormir… Si quieres usa el sofá – le ordenó. Al parecer, le había entendido, ya que corrió a la sala de estudio donde estaba el sofá preferido de Ed… Se afiló un poco las garras y saltó encima para quedarse profundamente dormido.

- Te odio – lo miró con inocente cara malvada (o).

Fue a la habitación que compartían y saco algunas prendas. Decidió lavarse el cabello y refrescar un poco su automail, ya que estaba bastante apretado entre el uniforme militar. Se secó rápidamente, cogió un pequeño bolso donde guardó la ropa de Al y puso la suya a un lado para vestirse.


Escena Prohibida. No describiré como se viste…


Salió apresurado de la habitación. Ya estaba atrasado y debía juntarse con Al antes que dejara a los chicos adentro del lugar.

Corrió desesperado. Por suerte, aún conservaba su agilidad. Su gabardina roja ondeaba al viento mientras corría. Hacía mucho no usaba su vestimenta típica de alquimista. Se sentía rejuvenecido, aunque no era muy viejo.

Corrió durante 10 minutos más, hasta que vio el monte cercano y… peculiares destellos azules que chocaban contra… ¿Una muralla?

Vio la figura de Alphonse detrás de esa peculiar muralla, mientras veía resignado quien era el causante de dichos destellos…

- ¡Kimbly! – gritó el rubio, pero fue arrastrado por un movimiento rápido de Al hacia el sector protegido. Vio a los chicos, asustados, abrazados… Contemplaban esa escena que no debieron haber visto nunca.

- Vaya, por fin llegas Edward – sonrió macabro - ¡Déjenme entrar bastardos! ¡No pueden negar la información a los Generales! – gritó, haciendo explotar otra bomba en la muralla invisible.

- ¡Ya dijimos que no Kimbly! – Alphonse gritaba desde el otro lado, protegido al menos de las explosiones que se iban acrecentando mientras más se enfurecía.

- Kimbly, te ordeno te detengas…Un superior te lo exige – Edward lucía aparentemente más calmado que Alphonse, pero sólo se contenía de salir a golpearlo - ¡Si tanto quieres saber el secreto deberías aprender a querer y amar, estúpido! – gritó, ya en cólera.

Kimbly se detuvo, estupefacto. No podía creer que fuese tan simple la respuesta… Estuvo frente a él todo el tiempo y al lado de Edward siempre… - ¡ES ALPHONSE! –exclamó, victorioso por su deducción…

- ¿Qué? – Alphonse miraba asustado a Edward, quien salía de la protección para encarar a un Kimbly desconcertado y absorto en sus pensamientos. - ¿Qué…?- no pudo seguir, vio como Edward empezaba una prominente paliza contra el alquimista carmesí, sin freno alguno. Comenzaron a saltar gotas de sangre por el suelo…

- ¡Quedas arrestado por atentar… contra la vida de dos altos oficiales… y dos civiles indefensos! – gritaba, jadeando, mientras asestaba un fiero puñetazo en el rostro ya desfigurado de Kimbly, que no dejaba de reír como estúpido - ¡Y por atentar principalmente contra la vida de Alphonse! – gritó, finalmente, deteniendo sus golpes luego de dejar inconciente y moribundo al alquimista carmesí.

Los pequeños sólo habían atinado a abrazarse y no mirar que sucedía… Querían olvidar la faceta más inhumana de Edward. Alphonse sólo atinó a salir y acercarse al mayor, mirando perplejo y con la mirada perdida en Kimbly.

- ¡¿Qué has hecho hermano?! – gritó Alphonse, acercándose al inconciente cuerpo de Kimbly… No se atrevía a tocarle, le era repulsivo aunque sabía que debía ayudarlo. No le reaccionaban las piernas y las manos le temblaban.

- Él… ¡Intento matarlos! ¡Al, no le puedes defender! – Edward miraba al menor, mientras sus guantes manchados de sangre destilaban finas gotas por sus dedos caídos. Quizás se había excedido.

- Pe…Pero…- No podía seguir hablando. Se echó a correr de ahí, adentrándose bruscamente en el bosque de entrenamiento para los chicos.

- ¡AL! – Gritó, desconsolado - ¡No te vayas! – Trató de seguirle, pero los chicos se cruzaron en su camino… Estaban en shock, pero reaccionaron ante los gritos desesperados del rubio.

