Disclaimer: Todo el mundo de Harry Potter es propiedad intelectual de J.K. Rowling. No saco ningún beneficio económico de esta historia, simplemente diversión.
N/A: Tal y como prometí, aquí esta el siguiente capítulo. El misterio comienza a llegar a su cenit y a Harry le toca ejercer su papel de auror, así que me temo que habrá que esperar a siguiente capítulos para volver a ver si nuestros chicos consiguen reconciliarse definitivamente.
¡Muchas gracias a tods los que dejáis comentarios! Mañana, el siguiente capítulo y ya sólo quedará el epílogo. ¡Disfrutad!
PARTE 4: EL SOSPECHOSO
Al llegar al Ministerio, Taylor le estaba esperando junto al punto de aparición para llevarle a la sala de interrogatorios con los sospechosos.
- Estaban en el Cardo Maloliente, de Knockturn Alley, con más de cuatro pintas de cerveza encima y tan tranquilos. Son los clásicos matones a sueldo, con los roles típicos de todos los grupos pequeños como ellos - le dijo, dándole un rollo de pergamino con la transcripción del interrogatorio hasta el momento. Harry no perdió un segundo y lo leyó con ojo experto. - Además, parece que les han hecho un hechizo desmemorizante porque sus recuerdos son más bien confusos. Hablan de un encapuchado que les pagó por secuestrar a Malfoy y no recuerdan ni dónde fueron contratados ni dónde se suponía que tenían que llevar a la víctima o qué debían hacer con él.
Profesionales, pensó. Debían hacer un buen equipo si habían logrado incapacitar a Alan, especialmente porque apenas tenían antecedentes y eso no era usual en una banda organizada, aunque fuera tan pequeña como aquella.
Algo se le encogió por dentro cuando pensó en Draco a merced de aquellos matones, aunque sabía que era perfectamente capaz de defenderse el sólo.
- Por cómo hablan, parece que teníamos razón en suponer que el sospechoso es un hombre - comentó Harry, sin parar de leer el informe ni de andar. - Y no parece que les cayera demasiado bien.
- No, no dicen mucho pero, quien fuera, les trató con más desprecio del que debiera. Hizo bien en cubrirse la cabeza, si le hubieran recordado no estoy seguro de si lo encontraríamos en buenas condiciones. Después de que hubieran cobrado, claro.
Habían llegado a la sala de interrogatorios. Desde el cristal los observó rápidamente. Uno de ellos parecía bastante normal; castaño de altura estándar, tirando a delgado, con una túnica de poca calidad necesitada de un buen lavado y facciones absolutamente normales. Otro de ellos era evidentemente el músculo del grupo: debía medir cerca de los dos metros y sus bíceps eran del tamaño de uno de sus muslos. El otro, a pesar de no destacar especialmente en el físico, despedía un cierto aire de arrogancia y malicia que le delataba como el cabecilla. Ese sería el último en caer; sería mejor deshacerse de él cuanto antes.
- Muy bien. Dile a Roberts que necesito hablar con él en cuanto termine con esto, ¿entendido? - Taylor asintió - En cuanto se lo digas, vete a mi piso; mis protecciones son las mejores pero siempre hay formas de evitarlas. Quédate hasta que yo vuelva, ¿de acuerdo?
- Sí, señor. - Taylor se dio la vuelta y se marchó a paso ligero. Harry hizo una señal a sus compañeros y entró en la habitación.
Los tres se giraron inmediatamente, pero nadie habló durante varios minutos.
El cabecilla concentró toda su malicia en su mirada y Harry lo descartó inmediatamente: trabajaría primero a los otros dos y más tarde volvería a él. No tenía tiempo que perder. El musculitos mostraba el mismo sentimiento que una montaña humana; seguramente no destacaba por su inteligencia pero Harry se apostaría una mano a que era el más leal de los tres. Los seres simples eran así. Centró su atención en el tercero: aunque intentaba parecer impasible, Harry podía ver signos de nerviosismo en las uñas, mordidas casi hasta la carne, y en la expresión ligeramente insegura de sus ojos. Ese sería el primero.
- Buenas tardes, caballeros - comenzó afablemente y se sentó en una silla al otro lado de la mesa. - Puede que me reconozcan pero, por si no lo han hecho ya, me llamo Harry Potter.
