Capitulo 6 – Otra mirada.

Bueno. Será el punto de vista de la misma historia, vista desde el punto de varios personajes de ésta. Se podrán unir algunos hilos y averiguar un poco más de todo lo que planeo. Sin más, les dejo el capítulo 6.

Disclaimer: Hagane no Renkinjutsushi (Fullmetal Alchemist) no me pertenece. Esta historia tiene fines de entretenimiento y es un espacio para desenvolver la imaginación. Escribo sin fines de lucro. Echo por un fan para fans.


Punto de Vista: General de Brigada Roy Mustang.


Roy Mustang. General de Brigada recientemente ascendido. A su cargo tiene oficiales de su completa confianza; Teniente y asistente personal, Riza Hawkeye. Teniente Coronel y alquimista nacional, Alex Louis Armstrong. Tenientes segundo, Maria Ross y Jean Havoc. Tenientes primero, Breda y Farman.

Ése era su escuadrón, sus fieles seguidores y ayudantes en su misión personal de convertirse en Führer por un ejército y una vida mejor.

Otro fiel guardián era Black Hayate, el verdadero perro de los militares (Literalmente) quien su dueño era Riza.

- Ha llegado una orden desde Central, señor – Y ahí estaba Riza, con su pelo rubio y sus ojos rojos penetrantes.

Dijo central por un solo motivo. Estaba en campaña de práctica con su regimiento, mientras se confirmaban ciertos rumores de un peligroso e inminente amenaza de un enemigo. El problema es que el objetivo de ellos, sin lugar a duda, eran otros subordinados de él; Alphonse y Edward Elric, los hermanos Fullmetal. Los más eficientes de toda la milicia en misión que se les encomendara se encontraban en peligro por quienes se hacían llamar la contraparte de ellos, los hermano de Plata.

Se rumorea que éstos eran antiguamente alquimistas estatales, pero todos sus datos se encontraban destruidos en un extraño incendio y las copias de seguridad de los informes desaparecieron de la faz del planeta.

- Muy bien. De la orden de retirada, nos vamos directamente a Radeon – sentenció, luego de leer la carta que le permitía la movilización de sus tropas hacia el destino. – No se le informará a los Fullmetal sobre nuestra llegada. Será una operación silenciosa hasta el momento de sitiar completamente la ciudad –

- Sí señor – respondió Riza, saliendo de la tienda para cumplir las órdenes.

Será un largo viaje hasta la ciudad, pero debía responder a la misión encomendada. Tenía ganas de ver a los Elric, especialmente al mayor; Debía aclararle algo hace mucho tiempo.

Comenzó el ajetreo. Todos embalando y subiendo cajas y tropas a camiones militares para el movimiento. Él se iría en tren para llegar antes y explicar las cosas al funcionario a cargo de Radeon que sería destituido hasta nuevo aviso.

Y así llegaron. Se instalaron en la escuela de Alphonse según indicaban los informes. En su trayecto, maquinó un plan para mantener a los hermanos ocupados y en la misión. Decidió enseñar alquimia, que era lo único que podrían hacer bien y no tendría réplicas con respecto a eso.

Amaneció y ese día sería crucial. En una hora llegaban los primeros estudiantes y sería un gran problema si viesen militares por todas partes, así que mandó a ocultarles mientras ellos arribaban a la escuela.

Ocho antes de meridiano. Sonó el timbre característico y salió de su oficina donde descansó breves minutos. Ya todos tenían designados un aula del recinto, así que se dirigió a la de Alphonse.

Entró con solemnidad, sacó al profesor casi a patadas y se plantó en el escritorio de éste. Un silencio de ultra tumba se sentía por todos los lugares, a excepción de unas ligeras pisadas de alguien corriendo.

- Ahí viene Alphonse, debió quedarse dormido – musitó. Le acompañaban Riza y Ross, quien insistió en ver a los Elric porque los extrañaba muchísimo.

Un toque a la puerta. Nadie reaccionaba, pero miró a Maria para asentir y darle la orden.

- Adelante – Ross, con su tono siempre tan familiar y maternal, le permitía entrar al aula. La puerta se abrió y se cuadró ante Alphonse. – Buenos días señor Alphonse Elric- fue su más "cordial" saludo.

La cara de Alphonse no podía ser de mayor asombro, pero no me sorprende. Imaginó que iba a ser así, por lo que se preparaba a seguir su discurso, cuando fue interrumpido.

- ¿¡Se puede saber que diablos hacen en MI escuela, interrumpiendo las clases de MIS profesores y con más de un ejército completo rodeando MI establecimiento!? – la molesta directora que había olvidado por completo, entraba histérica. La miró fulminante, con ganas de chasquear los dedos e incinerarla ahí mismo, pero Riza de seguro le volaría los sesos con su siempre confiable pistola Mustang (N. del A.: Que irónico. La pistola con el dueño de quien protege. Lol) - Y joven Alphonse, usted debería tratar de no traer a sus peligrosos amigos militares a este lugar – terminó. De verdad iba a matarla cuando tuviera la oportunidad.