- Déjalo… Necesita pensar – Richtofen se cruzó, con la mirada fija en Edward, desafiándolo.

- ¡Déjenme pasar! ¡Está sólo ahí dentro! – sus ojos empezaron a arderle, quería llorar e ir por su pequeño que sólo estaba confundido - ¡No entiendes! ¡Me necesita! – trató de pasar, pero ahora Loth se le había cruzado en el camino.

- ¡No! ¡Sólo lo lastimarás! – el menor lloraba. Él podía comprender los pensamientos confusos de Al…

- ¡Que me dejen pasar, por lo que más quieran! – comenzaron a salir sus lágrimas, mientras era retenido fuertemente por los menores, intentando no se acercaran al castaño.

- ¿¡Qué demonios significa esto Fullmetal!? – El General en acción. Llegó con todo un escuadrón de militares armados hasta los dientes - ¡Mataste a Kimbly! – gritó, con voz autoritaria mientras se acercaba al cuerpo que yacía inconciente.

- ¡Al está en el bosque! ¡Déjame ir por él! – seguía luchando, pero ahora unos militares lo sujetaban fuertemente por los brazos. No tenía oportunidad contra ellos, eran muchos más.

- ¡Tranquilízate Fullmetal! – el General había acertado una sonora cachetada en la mejilla del rubio. Ya no se movía, tenía la mirada perdida en el bosque por la ruta que había tomado Alphonse.

- ¡Dime que sucedió! – le ordenaba a Ed, pero no conseguía más que murmullos de "Al…Al… Debo ir por Al…"

- Ese alquimista nos atacó General – Van Richtofen se había dirigido al azabache, quien los miraba incrédulos. El menor solo asintió ante las preguntas de Mustang… Todo indicaba que era cierto lo que decía Edward.

- Él dijo que… Lo acusaba por… Intento de asesinato… De dos altos oficiales y… de nosotros… - Al mayor le costaba articular palabra. Miraba de reojo a Edward quien yacía sentado bajo un árbol sin vida, con el rostro demacrado. – Nos protegió… - finalizó.

- ¡Iré yo mismo a buscar a Alphonse! – el General estaba en crisis. Kimbly después de todo no era confiable para la misión… Por suerte para Edward, estaba vivo pero muy herido.

- No puedes – El rubio se había acercado de nuevo, con el rostro bajo y con la voz en un hilo – Sólo nosotros podemos pasar la protección de Alphonse – dijo, cruzando la muralla. El General intentó seguirle, pero rebotó ante una muralla invisible.

- ¿Qué demonios? – dijo, mientras golpeaba ahora suavemente con una mano la fortaleza que tenía frente a sus ojos. Era una verdadera obra de los Elric el poder realizar cosas así… - ¡Ve por él! Tienes dos horas para hacerlo o echo abajo esta muralla – Ordenó. Edward sólo asintió sin mirarlo y se echó a correr con la dirección que había tomado el oji-plata.

- ¿Nosotros?… ¿Qué hacemos? – dijo Van. Estaba confuso y con miedo. No deseaba ser así, como el rubio… Aunque quizás si lo haría por amor a su hermano. Eso es lo único que comprendía del acto de Ed y era todo lo que necesitaba comprender.

- Se quedarán aquí… Serán vigilados por dos guardias mientras llegan esos dos – molesto, Roy se alejó raudamente. Debía ver si Kimbly seguía vivo para evitar un juicio para los Elric. Estaba preocupado por los hermanos pero no podía hacer nada. Paradójicamente, esa muralla era la que necesitaba cruzar si quería poder tener a quien quería…


Edward PoV


No sabía por donde buscar, por lo que me dirigí solo hacia el centro del monte. Quizás estaba en el riachuelo que pasaba por ahí. Sus pies lo guiaban instintivamente, mientras pensaba mil y un maneras de cómo disculparse. Fue un tonto al reaccionar así, pero no quería ver sufrir a nadie… Ilógico, si igual lo había provocado.

- ¡AL! – grité. Era inútil. Se que no me va a contestar. Sólo quiere alejarse de mí… - ¡Por favor! ¡Déjame explicarte! – de nuevo, sin respuesta.

- ¡No tienes nada que explicar! – ¡Lo escuché! Estaba cerca, pero al parecer no quería le encontrara. Es bastante astuto para ocultarse, pero no recuerda que siempre era yo quien lo encontraba.

