Un poquito de retraso, ya lo sé, pero todo lo bueno acaba y por fin llega el final de Cuatro Estaciones. Creo que es el capítulo más largo de todos, pero siento que casi se dejaron cosas sin decir, aunque de todas formas me gusta como ha quedado.

Espero dejaros un buen sabor de boca con estas pocas líneas.

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Invierno.

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Todo Hogwarts estaba cubierto por una extensa capa de nieve, desde la hoja más alta del árbol más alto del Bosque Prohibido hasta la roca más oculta de la torre más oculta del castillo. El agua del lago se encontraba varios grados bajo cero así que hasta las sirenas y los tritones debían de estar tiritando.

Era un día de invierno donde los termómetros no podían ser más bajos. Los escolares se encontraban por los pasillos acompañados por no menos de cinco mangas, sin incluir el jersey y el chaquetón. Pero no era un día de invierno cualquiera.

Era aquél en que comenzaban las vacaciones de Navidad, y los alumnos corrían de arriba abajo con sus maletas preparándose para salir a Hogsmeade y coger el Expreso de Hogwarts. Solo de pensar que fuera del castillo hacía más frío hacia que todos se arrebujaran aun más en sus respectivas bufandas.

Lily Evans se preguntaba cada invierno porque Dumbledore, con su extensa sabiduría, magia y poder, no podía reducir el frío del castillo con un solo toque de su varita. Si ya evitaba los gélidos pasillos en diciembre, en enero era capaz de no salir de su cama, aunque eso implicara saltarse las clases.

Suspiró. Se estremeció un poco cuando una corriente de aire frío le llegó a sus espaldas, pues estaba en medio de la salida al exterior.

-Bien, los de primero que cojan sus baúles y sigan al prefecto de sexto, por favor. Sharon, deja de llorar, ya verás como el profesor Dumbledore encuentra tu gato a la vuelta de vacaciones –hizo una pausa hasta que la niña terminó con los sollozos -Bien, los de segundo con la prefecta de sexto. Steve, encárgate tú de los de tercero…

Cuando terminó de asignar a cada uno de los alumnos de Gryffindor, suspiró y cogió su propio baúl. Le pareció que no había dejado nada en su habitación de la torre, porque pesaba al menos diez toneladas.

Teniendo una idea, encogió su equipaje hasta dejarlo del tamaño del dedo meñique con un balanceo de muñeca, y se guardó el minibaúl y la varita el bolso.

Volvió a suspirar.

-Feliz Navidad –oyó que le decían detrás.

Era el otro Premio Anual, envuelto en la capa más abrigada que había podido encontrar, y con un gorro rojo de gryffindor que le ocultaba los revueltos mechones.

-Hola James, Feliz Navidad también para ti.

-Perdona el retraso, he tenido problemas con dos histéricas de primero que se peleaban por un cepillo del pelo. Cada una decía que era de ella.

-Me lo imagino –dijo Lily, aguantando la risa.

-¿Ya está todo organizado?

-Sí, cada grupo con un prefecto asignado. Espero que no haya los problemas del año pasado, cuando Jason Brooks se perdió de camino y tuvimos que buscarlo durante dos horas.

-Se te da bien mandar –se burló James.

-Gracias.

Se quedaron un rato en silencio mirándose. A lo lejos se escuchaban las voces de los prefectos indicando a los más pequeños que no se separaran del grupo, el ruido de los alumnos montándose en las carrozas con theastrals y los ululares de las lechuzas.

James se balanceó hacia delante y hacia atrás.

-Bueno, supongo que tengo que despedirme.

Lily se sorprendió.

-¿Te quedas aquí?

-Sí, mis padres tienen asignada una nueva misión así que la casa estará vacía. Bien podría irme con los chicos allí, pero mi madre teme volver y encontrar la casa quemada, transportada al Sahara o Merlín sabe qué.

Lily soltó una risita.

-Sí, supongo que vosotros seríais capaces en un solo día de volatilizar la cocina. Tendríais a los elfos amargados en dos horas.

-En un día no. La cocina puede estallar solo en diez minutos si le echas al caldero una simple gota extraída del cuerno del erupment.

La risita de Lily se convirtió en carcajada, pero fue remitiendo al ver que James no reía. Pensó que a pesar de la broma, debía de estar bastante triste por no poder pasar las Navidades con sus padres. Pero, como en el verano, Lord Voldemort había vuelto con más ataques y los aurores estaban más ocupados que nunca.

