Disclaimer: Todo el mundo de Harry Potter es propiedad intelectual de J.K. Rowling. No saco ningún beneficio económico de este fic, simplemente diversión.

N/A: Algunos habéis comentado en los reviews que había poco información sobre el pasado de la relación de Harry y Draco, pero al dejarlo sin estar logados no es puedo contestar en privado. Harry y Draco aún tienen mucho que superar para volver a estar juntos, todas las razones de su separación aún no están exploradas, en el capítulo anterior sólo se da una primera explicación. En este capítulo averiguaréis un poco más.

¡Muchas gracias a todos los que habéis dejado comentario! Mañana colgaré el siguiente capítulo, prometido. ¡Disfrutad!


PARTE 3: EL PASADO

Cinco largos días trascurrieron desde aquella tarde. Hermione y Draco trabajaban sin parar en el libro, discutiendo con la misma frecuencia con la que se entusiasmaban. Su salón estaba repleto de biografías sobre los fundadores, ediciones varias de "Hogwarts: una historia" y rollos de pergamino por doquier, por no hablar de las páginas y páginas que habían acabado en su papelera. Su casa nunca había visto tanta historia medieval.

Mientras tanto, Harry leía los informes una y otra vez a la búsqueda de algún dato que se le pudiera haber pasado, y elaboraba hipótesis, a cada cual más desesperada. Lamentaba continuamente la falta de su compañero y maldecía la ineficiencia de los que no encontraban a los matones que le habían atacado, a pesar de que Harry, con ayuda de Taylor, quien le hacía el trabajo de campo, ya les había averiguado los nombres, pasados y lugares de paso frecuentes.

Y todos los días, puntualmente, aplicaba la pomada a las quemaduras de sus protegidos. Desde aquella primera tarde se había cuidado mucho de proceder siempre con la máxima profesionalidad, guardando en todo momento las distancias y, sin embargo, cada día que pasaba le costaba más mantener la compostura.

No era difícil ver que aún sentía más de lo que hubiera preferido. Rechazaba la sola idea de volver con aquel hombre que tanto daño le había hecho. Dos años de una relación intensa y tan profundamente satisfactoria que se habían convertido en la envidia de todos a quienes conocían.

Y Draco había renunciado a ello, echándole en cara que jamás hubiera podido ser feliz con un hombre. Y mucho menos con él.

Durante meses, había pensado que vería la luz, se arrepentiría y volvería con él. Sabía que aquella Astoria con quien se había empeñado en casarse nunca le daría a Draco lo que necesitaba, y Harry dudaba que encontrara ninguna persona que le llenara a él tan plenamente como lo había hecho Draco. Era cuestión de tiempo.

El reportaje de la boda en la mitad de los periódicos europeos, con todo su bombo y esplendor, abrió una herida que aún no se había cerrado. Las fotos de Draco, extremadamente elegante, sonriendo felizmente en los brazos de otra cuando apenas unas semanas antes había sido suyo, le rompió el corazón. Tardó meses en aceptar que el futuro que había labrado en su mente se había roto por la mitad y aún más meses en intentar labrar uno nuevo. Desde entonces, había tenido relaciones sentimientales, más o menos largas pero todas igual de superficiales, para regocijo de los periodistas, que constantemente lo estaban emparejando con un jugador de Quidditch o una joven promesa de algo. David había sido la más larga, casi seis meses, y Harry rompió en cuanto vio que David estaba empezando a enamorarse.

Cinco años después, Draco había fracasado en su intento de normalidad, tal y como Harry predijo, y todo parecía indicar que pretendía retomarlo donde antes lo habían dejado. A los dos meses de estar definitivamente divorciado, Harry recibió la primera de muchas invitaciones, impersonal y con el pergamino corporativo de MC ediciones, para fiestas, inauguraciones, estrenos, presentaciones y otras funciones sociales organizadas por la empresa.

Ahora, Draco estaba aprovechando la proximidad de vivir en el mismo piso minúsculo con tanta sutileza que si Harry no le conociese tan bien no se habría percatado: elegir la camisa de su color favorito, tener preparado el té por las mañanas tal y como le gustaba, largas miradas cuando sabía que Harry lo estaba evitando, sacar anécdotas de cuando estaban juntos mientras trabajaba con Hermione, sabiendo que lo estaba escuchando...

