Crónica II
Mary Jane: gracias por los reviews. Espero que os guste.
La verdad es que lo de Robbie se me pasó relativamente rápido. Algún día alguien dirá: Rosie Weasley dijo que el amor es como el Jet-lag, el tiempo que tardas en recuperarte es exactamente el doble del que tardas en hacer el viaje de vuelta. Eso, al menos, en verano del último curso, porque el tiempo tiene cosas muy curiosas. Se tarda mucho menos de una milésima en enamorarse, pero en diecisiete años de mi vida no había sido capaz de sospechar lo más mínimo lo que el verdadero fuego, el verdadero afecto, en definitiva el amor, significaba.
Me hubiera gustado seguir en mi búsqueda de lo trascendental, eterno e infinito, pero mi próxima obligación consistía en subirme al Hogwarts Express. Desde quinto curso, reencontrarme con la gente de Hogwarts, y sobretodo con mis primos, constituía una experiencia menos divertida, y desde luego mucho más tranquila.
Mi primo mayor, James, era el centro de atención de todo evento organizado y el detonante de todo suceso enloquecido, y si le sumas que mi primo Fred trae sortilegios del negocio de su padre, gratis… a veces me preguntaba porqué Dominique era tan… como era ella. Creo que quedó trastocada al tener que compartir curso con ellos dos. No me malentendáis, se llevaban muy pero que muy bien, es solo que Dominique era la parte maquiavélica de los tres, era bastante retorcida, la que urdía planes, en principio incomprensibles para un ser humano medio. La verdad era que todo el colegio sabía perfectamente de quién hablabas si nombrabas a mis primos, y debo decir que eso me ayudaba mucho en materia social. Pero aunque más de un profesor agradecía que todos hubieran pasado bien sus últimos exámenes, había algo en el aire, un vacío, mi tío George me dijo una vez, que Hogwarts siempre necesita a alguien que haga que los pasillos vibren de vez en cuando.
En fin, digamos que, aunque ame la paz y la tranquilidad, el factor excitante de la vuelta al colegio disminuía considerablemente al faltar ellos tres.
Llegamos con el tiempo justo: llegar, despedirse y marchar. No pude contarle lo de Robbie a tía Ginny, a pesar de que me hizo prometerle que le mantendría informada después del dichoso día de la gripe.
Casi no nos habíamos dado cuenta y ya estábamos los de siempre metidos en el compartimiento. Y los de siempre son: Al, Rox (odia que la llame así, prefiere "Roxanne, nombre completo, por favor", pero adoro los diminutivos, son muy eficientes), Louis (lástima, demasiado corto), Lily, Hugo y yo. Mi hermano tiene la maldita manía de seguirnos a todas partes, y se trae a Lily para que le haga compañía, son exactamente iguales, juegan a lo mismo, practican los mismos hobbies (a excepción del esquí) e incluso leen los mismos libros y escuchan la misma música, si hubieran sido gemelos no les hubiera salido mejor.
Debo hacer una aclaración: Hasta aquel año, Louis también entraba en el sector de Lily y Hugo, pero últimamente se estaba creando un sector a parte, le había dado por pintarse las uñas de negro, adquirir ciertas ojeras de semblante enfermizo y añadir al uniforme del colegio una americana de piel que conozco porque Dominique la llevaba, y tío Bill me dijo que había sido suya, así que, a parte del repelús que me dan las uñas y que me esté comenzando a preocupar por su salud, él sigue portándose normal.
Antes de que saliera el tren, miré por la ventana y me despedí de mis padres y mis tíos con la mano. Miré a tío Harry y le dije "hasta luego" gesticulando bastante para que me leyera los labios, él me guiñó un ojo. Entonces recuperé las ganas de volver a Hogwarts, seguramente sería el último año y debía disfrutarlo, en realidad no tenía porqué ser así, si terminaba el curso y decidía volver a Hogwarts como profesora no lo tendría muy difícil, un amigo de mis padres trabaja en Hogwarts. Y el profesor Lupin, claro. Aunque Al sea incapaz de llamarle "profesor".
