Disclaimer: Todo el mundo de Harry Potter es propiedad intelectual de J.K. Rowling. No recibo ningún beneficio económico por esta historia, simplemente diversión.

N/A: Tal y como prometí ayer, aquí está la segunda parte. Mañana colgaré la siguiente. ¡Disfrutad!


PARTE 2: EL REENCUENTRO

Cerró los ojos para despejar el mareo causado por la red flu y cuando los abrió, una vista dolorosamente familiar le dio la bienvenida.

La Mansión Malfoy no había cambiado en los últimos cinco años; los mismos muebles caros, las mismas vistas de ensueño... y el mismo ocupante del mismo sillón frente a la chimenea, con la misma sonrisa que le provocaba la misma sensación extraña en el pecho. Harry tragó saliva.

- Harry... - Draco llevaba el brazo derecho en cabestrillo y tenía parte del cuello enrojecido y una moradura aún curándose en la mandíbula. Vestía una camisa de seda verde oscura y un pantalón negro que le quedaba absolutamente perfecto. - Te estaba esperando.

Aquella voz le subió el estómago a la garganta y tuvo que calmarse. Sabía a lo que había venido, pero eso no lo hacía más fácil; cinco años evitándole... No sabía como iba a poder ignorarle viviendo en el mismo apartamento.

- Malfoy - contestó, secamente. Draco levantó las cejas en sorpresa y sintió satisfacción. No se merecía nada más que su desprecio, después de como le había tratado. - Espero que tengas tus cosas recogidas, Hermione está esperando.

- Pensaba que ya habíamos superado la fase de llamarnos por nuestros apellidos. Por lo menos, en privado. - Le miró suplicante y Harry contestó con un gesto de desprecio, ignorando el estremecimiento que le recorrió la espalda, a su pesar. - Y sí, Ditto ya lo ha trasladado todo a tu piso. Te estaba esperando a ti.

- Qué curioso, creo recordar que fuiste tú quien dejó claro que no éramos más que simples conocidos que se utilizaban mutuamente... No sé tú, Malfoy, pero a mis conocidos no les llamo por el nombre.

"... puramente temporal, y lo sabías, Potter. Ha sido muy interesante, incluso intenso, pero siempre fue evidente que tú y yo marchamos por diferentes caminos, tenemos objetivos diferentes en la vida, y..."

Aquellas últimas palabras, pronunciadas cinco años atrás, estaban presentes en el ambiente. Volviéndose a un lado para ocultar la amargura, se reprendió por su estupidez; con tanto tiempo de por medio y aún le sentaba como si le rasgaran algo por dentro...

- Harry, antes de que nos vayamos tenía que decirte... - comenzó Draco.

Todas las alarmas se le encendieron. No quería oírlo. No quería escuchar más mentiras, excusas que llegaban demasiado tarde. La esperanza y el dolor eran parte de su pasado, ahora Draco sólo era un protegido, una víctima de tantas en su carrera. No podía permitirse entrar en el terreno personal.

- ¿Qué tal Astoria? - interrumpió con falsa educación y toda la mala intención. No esperaba que a Draco se le escapase y no lo hizo.

El divorcio había sido todo un escándalo en el mundo mágico, pasando a la historia como el más caro nunca visto. La que volvía a ser señorita Greengrass se había casado con Draco, esperado un año y publicado en primera página que las constantes humillaciones vividas como consecuencia de la homosexualidad de su marido le habían provocado tales depresiones que iba a solicitar el divorcio. Después de meses de disputas y constantes apariciones en los periódicos, cifras exorbitantes y honorarios de letrados mayores que el salario de todo el departamento de aurores en un mes, la pobre víctima había tenido que contentarse con una quinta parte de su reclamación inicial, sentando, sin embargo, un record como el más caro jamás pagado.

El recuerdo amargo, evidentemente, tampoco le sentaba bien a Draco...

- Divorciada, muchas gracias - espetó de repente, con ese rictus torcido y el tonillo falsamente educado tan característico suyo. - ¿Y David? Así se llamaba el fulano que me sustituyó, ¿no?

- David fue diez veces mejor que tú. Y está en el mismo lugar que todas mis relaciones fallidas. - Le miró significativamente, haciendo que fuera imposible no entender lo que decía en silencio - En el olvido.

