Soy gay! Lo que Dean no quería ver.

Llevaban una semana, tres días, cinco horas y 39 minutos en la misma situación que cuando salieron de Las Vegas, y aunque su hermano –el duro y macho-recio, Dean – respetaba el silencio de "Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas"... lo hacía a costa de quedarse callado todo el tiempo. Sólo decía lo que fuera estrictamente necesario para que no terminara muerto por el fantasma vengativo del momento, o para repartirse las investigaciones del caso...

... y sinceramente estaba por estallar.

Ya no soportaba ese constante rechazo, y las miradas raras que su hermano le dedicaba. Muchas veces había pasado por su mente que quizá lo mejor era simplemente alejarse de él, y dejar que el tiempo curara las heridas de la mejor forma; pero no, era egoísta y masoquista, prefiriendo quedarse sufriendo ahí, que simplemente marcharse y seguir con el trabajo de su padre por su cuenta.

Con un suspiro dejó vagar su mirada por el dormitorio. Una pieza con colores sencillos, camas que no eran lo mejor, pero no eran duras como otras que habían tenido la mala suerte de conocer. Lo típico, pero sin dar la impresión de ser un motel para parejas desesperadas o tipos con alguna "dama de compañía".

Y claro, lo más obvio, Dean no estaba.

Se le había olvidado mencionar que desde el asunto de su salida del armario con público y todo, Dean se había dedicado en un 260 por ciento a coquetear, tontear y follar con cualquier mujer que se le cruzara... y no, no llevaba ningún tipo de cuenta para saber el cálculo exacto. Era casi como si el que tratara de reafirmar su sexualidad fuera Dean y no él... y claro que no necesitaba reafirmarla, ya que estaba bastante asumida. Tampoco podía evitar mirar a Dean con más cariño del que correspondía, o simplemente con dolor por todo lo pasado, mientras el rubio no se daba ni por aludido.

Con un nuevo suspiro se puso de pie, yendo a la cama, para dormirse y mañana tratar de avanzar en el caso... visitar al forense, hacer averiguaciones, lo típico. Su mano se quedó a medio camino, mientras se sacaba la camisa que llevaba puesta. Sus ojos brillaron con chispas especiales.

De un manotazo terminó de desvestirse y con un gesto decidido sacó de su bolso unos jeans desgastados, una camisa verde y una toalla. Si Dean no se interesaba en lo que hiciera, no había necesidad de andar con el rabo entre las piernas como si hubiese hecho algo malo. Y si su hermano en algún momento le decía algo como "No quiero saber nada de tu vida personal" entonces en ese momento se preocuparía de disimular más, que por ahora... ¡a disfrutar se ha dicho!

¿Qué gay no iba a aprovechar la casi bendición que le dio su hermano, para salir a "conocer" personas?

Diez minutos y ya estaba duchado, vestido y listo para la acción, una sonrisa kilométrica en los labios y el pelo húmedo goteando ligeramente.

"Salí de caza" –escribió en el taco de papel sobre la mesita en la entrada, por si no volvía y Dean se preocupaba. Ya supondría él a que tipo de caza se refería.

--.--

Se sentía ahogado, y con ganas de matarse por la estúpida idea que había tenido.

Joder, con su mente, con los letreros de neón, Sammy y el mundo entero.

Un simple paseo por la ciudad lo llevó a pasar por fuera de un pub-disco-cosa-rara, de donde entraban y salían hombres... y sólo hombres.

Su ceño se frunció, con ese gesto de incomprensión que ponía cada vez que Sammy empezaba a hablar en complicado, y decidiendo aparcar a su nena en algún lugar seguro se encaminó al dichoso lugar, donde un gran letrero de neón lo iluminó, las palabras "Babylon" encandilándolo levemente.

Cuando un grupito de hombres que esperaban por entrar lo comenzaron a saludar y hacerle gestos para que se acercara, una gota de sudor frío corrió por su espina dorsal, la comprensión iluminando su mente.

Por un momento, su instinto natural de supervivencia lo hizo retroceder dos pasos, cuando la indignación se hizo camino.

