Harry estaba muy enfadado. Al día siguiente, cuando se despertó ya en Gryffindor, decidió ir a pedir a Malfoy su capa de invisibilidad, aunque sabía que el rubio no le iba a hacer caso.
No se molestó en despertar a Ron y Hermione y bajó directamente al Gran Comedor a desayunar, decidido a ir a la mesa de Slytherin nada más llegar. Pero en cuanto en cuanto puso un pie allí alguien le cogió del hombro.
-¡Harry Potter!- dijo Slughorn- Precisamente estaba pensando en ti. Me estaba diciendo "¿cómo un chico tan importante como tú puede desayunar solo en un sitio como éste?" Así que he reunido a todos los demás para desayunar juntos. Vamos, vamos… no querrás llegar tarde.
Harry se resignó. Después de todo, Slughorn tiraba de él y no parecía querer soltarle. Cuando llegaron había una mesa colocada entre Hufflepuff y Ravenclaw. Harry tragó saliva, detestaba llamar la atención. Pero allí estaban todos, incluida Ginny, que al parecer se había levantado antes que él.
Slughorn le dejó con los demás y fue a hablar con alguien en la mesa de profesores. Fue entonces cuando Harry se dio cuenta de que el sitio de Blaise en la mesa estaba vacío. Después de un momento, Slughorn volvió con alguien.
-Os pido disculpas, chicos, voy a presentaros a un nuevo miembro del club.
Harry levantó la vista y contempló con asombro cómo Malfoy se sentaba a su lado. Mientras Slughorn enumeraba rápidamente los antepasados de Draco y el rubio intentaba sonreír a medias (na: no sé cómo se hace eso) Harry se dio cuenta de que Draco parecía mortalmente cansado. Echó un vistazo a Slytherin. Nadie más parecía tan cansado como él. Entonces Harry comprendió que con su capa invisible Draco estaba haciendo lo que fuera que hacía antes a hurtadillas con sus compinches, pero esta vez lo hacía solo y más rápidamente. Frunció el ceño y comió cereales.
Después de un rato, en el que Slughorn habló con todos y cada uno de ellos, por fin puso su atención en Ginny y estuvo hablando con ella de hechizos de mocomurciélagos. Harry aprovechó y le dio un codazo a Draco, que se estaba durmiendo en ese momento. El rubio abrió los ojos bruscamente y le miró con ira.
-Devuélveme mi capa.- susurró Harry enfadado.
Draco levantó una ceja. Con tantas ojeras parecía que se hubiera puesto maquillaje.
-Ni de coña, Potter.- dijo. Se dio la vuelta de nuevo, dispuesto a ignorarle.
Harry le dio una patada por debajo de la mesa.
-¿La estás usando, verdad? Ahora lo haces tú solo, sin tus compinches.
Draco ni siquiera le miró.
-No sé de qué me hablas.
-Sí que lo sabes- contestó Harry aún girado hacia él.- ¡Quiero mi capa¡es mía! Es un regalo de mi padre, así que devuélvemela.
Parecía que Malfoy sonreía.
-No.
Harry frunció aún más el ceño y como si nada, derramó la taza de leche de Draco encima de él. El rubio saltó de la silla, mirando con asco la túnica empapada.
-¡Potter!
Harry le miró con ojos inocentes.
-¿Qué?
-No te hagas el imbécil, bueno, espera, eres imbécil así que no puedes evitar aparentarlo… debe de ser genético.
Harry se levantó. Así que Snape le había hablado a Draco de sus sentimientos por su padre. El simple hecho de imaginarse a esos dos riéndose de su familia mientras se frotaban en la cama le puso enfermo.
-Tú sí que eres…
-¡Chicos, chicos! Tranquilizaos. No me gusta que los componentes de mi grupo se peleen entre ellos.- Y cogió a los dos y los sentó de nuevo, después, con un hechizo limpió a Draco y a la mesa y le dio unas palmaditas en la espalda. Lo peor fue cuando se sentó a su lado.- Harry, Draco… me han contado que no os lleváis precisamente bien y eso es MUY malo. Teniendo en cuenta cómo estáis acabando el curso- miró a Draco, miró a Harry- pienso que sería mejor para todos que tratarais de entenderos el uno al otro.
Slughorn se levantó y fue a hablar con Neville.
-Ah, se me olvidaba. Dumbledore me ha dado permiso para suspenderos en Pociones si seguís con esa actitud.