Era su forma de tender la mano. La había utilizado cada vez que habían tenido una discusión fuerte, cuidando los pequeños detalles, desde la dulzura hasta la seducción, pasando por la diplomacia. Fue algo que habían aprendido a fuerza de golpes: para las discusiones tormentosas y a corto plazo, era Draco quién tenía que ser aplacado. Un regalo, una visita inesperada al trabajo, una conversación suplicante... y sexo casi violento solían funcionar en ese caso. Sin embargo, cuando la discusión era sobre algo más trascendente, de esas que se alargan sin resolución durante días... Harry era el que tenía que ser aplacado. Y el sexo entonces solía ser lento, largo y despacioso.

Hermione había intentado hablar con él sobre Draco en varias ocasiones pero él la rechazaba. No tenía nada que decir al respecto, bastante había dicho ya hacía cinco años. Que Draco siguiera siendo el animal más magnético de la tierra y el mejor amante que había tenido nunca, no iba a resucitar al pasado.

Los días pasaban en una nebulosa de miradas cargadas de sentimientos silenciados, de recuerdos, resentimiento y nostalgia. Sus ojos se encontraban constantemente, incluso cuando procuraban evitarse. Las conversaciones, por superficiales que empezasen, siempre acababan cargadas de dobles significados.

Harry vivía con un constante dolor en el pecho y su estómago parecía haber tomado residencia en su garganta.

Aquella noche, después de aplicarle la pomada a Draco y casi hacerse sangre de tanto morderse la lengua, Hermione, por primera vez, los había dejado solos.

Por ese motivo, cuando llamaron a la puerta de su habitación a las doce de la noche, Harry ya estaba esperándola.

- Buenas noches - saludó. Hermione levantó las cejas, como diciéndole que cortara las formalidades, entró y se sentó en su cama sin más invitaciones.

- Tenemos que hablar - le dijo. Harry asintió y se sentó a su lado; llevaba esperando ese momento desde que Draco llegó a casa. - Tienes que hablar con él, Harry. Esta tensión no puede ser buena para la salud, ni para la vuestra ni para la mía.

- No tengo nada que decirle - contestó firmemente. - Hace cinco años quedó todo bien explicado. Es mi caso y haré todo lo que esté en mi mano para mantenerle a salvo y resolverlo cuanto antes, pero mis obligaciones terminan ahí.

- ¿A quién pretendes engañar, Harry? - su amiga le miró, llena de lástima. Harry frunció el ceño furiosamente. - Sabes que hay más. Y Draco también quiere hablar contigo.

- ¿No me digas que ahora necesita recaderos para decirme lo que no se él atreve? ¡Bah...!

- No, no es eso - su amiga sacudió la cabeza y suspiró lastimosamente - Harry, Draco lleva años siendo mi editor y se ha convertido en mucho más que eso. Sabes que siempre nos llevamos bien cuando estuvisteis juntos. He acabado por conocerle y es un buen amigo.

- ¡Sí, claro! - replicó, indignado - ¡Mientras le convengas! Si alguna vez dejas de vender, por el motivo que sea, ya veremos si sigue siendo tan amigo. Hermione, hazme caso, le conozco mejor que nadie. Draco presenta una cara, pero cuando menos te descuidas, cuando más lo necesites, te dará la espalda.

- Cometió un error. Un error brutal. Ha pagado por ello, Harry, ¡está arrepentido! Sé que si hablarais...

- ¡Claro que se arrepiente! ¡De perder una sexta parte de su fortuna a manos de una zorra avariciosa y retorcida!

- ¡Cayó en una trampa!

- ¡Que había preparado y buscado él! - chilló. Se levantó y comenzó a pasear, incapaz de quedarse quieto un segundo más.

- Dime una cosa. - Harry asintió - ¿Por qué nunca contestaste a sus cartas?

- ¿Y cómo sabes tú eso? - preguntó, alarmado. Nunca le había contado lo de las cartas. Muy a su pesar, nunca había podido destruirlas sin primero leerlas, pero nunca había contestado. Y nunca se lo había dicho a nadie.

- Harry... - su amiga sacudió la cabeza, con una medio sonrisa - ¿Recuerdas quién soy? Estuve en la mayoría de esas fiestas a las que te invitaba. De hecho, ayudé a organizarlas. No hace falta que me dijera nada para que supiera que siempre quedaba un sitio vacío en la mesa donde él se sentaba. Nunca al lado, nunca en frente, pero siempre cerca de él.

Una sospecha asomó a su mente...

- ¿No le dirías tú que...? - preguntó, herido.

- ¿Que te invitara? No. - Harry respiró aliviado - Pero sí fui yo quien le sugirió que no estabas viendo a nadie.

