Hola!!

Como lo dije actualizo este día por mi cumpleaños... y siento avisar que tardare un poco en actualizar debido a que tuve un pequeño accidente y pues tengo dolor de espalda, lo cual me dificulta un poco estar sentada pero hoy estoy aca porque lo he prometido y espero les guste. Gracias a todos por sus comentarios, no saben cuan feliz me hacen.

Espero les guste como ha quedado.

Dedicado a Naravills.


Por Amy Black

Capitulo 7 "Claro de luna"

".. Amiga Luna, eres fiel testigo,

de aquellos que se cobijan bajo tu abrigo.

De ellos que se miraran

que están convencidos...

de que los ha unido

un sentimiento repentino.

Se sorprenderán

de saber que ya hace mucho tiempo

que la casualidad juega con ellos,

una casualidad que esta por convertirse,

en un realidad,..."

La luna ilumino aquel claro, la ilumino a ella. Su rostro angelical y la serenidad que la rodeaba lo hizo acercarse casi con miedo de que su presencia rompiera aquello; pero era imposible resistirse. Se sentó a su lado para seguir contemplándola, y perdió la noción del tiempo; su ensoñación se vio interrumpida cuando comenzó abrir sus ojos.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó sin vacilación.

- Si... – respondió sin voz, pero aun así logro que el corazón del joven latiera más de lo debido.

- Deberíamos irnos de aquí, no es muy seguro por ahora. – sugirió Gaara perdiéndose en el color de sus ojos. – Son... verdes... – pensó con fascinación. - ¿Estas herida? – preguntó al notar una expresión de dolor en su rostro.

- Ha sido solo el golpe. Gracias por salvarme... – dijo la joven con torpeza y un leve sonrojo.

- Déjame ayudar... – pidió Gaara. – La aldea no esta muy lejos, ahí podrás descansar. - Ella solo asistió con timidez y él la tomo entre sus brazos. – Que fragancia más deliciosa... – pensó al oler su aroma.

La festividad de la aldea de la Uva los recibió. Hitomi se sentía nerviosa, su estomago estaba atrapado por una repentina ansiedad. "¿Por qué me siento así? Se preguntó.

Gaara repentinamente sintió deseos de haber prologando el trayecto, aunque sabía que por mucho que lo retuviera, la separación tendría que llegar.

¡Nunca dolió tanto una ilusión, nunca!

Como cuando ésta, la mía, se quebró con tú adiós,

nunca se aferró tanto un sueño a la vida

como éste que nació contigo...

Hitomi miro con tristeza la aldea, no quería dejar a su caballero; era tonto pensar en no querer dejarlo si apenas lo había conocido, sería acaso aquello lo que muchos llamaban "Amor a primera vista"... un sonrisa apareció en su rostro pero así como había aparecido así desapareció cuando unas palabras resonaron en su mente, "...No olvides el honor que le debes a tu familia". Debía dejar los sueños y las recientes fantasías sobre su caballero, algo dentro de ella se entristeció.

Gaara sintió algo cálido en su interior al verla sonreír y deseo poder volver a mirar sus ojos, extrañamente le había recordar algo pero aun no lo descifraba. Se reprendió por aquellos pensamientos, por los deseos. "Acepte un compromiso y debo cumplir" se dijo con un deje de melancolía.

- ¿Qué me esta sucediendo? – se cuestionó. Había escuchado tantas veces a sus hermanos hablar del amor, que nunca pensó que él también llegaría a sentirlo alguna vez.

Kankuro, todos los días entraba en su oficina proclamando que había encontrado al amor de vida. Le tenía un poco de envidia por eso, por su facilidad en campo del amor.

Temari, siempre mostrando dureza y fortaleza... una mujer que no dejaba notar sus sentimientos. Incluso ella se había enamorado, por mucho lo negara sabía que moría por ese ninja de la hoja. Sabía que cuando ella suspiraba era porque él llegaba a su mente... definitivamente debía hacer algo por su hermana.

- Creo que hemos llegado. – anunció Hitomi con pesar, sacando con sus palabras a Gaara de su ensoñación. - Creo que ya podré caminar ahora, ¿puedes bajarme?

