Disclaimer: Todo el mundo de Harry Potter es propiedad intelectual de J.K. Rowling. No saco ningún provecho económico de este fic, simplemente diversión.

N/A: Y aquí tenemos el capítulo final, la revelación del misterio. Con esta parte ya casi está terminada, sólo queda un epílogo que colgaré mañana. ¡Disfrutad!


PARTE 5: EL HEREDERO

Para cuando la red flu dejó de girar, ya tenía la varita alzada, preparado para defenderse de cualquier maldición. Echó un rápido vistazo, examinando sus alrededores.

Estaba en una sala de estar, decorada austeramente con muebles de madera oscura y paredes color crema. En la estancia se sentía la antigüedad, potenciada por las arcaicas líneas de los muebles y los antiquísimos y numerosos candelabros dorados que la adornaban.

Dos de las cuatro paredes habían sido convertidas en estanterías del techo al suelo, rebosantes de libros. Justo enfrente de la chimenea había dos sillones orejeros de piel negra con costuras doradas, orientados hacia el fuego.

En uno de ellos estaba Hermione, atada de pies y manos con cuerdas, que también apresaban su cintura y sus piernas al sillón. Le hacía señas frenéticas, abriendo y cerrando la boca sin emitir un sonido, pero su atención estaba concentrada en otro punto.

Draco yacía desmayado en el otro sillón, atado con las manos a la espalda del sillón. Una pierna le sangraba, tenía el labio partido y una hinchazón en la mandíbula que acabaría por convertirse en moradura. A pesar de estar inconsciente, permanecía rígido como una tabla, haciéndole pensar que había sido petrificado.

Ni rastro de Zacharias.

- ¿Cómo se os ocurre venir sin decirme nada? - susurró enfadado a Hermione, que seguía gesticulando nerviosamente sin emitir un sonido.

Se acercó a Draco y le tomó el pulso, aliviado al comprobar que se mantenía regular y respiraba con normalidad. Alzó la varita hacia Hermione con una mano; mejor liberarla a ella y que le ayudase con Draco para salir lo más deprisa posible de allí. No tenían tiempo que perder.

- ¡Finite Incantatem! - Las cuerdas permanecieron en su sitio, pero el hechizo silenciador fue cancelado.

- ¡Harry!- Sonrió y se giró hacia Draco para cortar las cuerdas. Tomó una y, con la varita, la cortó - ¡No las toques, Harry es una trampa!

Demasiado tarde. Como si hubiesen cobrado vida, las cuerdas que había cortado crecieron, retorciéndose en torno a su cuerpo, atrapándole y restringiéndole con tan implacable seguridad como si fuera un lazo del diablo. Las cuerdas se cerraron en torno a sus tobillos, juntándolos hasta que perdió el equilibrio. Cayó al suelo con un golpe seco que lo dejó sin respiración, mientras las cuerdas se apretaban con fuerza en torno a sus costillas, sus brazos, sus piernas e incluso su cuello, hasta que apenas podía respirar.

- ¡Harry!- gritó Hermione - ¡Merlín, Harry, no te muevas! ¡Será peor!

Si hubiera podido, habría resoplado: como si pudiera. Se conformó con mirar con rabia al suelo, que era el único sitio que le permitían las cuerdas.

- Tantos años y sigues igual de estúpido - dijo una voz masculina desde el final de la estancia. No pudo girarse para comprobar quien era pero aquel nivel de sarcasmo era inolvidable. - ¡Silencio! - La voz de Hermione dejó de escucharse, de nuevo bajo el hechizo.

- Zacharias... Smith... - susurró a golpes. No le cabía suficiente aire en los pulmones como para decirlo de un solo aliento.

- El mismo. Y pensar que fuiste la mayor esperanza de nuestros tiempos... Penosos tiempos, los que vivimos hoy - Unos pasos resonaron contra el parquet de madera casi negra, hasta parar justo delante suyo. Los zapatos le recordaron inmediatamente a la descripción que le había hecho Edgar minutos antes, "[...] muy limpios que deben de costar más de lo que yo gano en un mes". - Diría que me decepcionas, pero siempre supe que eras más porcentaje de suerte que de habilidad. Sin la inteligencia y el trabajo de Hermione nunca habrías llegado a terminar primer curso, ni siquiera entraré en aquello de "salvar el mundo".