Ahí, entre las personas a entrar en ese antro de mala muerte estaba Sammy... SU Sammy... hablando con un negro más alto que su gigante y de dientes blanquísimos, que relucían. El castaño andaba con esa camisa verde que lo hacía lucir... apretado. Era la única expresión. Le quedaba estrecha por todos lados, y al mover los brazos parecía que la iba a romper, dejando lucir esos músculos que se marcaban claramente y que se notaban en sus antebrazos, gracias a que llevaba la camisa arremangada.

Los jeans le caían por las caderas, encajando perfectamente y sip... también marcaban todo su trasero, como pudo notar cuando se volteó a sonreír al tipo que estaba tras él en la fila.

En ese momento se fijó en todos los hombres que parecían seguir hambrientos a su hermano. Y obviamente el chico no se daba ni por aludido, animado conversando con el Negro-Mr-Dientes, y el Rubio-Háblame-Por-Favor de la fila, dejando lucir esas sonrisitas nerviosas tan típicas de él. Y un débil aire de no estar completamente convencido de hacer lo correcto.

Cuando lo vio desaparecer en el interior del lugar supo que no podía quedarse en el motel o en cualquier otro lugar y sólo imaginarse que era lo que Sammy podía estar haciendo... Necesitaba.Verlo.Con.Sus.Propios.Ojos. Y no, no era nada similar a celos, ni a desesperación. Eso lo sentía cuando notaba los ojos de cachorro de Sam mirarlo y él, supuestamente, no se daba cuenta, y no podía hacer nada más que controlarse y no saltarle encima.

Un escalofrío lo recorrió cuando puso un pie en el interior del local. El aire era prácticamente irrespirable y la gran cantidad de piel que se veía era capaz de nublarle la vista a cualquiera. Cuerpos moviéndose frenéticos al ritmo de eso que difícilmente se podía llamar música (comparado con Metallica o Black Sabbath, por supuesto) rozándose descaradamente.

La vista de unas escaleras a balcones le subieron el ánimo levemente, subiéndose para buscar a su hermano... sólo deseaba encontrarlo y marcharse de ese puto infierno.

--...--..-.-.-.

Joseph –el negro que le había hablado en la fila –y Ryan –el rubio- no lo habían soltado, y ahora bailaba junto a ellos en un lugar cercano a la barra. Sentía las mejillas sonrojadas, producto del calor y la vergüenza. Sabía que tenía que disfrutar mientras tuviera la oportunidad, que en ese lugar iba a encontrar a chicos dispuestos a follar por un rato y que no se debía preocupar por enrollarse ni cosa por el estilo. Incluso se había dado cuenta de las miradas que algunos le dedicaban desde la barra, pero no se sentía capaz de sacarse a Dean de la cabeza. Joder! Ni siquiera en el lugar más interesante lo podría olvidar.

Una mano acariciando su cintura lo sacó de sus pensamientos.

-Un gusto conocerlos chicos –dijo Joseph con su acento latino, mirando a algún punto entre la marea humana. –pero ya tengo mi presa y no pienso desperdiciarla. –con un guiño, se alejó, bailando entre los que los rodeaban.

Cuando Sam volvió a mirar a Ryan, pudo ver esa mirada que tantas veces había visto en los ojos de Dean, cuando coqueteaba con alguna camarera. Parecía devorárselo con la mirada, y esos grandes ojos azules destellaban con las luces del lugar, dándole notas intrigantes.

La mano firme del rubio se aferró a su cadera, aumentando el ritmo del baile, asfixiándolo con la cercanía de su cuerpo.

Con un movimiento su rostro quedó a milímetros de su oreja, sintiendo la cálida respiración de Ryan.

-Tranquilo Sam... sólo relájate. –el susurro mandó cientos de corrientes por su espina dorsal, cumpliendo su cometido, relajándolo lentamente contra el cuerpo del rubio. No tenía necesidad de sentirse atrapado, siendo que en ese lugar era más libre que nunca. La mano que sostenía su cadera se dedicaba a acariciar de forma vaga, a veces apretando y otras sólo sosteniendo, mientras su rostro seguía fijo deslizándose por su cuello, estremeciéndolo con cada respiración. Antes de darse cuenta tenía los labios atrapados por la boca de Ryan, una lengua juguetona tratando de abrirse paso y unos dedos enredándose en los mechones que cubrían su nuca. Un gemido se escapó de su boca, sintiendo como el beso lo absorbía y esa cálida lengua encontraba lo que estaba buscando, frotándola contra la suya, invitándolo a responder.