- Por supuesto. – respondió Gaara bajando a la joven, de pie junto a ella pudo notar que era más bajita que él. - ¿Qué piensas hacer?

- Mis acompañantes, es decir mis amigos... se reunirán conmigo aquí. No te preocupes puedo quedarme aquí a esperarlos. – indicó Hitomi.

- Tal vez debería acompañarte hasta que lleguen.- sugirió Gaara, sintiéndose extraño.

- No quiero molestarte más, además ellos no deben tardar.

- Aun así permíteme acompañarte, sería muy descortés si te dejo aquí sola.

El silencio reino entre ellos por algunos minutos pero no parecía incomodarlos. Seguían observando hacia el bosque, cuando de pronto dos figuras surgieron de entre los sombras. Instintivamente Gaara se puso a la defensiva, pensando que serían enemigos.

- Son ellos. – dijo Hitomi reconociendo a la joven pero no a su acompañante. – Por aquí... ahora puedes marcharte. – añadió, no pretendía ser descortés pero aun las palabras de su hermano resonaban en su cabeza y lo que menos deseaba eran problemas.

- ¿Segura? – preguntó Gaara.

- Si, muchas gracias por ayudarme.

- No me agradezcas. Mucha suerte y, cuídate. – dijo Gaara antes de marcharse, cuando se dio cuenta que no le había preguntado su nombre, se giró para verla y entonces la vio con sus amigos. – Tal vez sea mejor así... – murmuro para si mismo y comenzó alejarse, dudaba mucho que Kankuro se hubiese percatado de su ausencia y sin ánimos de fiesta fue directo a su hotel.

- ¡Hitomi! ¿Te encuentras bien? – preguntó Sakura de inmediato.

- Si no te preocupes. ¿Y los demás?

- No te preocupes ellos no tardaran en reunirse con nosotros. Por cierto él es Sasuke. – dijo Sakura señalándole al chico que estaba en su lado. Le parecía aun un sueño el tenerlo ahí, la había salvado justo a tiempo.

- ¡Hey Sakura! – gritaba Naruto mientras corría, su mano sujetaba fuertemente la de Hinata (Hinata, aun no podía tranquilizarse... su querido Naruto la ayudo, la protegió del peligro). - ¡¿Sasuke?!

- Naruto, aun sigues siendo un mediocre... – comentó Sasuke y ambos comenzaron a reír.

Tras un emotivo encuentro entre antiguos camaradas, no tardaron en aparecer los demás. Rock Lee se sorprendió al ver al Uchiha, no más que Ino que había llegado con Sai (la había salvado de un ataque fatal), finalmente aparecieron Shikamaru y Chouji.

Lograron encontrar dos habitaciones disponibles en una modesta pensión, y se separaron por genero. Los chicos, quienes evidentemente eran más tardaron en acomodarse para descansar; Naruto aun no podía creer que su amigo estuviera con él, aunque el Uchiha había dicho que no pensaba en ir con ellos a la Arena pues debía presentarse primero ante la Hokage y recibir lo merecido por sus acciones.

En la habitación de a lado, las jóvenes kunoichis relataban sus historias de rescates, a lo que Hitomi presto poca atención pero varios fragmentos de ellas se quedaron en su mente.

"Y fue entonces cuando Sai apareció, me protegió justo cuando un kunai amenazaba con herirme de gravedad, saco un trozo de pergamino y dibujo algo luego me tomo en sus brazos y me alejo..." – había dicho Ino con entonación.

"Había caído en un genjutsu, estaba a merced del enemigo... y cuando lo creí todo perdido apareció él... como siempre lo hacen los héroes, justo en el ultimo minuto... " – Hinata se había puesto muy roja al relatar su experiencia.

"Me encontraba peleando, cuando uno de los ninja utilizo su jutsu mientras estaba distraída con otro. No lo vi venir hasta que fue demasiado tarde, entonces alguien apareció delante de mi y me protegió... Sasuke había vuelto y me había salvado." – Los ojos de Sakura se inundaron en lagrimas.