Bueno. El resto de la charla es algo casi innecesario. Riza explicó la situación mientras Roy aguantaba el deseo de salir de ahí y terminar todo de una buena y maldita vez. Además, no había visto a Edward y él era a quien más necesitaba.

Se marchó de la sala. Iba directo al auditorio donde luego podría encontrarse con Edward y explicar todo el rollo que se estaba tejiendo en la ciudad.


Punto de Vista: Hermanos Tringham; Fletcher y Russel.


Dos (N. del A.: Inserte adjetivo calificativo, el cual mejor le parezca, entre las palabras que están escritas) rubios, ahora bastante crecidos y cambiados, arribaban de su tren en la ciudad de Radeon. Russel era transferido por órdenes a punta de bala de cooperar con la misión. Fletcher, en cambio, estaba rebosante de alegría cuando supo que estaría en la misma escuela que Alphonse. Hacía mucho no le veía y para más, con su (Repita la acción de arriba) cuerpo ya tangible y humano.

- ¿Crees sepan quien soy? – preguntó, temeroso, mientras caminaban a buscar un coche que los guiara a su nueva morada, a su hermano. Estaba ligeramente nervioso, con la sangre circulando a más velocidad de lo normal. Estaba emocionadísimo.

- Claro – respondió el mayor, arreglándose el cabello – Igual, tendremos que presentarnos algún día – Russel divisó un coche con un militar, llamándoles con una mano – Ahí está nuestro transporte, tenemos que preparar todo –.

- ¡Si! – exclamó el menor.

Pasaron exactamente dos meses desde que arribaron. No tenían idea de porque el repentino cambio y el llamado a Russel, pero debía ser algo sumamente importante.

- Buenos días Alphonse – saludó el menor, como cualquier otro día. Eran compañeros en algunas clases, sin embargo, el castaño sólo le saludaba y se iba. Se sentía bastante "extraño", pero no podía decir más, o empezaba a tartamudear.

Llegó a su casa después de algunos periodos de clases. Russel seguía con sus investigaciones, pero ese día había algo extraño en él.

- ¿Qué sucede hermano? – preguntó incrédulo. Se notaba cierto brillo en esos orbes azulinos, pero no podía distinguir que era.

- Nada, mañana lo sabrás – respondió aún concentrado en sus libros y hojas de estudio.

Y así pasó la tranquila noche, pensando una vez más con el dolor de su alma, que Alphonse estaría en su cómoda cama, con Edward. No sabía desde cuando, pero en dos meses empezó a sentir cierta atracción por el oji-plata, sin pensar las consecuencias ni que él ya estuviese casi comprometido con el mayor de los Elric.

- Ya me voy a la escuela, hermano –

- Si, iré más tarde, quizás cuando llegues allá esté dando vueltas ya – Russel fue a su habitación a buscar quien sabe que. Salió con la incertidumbre, pero no veía ningún cambio en la escuela que fuese de importancia.

'¿¡Estado de sitio, toda Radeon?!' fue lo primero que pensó al escuchar al teniente Breda, nuevo encargado de su clase y quien sacó al profesor de Química literalmente volando.

- Al auditorio chicos, ahí tendrán más información del General de Brigada Roy Mustang – dijo Breda, saliendo de la sala, seguido de todos sus compañeros mientras veía la acción se repetía en todas partes, a excepción de la sala de Alphonse donde parecía se retrasarían. 'Yo que quería preguntarle y verlo'. Suspiró, resignado.

Roy Mustang hablaba al auditorio, pero no podía evitar preguntar por qué sucede todo. Presentó a los alquimistas que nos enseñarían por este periodo, pero Alphonse y Edward no se pusieron de pie. Cuando insultó al rubio frente a todos, no pudo evitar reírse por lo bajo.

Vino el periodo de preguntas y ahí se atrevió, recibiendo mil miradas, un deseo de que la tierra lo tragase, y una descortés respuesta. Seguía con la duda, pero ya podría dejar de preocuparse porque su hermano le aclararía algunas cuantas cosas al llegar a casa, aunque tuviese que sacárselas a la fuerza.


Punto de Vista: Riza Hawkeye.


- Sí señor –

Su misión era clara. Proteger a los hermanos Elric a cualquier precio. Tendría que ser francotiradora para evitar que los arrestasen. Al menos al rubio mayor lo harían, pero debía acatar la orden de Mustang.

- Soberana paliza le dieron a Kimbly, ¿No crees Riza? – preguntó Havoc. Se limitó a asentir la pregunta. Alistaba su rifle y posicionaba el lugar que sería donde pasaría todo.