La sangre se agolpaba en sus oídos, sintiéndose la presa de alguien más.

Las manos se deslizaban insinuantes, siguiendo el ritmo de la música y el que imponía el beso, los muslos rozándose levemente, jugando a acercarse y a alejarse, subiendo la temperatura despacio...

...

--...--...-

-Déjame! –fue el grito de Dean, cuando un tipo con exceso de maquillaje se acercó, acariciándolo por accidente. Estaba irritado. No soportaba el lugar.

Veía hombres por todos lados, enganchados con otros y las pocas mujeres que podía haber eran lesbianas.

Sin contar que aún no podía encontrar a Sammy por ninguna parte. Había cambiando varias veces de balcón, pero no había caso.
Rendido, decidió ir a conseguirse un trago... ojalá al menos tuvieran cerveza.

--...--...

¿Cuánto llevaban con ese jueguito? No lo podría decir. Sentía la cabeza embotada y los labios hinchados, sin contar con la erección que empezaba a surgir en sus pantalones, gracias a los constantes roces que Ryan le daba, seduciéndolo lentamente, como quién rodea a un conejo y espera a que este corra para cazarlo.

Cuando sintió la erección del rubio clavarse contra su propia pierna, supo que el jueguito había acabado.

-Vamos... –el susurro fue ronco y bajo, pero los ojos azules lo miraron como si se lo hubiese gritado, una sonrisa de satisfacción en los labios rojos.

La mano lo sujetó firme, llevándolo junto a la barra, y pasando directo a los baños. Estaba tan concentrado en lo que iba a hacer, que no se dio cuenta del rubio de ojos verdes que lo quedó mirando como si le hubiesen salido dos cabezas, ni en la expresión de furia que se instaló en su rostro luego de unos segundos.

Con fuerza Ryan lo empujó contra la puerta, sintiendo como su corazón se aceleraba, sus labios rozándose lentamente mientras susurraba.

-Te voy a follar tan duro, que suplicarás piedad... y lo disfrutarás tanto que aunque quieras no te podrás detener. –un brillo maldadoso cruzó los ojos de Sam, satisfacción y reto. Con un giro cambió los roles, apresando al rubio contra la pared, notando como se alteraba la respiración de Ryan.

-Yo creo –siseó junto a su oreja, deslizando la lengua por el borde. –que será todo lo contrario. –un débil mordisco en el lóbulo, su lengua rodeando la carne lastimada y un débil gemido como recompensa fue el suficiente estímulo para asaltar esa boca que tanto lo había torturado. De un empujón abrió la puerta de un cubículo vacío, y estaba por cerrarla, cuando una mano la sujetó. Con un gruñido se separó del rubio, dispuesto a hacer desaparecer al que lo interrumpiera cuando se había armado del suficiente valor, pero la voz se le escapó al ver a Dean fulminándolo con la mirada, sus ojos brillando, dispuestos a cometer asesinato.

-Vete... ¡Vete! –el grito de Dean hizo a reaccionar a Ryan, quien con gesto molesto se separó de Sam y con un guiño, salió del cubículo.

-Ya si luego quieres, me buscas fuera. –se oyó, dejando a ambos hermanos mirándose en silencio.

-¿Qué se supone que quieres? –fue el gruñido de Sam, mientras se frotaba los ojos con gesto cansado, la presión de bajarse la calentura y evitar tirarse sobre Dean haciendo mella en él.

-Quiero... quiero... –los ojos de Dean brillaron bajo la luz roja del lugar. –Sólo quiero que las cosas vuelvan a ser como antes. –murmuró viendo una gota de sudor en el cuello de Sam, que se deslizaba haciéndole burlas y retándolo a lamerla.

-Supongo que eso es difícil... dada tu forma de aceptar las cosas –murmuró resentido, por lo bajo, no esperándose que Dean lo alcanzara a escuchar y lo empujara contra la mampara, cerrando de un portazo la puerta, para que los chicos que estaban en el pasillo no viesen nada.

Y quizá ese fue su error.

