(N/a:) Oh si, lo bueno dura poco, mañana 31 de diciembre de 2008 publicaré el ultimo capítulo jeje No saben lo feliz que me hacen sus comentarios (¡si amigos, casi que lloro!) OJO: este capitulo tiene escenas algo subiditas de todo, (si ya t pasaste por mi fic de La Ultima Tentación De Shaka, sabrás a lo que me refiero) y si, haré sufrir bastante a estos dos Muahahahaha soy tan mala jeje y también habrá bastantes alabanzas para Saori… esa chica es mi adoración (noto cierta ironía en mis palabras)
Espero que este fic recompense la falta de actualización con mi otro fic de Saint Seiya… no saben todo lo que he hecho para poner a funcionar mi cerebro y continuarlo, pero me ha sido imposible, lo siento, por eso escribí este fic para que no se enojen conmigo ni me manden amenazas y/o atentados contra mi vida por no actualizar jeje. En el 2009 intentaré terminarlo, pero por ahora sigan disfrutando esta historia…
Título: Encierro Infernal
Autora: La Gran Hana
Todos los derechos reservados: Ninguno de los personajes que aquí se mencionan de Saint Seiya me pertenecen.
Advertencia: [CamusXOc] [Hetero] [Lime] [Lemon]
CAPITULO 2:
***El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden***
............
"Genial" ¡Cómo diablos fue tan estúpido y tan mal calculado! No solo había entrado en vano a la recámara de la perra de Sahori Kido, después que le costó tanto tiempo irrumpir la mansión, sino que además su plan había fallado y no había conseguido el valioso portafolio, Kaoru había sido testigo de su intrusión y debería darle innecesarias explicaciones que por supuesto, no estaba dispuesto a dar, y encima de eso estaba encerrado como un perro en aquel armario a la espera de que esas mujeres se alejaran.
Y mientras, le tocaba esperar adentro quien-sabe-cuantas horas, con la incomodidad del lugar, el calor infernal que lo estaba azotando y la molesta compañía de Kaoru y su estúpida mirada curiosa, y su cabello oscuro que le hacía cosquillas en la nariz y sus firmes y redondeos glúteos plegados a su…
Espera…
¡En que estaba pensando!
Camus salió abruptamente de su trance al notar la realidad que estaba frente a sus ojos y en sus manos…literalmente. Estaba demasiado cerca de aquella chica y no había opción de mantener prudentes distancias. La chica estaba atrapada entre la fría pared al frente y el cálido contacto de su cuerpo en su torso, la ruda mano tapando con algo de brutalidad su boca y la otra mano asiéndola fuertemente de su cintura contra la pared. Agradeció mentalmente que fuera un hombre tan severo y que no perdería los estribos como un calentorro adolescente.
O eso esperó.
--Te soltaré si no haces ningún ruido—susurró autoritariamente, sintiendo a la chica asentir suavemente, entonces apartó la mano de la boca de Kaoru que se llevó después un bocado de aire. Kaoru sintió un escalofrío al sentir el aliento de Camus en su oído, aturdiéndola mas de lo que ya estaba y las dudas asaltaron su mente inquieta, sintiéndose frustrada pues no podía hablar con Camus sin que las demás se dieran cuenta que estaban allí adentro, por lo que decidió quedarse bien quietecita. Era la primera vez en la que estaba tan cerca de él… tan cerca que podía afirmar que era peligroso. Kaoru bajó la mirada, notando que su bolsa rosada yacía al fondo del armario, y que no la había olvidado afuera.
Camus por su parte, planeaba mentalmente lo que haría para salir de aquel embrollo. Apenas escuchara las voces de afuera cesar, procedería a buscar rápidamente su anhelado portafolio y partir de allí lo más pronto posible hacia su casa, donde podría mostrarle con pruebas a sus demás compañeros dorados que Saori Kido era una sucia farsante.
Pero había un problema…y era Kaoru.
No podía dejarla a la intemperie después de descubrirlo, pero tampoco tenía tiempo de explicarle sus motivos de estar allí. Tal vez la haría perder el conocimiento con un golpe y llevarla consigo. Pero eso sería complicado, ya que no podría escabullirse con facilidad mientras cargara el cuerpo de una chica inconciente, y llevarla al santuario dorado era incluso una peor idea… Y peor sería cuando despertara, de seguro le tocaría involucrarla en sus asuntos personales o bien, ella estaría tan enojada que solo quisiera exterminarlo y acusarlo con el Patriarca…
Todo era aún mas complicado por culpa de esa tonta metiche.
¡Diablos!
O podría tal vez amenazarla de muerte y hacerla callar. Aunque si la chica fue tan osada de retarlo el primer día de haberlo conocido, de seguro sería capaz de rebelarse contra él y dañarle el plan. Esa mujer no se dejaría manipular tan fácilmente.
¿Y si le mentía? Había una pequeña posibilidad de que le creyera, pero conociendo su sentido fisgón, de seguro no quedaría satisfecha con simples respuestas evasivas.
Maldita sea, ya le dolía la cabeza, y el lugar no era del todo cómodo. Y esas mujeres llevaban bastante tiempo en esa habitación, y por lo visto no saldrían por mucho tiempo.
Suspiró resignado e involuntariamente respiró el aroma de los cabellos de Kaoru. Era un olor penetrante y embriagador, contrastado con una esencia dulce, denotando su feminidad. Se mantuvo absorto unos segundos, inhalando para degustar su olfato. Abrió sus ojos azules lentamente, en realidad no supo en qué momento los cerró, y vio como la piel descubierta de Kaoru resplandecía con la poco luminosidad que entraba por las barandillas del armario. Su cuello blando era servido en bandeja de plata, incitándolo descaradamente a chuparlo o morderlo. Sin sentirlo tampoco, aún conservaba su mano enredada en aquella suave pero a la vez firme cintura, aunque había soltado un poco mas su agarre.
Kaoru se movió ligeramente, sintiendo sus piernas entumecidas al estar por tanto tiempo en aquella posición fastidiosa, ese silencio enfermizo hacía que le picara la lengua, el encierro claustrofóbico no ayudaban mucho a sobrellevar su cárcel y empezó a transpirar por el calor que se sentía cada vez mas azotador. ¡Cómo detestaba estar así! Recordó incluso, cuando estaba pequeña odiaba jugar a las escondidas. Nunca fue la persona mas paciente del mundo y mucho menos podía controlar su miedo a ser descubierta. Odiaba tener miedo.
Fue en aquel movimiento inocente en el que su trasero se acopló un poco mas a la pelvis de Camus, que salió abruptamente de su trance, soltándole la cintura y haciendo que tragara saliva con dificultad y ahogara un quejido mudo.