Harry se mantuvo en silencio. No sólo no tenía aliento para desperdiciar, sino que rara vez se había encontrado con un caso en que el sospechoso no acabara colgándose a sí mismo si le dabas la suficiente cuerda. Por ejemplo, resultaba interesante que destacara precisamente a Hermione, frente a toda la ayuda que había tenido a lo largo de su vida.

- Para variar, - continuó Smith, con una mueca de asco - tus amigos hicieron todo el trabajo y te dejaron el caso resuelto con un bonito lazo de regalo, esperando a que llegaras a recogerlo. ¡Levicorpus!

Flotó en el aire hasta quedar colgado del techo por un hilo invisible. Buscó su varita con la mirada; la encontró perdida en el suelo.

- No tengo nada en contra tuya, Potter. Imagino que eso no habrá sido tan difícil de suponer.

No, sabía perfectamente que esta vez el problema no tenía nada que ver con él. Pero necesitaba más información y no tenía el aliento para interrogatorios más elaborados y sutiles. De todas formas, para alguien con la arrogancia de Smith, no hacía falta hablar demasiado, siempre le había encantado oírse hablar.

- Siempre te has creído el centro del universo... - Zacharias sacudió la cabeza y se apoyó en el sillón en que Draco seguía inconsciente - No, Potter, esto no tiene nada que ver con heroicidades y salvamentos mundiales. Estás aquí es porque tus amigos son incluso más rematadamente idiotas de lo que ya creía que eran. Sabía que eran estúpidos para reconocer el talento y arrogantes para reconocer su insignificancia, pero no pensaba que, además, eran imbéciles. - Se giró hacia Hermione, quien le contemplaba entre lástima y desconfianza - Sabes que la responsabilidad es exclusivamente vuestra, ¿verdad, Hermione?

Hermione gesticuló, frunciendo el ceño y roja de furia, recordándole que no podía contestar.

-¡Ah, sí! - levantó el hechizo sin pronunciarlo en voz alta - No te ofendas, querida, pero resultas mucho menos irritante con la boquita cerrada, sin anunciar a los cuatro vientos tantas injustas inexactitudes.

- Zacharias... - gruñó su amiga - Todo lo que he publicado son hecho contrastados con numerosas fuentes de prestigio reconocido, tal y como reconozco en los agradecimientos finales que...

- ¡Tonterías! - chilló Smith, igualmente rojo y casi escupiendo las palabras. Con la varita en mano, Zacharias cumplía perfectamente el perfil psicológico que habían elaborado. Hermione calló, sorprendida por la inesperada reacción. - ¡Fuentes inútiles, propagadoras de mentiras y bulos! ¡Nunca tuviste información de primera mano! Y te lo avisé, Hermione, ¿verdad que lo hice? ¡Desde la primera carta te dije que estabas perdiendo la capacidad de análisis propia de un verdadero amante de la historia, despreciándola por los valores efímeros de la literatura popular, tergiversando teorías contempladas por los más eruditos expertos para conseguir un final novelesco, más apasionante para un público ineducado, inexperto y analfabeto! Pero, ¿me hiciste caso? ¿Tomaste en serio mis advertencias? ¡NO! ¡CLARO QUE NO! En tu cumbre de inalcanzable virtud, propia de fenómenos populares como Lockhart o tu amigo Potter, te empeñaste en propagar basura presentada en cajas de oro, confundiendo a quienes tienen menos sentido y capacidad que tú con retorcida avaricia.