Todos los relatos llegaban al mismo punto, habían sido rescatadas por las personas que más les importaban. Y ella al igual había sido rescatada pero diferencia ella no le conocía. Hitomi se acomodo para dormirse, forzando a su mente en recordarlo, su voz, su esencia y su mirada angelical. Sin saber cuando o como, cayo en un profundo sueño.

En otro de la aldea un joven permanecía despierto, sentado en el borde de la cama, miraba por la ventana a la luna. Por algún extraño motivo no deseaba dormir, quería seguir pensando; tal vez si lo hacia demasiado estos pudieran volverse realidad. Tan absorto estaba que no supo la hora ni en que momento su hermano mayor había ingresado en la habitación.

- Hey Gaara... ¿qué tal la diversión? – preguntó Kankuro aun recordando a la atractiva mujer había estado con su hermano antes de que este desapareciera.

- Kankuro, ¿por qué el destino nos permite conocer a alguien y luego nos los quita? – preguntó Gaara sin dejar de ver por la ventana.

- Y como voy a saberlo, el destino siempre juega con nosotros hasta que decidimos ser nosotros los que juguemos con él. – respondió Kankuro sentándose a su lado. - ¿Qué ocurre?

- Tienes razón, es tiempo de dejar de jugar. Ahora mismo nos vamos a la Arena.

- ¡¿QUE?! – gritó Kankuro levantándose rápidamente de la cama. – Pretendes que nos vayamos a media noche. Gaara, estoy cansado y mañana tengo tres citas con una preciosas mujeres. No puedes hacerme esto. – reclamo Kankuro con exasperación.

- Puedes quedarte si así lo deseas. – anunció Gaara levantándose calmadamente. – Solo hay algo más que me gustaría decirte, sigo con mis planes de casarme y lo haré el día después de que ella llegue. Espero verte ahí.

- ¡¿QUE?!... Vamos Gaara, sigues pensando en casarte... debes reflexionar, allá a fuera se encuentra la mujer de tus sueños a la que en verdad vas a amar y te va amar. Por favor Gaara no arruines tu vida. – suplicó Kankuro a punto de un colapso.

- Soy un hombre de palabra Kankuro y ya basta de juegos. Tu deberías hacer lo mismo y dejar de ser un crió para ser un hombre. – dijo Gaara tomando su equipaje. - ¿Vienes o te quedas?


La mañana estaba clara. El sol se asomaba con fuerza por el horizonte dejando ver los bellos viñedos. Una brisa fresca los despidió de la aldea, Hitomi observo por ultima vez la aldea, se despidió con un pensamiento de su caballero.

Te digo adiós, noble caballero

quizás no te olvide nunca…

Pero te digo adiós

Me quedaré con mirada en mi recuerdo

Y el corazón me dice que no te olvidaré.

El viaje continuo sin más contratiempos, dejando atrás tristes recuerdos. A dos horas de camino los recibió el árido desierto pero ni el calor ni el agotamiento pareció importarle a Hitomi; de pronto sentía nostalgia, por su hogar, por la muerte de Kiran y por el destino incierto, al que estaba por enfrentarse. Su cuerpo templo como reflejo de sus sentimientos.

- ¿Se encuentra bien señorita? – preguntó Lee, quien llevaba a cuestas a Hitomi.

- Estoy bien, Lee kun... solo espero poder acostumbrarme a este clima.


- ¿Qué sucedió, Kankuro? – preguntó Temari, que por décima vez se paseaba impaciente por la habitación. – Llegaron a medio día y Gaara ha estado encerrado en su oficina.

- No pude convencerlo. – respondió Kankuro con pesar. – Pensé que todo iba bien pero algo paso en el tiempo que se quedo solo.

- Vamos Kankuro, hiciste lo que cualquier hermano hubiera hecho. Ahora dejemos que Gaara crezca. – dijo Temari maternalmente.

- Es que no lo entiendes, falle al tratar de protegerlo. – dijo Kankuro con pesar. – Lo mismo me paso contigo y ahora empiezo a creer, que después de Gaara serás tu quien se vaya.