"Mierda"
Ese aburridor encierro le estaba afectando el cerebro, de eso estaba seguro. Un calor se coló en sus mejillas y lo obligó a alejar su rostro del cabello de la chica, para dirigir su mirada a las barandillas del armario y ver el exterior, alejándolo de sus pensamientos y sus sensaciones. Aún estaban aquellas mujeres platicando, ¿es que acaso no iban a cansarse nunca? Necesitaba salir lo más pronto de allí, antes de que su autocontrol desapareciera.
No es que él no tuviera control sobre sí mismo, no señor. Él no era como el depravado de Milo que se excitaba con cuanta escoba con falda pasaba, él era un hombre maduro y podía decidir qué sensación sentir en su cuerpo, solo bastaría enviar una onda a su cerebro para que dejara de bombear sangre con tanta fuerza en esa zona de su cuerpo y listo.
Sin embargo ahora mismo, él sentía el entumecimiento en su cuerpo. Necesitaba mas espacio para moverse a merced, sin embargo no podía estirarse lo suficiente sin tener que rozar a Kaoru. Debía tener cuidado, ya que si se movía bruscamente, podía hacer que ambos perdieran el equilibrio y cayeran fuera del armario.
Debía moverse lento y bien calculado.
Posó las palmas de sus manos en la fría pared que estaba en frente de la chica, empujándose suavemente hacia atrás lo máximo que se lo permitían esas cuatro paredes… Y no logró moverse ni 20 centímetros. ¡Qué frustrante e incómodo era todo esto! Movió entonces sus piernas, de modo que quedaran un poco mas abiertas, sin tener que sentir el contacto de las piernas desnudas de Kaoru. Tal vez no se separó lo debido, pero algunos centímetros de espacio personal no estaban de más.
Un movimiento hacia atrás por parte de la chica se hizo nuevamente presente, reduciendo otra vez el espacio que forzosamente había logrado guardar. Otra vez el trasero de la chica se clavaba entre su pelvis.
El movimiento se hizo cada vez mas constante e íntimo, y Camus solo tenía pared detrás de él, por lo que le era difícil evadirlos.
"Maldita coqueta, ¿acaso intenta provocarme?"
Esta vez Kaoru, se echó para atrás lo más que pudo, haciendo que Camus se perturbara mas de lo que estaba y que ella perdiera el equilibrio un poco. Su miembro ya empezaba a dar claras reacciones a esos meneos y lo que menos debería hacer ahora era eso. El peliazul la tomó con fuerza de la cintura y la impulsó hacia adelante nuevamente, alejando su cuerpo lo máximo que lo permitía el lugar. Kaoru se agarró con fuerza de las manos de Camus y contrajo su cuerpo nuevamente contra él.
Maldición, ¿Kaoru tenía que ser tan terriblemente insinuante?
Bueno, él era un santo dorado, pero no por eso dejaba de ser un hombre. Sería deshonroso acceder a las sugestivas invitaciones de esa amazona, pero sería aún mas deshonroso para su ego masculino el desatender a una mujer…
Si eso es lo que quiere, entonces él se lo daría.
La aprisionó mas sobre su cuerpo y su boca estaba lista para lamer aquel cuello que pedía un poco de atención. Su cabeza levitaba sobre el hombro de la mujer, cuando unos suaves susurros lo detuvieron a pocos milímetros de la suave piel.
--U…un…una…a…ara…araña…--susurró la chica, sosteniendo con mas fuerza las manos del hombre que la sujetaba, presa del pánico.
--¿Uh?—preguntó desconcertado en esa monosílaba, alzando una ceja indignado.
--Odio…odio…las…ara…ñas…-- susurró nuevamente, señalando con un dedo la pared al frente de ella, en la que una menuda y enclenque araña se posaba.
Camus abrió los ojos sorprendido. Había malinterpretado las cosas y estuvo a punto de embarrarla…de nuevo. Es cierto que estaba de espaldas a la chica y que no podía verle el rostro, sino hubiera intuido los movimientos de Kaoru. Ella no intentaba insinuársele recostándole su cuerpo, solo quería evitar a la tonta araña. Y como consecuencia de ese malentendido, debía intentar mermar aquel abultamiento en su entrepierna.
Debería pensar en algo feo para bajarse la calentura, y a su mente llegó la imagen de la hermana gemela de Aldebarán en un corto bikini… "¡GUACALA!". Camus sintió unas nauseas espantosas, y si no fuera porque Kaoru estaba dándole la espalda, de seguro se hubiera burlado al ver la expresión pálida del caballero. La imagen de aquel ogro asexual siguió en su mente, consiguiendo un poco bajar su calor y producirle un fuerte estremecimiento. Si había algo que realmente lo estremeciera a él, el caballero de hielo, de seguro era esa extraña cosa llamada hermana de Aldebarán. Si, para nada se podía comparar con las piernas tersas y libres de vellos de Kaoru, ni su cintura perfecta, o sus facciones femeninas…
"Maldita sea"
Tomó de mala gana una pequeña tela que colgaba de un perchero y con rapidez logró aplastar a la inocente araña. Si había alguien que debía pagar su ira era aquel intruso animal, y a pesar de cobrarle la vida, eso no logró apaciguar la indignación de Camus. Una tonta araña, Kaoru le temía a ese bicho insípido, ¿Cómo diablos entonces, era una amazona, si se acobardaba con algo tan insignificante? De verdad que aún no lo entendía.
Kaoru suspiró aliviada al notar que ningún bicho extraño estuviera cerca de ella. Pero aún así se tensó al sentir un bicho raro clavarse levemente en su trasero. De momento se sintió incómoda, más de lo que ya estaba…
¿Acaso sería…?
Kaoru abrió los ojos mas que asombrada y respiró hondo para ahogar un gemido. Si Camus estaba tan cerca de ella, podría ser tal vez lo que estaba pensando. Sintió un calor subirle por el rostro y permanecer en sus mejillas, tal vez no tenía un espejo para verse a si misma, pero era de lógica que estaba sonrojada. Nunca antes se había sonrojado, o mas bien, nunca había estado antes en una situación como esa y mucho menos con el odioso de Camus. Meneó la cabeza intentando alejar esas ideas depravadas de su cabeza. No estaba bien para una dama pensar de esa forma.
Tal vez estaba mal pensando, mejor debería darse la vuelta y cerciorarse con sus propios ojos que todo era producto de su imaginación. Carraspeó un poco intentando llamar la atención de Camus.
--Podrías… "Cielos, ¿Desde cuando dudaba tanto al hablar?" ¿Podrías moverte un poco? Deseo acomodarme mejor—susurró bajo para no ser escuchada fuera del armario, pero lo suficientemente claro para ser escuchada por Camus. El hombre gruñó.
"Hmph, ni que estuviera tan necesitado como para meterme contigo"
--Eres tu la que debe moverse hacia delante—demandó el peliazul, y Kaoru solo logró sonrojarse mas. Se movió rápidamente y en un parpadeo estaba frente a frente con Camus. Bueno, así era mejor, no tenía que andar imaginándose cosas…
Pensándolo bien, era incluso peor.
