¡Hola de nuevo, panda!

Aquí subo el segundo capítulo de Cuatro Estaciones, sé que lo prometí para el fin de semana pasado pero quería esperar a tener unos cuantos lectores más. Gracias tanto a las que dejaron unas palabrillas, como a los que alertaron el review como a los que solo se limitaron a leerlo por encimilla. Espero que este lo disfruten tanto o más como el anterior:

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Verano.

El callejón Diagón estaba a rebosar de gente ese día soleado de verano. La temperatura superaba los treinta grados, al menos eso le parecía a la mayoría de los magos que recorrían el callejón con sus largas túnicas, pero eso no impedía el gran barullo de brujas comprando los materiales del colegio con sus hijos, de adolescentes que se agolpaban en las tiendas de quidditch, de magos que disfrutaban de un buen helado sentados en alguna terraza, de chicas que atoraban las entradas a las tiendas de ropa más de moda.

La librería de Flourish &Blotts no se libraba. Los alumnos de Hogwarts, tanto los nuevos, como los no tan nuevos, recorrían la tienda con un mínimo de cinco libros bajo el brazo, buscando alguno que le faltara, seguramente pensando en el tiempo que quedaba para que éstos hubieran servido de utilidad y fueran a parar a la chimenea más próxima.

Había sido el caso de los libros de sexto curso de James Potter. Ni bien hubieron terminado los exámenes de sexto curso, Historia de la Magia, Transformaciones nivel seis y demás habían calentado la Sala Común de Gryffindor por unos cuantos días. Los de Sirius Black no habían sido menos.

-Mira quién está ahí, Cornamenta.

Ambos estaban, como decía, en Flourish & Blotts cogiendo los libros que aparecían en sus listas de séptimo curso. Otros años siempre los había acompañado la madre de James, pero esos días Dorea Potter se encontraba junto a su marido desempeñando su trabajo de auror.

James apartó la vista de su ejemplar Los vampiros, la historia oculta detrás de la historia para Defensa Contra las Artes Oscuras, y la fijó en una muchachita pelirroja que subía las escaleras de la tienda directa a los libros de nivel más avanzado. Directa… hacia ellos.

Pero Lily Evans tenía la mirada puesta en el largo pergamino que estaba leyendo y no se fijó.

-Teoría y práctica de Encantamientos nivel máximo, ya. Última edición de Criaturas Mágicas y donde encontrarlas, ya. Cómo combatir la magia negra sin perecer en el intento…, mmm, no.

James sonrió. Por supuesto. Lily Evans no podía tener los diez libros obligatorios que recomendaban los profesores. Ella tenía que tener treinta más. Y por supuesto que ninguno de los que había mencionado eran para verlos en clases.

-Me gusta cómo suena éste último, Evans –dijo Sirius.

-Nadie lo diría, con la de veces que te he castigado por realizar maleficios –le contestó impaciente Lily, pues tenía prisa y aún le faltaba un libro de la lista que había elaborado. Un libro que, según le había dicho el dependiente, sólo quedaba un ejemplar. Y es que con los tiempos que corrían, con Voldemort haciéndose cada vez con más poder, la gente prefería estar preparada.

Sirius entrecerró los ojos.

-Ninguno era de magia negra y lo sabes bien.

Porque era un odio que llevaba en la sangre. Odio hacia la magia oscura. Era, además, una de las razones por las que se había ido de su casa ese verano. Pero eso no hacía falta que Lily lo supiera.

Ella solo se encogió de hombros, aunque era cierto lo dicho por el muchacho. No había querido provocarlo, pero era algo que era innato en ella en relación con esos dos. Sobre todo con Potter, que extrañamente no había abierto todavía la boca. Y es que, si no se equivocaba, estaba muy ocupado mirándola fijamente.

Se esforzó por no poner un tono borde.

-¿Pasa algo, Potter?

No lo consiguió.

James la imitó encogiéndose de hombros y se volvió hacia el libro que tenía en la mano, sonriente.

-¿Por casualidad es éste el libro que buscabas?

Y ahí estaba, el último que quedaba en toda la tienda… en manos de Potter.

-Sí.

Lily extendió la mano.

-Tsk, tsk, Evans –James movió el dedo hacia un lado y a otro -¿Qué modales son esos?

-Los que mereces.

James rió.

-Touché –le concedió esa batalla. Que no la guerra -Pero creo que no son suficientes.

Lily mantuvo la mano extendida, pero apretó los dientes.

-¿Sería tan amable el señorito Potter de darme el libro, por favor?

Si no fuera porque necesitaba ese libro esas palabras no habrían salido de ella… pero es que era el único que había encontrado sobre como contener la magia negra avanzada, con potentes hechizos protectores y encantamientos ocultadores que quería aprender para que sus padres estuvieran seguros cuando ella se marchara.

Por lo menos Black no presenciaría su humillación porque, milagrosamente, había puestos pies en polvorosa dejándolos solos.

-No sé, Evans, también yo lo necesito.

-Solo lo dices para molestarme. ¿Para qué querrías tú protegerte de la magia negra? Eres sangre limpia ¿recuerdas? –dijo con sarcasmo- Voldemort no irá a por ti.

La sonrisa de James se desvaneció.

-Entonces estás mal informada. Mis padres persiguen diariamente a los mortifagos, Evans –dijo, con un tono de voz entre orgulloso y triste -Cualquier día aparecen en mi casa y bum, se acabó todo.

Lily se mordió el labio. Le había vuelto a pasar, de nuevo habló sin pensar.