-No te preocupes. Seguro que aquí en Hogwarts también podréis hacer estallar algo.

-Sirius lleva dos semanas con una lista de cosas para matar el tiempo: broma a Snape, broma a los slytherin, jugar al quidditch, broma a Snape, ligarse a alguna tía, broma a Snape…

Lily enarcó una ceja. Curiosamente, la parte que más le había molestado no era la broma a Snape, sino lo de ligarse a alguna tía que James había dicho tan despreocupadamente.

No tan curiosamente, porque hacía un mes aproximadamente que no intentaba buscar excusas para el desenfreno de los latidos de su corazón con la presencia de James, las piernas tambaleantes ante alguna de sus sonrisas, los suspiros cada vez que él la miraba, el brillo en sus ojos cada vez que era ella la que lo miraba.

Y es que realmente se había acostumbrado a todas esas cosas. Allá en los jardines, recostada en su haya, había encontrado muchos momentos felices y llenos de paz simplemente porque él le hacía olvidar las preocupaciones, los enfados, cualquier cosa que rondara su mente.

-Era broma –le aclaró James cuando vio su mirada –si ya sabes que he dejado las bromas a Snape a un lado.

Pero obvió decir que no había dejado a un lado su odio hacia él.

-¿Todo lo demás sí? ¿Incluido lo de las mujeres?

-¿Por quién me tomas? ¿Por Sirius? –James se hizo el ofendido y el burlón, pero en su interior se estaba preguntado si el que ella hubiera dicho eso significaba que le importaba siquiera un poquito.

Lily no se quedó muy convencida, pero lo dejó pasar para que él no pensase que se sentía celosa. Y es que a pesar de haber reconocido sus sentimientos, esto es, que aceptaba que quería a James y cuánto lo quería, no se sentía segura respecto a qué hacer porque él nunca le había dado a entender nada. Quitando el quinto curso y la mitad del sexto en que James no dejó de pedirle salir.

Pero parecía que ahora se limitaba a ser su amigo y aunque ella estaba segura de que no tenía novia, no lo estaba tanto de que le no le gustara alguien.

-Bueno…

Lily volvió a la realidad.

-¡Ay, se me olvidaba! Tengo algo que darte.

-¿Ah, sí?

Lily sonrió. Sacó el pequeño baúl de su bolsillo y lo abrió.

-Pensaba mandártelo el día de Navidad, pero prefiero hacerlo en persona. ¡Accio regalo!

Cuando el diminuto paquete llegó a su mano, la pelirroja lo devolvió a su tamaño natural pero entonces, pareció perder el coraje.

-Bueno, no sé si te gustará…

James casi podía atestiguar que se le había hecho un nudo en la garganta. El que Lily hubiera pensado en él le alegraba el corazón y por poco no hacía que se elevara unos metros del placer que sentía por eso.

Se acercó hasta quedar frente a frente y cogió el paquete que Lily había extendido hacia él. La podía sentir algo nerviosa, expectante y, nunca lo hubiera dicho, tímida. Se preguntó cuando había llegado a ser tan experto en descubrir lo que sentía ella.

Casi más nervioso que ella, rompió el papel de regalo y se quedó mirando el bulto con una cara que Lily no supo interpretar.

-¿Qué te parece?

James no dijo nada.

-Di algo, tan horrible no me ha salido. Deshací varias hasta que me gustó como quedaba y esperaba que…

James por fin levantó la cabeza.

-¿Lo has hecho tú?

Lily soltó una risita nerviosa. Ella nunca, es decir, nunca, se había reído de esa forma, con esa sonrisilla tonta que tan poco le gustaba en las chicas que adoraban a Sirius Black. Y en pocos minutos ella había soltado nada menos que tres.

-Tengo varias heridas en el pulgar que pueden decírtelo. El punto no fue tan difícil, pero el bordado me supera.

James volvió a mirar el jersey que ella le había hecho. Desde lejos no lo parecía, pero ahora que miraba más detenidamente, podía ver varias faltas entorno al cuello y a las mangas. Aun así, lo había hecho ella, se repitió. A riesgo de exagerar, le pareció la cosa más exquisita del mundo.

En la parte izquierda estaban bordadas en hilo de oro las palabras James Potter. Tan solo de pensar que eso era lo que más trabajo le había costado (y seguro lo que más paciencia había necesitado) hacía que se convirtiera en la parte que más le gustaba.