………………
Camus frunció un poco el ceño. Por andar prestándole atención a esa tonta, no se había concentrado en seguir escuchando la conversación entre aquellas mujeres. No es que a él le importara mucho el tema de las decoraciones, el mármol bien tallado que ya no se conseguía, los trucos para alisar el cabello, las tácticas para quitar las bolsas y ojeras y otros temas inútiles que no servían para nada y que (parezca mentira) tomarán tanto tiempo en un profundo análisis inoficioso, es solo que debía estar alerta, ya que en cualquier momento tal vez podrían salir algunos secretos y proyectos clandestinos que tuviese la timadora de Sahori.
Intentaba escuchar con atención las voces del exterior, sin embargo aquellos ecos entraban por su oído y salían por el otro, sin poder recordar absolutamente nada a pesar de haberlo oído.
Aquel cuerpo femenino estaba oprimiendo sus sentidos hasta el punto de hacerlos torpes… "Hmph" Ya lo había dicho antes, ni que Kaoru fuera la diosa Afrodita o Helena de Troya cuya belleza era inigualable. Nunca se había tomado el tiempo de analizar a Kaoru, y ahora que la tenía tan cerca le fue imposible evitarla. Su cabello oscuro hasta la cintura cortado en irregulares capas resaltaba sobre su color claro de piel, un flequillo negro adornaba su rostro y caía tapándole a medias un ojo, la luz que se filtraba por las barandillas hacían resplandecer tonos azulados en su oscura cabellera, su nariz delicada y su pequeña boca de cereza eran típicos de su descendencia japonesa contrastando sus grandes y expresivos ojos verdes, de otra descendencia. Su cabeza se alzaba erguida y orgullosa sobre su blando cuello, y sus pechos compactos (que tanto le acomplejaban) se asomaban por entre su blusa y se ensamblaban a la perfección en su masculino pecho. Su cintura estrecha pasando por sus caderas, asemejaban las curvas de una guitarra, sus firmes muslos se asomaban por su falda…
"Hmph, ni que fuera tan bonita"
'Oh, ¡Si que lo es!' resonó su misma voz en un eco en su mente
"¿Que?"
'Semejante belleza Grrr…'
"Silencio"
'Vaya, te da miedo aceptar que esa chica te perturba'
"Cállate"
………………
No supo desde cuándo había sido tan pervertida…
Si, lo era, y ver a Camus con el torso desnudo, aprisionando su cuerpo contra el de ella, con las gotas de sudor rodando por su frente, pasando por su ceño fruncido de chico malo hasta posarse en su nariz y caer sobre sus propios pechos, sus apetitosos labios entreabiertos con su aliento chocándole directamente el rostro y nublando sus sentidos, sus fuertes piernas enredadas entre las suyas con esa sudadera tan ceñida al cuerpo denotando cada uno de sus varoniles músculos, sus brazos extendidos a sus costados, con sus fuertes bíceps y sus masculinas manos, lo confirmó. Estaban en una pose decididamente erótica…estimulante e incluso obscena y comprometedora. Todo eso solo enardecía sus sentidos.
No lo había percibido antes, pero Camus era terriblemente sexy. Demasiado para su gusto. Pensándolo mejor, hubiera decidido quedarse de espaldas y no tener que toparse con su tentativa anatomía, ni con su profunda mirada azul inquisidora que detallaban cómo se iba ruborizando su rostro con cada segundo que pasaba, ni mucho menos con cierta parte masculina prominente que se alzaba dentro de aquel pantalón…
Espera… ¿¡Desde cuando era tan depravada!?
¿Qué hacia una dama como ella, escudriñando a un hombre con tanta lascivia?
¡No! ¡Eso es indecoroso!
Kaoru alzó la vista y la desvió hacia otra parte, si seguía observando a Camus, de seguro se daría cuenta de la turbación que le estaba provocando.
Y no quería soportar a un amargado caballero de hielo, recriminándola con la mirada y juzgándola al peor castigo. Aunque bueno, él no se quedaba atrás: estar escondido como un ladrón en una casa que no era de él, tomándola como cómplice y encerrándola junto con él en un angosto armario, por miedo a que descubran sabrá-el-chavo-del-ocho- qué cosas, no era el mejor acto noble. Sea como sea, ya vería como chantajearlo. Tal vez le pediría un strip-tease y…
¡NOO!...Maldición
¡Cuando dejaría de pensar así! Y ese calor sofocante solo la estresaban mas.
"Estúpido encierro de celibato", lo único que hacía era que su mente le jugara bromas pesadas en momentos tan tensos.
Y mucho mas tenso era el sentir la estrechez del armario, expuestos a ser descubiertos, el contacto casi íntimo que mantenían y la ropa holgada que llevaban ambos puesta. El medio tampoco ayudaba mucho y la adrenalina y el miedo corriendo por su cuerpo, se perdían con la sutil excitación que de a momentos estaba sintiendo en todo su ser.
Posó sus ojos en las azules lagunas de Camus, y notó como éste parecía distraído en escuchar las voces de afuera que no había reparado en la posición poco decente en la que estaban. Kaoru observó detenidamente sus ojos que ahora brillaban y se sorprendió al ver un leve destello en ellos y sus enormes pupilas dilatadas. Camus sintió que era observado y rápidamente le sostuvo la mirada a la chica.
………………
Los dioses definitivamente le habían jugado una broma pesada: lo estaban probando para ver que tanto podría resistirse. Primero lo habían puesto en una situación algo fortuita y ella apareció de la nada. Después se habían encargado de rociar su propio polvo de estrellas por las barandillas del armario para hacer que su cuerpo brillara como un diamante, habían puesto el aroma de la seducción en su ser para que la encontrara irresistible, habían peinado su cabello y habían lavado su piel con los mas suaves pétalos de rosas para que le fuera imposible olerlo y aún mas, tocarlo.
¡Dioses! Dioses desocupados y pícaros
¡Al diablo con los dioses!
Esa noche no había resistencia… se burlaría de los dioses cediendo una vez a la tentación, solo la exquisita Kaoru y el deseo latiéndole en el cuerpo tenían cabida en ese momento.
………………
Un, dos, tres segundos
Los suficientes como para que Camus se diera cuenta que ese calor seguía presente en su entrepierna.
Los suficientes como para que Kaoru notara que sus pensamientos no estaban del todo lejos de la realidad.
Los suficientes para que ambos siguieran mirándose ferozmente, a pesar de que estaban sonrojados.
Los suficientes para leer en los ojos del otro como un libro abierto, lo que ambos querían en esos momentos.