El resentimiento endureció las facciones de su ex-amante. En parte, se alegraba de verlo sufrir, ¿no había querido continuar con la tradición y dejar a Harry para casarse? Pues que pagase las consecuencias...

Un silencio tirante se apoderó de la sala. Recuerdos que no eran bienvenidos se agolpaban en su mente y sabía que Draco también estaba contemplándolos.

Pasaron varios segundos, ambos conscientes de la oportunidad perdida. Harry intentó convencerse de que había sido sólo una relación más, que nunca tuvo importancia y que sólo la añoraba tanto porque había sido la primera realmente seria. Pero, al igual que tantas otras veces a lo largo de aquellos cinco años, algo en su interior no acababa de convencerse.

- Ya sabes la dirección flu. Tú primero. - Se volvió hacia la chimenea, cortando la mirada, y le tendió la jarra de porcelana que contenía los polvos. Draco la tomó en silencio y se marchó sin dejar de mirarle.

Una vez solo, Harry cerró los ojos y apoyó la espalda contra la pared.

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- ¡Por Merlín y todos sus misterios, Hermione! ¡Si esa frase tuviera más palabras incomprensibles, estaría en sireno! - Draco hizo una mueca de asco.

Harry, con vista fija del informe del equipo de rescate que había acudido a la ayuda de Alan la tarde anterior, suspiró, resignado a escuchar la décima discusión en el día.

- ¡Pero no hay ninguna otra forma de expresarlo correctamente, Draco! Quiero que está descripción sea la más exacta que se pueda encontrar de Godric Gryffindor.

Contuvo las ganas de suspirar, otra vez. En los últimos días, había aprendido más de los fundadores de Hogwarts de lo que nunca había deseado saber. ¿Quién sabía que, en realidad, Rowena había sido una romántica, Godric nunca había acudido a una reunión importante antes de las 10, Salazar era un apasionado del mar o que Helga tenía fobia a los ratones? Al parecer, su amiga.

- ¡Helga Hufflepuff nunca diría esto! Aprecio que quieras mencionar los aspectos negativos de Godric pero, ¿no crees que a Rowena le pegaría mejor?

- ¡Bah! - Hermione dio un manotazo al aire, agitando sus manos vendadas y comenzó a caminar de un lado a otro de la estancia, sus zapatos sonando una y otra vez contra el suelo. - Rowena está colada por Gwyddyon , no se atrevería a criticar a Godric delante de su hermano. Además, aún no está escrito, pero ahora mismo está reunida en Irlanda con la autoridad mágica de Kent para negociar el acuerdo de 987 D.C. con la comunidad religiosa local para que los celtas irlandeses también puedan asistir a Hogwarts.

- ¿Y cuando pensabas incluir eso? – Draco dejó de escribir, mirándola exasperado- Porque ya te dije ayer que este capítulo es demasiado largo y en el siguiente ya va tocando la unión de Helga y Morrison. Si lo alargas más vas a agotar al lector antes de la mitad del libro...

En su pequeño piso, apenas funcional, había poco que hacer y Harry estaba siempre leyendo o escribiendo informes, o bien teniendo interminables conversaciones por flu con el Ministerio, así que habían decidido utilizar el tiempo libre para adelantar en la siguiente novela de Hermione. Cosa que a Harry no le importaría si no discutieran en voz en grito sobre cada pequeño párrafo una y otra vez.

Draco estaba sentado en la mesa de madera oscura de su salón, con varios pergaminos enfrente suyo y media docena de libros esparcidos por toda la estancia. A pesar de tener un brazo en cabestrillo, escribía con el otro al dictado de Hermione, quien durante los primeros días había sufrido una pequeña crisis de ansiedad al darse cuenta de que no podría escribir en semanas y su cuidadosa programación se iba a echar a perder.

- ¡Precisamente por eso! Helga está alterada por la boda, ¿no lo ves? - Hermione se detuvo para gesticular más enérgicamente - Salazar sigue negándose a acudir por culpa de que la abuela de Morrison es nacida de muggles y, como Godric, que es a quién Salazar realmente escucha, es el único que aún no se ha enfrentado a él, Helga está con los nervios a flor de piel, pensando que todo va a ser una catástrofe. Pero Godric no le quiere decir nada a su mejor amigo, porque Salazar le apoyó en el acuerdo de Transilvania de 986 D.C. con la Comunidad del Noreste de Europa para incluir la enseñanzas de Artes Oscuras en la asignatura de Defensa...