-No sé qué decir.

-Podrías empezar con gracias, y luego oh sí, me ha encantado Lily, eres la mejor costurera del mundo…

-Creo que con gracias es suficiente –terminó por decir James. Puede que no la mejor costurera, pero a su parecer sí era la mejor persona que conocía (aparte de Remus, y de Sirius y de sus padres y de…).

Lily le pegó un leve puñetazo en el brazo, no contenta con su respuesta.

-Pero ahora has hecho que me avergüence. Yo no tengo nada para ti-admitió.

-Bueno, de aquí a Navidad seguro que encuentras algo. Me gustan los peluches, los libros, cualquier libro, la ropa, pero no te aconsejo porque puedes equivocarte con la talla…

James no sabría qué decir de lo último. Tan a fuego la tenía grabada en la mente que seguro que era capaz de acertar la talla solo recordando su silueta. Carraspeó.

-Qué parlanchina estás hoy ¿no?

Lily calló. Era cierto. Quizás se debía a su estado extra nervioso. James la miró durante un rato y luego miró el jersey. Entonces se quitó la capa y con decisión se colocó el jersey encima del que ya tenía.

Volvió a mirarla atentamente, inspeccionándola. Tragó saliva, analizando lo que veía en su mirada, en sus gestos, pensando si sólo veía lo que quería ver o era que realmente estaba ahí. Sentimientos hacia él.

-Sabes Lily, creo que no, que ya tengo algo para darte.

-¿Sí? ¿Qué lo sacas así de la nada?

-Nunca infra valorices mi imaginación.

Lily no dijo nada. Era cierto. Él era capaz de inventarse la cosa más estrambótica en un par de segundos. Una vez se le ocurrió la idea de ponerle una barba tan larga y tan blanca como la de Dumbledore a todos los alumnos que pasasen por su lado y…

-Cierra los ojos.

Lily también cerró la mente, porque ésta se desviaba demasiado últimamente. Claro que tampoco pudo pensar en nada cuando sintió la presión de unos labios contra los suyos durante un instante que se le antojó muy corto. Abrió los ojos sorprendida.

James apenas se separó unos centímetros, espacio suficiente para mirarla a los ojos y que ella viera su sonrisa. Espacio suficiente para que él sintiera el suspiro de Lily antes de que ella fuera la que se acercara de nuevo.

Hizo algo más, por supuesto. Fue ella la que comenzó el beso, le rodeó el cuello con los brazos y le acarició el pelo que asomaba bajo el gorro rojo antes de tirarlo al suelo. Y James no quiso quedarse atrás.

-¡Lily, vamos, eres la única que falta! Los carruajes están ya todos ocupados…

El grito de su amiga Mary la hizo abrir los ojos de nuevo. Más roja que su pelo, dejó de agarrarse a él como una garrapata.

-Tengo que irme…

James asintió. Le cogió la mano y le besó, quizás sin darse cuenta, justamente los dedos donde tenía las pequeñas heriditas dejadas por la aguja al bordar.

-Te veré a la vuelta. Pero la espera será más pequeña si accedes a tener una cita conmigo el primer fin de semana.

Lily le dio un beso rápido y se volvió.

-A mí se me hará más larga.

La pelirroja bajó corriendo las escaleras.

-¿A las ocho en la Sala común? –le gritó a su espalda.

Lily agitó la mano y subió la voz para hacerse escuchar.

-¡Solo si me das otro regalo como éste!

Eso no hacía falta ni pedirlo, pensó James, porque él le daría su regalo minuto sí y minuto también. Si Lily había reaccionado así con un beso, ¿cómo lo haría cuando él le regalara su amor?

Sólo de pensarlo acabó elevándose hasta el techo de Hogwarts, con esa cara de bobo que como pensó Sirius Black después, sólo podía ser de una persona que ama y se siente amada.

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No sé si alguien encontrará a idea del jersey poco original, pero empecé con la bufanda y eso si me pareció demasiado usado. En fin, espero que esta pequeña historia les haya gustado. Muchisimas gracias a los que me han leído, a los que dejaron un review y a los que tienen intención de hacerlo.

Nos vemos en la próxima historia. Estas navidades adelantaré Detrás de los libros… aunque no sé cuanto, porque después me llegan todos los exámenes.

Besos, y nos leemos. ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

Mimig2.