Harry observaba a Snape horrorizado bajo la capa invisible.
Imposible.
No podía ser verdad.
¡¿Por qué, Merlin, por qué?! De todas las situaciones embarazosas en las que había estado, ésa vez se llevaba la palma.
- ¿Y bien, Potter?- dijo Severus Snape con un tono frío y... ¿juguetón?- ¿Va a quedarse ahí esperando a que le encuentre o prefiere quitarse su preciosa capa de invisibilidad?
La mera visión de Snape, sin nada más que una sábana tapándole, palpando todos los lugares de la haitación hasta encontrarle, hizo que se retirara la sábana de golpe.
Snape sonrió y se apoyó en el marco de la puerta. Harry podía notar cómo la tela contorneaba su cadera e inmediatamente intentó fijarse en otra parte que no fuera la sábana que lo enrrollaba.
Se dio cuenta de que el pelo de su profesor, normalmente lacio y aparentemente grasiento, se pegaba a su cara y cuello, desmadejado. Pasó por su mente que, así, despeinado como estaba, se le veía más sexy. Gran error. Decidió que debía fijar su vista en otra parte.
Y sólo le quedaba el torso desnudo, que, para su sorpresa, no era fofo ni esquelético, aunque tampoco muy musculoso. Harry no sabría describirlo bien, pero le pareció que su profesor tenía un cuerpo estupendo, aparte de unos brazos fuertes (ahora caía por qué cuando le agarraba del brazo nunca se podía soltar) y comprendió que Malfoy sí que tenía un gusto...
Sacudió la cabeza y decidió mirar a la pared que había detrás del profesor.
-Quidditch.- Snape habló como respondiendo a las dudas de Harry.- Su padre no era el único que sabía montar en escoba, Potter. - Se separó de la pared y dirigió sus pasos hacia la puerta del baño.- Y ahora que ha dejado de observar mi maravilloso cuerpo, le agradecería que me contara todo lo que ha visto en esta habitación, Potter.
Harry tragó saliva mientras Snape entraba en el baño, dejandola puerta abierta para oírle.
- T..¿todo?-consiguió articular Harry.
Se oyó ruido de agua caer y la cabeza de Snape asomó por la puerta con una mueca burlona.
- Todo en lo que YO no haya estado presente, señor Potter. Todo a lo que haya prestado atención cuando dejé al señor Malfoy aqui, solo. Porque- y esto lo dijo con media sonrisa, o eso le pareció a Harry- no creo que el hecho de presenciar el acto sexual haya sido algo que quiera recordar. Y dudo que estuviese atento...¿o acaso ha tenido algún interés para usted?
-¡No! - Harry se puso rojo e intentó que sonara como la verdad, aunque sí que había tenido cierto interés. Pero el profesor Snape se había vuelto a meter en el baño. Harry se acercó un poco y vio que el Slytherin se había quitado la sábana y se introducía en una bañera redonda. Apartó la cara y se concentró en el trozo de pared que había encima de la cama.
-¿Y bien?- le llegó la voz del profesor Snape desde el baño, aumentada por el eco de las paredes de la bañera.- ¿Qué ocurrió?
- Malfoy estaba...recitando hechizos en el armario evanescente. Creo que intentaba..
- Arreglarlo.- terminó Snape por él. Y se quedó en silencio. Harry esperó a que dijera algo más, pero no pasó nada. Sólo se oía el ruido del agua caer a la bañera.
Harry respiró hondo y se asomó.
Snape estaba tumbado al fondo de la bañera, con la barbilla apoyada en un puño, mirando al vacío, ausente.
- ¿Profesor?- susurró Harry.
Snape parpadeó. Le miró frunciendo el ceño.
- ¿Todavía sigue aquí, Potter¡Lárguese!
Harry retrocedió del susto y fue hacia las puertas del dormitorio, pero seguían cerradas y el Alohomora no servía de nada.
-Aperto, Potter, Aperto.-le llegó la voz cansada de Snape.
Harry se preparó para hacer el hechizo, pero en el último instante se volvió.
-Profesor -dijo a la puerta abierta del baño- ¿Se encuentra usted bien?
- Lárguese, Potter. Si no quiere perder puntos.
Harry suspiró y se fue de allí.
Por el pasillo, ya bajo la capa invisible, estuvo dándole vueltas al asunto. De repente Snape se había puesto...¿deprimido? No entendía nada de nada. Lo único que veía claro, es que el ex-profesor de pociones sabía que él iba a estar allí, con su capa invisible.
"¡Será cabrón!"-pensó para sus adentros. Y todo para espiar a Malfoy porque él, el gran lector de mentes de Hogwarts, Severus Snape, no había conseguido nada con Malfoy. Tal vez debería pedirle al rubio que le enseñara oclumancia. Y además¿desde cuando el armario evanescente ése estaba allí? Harry suponía que en Hogwarts debería haber un sitio para los trastos viejos, aparte de los confiscados por Filch. ¿Por qué quería Snape un armario así? Además, dentro no había nada.