- ¡Claro que sí! ¡Fui un idiota, pero quiero disculparme contigo! – Seguí 'conversando con él'. Esperaba alguna respuesta rápida, mas solo caminé en círculos para tratar de averiguar donde estaba.

- ¡Aléjate! ¡No quiero verte! – ahí estaba de nuevo. Pude distinguir de donde venía la voz esta vez, pero Alphonse se resistía… ¡Empezó a atacarme con trampas!

- ¡Déjame verte al menos! – grité, mientras esquivaba otro ataque. No eran trampas, las hacía el mismo. Finalmente, desistí. Sólo seguí caminando hacia donde creía estaba.

- ¡No te acerques! – de nuevo… ¿No ves que deseo tenerte a mi lado? Sentí un puño golpearme el estómago. Lo vi venir, pero no intenté esquivarlo. Si era necesario, iba a morir para verlo.

- Al… - me dejó sin aliento ese golpe. Seguí caminando, casi pegado a la tierra… Ese golpe me aturdió, definitivamente. ¡Sólo deseo ver sus ojos de nuevo! No quise lastimarte Al… - Discúlpame… - dije, ya sin gritar. No tenía aire para vociferar más palabras.

Otro ataque, esta vez, me golpeó el brazo metálico y lo descompuso. Ya no podía moverlo… Dios, Al si está enfadado. Otro más, esta vez en mi espalda, me dejó estampado en el suelo. Ya podía ver la silueta de Al bajo el árbol, mientras lloraba. No pude evitar toser por el golpe, salpicando sangre.

- ¡Esquívalos! – me gritó, pero no se atrevió a atacarme de nuevo. Ya no tengo fuerzas para pararme, pero si era arrastrándome llegaría a él. - ¡No te acerques, maldición! – se paró, pero no se alejó… Si no que se acercó a mí. Debo tener un aspecto fatal con tanto golpe encima.

- Aru… Dis… - tosí de nuevo, se me nublaba la vista – Discúlpame – Fue lo único que atiné a decir. Ya no tenía ánimos de seguir discutiendo, siempre es para peor. Al menos algo aprendí de tantas discusiones.

- ¡¿Por qué no los esquivaste!? – me gritó, mientras me tomaba del suelo y me abrazaba. Observé que lloraba, sus ojos ya estaban hinchados de tanto hacerlo - ¿Por qué me quieres tanto que eres capaz de sacrificarte? – Eso no me gustó como sonó… Estaba confundido y dolido.

- ¿Qué… quieres decir, Aru? – articulé como pude esas palabras, de verdad, necesitaba un descanso… Aunque ese sueño no era habitual. ¿Podía ser acaso…?

- Fui un tonto – lloraba, mientras me abrazaba aún más fuerte – ¡Te amo demasiado y tu me haces esto! – gritaba desconsolado. Levanté mi brazo humano para acariciarle la mejilla y secarle unas lágrimas que caían. Sentía mi cuerpo pesado, debe ser por el golpe. - ¡Explícame porque sacrificaste tus sentimientos por mi cuerpo! - ¿¡Qué?! ¿Ya lo había descubierto en tan poco tiempo? - ¡Eres un tonto! – escondió su rostro en mi pecho, de verdad sufría. No debí ocultárselo…

- Fue la única forma de hacerlo… Es mucho más poderoso que cualquier catalizador o amplificador… Es eterno – Le dije, suavemente, mientras le acariciaba la nuca suavemente y trataba de tranquilizarlo.

- Me lo quité y quise destruirlo, pero no fui capaz… Fue imposible – Dijo. Sabía a que se refería, por lo que busqué su mano y tanteé para saber si aún estaba ahí. Siempre había estado ahí… Fue un gran alivio, pero no podía evitar sentirme peor.

- Te amo Al – Fue lo ultimo que le dije, antes de quedarme dormido. El brazo mecánico ya me pesaba y los golpes me habían aturdido.


Fin Edward PoV


Lo miró con sus ojos llenos de lágrimas. No podía sentirse más fatal… Ahora comprendía el por qué era tan necesario él para el y viceversa. Era una necesidad, una forma de vivir, un amor puro…

- Lo siento Ed, lo siento mucho – dijo, mientras lo abrazaba con más fuerza. No podía evitar mirar su brazo mecánico deshecho por sus golpes, las frías marcas en el pecho y… ¿Una bolsa?