No había considerado que su hermano ya no era el chico pequeño de nueve años que lo seguía a todos lados, sino un hombre grande, y que lastimosamente –para él – era capaz de llenar todo el espacio del pequeño baño, dejándolo apretado contra la puerta, toda esa masa musculosa asfixiándolo lentamente. Tentándolo a rozarlo, a saber como sabrían esos labios que estaban entreabiertos murmurando algo. Tan rojos e hinchados.

Como un golpe eso lo trajo a la realidad, alcanzando a oír lo que Sam decía.

-... de verdad lo entiendo, pero si a ti no te importa, entonces seguiré con las cosas que me gustan, y que tú seas mi hermano no va a ser impedimento. Ahora por favor déjame pasar... no creo que Ryan siga por ahí. –estaba nervioso. Joder, sentir a Dean junto a él de esa forma lo mataba. Sabía que estaba hablando apresuradamente, lo que fuera con tal de convencer a Dean de que lo dejara al menos huir de ese lugar, y aliviar la dolorosa erección que tenía desde su baile en la pista y que con la presencia de su hermano se había visto reafirmada.

Su mano rodeó la cintura de Dean, para alcanzar la manilla, sabiendo que fantasearía un tiempo con ese roce, y lo que podría haber pasado de no haber sido su hermano, en ese mismo cubículo. El débil estremecimiento del rubio mandó un corrientazo a su polla, alegre del leve roce.

En ese momento clavó los ojos en los verdes de Dean, sabiendo que algo iba mal, porque el rubio no temblaría ante su toque, lo habría empujado, y se iría gritando alguna estupidez, pero no temblaría.

Dean parecía hipnotizado, sus ojos mirándolo fijamente, brillando de esa forma que lo volvía loco.

-Dean... –susurró, pensando que quizá su imaginación estaba jugándole una mala pasada, porque no era normal ver deseo en los ojos de su hermano... al menos no dirigido a él. –Por favor... –susurró, tratando de calmarse, sintiendo su corazón acelerado. Ese brillo aún presente en el fondo de los ojos de Dean.

¿Y si Dean también...?

Algo le gritaba que se atreviera, pero el miedo era fuerte. ¿y si arruinaba toda su vida por una simple calentura?

Con fuerza cogió la manilla, dispuesto a salir, cuando la voz de Ryan sonó en el pasillo del baño.

-Sammyyy –el lloriqueo del muchacho hizo sonreír a Sam y bufar a Dean –no sean egoístas... eres lo suficientemente grande para que podamos compartirte. –antes de responder que salía de inmediato, Dean lo interrumpió.

-Olvídalo, yo No comparto lo mío. –fue el gruñido automático de Dean. Tanto la impresión como la rabia se reflejaron en el rostro del menor.

-Oye! –el brillo molesto en los ojos de Sammy hizo reaccionar a Dean de lo que había dicho. –Después de todo lo que has hecho, ¿también tengo que soportar tus ataques de controlador...? ¿Quieres que me vaya al motel y no vuelva a salir?

-Eso estaría bien –respondió con esa sonrisa descarada típica suya. Antes de darse cuenta, Sam lo había empujado contra la pared. Y en modo automático le devolvió el empujón, haciéndolo quedar sentado sobre el retrete.

Los ojos brillantes de Sam lo miraron de forma extraña, revolviéndole el estómago de forma desagradable.

-Sólo... sólo vete –susurró Sammy, mirando el piso del baño. –No llegaré muy tarde. –al notar que Dean no se movía, se puso de pie, y salió del baño, sin tocarlo en ningún momento.

-Sam... ¡Sam! –llamó, al verlo caminar tenso, tomando por el brazo a ese rubio desteñido, saliendo a la pista de baile nuevamente.

Cuando lo alcanzó, lo pudo ver besando al tipo ese, de forma ruda. Años de conocimiento le decían que sólo descargaba su rabia en él... pero no podía evitar estremecerse al verlos ahí, donde cualquiera podía mirarlos.

Antes de darse cuenta, había jalado a Sam, acercándolo a su cuerpo, rozándose ligeramente. Sus ojos clavados en los del castaño, viendo un brillo de deseo y miedo. Nervioso, se lamió los labios, fijándose como la mirada de su hermano seguía atenta el movimiento de su lengua, el deseo aumentando por instantes.