Camus fue el primero en bajar la mirada, para posarla en los labios de Kaoru, que los relamía nerviosamente. Aquel gesto fue justo el necesario para estampar sus labios en un beso hambriento. La tomó firmemente de la cintura, atrayéndola posesivamente para que sintiera la fuerza y masculinidad de su cuerpo. Kaoru suspiró entre besos, de no ser porque los fuertes brazos de Camus la sujetaban, de seguro se hubiera desplomado. Sintió como sus lenguas se fundían y danzaban en continuas placenteras muestras de deseo, sintió su pecho buscando algún bocado de aire que necesitaba en medio de aquel fuerte beso, mordió su labio inferior levemente para intentar respirar algo y sintió aun mas potente, insistente y húmeda aquella lengua como torbellino que le robaba el aire nuevamente.
El ritmo de aquel beso no bajaba, era incluso cada vez mas frenético, profundo, poco casto y desesperante. Los brazos de Kaoru se enredaron en el cuello del hombre, atrayéndolo con fuerza hacia su boca, sintiéndolo mas cerca de su cuerpo, con su aliento chocándole el rostro, el contorno de su boca, mejillas y mentón humedecidas por el exceso de saliva, sentía el pecho de aquel hombre ensancharse para respirar y chocar bruscamente con sus pechos haciendo que sus pezones se erizaran, el continuo roce de sus sexos a pesar de la ropa que aún llevaban puesta, sus manos estrujándola con pasión y frenesí, y su lengua dulce envenenando su garganta.
Definitivamente, era el beso mas cargado que había tenido en toda su vida.
Tan cargado como un camión de dinamita pura, que con solo aquel roce logró hacer que un calor asaltara su intimidad y la derritieran.
Era el mejor beso de toda su vida.
Y había sido con Camus…
Aquel hombre que desde el primer día en que la vio, la reprochó sin siquiera conocerla. Aquel que era llamado frío, aunque sus besos demostraban todo lo contrario. Aquel de mirada penetrante e intimidante. Aquel con el que duraba horas discutiendo. Aquel que la provocaba a aborrecerlo, a pesar de que ella así no lo quisiera. Aquel que sin querer le gustaba desde la primera vez que lo conoció, solo que hasta ahora lo notaba. Aquel que la miraba con tanto odio, y que aún ella no sabía el porqué…
Salió repentinamente de su reflexión al sentir esa húmeda lengua bajando por su cuello, lamiendo y mordiendo todo a su paso. Sus piernas flaquearon y sus rodillas colapsaron, sintiendo los besos en su hombro y la mano tocando atrevidamente uno de sus pechos por encima de su blusa.
Esto no estaba bien…pero se sentía tan bien.
Quería alejarse lo más que podía, ese beso no fue para nada inocente, y ahora si no lo impedía, sabrán-todos-los-dioses-del-Olimpo hasta donde llegarían. Kaoru sacó fuerzas y peleó interiormente con su inconsciente, colocó sus manos en los hombros del hombre que alzaba levemente su blusa, para empujarlo hacía atrás, intentado alejarlo.
Esfuerzo que fue en vano, pues Camus no se movió.
"Dios, no quiero detenerlo, no ahora…ni nunca" El deseo le estaba dificultando cualquier cosa, hasta hablar o respirar.
El agradable peso de la chica que parecía desfallecer no fue mas que placentero para Camus, pues inconcientemente estaban abrazados con arrebatadora fuerza, sintiéndose muy molesto el saber que Kaoru aún llevaba ropa encima. Tenía que arrebatar esas inoportunas telas, aunque agradecía a todos los dioses habidos y por haber que Kaoru no llevaba sujetador abajo, facilitando un poco mas la tarea, y que la falda era corta y de boleros y por el continuo roce en aquel delirante beso, se levantó lo suficiente para no estorbar.
Levantó la blusa sin llegar a quitársela y se llenó la mano con el pecho desnudo de Kaoru. Eran perfectos, justo a su medida. Aún no entendía por qué Kaoru se quejaba tanto, si eran preciosos. Sintió los pezones erectos de la chica clavándose en su palma y escuchar la respiración agitada de Kaoru y su cuerpo tan peligrosamente cerca, solo hizo que el calor le llenara la cabeza y lo impulsara a mover sus caderas contra las de ella, quería hacer mas estrecho e íntimo ese encuentro. Colocó su otra mano libre en una de las tiras de sus bragas para retirarla, pero Kaoru se dio cuenta y sintiendo el miedo aumentar en ella, logró al menos articular palabra.
--E…Espera Camus…Esto n-no está bien—susurró tomando el rostro de Camus entre sus manos y obligándolo a mirarla.
--No, no está bien—respondió el caballero sintiendo el sudor de ambos mezclados en todo su cuerpo. Pasó la punta de su lengua por los labios enrojecidos e hinchados de Kaoru, y se separó suavemente de ella, arqueando su boca en una sonrisa retorcida. Si Camus hubiera estado en batalla, aquella sonrisa solo reflejaba que tenía la victoria asegurada y que el oponente moriría a pesar de todo. Y en estas circunstancias, las cosas no cambiaban mucho.
--No entiendes Camus…no…no puedes hacerlo conmigo—tenía que pensar en convencer a Camus, ya que al parecer él no estaba dispuesto a desistir. ¡Y esa sonrisita lo hacía ver tan jodidamente sexy!
--¿Por qué?— aquella simple pregunta desconcertó a Kaoru hasta el punto de congelarle el cerebro. Hasta pensó en que tal vez se trataba de un ataque cósmico de Camus y ella aún no lo notaba. Sus neuronas parecían adormecerse y su sentido de improvisación que siempre la sacaba de apuros, pareció extinguirse. Camus se zafó del agarre de sus manos y bajó nuevamente por su cuello, quedando justo entre la curvatura de su hombro izquierdo.
--Porque… "Piensa Kaoru, Piensa algo inteligente y cortante"… ¡Porque en realidad soy un travesti! – "¡Grandísima estúpida!, dije Algo Inteligente" Eso era tan ridículo como afirmar que Seiya se ganó un premio Nobel de Física Cuántica y que tiene una fortuna mayor a la de Bill Gates.
Camus soltó una pequeña risita, audible solo para ella y bajando las manos por sus caderas, se apoyó aún mas cerca, presionando su pelvis contra la de ella, balanceándose lentamente entre sus piernas, logrando solamente excitarse más. Se detuvo y mirándola a los ojos, volvió a sonreír.
"Tonto, tonto Camus y su tonta, manipuladora y sexy sonrisa, y sus tontos movimientos eróticos…"
--No lo eres, inténtalo de nuevo—dijo volviendo a su labor succionadora en el cuello de Kaoru. Dios, eso solamente dificultaba mas las cosas y la hacía cada vez mas tarada.
--Ehm…porque… ¡Porque tu eres mi hijo!—bien, de ahora en adelante dejaría de ver tantas novelas de Tv Azteca, le estaban pudriendo el cerebro. Escuchó a Camus reír nuevamente y negar con la cabeza.