Después de todo, fue a casa sólo para buscarle ropa cómoda… Nada hubiese pasado si no le hubiese pedido separarse de él. ¡Era su culpa! Y un dolor apretaba su pecho, como un alfiler pinchando su corazón… Una espada atravesándole.

Tomó el inconciente cuerpo del mayor. Por suerte, era liviano y pudo cargarlo hacia un árbol cercano. Lo dejó ahí apoyado mientras sacaba agua de una vertiente cercana. Rasgó su traje y lo usó como paño para limpiarle el rostro con cuidado. No pudo evitar sentirse culpable de todo lo sucedido… Era débil, pero él era su complemento. Acarició los cabellos de oro de su frente y los acomodó.

Se alejó un poco. Se cambiaría el traje por la ropa que le había traído… Quería darle una sorpresa cuando despertara. Y una gran disculpa en casa.

Procedió a cambiarse, sin poder notar que era su vestimenta favorita. Su traje de alquimista, idéntico al de Edward. Sacó todas las prendas, sin poder evitar mirar el fondo asombrado… ¡La gabardina azul! Esa que tanto le había pedido… La tenía frente a él. La tomó con fuerza y se la llevó a al pecho, abrazándola con fuerza.

- Yo igual te amo… Ed – dijo, mientras terminaba de cambiarse y se sujetaba la última prenda a su cuello, cerrándola con el broche superior. Era su talla… Le conocía demasiado.

Se acercó al cuerpo dormido de su cuerpo y trató de despertadlo suavemente. Reaccionó rápido.

- Al… - dijo, mirando al menor de pies a cabeza vestido con la ropa que le trajo. – Te queda perfecto el azul – Rió, mientras trataba de incorporarse. El castaño le ayudó, pasando un brazo por la espalda del mayor. Comenzaron a caminar, rumbo a la entrada. No cruzaron palabras durante todo el trayecto; sobraban.

Se detuvieron. El rubio calculaba que quedaban aproximadamente unos 50 metros antes de salir. El castaño lo miró extrañado.

- Perdóname… Fue lo único que pude pensar para ayudarte en ese momento – le dijo, mirando el rostro de Al.

El menor no dijo palabra alguna, solo le dio un beso en los labios para después separarse.

- Siempre te querré, aunque quizás sea una dependencia para ti – Bajó la cabeza. Debía decírselo o iba a explotar con esa amargura dentro.

- No es cierto… Cuando me di cuenta, ya te amaba desde siempre – Le dio un beso en la frente – No es dependencia por eso… Es que te amo Al – le dijo, para abrazarlo fuertemente – No pienso mi vida sin ti… Daría la mía si fuese necesario – le dijo al oído, susurrando suavemente las palabras.

- Te amo Ed – respondió. No era como pensaba… Era mucho mejor. En realidad estaba dispuesto a todo por él y solamente dudaba… '¡Que tonto fui!' pensó.

- Vamos, el General debe estar afuera esperándonos – dijo, mientras comenzaba a caminar, sujetando de la cintura a Al para llevarlo consigo.

Salieron de los altos muros, y vieron a sus estudiantes sentados con dos guardias a los lados, un Roy Mustang aburrido de esperar y un escuadrón listo para arrestarlo al parecer.

- ¿Quieren arrestarme, oficial? – dijo Edward, sin cruzar la frontera invisible que los separaba.

- No salgas de ahí Fullmetal – Mustang lo miraba con los ojos entrecerrados y el cabello azabache ondulante por la brisa – Te acusarán de 'apalear' a un alquimista nacional bajo órdenes directas del General del Sur – finalizó. Era la única forma de evitar que los arrestasen.

- General de Brigada Roy Mustang, debe dejarnos cumplir las órdenes del General Blizt sin interrupciones – El oficial a cargo se acercó hacia Edward, pero no pudo tocarlo - ¿Qué demonios? – Dijo, palpando la muralla – Sal de ahí Fullmetal, serás interrogado y sometido a juicio militar – Impotencia. Deseaba arrestarlo mientras fuese posible.

- En dos semanas podrá, oficial. Mi autoridad no ha sido degradada, por lo que sólo un subordinado directo del Führer puede arrestarme con una carta firmada con su puño y letra –Tomó su brazo inmóvil con el otro… Trató de cruzarlos pero fue imposible, mientras seguía su parlamento – Espero ver la orden y saldré de aquí antes. Ahora, si me permite… - dijo, saliendo de la barrera y acercándose a los chicos.