Draco y Harry se miraron sorprendidos, después enfadados y al final se ignoraron el uno al otro. Daba igual si no le devolvía la capa, pensó Harry, él tenía el mapa del merodeador y sabía perfectamente dónde estaba el rubio en cada momento, lo que le llevaba a la cuestión de por qué estaba todas las noches en el despacho de Snape. Pensó en preguntárselo pero después de lo que ocurrió en la enfermería, no se atrevió a hablar. Esperaba que el rumor de que estaba loco y se había intentado suicidar no se hubiera extendido por Hogwarts. En ese momento Draco miraba a la mesa de profesores con frialdad. Harry se dio la vuelta para ver a quién le mandaba esa cálida mirada, aunque ya lo sabía antes de que los ojos oscuros del profesor de Snape pasaran de Draco a él. Harry se hundió en su silla y se dedicó a escarbar en sus cereales. Aún tenía miedo de Snape y no sabía por qué.
-…maldito bastardo mortífago…-oyó susurrar a Draco mientras el rubio se volvía también hacia su desayuno. ¿Estaría hablando de Snape? A lo mejor se refería a Lucius. . De repente Draco hizo un gesto de dolor y se tocó la frente con sus manos. Inmediatamente se giró y miró de nuevo a Snape, con más furia. Harry frunció el ceño. ¿Snape intentaba legerimancia contra Draco? Por la sonrisa de suficiencia del rubio un segundo después, Harry supuso que a Malfoy se le daba mejor la oclumancia que a él.
Esta disputa podía ser algo bueno, pensaba Harry dubitativo. Quería decir que Snape no confiaba en Draco y viceversa. Lo que significaba que el rubio no le había confiado su plan. Llegado a ese punto Harry no sabía ya si eso era tan bueno o no. Esperó a que el rubio bebiera de su taza.
Atacó.
-¿Qué haces todas las noches en el despacho de Snape?-susurró al oído del rubio.
Tuvo el efecto deseado. Draco se atragantó con su bebida y empezó a toser. Aún así le miró entre sorprendido y furioso. Harry esperaba que volviera a gritarle, pero en vez de eso, el rubio se calmó, limpió el estropicio y se levantó de la mesa tranquilamente.
Antes de irse lo miró con malicia.
-Despídete de tu capa, Potter.
Harry se hundió más en su silla. Bien¿qué hacer ahora? Después de desayunar le tocaba DCAO, pero no le apetecía nada enfrentarse con el profesor Snape, así que decidió saltarse esa clase y se fue a la biblioteca a buscar información acerca de votos inquebrantables. Le había prometido a Snape no hacer nada al respecto, pero ¿desde cuándo él hacía caso de lo que los demás le decían? Así que se dirigió a la biblioteca, pero en el camino se encontró con Ron y Hermione, quienes se escandalizaron cuando les contó que iba a saltarse las clases. Ron dijo que él también hacía pellas y Hermione que no iba a dejar a ninguno de los dos hacer eso. Además, dijo, Snape podía leerles la mente y saber lo que estaban tramando. Harry suspiró, aceptando la inteligencia de su amiga en esos asuntos.
En clase, se ocupó de ponerse al final de la clase, lejos de Snape. Aún así, a la hora de practicar con los compañeros (a Harry le tocó Neville) Snape los supervisó con sus comentarios sarcásticos uno a uno. Cuando llegó a su sitio, Harry respiró hondo, preparándose para la habitual regañina y el ridículo. Neville parecía sentir la misma tensión. Sin embargo, Snape se limitó a quedarse mirando cómo practicaban el hechizo, sin hacer ningún comentario. Al volverse él, los dos suspiraron aliviados.
-Cincuenta puntos menos para Gryffindor por intentar saltarse la clase señor Potter.-dijo el profesor cuando ya llegaba a su silla. Harry se puso furioso, pero a la vez estaba agradecido por que se había saltado sus habituales sarcasmos y comentarios y además porque Snape no se había acercado a él demasiado ni le había resoplado en el cuello como solía hacer. Así que no dijo nada.
Después de la clase, todos estaban cansados y salían con los hombros caídos, cabizbajos. Cuando pasó por delante Snape, el profesor estaba escribiendo algo sobre un pergamino.
-Potter, quédese un momento.
A Harry casi se le heló la sangre. Ron y Hermione lo miraban con impotencia, pero salieron de allí dejándole solo ante el peligro. Intentó aparentar tranquilidad, pero estaba muy nervioso. Miró a Snape, quien no levantaba la vista de los papeles. Para cuando lo hizo y clavó sus negros ojos en él, Harr tragó saliva. ¿Le iba a castigar solo por pensar en no ir a su clase? Severus Snape sacó algo de debajo de la mesa y se lo lanzó. Harry lo cogió al vuelo, como buen cazador de snitch y se dio cuenta de que era la capa invisible.
-Ahora que tiene lo que quiere, deje al señor Malfoy en paz.