Harry pestañeó un par de veces; apenas había entendido nada, con tanta palabra rimbombante, pero lo suficiente como para captar que Smith odiaba a Hermione por falta de rigor académico. El increíble hecho de que se lo estuvieran reprochando a Hermione, de todas las personas del mundo, y con tanta vehemencia, lo hacía digno de entrar en el libro record Guinness de la ironía, pero cuadraba a la perfección con la idea que habían sacado de las cartas enviadas a Hermione. Ahora sólo hacía falta entender cómo encajaba Draco en todo aquello, si por ser el editor de Hermione o por algo más personal.

Se retorció entre las cuerdas, deseoso de librarse y salir de allí para reanimar a Draco y saber que todo estaba correctamente. Deseaba con todas sus fuerzas que la razón por la que no se despertaba fuera un simple Desmaius, y no algo más serio. Nunca se lo perdonaría si alguno de sus amigos era herido bajo su protección, pero si era Draco... Harry no sabía si podría superarlo.

- ¡Nunca he publicado nada que no fuera completamente cierto! - Hermione replicó entre las cuerdas, indignada. - ¡Nunca he retorcido la historia en uno de mis libros! ¡Nunca! ¡Mis fuentes son siempre de primera!

- Hermione... - susurró, intentando recordarle que no era buena idea provocar a alguien que ha perdido la cabeza. Y Zacharias, definitivamente, no era el mismo que conocieron en Hogwarts. Ambos le ignoraron como si no hubiese abierto la boca.

- En tu caso, aún, quizás, hay una remota posibilidad de que disculpe tu ineptitud, pues te faltaba información crucial para poder contemplar la situación global. Pero, ¿qué hay de él? - Smith se giró hacia Draco, aún inconsciente, con la varita alzada y expresión amenazante, con los ojos abiertos de par en par y la cara tan contraída con odio que se le paró el corazón.

¡No! Harry se retorció. ¡Tenía que liberarse! Pero apenas podía respirar, no había ninguna posibilidad de soltarse y alcanzar su varita si no dejaba de levitarle.

- ¡Él lo sabía! - gritó Smith- ¡Y aún así, prefirió publicar tu basura antes que un ensayo mío! ¡Ennervate!

Draco abrió los ojos inmediatamente.

- Draco... - susurró, apenas en un hilo de voz. La cuerda en torno a su cuello se apretó ligeramente, callándole a la fuerza.

El Petrificus Totalus seguía haciendo efecto, manteniendo a Draco inmóvil e incómodamente rígido.

Harry aguantó la respiración mientras observaba a Draco reorientarse. Sus ojos se pararon un instante en Harry y una conversación silenciosa pasó instantáneamente entre ambos si un solo gesto facial de ninguno de los dos.

- Siempre fuiste un gusano oportunista, Malfoy, acercándote al árbol que da más sombra. - Escupió Zacharias venenosamente - Sirves a Voldemort pero eres perdonado por tus crímenes, te pasas media vida echando pestes de todos los que son diferentes a ti y luego hallas redención pública en brazos de Potter. En cuanto la gente ha olvidado, dejas a Potter atrás y escoges a la más rica y preciosa de las niñas sangre limpia para casarte. Te la follas un par de meses, te cansas de ella y la echas un lado. Creas una estúpida editorial que no merecía haber llegado a nada y consigues convertirla en la única competente en toda Inglaterra. ¿Que más, Malfoy? Eres el ser más egoísta, retorcido y manipulador que he tenido la desgracia de conocer. No te mereces ni el aire que respiras, de lo poco que vales.

Draco, que no podía mover ni una ceja, se las arregló de todas formas para hacer entender la profunda indiferencia que le provocaban las palabras de Zacharias. Aquellos ojos siempre fueron especialmente expresivos, eran una de las cosas que más le cautivaban de él...

- ¡Zacharias Smith!- interrumpió Hermione - ¡Draco ha hecho mucho por superar el estigma de su pasado, y se merece lo que tiene con creces! ¿Quién eres tú para decirle nada? ¿Qué has hecho tú que merezca la pena contar en toda tu vida? ¿Mandar decenas de cartas repletas de tópicos y repeticiones a dos personas a las que les importaban tan poco que ni siquiera se tomaron la molestia de avisar a los aurores? ¿Poner una bomba en un espectáculo público, poniendo en peligro a centenares de inocentes sin ningún motivo en absoluto?

