Hola!! En verdad siento mucho la demora en actualizar este fanfic pero ups... me emocione mucho con el otro fanfic por eso me disculpo y reitero que no voy a abandonar este fanfic... espero les guste como ha quedado y si pueden, dejenme un comentario. Gracias.

La boda del Kazekage

Por Amy Black

Capitulo 6 "Un encuentro inesperado"

"...Hoy la luna brilla con intensidad

tu mirada en la noche, mi única guía...

Mi corazón se calma por tu cercanía..."

-

Hitomi cayó al suelo y los recuerdos se agolparon en su mente, escenas del pasado, recuerdos imborrables... Sus ojos se inundaron en un segundo y un dolor estrujo su corazón.

Podía ver claramente aquel hermoso jardín, que rodeaban su hogar; la mansión de señor feudal de la aldea de la Lluvia. Aquel paisaje parecía sacado de un sueño, el canto de las aves era la melodía más bella que daba un toque de magia. Pudo verse a si misma correteando con su amigo de la infancia, ante la mirada sonriente de su padre, Kojiro sama.

No era un secreto que para Kojiro, no había más alegría que su pequeña niña, la hija de su vejez aunque aquello despertó el disgusto de sus hijos. Hibiki, era el primogénito, seguido de Shigure (1) ambos hijos de su matrimonio arreglado a diferencia de Hitomi, la hija de su verdadero amor.

Y de pronto sus ojos parpadearon con rapidez y la realidad la golpeo de frente. Estaba de rodillas en el suelo, a su lado estaba aquel que había sido su amigo desde la infancia, a decir verdad el único. Aunque unos años después él cambiara con ella y se volviera amigo de su difunto hermano Shigure; y ahora estaba muriendo.

- ¿Por qué Kiran? – musitó Hitomi con decepción. - ¿Por qué?

- Pa... para... – dijo Kiran con esfuerzo, mientras la vida se le escapaba. - Salvarte...

- ¿Salvarme? – preguntó Hitomi, sin que las lagrimas dejaran de bañar su rostro.

- No... no quería... aceptar pero... quería salvarte... del asesino de... – trato Kiran de hablar pero la sangre que salía por su boca se lo impidió. Haciendo un esfuerzo logró decir. - Shigure

- De que hablas, Shigure san murió en el examen chunin. – musitó Hitomi.

- No tengo... tiempo, el que asesino de Shigure, es con quien tu vas a... – de nuevo un acceso de tos acompañado de sangre lo interrumpió.

Hitomi miró a Sakura, que había estado tratando de ayudar a Kiran pero no existían esperanzas y se volvió de nuevo hacia su amigo.

- El asesino es... – trato de decir pero la vida se estaba escapando, sabía que ese sería su ultimo esfuerzo y débilmente mencionó. – el Kazekage... – y exhalo.

Aquellas palabras estrujaron el corazón de Hitomi y en un acto casi impulsivo se despojo del velo que cubría su rostro para luego colocarlo sobre el rostro de su amigo, ante la mirada triste de Sakura. No muy alejada se encontraba Hinata, que lo había escuchado todo y pudo recordar aquel día en el bosque de la muerte, durante el segundo examen. Gaara, había matado sin piedad a un grupo de ninjas y Hinata aun recordaba la mirada del chico, un recuerdo llego ella de pronto.

Akamaru estaba chillando, algo realmente lo había atemorizado.

- ¿Qué sucede Akamaru? - preguntó Kiba al cachorro cuando Hinata y Shino llegaban.

- ¿Que paso? ¿Por qué te detienes de repente? - preguntó Hinata a Kiba, realmente estaba asustada, primero por estar solos en el bosque de la muerte y segunda, por la actitud de Akamaru que en ese momento se metía dentro de la chamarra de Kiba.

- Es que algo le dio miedo a Akamaru... - respondió Kiba sorprendido.

- ¿Qué lo asusto? - preguntó Hinata

- No tengo la menor idea, Akamaru tiene la habilidad de olfatear el nivel de chakra del enemigo, pero jamás lo había visto así de asustado antes. Quienes sean los ninjas que están por ahí, no son normales...

Y entonces fue que los tres fijaron su atención hacia un grupo de ninjas, eran de la aldea de la arena y frente a ellos había otro grupo de ninjas de la aldea de la lluvia.

- Puedes creer el seudo valor de esos ninjas de la aldea de la arena Shigure, desafiándonos. - dijo uno de los ninjas de la lluvia.

- Si, son una bola de incautos. - respondió otro del equipo.

Tras los arbustos, Hinata y su equipo observaban con precaución la escena.

- ¿Qué se creen? Ellos están muy pequeños para enfrentarse a ese grupo de grandes de la lluvia. - dijo Kiba, entonces Akamaru volvió a chillar sorprendiendo de nuevo a su dueño.