Harry lo miró con los ojos como platos. ¿Por qué le devolvía su capa? Al ir a preguntárselo, Snape levantó la mano, mostrándole la puerta. Harry obedeció.
-Potter-dijo en última instancia el profesor- me prometió que no se metería en asuntos ajenos. Espero que no falte a su palabra. Y si descubro que ha usado esa capa fuera del horario permitido, en sitios no permitidos, tomaré medidas no permitidas por los profesores. ¿Me ha entendido?
Harry se quedó en silencio. No había mirado a Snape mientras le decía todo eso, pero en ese momento, cuando decidió posar los ojos en su profesor de pociones, vio con asombro que éste tenía la cabeza enterrada en las manos. Y Harry no supo qué decir, así que simplemente salió en silencio de la habitación, cerrando con cuidado la puerta.
Después de eso, cuando miró el mapa del merodeador esa noche y la siguiente, Snape aparecía solo en su despacho y Malfoy no aparecía por ninguna parte. Harry no sabía qué pensar, qué hacer o qué sentir.
Los días siguientes Malfoy le evitó. Y esta vez no eran alucinaciones suyas. Cada vez que se cruzaban por los pasillos o en clase, el rubio huía de él y desaparecía de su vista. Además, un día oyó comentar a los Slytherin que tampoco asistía a sus clases de DCAO. Harry no sabía por qué, pero tenía un mal presentimiento.
El curso avanzaba y las reuniones de Slughorn cada vez eran más molestas. Como si no fuera poco el tener que aguantarle en clase de pociones diciéndole que estaba pasando por una mala etapa ( y es que ya no tenía el libro de instrucciones del Príncipe Mestizo) al parecer creía que era buena idea hacer que se animara y le obligaba a ir a todas las reuniones. Reuniones en las que aparecía Draco Malfoy, por supuesto. Había llegado a una etapa de lo que parecía insomnio crónico y si no fuera porque le había visto alguna vez salir a la luz del sol, creería que se había convertido en vampiro. Ey¿Y si era así como iba a matar a Dumbledore? No, eso era estúpido. ¿Draco Malfoy un vampiro? Vale que le gustara chupar cámara, pero dudaba que diera…el pego. Snape si que parecía un vampiro, con su capa mugrienta y su pelo asquerosamente grasiento. Brrr. ¿Y si Snape le había mordido en una de sus noches de pasión? Harry sintió náuseas. No. No debía pensar esas cosas. Cada vez que se producía la imagen mental de Snape y Malfoy abrazándose, Harry sentía algo en la tripa, una especie de vértigo y un sudor le cubría todo el cuerpo. Era algo asqueroso. Mejor no pensarlo.
El fin de semana fueron a Hogsmeade, aunque Harry no sentía muchas ganas de ir, después de lo del collar y todo eso. Aún así, Ron y Hermione le obligaron porque estaban preocupados por él. Para variar. Pero¿de qué le servían unos amigos que no le creían? Fue con ellos, por supuesto. Y acabaron en Honeydukes, donde había una larguísima cola de gente. El dependiente (un tal Wonka) estaba enseñando cómo hacer mezclas con los distintos sabores de dulces que usaba para hacer las piruletas gigantes.
-¿Os imagináis una piruleta de todos los sabores del mundo mezclados?- decía Ron mientras se le caía la baba.
Hermione le miraba con asco.
-Ronald, eso es imposible. A lo sumo podrá mezclar cuatro o cinco sabores, pero no más. No habría sitio ni…
-Ya, bueno. También se puede vivir de sueños¿no?- replicó Ron un poco molesto mientras veía la piruleta multicolor formarse.
-Además, mezcles los sabores que mezcles, siempre habrá uno que dominará por encima de ellos. O su mezcla, más bien. Acabarán siendo una pasta pegajosa.
-No es verdad, podría…
Harry no estaba escuchando, pero en ese momento se giró, porque Hermione le tiraba de la manga.
-¿Verdad que tengo razón, Harry? Si dos sabores se unen, se funden en uno solo, y no hay manera de separarlos.
Harry meditó sobre eso y le recordó algo. Por increíble que pareciese se estaba acordando del Voto Inquebrantable. Si dos personas hacen un voto, nada puede romperlo…
-Pero si metes un sabor más fuerte, que domine a los anteriores…- replicó de nuevo Ron.
-Entonces ganará ese sabor, Ron. No se mezclará con los otros ni sabrán cada uno por un lado.
… entonces si se hiciera un inquebrantable que fuera más fuerte que el primero… ¡el hechizo último prevalecería! Suponía Harry. Parpadeó. ¿Sería eso posible?
-Um. Chicos, tengo que irme.