A la hora y media me comenzó a extrañar que Rox no hubiera recibido su visita habitual por parte del prefecto de Slytherin. De hecho esperaba que apareciera porque no recordaba dónde era la reunión de prefectos, al año anterior habían tenido un problemas con el compartimiento que tenían reservado, alguien se metió y hechizó la puerta des de dentro y no podía salir o algo por el estilo, así que tuvieron que cambiarla. Pero no tardó en llegar. Alguien se asomó por el cristal de la puerta, era un chico rubio oscuro, muy alto y pálido, sin lugar a duda, era él. Me giré para ver la cara de Rox, ella ni se había enterado de que él nos saludaba desde el cristal, le di un codazo y señalé la puerta, dio un salto hacia ella como si acabaran de pincharle el trasero.
-¡Scorpius! –gritó.
El chico intentó abrir la puerta, Rox la abrió de un tirón y abrazó al chico ante la atenta mirada escéptica del compartimiento y la curiosidad del pasillo entero.
- Pasa Shakespeare, pasa. – dijo Albus, poniéndose en pie y ofreciéndose a ayudarlo con el baúl.
Sí, habéis leído bien, Al llama "Shakespeare" al mejor amigo de Rox, pero es explicable. Debo decir que a mí me parece un mote estúpido, largo y poco eficiente, exactamente igual que su nombre original.
En cuanto el baúl estuvo dentro y la puerta estuvo cerrada, Rox comenzó a decirle no se qué de unos bocetos, emocionadísima y él sacó un bloc y le explicó algo sobre unos cuentos cortos, todo a un ritmo de vértigo y en tono agudo de nerviosismo, todo lo agudo a lo que Scorpius llega, teniendo en cuenta que tiene una voz bastante… masculina. Solo les faltaba ponerse a dar saltitos por el compartimiento, pero teniendo en cuenta que éramos siete, no tuvieron espacio, pero lo hubieran hecho, no sería la primera vez, os lo aseguro.
- Da Vinci y Tolkien pueden sentarse… -les animó Al.
Así que Scorpius comenzó la ronda de saludos, dándole la mano a Al bastante efusivo y sorprendiéndome con un beso en la mejilla, para terminar sentándose en el suelo.
Jugamos a cartas hasta que me di cuenta de la hora que era y Scorpius y yo tuvimos que cambiarnos corriendo para la reunión de prefectos. Reunión que, por cierto, yo me tomaba muy en serio, mucho más que él. Creo que le tenía manía porque odio los nombres sin diminutivo, y la alternativa planteada por Albus: Shakespeare, no era precisamente un diminutivo, así que lo único que me quedaba era llamarle Scorp, o Malfoy y no había ni suficiente confianza ni formalidad, o bien, inventarme un nuevo mote, y Dios sabe que no tenía tanta inventiva.
Como siempre, nos preguntamos mutuamente por el verano, los dos dijimos que "bien, gracias", nos sonreímos y él siguió tomándoselo todo a broma y yo seguí haciéndole caso de vez en cuando. Alguna vez había querido preguntarle por sus cosas, me refiero a lo que escribía, sí, Scorpius Malfoy escribía, de ahí su amistad con Roxanne. Al principio de nuestra formación en Hogwarts a alguien se le ocurrió que era buena idea presentarnos, quiero decir, meter a Scorpius en nuestro compartimiento y atrancar la puerta. No fue nada cómodo, porque todos sabíamos que tanto las batallitas contadas por nuestros padres como la historia oficial de la Segunda Guerra demostraban que no éramos genéticamente compatibles. Para entonces simplemente charlamos del tiempo la hora que quedaba de camino a Hogwarts i no volvimos a saber de él, pero hacia quinto o sexto, cuando Roxanne comenzaba a adquirir ese aire de artista bohemia que la caracteriza, Albus hizo un gran descubrimiento: Scorpius Malfoy se dedicaba a escribir en sus ratos libres y en lo que no eran ratos libres. Aquello lo cambió todo, Rox encontró una especie de simbiosis con él. Así que la artista excéntrica, un buen día sin venir a cuento, se sentó a su lado en los terrenos y le preguntó qué escribía. No esperaréis que de buenas a primeras el pobre chico le recitara su libro de poemas y le regalara una novela firmada, como al primer intento el chico pareció bastante cerrado, ella recurrió a su táctica particular: se sentó a su lado a dibujar. Ya no había quien les separara. El escritor inspiraba a la artista y la artista inspiraba al escritor. Cada vez que aparecía el tema en casa, Rox dice que son como… hermanos, pero tío George siempre le lanzaba una mirada seria, supongo que no le hace mucha gracia, pero aún así no era mal chico y yo creo que en realidad sí tienen algo más que ser admiradores mutuos.