Debía pensar en otra cosa… si es que a eso se le podía llamar 'pensar'
Y no habría que culparla, no todos los días estás encerrada en un armario con un chico extremadamente guapo, sin camisa, sudado y excitado.
--Bueno, es que quiero mantenerme virgen hasta el matrimonio, eso es todo—aunque sus palabras esta vez sonaron mucho mas convincentes, ni ella misma se creía que podría ser virgen a sus 19 años, sabiendo la mentalidad de su generación y las que estaban por venir. Y obviamente, Camus tampoco le creyó…
"Eso es tan dudoso como la edad de Saori Kido o la sexualidad de Afrodita"
De repente Kaoru oprimió un gemido al sentir un cosquilleo en su entrepierna y al bajar la mirada no supo como diablos pudo contener un grito y evitar que se le salieran los ojos. Entre sus piernas estaba duro, desnudo e imponente, el miembro de Camus, abrigado entre sus bragas, intentando calmar el calor y el deseo, buscando fricción para intentar liberarse.
"¿Pero en qué momento se lo sacó?" Tal vez habría sido mientras ella daba esas excusas tan patéticas.
"¡POR LOS COCOS DE MI ABUELA! ¡Cómo diablos se supone que me va a entrar ESO!" Pensó fugazmente y entonces abrió los ojos asustada, aún no recordaba cuando fue la última vez que vio un pene en todo su esplendor. Ella había dejado la virginidad hace mucho, sin embargo aquella experiencia no contaba para ella. Fue algo inocente, lleno de tabúes y solo por complacer a su, entonces, novio, con eso de la famosa 'pruebita de amor'. Bueno, pensándolo bien, ni siquiera se acuerda como fue, solo recuerda un espantoso dolor en su intimidad al sentir su barrera desgarrándose para dar paso a una nueva mujer y ni siquiera experimentó las delicias del llamado 'orgasmo'.
Sea como sea, aquella vez no sintió tanta desesperación como ahora, ni esa presión que se ahogaba en su pecho y que se escapaba en forma de gemidos por su boca, ni aquel calor acoplarse entre sus piernas, ni esos incontrolables deseos de gritar, ni esos movimientos involuntarios y estremecedores de sus caderas, ni esas ganas locas de sentirse penetrada por un hombre. Total, esta sería la primera vez que tuviera sexo, a pesar de no poseer aquella membrana virginal adherida a su cuerpo. Y esto tampoco se podía comparar con sus sesiones íntimas, junto con su 'amigo' largo y vibrante que funcionaba con baterías.
La fricción entre el sexo libre de Camus, rozaba rudamente el clítoris de la chica, cuyas bragas no eran suficientes para evitar sentir aquellos movimientos entre sus piernas. Kaoru cerró los ojos con fuerza, sintiendo aquel roce mas insistente, alterando su respiración y ahogando miles de gemidos en su garganta. Estaba estática como una estatua, si se atrevía a moverse un poco, de seguro gritaría por todas esas ansias contenidas, y entonces los descubrirían…
No podían darse el lujo de que los encontraran no sólo irrumpiendo el salón, sino que además estaban haciendo cosas impúdicas en un armario… ¡En un Armario!
Camus ya había perdido el control de sus pensamientos y sus acciones, sentía la piel sudorosa pegarse a su piel y los leves quejidos solo lo enloquecían mas. Su lengua se introdujo nuevamente en la boca de Kaoru para darle un fuerte beso, sin que ella pudiera evitarlo. Se podría decir que el Camus frío y radical había desaparecido, dejando paso a un ser ardiente e impulsivo. El mundo se había detenido ante sus ojos y las consecuencias de sus actos parecían no existir, como tampoco las voces de las mujeres afuera, parloteando y hablando. Ya todo le daba igual, no le importaba donde estuvieran o si los descubrirían, solamente necesitaba hacer a Kaoru como suya y nada mas.
--Espera Cam-mus… Aquí no podemos, piensa un poco…-- susurró afligida y temerosa, que sin querer le había dicho involuntariamente al caballero que realmente quería acostarse con él.
Sabiendo que ella también quería, Camus se separó levemente de entre sus piernas y bajó peligrosamente su mano hasta llegar a las bragas de la chica, motivando con sus dedos aquel botón mágico y femenino que le robaban gemidos a Kaoru con tan solo un roce. Sintió un estremecimiento y un movimiento de caderas por parte de la chica que abrió la boca para tomar aire con fuerza, mientras lo sostenía del cuello para no desfallecer nuevamente.
"Tonta Kaoru" con cada gesto o vibración que producía, solo lo incitaba a corromperla y poseerla. Giró los dedos con mas fuerza, produciendo nuevamente otra sacudida. Dios, hasta cuando lograría contenerse.
--Te gusta…--susurró con voz ronca el caballero, mas como una afirmación que como una pregunta. Un débil gemido por parte de la chica fue justo la respuesta que él necesitaba. Siguió tocándola cada vez mas fuerte y volvió a chocar su aliento contra su rostro –Te gusta…-- volvió a preguntar, sintiendo una extraña necesidad para su ego el confirmar aquello que percibía.
--C-caa…Mmuss…-- la chica asintió levemente la cabeza, viendo al peliazul sonreír de aquella forma tan especial. Con solo leer en sus ojos lo que sentía y las sacudidas de su cuerpo, sabía que la respuesta era afirmativa.
Dejó entonces de estimularle el clítoris y volvió a apretarse entre sus sudorosos muslos, no sabía si por el sudor o por la lubricación de Kaori, la tela le apretaba la punta de su dura erección, así que con cuidado la apartó a un lado sin que ella lo notara, estaba tan húmeda y eso solo hizo que una sonrisa traviesa se dibujara en su rostro: causaba tal perturbación en aquella mujer y allí estaba la prueba de su excitación. Y ahora que había retirado la tela, sentía la húmeda desnudez del deseo envolverle su piel, una sensación difícil de descifrar, era como un boleto al paraíso, que le envolvía con lava el miembro hasta subirle en vapor caliente por su pecho y estallarle en la cabeza.
--Nnnrr…-- gimió Kaoru en tono de ruego, chocando su aliento en la cara del hombre, que en ese momento perdió completamente la razón. Aquel gemido lo tomó por sorpresa y aunque no estaba aun dentro de ella, podía sentir la turbación y el remolino del deseo envolverlos a ambos. Su cuerpo tembló, haciendo que se apoyara en la pared del armario. Un movimiento mas y estaba seguro que caería al piso del armario.
Llevó una mano a uno de sus pechos, ahora que la blusa estaba bastante alzada, abarcándolo con su palma y circulando su duro pezón. Kaoru gimió abruptamente ante la brusquedad de Camus, pero el placer era incluso mas fuerte a medida que se hacía mas rudo. Camus estaba desesperado, casi como ella. Sintió un remolino helado en su pecho nuevamente y las gotas de sudor correr por su frente, enredó sus manos en los cabellos azulados del hombre, estremeciéndose aún mas al notar a Camus casi perder el equilibrio por sus gemidos. El hombre bajó el rostro, necesitaba catar aquella piel.
