APÓLOGO Y MERIDIANO DEL AMANTE
Y me suplicó que lo tomara, que, tal vez,
allí encontraría, yo, la razón de mi ignorancia,
de su conducta y de su sabiduría.
Tal vez.
IV. Motivos Ocultos
- ¿Debo suponer entonces que los señores Weasley y Potter no estaban enterados al respecto? – preguntó la profesora McGonagall, alzando una ceja y clavando la mirada en la figura encogida de una Hermione Granger completamente confundida que miraba hacia el suelo con el ceño fruncido y cientos de cuestiones rondando por su cabeza; jamás confiaría en Severus Snape, pero debía reconocer que le había alertado oportunamente acerca de un ataque que tres adolescentes solos no estaban en condiciones de eludir. Jamás traicionaría a la Orden, pero no podía descartar la pequeña posibilidad de que quizá su antiguo profesor realmente trataba de ayudarlos. No quería mentir, pero no podía desperdiciar la oportunidad de obtener más información para su labor. Sopesó sus opciones, y no le llevó mucho tiempo decidir cuál tomar.
- No, profesora. Harry y Ron no sabían nada del ataque – dijo mirándola a los ojos por primera vez, evitando cuidadosamente las miradas sorprendidas de sus amigos y las sospechosamente interrogantes de los otros tres magos.
- ¿Y cómo es que tú sí lo sabías, Hermione? – le preguntó de nuevo McGonagall, suavizando el tono de su voz.
Volvió bajar la vista al suelo, concentrándose en encontrar las palabras que debía pronunciar. Tras un leve momento de titubeo, le devolvió decididamente la mirada y por fin respondió.
- De verdad quisiera hacerlo, profesora, pero no puedo responderle. Le ruego que me disculpe.
- Sí puedes hacerlo, Hermione, es importante. Por favor dinos, ¿quién te ha advertido?
- Discúlpeme, profesora… - insistió pausadamente, intentando ser lo más clara posible – de verdad, nada me gustaría más que decírselo, pero por el momento no puedo hacerlo.
La profesora McGonagall negó despacio con la cabeza y, con cierto deje de resignación, se giró hacia Lupin y los dos aurores para interrogarlos con la mirada; Nymphadora Tonks suspiró ligeramente y se encogió de hombros, mientras el licántropo asentía seriamente observando a la directora en un gesto de mutuo entendimiento. Sólo el legendario auror rompió el pesado silencio que se ciñó sobre el despacho.
- No es nada que unas gotas de Veritaserum no puedan arreglar, Minerva – dijo observando con recelo a Hermione, que se revolvió inquieta ante la sensación escalofriante de su ojo mágico fijo en su frente, como intentando ver sus pensamientos.
- No es necesario, Alastor – le censuró Remus, y volvió su atención hacia la castaña, que le devolvió la mirada agradecida -. Sólo dinos algo, Hermione… ¿lo supiste por conducto de uno de los nuestros, o… fue información sembrada por algún mortífago?
Maldijo por lo bajo ante las implicaciones de la pregunta y la capacidad de Lupin para ponerla en una situación comprometida. Cualquiera que fuera su respuesta, en todos los casos sólo representaría la confirmación de algo que ella estaba consciente que empezaban a sospechar, y no quería descubrirse de ese modo porque, siendo sincera consigo misma, ni ella sabía el por qué encubría a su exprofesor de pociones tan celosamente. Lo cierto es que no podría hablar sino hasta después de haber corroborado lo que aquel le había dicho esa noche, y no podía arriesgar cualquier tipo de información acerca de los horrocruxes por más que su instinto primario hubiese sido precisamente tratar el asunto con la jefa de su casa.