Pero sus amigos no le escuchaban, así que simplemente desapareció, pensando en esa nueva idea. Además se le estaban ocurriendo algunas más, pero más estúpidas. La cuestión era: decírselas a Draco o decírselas a Snape. Sabía que cualquiera de los dos le mandarían al infierno.
Buscó por todo Hogsmeade pero no encontró al rubio. Argh… ¿estaría en Hogwarts? Un momento¿esa de allí no era Pansy? Y se metía en Cabeza de Puerco. Harry se paró frente a la puerta del local. ¿Y qué le diría a Draco? No sabía si los demás Slytherin estaban enterados de su plan, así que tampoco podía pregonar a los cuatro vientos lo del inquebrantable.
Se le ocurrió un modo. Bien, era un modo estúpido y seguramente se reirían de él durante toda su vida. O la que le quedaba. Pero confiaba en que el rubio tuviera más inteligencia que los demás. Tomó aire y entró.
La taberna, como siempre, estaba oscura y olía a humo. Miró a su alrededor y al final encontró a los Slytherin, apiñados en un rincón, casi invisibles. Harry notó que el terror: Oh- No- Estoy- Rodeado- De -Mortífagos, intentaba volver. Pero trató de dominarlo y se acercó a la barra. Pidió una cerveza de mantequilla y otra normal. Y un Whisky de Fuego. Además dijo que eran para el profesor Slughorn, que por cierto acababa de verle en compañía de unos amigos en la otra punta. El camarero torció el gesto, pero se lo sirvió. Harry avanzó con los tres líquidos hacia la mesa donde se encontraban los Slytherin. Se hizo hueco con todo el morro que pudo y se sentó en una silla que seguramente tenía a su ocupante en el baño y puso las tres jarras en la mesa. Cuando al final los Slytherin se dieron cuenta de que no era Goyle quien se había sentado allí, le miraron sorprendidos. Casi podía ver a Draco rechinar los dientes.
-Fuera.- dijo el rubio.
-Hola¿qué tal? Yo también me alegro de verte.- dijo el moreno sonriendo. En el fondo, disfrutaba con eso.
-¿Qué se te ha perdido aquí, Potter?- le dijo Pansy, que estaba a su lado- ¿Te han subido las dioptrías?
Algunos Slytherin se rieron. Draco siguió mirándolo con odio. Al final le apuntó con su varita.
-A la de tres. ¿Vale? Tienes tres segundos para apartarte de mi vista. Empezando ya.
-Oh – dijo Harry haciendo un puchero mientras ponía en fila sus tres bebidas- ¿Y qué dirá el profesor Slugohrn- señaló al tipo en cuestión- cuando vaya a quejarme de que no quieres llevarte bien conmigo? Seguro que viene a darnos otra de sus maravillosas charlas. – luego susurró- Apuesto a que todavía no se había dado cuenta de que estabais aquí.
Draco frunció el ceño, pero al final se cruzó de brazos.
-Qué quieres.
-Sólo explicar algo muy útil.
Draco levantó una ceja.
-¿Acaso entiendes lo que es útil y lo que no?
Harry lo ignoró y procedió. Primero cogió la cerveza de mantequilla y bebió un trago.
-Esto es cerveza de mantequilla – dijo señalándola. Los Slytherin le miraron. Harry supo en ese momento que, cuando los Dudley le miraban como si fuese tonto, en realidad no sabían hacerlo. Los Slytherin lo miraban como a un auténtico subnormal.
Harry cogió la cerveza normal.
-Esto es cerveza con alcohol, normal.- ahora lo miraban con esa curiosidad con la que alguien observa cómo a una hormiga se le escurre la comida antes de ser aplastada- Las mezclamos las dos…y sale una especie de….ejem….bebida efervescente con olor a mil demonios….que…¡pfuaaaaaa!...sabe aún peor. Perdona Pansy, no quería mojarte. (Mentira) Bueno, lo que quiero decir es que la bebida en sí ha cambiado y ahora es una. Dos bebidas se han unido y tienen un sabor distinto. ¿Cómo podemos separar los sabores de cada una de ellas ahora? La respuesta es…
-No se pueden separar.
-¡Bravo, Crabbe! Sabía que tú cerebro tenía que servir de algo. ¡Vale, vale! Dejad de apuntarme. Bien, en efecto, los sabores ya no se pueden separar. Esta bebida seguirá siendo lo que es hasta el final.- esto último lo dijo mirando a Draco, que empezaba a mostrar curiosidad.- Lo único que se puede hacer…- dijo cogiendo el Whiskey de fuego y mezclándolo con las dos cervezas. En ese momento los Slytherin se echaron para atrás en sus sillas. Harry se preguntó por qué. Lo supo cuando el vaso se hizo añicos y le explotó en la cara. Pequeños cristales volaron por todas partes, clavándose en su piel. Todos los demás se habían hecho un hechizo protego.- Au.- fue lo único que consiguió decir después del susto.