--Cam…mmuh…-- sentía la lengua de Camus recorrer sus pechos con ansiedad, apretando tenuemente sus pezones, besos y lamidas tatuadas en su tierna, suave, femenina y delicada piel, contraria a su rígido e hinchado miembro. Esto era demasiado, esa sensación placentera le estaba inundando los sentidos, amenazando con hacerla perder el conocimiento, sentir su sexo desnudo golpeando el suyo levemente, su lengua peligrosa y sus dientes torturadores, eso era demasiado para ella, demasiado.
Dentro de aquellas descargas eléctricas y sensaciones, Kaoru bajó una mano hasta el enorme, duro y palpitante órgano, tocándole su punta. "Es enorme". Con curiosidad tocó con un dedo la punta purpúrea, mientras Camus daba pequeños vaivenes adelante y atrás, rozándose entre su centro de calor. Kaoru bajó la mano hasta la base de su miembro, sintiendo las venas saturadas de sangre palpitándole bajo su palma como si de un animal con vida propia se tratara. Recorrió toda su longitud con firmeza y lentitud, y después devolviéndose por el mismo camino hasta la punta, circulándola detenidamente con su dedo pulgar.
--Nnn…Haa…Kaho…Ka…ooo…ruu…-- Kaoru volvió su rostro hacia Camus, que intentaba articular alguna palabra entre aquellos gemidos incontrolables. Ver a Camus ronroneando como un gatito y sumiso como una blanda paloma era tan terriblemente sensual. Lo encontró con los ojos cerrados, respirando agitadamente por la boca, botó un suave gemido y justo allí Camus descargó un poco de su líquido pegajoso, saliendo de entre los finos dedos de la chica hasta chorrear un poco su entrepierna.
A pesar de la extraordinaria sensación, aún Kaoru estaba demasiado asustada como para saber que no podían hacer mucho en esas cuatro paredes sin que todo el mundo los oyera, y al parecer Camus seguía con la cabeza perdida y sus instintos mas fuertes que antes. Debía hacer algo pronto, debía ahogar el deseo de Camus, pero… ¿cómo?
Si se dejaba penetrar, estaba mas que segura que gritarían inundados por el placer, pero si no hacía algo ahora, de seguro Camus terminaría penetrándola contra su voluntad y posteriormente harían un escándalo enorme.
Tiempo, necesitaba tiempo para que Camus se tranquilizara, o al menos hasta que las mujeres salieran de la habitación.
Colocó entonces su mano en la cabeza húmeda y viscosa de Camus, evitando así que él tuviera mas intimidad con su sexo. Oyó a Camus emanar un quejido y luego con la misma mano rodeó todo el centro de su miembro, lo sintió caliente, firme y tieso entre sus sensibles y delicados dedos. Empezó entonces a mover con vigor su mano, de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, intentando calmar completamente las ganas de Camus. Éste solo jadeaba quedamente en el cuello de la chica, respirando entrecortadamente y su aliento le ardía en la oreja, aumentando completamente su deseo, mientras se meneaba hacia delante y hacia atrás, golpeando con fuerza algo inexistente, con los dedos de Kaoru apretados alrededor de él, simulando una estrecha cavidad. Y mientras más se movía, mas duro y enorme se volvía.
"Esto no está funcionando" Al parecer no estaba logrando aplacar su fuego, sino animarlo incluso más, lo sintió entonces palpitar en su mano y entre sus ardorosos labios vaginales, acariciando nuevamente su clítoris inflamado, debilitándola considerablemente.
--Ka…Haao…Kao…-- Camus aprovechó la situación para moverse hasta colocar la punta de su pene justo entre sus pliegues para poder penetrarla. Kaoru ni siquiera podía mantener los ojos abiertos del placer, y tan ensimismada estaba que no se dio cuenta en que momento las mujeres salieron de la habitación dejándolos solos y que Camus estaba invadiendo sus dominios. –Ka…O…ruuh…-- gimió Kamus mientras la cabeza de su pene se apretaba mas contra ella.
--E-espera, N-no…-- antes de que Kaoru pudiera articular alguna palabra, el caballero le había tapado la boca con una mano, y se guió con fuerza dentro de aquella vagina fogosa. Los pliegues sedosos y mojados de la chica le envolvieron la punta de su tieso miembro.
--Kao…ka…ru…ooh…mm…maldi-maldic-cioon…-- intentaba susurrar su nombre contra su rostro, succionando seductoramente su lóbulo, tenerla alrededor de su enorme miembro no era suficiente, debía penetrarla por completo, sin importar que a ella le incomodara su tamaño o su fuerza.
--Mmm…hhnn…mmnnmm— los jadeos y gemidos eran ahogados por la mano masculina, Kaoru no podía moverse mientras Camus la mantenía contra la pared del pequeño armario. Como pudo se agarró de la sudadera del peliazul para poder prepararse como debía. Camus le alzó una pierna, enrollándola en su cintura, mientras empujaba duro dentro de ella y cerraba los ojos con fuerza, mordiendo su lengua para evitar gritar.
De repente Kaoru sintió el cuerpo rendirse y un leve dolor se mezcló y se perdió en el placer del acto, cuando Camus entró entera y profundamente en ella. Sentía la punta que se movía en su interior, abriéndose libremente camino en su pequeña y húmeda cavidad a la vez que sus paredes aprisionaban el miembro y se volvía esclava de aquel hombre. Abrió la boca para gemir fuertemente, pero una lengua logró ahogar nuevamente sus gritillos, clamando atención, mientras Camus se movía con vigor como podía dentro de ese pequeño armario dentro de ella.
"Cielo santo, pensé que no me entraría"
Parecía de película, estaba follando con un honorable caballero dorado que apenas conocía, dentro del armario de la reencarnación de Athena… ni ella misma se lo creería sino estuviera viviéndolo en esos momentos. Algún día cuando fuera vieja y millonaria, escribiría un libro sobre su vida, y dedicaría un capítulo entero en describir explícitamente esta maravillosa experiencia.
………………
Las manos de Camus la tomaron por la cintura para aumentar el ritmo apasionante que estaba marcando, haciéndola sentirlo demasiado profundo dentro de ella, sintiendo sus testículos chocar contra sus glúteos en cada brusca acometida. Salía y entraba bruscamente golpeando fuerte el fondo, acelerando los espasmos de Kaoru. Se introducía después rápidamente una serie de veces, para después penetrarla profundamente, haciendo las embestidas más enérgicas.
Cada vez más y más fuerte, más y más duro.