- ¿Qué te dijo Akamaru?

- Que el grandote está en serios problemas, Hinata.

- Muy mal niños... - dijo el ninja más grande de la lluvia, a quienes sus compañeros llamaban Shigure. - Debieron escoger mejor a sus oponentes... ahora todos van a morir. - finalizó sonriendo.

- Ya he oído bastante de tí... - respondió el más chico de los tres de la arena, su nombre Gaara. - Hagamos esto rápido, no quiero perder mi tiempo contigo.

Aquellas palabras hicieron enojar Shigure...

- Oye Gaara, no se te hace más lógico averiguar que pergamino tienen estos mugrosos. No deberíamos tener una batalla innecesaria.

- ¡No me importa!, Ellos me miraron feo así que todos morirán... - dijo Gaara con seriedad, causando sorpresa a todos.

- Si crees que puedes matarnos, inténtalo. - dijo Shigure sacando varios paraguas y lanzándolos hacia el cielo. - Arte ninja, tormenta de agujas... arriba, abajo, izquierda, derecha no importa a donde vayas puedo atraparte no hay punto ciego en este jutsu... y es mortalmente certero.

Las agujas cayeron sobre Gaara, una sonrisa se poso en los labios de Shigure pero entonces, Gaara apareció cubierto de arena ni una sola aguja lo había herido.

- ¿Es todo lo que puedes hacer? - preguntó Gaara con decepción.

- ¡No puede ser! - dijo Shigure retrocediendo. - Ni una herida, es imposible.

- ¿Una tormenta de agujas?... Tengo una idea, mejor hagamos que llueva sangre.

Shigure molesto porque palabras y por la eminente derrota, corrió hacia el pelirrojo con el fin de acabar con él.

- ¡Ataúd de Arena! – gritó Gaara.

Lo que paso enseguida fue demasiado rápido, la arena había atrapado a Shigure y comenzaba a asfixiarlo, ante la mirada asustada de sus compañeros.

- Déjame ir... – suplicó Shigure.

- Lo único que tengo que hacer es cubrir tu bocota y estarás muerto... pero eso sería muy fácil y muy aburrido... ¡Entierro de arena! – gritó finalmente Gaara y su arena aplasto por completo al joven ninja.

Unos sollozos sacaron a Hinata de sus recuerdos y de pronto un grito hizo que se sobresaltara.

- Uno menos... - gritó Saulon antes de soltar una carcajada. – Bien, ya saben el plan maten a los hombres y capturen a las mujeres.

Al escuchar aquello Shikamaru se dirigió hacia las kunoichis que rodeaban a Hitomi.

- Sakura, Ino, Hinata... llévense a Hitomi de aquí. – ordenó el Nara en voz baja, para que solo ellas lo escucharán.

- De acuerdo Shikamaru, pero y...

- Ino, nos reuniremos en la aldea que está atravesando el bosque, la aldea de la Uva.

- De acuerdo, suerte y cuídense... – respondió Ino con firmeza.

- Hitomi, ¿estás lista? – preguntó Sakura, la chica solo asistió. – Bien, sube a mi espalda.

Una vez que estuvieron listas, Shikamaru junto con los demás iniciaron su ataque que les daría unos minutos a las kunoichis de escapar. Hitomi, cerró los ojos solo podía sentir el viento sobre su cara y la respiración agitada de Sakura; todo aquello sucedía por ella y por la ambición de su hermano. Fue entonces que las palabras de Kiran resonaron en su cabeza.

"Para salvarte del asesino de Shigure... el Kazekage"

No debía creer las palabras de su amigo, de su guardián. Su futuro esposo no era un asesino, no lo hubieran escogido como gobernante de una aldea si lo fuera pero entonces, ¿por qué decírselo?. Tal vez la ultima jugada de su hermano para cerrarle la única posibilidad de ser feliz. Y de pronto sintió como Sakura se detenía y junto con ella Ino y Hinata, abrió los ojos.

- Nos están siguiendo... – dijo Hinata, activando su herencia sanguínea, el Byakugan. – Son 5 en total, nos alcanzaran en 20 minutos.

- Debemos separarnos, es la única forma de tener un poco más de ventaja. – sugirió Ino rápidamente. – Hinata tu ve por la izquierda. Sakura, tú debes seguir con Hitomi. Yo iré por la derecha pero antes dejaré algunas trampas para retrasarlos por algunos minutos.

- No Ino, eso te dejaría más expuesta. – dijo Sakura con preocupación.

- No deberían arriesgarse tanto por mí. – pensó Hitomi con tristeza.

- Sakura cuando aceptamos ser ninjas, sabíamos de los riesgos. Además, no creas que me dejaré vencer fácilmente. – añadió Ino.

- No quisiera interrumpir pero no nos queda mucho tiempo. – anunció Hinata.