- ¡Hermione! – Se escandalizó. ¿Cómo había podido?

- ¡Escúchame! - le miró con unos ojos castaños enormes y suplicantes y Harry no tuvo más remedio que resignarse a escucharle. - Harry, sé mejor que nadie lo mucho que te dolió, créeme... Y al principio, cuando Draco comenzó a ser mi editor, le odiaba por lo que te había hecho. Pero un día me llamó a su despacho y me dijo que, si queríamos tener una buena relación laboral, teníamos que sentirnos cómodos el uno con el otro. Me dijo que me lo contaría todo y, que si no me convencía, traspasaría mi expediente a algún socio.

Harry levantó las cejas.

- Lo sé, muy decente, ¿no? Yo pensé lo mismo. Fue completamente sincero: me dijo que era su inversión estrella, la escritora que más le aportaba y más potencial tenía para ayudarle a convertir MC ediciones en algo grande. Yo, claro, por aquel entonces aún estaba escribiendo la saga de criaturas mágicas para niños, y no era en absoluto tan popular, así que pensé que me estaba dando coba. Por aquel entonces, Astoria ya había comenzado a dar exclusivas con detalles privados pero no habían comenzado el proceso de divorcio. ¡Draco fue sincero, Harry! Me contó cosas sobre la empresa que no necesitaba haberme contado, me habló de los planes que tenía para mí, ¡incluso habló de su vida privada!- a Harry le dio un vuelco el corazón. ¿Incluso…? - Sí Harry, me contó por qué rompió contigo.

Una herida mal cerrada se desgarró en su interior. Traición. Mentiras...

- Fue el peor error de su vida, Harry. Me lo dijo con estas palabras. - Su amiga le cogió las manos entre las suyas, vendadas y torpes, y le miró a los ojos, implorante. - Tienes que creerme.

Estaba tan cansado...

- Hermione... - murmuró, y retiró las manos de entre las de su amiga, mirándolas como si tuviesen el secreto a tanta incertidumbre. - Tengo sueño. Necesito acostarme.

Su amiga titubeó unos instantes, pero sabía reconocer el momento en que parar.

- Claro, Harry - se levantó y, justo cuando estaba en la puerta, se giró. - Piensa en lo que te he dicho, ¿vale? Los dos os merecéis algo mejor. - Cerró la puerta.

Se dejó caer sobre la cama, exhausto, y sin embargo sabía que no iba a dormir. Las palabras de su amiga le rondaron durante toda la noche.

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Nunca había tenido un buen despertar, y abrir la puerta de la cocina al día siguiente para darse cuenta que Hermione lo había dejado solo con Draco, no era la mejor forma de animarse.

Suspiró. Su amiga tenía que aprender a no meterse donde no la llamaban.

Llevaba el pelo mojado de la ducha y una sudadera grande y abrigada para pasar el día tirado al lado de la chimenea hablando por flu. Incluso con los ojos entrecerrados notó que le miraba de arriba a abajo, y deseó haberse arreglado mejor.

- Buenas días - le saludó Draco con voz suave.

Se dejó caer sobre la silla y apoyó la cabeza en los brazos, incapaz de mantenerse despierto y de pie por más tiempo. Cuando levantó la vista, había una taza de té, preparada tal y como a él le gustaba, junto con unas tostadas en su punto exacto y su mermelada favorita de naranja con whisky.

Las palabras de Hermione resonaron en su cabeza entonces, tal y como llevaban haciendo toda la noche, y se preguntó, una vez más, hasta qué punto podía creerlas.

- Bueh dieh ... - respondió, adormilado. Tomó el primer sorbo con desgana: hasta que la primera taza de te no le hacía efecto, no era un ser humano funcional. Era a partir de la segunda cuando podía enfrentarse al día.

- Veo que sigues tan madrugador como siempre. - Si hubiera estado más despierto, aquella voz aterciopelada y ese indicio de sonrisa le hubieran puesto sobre aviso. Tan dormido como estaba, ni siquiera la expresión sincera y esperanzada de los ojos de Draco le alertó. - No has cambiado tanto en estos cinco años.

- Nomm.... - de un trago, apuró la primera taza. Antes de poder levantarse, tenía otra delante. La acogió con agrado.

- Yo, en cambio, sí he cambiado, Harry. Te prometo que he cambiado.

Le estaba mirando con esa expresión implorante que Harry nunca había sido capaz de ignorar. Medio dormido, confuso y lleno de esperanzas que no quería tener, una parte de él lo creyó.