Varios oficiales de alto rango se le acercaron infructuosamente, ya que algunas balas de cierto francotirador se lo impedían.

- Él tiene razón – dijo Mustang, metiendo las manos en sus bolsillos – Mi guarda espalda no dejará toquen a un oficial de mayor rango que ustedes – Miró fieros a los oficiales, quienes estaba temerosos de intentar acercarse más.

- ¡Mustang! ¡No puedes revelarte ante las órdenes de un superior! – el que antes hablaba con Ed se había acercado peligrosamente al azabache, pero una bala le rozó el rostro, haciéndolo sangrar en un hilo.

- No se atreva. Sigo órdenes del alquimista que intenta arrestar, al igual que todos esos hombres apuntándoles – señaló un árbol a la distancia, dejando ver a 7 francotiradores apuntándole la cabeza a los oficiales.

- Pagarás por esto Mustang… Vendré con la orden del Führer y me lo llevaré – se dio media vuelta, cubriendo su mejilla sangrante con su mano - ¡Nos vamos! – gritó. Salió a paso rápido de ahí. De seguro trataría de conseguir de inmediato la orden.

Mientras la disputa seguía, Edward ya había hablado con los muchachos. Les contó del problema rápidamente y los invitó al sitio de entrenamiento. Al principio dudaron, pero luego decidieron volver a confiar.

- Te salvé esta vez Fullmetal, no cuentas la misma historia dos veces – Alzó su mano, anunciando retirada del lugar a su hombres – No salgas de ahí bajo ningún motivo. Lo mismo para ti Alphonse. – Se retiraba del lugar rápidamente. Debía convencer al Führer que no arrestase a Edward ni a Alphonse.

- Gracias Roy – dijo, mientras se cruzaron una fugaz mirada. Fue una despedida de dos semanas.

Se encaminaron al lugar. Debían cuidar de los muchachos y de alguna forma convivir con ellos a las afueras de los muros, a la intemperie. Comenzaron la larga explicación de que harían en todo ese tiempo…

- ¡Estáis locos! – Richtofen alegaba. - ¡Pretender sobrevivamos dos semanas sin haber traído siquiera algo para la noche! – se paró de su lugar. No soportaba tanta incoherencia de parte de los Elric.

- Tranquilo – Alphonse era más templado. Podría con él – Con Edward sobrevivimos un mes en una isla cuando éramos menores que ustedes – Buscaba otras palabras más exactas… Ahí se le ocurrió – Pero ustedes tienen una ventaja, se tienen el uno al otro – sonrió. Edward no pudo evitar sonrojarse por ese comentario. A esa edad ya tenía ciertos sentimientos encontrados con Al, pero no fue hasta más tarde que pudo definirlos correctamente como amor.

- Vamos Van, será un gran reto – Loth miró al pelirrojo. Éste asintió luego de meditarlo un rato en su posición. Era increíble el poder de convencimiento de una mirada del púrpura.

- Está bien… ¿Qué debemos hacer exactamente? – Ofuscado, se sentó de nuevo.

- Deben sobrevivir dos semanas a partir de hoy y decirnos que significa "Uno es todo, todo es uno". Es todo, simple y sencillo – Edward ya no soportaba más la situación, quería descansar un momento y tratar de reparar su brazo; llamaría a Winry cuando pudiese.

- Es hora muchachos… - Alphonse golpeaba sus manos y tocaba el muro, transmutando una puerta frente a ellos. – Entren. Volveremos a verlos en dos semanas – dijo, abriéndola y dejando a los muchachos tras ella. Repitió el acto con sus manos y volvió el muro a su estado normal.

- Olvidé darles un cuchillo, Al – dijo Ed, mirando su mano humana que sostenía el arma preparada para ellos. Liberó una risa nerviosa mientras sentía el golpe en su nuca. -¡Eso duele Al! – unas lágrimas falsas salían de sus vidriosos ojos.

- Dámelo… - extendió su mano, recibiendo el arma – Iré a dejárselos… Mientras busca un lugar donde quedarnos esta noche. Aprovecharé y buscaré algo que comer – Había vuelto a repetir su accionar, esta vez adentrándose en el bosque y dejando a Ed solo… Por poco tiempo, ya que eran fuertemente vigilados por unos destellantes ojos esmeraldas le veían fijamente.