Y sin perder más tiempo se separaron, dejando a Ino sola que rápidamente coloco unas cuantas trampas y después escapó. No se había alejado mucho cuando una exposición la alerto de la proximidad del enemigo. Y de pronto un dolor en su costado derecho, una kunai le había rozado. Se detuvo aunque sabía que las posibilidades eran pocas si resultaban ser varios.

- Vaya, miren nada más una linda princesita... – dijo uno de los hombres de aspecto tosco y de estatura baja. -

- Así que se separaron, eh... – comentó otro de ellos, que era alto y desgarbado. Tras hacer una señal y tres de ellos desaparecieron en dirección a donde las otras kunoichis se había ido. – ¿Crees que el jefe se moleste si jugamos un poco?

- Kazuo, el jefe dijo que la lleváramos pero nunca dijo que no pudiéramos divertirnos.

Los hombres se acercaron a la rubia sonriendo. Ino sabía de su desventaja en un combate mano o mano, además de que eran dos y ella estaba herida; pese a sus escasas posibilidades se preparo para pelear.


No muy lejos de ahí, Hinata intentaba llamar la atención, pues había visto gracias a su Byakugan que era perseguía.

- Debo darles más tiempo a Sakura y a Hitomi... – pensó.

En su intento por distraer a sus perseguidores había cometido un error, había caído en una trampa. Y ahora estaba atrapada dentro de un Genjutsu, lo que representaba problemas, pero daría pelea y no se dejaría vencer fácilmente.


Sakura, no tardo en darse cuenta de que alguien les seguía, lo que significaba que pronto estarían por alcanzarlas debido a su lentitud, pues llevaba a Hitomi en su espalda.

- Hitomi, voy a detenerme. – informó Sakura. Minutos después Hitomi bajada de su espalda. – Están siguiéndonos y no tardaran en darnos alcance, intentaré detenerlos lo más que pueda pero tú debes huir.

- ¡No!... – gritó la chica, en sus ojos se podía percibir temor. – Todo esto es por mi, y yo debería de...

- ¡Basta! – dijo Sakura con firmeza. – Esto no es solo por ti, nuestra misión es llevarte sana y salva a la arena, pero en este tiempo aunque sido poco he logrado ver que eres una buena persona, con sueños y no me gustaría que los perdieras.

- Sakura... – murmuró Hitomi

- No perdamos más tiempo. – dijo Sakura sacando una kunai de su bolsa. – Toma, por si necesitas ayuda... ahora corre en esa dirección, no esta muy lejos la aldea. Una vez ahí busca un escondite en algún hotel, una vez que terminemos todos iremos en tu búsqueda... ahora no pierdas tiempo y corre.

- Gracias Sakura, te estaré esperando... es decir a todos... –

No había pasado mucho tiempo desde que Hitomi se marchara, cuando dos ninjas aparecieron frente a Sakura, su aspecto atemorizaba y podía hacer que la piel se erizara pero a alumna favorita de Tsunade.

- Que rostro tan lindo... no deberías hacer ese gesto preciosa.

- Justo como el señor Sauron predijo... "En su afán de proteger a la chica, la dejaran ir sola tratando de ganar tiempo para ella... en ese momento yo me haré cargo" – dijo el otro ninja imitando la voz de su jefe.

- Maldición... ha sido una trampa... – musitó Sakura e intento ir en ayuda de Hitomi.

- ¿A donde vas preciosa?... mala, te ibas sin antes jugar un poco.


Hitomi corría a través del bosque, que cada vez se hundía en la penumbra había caído un par de veces, su rostro cubierto de polvo, sus manos lastimadas y sus rodillas sangrando no fueron motivo para que dejara de correr.

- Puedo escuchar ruido a lo lejos... no debo estar lejos.- pensó Hitomi.

Una sombra la perseguía para darle caza, sin que ella lo imaginara. El sudor perlaba la frente de Hitomi, que seguía corriendo, intentando huir de su muerte. Sin darse cuenta llegó a un claro donde los árboles estaban tan juntos que no permitían pasar. Se detuvo. La sombra la alcanzó, justo cuando una nube de tormenta pasaba delante de la luna. La luz se extinguió, y la silueta del perseguidor desapareció en la oscuridad. Hitomi no veía nada, y nerviosa, se puso de espaldas contra un árbol que había cerca. Pasaron unos segundos, que a Hitomi le parecieron eternos, hasta que la luna se dejó ver de nuevo. Cuando el claro se iluminó, la sombra ya no estaba, suspiró aliviada.

Poco a poco fue recuperando la confianza y se acercó al centro del claro, sujetando fuertemente el kunai. Justo en el centro había huellas, la estaban persiguiendo. De pronto, Hitomi escuchó un sonido extraño y se giró. No vio nada.