- ¿CÓMO TE ATREVES? - Zacharias, furioso, dio un par de pasos hacia Hermione con la varita levantada. Su amiga, mostrando la valentía que le había caracterizado toda su vida, lo miró desafíante. - ¡YO SOY MUCHO MÁS DE LO QUE TÚ PODRÁS LLEGAR A DESEAR JAMÁS!

- ¡Ja! - interrumpió Harry, intentado desviar la atención de su amiga. Tenía que ir haciendo tiempo hasta que llegaran los refuerzos que había prometido Roberts y la mejor manera era provocar una confesión de Smith. Cuanto más completa fuera, tanto menos tendrían que trabajar después en el interrogatorio cuando lo detuviesen. Por desgracia, las cuerdas que lo envolvía de cuello a rodillas no dejaban mucho campo para malgastar aliento hablando. - ¿¡Qué eres... tú... que no.... pueda... ser Hermione!?

- ¡SOY EL HEREDERO DE HELGA HUFFLEPUFF! ¡DESCENDIENTE DIRECTO DESDE EL SIGLO XVII!

- Men...¡Mentira!- replicó con esfuerzo. Sabía perfectamente que estaba diciendo la verdad, y no había nada mejor para provocarle que herirlo en su orgullo.

- ¿CÓMO OSAS DUDAR DE MI PALABRA? ¿DE UN SMITH? ¿DE UN HUFFLEPUFF? - gruñó Zacharias, acercándose tan agresivamente que Harry pensó que iba a darle un puñetazo. Sin embargo, cuando apenas estaba a un palmo, se calmó inmediatamente, como si le hubieran inyectado una poción calmante. - Por supuesto, esto es propio de ignorantes, Potter. Gente como tú son los que me llevaron a escribir mi ensayo sobre Helga Hufflepuff y sus descendientes, gente que menosprecia los valores tradicionales de honor, lealtad, trabajo e integridad que guiaron a todas las generaciones de mis antepasados.

Con un giro brusco, se giró hacia Draco.

- ¡Finite Petrificum!

- ¡Suéltame, imbécil! - espetó Draco, forcejeando - ¿¿Tienes la más mínima idea de lo que estás haciendo?? ¿¿A quién te enfrentas??

- Claro, Malfoy, sólo pensarlo y me pongo a temblar. Una ignorante sin humildad, un arrogante con más suerte que habilidad y una desgracia viviente para la justicia del mundo mágico. ¡Qué miedo! ¿Qué me vais a hacer? Ohhh.... - dijo, abriendo los ojos desmesuradamente. - ¡Tú no tienes la excusa de la ignorancia que claman estos dos! Si no sabías que los Smith eran descendientes de Helga Hufflepuff desde el primer día de colegio, lo supiste en cuanto leíste mi manuscrito. Lo explicaba todo... ¡Ofrecía conocimientos que mi familia ha estado guardando desde siglos atrás!

- ¡Aquel ensayo era un bodrio aburrido e ilegible que nadie habría querido en su casa ni de regalo! - replicó Draco, desafiante. Harry lo miró furiosamente; de los tres, Draco parecía ser el que menos simpático le parecía y necesitaban esperar a los refuerzos. Provocarle tan abiertamente era una imprudencia.

-¿Conoc...Conocimientos? - preguntó, intentando distraerlo. Roberts debía de estar al llegar.

Smith se volvió hacia él, con la cara brillando de satisfacción.

- Los Smith somos descendientes directos de Helga Hufflepuff desde que Henry Smith se casara con Helen Williamson, heredera de la línea de la familia Hufflepuff por parte de madre en su octava generación. - Le dijo, con una sonrisa repleta de orgullo - Durante siglos hemos custodiado la memoria de la Fundadora, guiando a las nuevas generaciones y vigilando su leyenda para que el espíritu de la gran bruja llegara intacto hasta nuestros tiempos. Haciendo gala de los valores que Helga defendía, hemos vivido con espíritu de sacrificio hacia su gran causa, luchando contra la intolerancia, promoviendo la lealtad y progresando mediante el trabajo duro y constante, tal y como ella hubiera deseado de sus descendientes, para honrar a una de las mejores brujas de nuestra historia.