El cabecilla entrecerró los ojos con suspicacia, la Montaña alzó las cejas y su objetivo abrió los ojos con sorpresa y tragó saliva. Se guardó una sonrisa, sus compañeros siempre se quejaban de que, con su reputación, para cuando comenzaba un interrogatorio ya tenía las tres cuartas partes hechas.
- Diría "encantado de conocerlo" pero nunca he sido amigo de las mentiras - dijo el cabecilla.
- Loable virtud - respondió, sin ofenderse - Estoy seguro de que eso nos facilitará mucho su colaboración. Y ya saben, caballeros, que el Ministerio siempre tiene en cuenta las buenas intenciones y la colaboración de sus ciudadanos.
- Ya hemos dicho todo lo que sabíamos al otro tipo - espetó el cabecilla, cortante. Los otros dos aún no habían abierto la boca.
- Y me lo van a volver a repetir a mí - contestó con firmeza - He visto su historial, caballeros, sé que para ninguno es la primera vez que se encuentran en estas dependencias, así que ya saben como funciona esto: ustedes me ayudan y yo no los destruyo como las cucarachas que son.
Su objetivo se revolvió incómodo en la silla; era el que menos experiencia tenía y, evidentemente, nunca había encontrado a Harry Potter como oponente. Iba a ser pan comido.
- Ya hemos establecido que son culpables de allanamiento, intento de secuestro y agresión a un auror, no vamos a perder tiempo con eso. Pueden caerles entre tres y doce años en prisión, pero estoy seguro de que si colaboran con nosotros los miembros del Wizengamot lo tendrán en cuenta antes de dictar sentencia. ¿Qué va a ser?
- ¡Ya hemos dicho que no sabemos nada más! - gritó el cabecilla, alterado. Harry levantó una ceja e hizo un gesto a sus compañeros desde el cristal. - Ha sido un día muy cansado para usted, Sr. Combs, seguro que después de un descanso en su celda se encuentra con más ganas de colaborar.
Un auror entró y Harry le lanzó una mirada significativa, que fue respondida con un asentimiento casi imperceptible. Agarró al cabecilla con rudeza y lo levantó a tirones. La Montaña se sintió impelida a ayudar a su jefe y habría dado un puñetazo a su compañero si Harry no lo hubiera desmayado por detrás. Otro compañero entró y levitó a la Montaña hasta que sólo estaban en la sala su objetivo y él.
Sonrió. Le encantaba cuando las cosas iban como él quería.
Lo miró bien: no podía tener mucho más de diecisiete años, posiblemente estaba recién salido de Hogwarts. Aunque no era la primera vez que los aurores le arrestaban, esta vez se enfrentaba a cargos más serios. Harry se encargaría de que lo supiera.
- Quedamos tú y yo, Edgar. - El chico resopló y le miró con desconfianza - Sé que no era esto lo que ibas buscando, amigo, a veces la vida te lleva a hacer cosas de las que después te arrepientes. Créeme, lo sé mejor que nadie. Pero el arrepentimiento sirve de poco; una vez cometido el acto hay que acarrear con las consecuencias.
El chico bajó la mirada a su regazo, pero no dijo nada.
- ¿Cómo te involucraste con esta calaña, Edgar? - preguntó con amabilidad. Primero le atemorizaba con su nombre y la sentencia y ahora se hacía el colega comprensivo. Era verdad que sentía lástima por muchos de esos chavales pero años de experiencia le habían demostrado eso no los hacía menos reprochables. Una de las lecciones que Draco le había enseñado, años atrás, y que Alan y Roberts potenciaron después.
- Mis... mis padres son muggles y no... -contestó, hablando por primera vez. - No tienen mucho dinero. Tengo cuatro hermanos y, mientras estaba en Hogwarts, con el fondo de la escuela iba tirando pero, al terminar...Lo necesitaba.
- Y no podrías haberte puesto a trabajar en cualquier otra cosa, ¿Edgar? Sabías que tarde o temprano acabarías como hoy, metido en un lío de los gordos. Ya has tenido varios avisos serios, la delincuencia nunca es un buen negocio, chico.
Éste no contestó, evitando, una vez más, su mirada.