¿Querría decir eso que Snape había llevado el armario a su habitación adrede, sospechando que Malfoy querría encontrarlo?
Hablando de Malfoy.
Cuando Harry giró la esquina que conducía a las escaleras de la torre de Gryffindor, vio a Malfoy justo a la entrada. ¡Maldita serpiente! Harry sabía que Malfoy había escogido ese sitio porque sabía dónde estaba Gryffindor y obviamente si tenía que quitar puntos a alguien¿quién mejor que los leones?
Harry se acercó más, sin hacer ruido y pudo distinguir que Malfoy estaba agarrado a una silueta, frotándose contra ella. Reconoció a Pansy Parkison, besando al rubio con pasión. Por un momento se quedó perplejo. ¿No acababa de acostarse con Snape y ya estaba enrrollándose con esa? Harry no sabía por qué, pero en ese momento le hirvió la sangre. No era que le importase Snape, pero esa...esa desfachatez. ¿De qué acera era Darco realmente¿Y Pansy?¿Sabía ella de dónde venía Draco¿Sabría Snape que el rubio jugaba a dos bandas? Y eso si solo era Pansy. Por lo que Harry sabía, Malfoy podía estar tirándose a todas las slytherin, visto lo visto.
No lo entendía. Solo sabía que cada vez odiaba más a Malfoy.
Subió por las escaleras y se metió en Gryffindor.
Los días siguientes, Harry no comentó con nadie lo que había visto, ni siquiera con Luna y por supuesto, no les dijo nada a Ron ni a Hermione. Se sentía enfermo, pero no del cuerpo. Lo que bullía en su interior, era, algo parecido al odio. Así que durante las comidas del Gran Comedor, estuvo observando las reacciones de Malfoy y Snape y las almacenó en su cerebro. Quería averiguar qué pasaba exactamente allí.
Y lo que sucedió fue lo siguiente. Durante los tres primeros días, Malfoy tonteaba con Pansy en la mesa, pero no tenían roce alguno. automáticamente se giraba a ver a Snape, a quien no parecía importarle en absoluto lo que hiciera el rubio. Parecía más bien que evitaba fijarse en la mesa de Slytherin y en vez de eso, clavaba la mirada en cualquier pobre inocente al que se le ocurriera observarle. Incluido Ron, que, de repente se atragantó con un muffin y más tarde confesó que creía que Snape le había echado una maldición.
Estos días, Harry vigilaba las motas oscuras de Snape y Malfoy en el Mapa del Merodeador y el ritmo de las visitas del rubio al despacho no cambiaba en absoluto. Solo que, además, de vez en cuando, Malfoy aparecía en el despacho, solo.
Pero al cuarto día, las cosas cambiaron. Harry empezó a notarlo en el Gran Comedor, cuando se fijó en que el Profesor Snape no comía casi nada porque estaba observando atentamente la mesa de Slytherin. Ese día Harry estuvo todo el tiempo observando el Mapa y por la noche sucedió algo extraño. Cuando Malfoy llegó al despacho de Snape, se fue casi inmediato. Un poco más tarde, HArry le localizó merodeando por los pasillos con otros Slytherin y se preguntó si debería avisar a Filch solo por ver la cara de las serpientes cuando les quitaran puntos, pero se abstuvo. En vez de eso, les espió hasta que dejaron de moverse y se quedaron quietos en el pasillo del tercer piso. Un poco después desaparecieron. Harry pensó de inmediato en la Sala de los Menesteres y se preguntó qué buscaría Draco allí. Al final aparecieron de nuevo y HArry los siguió por su recorrido hasta Slytherin, cerrando el mapa con asco cuando Malfoy se encerró solo con Pansy Parkison y las motitas empezaban a moverse.
El día siguiente, Severus Snape no apareció en el Gran Comedor. Harry se dio cuenta mientras se bebía el zumo de naranja y no escuchó a sus amigos hasta que vio a Ron arrugar la nariz con gesto de asco mientras miraba algún punto detrás de Harry.
-¿De verdad tienen que hacer eso aquí¡Estoy comiendo y me dan náuseas!
Hermione, a su lado, observó también y se puso un poco roja. Pero al contrario que Ron, no parecía muy enfadada.
-La verdad es que podían hacer eso en Slytherin.
- Qué va.- dijo Ron sin apartar la vista- Malfoy lo hace sólo para fardar, seguro que están más que hartos de hacerlo en...- se calló cuando Hermione lo miró. Harry se perdió el resto de su conversación porque se giró para ver a Malfoy besando apasionadamente a Pansy entre los silbidos de los demás Slytherin.
Se le revolvieron las tripas.
Las clases de DCAO se suspendieron indefinidamente, debido a que el Profesor Snape se encontraba mal.
Esa noche Darco no fue al despacho de Snape.