- Creo que deberías de replantearte la estructura narrativa de los próximos capítulos, Hermione.- Interrumpió Draco, sacudiendo la cabeza - Sé que tú eres la escritora pero si le haces caso a tu editor, por una vez en tu vida, revisarás el equilibrio entre carga histórica y emocional, si no quieres quedarte corta en algunas partes y larga en otras.

- ¡No lo entiendes! Mira, déjame que te explique y verás como...

- ¿Y vosotros creéis que estará preparado para finales de año, al paso que vais? - Harry dejó a un lado el informe y le preguntó a Hermione, ignorando a Draco en la medida de lo posible - En Flourish & Blotts ya tienen un gran cartel en la entrada recordando que el mes que viene comienzan a aceptar reservas.

- Estoy segura - afirmó Hermione.

- Más le vale - dijo Draco al mismo tiempo. Harry lo miró de reojo pero no se dignó en una respuesta.

Cogió otro informe, que analizaba el contenido de las cartas que había recibido Draco. A diferencia de las de Hermione, que habían comenzado como un académico disgustado y habían progresado hacia amenazas más personales conforme Hermione le ignoraba, con Draco parecía haberla tomado desde el principio como algo personal.

"[...] rastrero y traidor a tus creencias y a los que fueron tus aliados, pretendiendo ser un ciudadano más, como si nadie recordáramos lo que realmente fuiste. El daño que hiciste a decenas de familias...[...]", decía una de las primeras cartas. Esto le hizo pensar a Harry que el sospechoso pertenecería más bien a la Brigada Inquisitorial que al ED y sentía más simpatía por los ideales racistas de Voldemort. Bajo esta teoría, el sospechoso era un resentido de la última guerra, que nunca había tenido la suficiente importancia como para ser encarcelado o sólo había estado en Azkaban por un crimen menor. Una vez libre, resentía a Hermione por ser sangre sucia y sacar a la luz los secretos de su antiguo Amo, y a Draco por haberla editado y ser un traidor a su antigua vida.

Sin embargo, otras llevaban a conclusiones diferentes, como por ejemplo un párrafo de una de las que recibió unas semanas después de comenzar: "[...] siempre diciendo estupideces que demostraban tu evidente falta de inteligencia y buen gusto. Apuesto a que tu padre estaba bien orgulloso de que cada vez que abrieras la boca demostraras tu incapacidad de pensar lógica e independientemente, como debería hacer cualquier sangre limpia de noble cuna que se preciase de sus ancestros. No, nunca fuiste más que un loro, un payaso sin criterio, ¿por qué iba a pensar que tu "nuevo yo" de la post-guerra sabría reconocer el talento? Evidentemente, siempre te faltó esa capacidad."

Aquí el sospechoso parecía indicar que no había estado de acuerdo con Malfoy en el pasado, y por tanto, que no había estado de parte de Voldemort, lo que invalidaría la anterior teoría. Alan, antes de ser atacado, le comentó que pensaba que el sospechoso era alguien que Malfoy había conocido en el colegio y que posteriormente, había rechazado como editor de MC ediciones. Esto dejaba a Hermione un poco descolgada de la teoría y pero quizá por eso sus cartas no comenzaban con insultos tan personales.

Sacudió la cabeza, exasperado. Le faltaba alguna pieza del puzzle, ninguna de las opciones le acababa de encajar. Podría hacer una lista de todos los mortífagos y simpatizantes que ya habían salido de Azkaban y analizar los motivos de cada uno, pero llevaría demasiado tiempo y recursos de los que no disponía. Y era simplemente imposible reunir los nombre de todas las personas a las que Draco había rechazado en MC ediciones.

Si reducía los sospechosos a la Brigada Inquisitorial, los mortífagos de menor rango y los miembros del ED, la lista se acortaba considerablemente pero seguía siendo excesiva. Si tuviera a Alan, y aún pudiera moverse libremente para investigar, hubiera sido posible, pero sólo y sin salir de casa llevaría demasiado tiempo.

No, necesitaba más información. Tenían que coger a los atacantes de Alan; ellos quizá podrían dar alguna pista que confirmara alguna de las teorías.

De repente, su varita comenzó a vibrar en el bolsillo de su chándal. Unas letras se dibujaron en el aire, recordándole que era la hora de aplicar la pomada a las quemaduras.