- Hoy sé que hace cinco años seguía siendo el mismo niño mimado y egoísta que había sido siempre, incluso a pesar de lo mucho que me ayudaste después de la guerra. ¿Te acuerdas de cuando me devolviste la varita justo después de que mes absolvieran por haber actuado en legítima defensa? Creo que fue la primera vez que mi foto aparecía en todos los periódicos de Gran Bretaña y media Europa. Después he tenido otras muchas, muchas ocasiones... La mayoría no tan agradables.

El té comenzaba a hacer el efecto suficiente como para que su cerebro le alertase de que no estaba en condiciones de mantener esa conversación. Aún así, estaba tan cansado de evitar el tema, de intentar ignorar lo que no podía ser ignorado, que mordió la tostada con mermelada y se mantuvo en silencio. No podía hacer tanto daño escuchar. Sólo escuchar, nada más.

Vio el preciso instante en que Draco se dio cuenta de que aquella era su oportunidad, la última que recibiría de Harry, cuando se mordió el labio, como hacía siempre que se sentía indeciso. No se molestó en ayudarle lo más mínimo, el máximo de su paciencia era escuchar después de haber sido manipulado para no poder evitar la situación. No pensaba intervenir ni siquiera con la más mínima expresión facial. Es más, se dijo, cuanto más sufra, mejor.

- He aprendido mucho - comenzó. Harry apuró su taza de té. - De hecho, desde que salí de la escuela no he hecho más que aprender. Mejorar. - Draco pausó, buscando aprobación, pero no le dio ninguna. Su ex bajó la vista a la mesa, respiró hondo y continuó. - No soy la persona para la que me educaron ser. Durante la guerra, tuve que asumir que estaba en el bando perdedor, que mi filosofía de vida era una farsa, que mi padre no era el ser infalible que yo pensaba que era y mi madre no era la dulzura y sumisión que creía que representaba. Asumí el odio de la gente, el rechazo de los que hasta entonces se llamaron mis amigos, las habladurías de los ignorantes... Metieron a mi padre en Azkaban de por vida, nos expropiaron de la mayor parte de nuestros bienes, tuve que contemplar un futuro que no se parecía en absoluto al que hasta entonces me había imaginado.

Harry sabía de primera mano lo mucho que Draco había tenido que adaptarse después de la guerra. Oír cuántos obstáculos había tenido que superar, a la vez lo llenaba de compasión y de admiración. Pero no dejó que nada de esto se exteriorizara, simplemente sacudió la cabeza y arqueó las cejas. Nada nuevo, le dijo, fríamente, sin palabras.

- Me avergüenza decir que, después de lo mucho que me ayudaste para superar todo ello, te pagué como lo hice, Harry. - Su voz se suavizó hasta un susurro hacia el final, como si no pudiera terminar la frase por un nudo en la garganta.

El corazón le dio un vuelco y Harry bajó la vista; tampoco él se lo había esperado. Pero si todo lo que tenía que decir eran excusas llenas de victimismo, no tenía nada más que escuchar.

- Evidentemente no aprendiste tanto como dices, Malfoy. - Hizo ademán de levantarse, decidido a cortar la conversación cuando aún estaba a tiempo, pero Draco le cogió de la muñeca. La piel , al instante, era un hervidero de sensaciones.

- Espera, Harry, por favor - aquellos magnéticos ojos grises lo suplicaron y lo clavaron en el sitio. Suspiró. - Por favor. Necesito que me escuches. Aunque no digas nada. Aunque no me perdones. Escúchame.

¿Como podía negarse? En el fondo, llevaba mucho tiempo queriendo escuchar una explicación... Maldiciendo su debilidad, se volvió a sentar.

- Cuando descubrí que también me sentía atraído por los hombres, tampoco fue nada fácil de digerir. Tú lo sabes, Harry, estabas allí. - Draco pausó, buscando desesperadamente una respuesta, y Harry asintió levemente. - De hecho, tú fuiste mi primer amante. Simplemente... no estaba preparado. - Draco suspiró levemente - Y por si fuera poco, Harry, tenías que ser precisamente tú, mi rival de toda la vida, la antítesis de todo lo que había sido criado para admirar y la representación viva de la muerte de los valores que mis antepasados habían defendido durante decenas de generaciones.

Harry se removió incómodo en la silla. Dicho así sonaba incluso aún más dramático.