- ¿Cómo fuisteis contratados?- Hora de entrar en materia. El chico titubeó. - Recuerda que la colaboración será tenida en cuenta, Edgar. Dime todo lo que recuerdas y yo mismo le diré al Wizengamot que nos ayudaste a resolver el caso, voluntariamente.
Finalmente, tras algunos segundos de duda, suspiró, cerrando los ojos.
- Combs tiene razón, ya hemos dicho todo lo que sabemos - dijo. Harry sacudió la cabeza, decepcionado, e hizo ademán de levantarse - ¡Pero sí quiero ayudar! - Harry se sentó y le miró, expectante - Era un hombre, la voz parecía joven. Llevaba una túnica negra con ribetes dorados en las mangas, un escudo familiar que le servía de broche y unos zapatos muy limpios que debían de costar más de lo que yo gano en un mes. Le mandó una carta a Combs y le dijo que acudiéramos a una habitación de Las Tres Escobas. Dijo que teníamos que secuestrar a Malfoy, pero no avisó de que estaría protegido. El auror me desmayó con un hechizo en cuanto salí de la chimenea y ya no recuerdo nada más.
- Estoy seguro de que sí recuerdas cosas. - Sonrió amablemente - A ver, ¿cuándo os contrató exactamente?
El chico lo pensó un rato.
- No... No lo recuerdo. Creo que... puede que hace unas semanas, o quizá unos meses. - Harry contuvo una mueca de frustración, el hechizo desmemorizante debía haber borrado esa información porque no era creíble que fueran contratados con tanta antelación.
- ¿Como se llamaba el mago?
- No nos lo dijo.
- ¿Cuánto os pagó?
- No lo sé, Combs es quien recibe el dinero. Mi parte fueron ciento setenta galeones. - Harry alzó las cejas. La cifra global debía ser como cinco veces mayor, aproximadamente. El sospechoso, definitivamente, no tenía problemas de dinero.
- ¿Qué os dijo? ¿Fue amable? ¿Frío, distante? ¿Dijo algo más, a parte de la misión y el dinero?
Edgar arrugó el gesto con desprecio.
- No recuerdo muy bien... Pero era un gilipollas arrogante, de esos que maman de teta de oro y creen que oler el aire de los demás les puede contaminar, o algo así. El capullo insultó a Albert por su tamaño. ¡A mí me llamó "desecho mental"!
- ¿En serio? - apremió Harry, buscando más información.
- ¡Oh, sí! - exclamó Edgar, indignado - Dijo que sólo un subnormal abandonaría a su familia para arriesgarse a ser encarcelado a cambio de un puñado de monedas. ¿Y él que sabe de mi vida, eh? ¿Cómo sabe si tengo o no familia o si me importa un carajo que vivan o mueran, eh? ¿Cómo sabe si yo les importo o si se merecen que les ayude lo más mínimo, eh? ¿Y qué sabe si me van a pillar o no? ¡Muchos se escapan toda la vida! ¿Quién es él para decirme nada, eh?
Harry tuvo que ocultar su lástima; al chaval le quedaba mucho camino que recorrer todavía. Pero le había dado un par de detalles que podían ser útiles, como su mención a la familia. No sólo tenía dinero, además procedía de linaje noble, el broche era un claro indicio. Y, con su desdén hacia acabar en la cárcel, Harry diría que no la había pisado en su vida. O bien este era su primer delito o bien nunca le habían pillado, porque no creía que el sospechoso hubiera mostrado más lealtad hacia un ser ajeno como Voldemort que a su familia.
De repente, la puerta se abrió de un portazo y ambos se giraron, sobresaltados.
- ¡No están, señor!- Taylor exclamó, rojo y sudoroso por la carrera - ¡Fui a su apartamento como me dijo, pero no hay nadie!
El corazón le dio un vuelco y se levantó de un salto.
- ¿Cómo que no hay nadie? ¿Dónde están?
- ¡No lo sé, señor! No hay signos de violencia y todo parece estar como estaba.
La sangre se le heló en la venas. ¡Draco y Hermione habían desparecido!
Olvidando por completo a Edgar, echó a correr a toda velocidad hasta el punto de aparición más cercano, con el corazón latiéndole tan fuerte que apenas oía nada. No era consciente de sus compañeros gritando su nombre, ni de Taylor corriendo tras él, sólo pensaba en llegar a su casa y encontrar a su mejor amiga y su... y a Draco, discutiendo acaloradamente sobre el libro de los fundadores de Hogwarts y la genealogía de sus descendientes.