-Perdona. Me pierde la boca.

La mirada del muchacho volvió a ella, tal y como lo había estado haciendo cuando Black no decía más que tonterías y él callaba. Esa vez le recorrió los rosados labios de punta a punta.

-A mí también me pierde tu boca.

Y ni bien pronunció las palabras el tiempo se congeló. A Lily la respiración se le fue y dejó de mover hasta las pestañas. James se removió el pelo, nervioso. No había sido su intención ponerse en una situación incómoda, pero las palabras le habían surgido solas.

Lily continuó sin decir nada, pero bajó la cabeza y tragó saliva. Después de unos segundos sintió que el enfado la recorría entera. No se había esperado para nada esa salida, pero no se dejaría intimidar. ¿Qué se creía Potter? ¿A qué venía decir eso?

-Qué pena, porque no la vas a encontrar.

Ése era un reto que James no podía dejar de aceptar, pero prefirió tomarlo para más adelante, en un momento más apropiado.

Lily se mordió el labio (si que le gustaba provocarlo, pensó James con un nudo en la garganta).

–Mira, Potter, decide rápido si te lo quedas o no…

James volvió a mirar el libro. Casi había olvidado cómo había empezado todo.

-No sé. ¿Qué me das a cambio?

-¿Un bofetón?

El muchacho sonrió a su pesar.

-Gracias, pero ya tuve suficiente con el puñetazo –y es que había aprendido la lección: nada de cruzarse con Lily Evans cuando esté irritable por la alergia en primavera.

Lily se impacientó.

-No tengo tiempo para bromas, Potter. Así que si haces el favor…

Alargó el brazo y agarró el libro fuertemente para cogerlo. Pero seguía agarrado por el otro extremo por James, que no lo soltó.

Lily le lanzó una mirada de anda y vete a buscar basiliscos y tiró del libro hacia así. Claro que James, que tenía más fuerza, tiró del lado contrario.

-Potter…

Cualquiera hubiera dicho que no hacía falta que James fuera a ningún lado, que Lily ya estaba hecha un basilisco, tal arrastre de sílabas tenía su voz y tal mirada asesina tenían sus ojos.

Lily tiró hacia ella.

-Evansssss…

James tiró hacia él. Luego se quedaron quietos, evaluando al enemigo.

-Sé un caballero y dame el libro.

-Sé una dama y no gruñas tanto.

Lily reprimió un resoplido. En cambio suspiró.

Estaban en punto muerto. Cada segundo que pasaba llegaba tarde. Había quedado con sus amigas en la Heladería de Florean Fortescue y Lily era una persona a la que no le gustaba llegar tarde a ningún lado, aun siendo por un buen motivo.

-Así no llegamos a ningún lado.

-La primera vez que estamos de acuerdo –coincidió James- ¿Hacemos un trato?

Lily lo miró desconfiada. No le gustaba como sonaba eso cuando salía del chico, pero se atrevió primero, porque cuanto antes acabaran antes se iría, y segundo, porque después de todo era Gryffindor y no quería echarse para atrás.

-¿Qué propones?

James se revolvió el pelo. En realidad no había pensado en nada, solo quería retenerla un poco más. Le encantaba tomarle el pelo para ver como se enfadaba, lo rojas que se le ponían las mejillas y las chispas que lanzaban sus ojos verdes.

Pero más le encantaba cuando le sonreía y le hablaba con amabilidad, las pocas veces que lo hacía. Así que en un segundo supo lo que le pediría.

-El libro para ti si prometes… tener paciencia conmigo.

Lily lo miró incrédula.

-¿Cómo?

James se acercó.

-Porque si tienes un poco más de paciencia…-la miró a los ojos y le pasó el libro- quizá podríamos evitar pelearnos tanto. Y me gustaría llevarnos bien por una vez.

Lily enarcó una ceja. Aceptó el libro, y le sonrió.

-¿Por una vez?

-De aquí en adelante –lo pensó mejor James –Intento evitar más puñetazos.

Lily rió y agachó la cabeza, colorada al recordar una escena nada propia de ella.

-Claro –asintió. La verdad es que el mal humor del que hacía gala con Potter le agriaba el carácter. Se golpeó la cadera con golpecitos impacientes –Lo intentaré.

James sonrió. Inclinó la cabeza hasta ponerla a la altura de ella y le susurró:

-Aunque tampoco descartes alguna que otra pelea ¿eh? Si no, no habría reconciliaciones.

Le guiñó el ojo y bajó las escaleras de Flourish &Blotts silbando. Lily sólo apretó el libro contra su cuerpo.

Tendría que buscarse una excusa, porque no podía explicarles a sus amigas que Potter la había distraído. Que Potter le había susurrado tan cerca del oído que se le habían puesto los pelos de punta. Que había tenido que esperar hasta que el ritmo de los latidos de su corazón volviera a calmarse. Que sentía demasiado calor y que no era por las altas temperaturas.

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Pues, aquí está. Lily y James van progresando algo, por lo menos ya no se dan de tortas, es algo así como la guerra fría, intentando hacer pactos para soluciarlo antes de que vuelvan a acabar con algun ojo morado, jeje (pobretico James, tiene razón, ya tuvo suficiente en el capi anterior). El proximo capi, Otoño, espero que salga en esta semana, sino, es porque he estado muy ocupada.

Espero que os haya gustado. Agradecería comentarios, cualquier cosa que se les ocurra decir será bienvenida, ya saben.

Muchos besos, Mimig2