Comenzó a deambular por el perímetro permitido de la protección. Fue buena idea proteger el lugar así mientras entrenaban esos chicos… No pudieron buscar una isla porque la misión les impedía salir de la ciudad. Encontró un lugar tranquilo, por donde pasaba el riachuelo. Rodeó el lugar haciendo un círculo de poder en el suelo. Sin su brazo, sería imposible hacer alquimia, además le entretenía hacer los trazos en el suelo. Cuando terminó, golpeó con su mano el círculo y apareció una rústica tienda de campaña. Al menos, podrían protegerse del frío con Alphonse. Luego se encargaría de los detalles… Debía volver a buscar al castaño.

Fue a la entrada, donde estaba Alphonse esperándolo con algunos hongos, pescado y una liebre. Fue una escena familiar, aunque no creí que Alphonse podría ser capaz de atacar a un animal así.

Se juntaron y conversaron, camino al lugar que eligió Ed. Dispusieron de todo lo que traían y Al terminó con los detalles, en contra de la voluntad del güero que quería ayudarle, pero cedió ante la presión de Al y de sus comentarios en su propia contra. Era culpable del brazo y se lo auto recriminó todo el rato, haciendo que Ed desistiera.

Pasaron tranquilos esa noche, pero tenían muchas cosas por hacer… Alphonse tendría que llamar a Winry para que le reparase el brazo al ambarino y de paso ir a la casa por algunas cosas. Sería imposible para Ed salir de ahí sin que los militares lo viesen e intentaran atraparlo.


Los días transcurrieron rápidamente. Ya llevaba pasada una semana desde que "vivían" afuera, vigilados por militares la mayor parte del día. Aún no obtenían la orden del Führer y se enteraron por medio de Roy que éste seguía en Radeon.

Eso sucedió a los 3 días… Al quinto el mismo Führer los fue a visitar, aduciendo que seguía revisando el caso de Ed y pidiéndoles de favor si podrían prestarle la casa para alojarse él y su familia ahí, ya que los cuarteles eran muy incómodos. No pudieron evitar reírse… Era un poco obvio que el Generalísimo quería extender su decisión hasta el último día. Accedieron de inmediato, entregándole las llaves y pidiéndole cuidaran de Edo, quien de seguro estaba muerto de hambre… Alphonse no pudo ir todos los días a darle de comer. La condición fue aceptada por el viejo y siguieron transcurriendo los días.

Quedaban sólo 3 días para que los muchachos terminaran el entrenamiento. Estuvieron vigilándolos todo el tiempo y al parecer tenían dificultades con el acertijo. El último día llegó Winry –luego de muchos intentos por hacer que los militares se alejasen del lugar y que ella pudiese reparar el brazo y darle manutención a la pierna de éste-. Conversaron trivialidades, le contaron la situación, les dio con la llave inglesa a los dos y luego siguió su conversación. Fue invitada a quedarse en casa de los Elric por el Führer que se había enterado de la visita hasta que ellos salieran y pudiese irse tranquilamente.

Finalmente, llegó el día de abrirles la puerta a los muchachos. Edward y Alphonse los esperaban mientras veían que los menores se acercaban al punto de encuentro.

- ¿Y bien? – Preguntó Edward - ¿Qué significa 'Uno es todo y todo es uno'? – lo miró. Parecían dudar, pero dieron su respuesta.

- Uno soy yo – dijo Van

- Y todo es el mundo – finalizó Loth.

Los Elric se miraron y se echaron a reír. Los muchachos los miraron extrañados, pero seguían firmes en su decisión.

- ¿Están seguros de esa respuesta? – Al fin se habían calmado. Alphonse necesitaba ratificar la contestación de los hermanos.

- ¡Completamente! – al unísono, los menores estaban de verdad decididos. Les hizo muy bien el entrenamiento al parecer… Parecían más maduros.

- Muy bien muchachos – Edward aplaudía ante la estupefacción de los muchachos – Vayan a su casa y descansen. Mañana vuelven a la escuela y seguiremos con el entrenamiento –

- ¿Es todo? ¿Mañana seguimos? – Van estaba desconcertado. No se creía la noticia.

- Claro, nosotros debemos prepararnos para lo que viene – Alphonse se retiraba, con rumbo al monte - ¡Será mejor que descansen! – gritó, desde el interior.