El descubrimiento fue como un rayo sobre su cabeza.

Con firmeza sujetó a Sam contra su pecho, logrando un jadeo ahogado del castaño.

-No bromeo... –gruñó, ronco. Su brazo deslizándose por la baja espalda de Sam, apresándolo, sin hacer caso del estremecimiento del castaño. –... Cuando digo que yo no comparto lo mío. –La expresión de molestia surcó un momento el rostro de Sam, sus labios listos para alegar, cuando la boca predadora de Dean lo tomó.

No pedía permiso, simplemente tomaba lo que por derecho era suyo. Y así le quedara claro a todos en ese puto infierno... Sam Winchester le pertenecía.

Cada músculo del cuerpo de Sam se contrajo en miedo, sin saber que había pasado para terminar así, inmóvil en el duro agarre de Dean.

Una parte de él rogaba por dejarse llevar... pero otra sabía que no podía ser nada bueno que su hermano se lo morreara en un club gay.

Un débil gemido escapó desde el fondo de su garganta al sentir los dientes de Dean enterrarse en su labio inferior, mientras la lengua hábil del rubio se deslizaba hacia el interior de la boca de Sam, acariciando tentativamente.

Sus dedos se clavaron en los hombros de Dean, sin saber si acercarlo más, o alejarlo de una buena vez. Cuando un muslo del rubio rozó su polla, perdió todo rastro de cordura, devolviendo el beso con fuerza. Sus brazos rodeando el cuello cálido del rubio, acercándolos hasta no dejar ni un milímetro de distancia entre ambos cuerpos.

La lengua de Dean causaba estragos en Sam, y lo único que podía hacer era enterrar sus dedos en la nuca del mayor y frotar su erección en el muslo del rubio, sintiéndose como un animal en celo con cada roce desesperado y más duro de lo que nunca había estado.

-Joder, Sammy –gruñó Dean, al separarse del beso, y sentir al castaño morder sobre su garganta, lamiendo juguetonamente su pulso, a ratos rozando con sus dientes. –Venga, vamos. –murmuró, separándolo de su cuerpo, dispuesto a llevarlo a cualquier lugar, donde no los miraran como lo hacían ahí, pasando por alto la tensión en el cuerpo de Sam.

De un brazo lo tiró, hasta salir del lugar y llegar junto al Impala.

-¿Se puede saber qué pretendes? –fue el gruñido molesto de Sam, arrancando su brazo del agarre de Dean. No era capaz de entender que buscaba hacer el rubio con todo esto, más que molestarlo y humillarlo. -¿Acaso te fumaste algo? ¿O te colocaste? –por un momento los grandes ojos verdes lo miraron con confusión, hasta que esa sonrisita conocedora asomó a los labios irritados.

-En realidad no fui yo quien se estaba colocando –murmuró, acercándose lentamente, captando el nerviosismo del menor. –es sólo que llegué a la conclusión que si te gustan los hombres, como todo Winchester debes obtener lo mejor... –nuevamente estaba junto a Sam, a punto de tocarlo, sus labios a meros centímetros, su nariz captando el suave aroma que desprendía la piel del menor, así como su respiración acelerada. -... y lo mejor soy yo. –esta vez, cuando lo besó, lo hizo con el hambre de convencer al castaño de que no había problema con eso, de mostrarle los sentimientos que no era capaz de expresar con palabras.

Su lengua acariciando suavemente, moviéndose pausada sobre su compañera, invitándola a jugar con ella.

Con un par de pasos fue capaz de guiar al castaño hasta la puerta trasera del Impala, y entrar en él, dejándolo tirado, cuan largo era, sobre el asiento de atrás del auto.

-Dean –gimió bajito Sam, al sentir el peso de su hermano sobre su cuerpo, la presión exacta sobre su polla, haciéndolo suspirar por más. Un nuevo gemido se perdió en su garganta al sentir los labios del rubio vagar por su cuello hipersensibilizado con tanto roce a lo largo de la noche.

Una mano hábil se deslizó sobre su cierre, bajándolo lentamente, alargando la tortura del castaño. –por favor... –murmuró, tomando con rudeza el rostro de Dean, besándolo como sabía, de esa manera que siempre volvía locos a quienes estaban con él. Sus dientes apresando el labio superior, succionándolo y lamiéndolo, arrancando un gemido profundo de la garganta del rubio.