'Szz' y la bala salió disparada por el cañón, rozando la cara de ese oficial. Sonrió satisfecha, ya que no sabían su posición y logró su cometido. El resto del escuadrón estaba en otro lugar, a la vista, para distraer al pelotón del General Blizt.

Todo fue muy rápido a partir de ese momento. La semana donde Edward y Alphonse estuvieron fuera no había sido su mejor semana; estaba preocupada. Enviaba todos los días a Mustang a ver como estaban. Luego, a la vuelta de la esquina, en unos días, atacaron a Alphonse. No podía creer que el menor de los Fullmetal fuese herido de tal magnitud por una daga tan misteriosa.

Su deber: Investigar que era. El resultado: Azoth.

Una daga muy peculiar, aumenta los poderes alquímicos y se dice la usan los "hechiceros", mejor dicho, magos. Tendría que entregarla a los Elric para que ellos pudiesen investigarla mejor. Su conocimiento de alquimia era nulo y ellos eran los expertos.

- Riza – le llamó Roy, sacándola de sus pensamientos rápidos y fugaces, llenos de imágenes en secuencia incompleta.

- Mande – respondió, sin quitarle la vista a unos papeles que merecían ser finiquitados pronto.

- Alphonse me pidió organizar la fiesta de cumpleaños de Edward –

- Y no sabe como hacerlo, así que me pide le ayude con eso – continuó la idea mental de Mustang, escuchando una risa nerviosa por parte de éste. – Está bien, yo me encargo – finalizó.

- Tiene permiso para ausentarse – dijo Mustang – Y visite a Alphonse. Ed no despierta desde ayer, así que podrá conversar con él para tratar los detalles –

- Eso haré – respondió, mientras se ponía de pie y se dirigía al perchero por su abrigo – Con su permiso – y recibió un ademán, saliendo de la dirección, oficina temporal durante su estadía en Radeon.

'Toc, toc'. Llamó a la puerta del hospital, recibiendo un "Adelante" muy amistoso. Se adentró en la habitación, cerrando la puerta tras sí.

- Buenos días Teniente – le saludó Al. Siempre tan cortés e inocente. Su sonrisa siempre le inspiraba confianza.

- Bueno días – respondió. Tomó una silla y se sentó cerca de la cama, viendo una nuca dorada sobresaliendo de la parte superior de las sábanas.

- No se preocupe por Ed, dudo despierte –

- Me alegro que descanse, al menos ahora lo hace – dijo, acomodándose en la silla y mirando fijamente al castaño.

- Supondré que el General le pidió organizar todo… Prefiero sea así – suspiró. Sintió que Ed se acomodaba en la cama, dándole la espalda a Riza mientras le abrazaba bajo las colchas por el estómago.

- Sí… ¿Dónde quieres que sea? – preguntó, empezando así el tema, ignorando un poco la tierna acción del rubio.

- En nuestra casa… Quiero que sea sorpresa para Ed… Estuvo tan preocupado que se olvidó de su fecha – inhalación profunda – Quisiera que los Hughes vinieran, al igual que Winry y la abuela Pinako – soltó su respiración.

- ¿Nadie más? –

- Por supuesto ustedes y nuestros alumnos… Además de Russel y Fletcher – dijo, apresurado, por la mueca de enojo que se mostró en el rostro de Riza. Quizás se sintió ofendida, o era duda.

- Está bien, yo me encargaré de los preparativos – respondió, satisfecha.

- La puerta de atrás siempre queda abierta, podrán entrar por ahí y mis llaves están en el salón de estudio, en el cajón del escritorio. – Informó – Siéntanse en casa. Le dije al General usaran mis fondos para todo. Pídale los papeles y retire lo que necesite del banco – sonrió, contento. De verdad quería que saliera todo bien.

Y ahí estaba Riza. Fue a un almacén y compró algunas cosas. Fue por un teléfono para llamar a los invitados. Por suerte tenía su agenda con todos los números necesarios. Estuvo ahí algunos minutos, haciendo las invitaciones. Con un poco de suerte, todos estarían para cuando Edward despertara.

Pasó el resto del día acomodando las cosas, comprando y un rato en el banco para retirar el dinero suficiente. Podría usar su dinero, pero Alphonse se daría cuenta y de seguro le obligaría a aceptar la reposición de los gastos.

Recibió la llamada del hospital, anunciando que Alphonse sería dado de alta y tendría que ir a por ellos para que todo saliese a la perfección. Tomó su chaqueta y le dejó un mensaje al General en el escritorio. De seguro ya estaba por llegar y debía ser rápido.

Y ahí estaba de nuevo. Esperando.

Los llevó por la ciudad, dando algunas vueltas innecesarias para darles tiempo al resto. Escasos minutos consiguió, ya que el ambiente entre esos dos estaba un poco tenso y sería inoportuno develar la sorpresa.


Y eso sería señoras, señoritas y escasos señores lectores. No era esta mi idea, pero quería hacerlo.

Espero os guste. Dejad review. No muerdo.