- No lo sé, profesor… la verdad es que no lo sé…
Y no hizo falta nada más, porque la sinceridad de su respuesta sólo volvía certezas las teorías que cada cual en ese despacho se había planteado. Porque todos, en algún momento, dudaron de la misma forma en torno a la misma persona; porque toda esa ambigüedad sólo podía tener cabida en la desagradable e indescifrable figura de Severus Snape. Porque todos llegaron en algún momento a pensar que podría ser alguien, si no bueno, sí mucho menos ruin de lo que era en realidad. Porque algunos incluso llegaron a pensar que podía tratarse de un elemento valioso para la Orden, de un hombre valiente entregado por completo a su labor de espía. Pero no lo era –al menos no para el bando correcto-, y resultaba terriblemente perturbador que la alumna más brillante que había visto Hogwarts en mucho tiempo lo dudara siquiera a estas alturas, a tan poco tiempo del asesinato que cometió contra Dumbledore, a tan poco tiempo de la que fuera su más grande traición.
Porque Severus Snape era sin duda un asesino y un traidor, pero también era el más brillante actor que se hubiera conocido jamás en el mundo mágico, y todos esos años al servicio del director no habían sido más que la obra maestra de un hombre que manejaba las palabras con la misma destreza que el fuego que ardía debajo del caldero. Sin embargo, Hermione Granger era una joven racional, lo suficientemente inteligente como para no dejarse convencer por motivos menores, y aún así, se veía totalmente decidida a no revelarlos. Por eso nadie se atrevió a ir más allá. Por el momento, los muchachos estaban seguros en Hogwarts, y si bien se habían perdido algunas cosas materiales en el ataque a la mansión Black, nadie salió siquiera herido. Al menos por ahora, no había peligro.
- Será mejor que vayan a descansar a su torre; la Señora Gorda les dará una contraseña provisional – se dirigió McGonagall hacia los adolescentes para luego girarse hacia Lupin, Tonks y Moody -. Me temo que nosotros tendremos que quedarnos un rato más; espero que no les importe.
Los tres asintieron mientras el trío dorado se dirigía hacia la puerta.
- Minerva, ¿no crees que pudo haberse aparecido en Hogwarts aprovechando el momento en que fue desactivado el encantamiento anti-apariciones? – preguntó Tonks en voz baja, intentando que los chicos no la escucharan.
- No, Tonks – respondió cansadamente Hermione bajo el umbral de la puerta sin girarse siquiera a verla -. Él estuvo todo el tiempo en la mansión. Desarmó a Bellatrix cuando intentó lanzarme una maldición letal justo antes de que llegaran – y sin más, salió cerrando la puerta tras de sí, y tapó sus ojos con sus manos por un momento antes de poder enfrentarse a la mirada interrogante de Ron y la furiosa de el niño que vivió.
o-o-o-o-o-o-o
- ¿Y bien, Hermione? – le preguntó por fin Harry Potter una vez que el acceso a la sala común de Gryffindor se hubo cerrado, dejando del otro lado a una enfadada y confundida Señora Gorda. Tenía el ceño fruncido y los ojos verdes entrecerrados fijos taladrando los suyos castaños. Estaba realmente molesto. Ninguno le había dirigido la palabra mientras caminaban por los pasillos de Hogwarts rumbo a la torre de su casa, ella estratégicamente unos pasos a la delantera, evitando el contacto visual pero sintiendo sobre su nuca el peso de las miradas de sus amigos; la de Harry se le antojaba completamente alterada y rabiosa, y tenía que reconocer que algo de razón había en ella. Por eso fue la de Ron la que le dolió más, porque de Ron hubiera esperado alguna rabieta, alguna pelea verbal e impulsiva que olvidarían durante el desayuno del día siguiente, o el sucesivo a ese, y sin embargo el pelirrojo, normalmente visceral y tozudo, se limitaba a observarla con algo parecido a la decepción y a la tristeza. Podía sentir sobre ella sus ojos celestes intentando comprender y luego rendirse, dolidos, y contra eso ella no estaba preparada; sí para Harry, porque sabía lo que Harry diría, porque conocía todo el odio y el desprecio que dirigía hacia su exprofesor de pociones, y su reacción, si bien molesta, era cómodamente predecible, pero últimamente no podría decir lo mismo de Ron. Últimamente no sabía lidiar con nada que tuviera que ver con Ron y con sus ojos azules, y eso la asustaba mucho más que los arranques de ira del niño que vivió.
- ¿Qué, Harry? – se atrevió a cuestionarle, visiblemente cansada.