Merlín supo cómo no dejó atrás algo cuando apareció, con el estado de nervios en que se encontraba. Con el aliento contenido, el corazón en un puño, y su varita en el otro, se puso inmediatamente en guardia.
A primera vista, como dijo Taylor, todo estaba bien. Las protecciones seguían activas y no parecía que nadie hubiera entrado por la fuerza.
- ¿Draco? - Preguntó a la habitación vacía - ¿Hermione?
Nadie contestó.
Con cautela, la varita preparada y una maldición en los labios, recorrió la estancia y exploró el resto de la casa. Ni rastro. Todo estaba en perfecto orden pero no había ni rastro de nadie.
El flu se activó. Harry giró en un instante y, si no se hubiera protegido a tiempo, Roberts no hubiera tenido tiempo ni de sentir la maldición antes de caer.
- ¡Señor Roberts! Lo siento, señor, estaba....
- En guardia, evidentemente - Un hombre maduro, de pelo cano y cojera visible, salió de su chimenea. Harry bajó la varita. - Informe, auror Potter.
- Ni rastro, señor. No hay signos de violencia ni de intrusión, y las protecciones siguen en pie. - Sacudió la cabeza y se pasó una mano por el pelo revuelto - ¡No entiendo qué puede haber pasado!
- ¿Podrían haber salido voluntariamente? - Preguntó, mientras paseaba por la estancia, en busca de pistas.
-No lo sé, señor, no... - El corazón le latía tan fuerte que se estaba mareando. ¿Los habrían secuestrado? ¿Estarían bien? ¡Ron! ¡Tenía que avisar a Ron! - Sabían que debían quedarse en casa, señor, eran conscientes de a qué se enfrentaban. No creo que de repente decidieran salir a tomar el aire, justo cuando no estaba aquí para protegerles.
- ¿Entonces qué sugiere, Potter? - Preguntó Roberts con acidez - ¿Que ha perdido a sus cargos y ni siquiera sabe cómo?
Harry no supo que contestar. No sabía que había pasado.
- Cálmese, Potter - dijo Roberts, más amablemente, al ver su estado de agitación - Hasta que no se tranquilice no será capaz de pensar con eficacia y, cuanto más tarde, más tiempo que sus amigos estarán a la merced de este maníaco.
Respiró un par de veces, se sentó, apoyando la cabeza en la mesa, recubierta de papeles y libros sobre los Fundadores. Roberts tenía razón, debía recuperar la compostura y pensar racionalmente. Hermione y Draco lo necesitaban.
La página en la que estaban ahora trabajando mostraba los últimos descendientes de Helga Hufflepuff hasta 1673, con el matrimonio de la heredera con un tal Henry Smith.
Roberts quedó un momento en silencio, pensativo. Harry aprovechó el silencio; había algo que no encajaba. Sabía que lo tenía justo delante, su instinto le decía que tenía la última pieza, si tan sólo... ¿Qué se le escapaba?
Se mordió el labio, mirando sin ver los papeles en la mesa. Echó un vistazo al pergamino que había estado escribiendo Draco:
"[...] casó con Henry Smith III, dando lugar a una de las estirpes más antiguas y reconocidas de todo el mundo mágico. Leales a su ascendencia, la familia Smith ha llegado intacta hasta nuestros días y los rumores hablan de grandes secretos y siglos de información custodiada por la familia de generación en generación sobre su célebre antepasada, Helga Hufflepuff [...]." /
Más abajo, subrayado y entre exclamaciones un nombre:
¡¡¡SMITH!!!
Se levantó de un salto y se dirigió a la chimenea. En un trozo de pergamino, atrapado bajo unos fuelles de decoración, había tres palabras escritas: MORADA DEL TEJÓN.
- ¡Zacharias Smith! - exclamó, agitando el papel hacia su jefe. - ¿Cómo no me he dado cuenta antes? Hufflepuff, de mi generación, cínico, arrogante, en el ED... ¡Merlín, que estúpido soy!
- ¡Potter!- Le cortó - ¡Datos!
