A media tarde, Undertaker se prepara para salir. Nos acompaña hasta su inmenso vestidor. Dispone de 365 abrigos largos negros y 313 sombreros (uno para cada día menos los domingos, que no usa). Antes que preguntemos, nos cuenta que tal vestidor le fue entregado por la WWE como parte de la equipación para la creación de su personaje. Y con orgullo añade: "me salió gratis".
Al fondo del vestidor, está su vestidor de ataúdes. Dispone de una amplia gama de tamaños y colores. Nos muestra con orgullo el ataúd reforzado para Big Show, y la caja de zapatos para Rey Mysterio. Los ataúdes los fabrican maestros artesanos contratados, en exclusiva, para sus empresas funerarias. Undertaker nos propone adquirir alguno. Tiene una oferta de diez ataúdes por el precio de nueve. Le contestamos que no precisamos ninguno ahora mismo. Pero como insiste y no parece dispuesto a que le contradigan, terminamos por adquirir un pack de veinte tres ataúdes por el precio de veinte, lo que le hace enormemente feliz, tanto, que nos promete traérnoslos a casa por un módico precio, impuestos no incluidos. (Dos meses después de la realización de este reportaje, los ataúdes que compramos, aún no nos han sido entregados).
Una vez a la semana, Undertaker se reúne con los guionistas de la WWE. Por su experiencia y buen olfato para los negocios, Undertaker, es uno de los pocos luchadores que tiene voz y voto en las decisiones del consejo (él mismo ha creado diversos tipos de combate y ha participado en show experimentales), y cuando un directivo se niega a aceptar sus propuestas, Undertaker le lanza su garra de ultratumba y lo estrella contra la mesa (la mesa de la sala de reuniones es de madera de árbol, no como la de los shows, y no se rompe). Así que sus ideas suelen ser aceptadas sin problemas.
Undertaker también hace labores sociales. Participa en una fundación de su estado natal, Tejas, para la acogida e internamiento de ciudadanos con graves problemas de personalidad. Le acompañamos mientras visita las instalaciones para un centro que espera, en enero, a un interno ilustre: el ex gobernador y ex presidente, George W. Bush.
Aunque Undertaker, como otros luchadores, ha participado en espectáculos de soporte a las tropas americanas, él, personalmente, está en contra la guerra de Irak (parece que sus funerarias fueron excluidas en el lucrativo negocio de la repatriación y funerales de los soldados).
A estos sitios, Undertaker se desplaza con su moto, una vespino blanca de 49cc. Antes disponía de una Harley-Davison (una de las diez que realmente construyó el propio Harley-Davison), pero le quitaron el carné por conducir sin casco (es difícil encontrar uno de su talla de frente). También tiene un coche funerario, que realmente usa poco (porque consume mucho). Eso sí, Kane le saca brillo todas las noches como parte de su pago de alquiler.
De vuelta al Valle de la Muerte, a Undertaker le espera una ligera cena. Tras la cual, recibe a su entrenador facial (todas las estrellas de la WWE tienen un entrenador facial). Se trata del profesional que se encarga de prepararlos para esas muecas de falso dolor, las miradas ceñudas de amenaza y odio, u otras expresiones del rostro. El entrenador facial de Undertaker tiene trabajo extra, a él le debemos la idea de sacar la lengua y el gesto del degüelle, pero no los ojos en blanco (esa es una capacidad del propio Undertaker, que desarrolló en su etapa del instituto, cuando fingía sufrir ataques de epilepsia que lo llevaban a la enfermería cuando el profesor ponía un examen sorpresa).
Antes de acostarse, Undertaker suele leer cartas de sus fans o abre alguno de los muchos libros de su biblioteca (repleta de clásicos de Lovecraft), algún día, nos dice, quizás se anime y lea alguno.
Y tumbado en la cama, Undertaker descansa en paz… soñando con ganar otra vez el cinturón de campeón. Aunque a nosotros, y a todos sus fans, nos ha ganado por su gran corazón y profesionalidad. ¡Por muchos años Undertaker!
-fin-
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