- Queremos que nos expliques qué mierda ha sido eso en el despacho de Dumbledore. – escupió Harry.
- Es el despacho de la profesora McGonagall ahora, Harry, y no ha sido más de lo que ya has visto – dijo con una tranquilidad ajena a ella.
- Para mí siempre será el lugar de Albus Dumbledore. Seguiría siéndolo si el traidor de Snape no lo hubiera asesinado aquella noche. ¡Porque fue él, Hermione, él lo mató! ¡Y otra vez es él, estoy seguro! ¿Por qué no nos lo explicas todo ahora que estamos solos?
- ¡Porque no puedo, Harry, ya lo has oído! – le respondió Hermione levantando la voz, en un chillido a medio camino entre la impaciencia y la impotencia.
- Hermione, por favor… - le imploró Ron sin mirarla, su voz apenas un murmullo apagado y, de cierta forma, triste – sólo queremos saber por qué lo defiendes…
- Ron… - se giró sorprendida hacia él con el estómago hecho un nudo – Ron, no lo estoy defendiendo… sólo creo que quizá hay algo más en todo esto que lo que ya sabemos… por favor, intenten… - Pero fue interrumpida por un Harry cada vez más molesto.
- ¡¿Intentar qué, Hermione?! ¡Es un asesino, y no hay nada más que saber!
- Exactamente lo mismo dijiste alguna vez de Sirius Black, Harry. Si nadie le hubiera dado la oportunidad de explicarse, tú mismo lo hubieras matado – replicó Hermione retándolo con la mirada, consciente de la fibra que acababa de tocar, y de todo lo que eso podría desencadenar. Ron intentó encontrar alguna forma de romper con la tensión que se cernía sobre la habitación, pero al no dar con ninguna, simplemente optó por mantenerse al margen de la guerra de miradas que sostenían sus mejores amigos, presenciando cómo se interponía entre ellos una barrera que tan sólo horas atrás nadie habría podido imaginar.
- Espero, Hermione… - siseó Harry, completamente rojo de ira - que esta sea la última vez que se te ocurra manchar la memoria de Sirius comparándolo con ese bastardo… - y tras dirigirle una última mirada de resentimiento, caminó hacia las escaleras que daban a sus dormitorios.
- Sólo creo que cualquier persona merece una oportunidad de justificarse… - murmuró Hermione, intentando convencerse más a sí misma que a sus dos amigos. Un murmullo áspero y burlón salió de los labios de Harry, que se detuvo un momento antes de desaparecer por las escaleras.
- Para ser tan inteligente a veces llegas a ser bastante tonta. Severus Snape no es una persona, Hermione; es un monstruo. Y si pudo engañar a Dumbledore, no veo por qué no podría engañarte a ti también – y se perdió entre las sombras rumbo a su dormitorio, dejando a Ron y a Hermione solos en la sala común.
- Él no quiso decir eso, Hermione – susurró Ron acercándose a ella tras unos instantes de silencio en los que la vista humedecida de la castaña se perdía rumbo a la chimenea apagada – eres una bruja brillante… demasiado… tal vez por eso no podemos entender qué clase de cosas te han hecho confiar en él…
- Es que no confío en él, Ron. Tampoco les pido a ustedes que lo hagan… sólo que confíen en mí – y se mordió el labio inferior al recordar las palabras de Snape en el parque y vislumbrarlas tan parecidas a las suyas – aún tengo que hacer algo… y cuando lo haga, podré hablar, y se los diré todo. Pero ahora no puedo… - Ron asintió en silencio y la atrajo suavemente hacia él en un abrazo afectuoso. Hermione suspiró quedamente y apoyó la cabeza en el pecho desbocado del pelirrojo.
- Sólo… sólo quiero que estés consciente de que es un hombre muy peligroso, Hermione… no quiero que te haga daño.
- Bastantes oportunidades tuvo de hacerlo esta noche, Ron… no te preocupes - el pelirrojo volvió a asentir y la separó un momento para ver su rostro; algo en él se removió furiosamente a la altura de su estómago al observarla tan cansada y vulnerable, y le hizo inclinar la cabeza hacia abajo y depositar un beso peligrosamente cerca de la comisura de sus labios.