"Será el viento" pensó, y volvió a examinar las huellas. No vio como la sombra salía de entre los árboles y se aproximaba lentamente a ella por la espalda.

Un grito resonó en el bosque.


El hermoso aro lunar había sido liberado de las nubes, mientras un joven la observaba, se podía decir que era una costumbre. Siempre había estado solo y por las noches cuando estaba en la penumbra, la luna lo reconfortaba con su pálida luz.

- Me preguntó, ¿por qué esta noche te vez tan hermosa? – musitó Gaara sin dejar de observarla. – Será que algo esta por pasar...

Y entonces un grito desgarrador lo hizo ponerse en alerta, y decidió ir hacia de donde se había escuchado aquel sonido. No tardo en llegar aun claro, donde un hombre alto, hecho una masa de músculos, sujetaba a una mujer que intentaba liberarse.

- ¡Déjeme ir!... me lastima... – suplicaba la mujer.

- Tonta como dejarte, si aparte de hermosa hay buena paga por ti... – rió el hombre al ver el rostro asustado de la mujer.

- Debería dejar a la señorita en paz. – dijo Gaara tranquilamente saliendo de las sombras.

- ¿Quién te crees mocoso para darme ordenes? – vociferó el hombre con molestia. – Márchate de aquí si valoras tu vida.

- Valoro mi vida más de lo que crees, pero también la de mis semejantes. Por lo que una vez más te diré... deja a la señorita en paz. – pidió Gaara tranquilamente.

- Voy a divertirme más de lo que pensaba... – dijo el hombre aventando a la mujer contra un árbol causando que con ello perdiera el conocimiento. – Veamos si eres tan valiente ahora.

Pero simplemente Gaara ignoro sus palabras pues la ira por lo que aquel hombre había hecho comenzaba a acumularse.

- ¿Qué clase de hombre eres? – preguntó Gaara con desdén. – Como puedes atreverte a lastimar a una mujer... ahora si me has hecho enojar.

- Y supongo que ahora el niño bonito intentará darme una lección. – dijo el hombre con ironía. – Serás afortunado por pelear con el gran Sauron, y por ello te prometo una muerte lenta y dolorosa.

Y sin que Sauron se percatara, la arena comenzó a rodearlo.

- "Ataúd de Arena" ... – murmuró Gaara. Una gran pared de arena se rodeo a Sauron y un instante después era atrapado por ella, dejando únicamente su cabeza libre.

- ¡Maldito mococo!... – gritó furioso Sauron.

- "Las amargas lágrimas carmesí fluyen... y se mezclan con la interminable arena pero esta vez no alimentan el caos dentro de mí... esta vez lo que me hace fuerte es la justicia... " – manifestó Gaara sonriendo para sí. – No voy a matarte, pero me encargaré que no vuelvas a herir a nadie más... – comenzó a apretar su puño, al tiempo que la arena aplastaba más el cuerpo del ninja.

Un gritó ensordecedor retumbo en el bosque y de pronto para sorpresa de Gaara, el ninja dentro de su arena se había esfumado.

- ¡Un clon! – pensó, mientras se ponía en alerta esperando un ataque sorpresivo pero este nunca llego.

Desde otro lado, oculto entre las sombras Sauron observaba la escena.

- Nadie dijo que la chiquilla estuviera relacionada con el Kazekage. Bien por esta vez admito mi fallo... – y luego simplemente desapareció.


Poco a poco Hitomi comenzó a despertar, sentía un fuerte dolor en la cabeza y adolorido el cuerpo; entonces recordó la situación en la que se encontraba y sus ojos se abrieron con miedo y fue con lo vio.

Unos preciosos ojos azules la miraban con preocupación, sintió su corazón palpitar con tal fuerza que creyó que saldría corriendo y la abandonaría. Extrañamente su garganta se seco.

- ¿Se encuentra bien? – preguntó el ángel frente a ella.

- Si... – respondió Hitomi sin voz, lo cual le hizo dudar que estuviera despierta. Y entonces el ángel sonrió y ella también lo hizo, de pronto se sintió tonta por aquello y deseo por primera vez llevar su velo.

- Deberíamos irnos de aquí, no es muy seguro por ahora. – sugirió el joven, a lo que Hitomi simplemente movió la cabeza y su rostro se contrajo por un repentino malestar. - ¿Estas herida?

- Ha sido solo el golpe, gracias por salvarme... – dijo con torpeza y un leve sonrojo.

-

El azul profundo de tus ojos

tristes por naturaleza,

el color de tu piel me provoca

extrañas sensaciones...

Tu cabello pelirrojo te hace aun más perfecto

mi valiente y audaz caballero...

cautiva mis instintos más perfectos

y los colorea en el borde de mis pupilas verdes.

Solo una mirada para saberlo

y toda la vida para desearlo.

Te ame por un momento ó

tal vez por un siglo...

Continuará...