Los muchachos se levantaron y se marcharon. Se despidieron de Edward animosamente luego de emprender su camino a casa. El rubio sólo suspiró al verlos irse. Se uniría a Alphonse en arreglar el lugar.

- ¡Al! – gritó cuando lo miró deambulando. Parecía buscar algo. - ¿Qué pasa Aru? – miró al pequeño extrañado. Seguía mirando fijo el piso.

- Estoy buscando el punto de equivalencia para destruir el campo – dijo, mirando aún el suelo - ¡Lo encontré! – dijo, mirando una pequeña roca con tallados extraños.

- Bien… Volveré a la normalidad el monte y luego iremos a la escuela… -

'Clap' y la vegetación era igual a la de antes. 'Clap' del castaño y los muros desaparecieron a la vez que quedaban completamente desprotegidos.

Todo era normal nuevamente. Lo extraño era que un ligero temblor se sentí bajo sus pies. Parecían muchos hombres marchando… Casi un ejército completo. Salieron del monte y se acercaron a las orillas, donde estaba el camino para ir a la escuela se encontraban todos los alumnos estudiantes de alquimia frente a ellos.

De pronto, el Teniente Coronel Armstrong salió entre los estudiantes, llorando de alegría y corriendo a abrazar a los Elric. No entendían que había sucedido… En dos semanas no tuvieron contacto con el mundo exterior a excepción de la gente que los fue a visitar.

- ¿Qué sucede aquí, teniente? – Edward ya estaba mareándose… Asfixia por los músculos de Armstrong y el pelo de Alphonse en su rostro…

- ¡Fueron absueltos! El Führer no permitió su arresto y los alumnos vienen a un entrenamiento conmigo… Cuando los vi no pude evitar alegrarme – seguía llorando de felicidad, con destellos rosas en su rostro y sus pensamientos por las nubes… Armstrong no cambiaba.

- Bueno, sigue con tu misión… Tenemos que ir a la escuela a reportarnos – El rubio se acomodó su ropa. Alphonse repetía la acción del mayor. Caminaron hacia su destino pasando por medio del casi ejército de jóvenes que les abrieron paso.

Estaban desastrosos. Sus ropas ya estaban muy sucias, desgastadas y deseaban una buena siesta. Se alejaron y vieron su ruta final: La escuela.

Había cambiado un poco en las dos semanas… Parecía más un cuartel general que escuela. 'Deberían volver las cosas a la normalidad' pensó Alphonse. Era tan tranquila su vida en Radeon hasta que sucedió todo y el problema es que quedaba mucho por venir.

Se detuvieron en la entrada. Un oficial les pidió identificación y olvidaron por completo que sus pertenencias tales quedaron en casa.

- Lo sentimos, las dejamos en casa con el Führer – El rubio sonrió nervioso mientras frotaba su mano humana en la nuca, bastante nervioso.

- Esto no es un lugar para niños. Cuando tengan edad suficiente podrán entrar a zonas así – 'Yo no hubiese dicho eso' pensó Alphonse… Un gran error.

- ¿¡A quien le dices mocoso microscópico?! – Edward ya se había lanzado sobre el oficial, pero Al lo sujetaba del traje y lo levantaba, evitando otra golpiza innecesaria en su historial.

- Vamos a casa Ed, después volvemos – Era una escena graciosa. Ed aún gritaba incoherencias no verbalizadas por alguna persona, pataleando y furioso, mientras Al lo arrastraba frustrado por la actitud tan infantil del mayor.

No les quedaban fuerzas. Vieron a lo lejos el tejado de su casa, mientras caminaban juntos y abrazados; Edward se había calmado luego que Alphonse lo mirase terrible. Vieron a una dama de edad en su jardín delantero que regaba el césped, Edo jugaba con un una linda pareja de hermanos de no más de seis años… Unos siete en la niñita. El Führer tomaba un té en el cobertizo que tenían, adornado sutilmente por la mano de Alphonse.

Sonrieron y se miraron. Su casa seguía en pie y el comandante aún cuidaba de ella. El anciano los vio llegar, mientras cruzaban el corto trecho desde la reja hasta la entrada principal.

- Hermanos Elric, bienvenidos a su casa – el viejo les sonrió. Era gracioso escuchar eso de quien era la autoridad máxima en el país y más llegando a SU propia casa.

- Muchas gracias por cuidar nuestro hogar, Führer – Alphonse hacía una leve inclinación de respeto junto con Edward. Estaban de verdad agradecidos por todo lo que él había echo.