Ni la noche siguiente, ni la otra.
Al octavo día, Harry decidió ir al despacho de Snape a confirmar sus sospechas. Por la noche, echó un vistazo al mapa del merodeador y confirmó que Severus Snape no estaba en su habitación. Se puso la capa invisible y se encaminó hacia allí.
Cuando llegó, lanzó un hechizo alohomora ala puerta, que no se abrió, por lo que pronunció el hechizo de Aperto, el que le había dicho Snape.
La puerta se abrió. Harry cerró tras de sí y se introdujo en la habitación de la cama grande. Y allí estaba la cama. Y la puerta que daba al baño. Y nada más. El armario había desaparecido.
-¿Se divierte, señor Potter?
Harry cerró los ojos con frustración. ¿Por qué últimamente siempre le pillaban?
Obviamente, Snape no podía verle, aún así estaba apoyado contra la puerta principal,al parecer, mirándose las uñas.
Harry se sacó la capa invisible y avanzó hacia él.
¿Cuál es su excusa, señor Potter? Y por favor, que sea imaginativa.
- Me preguntaba qué le ocurría profesor para que dejara de,eh, darnos clase tan de repente.
Snape levantó la vista de sus uñas y Harry observó que tenía unas ojeras profundas.
- Mal, señor Potter. Creía que podía inventarse algo mejor. 100 puntos menos para Gryffindor.
Harry puso los ojos como platos.
-¿Por preocuparme por su salud?-dijo sin poder
contenerse.
- ¿A las once de la noche y a escondidas? Otros 100 puntos menos, por mentir, señor Potter.
Harry abrió la boca, indignado. La cerró de nuevo y la volvió a abrir, furioso.
- ¡No soy yo el que le miente, profesor! Yo...
- Silencio, Potter. Y ahora-dijo abriendo la puerta de un tirón- Váyase.
Harry se quedó en su sitio, mirándole con odio.
- ¿Quiere ver mañana el reloj de arena de su casa vacío, Potter?- la amenaza iba en serio y Harry lo sabía.
- Si eso le hace feliz...- se le escapó a Harry. Los ojos de Snape se abrieron de repente y en un segundo, la garra ya estaba en su brazo, llevándole sin miramientos, fuera.
- No permitiré más intromisiones, señor Potter. Es la última vez que pisa usted este despacho sin ser llamado. La próxima vez haré que le expulsen.
Antes de que Harry pudiese replicar, la puerta se cerró ante sus narices.Y Harry se quedó mirando la madera, furioso.
¡Le había quitado 200 puntos!
- Al menos yo no me esconderé en mi habitación por eso.- dijo a la puerta cerrada, con ira.- Y que me preocupaba por su salud era cierto.- refunfuñó mientras se dirigía de nuevo a la torre de Gryffindor.
No escuchó el suspiro desde detrás de la puerta.
- Lo sé.
Cuando bajó al Gran Comedor el día siguiente, sucedieron dos cosas: una era que, al contrario de lo que había pensado, el reloj de arena de Gryffindor no estaba casi vacío, como había pensado. Los diamantes rojos seguían en su lugar. No sabía si Snape le había devuelto los puntos o simplemente no se los había quitado. La segunda cosa fue que el propio Snape volvía a estar allí, desayunando.
-Oh, mierda..- gimió Ron cuando le vio.Y yo que pensba que no íbamos a tener Defensa durante una buena temporada. Seguro que sigue enfermo, pero no puede reprimir las ganas de hacernos sufrir en sus clases.
-Ron, no seas idiota.- Hermione le pasó un trozo de beicon, que Ron aceptó con mucho gusto, para que se callara. Después miró a Harry, que, sin querer, estaba sonriendo- Vaya, Harry, parece como si te alegraras de que Snape volviese a dar clase.
Harry se quedó sin saber qué decir. La verdad era que no sabía por qué se alegraba. Tal vez fuera porque el ex-mortífago había decidido salir de su despacho o por el hecho de que Malfoy ya no estaba besuqueándose con Pansy, en Slytherin sino que miraba con malas pulgas al Profesor. El caso era que estaba animado.
- Bueno-dijo al final- Al fin y al cabo, DCAO es mi asignatura favorita. Aunque la de Snape. - comió un trozo de Baicon- Eh, Ron. Alomejor Snape ha estado a punto de sucumbir a la maldición de DCAO.
Ron lo miró con el ceño fruncido.
-Eso no es justo, la maldición hace que dejemos de tener profesor en la asignatura, no que se tome unos días de baja y esté más fresco que una rosa de repente.
-Es posible- dijo Hermione animada- que, debido a su contacto con el mal, sea inmune a la maldición. ¿Qué pasaría entonces?
-¿Tener a Snape para siempre en DCAO?- dijo Ron con cara de pánico.- Creo que voy a vomitar.
Pero, por el contrario, se puso a comer más aún.
