Disclaimer: Todo el mundo de Harry Potter es propiedad intelectual de J.. Rowling. No saco ningún beneficio de esta historia más allá de simple y pura diversión.
N/A: Aquí está, la última parte de la historia. Gracias a todos los que habéis leído esta historia, habéis comentado y/o la habéis añadido a favoritos y alertas. ¡Disfrutad y no olvidéis de comentar por última vez!
EPÍLOGO
Cerró los ojos y respiró profundamente. Llamó al timbre.
- El Amo Malfoy le espera en la sala, señor Potter. - Le recibió un elfo doméstico, con una profunda reverencia. - Por favor, sígame.
Asintió, tratando de calmarse. Excepto por la vez que vino a recoger a Draco para llevarlo a su apartamento, no había pisado esa casa en cinco años y, volver a entrar por la puerta principal, con el elfo guiándole hasta su destino, como si de una visita formal se tratase, ponía en evidencia cuánto habían retrocedido y cuánto les quedaba aún por recorrer para llegar a ser quienes habían sido.
En aquella semana, tras la detención de Smith, Harry había aceptado que necesitaba volver a intentarlo con Draco. Sabía que, después de como le había tratado, lo más sensato era apartarse y olvidarse de terceras oportunidades que posiblemente acabarían haciendo tanto daño como las anteriores. Pero había algo... una atracción... una especie de intuición que le decía que Draco y él estaban destinados a acabar juntos.
Cuando despertó en el hospital, lo primero que vio fue a Draco, con el pelo revuelto y la ropa arrugada, sentado en una silla al lado de su cama y dormido sobre su regazo. Una sola mirada a Alan, que esperaba como siempre en la otra esquina de la estancia, fue suficiente para saber que había estado así desde que llegaron a San Mungo.
Por mucho que quería mantenerse firme, la visión de un Draco desaseado y sin duchar, durmiendo incómodamente en una silla de madera, con tal de quedarse cerca de su cama, por un hechizo tan simple como Diffindo... fue superior a él. En ese instante supo que, por mucho que quisiera ocultárselo a sí mismo, seguía enamorado de Draco y, posiblemente, siempre estaría enamorado de él.
Zacharías Smith fue arrestado y juzgado por el Wizengamot a ser recluido en la filial psiquiátrica para criminales de San Mungo, y sería sometido a un examen psicológico mensual por los especialistas del Ministerio. Los sanadores habían confirmado en el juicio que Smith sufría un trastorno obsesivo con tintes paranoides que, finalmente, mitigó su sentencia. Lo sacaron de la sala gritando e insultando la valía y la inteligencia de cualquier persona que se cruzara por su camino.
Hermione volvió a su casa, con Ron y su hija Rose, quien le había echado tanto de menos que se había negado a separarse de ella ni siquiera para dormir durante dos días enteros. A pesar de que aún tenía que ponerse la pomada diariamente, las heridas ya se habían curado lo suficiente para poder llevar una vida casi normal y lo celebraba escribiendo día y noche su novela de los Fundadores.
Cuando le dieron el alta del hospital, los primeros en visitarle fueron sus amigos, quienes finalmente fueron capaces de convencerle de que no debía de sentirse culpable por no haber descubierto la identidad de Smith a tiempo. Él, por su parte, tuvo que calmar a una frenética Hermione, que había sido quien arrastró a Draco hasta la casa de Smith cuando se dieron cuenta de quién estaba detrás de los anónimos.
Y Draco...
El estómago se le contrajo cuando recordaba la actitud de Draco durante aquella semana. Lo primero que le dijo en el hospital fue que iba a demostrarle, costara lo que costara, que estaba arrepentido. Que le convencería, aunque fuera lo último que hiciera, que sinceramente quería a Harry a su lado. Que jamás deberían haberse separado.
Y aunque Harry ya se había decidido, después de cinco años esperando y sufriendo, no se sentía inclinado a volver con Draco sin más.