Cuando fue capaz de atrapar en su mano el miembro firme de Sam, y sentirlo pulsando caliente, un escalofrío recorrió su espalda, dándose cuenta de lo que estaba por hacer. Joder fue su pensamiento por un segundo, preguntándose como pudo resistir tanto tiempo sin hacerle eso a Sammy, si sentirlo derretirse bajo su toque era lo mejor que había hecho en mucho tiempo. Y aunque el miedo seguía presente, se desvaneció como por arte de magia, al sentir las caderas de Sam temblar bajo su agarre, buscando un roce mayor, que lo aliviara de su dolor.

-¿Sabes? Es la primera vez que toco uno que no sea el mío. –susurró Dean, contra los labios de Sam, oyendo maravillado una pequeña risilla, ahogada de inmediato en un gemido, al apretar suavemente la erección del castaño.

-¿Quién diría que aún te quedaba una primera vez? –murmuró Sam, tratando de controlar su respiración.

-Ya sabes... –susurró, deslizando su mano por todo el largo de la erección, disfrutando de los débiles suspiros del castaño. –Siempre hay una primera vez para todo... –una sacudida especialmente fuerte de las caderas de Sam lo hizo mirar lo que tenía entre manos. La polla del castaño estaba hinchada y roja, casi morada, mientras su punta goteaba lentamente líquido preseminal, ayudándolo a deslizar más fácil la mano. Con cuidado presionó su pulgar sobre el glande, obteniendo un gemido más audible que los otros. Con una sonrisita miró a Sam, viendo su rostro rojo, con una leve capa de sudor, adhiriendo algunos mechones a su frente, y esos ojos –tan indescriptibles como su dueño –mirarlos con placer, perdidos en lo que Dean lo hacía sentir. –Al parecer, para ser mi primera vez no soy tan malo ¿O no? –Aumentando por un momento la velocidad, evitó que Sam contestara, dejando oír sólo los suaves gemidos del chico. Con precisión apretaba la cabecita, cada vez que se deslizaba hasta el extremo, y con el pulgar presionaba la hendidura, obteniendo más gemidos frustrados.

-No eres... no eres malo... Dios –siseó Sam, sintiendo sus ojos bizquear, cuando Dean mordió su cuello con fuerza, de seguro buscando dejar un moratón, y esa lengua afilada acariciar, mezclándose con los roces de los dientes del rubio, y esa mano que lo estaba volviendo loco. Se separó, reuniendo toda su fuerza, apoyándose en los asientos hasta quedar con la espalda en la puerta contraria, con una pierna apoyada en el suelo y la otra extendida, Dean mirándolo entre sus piernas, con su mano aún sobre su polla dura. –Ven... es más cómodo. –con una mano sujetó el mentón de Dean, atrayéndolo para besarlo firme, metiéndole la lengua hasta la garganta, buscando devolver el placer que le hacía sentir con cada caricia. La otra mano se paseó hasta llegar a la erección en los pantalones del rubio, y acunarla suavemente sobre los vaqueros, logrando un gemido profundo. Con habilidad bajó el cierre, bajando la ropa hasta tener el miembro de Dean entre sus dedos, disfrutando de cada trozo de la piel caliente, dispuesto a guardar ese momento en su memoria por siempre, cada textura, cada vena palpitando de deseo en su mano, todo.

-Veo que tú tampoco eres tan malo. –gruñó Dean, atrayendo la mirada del castaño, dejando lucir ese brillo de celos, mientras su mano se deslizaba más ruda sobre la erección de Sam, logrando un gemido ronco. La cabeza de Sam se tiró hacía atrás, golpeando contra la ventana dejando todo el cuello a disposición del rubio. Con un gemido, resbaló su nariz sobre la piel expuesta, aspirando el aroma del cuerpo de Sam, sintiendo como el castaño lo apretaba entre sus dedos, devolviendo las caricias diestramente en su erección. –pero no es broma... –su lengua rodando sobre el lugar donde palpitaba su pulso furioso, sus dientes agregándose, rasguñándolo levemente. - ...eres mío, sólo mío. –con un último gemido, enterró sus dientes, sintiendo a Sammy correrse entre sus dedos, la mano del castaño apretarlo de forma imposible, arrastrándolo en su propio orgasmo, liberando un gemido mezclado con el estrangulado de Sam.