- ¡El sospechoso es Zacharias Smith, señor! ¡Es el heredero de Hufflepuff! ¿Cómo no lo he pensado antes? Hermione ha debido conectarlo con Hepzibah Smith y se ha dado cuenta... ¡Debe de estar detrás de Draco y Hermione por el nuevo libro que están escribiendo, señor, no por el de Voldemort! Habrán descubierto algo que no quiere que salga a la luz o...
- ¿Y cómo sabe Smith qué están escribiendo?- preguntó Roberts, siempre suspicaz de los cabos sueltos - Las cartas se comenzaron a raíz del libro de Voldemort, y la explosión fue en el día de la celebración de las ventas de ese libro, no en la inauguración del de los fundadores.
- No lo entiende... ¡todo cuadra! ¡La descripción que tenemos del sospechoso es un calco de la personalidad de Zacharias! Para cuando salió el libro de Voldemort a la luz, Hermione ya estaba escribiendo el de los Fundadores. ¡De hecho, lleva recogiendo información desde hace años! ¡Desde antes de la guerra! ¡No sé cómo, pero Zacharias ha debido enterarse de que va a publicarlo y está intentando sabotearlo!
- Potter, esto no tiene sentido - interrumpió Roberts, confuso - ¿Por qué demonios iba a sabotearlo?
- ¡No lo sé! ¡A lo mejor han descubierto algún dato que no quieren que se haga público, como descendientes directos de Helga Hufflepuff! O simplemente tiene un problema de territorialidad con su antepasado y no quiere que nadie más que él sepa la información. ¡O puede ser que estuviera preparando él mismo un libro!- La idea, de repente, le iluminó - ¡Eso es! ¡Lo decía en la carta! ¡Y lo presentó a MC ediciones pero fue rechazado porque Draco sabía que Hermione ya lo estaba escribiendo!
- No sé Potter, esto parecen conjeturas sin ninguna prueba. - Su jefe frunció el ceño. - No hay ningún dato lógico que avale su teoría. Podría tener razón tan fácilmente como no.
- ¡No hay tiempo de datos lógicos, señor! ¡Draco y Hermione están siendo retenidos! ¡Tengo que ayudarles!
Apenas podía contenerse; ahora que, por fin sabía lo que había pasado, no podía quedarse de brazos cruzados. Se paseaba nerviosamente de un lado a otro, desesperado por que su jefe le diese el visto bueno. ¡Necesitaba actuar ya!
- ¿Y cómo sugiere usted que este Zacharias ha entrado en su piso, sin tocar las protecciones, sin alterar ningún objeto ni signos de resistencia? Eso no encaja en el perfil de maníaco obsesivo fuera de control que usted me está intentando mostrar.
Paró un momento para pensar. En eso, Roberts tenía razón...
- Mmm... No lo sé... -comenzó - Pero si Draco y Hermione averiguaron quién era el sospechoso antes de que Taylor llegara... Íbamos a la misma clase en Hogwarts, señor y quizá eso les llevó a subestimarle... Quizás le contactaran con la red flu. Posiblemente intentando alguna estupidez, como que se entregue o que los deje estar, creyendo que porque lo conocimos no sería peligroso. Y Zacharias, al verse descubierto, les engañó para que fueran a su casa.
- ¡Vaya estupidez! - exclamó Roberts, con una mueca de desprecio - Tiene muy poca fe en sus amigos si realmente piensa que dos personas destacadas por su inteligencia actuarían de forma tan impulsiva e irracional.
Alzó las cejas.
- Señor, con todo respeto.... -Titubeó - Los conozco mejor que usted.
Roberts le miró de arriba a abajo durante unos segundos, con ligero desdén. Harry tenía auténtica vocación por su profesión pero en todos los años que llevaba de servicio, lidiar con su jefe siempre había sido su mayor problema. Simplemente, tenían formas distintas de ver su profesión.
Finalmente, se levantó y se acercó a la chimenea.
- No me gusta, Potter -le dijo. - No me gusta en absoluto. Pero si lo cree oportuno, tiene mi permiso para proceder con la operación. Si no sé nada de usted en una hora, mandaré refuerzos a la Morada del Tejón, en caso contrario, quiero un informe sobre mi mesa hoy a última hora, ¿entendido?
- Sí, señor. -asintió.
Roberts cogió un puñado de polvos flu y desapareció entre llamas verdes hacia el ministerio. Sin perder el tiempo, Harry le siguió.
- ¡Morada del tejón!- Y desapareció.