-Supongo que lo querías decir antes de terminar de hacer el ridículo- dijo Draco- es que se puede añadir un sabor más fuerte a esa mezcla, que dominará a los demás.- el rubio le miraba aburrido. ¿Habría entendido de verdad lo que quería decirle?- Olvídalo Potter, ya se ha intentado y acabas de ver el resultado.
Harry parpadeó. Oh, así que no servía de nada. Suspiró y se miró los brazos llenos de cristales.
-¿Qué ha pasado?- preguntó Slughorn detrás de ellos. Harry pegó un respingo. Vale, si Slugohrn descubría la estupidez que acababa de hacer, no le volvería a admitir en Pociones.
-Potter nos mostraba cómo hacer del Whiskey de fuego un explosivo casero.- dijo el rubio automáticamente.
-¿En serio?- a Slugorhn se le abrieron los ojos de sorpresa. Después dio unas palmadas a Harry- ¡Muy bien, chico, la práctica diaria es lo que hace al mago de hoy!- y después se marchó riendo a seguir emborrachándose con los demás.
Harry miró a Draco, quien negaba con la cabeza.
-Gracias por la diversión, Potter. Ahora, puedes marcharte. ¿O quieres que te paguemos algo por hacernos de bufón?
Los Slytherin se rieron. Harry suspiró y se levantó, oliendo a cerveza y con cristales por el cuerpo. Cuando salió por la puerta, lo recibió un viento frío. Gimió y anduvo un rato por las calles del pueblo, pensando en si de verdad estaba haciendo lo correcto. ¿Por qué tenía que ayudarles? No, la pregunta era¿de verdad podía ayudarles? Por lo que había visto, era imposible romper ese maldito pacto y Harry ya estaba harto de…
Se chocó con alguien. Levantó la vista.
Snape lo observaba con ojo crítico.
-Potter, parece un borracho al que le hayan dado una paliza antes de echarlo del local.
Harry abrió la boca, pero no supo qué decir. Seguramente Snape le quitaría puntos por andar andrajoso o algo por el estilo, así que se resignó y bajó la cabeza. A los pocos segundos, oyó que el profesor decía un hechizo y los cristales de su piel desaparecieron, sus heridas se cerraron y ya no olía como un alcohólico. Levantó la vista atónito.
-¿Se lo ha hecho alguien o ha sido usted solo en otro de sus ataques de heroísmo incipiente?
Harry se ruborizó.
-No sabía que el Whisky de fuego…explotaba con…
-¿Cerveza de mantequilla y alcohol? Veo que mis suposiciones eran correctas al pensar que no me ha escuchado una sola palabra durante todos estos años en clase de Pociones. Debería quitarle todos los puntos que le quedan a su casa solo por eso, Potter…- Harry no dijo nada y miró hacia otro lado. Snape lo miraba enfadado, pero eso ya era una cara tan familiar…- en fin. ¿Dónde está Slughorn?
-En…Cabeza de Puerco.
-¿No es de allí de donde venía usted?-Snape levantó una ceja. Harry no respondió.- ¿Y no ha dicho nada de la explosión que ha provocado? No, no me conteste a eso, prefiero no saberlo. Seguramente estaría tan borracho que pensaba que alguien llamaba a la puerta.
Y con un gruñido se separó de Potter en dirección al pub.
Harry decidió volver a Honeydukes a buscar a Ron y Hermione. En vez de eso, se encontró a Luna Lovegood. Al principio pensó en evitarla, pero después se encogió de hombros. De toda la gente que conocía, Luna era la más rara y aparte de Ron y Hermione también la que más le había creído, siempre. Por supuesto, no le contaría todo, solo…quería hablar con alguien que no le dijera que tenía alucinaciones.
-Hola Luna.-dijo Harry acercándose a ella. Luna se volvió con los ojos muy abiertos. Tenía la boca llena de chocolate y se veía que en esos momentos no podía hablar. Se lo indicó por signos.-Vale, si, entiendo. Trágatelo primero, si.- Harry sonrió. Le caía bien Luna.
Caminaron juntos por las calles de Hogsmeade. Mucha gente se reía y los señalaba a escondidas al verlos pasar, pero no parecía importarles a ninguno de los dos. Harry a veces sentía que Luna se parecía más a él que cualquiera de sus amigos. Tal vez por eso sabía que nunca serían algo más que amigos y eso le hacía estar tranquilo.