- No se preocupen. Fue muy placentera mi estadía en su hogar para mí y para mi familia. Les estoy agradecido. Espero no les moleste el presente que les he dejado en su habitación – bebió un sorbo de su té – Es cómoda y amplia, espero les agrade – sonrió, mientras veía a unos hermanos sorprendidos y atónitos. – Es hora que me retire a Central con mi familia. Tenemos todo listo, así que la casa es suya de nuevo. – Se levantó de su silla, habiendo terminado su taza de té. - La joven Rockbell dijo disculparse por no esperarlos, pero le llegó una carta de Rush Valley y se fue de inmediato - Miraba hacia el cielo, terminando su discurso.

- Ya veo... - murmuró el rubio. Dudo un poco, pero prosiguió. - General… - Edward debía preguntarle. Quería estar seguro - ¿Qué sucederá conmigo? – indeciso, miró al viejo que sólo sonreía.

- Nada – simple respuesta. Bastante común en él – El grupo de Kimbly fue tomado por Marcoh y no encontré pruebas suficientes para juzgarte. Además, el General Blizt no siguió mi orden y fue degradado y expulsado – finalizó.

- Quedo más tranquilo ahora… - suspiró – Si nos disculpa, necesitamos un buen baño – arrastró a un sonrojado Alphonse a la casa. El sabio anciano sonrió e indicó a su familia que era hora de volver a casa. Los niños se despidieron de Edo mientras el Führer era acompañado por su esposa al coche que aguardaba por ellos. Se alejaron rápidamente de la morada que les acogió durante las dos semanas. Fueron dos largas semanas, pero las había disfrutado casi como unas vacaciones.

- Sorprendente… - murmuró Alphonse, boquiabierto. Entraron a su cuarto y vieron una enorme cama en el lugar de la antigua. ¡Era gigantesca!

- Ese viejo y sus regalos… - Edward se frotaba una sien, masajeándola suavemente – Al menos dejó nuestra cama al lado – suspiró. La habitación era increíblemente grande. Tenía pocos muebles, sólo los necesarios, a petición de Alphonse que no quería que su hermano gastara tanto dinero. ¿Qué se supone harían con tanta cama?... Mejor no pensar en la respuesta.

- Vamos Al, necesitamos un baño… - musitó, agotado. Comenzó a desvestirse, lanzando sus botas y la parte superior de su vestimenta en el suelo. El castaño lo vio avergonzado.

- Podrías desvestirte en el baño hermano – Dijo, resignado. Sólo le quedaban los bóxer al mayor.

- Oh, vamos, cuantas veces me has visto desnudo y ahora vienes con eso – el mayor miraba algo molesto y divertido el multicolor rostro de Al – Quítate eso – indicó, señalando su ropa - ¿O quieres te la quite? – Se puso frente a frente al castaño, quien no respondía y dejó de forma inconciente que Edward lo desvistiera.

- Ed… - un suave gemido dejó escapar de sus labios al sentir las manos del rubio desabrochando el pantalón y rozando la piel de su estómago con la mano metálica, mientras el rubio le besaba y mordía suavemente el cuello. – No… aquí no – soltó otro gemido. Era arrastrado a la muralla de la pieza, pero se resistió ante los encantos del güero. – Mejor vamos a tomar ese baño… ¿Te parece? –. Sonrió, caminando lentamente hacia el destino, seguido por el dorado.

Fue un baño relajante y una noche agitada. Al final de cuentas, debían descansar pero tampoco podían descuidar el amor que se tenían.


Wrath (1): En el manga, Wrath (Ira) es el Führer. En el animé, el comandante es Pride. (Orgullo)

Alphonse Elric de la Luz (2): Debo recordarles que ellos usan el apellido de su madre, por lo tanto su nombre con sus respectivos apellidos, por el orden que ellos prefieren, debería ser así. "de la Luz", debido a que su padre es Hikari no Hohenheim, Hohenheim de la Luz.

Nota: Hice el acto de poner así su nombre por capricho. Es más que nada para saber la opinión y reacción de los lectores ante la escritura, aunque ninguna fuente oficial reafirme mi hipótesis.


Lo siento. Fue algo realmente largo, pero debía hacerlo… Me emocioné muchísimo. Espero el que viene no salga tan extenso. Dejad review si les gustó.

Hasta el próximo capítulo.