El corazón le dio un vuelco. Esa noche era la primera dosis de pomada que habría de ponerle a Draco y había que aplicarla en todo un brazo y parte del torso y la espalda...

Hermione y Draco, pararon de discutir.

- Es la hora de la pomada - dijo a través del nudo de la garganta. Tragó saliva. - Tú primero, Hermione.

Su amiga sonrió y, sin decir nada, se sentó a su lado en el sofá y le tendió las manos.

Harry retiró los vendajes con cuidado, descubriendo las manos vivamente amoratadas de su amiga. La primera vez que tuvo que ponerle pomada, quedó horrorizado al descubrir el alcance de sus heridas. Cubiertas por los vendajes, las manos parecían torpes y Harry sabía de primera mano lo dolorosas que las quemaduras podían ser, pero nunca había visto una quemadura de primer grado. Desde aquel día, habían mejorado muy considerablemente, quedándo una piel muy fina de vivo color morado que, a pesar de todos los cuidados, aún debía ser muy doloroso.

No quería ni imaginar lo incómodo que sería para Hermione si no tomase cada ocho horas una poción analgésica que prácticamente reducía el dolor a nada.

- ¿Cuánto crees que tardarán en curarse? - le preguntó, con fastidio.- Estoy deseando volver a escribir yo sola. Simplemente no es lo mismo, necesito escribirlo con mis propias manos, con mi pluma de toda la vida. Oír como rasga el pergamino me ayuda a concentrarme.

- Accio - el bote de pomada que les habían dado en San Mungo apareció flotando desde el cuarto de baño y Harry la cogió con reflejos impecables. - Posiblemente una semana, según el sanador Cooner... Otra semana hasta que estén completamente curadas.

Aplicó la pomada con toda la delicadeza que fue capaz. Heridas como aquella le hacían apreciar el valor de las pociones.

- Vamos a tener que quitar esta escena - continuó Draco, como si no hubiesen interrumpido la conversación - No dejo de pensarlo y no me convence. No es necesaria y, si quieres incluir también el tratado con los irlandeses, tenemos que eliminar algo.

- ¡Pero es importante! - su amiga se giró con cuidado para no mover las manos de entre las de Harry - El objetivo de esta novela era contar de forma accesible la historia de los Fundadores, y para eso la construcción de los personajes es fundamental.

- El libro no puede pasar de 500 hojas. - Continuó Draco, inflexible - O me veré obligado a subir el precio para cubrir costes.

- ¡Díselo tú, Harry! -imploró Hermione. Sintió el peso de aquellos ojos grises, mirando, observando, evaluando... como llevaban haciéndolo sin parar desde que fuera a la Mansión a recogerlo. Harry no le había dirigido la palabra para nada que no fuera estrictamente imprescindible, pero no podía dejar de sentirla - ¿Verdad que hace a Helga más real, más cercana?

- A mi no me metáis. - Terminó de aplicar los vendajes limpios a las manos de su amiga y cogió aliento, preparándose para lo que le tocaba ahora.

Levantó la vista; aquella mirada penetrante se le clavó como un puñal.

- Tu turno - ordenó, haciendo sitio en el sofá para que se tumbara.

Draco, sin quitarle los ojos de encima, dirigió una mirada rápida a Hermione y se levantó despacio, sonriendo sutilmente, sin decirle nada pero insinuando todo, como llevaba haciendo desde el día anterior.

El corazón le latía con fuerza, pero se obligó a ignorarlo. Iba a curar una herida grave, no a dar un masaje erótico.

- Voy a necesitar ayuda - dijo Draco suavemente, señalando el cabestrillo con una pequeña sonrisa.

Pestañeó y apartó la vista, mirando hacia cualquier parte menos a su cara.

Muy a su pesar, aquella sonrisa seguía afectándole. Draco era increíblemente atractivo y muy consciente de ello; sólo tenía que pensarlo y desprendía tanta sensualidad que Harry no entendía que ningún ser humano con capacidad de sentir deseo no se sintiera tentado.

Y pensar que aquel hombre había sido completamente suyo un día...

Pero no podía dejarse llevar. Harry no era amigo del sexo sin compromiso y, mucho menos, con un "ex" que había tardado tanto en olvidar. Draco podría tentar todo lo que quisiera pero lo había decepcionado tan profundamente que no quería ni contemplar el perdón.