- Llegó un momento en que... - continuó Draco - No supe... ¡Tenía que aferrarme a la idea de que alguno de los valores en los que había creído fuera válido! Cuando empezamos... - titubeó. Buscó su mirada y se quedó un momento contemplativo, hasta que debió encontrar lo que buscaba. - ¿Recuerdas aquella noche en que te llevé a Le Chateau d'Argent? ¿En nuestro segundo aniversario?

- Como olvidarlo… - susurró.

Había sido una de las noches más perfectas de su vida. Como Harry había organizado su primer aniversario, Draco se empeñó en que el segundo debía ser cosa suya. Preparó un traslador internacional a París y lo arregló en secreto con su jefe para que le diera tres días libres. Al despertar en el día de su aniversario, se encontró en una suite de lujo en uno de los hoteles mágicos más antiguos de Europa.

Fueron los tres días más increíblemente románticos que nadie hubiera podido esperar, a pesar de que vieron más el interior de la suite que la propia ciudad. La última noche, Draco lo llevó a su restaurante favorito, Le Chateau d'Argent, y fue entonces cuando Harry empezó a darse cuenta de que estaba dispuesto a buscar algo mucho más profundo con aquel hombre.

Meses después, Draco le anunció su compromiso con Astoria Greengrass.

- Fue intenso, ¿verdad? - continuó, con una media sonrisa cargada de significado.

- Lo fue. - Harry, a su pesar, no pudo evitar una pequeña sonrisa, con cierto tinte amargo.

- Precisamente ese fue el problema, Harry.

Se quedó mirándolo, estupefacto.

¿Cómo había podido estar tan ciego y equivocado? ¿Su mejor recuerdo de aquellos dos años fue el motivo de su separación! Una mano cubrió la suya y la retiró rápidamente, herido.

- ¡Entiéndeme! Aquellos tres días fueron... Aquello no era simplemente una gran amistad con cierta experimentación sexual. Había... Hay... una química entre los dos tan innegable que no pude engañarme por más tiempo, Harry. Aquello iba en serio, y me hizo plantearme mi futuro.

- Y yo no estaba en él - interrumpió, gélido. - No hay nada que explicar.

- Justo lo contrario - contestó, lleno de un remordimiento tan puro que Harry apartó la vista. El arrepentimiento no arreglaba el pasado, lo hecho, hecho estaba. - Deseaba tanto quedarme contigo... que me di cuenta de que ni siquiera me había planteado la posibilidad de que, contigo, la línea Malfoy acabaría en mí. ¡Nunca tendría hijos! ¡Ni familia, en el sentido tradicional! Era renunciar a mucho más que mi vida, Harry, ¡la historia entera de mi familia! Dependía sólo de mí, tenía que intentarlo. Por lo menos, intentarlo.

- ¡Así que fue lo mismo de siempre! - Harry apartó la silla de un empujón y se levantó, furioso. - ¡La misma estúpida cuestión sobre la pureza de sangre y la continuación de la puta línea de sucesión! ¿Qué herencia, Draco, por Merlín, si ya acabó con ella la guerra? Claro, ¿cómo fui tan ingenuo? ¡Pensar que habías cambiado, que aquello estaba superado! ¡Qué imbécil fui!

Tenía que alejarse. Se fue al otro extremo de la habitación. Draco se levantó también, despacio, y lo miró con cautela.

- ¡Decenas de generaciones murieron confiando que su línea sería continuada! ¡No sabes lo difícil que es romper con las expectativas de todo un pasado!

- No, pero sé lo que es soportar las expectativas de todo un futuro pendiente de mí - contestó, mortífero. Draco hizo una mueca y se mordió el labio.

- Lo siento, no era mi intención...

Harry lo miró severamente y se dio la vuelta; no merecía la pena escuchar excusas inútiles y prefabricadas que debían haber sido explicadas años atrás. Quizá, durante todos esos años, había estado esperando una buena explicación, una razón que realmente mereciera la pena y que cuadrara con el Draco que había conocido y amado. Pero ahora veía que no eran más que ilusiones vanas.