Una semana. Eso era todo lo que le duró su fuerza de voluntad antes de rendirse y acceder a una cita con Draco. Las cartas avergonzadas, el pensadero con los recuerdos de su pasado, los regalos que rememoraban un momento especial... Por más que lo intentara, cuando alguien desea con tanta fuerza que sus deseos se conviertan en realidad, es muy difícil resistirse.
Y allí estaba esa noche, dispuesto a una primera cita y tan nervioso como un adolescente. El corazón le latía tan fuerte que Harry creía oír su eco en aquellos largos pasillos, repletos de retratos que ya no le miraban con tanto desdén como la primera vez que le vieron.
No sabía si estaba haciendo lo correcto. ¿Realmente merecía la pena abrir de nuevo aquel capítulo de su pasado? Aunque sus años con Draco siempre serían un referente en su vida, aunque Harry anhelara revivir la felicidad tan plena de aquellos días, sabía que, después de cinco años, no sería posible. Tendrían que empezar de nuevo, forjar una nueva relación, con reglas nuevas y esquemas distintos... Y nunca volverían a ser aquellos dos jóvenes inocentes que pensaban que ellos dos eran suficientes para el resto de sus vidas.
El elfo doméstico se paró en frente de unas puertas de madera, que le resultaban muy familiares. Eran los aposentos privados de Draco.
- El Amo le aguarda -hizo una reverencia y desapareció.
Tomó aliento de nuevo. Sólo era una cena, aún podía dar marcha atrás. Abrió las puertas.
Se quedó paralizado. Draco había recreado la noche de su primer aniversario.
La misma música suave que Harry había escogido para esa noche ambientaba una habitación sólo iluminada por velas. Al lado de la mesa había una camarera de plata con los mismos platos que Harry había encargado a Kreacher para aquella noche, una mezcla perfecta de sus favoritos y los de Draco. Apostaría el cuello a que el champán que se enfriaba en la cubitera era también de la misma bodega e incluso del mismo año: el primero que Draco le hizo probar en su primera cita en aquel restaurante francés, tantos años atrás, y con el que le introdujo a las maravillas del mundo del vino.
El corazón se le encogió en el pecho y dio un paso atrás. No, era demasiado, demasiado... No era objetivo, demasiado sentimental, demasiado blando... Tenía que salir de allí antes de que fuera demasiado tarde.
Con un nudo en la garganta y la cabeza gacha, se dio la vuelta.
- Harry - se paró. No podía evitarlo. - Por favor... por favor.
Conteniendo la respiración, giró la cabeza. Draco llevaba un suéter gris de cuello amplio que insinuaba la clavícula y desnudaba aquella columna de piel perfecta que era su cuello. Los pantalones eran de cuero negro, como una segunda piel hasta la rodilla, donde comenzaban a ser más holgados.
Tragó saliva. Estaba... espectacular.
- Sólo una noche - dio unos pasos hacia él y se contuvo para no retroceder. No podía apartar la vista de él: su cara, su pelo, sus ojos, su cuello... sus pantalones - Te prometo que no te molestaré más. Si esta noche decides que no quieres volver, lo aceptaré, Harry, de verdad, y no volverás a verme hasta que tú lo decidas. Por favor... has venido hasta aquí, ¿te vas a ir sin más? Quédate...
Aquellos brazos firmes le rodearon la cintura y lo atrajeron en un abrazo. Draco bajó la cabeza y lo besó en el cuello.
- Quédate...
- Esto no va a salir bien. - Habló, por primera vez en la noche.
- Te juro que no volveré a meter la pata, Harry - su aliento acariciaba la piel sensible de su cuello. Notaba el palpitar del corazón de Draco en su espalda; estaba tan nervioso como él. - Romper contigo fue el peor error de mi vida. He aprendido la lección, de verdad...
Le besó en la parte donde el cuello se convierte en hombro y un escalofrío le recorrió entero.
- Todavía hay química, Harry... Sé que podemos hacer que funcione.
Uno de los brazos que le rodeaban se soltó y comenzó a acariciarle: el brazo, el costado, el abdomen... La respiración se le aceleró. Sintió que su cuerpo comenzaba a responder. Se soltó y retrocedió un paso; necesitaba la distancia para pensar.