Se agarró con fuerza a su resentimiento. No podía permitirse que Draco le afectara. No se lo merecía.

Se acercó hasta que apenas hubo un palmo entre ambos. Estaban tan cerca que sentía su calor corporal. La familiar fragancia a madera y clavo con la que tantas mañanas se había despertado, años atrás, le asaltaba constantemente.

Armándose de valor, fortaleciéndose ante la tentación, dio unos pasos hacia él.

Draco tragó saliva; de reojo, vio su mano sana apretada en un puño con fuerza. El corazón le dio un ante la posibilidad de que, quizás, Draco también seguía deseándole, que no estaba jugando con sus sentimientos, que la química que Harry sentía entre los dos no era simplemente su imaginación.

Se situó a su espalda. Draco no se movió un ápice, como si fuera una estatua. Dio un paso atrás y admiró aquellos hombros sólidos bajo apariencia delicada que, pese a todo lo que se repetía a diario, anhelaba volver a acariciar.

Desató el nudo del cabestrillo, inspirando aquel calor embriagador. Su respiración puso el vello de punta en aquel cuello largo y cremoso, que conocía tan bien. Sabía exactamente dónde morder, donde lamer, donde besar... Draco bajó imperceptiblemente la cabeza, dándole más acceso y la nostalgia fue tan poderosa que apenas pudo contenerse. ¿Sería tan suave como entonces? ¿Sabría aún a especias, como aquel gel que Draco se hacía traer desde Suiza?

Con esfuerzo, consiguió volver frente a frente con la cara más profesional e inexpresiva que fue capaz.

Ignoró el temblor de las manos cuando desabrochó los botones, uno a uno, revelando despacio la piel perfecta de un pecho firme y un torso ligeramente musculado.

Dos pezones pequeños y rosados llamaron su atención. Se humedeció los labios y tragó saliva.

Una mano cubrió la suya, que se había detenido en el último botón. Un estremecimiento le recorrió de arriba a abajo. Alzó la mirada.

El pecho de Draco subía y bajaba rápidamente. Buscó de nuevo sus ojos y encontró nerviosismo y vulnerabilidad, pestañas largas y curvas en unos ojos grandes y expresivos que ahora le miraban implorantes.

De repente, unas palabras del pasado acudieron en su auxilio.

"¿Qué importa si me gustan los hombres o las mujeres? Ninguna idea de felicidad está completa sin una esposa y un heredero, Harry, ¡lo sabes tan bien como yo!... ¿No creerías que me quedaría contigo toda la vida?"

El estómago se le encogió en un nudo. Aquellas habían sido las últimas palabras que escuchó de la boca de alguien que llegó a pensar que sería para siempre.

- Harry... - Draco dio un paso al frente y le miró a los labios, inclinándose suavemente. Durante un tentador segundo, contempló la posibilidad de no moverse, dejarse hacer. Después entró en razón.

Retiró la mano bruscamente y le miró con frialdad.

- Las instrucciones dicen que es normal que notes un ligero escozor, así que ni te molestes en protestar.

Vio tan claramente la decepción en su rostro que, aunque una parte se sentía satisfecha, otra, pequeña y escondida, se arrepentía de no haberse agarrado a la oportunidad.

Retiró la camisa y descubrió los vendajes, que rodeaban la parte izquierda superior de torso y espalda. Draco se había cubierto con el brazo al estallar la bomba y tenía quemaduras de segundo grado gracias a que había estado detrás de Hermione. La fuerza le tiró hacia atrás y, al caer, se dislocó el hombro contrario.

Las heridas no eran tan graves como las de Hermione pero lo suficiente para dejarle sin respiración.

- ¡Merlín, Draco...! - se le escapó. ¿Cómo había aguantado Draco para no quejarse en todo el día con aquella herida? Incluso con la poción y la pomada, ¡aquello tenía que doler terriblemente!

Draco lo miró, cargado de resignación como respuesta, aún visiblemente decepcionado por el rechazo de Harry.

Con cuidado, apenas sin respirar ni atreverse a apretar, aplicó la pomada.

Lo que fueron segundos se hizo interminable. Al terminar, se giró: su amiga seguía en la habitación, sentada en una esquina en silencio. Sin decir nada, se lo preguntó todo.

Harry recogió sus informes y se marchó de la habitación.

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