- Kankuro, todos debemos crecer algún día.

- Lo mismo dijo Gaara, pero es que no lo entienden... quiero que sigamos los tres juntos. Quiero que cuando Gaara se case sea porque esta enamorado, quiero que tú te enamores de alguien de la arena para que no te alejes.

- Kankuro... – murmuro Temari sentándose a un lado de su hermano. – El hecho de crecer no significa que nos alejemos, siempre estaremos juntos.

- ¿Te irás con ese vago de la hoja? – preguntó Kankuro sin poderlo evitar.

- Es verdad que me gusta, pero no creo que a él le guste yo...

- Tendría que ser un tonto para que no le gustarás hermana. – dijo de pronto una voz detrás de ellos.

- ¡GAARA! – gritaron ambos hermanos.

- Vamos Kankuro, algún día tú nos dejarás pero aun sí como dice Temari seguiremos juntos. Y hermana, no te preocupes tengo una idea para ese ninja de la sombra.


El ocaso alcanzo a los ninja de la Hoja, justo a tiempo pues la entrada a la Arena estaba frente a ellos. Hitomi no perdió detalle del que a partir de ese momento sería su hogar.

El Kazekage fue notificado de inmediato de la llegada de su prometida con su escolta de la Hoja. Un desconocido sentimiento se adueño de Gaara, el temor a lo desconocido.

- Kazekage sama, ¿Cuáles serán las ordenes? – preguntó un de sus ninja.

- Que les sean preparadas las habitaciones, me gustaría hablar con ellos y Temari... ¿podrías recibir a mi prometida y llevarla a sus habitaciones?

- No te preocupes, así lo haré.


Tras llegar al domo del Kazekage, fueron recibidos por la embajadora. Temari les esperaba, una sonrisa se dibujo en los labios de Shikamaru.

- Vaya, les esperábamos más temprano. – comentó Temari. – Pero siendo tú el líder no debe extrañarme.

- Tuvimos algunos contratiempos, pero al final hemos llegado y eso es lo importante. – agregó Shikamaru.

Temari le sonrió como solo lo hacia con él, justo en ese instante apareció un ninja.

- Temari san, todo esta listo como ordeno el Kazekage sama.

- Gracias Kazuo. Gaara desea hablar con ustedes primero antes de que vayan a sus habitaciones. – informó Temari, fijándose por primera vez en la joven que estaba a un lado de Rock Lee y dedujo que se trataba de su futura cuñada. – Tu debes ser Hitomi san, mi nombre es Sabaku no Temari y soy hermana del Kazekage.

- Es un honor conocerla, soy Fanel Hitomi de la aldea de la Lluvia. – se presentó la joven inclinando levemente la cabeza.

- Acompáñame voy a mostrarte tus habitaciones. – dijo Temari antes de dirigirse de nuevo a los ninja en especial a Shikamaru. – Nos vemos más tarde.


Hitomi se acercó a la balcón de su habitación, hacia rato que Temari la había dejado sola pero seguía sintiéndose nerviosa. Desde donde estaba se podía contemplar una bellísima luna; era cierto lo que había leído sobre la aldea, su belleza era de noche. Volvió a entrar en la habitación, se sintió tentada de subir a la azotea y contemplar desde ahí la aldea.

Tras meditarlo por buen rato, accedió a sus deseos. La aldea se veía preciosa siendo iluminada por luna, tan absorta estaba en sus pensamientos que no supo cuando había dejado de estar sola.


Gaara se había quedado estático, por la presencia de una joven en su lugar favorito. ¿Es ella?, se cuestiono mientras un escalofrió recorrió su cuerpo. La joven que admiraba solo en fotografía estaba frente a él, dando la espalda.

¿Debía acercarse?, ¿Sería correcto presentarse así?, ¿Qué pensaría de él?...

Quiso marcharse pero sus piernas no se movieron, quiso hablar pero sus labios no se movieron, y quiso retener aire pero este se le escapaba.

Poco a poco la joven se fue girando y todo paso en un instante, cuando sus miradas se encontraron justo como en aquel claro de luna.

Continuara...