- Eso es muy loable, Zacharias. - Contestó Hermione, intentando una sonrisa amable - Estoy segura de que se sentiría muy orgullosa de lo que estáis haciendo pero, ¿por qué no es un dato conocido? En todos los libros que me he leído sobre los fundadores y su genealogía, ninguno hace referencia a que los herederos de Hufflepuff sigan vivos. De hecho, se pensaba que Voldemort acabó con la última descendiente directa, Hepzibah Smith.

Zacharias la miró con desprecio.

- ¿Entiendes ahora por qué no estás cualificada para escribir Historia, Hermione? - preguntó con condescendencia. Su amiga apretó los dientes y los puños, pero no cayó en la provocación - Es una desgracia para el pasado que tu capacidad sea tan ínfima que ni siquiera seas capaz de reconocer la verdad cuando se te presenta en bandeja. Si no fuera porque la mayoría de los magos crecidos en el mundo mágico son igualmente ignorantes, daría la razón a Malfoy sobre la inutilidad de los magos nacidos de muggles; simplemente no estáis a nuestro nivel. ¿No es cierto, Malfoy?

Draco, que estaba concentrado intentado atraer la varita de Harry desde dónde había caído al suelo, sin ayuda de la suya ni de pronunciar en voz alta, se limitó a arrugar el gesto.

- Que te follen, Smith - dijo, asesinándole con la mirada. - Aunque fuera verdad, ¿a quién coño le importa el heredero de Hufflepuff? Siempre ha tenido tanto protagonismo como su casa: cero.

- ¡Y ese es el problema! - exclamó Zacharias, de nuevo alterado - ¡Todo el mundo ha olvidado a Helga Hufflepuff! ¡La más grande de los fundadores ha pasado al recuerdo por culpa de generaciones de incultura e injusticia! ¡Es mi deber, como Smith y guardián de sus secretos, defender los valores que legó a la posteridad y reclamar el respeto que se nos debe como descendientes!

La varita en el suelo se movió un centímetro hacia Draco y el corazón le dio un salto en el pecho. Sus miradas se cruzaron y le apremió en silencio.

- Eso no es verdad, Zacharias - Hermione, con tono apaciguador, les lanzó una mirada de reojo, haciéndoles saber que les estaba dando tiempo. Harry guiñó el ojo imperceptiblemente y continuó con sus forcejeos mientras Draco trabajaba en la varita. - Helga es tan respetada como Godric o Rowena y los miembros de su casa son elementos destacados de la sociedad.

- Claro - contestó Zacharias, entrecerrando los ojos - ¿Como Cedric, verdad? Pobre Diggory, la primera víctima de la Segunda Guerra. ¡Qué tragedia, morir tan joven! Pero claro, ¿cómo se le ocurre participar en el Torneo de los Tres Magos, siendo un Hufflepuff?

- ¡Cedric era... noble! - Harry no pudo evitarlo: tuvo que intervenir. Había acontecimientos en su vida que no permitía que nadie, absolutamente nadie, los menospreciase, y uno de ellos era el Torneo.

Draco le atravesó con los ojos, recriminándole que hubiera atraído en esa dirección la atención de Smith y le contestó con sequedad: el auror era él y sabía qué tenía que hacer en esos casos. Los refuerzos estaban a punto de llegar y era prioritario mantener a Smith ocupado y esperar pacientemente, más que intentar un autorrescate que podría fracasar y provocar una respuesta violenta.