- Me casé con Astoria por miedo. - La franqueza evidente en la voz le hizo pararse, pero no se giró. - Era un inmaduro orgulloso y cabezota, en absoluto preparado para enfrentarme a lo que el mundo demandaba de mí. En cuanto la presión del público cedió, cuando empezaron a confiar de nuevo en mi familia, me relajé y no quise aceptar que todo el sistema de valores que habían sostenido los cimientos de mi familia durante la historia, eran simple polvo al viento. Lo que encontré era tan puro, tan intenso y nuevo, que no quise creer que fuera verdad. Me dije que tú nunca podrías encontrar en mí tanto como yo encontraba en ti y que, después de hacer que me enamorara profundamente, me romperías el corazón y me abandonarías en favor de una vida con una familia, como siempre me dijiste que habías soñado. No supe entender que una familia no tiene por qué estar formada por un hombre y una mujer, no era lo que me habían enseñado y no fui lo suficientemente sagaz para desechar esa creencia junto a todo el resto. Me dije que simplemente estaba prolongando lo inevitable y que era mejor romperlo antes de que ninguno de los dos acabara destrozando al otro. Fui un cobarde egoísta y me costó mucho más de lo que jamás te podrás imaginar.

Aquel sí era el Draco del que se había enamorado. El corazón le latía tan fuerte que le dolía y la presión en el pecho era tal que ni siquiera podía respirar. Se giró lentamente y observó largamente al que pudo haber sido el amor de su vida.

- ¿Y ahora qué quieres de mí, Draco? - susurró, con el estómago hecho un nudo en su garganta. Se obligó a respirar profundamente, pero no ayudó demasiado. - ¿Lo olvido todo? ¿Hacemos como que no ha pasado?

Draco dio unos pasos hacia él, con los ojos llenos de remordimiento y esperanza. Harry le dejó acercarse, sin moverse un ápice, hasta que estuvo a poco más de un palmo. Si se esforzaba, podía escuchar su respiración acelerada. Aquellos enormes ojos grises le suplicaban su perdón y, aunque hubiera querido, no hubiera podido apartar la mirada.

- Una oportunidad, Harry. - Aliento suave le acarició la boca y su mirada se desvió a labios carnosos y sonrosados que hablaban del pasado y del futuro. - He cambiado, lo prometo. Empezaremos de cero. Volveremos a conocernos. Una segunda oportunidad. O, mejor dicho, la tercera. La última. Por favor.

Sabía que debía decir que no. Eran demasiado diferentes, demasiadas oportunidades perdidas, demasiada historia en su contra. Debía decir que no porque si Draco no volvía a hacerle daño, sabía que acabaría siendo él quien se lo causaría, tarde o temprano. Estaba condenado al fracaso, igual que la primera vez que se conocieron en Madame Malkin y la segunda, tras el juicio después de la guerra. La tercera no sería diferente.

Sin embargo, no podía decir que no.

Cruzó el abismo de centímetros que los separaba y, por fin, lo besó. Un shock recorrió su cuerpo y una herida que llevaba abierta años, comenzó a curarse. Dados largos y ágiles se enredaron en su pelo, provocándole un escalofrío de la cabeza a los pies. Rodeó tentativamente su cintura y los músculos se movieron, reaccionando a su tacto. Subió una mano por la fuerte espalda hasta alcanzar la piel aterciopelada del cuello y el pelo sedoso que tanto había echado de menos. Draco lo apretó contra sí y Harry reaccionó mordisqueando el labio inferior y recorriéndolo suavemente con la lengua. La respiración de Draco se entrecortó y los maniobró unos pasos hasta que su espalda dio contra la puerta.

Abrió la boca ligeramente. Cuando sus lenguas se reencontraron, se saludaron con la familiaridad de viejas amantes y Harry se preguntó cómo podía haber aguantado cinco largos años sin sentir sentirla. Con la puerta a sus espaldas y Draco completamente pegado de rodillas a hombros, se sentía completo.

Harry ganó finalmente la batalla por tomar el control del beso y aprovechó para reestudiar el terreno olvidado, explorando pacientemente cada centímetro que su lengua pudo alcanzar. Draco cerró el puño en su pelo cuando algún movimiento le provocó especialmente y Harry gimió y enfervorizó el beso.

Durante minutos, consumido por la pasión, había olvidado dónde estaba, quién era o que el tiempo existía, estaba completamente absorto en el explosión del momento.

- ¡¡POTTER!! - una voz gritó, fuera de la habitación. Se separaron, alarmados. Ambos estaban respirando fuertemente y tenían el pelo revueltos, los labios enrojecidos y las mejillas al rojo vivo. - ¡¡POTTER, ALERTA 054!! ¡ALERTA 054!

La vida real se impuso de un mazazo. Inmediatamente, volvió en sí y se dio cuenta de lo que acababa de hacer, pero no tenía tiempo ahora de pensar en ello; el deber le reclamaba.

Cerró los ojos y se apareció en el Ministerio. Habían encontrado a los asaltantes de Alan.