Al final se lo contó todo, bajo la promesa que Luna no lo revelaría.
-De todas formas, luego si quieres puedes hacerme el obliviate.-dijo con esa voz de: tampoco-me-importa-lo-que-me-hagas-estoy-acostumbrada.
-Ni hablar. Eres mi amiga, nunca te haría algo así.- Harry suspiró- Simplemente no se qué hacer. No tengo ni idea de si debería buscar otra forma de deshacer el inquebrantable…o de si de verdad tengo que salvar a Malfoy y Snape. Después de todo, ellos se lo han buscado y…pero yo…yo no quiero que muera nadie más. NO necesito ver más thestrals. Merlín, no tengo ni8 la más remota idea de qué podría hacer. ¿Sabes? A veces me pregunto qué habría pasado si Voldemort hubiese elegido a Neville en vez de a mi. ¿Estaría aquí con nosotros¿Lo habría matado? Y luego me reprendo por pensarlo. Pero a veces…a veces…
-A veces cansa ser el bueno.- terminó Luna sonriendo comprensiva. Harry miró sus ojos, que tenían la extraña cualidad de parecer atravesarte con la mirada y estar viendo otro sitio, muy lejano, al que nunca podrías llegar.- Lo entiendo, Harry. Por cierto, Neville y yo estamos saliendo¿sabes?
Harry casi se para en seco, pero decidió que auello era una descortesía.
-Si-continuó ella- Pero no pasa nada porque pienses que Neville debería estar muerto. Sería mucho más feliz para ti si lo estuviera. Te comprendo, yo a veces pienso que si hubieran muerto otras personas, mi madre seguiría viva, pero después sé que en realidad no me habría gustado. Porque en el fondo, ninguno queremos que pase nada malo a nadie. –Luna se paró y miró a Harry de nuevo.- Porque tú, yo, Neville sabemos lo que significa perder a alguien. Ellos, los mortífagos, no lo saben. Solo se trata de un juego¿verdad? Como ese juego muggle de hundir los barcos. No me gusta nada, cuando hundes un barco, la gente se ahoga.
Luna le miraba con total convicción. Harry nunca había pensado así al jugar a eso.
-Tal vez -la chica siguió andando.- no puedas hacer nada, Harry. Tal vez sí. Hay gente que dice que la historia la escribimos nosotros, otros dicen que ya está escrita. Yo creo que si el destino quiere que rompas ese pacto, entonces lo harás. Y si no quiere, pues no se romperá. Creo que lo que ocurre es que has perdido la confianza en ti mismo, Harry. No se si por esa noche en que el profesor Snape te pegó, pero no es que te hayas vuelto cobarde, simplemente has escondido tu instinto. ¿Sabes que solo utilizamos el diez por ciento de nuestro cerebro? Yo creo que deberíamos usar más. Bueno, yo me quedo aquí.- señaló una tienda de objetos de adivinación.- Harry, simplemente sé tu mismo. Haz lo que siempre harías. ¿Qué importa lo que otros quieran o piensen? Como tú dijiste, no pediste ser el elegido, así que aún puedes elegir. Haz lo que quieras. Encuentra de nuevo tu libertad.
Con una última sonrisa, Luna entró en la tienda.
Harry pensó y pensó y estuvo dándole vueltas a todo, hasta que decidió no pensar. ¿Qué le apetecía hacer ene se momento?
Sonrió y fue a buscar a sus amigos.
-Ron¿te hace un partido de Quidditch?
Ron Weasley le miró asombrado un momento, después miró a Hermione y los tres sonrieron. Por el camino encontraron a Ginny, que también se apuntó.
Así, pasaron lo que quedaba de la tarde en el campo de Quidditch. Ginny y Hermione contra Harry y Ron y por unas horas, Harry no pensó en nada más que no fuera eso. Cuando terminaron y era la hora de cenar, todos estaban contentos. Sus amigos porque le veían feliz, Ginny porque había podido jugar con ellos, Harry porque se había quitado un peso de encima. Y había logrado no pensar en Snape ni en Draco todo ese tiempo. En su lugar se había dedicado a ver lo bien que jugaba Ginny y los pobres intentos de Hermione por manejar bien la escoba. Ron, como siempre que no había espectadores, había jugado muy bien.
Harry cenó rápido y les dijo que se iba a la cama temprano. Como estaba de buen humor, no le pusieron pegas. En Gryffindor, echó las cortinas de su cama y sacó el mapa del merodeador. Malfoy y Snape seguían en el gran comedor. Sonrió y se puso la capa. Después de todo, él era Harry Potter. No podía evitarlo.
Se puso en marcha hacia las mazmorras.