Kaoru estaba segura que sus gritos se escuchaban hasta en la República Checa. Seguramente no tardarían en encontrarlos, por todo el escándalo que estaba haciendo. Por Zeus, era lo mas exquisito que había sentido en su insípida vida. Su cuerpo se movía como si tuviera mente propia, haciendo que unos toscos espasmos le aceleraran la cadera y la impulsaban a gemir como nunca antes lo había hecho.
En medio de la ahora vacía habitación, Kaoru sentía a Camus bombeándose dentro de ella, sintiendo su lubricación fusionarse con los jugos del peliazul, los gemidos, ronroneos, gritos, jadeos de placer se confundían con los propios, sus cuerpos se acoplaban salvajemente contra la fría pared que de seguro se fundiría por el calor que ambos emanaban.
Camus gemía delirante con el placer que sentía al moverse hacia delante y hacia atrás, le besó el cuello, succionó la enrojecida piel de su cuello dejando marcas escarlatas a su paso, sofocó sus gemidos de placer en las mejillas sudorosas de Kaoru. Ambos se miraron profundamente a los ojos con fervor, estando éstos brillantes por la delicia del placer y el éxtasis, sus cuerpos sudados y agitados y sus gestos placenteros eran mucho mejor que cualquier eclipse en éste y en cualquier planeta.
El caballero la tomó con fuerza de la cadera, mientras las paredes vaginales de Kaoru se contraían alrededor de su miembro, haciéndole saber que había llegado a su apogeo.
--CAMMM….AHHHH…-- gimoteó la mujer al sentir su cuerpo moverse de esa forma tan bestial. No estaba segura si durante todo el tiempo que estuvieron tocándose tuvo múltiples orgamos, solo sabía que éste último revolcón de sensaciones fuertes había arrasado con los anteriores, así fuera por solo unos segundos que duraron una eternidad para ella.
Camus redujo sus embestidas, para intentar cambiar de posición, aún el cuerpo de Kaoru estaba dispuesto a recibirlo nuevamente. Pero al parecer la dueña de aquel cuerpo no quería…
Sintió una enorme frustración y una mueca de enojo se dibujó en su rostro al ver como Kaoru bajaba la pierna y en un extraño movimiento logró separarlo de ella. Maldita sea, ¡él aún no había terminado!
--Embarazo…no…no puedo…-- susurró preocupada Kaoru, viendo la cara de indignación de Camus.
Si quería arruinar el momento, realmente lo había logrado.
Kaoru se había alejado de los fuertes brazos musculosos de Camus, y sintió entre sus muslos la humedad de su excitación mezclados con parte de la semilla del hombre.
"Mierda…" Tendría que tomarse una pastilla Post-Day, pero eso no lo vendían en la tienda de la vuelta a la esquina y mucho menos en un Santuario cerrado y alejado de la pecadora civilización. ¿Por qué diablos no le hizo caso a su maestra Marín y hubiera aceptado aquellos parches anticonceptivos (según ella, por si las moscas)? ¿Por qué coño no trajo consigo un condón en su inseparable bolsa rosada? Pero claaaaaro… como ella era adivina y sabía que hoy iba a tener sexo con un caballero en un armario, no quiso traerlo porque no le daba la gana.
Se había dejado llevar por el momento, y el hecho de quedar embarazada era simplemente aterrador. No debía dejar que Camus se corriera dentro de ella, pero tampoco podía dejarlo así tan animado…
"Pobrecito" pensó y una mueca maliciosa se dibujó en su rostro.
--Mal-maldita…maldita…perra…-- susurró afligido entre dientes, mirando la expresión preocupada de Kaoru que de repente se convertía en una traviesa sonrisa. Se veía tan sexy con ese ceño fruncido y con todo su rostro humedecido y sonrojado…
"Oh, entonces así es como se castiga a un hombre…mmm…interesante"
--Cállate…--le contestó la chica, acercándose y brindándole un profundo beso. Camus se separó más herido que enojado y le tomó el mentón con rudeza
--Nadie juega conmigo—su voz ronca y eróticamente enojada resonó en sus sensibles oídos y la impulsó a actuar como tenía pensado hacerlo. No supo de donde sacó la fuerza, pero logró tumbar a Camus en el piso del armario. En la incomodidad de ese pequeño lugar, logró sentarse sobre sus muslos, abrazándolo por el cuello y dándole tiernos besos en su nariz, mejillas y mentón.
--No estoy jugando—comentó aún en su rostro y acomodándose (mejor dicho, acoplándose lo mejor que se podía en ese cuchitril) logró acercar su rostro hacia el aún erecto miembro de Camus, con el claro propósito de devolverle el favor. No sabía exactamente qué diablos iba a hacer… no era del todo ignorante a esos temas, pero una cosa era la teoría, y otra muy distinta era la práctica.
--Tonta…
--Relájate…-- sentenció Kaoru, sin dejar que Camus reclamara.
--¡Maldita Sea! ¡Cómo me pides que me relaje si… Ahhhh… ¡Hija de p…Agrrrr!— masculló Camus ahogando sus insultos y protestas al sentir una humedad hurgando peligrosamente entre sus piernas.
Kaoru se había introducido el miembro en la boca sin pensarlo mucho, notando su enorme tamaño, supo que si seguía así de seguro le perforaría la garganta. Demasiado grande como para que su pequeña boca lo abarcara y lo succionara por completo. Lo retiró de su boca y con curiosidad pasó su lengua por la punta de su pastoso miembro, y sopló suavemente. La humedad y el contraste entre frío y caliente hicieron que Camus soltara un rugido sonoro como si de un animal se tratara.
"¡Por las No-se-cuantas Serpientes de la Cabeza de Medusa! Esto es taaaan bueno"
No sabía si lo que estaba haciendo era placentero o no, pero notando que Camus había respondido de muy buena manera, decidió lamerlo desde la cabeza hasta la base con la punta de su lengua, chupando de a momentos la punta como si de un helado se tratara. Camus jadeó poseído y murmurabas palabras ininteligibles, y Kaoru simplemente no paraba de lamer y saborear. Subía y bajaba su boca, serpenteando con su lengua, mientras con la mano intentaba abarcar el otro pedazo que no recibía atención de su boca.
Era la posición mas incómoda en la que alguna vez pensó estar. Estaba casi acostada sobre los muslos de Camus, sintiendo el frío de la pared en su trasero y el reducido espacio, si seguía de esa manera de seguro amanecería con tortícolis, pero gracias a que tenía un excelente (bueno, no tan bueno) estado físico al ser amazona, podía sobrellevar un poquito más la molestia. Se sentía tan extraña, en un momento dado los papeles cambiaron y ahora ella era la que dominaba la situación, ¡estaba dominando a el caballero mas antipático, frío e independiente de todo el Santuario, y él se dejaba!