Al menos, eso creía yo. Llegamos a Hogsmeade, al fin, y me tocaba asegurarme de que a los alumnos de primero no se les ocurriera quedarse por allí o irse con los mayores, acompañarlos hasta las barcas, etcétera. Un trabajo realmente aburrido, pero factible, hacerme responsable de los alumnos de primero durante un rato, no parecía muy complicado. Cuando ya me iba a llevar a casi cuarenta niños, emocionadísimos hacia el lago, Scorpius me agarró del hombro y me hizo girarme bruscamente.
- Rosie, ¿estás loca? – dijo, yo le reñí con la mirada- ¿Piensas llevarlos al lago sola?- asentí- y ¿luego piensas volver a Hogwarts, sola?
Soy una persona exageradamente planificadora, y me molesta no saber qué haré en el margen de, al menos, las próximas doce horas, pero debo admitir que no había pensado en eso.
Así que puso un poco de orden, sí, lo consiguió, consiguió que los alumnos de primero guardaran silencio absoluto gritándoles: "¡Al próximo que hable le tiro al lago con el calamar gigante!" La verdad es que era comprensible que todos los niños de primero le miraran aterrados, lo dijo en un tono muy serio, de director de colegio. Le miré extrañada, desaprobando su método, porque prácticamente se estaba burlando de los niños. Caminamos en total silencio hacia el lago, él con su sonrisa y yo mirando al suelo.
Subieron a las barcas sin ningún problema, sin gritos, sin accidentes, sin peleas. Y nos quedamos solos. Maldita sea, se le había dado fantásticamente bien controlar a los críos de primero, y de algún modo, mi subconsciente se lo tomó como un ataque a mi ego, perdí unos puntos de autoestima que no tardé en recuperar…
- Te ha sentado bien el verano, estás más morena. – dijo, sin mirarme.
Primero pensé "es moreno de esquí, tengo la marca de las gafas de esquiar, idiota", a la gente le gusta resaltar mi palidez, debe de tener algo de gracioso, sobretodo teniendo en cuenta que me paso la mitad del día con Rox, y ella es, por lo natural, morena, mucho.
Pero decidí tomármelo como una disculpa, así que le miré con una sonrisa en los labios, di media vuelta, sin esperar que me siguiera ni hacer ningún gesto para que lo hiciera, y comencé a caminar en dirección al castillo. Caminaba a mi lado, estuvimos unos preciosos minutos en silencio.
- El último año… ¿eh?
"¿Eh?" pensé, "la gente que termina las frases con cualquier tipo de partícula asemántica debe de tener alguna especie de carencia afectiva o falta de intelecto irreversible". La verdad es que estaba bastante molesta porque sabía que podía haber ido con los alumnos sola, y pensaba no haber necesitado su ayuda en ningún momento, la autosuficiencia era una idea que me urgía remarcar.
- Sí. – contesté.
Y volvió a hacerse aquel silencio sepulcral que cortábamos con los pasos en el césped… hasta que se paró en seco. Yo no lo hice.
- Puedes hablarme, ¿sabes?
- Sí, lo sé. – dije, parándome unos metros más allá, con los brazos cruzados y con una expresión bastante seria, pero sin dejar de parecer cordial- Es que… estoy cansada, tengo hambre y, por consiguiente, ganas de llegar al colegio.
Avanzó lentamente hasta mí, con el entrecejo fruncido, lo que hubiera dado por saber lo que pensaba en aquel momento, me miraba a los ojos, serio, parecía que en cualquier momento iba a ponerse a reír o a irse corriendo o algo…
- Roxie tenía razón.- dijo simplemente, con un hilo de voz suave.
Luego solo sonrió enseñándome sus dientes blancos y perfectamente colocados, y siguió caminando hacia las puertas del colegio. Por cierto, sí, lo de los dientes ha sido un punto claro a su favor.
- ¿Roxie?- no me hizo el más mínimo caso- ¿Cómo que Roxie?