- Sí, noble, trabajador, hufflepuff y muerto. - Espetó Smith, paseando de un lado a otro de la estancia. Draco aprovechó cuando se giró para continuar con sus esfuerzos y Harry se mordió el labio; indeciso sobre si quería que lo consiguiera o no. - Una víctima indefensa, un pobre inocente que se vio superado por la situación. Como todos los hufflepuffs, eso es lo que la gente piensa. ¿Qué héroe de guerra conocéis que venga de Hufflepuff? Potter, Granger, Weasley, Longbottom, Dumbledore... ¡Todos gryffindors! ¡Lovegood de Ravenclaw! ¡Snape de Slytherin! ¿Y qué hay de los hufflepuffs, eh? ¿A Susan Bones, que siguió luchando a pesar de quedarse sin padres ni tía? ¿Qué hay de Ernie MacMillan, que contribuyó tanto a luchar contra los Carrows como tu ex-novia, Potter? ¿O de los Smith, que lucharon y murieron defendiendo los valores de tolerancia y justicia de Helga Hufflepuff?

- Zacharias... tus padres... - susurró Hermione, horrorizada. Harry también se quedó paralizado de sorpresa, ¿los padres de Smith habían muerto en la guerra?

- ¡Sí, mis padres! - chilló, enrojeciendo de ira - Pero, ¿quién se acuerda de ellos? ¡Nadie! ¡Porque eran hufflepuffs! ¡Porque no cumplieron con su deber y dejaron que el mundo olvidara la valía de los Smith! ¡Porque descuidaron nuestro deber sagrado de proteger y propagar el legado que nos corresponde!

¡Los Smith habían muerto en la guerra! Harry no sabía que decir.... ¿por qué nadie se lo había dicho?

- No lo...sabía... - murmuró, con los ojos fijos en Smith. Por toda respuesta, este resopló.

- Smith... Lo siento. - dijo Draco, que ya había atraído la varita casi diez centímetros y estaba sudado y ligeramente sin aliento.

- ¡MENTIRA! - Smith se abalanzó sobre Draco, clavándole la varita en el cuello con tanta fuerza que Harry pudo ver la piel palidecer desde la distancia. - ¡ERES UN CHAQUETERO TRAIDOR Y EGOÍSTA QUE NO LE IMPORTA NADIE MÁS QUE SU PROPIO INTERÉS! ¡NUNCA HAS TENIDO UN SENTIMIENTO SINCERO EN TU VIDA! ¡NO TE ATREVAS A HABLAR DE MI FAMILIA!

La respiración se le paró en el pecho. ¡Tenía que hacer algo! ¡Y aquellas malditas cuerdas del demonio ni siquiera le dejaban respirar! ¡Joder!

- Smith... - comenzó, tragando el nudo de la garganta - Cálmate... Escucha...No quieres...hacer daño a nadie...

- Zacharias - interrumpió Hermione - Siento muchísimo lo que les pasó a tus padres. Pero, ¿crees que se sentirían orgullosos si supieran a los que has llegado? ¿Que dirían si se enteraran de que pusiste en peligro a centenares de personas con una bomba?

Harry intentó respirar profundamente; se estaba quedando sin aire. Como no llegara Roberts pronto, ni siquiera iba a tener aliento para ejecutar el plan B. No que lo hubiera...todavía.

- ¡No seas ingenua, Granger! - con una rapidez asombrosa, Zacharias cambió totalmente de registro: En un abrir y cerrar de ojos pasó de la ira explosiva al desprecio indiferente. - Aquella bomba nunca pretendió hacer nada más de lo que hizo: dejarte fuera de combate. Ni siquiera tú podrías rebajarte a la vergüenza de usar una vuela-pluma y, sin manos, no puedes escribir.

Si hubiera podido, Harry habría sacudido la cabeza con confusión. A Smith se le había ido la cabeza...

- ¿Cómo te atreves...? - exclamó su amiga, roja de ira.

Pero Smith no la dejó terminar.

- Cuando me di cuenta del patético trabajo de mis padres, decidí que yo sería diferente - Los ojos de Smith brillaban con intensidad y Harry supo que estaba a punto de oír "la confesión" - ¡Yo devolvería a los Smith el respeto que se merecían y reviviría los valores de la gran Helga! Durante años, investigué en los anales de mi familia, en las bibliotecas de acceso exclusivo y en pergaminos centenarios que nos correspondían por ser quien somos. Estudié los mejores textos en busca de la verdadera historia de Helga Hufflepuff, viajé hasta el último rincón de la tierra en la que podría encontrar algo...Y escribí el mejor tratado de la historia sobre Helga Hufflepuff.