Después de abrir la habitación de Snape (no tenía hechizos pues Severus Snape ni siquiera podría pensar que alguien en su sano juicio se atrevería a entrar en sus aposentos sin permiso.) se fue directo al dormitorio, que era donde solía ver las motas de Draco y Snape juntos. En la habitación había una cama grande, la puerta del lavabo donde se encerró y un armario. Harry se fijó más en el armario, le sonaba vagamente familiar. Al final recordó. ¡Ese armario también lo tenían en Borgin and Burkes! Y este debía ser uno parecido, en el que metieron a Montague los hermanos Weasley una vez. Harry abrió una puerta y miró dentro. No parecía peligroso, aún así no se atrevía a entrar. Y de todas formas, tenía la capa invisible, así que no podían verle.
De repente oyó voces y que la puerta del despacho se abría. Harry se acurrucó en un rincón oscuro (gracias a que Snape odiaba la luz, sólo había dos velas en la habitación) y esperó. Draco Malfoy abrió la puerta de la habitación, echó un vistazo rápido al armario y se sentó en la cama. Severus Snape le siguió y cerró la puerta tras de sí.
-Al menos podrías dejar de gritarme, Draco.
-¡No te estoy gritando!-Draco le miró con odio y se puso de pie- Simplemente odio que me intentes leer la mente. Sabes que no funciona, Bellatrix me enseñó cómo enfrentarme a ti.
-Oh, vaya, la tía Bellatrix enseña a su querido sobrino el arte de la Oclumencia.
-No te burles de ella. Al menos su fidelidad nunca ha estado en entredicho.
De repente Snape clavó sus ojos en Draco y en un segundo su mano agarraba la garganta del rubio y el mismo Snape estaba sobre él, apretándolo contra la cama.
-No juegues conmigo a eso, Draco. Sabes que lo detesto.
-¿El qué detestas?- a pesar del miedo que tenía que dar estar en esa situación, Draco sonreía.- ¿Qué te trate como un doble espías, que es lo que eres¿No queres que alabe sus cualidades interpretativas?¿Severus?
Snape le miró aún sin decir nada, sus ojos fijos en los suyos. Harry estaba seguro de que iba a matarle. Entonces, sin previo aviso, Snape le besó.
Y Draco se dejó, sin oponer resistencia.
Y Harry se quedó boquiabierto, en su rincón, sin poder creerse que lo que mostraba el mapa y lo que él había estado pensando todo ese tiempo era cierto.
Y si, sentía repulsión, pero no exactamente. Volvía a tener ese dolor de barriga como cuando tienes hambre y el estómago te tira y a la vez sentía cosquillas en…en… de la tensión. Cerró los ojos, pero enseguida volvió a abrirlos. Tenía que saber cómo terminaba eso.
Pero Snape se había levantado y miraba para otro lado.
-¿Eso era lo que querías decirme?-preguntó Draco incorporándose en la cama- ¿Más de lo mismo? No voy a decirte qué estoy haciendo, Severus.
-¿Crees que te beso solo para sacarte información, Malfoy?- la mirada de Sverus tenía odio y…¿pena?
Draco suspiró, se levantó de la cama y se acercó a su profesor. Para sorpresa de Harry, Draco le abrazó. Severus se quedó igual durante unos segundos, pero al final relajó la cara y lo miró.
-Me duele la cabeza- dijo el rubio.- ¿Tienes alguna poción aquí o tendré que ir a pedírsela a superpottersehacerlaspocionesmejorquenadie?
-Sin mi libro, ya no volverá a saber hacerlas. Hacía mucho que no hablabas de Potter, Draco. Espero que ese beso no te haya recordado a él.-Snape tenía una sonrisa cínica.
El rubio soltó una risita y se tiró sobre la cama, bocaarriba.
-No te importa.-dijo simplemente.- ¿No me vas a traer algo para la cabeza?¿O vas a quitarme el dolor de otra forma?
Snape sonrió maligno, pero salió de la habitación, cerrando suavemente. Después de unos segundos se oyó también el portazo de la puerta de fuera.
En ese momento, Draco borró cualquier sonrisa de su cara y saltó hacia el armario evanescente. Abrió las puertas, sacó la varita y empezó a decir extraños hechizos que Harry no conocía. De la varita de Draco salían muchos colores y el rubio cada vez parecía estar más cansado. Ahora entendía por qué tenía tantas ojeras. Y no era exactamente lo que había pensado. Lo que no entendía era por qué quería Draco el maldito armario o por qué no quería arreglarlo en presencia de Snape.
Después de un rato, se volvieron a oír pasos y Draco cesó de inmediato. Cerró las puertas y se tumbó de nuevo en la cama, con las manos bajo la nuca. Snape, al entrar y verle un poco sudoroso, sonrió.