Luego de unos minutos, pudo sentir su mente regresando a la tierra, aún relajado luego de uno de los mejores orgasmos que había tenido en su vida, sintiendo como si se hubiera sacado un peso enorme de los hombros. Con cuidado se retiró de encima de Sam, donde había caído al correrse, sintiendo la mano aún algo pegajosa. Indiferente se limpió en su propia ropa interior, esperando no haber manchado a su nena.

Cuando miró los grandes ojos de Sammy, vio reflejados en ellos, el mismo alivio que sentía al haber... expresado sus sentimientos.

Una pequeña sonrisa iluminó el rostro de Sam, haciéndolo lucir adorable (y que conste que si lo pensó, fue sólo porque aún estaba atontado por el efecto post-orgasmo) estando todo sonrojado y con el pelo algo desordenado, sus ojos brillando alegres.

-Vaya... y yo que pensaba que si había algo imposible, es que tú fueras gay... –susurró algo ronco el castaño, limpiándose también, y empezando a arreglarse la ropa.

-No soy gay –fue la respuesta de Dean, sintiendo que se comenzaba a sonrojar. La carcajada de Sam lo obligó a levantar la vista.

-Pues si lo que acabamos de hacer no es gay, entonces no sé que es lo que hicimos.

-No soy gay, porque no me gustan los hombres. –fue el comentario testarudo del rubio.

-La última vez que me vi en el espejo, pensaba que era un hombre... o al menos eso dice lo que tengo entre las piernas. –murmuró sonriendo aún, aunque empezando a fastidiarse con la porfía de Dean.

-Y no lo dudo –pensó por un momento Dean, aunque al ver la mueca que empezaba a surcar el rostro de Sam se tensó, la vocecilla olvidada susurrándole que más le valía arreglar la situación. –Sam –gimió desesperado, internamente asombrado de lo fácil que su hermano lo dominaba. –No me gustan los hombres, sólo tú. –la oración quedó flotando en el aire, haciendo suspirar ligeramente a Sam, sabiendo que esa sería una de las mejores declaraciones que podría obtener de parte del rubio, y de todos modos sintiéndose feliz de que el rubio lo hubiese aceptado de una manera tan sencilla.

Suavemente volvió a tomar el rostro de Dean, para besarlo sin prisas, disfrutando de la sensación de esos labios, tanto tiempo vedados, ahora dispuestos a entregarse a él, sin problemas ni discusiones. Del placer de besar a la persona que quería. Separándose despacio, lo miró un segundo, antes de sonreír.

-Yo también, Dean. Yo también.

--...--... Fin

Jo, no puedo creer que al fin lo haya hecho... que haya terminado este fic. Me siento feliz, y espero que todas disfruten de la lectura... de todos modos aún falta el epílogo ;) donde habrá de verdad slash xD entre los dos... ya que haciéndole caso a mi hermana, en este capítulo, lo que buscaba es que ambos se dieran cuenta de los sentimientos... ya para el epílogo daré rienda suelta a todas las pasiones xD

Queda decir que si hay algo que me inspiró para hacerlo, es la serie Queer as Folk (simplemente una joyita del slash) de hecho, el nombre del local es el favorito de los personajes de la serie :)

Bien, respondo a los rws anónimos:

Yolithza: Jajaja, si te impresionaba lo celoso que podía llegar a ser Dean, aquí se demuestra hasta donde, aunque son sus celos los que me ayudan con la historia ;) Lamento que no haya subido este capítulo tan tarde T.T lo tenía comenzado desde que subí el otro... pero ya sabes, las cosas no salen como uno quisiera. Besos! Y gracias por el post.

Lau: Gracias por el rw, me alegro que te guste y coincido, ellos se pertenecen mutuamente. Y punto. Besos!

Ina: jojojo... ya ves, aquñi está tu influencia maléfica, ojalá te guste lo que salió, mira que me quedé hasta la una y cuarto escribiendo xD pero hoy no me quedé dormida en clases xD Soy feliz por eso. Besos!!

Eso, besos a todas/os!!

SinieStra Malfoy.