Respiró un par de veces, tratando de calmar un corazón que se le iba a salir por la boca.
No eran perfectos, se habían hecho daño en multitud de ocasiones y volverían a hacerlo muchas más. No había nada que les asegurase que iban a funcionar, a pesar del arrepentimiento de Draco y los deseos de Harry: hay trenes que sólo pasan una vez en la vida y podían haber perdido el suyo.
Ya no eran unos críos ni eran el primer amante del otro: sabían que la vida no era perfecta y las relaciones de pareja no eran el remanso de felicidad que los cuentos de hadas prometían. Tendrían sus altos y sus bajos y quizá, lo más probable, volverían a separarse.
Harry se dio la vuelta y lo miró, cara a cara.
Pero no podía rendirse sin intentarlo una vez más. Draco, no sólo era el hombre más atractivo de Inglaterra, sino que ellos dos... encajaban. Había tenido amantes inteligentes, parejas con sentido del humor, rollos con un agudo sarcasmo, amigos con una visión cínica de la vida... Pero ninguno conseguía que funcionara con tanta rotundidad como Draco. Era arrogante, manipulador, mentiroso y hasta cruel... pero todos sus defectos no ocultaban que era a quién Harry quería a su lado en su vida.
Y viéndolo allí, con aquellos ojos grises suplicantes, despojados de todo orgullo para pedirle perdón, con los puños apretados a los costados y el ceño fruncido de preocupación, Harry se decidió.
Dio un par de pasos hacia él, con los ojos fijos en los suyos, y vio la esperanza aparecer. Alzó una mano y acarició aquel pelo sedoso, que le recordaba a tardes en el sofá, tumbados, sin nada más que hacer que relajarse. Draco cerró los ojos, pero no se movió.
Se inclinó, cerró los ojos, y lo besó.
Inmediatamente, Draco tomó vida: lo rodeó con un brazo y lo atrajo hacia sí, mientras respondía con sus labios. Harry lo acercó por el cuello, necesitando imás/i. Una lengua acarició suavemente su labio inferior. Un escalofrío le recorrió la espalda y abrió a boca.
Durante minutos que parecieron horas, se besaron, larga, tranquila, profundamente... Reaprendieron la sensación de aquel cuerpo junto al suyo, aquella lengua con la suya, aquellas manos en su cuerpo. Durante unos minutos, volvieron atrás en el tiempo: eran dos amantes, enamorados, con toda la vida por delante, sin traiciones, ni dolores, ni problemas.
Se separaron cuando no tuvieron otro remedio. Draco tragó saliva y le robó de nuevo un beso rápido. Harry sonrió, cerró los ojos, apoyó la frente en aquel cuello aterciopelado y se bañó en las sensaciones que le producía aquel aroma.
Notaba junto a su pierna la erección de Draco y sabía que él estaba notando la suya. Acarició con una mano la espalda cubierta hasta llegar al borde del suéter. Introdujo la mano y sintió la suave calidez de la piel desnuda. Los músculos se movían bajo su mano, el vello se ponía de punta.
Le encantaba provocar tanta reacción con tan poco esfuerzo.
Draco le besó en el cuello y Harry se inclinó para darle más espacio. Despacio, mordisqueó juguetonamente desde el cuello, por la mandíbula, hasta el lóbulo de la oreja. Lo lamió, lo besó y se lo metió en la boca. Harry cerró los ojos y le pasó las uñas por la espalda.
- Harry... - susurró Draco en su oído. - No nos apresuremos. Tenemos toda la noche.
No quería soltarle. Sentía que si lo hacía, la realidad se estamparía contra su cara y volverían todas las dudas, resentimientos y sentimientos negativos... Pero asintió y se separó. Inmediatamente notó la falta de calor contra su cuerpo.
- Sí. - Apenas podía hablar a través del nudo que le oprimía la garganta - Vamos a cenar.
Draco sonrió, plena y absolutamente, con una felicidad y brillantez tal, que Harry supo que había tomado la decisión correcta.
THE END