"Oh bien, definitivamente tengo que escribir ese libro"
A los pocos minutos sintió que algo se acoplaba en la punta y se apartó rápidamente. No dejaría que Camus se corriera en su boca, ¡ESO NO! Ella no estaba obligaba a tener que tragarse su semilla, estaba mas que segura que eso no sabía a chocolate con fresas.
--No…-- rogó el caballero y le tomó su cabeza, haciéndola regresar a su trabajo.
Kaoru suspiró hastiada y siguió otra vez, sintiendo a Camus meneando su cabeza contra su miembro, si seguía así la ahogaría. Iba a protestar pero se dio cuenta de que era inútil, Camus parecía perdido en un video porno barato y por ahora no aflojaría su agarre hasta descargarse. Kaoru se apoyó con su codo antes de que la presión de Camus la hicieran irse de cara contra su ingle.
--Mmee…ahh…vooyy……ahhh…raahhyoos…rrggh aahh--Los gemidos y movimientos del peliazul eran incontrolables, estaba al punto del límite, y justo cuando notó que Camus alzaba sus caderas y apretaba sus glúteos, logró sacar el miembro de su boca, evitando que se corriera dentro de ella, pero no tan lejos como para que toda la semilla del hombre le pringara la cara como si de una pistola de agua se tratara.
Se levantó como un resorte y quedando arrodillada, se llevó el dorso de su mano para limpiar el exceso de semen en su mentón y sus mejillas. Sintió la viscosidad entre sus dedos, que al separarlos entre sí formaban una especie de telaraña pegajosa y gruesa. Volteó el rostro hacia donde descansaba Camus y tardó varios segundos en darse cuenta que la puerta del armario se había partido y estaban los dos tirados en el piso de la habitación. "¿Pero en que momento?"
Miró rápidamente hacia todos los lados y notando que la habitación estaba vacía, suspiró aliviada. Volteó nuevamente su mirada hacia Camus, que se encontraba tirado en el piso aún con los ojos cerrados, con la respiración ya normalizada, de seguro ya se le habían acabado las baterías, pues su miembro antes erecto e impetuoso, ahora era solo un flácido cilindro entre sus pantalones. Se acercó cuidadosamente, bajando su blusa y colocándose sus bragas.
--Camus… ¿estás bien?—preguntó viendo que el hombre no se movía del piso, mas bien parecía que en cualquier momento quedaría dormido. Parecía como si lo hubieran apaleado en un fuerte combate. El hombre entreabrió un ojo perezoso, y la miró sin mucho interés.
--Supongo…-- fue la rápida respuesta que dio antes de acomodarse pesadamente, como si levantara de una pesadilla. Observó a la chica con la blusa adherida a sus pechos sudados, los mordiscos y marcas rojizas que tenía en casi todo su cuello y hombros, el flequillo pegado a su frente húmeda, el cabello alborotado, la cara totalmente sonrojada y los labios hinchados y rojos, fiel indicio de haber sobrevivido a una pesada faena. Aquella imagen tan desarreglada la hacían ver tan tentativamente apetitosa. Estaba seguro que no tendría problema alguno en verla levantarse todas las mañanas al lado suyo, ya que siempre conservaría aquella nota de excesiva y exótica sensualidad…
¿Habia dicho, 'Despertar a su lado'?
¿Todos los días?
¿Cómo si de recién casados se tratara?
¡En que estupideces estaba pensando! Estaba cuestionando su preciada libertad… por una mujer que apenas si conocía.
Era tan estúpido como aquella vez en la que Hyoga le dijo que la energía eléctrica del Santuario funcionaba a base de unas innumerables ruedas conducidas por hamsters entrenados, y que por esa razón nadie podía acercarse a la Mansión Kido, ya que allí estaba la fuente de energía…
"No se cómo diablos pude aceptar entrenar a ese pendejo" desde ese momento, le prohibió la amistad con Seiya mientras lo estuviera entrenando, su inútil influencia estaba siendo desastrosa para el muchacho.
Sacudió su mente y se arregló la sudadera, aún estaba en aquella habitación y tenía que buscar aquello por lo que originalmente fue allí. Ya había accedido a los caprichos de su cuerpo, ahora debía pensar con cabeza fría. Se levantó del suelo y procedió a caminar hacia uno de los cajones, revisando con desesperación y algo de ira al saber que había perdido tanto valioso tiempo. Fue entonces que una fina voz lo sacó de sus pensamientos.
--¿Podrías decirme que buscas aquí?—Oh si, había olvidado por unos segundos aquella 'carga' y principal culpable de que las cosas no le salieran bien esa noche. Bueno, no podía negar que aquella experiencia sexual en el armario fue excelente, pero él no era hombre de mezclar el trabajo con su vida íntima.
Y ahora, ¿Qué diablos le decía?
Sencillamente lo que siempre estaba acostumbrado a contestarle. Ahora que lo pensaba, ¿Por qué se preocupaba por buscar palabras adecuadas para referirse a ella?
--Eso no te incumbe—respondió secamente y siguió esculcando entre los rincones de la habitación… como un mapache en medio de un basurero. Se acercó a un cajón que al parecer estaba con llave, hizo un esfuerzo casi sobrehumano y logró abrirlo. Metió sus manos y sacó una revista con varios dibujos casi perfectos… era un Manga Hentai. Abrió la revista con curiosidad y posó sus imágenes en las caricaturas impresas en ese papel.
"¡Anda la osa!… Sahori es todo un personaje"
Sintió entonces, como la revista le era arrebatada de las manos y arrojada nuevamente a su lugar. Volteó la vista y notó como Kaoru posaba sus manos en las caderas como jarras, en tono de enojo, como cuando una madre espera que su hijo confiese haber roto su jarrón italiano favorito. Alzó las cejas sorprendido, viendo como Kaoru lo asfixiaban con esa mirada indagadora. Se veía atractiva incluso enojada. Tuvo un fuerte impulso de besarla y quitarle la blusa nuevamente pero se contuvo.
A pesar de no conocerla lo suficiente, sabía que estaba furiosa.
Demasiado furiosa
Y él no sabía el por qué…
…………CONTINUARÁ………
(Notas Finales): ¡Camus es un tonto! ¿Cómo así que no sabía por qué Kaoru estaba tan enojada? Si yo fuera ella, ya le hubiera dado una muerte lenta y tormentosa Muahahahaha Camus es de lo peor jaja
Espero que halla sido de su agrado esta escenita tan especial jujuju (Q Viva El Lemmon!), no saben todo lo que me esforcé… pero bueno, todo sea por complacerlos a ustedes.
¡Muchas gracias por pasarse por mi fic y leerlo! A Saint Lune, a Luna_sj (juju me gusto mucho tu coment) y a angel de acuario! Muchas gracias y les deseo un próspero año nuevo.
Neko-Chan, sea donde sea que estés se que estarás orgullosa de esta escena, tu eres la principal promotora de esas ideas retorcidas y desquiciadas… ¡Gracias Amiga!
Salu2 y Bsos!