Le puse la mano en el brazo mientras seguíamos andando, ahora a paso un poco más rápido, y no debería repetir que él es lo suficientemente alto como para sacarme bastante ventaja.
- No le des vueltas, no vale la pena, Rose.
- No, no, espera. – y encima le daba por llamarme "Rose"- El diminutivo de Roxanne no es Roxie. – dije, tajantemente- Es Rox.
Soltó una carcajada.
- ¿Porqué lo digas tú?
Las puertas de los terrenos estaban abiertas, por suerte, porque no sé si hubiera soportado que alguien me viera discutir por un diminutivo con él. Comenzamos a pasar a través de los terrenos al mismo ritmo insoportable.
- No, en serio, Rosie es el diminutivo de Rose, pero Roxanne…
Él frenó en seco.
- Rose,- levanté el dedo índice y abrí la boca para decir algo- quiero decir, Rosie, no tiene importancia.- dijo lentamente.
Le miré como si no le entendiera.
- Al fin.- dije, y me giré hacia las puertas del colegio, porque realmente no sabía qué contestarle.
Llamamos, y mientras nos abrían, bajé la cabeza y le miré de reojo. Estaba molesto, bufó, se rascó la cabeza, miraba las puertas distraído. Iba despeinado, parecía que se mordía las uñas y además, llevaba la túnica descolocada, aunque estaba perfectamente planchada, le colgaba solo sobre uno de los hombros. Pero pensé que detrás de esos labios fruncidos había unos dientes perfectos.
Entramos en el gran comedor, cada uno se fue a la mesa de su casa, él a Slytherin y yo a Gryffindor. Gracias a alguien de allá arriba, no fuimos el centro de atención, porque todos estaban pendientes de la aparición de el famoso "Harry Potter", al que la directora acababa de presentar, como cada año, para que hiciera el discurso de bienvenida al colegio. En resumen, que tío Harry tenía alguna especie de salvoconducto para meterse en Hogwarts sin pasar el viaje que teníamos que pasar nosotros, venía, daba el discurso, cenaba y volvía a casa.
- Si te llegas a perder el discurso de mi padre te hubiera tirado de la torre de astronomía.- dijo Albus por lo bajo.
Yo le chisté y le obligué a que me hiciera un sitio. Tío Harry estuvo fantástico, como cada año, y me volvió a guiñar el ojo desde la mesa de profesores cuando comenzó el banquete.
Conozco a mi primo Al como si fuera mi hermano. Y me di cuenta enseguida de que algo le pasaba, estaba nervioso, tenía ese brillo en los ojos que solo tenía cuando sentía la imperiosa necesidad de estar por encima de las circunstancias.
- ¿Qué te pasa? – le dije con tono molesto.
- Nada.
Y como si le enfocara con una cámara de fotos, Albus se desenfocó y pude ver detrás de él la causa de ese tic en su pierna. En diagonal a él, al otro lado de la mesa, había una chica, de un rubio cobrizo, y los ojos de un azul muy claro. Me extrañó, porque parecía tener nuestra edad, pero no la había visto antes.
- Ya… -le espeté, irónica a Albus.
Me incliné y le hice una señal a Roxanne.
- ¿Quién es?- le pregunté señalando a la chica con la cabeza.
- Cecilia… no me acuerdo del apellido, es nueva.
- ¿Dónde está? ¿en sexto?
- No, en séptimo.- dijo, y se encogió de hombros.
Estaba realmente cansada, al llegar a mi habitación, a mi cama con dosel… no podía hacer más que pensar en el trabajo que se me venía encima: último curso, me agobié por un momento, pero no me di cuenta porque caí en la cuenta de algo.
- ¿Rox? – dije entre el dosel de la cama, a mi prima, en la cama de al lado.
- ¿Sí?- dijo una voz adormilada.
- ¿Qué le has dicho a Scorpius de mí? – no me gustaba hacer esta clase de preguntas, denotaban cierta curiosidad insana.
- Rosie, hablo con Scorpius de muchas cosas, de ti… - hizo una pausa- también, de hecho bastante, pero no pretenderás que me acuerde de todo…
Típico de ella. A veces no sabía si lo hacía por eludir el tema o era realmente tan despistada.
Fin del capítulo
Mary Jane: Los reviews me ayudan, aunque solo sea una frasecita… ¡¡please!!