Smith sonrió orgulloso, Hermione pareció intrigada, Draco suspiró resignado y Harry comenzó a aflojar sus cuerdas.

- 2897 páginas encuadernadas - Harry levantó una ceja y miró a Draco. Este asintió, poniendo los ojos en blanco - Y, por supuesto, lo envié a la mejor editorial de las Islas, antes de que Malfoy retorciera la sociedad para su beneficio una vez más: Editorial Plutón. - Su expresión se llenó de resentimiento - ¡Imaginad mi sorpresa cuando me lo devolvieron anunciándome que no publicaban volúmenes tan extensos! ¡Cómo si Helga Hufflepuff se mereciera menos! Imbéciles, me dije, y lo envié a Lagartijas Asociadas. ¡Pero sólo publican ficción! Incultos, pensé, y lo envié a MDB.

- MDB... - Hermione no pudo contener la curiosidad - ¿La Danesa?

- La misma. Me dijeron que tenía que revelar mis fuentes. Me negué, por supuesto, ¡y me llamaron farsante! ¡INCULTOS, IMBÉCILES...EXTRANJEROS!- Smith respiró un par de veces. Harry consiguió soltar su muñeca izquierda y contuvo un grito triunfante. Draco le miró, bajo la cabeza y sonrió. Hermione tragó saliva y se mantuvo inexpresiva - Ellos se lo pierden, claro. Al final decidí hacerle el honor de presentarlo a Malfoy. Él tenía que conocer la historia de los Smith; no podía llamarme farsante, o exigir mis fuentes. Y Malfoy es tan rastrero y oportunista que, mientras le genere dinero, le es indiferente qué se publique bajo su nombre. Y adivinad qué... ¡ME RECHAZÓ!

Sacó la varita y apuntó a Draco. Harry se quedó paralizado.

- ¡Ya tenía el contrato con Hermione! - Draco miró nerviosamente la varita - ¡Y Smith, sin ofender, pero ese ensayo es ilegible! ¿3.000 páginas? ¡Nunca lo hubiera vendido!

- ¡Crucio!

La sangre se le heló en las venas en la décima de segundo que tardó en alcanzar a Draco.

Draco chilló, y chilló y chilló, convulsionándose violentamente entre las cuerdas y el sillón. Smith mantuvo la maldición con la cara morada y la mano temblándole de ira.

- ¡Para! - gritaba Hermione, desgañitándose para ser oída por encima de Draco - ¡Smith, Merlín, para!

Harry forcejeó furiosamente, ayudándose con la mano izquierda para liberar la otra. El corazón le latía tan fuerte que parecía hacer eco.

Tan bruscamente como la había lanzado, paró la maldición. Draco cayó medio inconsciente en el sillón, aún temblando con fuerza, con la respiración acelerada.

- No te atrevas a repetirlo... - amenazó Smith, gélido, con la varita aún apuntada. - Un mequetrefe miserable como tú no puede aspirar a decidir lo que se publica sobre la vida de la gran Helga Hufflepuff. ¡Clamo mi derecho como heredero a ejercer de guardián de su imagen de por vida!

- Smith.... - dijo, manteniendo las manos inmóviles, tratando distraerlo. La cuerda en torno al cuello y torso parecían apretarse más conforme pasaban los minutos. - Tienes der... derecho a...

- ¡Claro que lo tengo!- le interrumpió, casi gruñendo - ¡Es mi familia, es mi herencia y se hará mi voluntad! Sabía que este día llegaría, sólo era cuestión de paciencia y perseverancia antes de que uno de los dos descubriera el autor de las cartas. ¡Llevo planeándolo todo desde hace meses! De esta habitación sólo hay dos formas de salir: - Se paró unos segundos y los miró largamente - sin vida o bajo mis condiciones.