- Descansa, Hermione. Nos hace falta a todos – dijo por fin con la voz enronquecida, y tras una última mirada, recorrió el camino que minutos antes anduvo Harry Potter, dejando en la sala a una castaña a punto de derrumbarse y a un mar de dudas y confusiones que amenazaba por tragársela.
o-o-o-o-o-o-o
Se revolvió por enésima vez en la cama; apenas hace una hora había podido dejar de llorar de frustración. Estaba cansada como pocas veces, y con razón: había sido una noche especialmente pesada, había enfrentado más cosas de las que podía manejar, y se le volcaban encima como toneladas de arena que le escocían en los ojos y le raspaban en la garganta. Se sentía completamente sola, sin sus padres, sin Dumbledore, sin Harry, sin siquiera el molesto murmullo de Lavender y Parvati en aquella desolada habitación para hacerle sentir que su mundo no había cambiado tanto. Sólo ella y su tormenta particular de dudas y temores.
Y el beso de Ron, le recordó una imprudente vocecilla salida del interior de su cabeza, y es que esa era una de las mil cosas en que no quería pensar. Era consciente de que últimamente hacían eso demasiado a menudo; rozarse como al descuido, extender un poco los abrazos, desplazar los besos de saludo y despedida cada vez más lejos de la frente y las mejillas, y no estaba segura de si eso le gustaba o no, porque lo que comenzó como una muestra de cariño casi familiar terminó convirtiéndose en algo inclasificable que aceleraba el pulso de Ron cada vez que ella descansaba su cabeza en su pecho, como había ocurrido un par de horas atrás, y que a ella… no lo sabía. La única certeza que tenía era que no sabía nada salvo que no quería alejar a alguien más de su vida.
Y Snape, le insistió aquella voz desagradable; claro que Snape, pero ella tampoco quería saber nada por el momento, porque se sentía terriblemente mal al racionalizar todo en perspectiva y darse cuenta de que, efectivamente, estaba protegiéndole demasiado cuando ella ni siquiera estaba segura del por qué lo hacía, mucho menos si todo lo que había dicho –él en un principio, y ella después al defender su postura- era verdad. Lo cual la conducía hacia una última cuestión, rotunda y aplastante que había estado intentando ignorar.
El pensadero. Casi podía ver el brillo platinado colarse bajo la puerta de su habitación, casi podía escuchar las oleadas de sus recuerdos revolverse furiosa, titánicamente hasta estrellarse en el borde del contenedor pétreo. Casi podía sentirse absorbida por aquel remolino irrefrenable, podía sentir el vértigo, la posible revelación, la forzada incertidumbre a la que se estaba sometiendo.
Y qué más da ahora; sólo le quedaba apurar el trago amargo que supondría cualquier cosa que pudiera descubrir en las mazmorras: la lealtad, la traición, la trampa. Cualquier cosa para la cual no estaba preparada, pero que no tenía sentido retrasar más.
Y con un suspiro y una más bien frágil determinación, Hermione Granger se levantó de la cama a las cuatro de la mañana con destino a las mazmorras del castillo, convencida de que, de cualquier forma, esa noche estaba destinada a no dormir.
o-o-o-o-o-o-o-O-o-o-o-o-o-o-o
Disculpen la demora, pero he estado en exámenes y cargada de trabajos. Los capítulos irán siendo más largos de ahora en adelante, y como compensación por la espera, me encuentro trabajando ya en el siguiente; espero subirlo lo más pronto hoy mismo y a más tardar el Miércoles de esta semana.
Espero que no haya sido demasiado evidente el hecho de que, a partir del quinto libro, Harry comenzó a parecerme un jovencito bastante imprudente, inmaduro, egoísta y con un severo complejo protagónico que no me agrada demasiado. A Ron, en cambio, se le vio madurar un poco, y salvo los fanfics directamente RW/HG, creo que en general no se le hace demasiada justicia a su evolución.
Besos a todas las que leen, especialmente a La-rosa-d-plata, dulceysnape, Cleoru Misumi, Laura, Vanessa y Crystallus; ¡muchas gracias por sus reviews!
S.