-¿Has empezado sin mí?
Draco bufó y se levantó, tomando la taza llena de algo que le traía Snape. Se la bebió mientras el profesor de pociones se sentaba a su lado. Cuando terminó, Seevrus hizo desaparecer la taza.
-¿Estás mejor?-preguntó- ¿Quieres dormir aquí?
Draco soltó una carcajada.
-Como si fuésemos a dormir en toda la noche.- se acercó a su profesor y estiró de la túnica hasta que Snape consintió agacharse para que le besara.
-Entonces¿te quedas? Creí que dijiste que no querías volver a verme después de nuestra última discusión.
-Mmmm…calla. –le besó de nuevo- Solo quiero que te calles. No queiro pensar ene so, esta noche no. ¿No podemos pensar en otra cosa?
Severus le miró un momento, después suspiró y se quitó la túnica. Draco tomó aire y también se quitó la suya.
Harry quería salir de allí. Pero tenía problemas. Uno era que la puerta estaba cerrada y seguro que notarían si la abría. Además Snape le había puesto un hechizo de cierre. Por otra parte, aún se acordaba de cómo Draco le había pillado dos veces bajo la capa invisible. No quería arriesgarse, pero tampoco quería verlo. Aunque una parte de su cerebro estaba fascinada. ¿Cómo era posible que Snape le gustase a alguien? Y además, dos hombres…no, no quería mirar. Pero no podía remediarlo.
Así que miró y vió cómo se quitaban la ropa mutuamente y contempló sus cuerpos a la luz de las velas y cada vez se estaba poniendo más rojo y tenía calor porque le daba mucha vergüenza estar allí, en su intimidad. Pero estaba seguro de que si salía y le pillaban iba a ser todavía peor. Y seguro que esa vez sí que le borraban la mente. Bueno, la verdad es que no le importaría que se la borraran.
En ese momento estaban los dos desnudos. Harry lo podía notar por el rabillo del ojo. Sólo por curiosidad miró a Draco y se le abrieron los ojos como platos. De acuerdo NO iba a mirar a Snape. No quería saberlo, no quería…
¡Merlín! Harry se tapó la cabeza con las manos. Quería salir de allí, no quería verlo, no quería oírlo, no quería sentir la vergüenza que estaba sintiendo.
Estaban de rodillas, abrazados, besándose. Harry distinguió que la mano de Snape desaparecía en la entrepierna de Draco y después el rubio lanzaba un gemido. Las respiraciones de ambos se aceleraron y en un momento dado que Harry no supo recordar, estaban bajo las sábanas. Esto al principio le alivió un poco, porque no podía verlos, pero después comprendió que aún podía oírlos. Y que la cama y las sábanas se movían. Harry sacudió la cabeza. Los gemidos eran más fuertes y de los dos. Por Merlín¿qué se estaban haciendo para que sonara así?¿Y quién de los dos…? No me importa, pensó Harry. Pero la curiosidad y el hecho de que estar en ese rincón le agobiaba, se impuso. Se levantó lentamente y caminó poco a poco hasta que pudo asomarse y ver quién estaba arriba o abajo.
Lo que vio quebró todos sus pensamientos. Volvió atrás y se apoyó contra la pared.
Después de un rato interminable de jadeos, susurros, nombres y gemidos, ambos pararon y empezaron a respirar como si en ello les fuese la vida. Harry suspiró aliviado. Empezaba a dolerle el cuerpo en esa pose. Pensó afligido que si tenía que quedarse ahí toda la noche, se moriría de frío. Y acto seguido se imaginó que dentro de la cama haría mucho calor. Inmediatamente borró esa idea de su mente.
-Creo que me voy a ir- dijo de pronto Draco.
-¿Tan pronto?
-Últimamente McGonagall no me quita ojo y si mañana me ve salir de tu habitación…además soy Prefecto, puedo pasearr por el pasillo cuanto quiera.
Harry vio cómo Draco se levantaba y se vestía y durante un momento pensó que debería ducharse después de…pero en vez de eso se levantó y fue cerca de él. No podía perder la oportunidad de escapar.
Pero cuando Draco abrió la puerta que daba al despacho, Snape se puso justo en el centro, entorpeciendo su intento de ser libre.
-¿Vendrás mañana?-preguntó el profesor con la sábana enrollada a la cintura. Draco sonrió.
-¿No te ha bastado con hoy? Está bien, mañana vendré también. ¿Estarás aquí?
-Siempre estoy aquí.
Draco sonrió y cerró la puerta de fuera. Harry estaba justo detrás de Snape y maldijo entre dientes.
-Maldecir tanto no es bueno, Potter.