Harry desató la muñeca derecha. Ni siquiera se paró a celebrarlo antes de comenzar a trabajar en el nudo que aferraba las cuerdas al cuello.

Smith ni siquiera miró en su dirección.

Draco, ya medio recuperado, fue el primero en romper el tenso silencio.

- ¿Qué es lo que quieres? - susurró.

- Granger hará un Juramento Inquebrantable de no volver a escribir jamás una palabra de los fundadores de Hogwarts - miró a Hermione, que le contemplaba desde su sillón con los ojos muy abiertos y una expresión peligrosamente cerca de la lástima para alguien en su situación. - Si fuera por mí, incluiría cualquier libro relacionado mínimamente con teorías históricas, pero según el valor de la justicia que he de defender, no puedo pedirte que abandones tu profesión, por mucho que lo merezcas.

- Zacharias... - Su amiga intentó contestar pero Smith se volvió a Draco.

Las cuerdas se aflojaron a su alrededor y Harry inspiró por fin, aliviado. Ahora sólo tenía que lograr romper el Levicorpus.

- Tú prometerás publicar íntegramente mi ensayo y dedicar el resto de tu patética vida a redimirte por tu pasado, consagrando MC ediciones para la restauración de la buena imagen de los hufflepuff, su fundadora y sus descendientes. ¿Entendido?

- ¡Escucha bien, escoria inmunda! - Harry casi nunca había oído ese tono en su ex, pero las pocas veces que lo había hecho, siempre le provocaba un escalofrío. Lucius en su peor momento revivía en ese tono - ¡Jamás! ¿Me oyes? ¡Jamás!

En ese momento, Harry se liberó y cayó al suelo. Smith se volvió inmediatamente.

- ¡INCARCEROUS!- Harry rodó por el suelo, buscando refugio bajo la mesa para desatarse los pies - ¡PETRIFICUM TOTALUM! - Dio media vuelta y el hechizo cayó a pocos centímetros - ¡DESMAIUS! - suplicando no haber perdido la forma por haber estado confinado en casa, intentó una voltereta invertida y suspiró aliviado cuando cayó donde segundos antes, había estado su estómago.

- ¡Smith!- gritó Draco.

- ¡Zacharias! - exclamó Hermione.

Ambos fueron ignorados.

-¡DIFFINDO! - Harry se hizo a un lado, pero calculó mal. La maldición le alcanzó una pierna y tuvo que contener un grito de dolor. Las cuerdas de las piernas cayeron al suelo, cortadas. - ¡INCARCEROUS! - Se obligó a rodar, dejando una marca de sangre, hasta que se refugió tras el sillón de Draco.

*CRACK*

El familiar crujido de la aparición fue, en aquellos momentos, pura música angelical.

- ¡DESMAIUS! - ¡Aquella voz era de Alan! Harry sonrió, profundamente aliviado, y comenzó a desatar las manos de Draco.

- ¡A buenas horas!- exclamó- ¡Justo a tiempo, amigo!

- ¡EXPELIARMUS! - gritó Zacharias.

- ¡PROTEGO! - la voz de Alan se iba acercando - ¡No puedes vivir sin mí! ¡DESMAIUS!¡INCARCEROUS!¡DESMAIUS!¡EXPELIARMUS!

Se oyó un golpe y Zacharias cayó al suelo. Harry desató las manos de Draco y se levantó para ayudar a su compañero.

Sin embargo, Smith no había sido reducido. Desde el suelo, en un último momento de libertad, apuntó a Draco, que todavía no estaba completamente liberado.

- ¡DIFFINDO!

El hechizo se abalanzó sobre Draco. En un instante, Harry vio en su mente la imagen de su amante, con una profunda herida en el pecho, la sangre fluyendo a borbotones, los ojos grises enormes que tanto le gustaban abiertos de par en par en sorpresa y horror, los labios que tanto anhelaba paralizados en una expresión de dolor.

No pensó. De un salto se puso delante: la maldición le alcanzó.

Cayó, inmerso en un mundo de dolor. Se oían gritos al fondo.

Todo se volvió negro.