La Parte de Draco.

Y quiere cerrar las manos en torno a ese cuello delgado. Porque Draco no entiende que le puede resultar tan gracioso a Ginny Weasley. Esa molesta carcajada, esos hoyuelos bajo sus mejillas y aquella manera de mirarle como si él fuera el blanco de un buen chiste.

Chiste que él no entiende.

Porque aunque ella apoyara su pequeña y tibia mano sobre la de él y le dijera "-¿Esto es lo tan atroz? Son sólo nuestros hijos explorando su sexualidad. Vamos, Malfoy. Tienen quince años y ambos son un saco de hormonas. No es algo grave, ¿O acaso cuando tenías quince nunca besaste a nadie? -". eso no ayuda a cambiar las cosas, y además él no tiene ganas de responder.

Porque él quería decirle que era una estupidez su manera de justificar al puto de su hijo, y que le encantaría que Scorpius explorara cosas, pero con niñas. Y ojala niñas guapas, de esas que tienen la sonrisa amplia, ojos claros, pelo impecable y rubio, postura perfecta y sangre pura. No con alguien que tenga el pelo revuelto, ojos verdes, se apellide Potter, y tenga verga.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo al unir en una misma frase las palabras "Potter", "verga" y "Scorpius". Una Ginny, ya seria, pero con la risa en los ojos, le acariciaba tenuemente la mano, tratando de consolarle.

- No es el fin del mundo, ¿sabes?

Y Draco no lo sabía. Sólo sintió el irresistible impulso de apoyar su frente sobre la superficie fría del escritorio porque le dolían la cabeza, porque ese parloteo de la señora Potter le era insoportable, porque no quería que su único hijo estuviera relacionado con esa gente.

Ni siquiera con la niña chica.

Esa niña que tenía pecas, pelo rojo, y salió de una ratonera inmunda, como todos los otros Weasleys. Aspiró una cantidad importante de aire, y lo soltó todo de golpe. Realmente era un desastre que Ginevra Weasley pensara así, contaba con ese apoyo.

¿En qué estaba pensando cuando creí que ella podía ayudar?

Claro, Astoria se lo había advertido, le había dicho que quizás los Potter no le vieran nada de malo, que incluso hasta le gustara la idea.

Porque no son más que unos arribistas.

Y esa era la oportunidad ideal para ascender, más aún, dentro de las escalas sociales del mundo mágico. Tenían la fama, tenían el crédito, pero todos sabían que los Weasleys eran unos muertos de hambre y Potter un huérfano recogido de la calle por faltaba el linaje.

Claro, es el plan perfecto.

¿Qué mejor que la familia Malfoy? ¿Qué mejor que la suma de las mejores sangres de todo el mundo mágico inglés? Por supuesto que no había nada mejor, por supuesto que eso no era al azar, no era el destino, ni las estrellas, y tampoco las hormonas. todo aquello era premeditado.

Que Albus Potter se comiera a su hijo, era un sucio plan de aquella mugrienta familia para coronarse como los reyes del lugar. Y construir sobre él, sobre su familia y su apellido, un gran feudo que terminaría la obra, a base de que se tiraran a su hijo.

- Malfoy, creo que estás exagerando.

Y ahí otra vez ella, justificando a su hijo, o mejor dicho, tratando de dar el golpe de gracia en ese plan maestro. Claro, porque Ginevra sonreía como si tratara de venderle un producto a él, sonreía como si quisiera que ese esplendor que brillaba en su cara le insuflara confianza, tranquilidad, una promesa de que todo estaría bien.

¡Y una mierda!

Porque por mucho que Ginny descruzara esas piernas y arrastrara la silla hasta pegarla a su escritorio, por mucho que recorriera con sus dedos largos y tibios, sus manos venosas y suaves, nada cambiaba. No para él.

¿Y qué le diría a Astoria? Y peor aún ¿Qué le diría a Scorpius? Que la estúpida de la señora Potter le importaba un cuerno que su hijo fuera un pervertido seductor de inocentes. Que esas cosas no se hacen, que no es correcto besarse con hombres en los terrenos del colegio, ni en las mazmorras, y que no es correcto besarse con un hombre en ninguna parte.

Draco Malfoy aleja sus manos de las de Ginny y le mira fijamente.

- ¿De verdad crees que estoy exagerando?, ¿Crees que esto es normal?, ¿Qué es algo bueno? -contempló como el rostro de ella mudaba a una expresión dudosa, y cómo apretaba los labios intentando amasar en el interior las palabras correctas.

- Sí. Mientras ellos sean felices me parece bien. No es como si se estuvieran haciendo promesas de amor eterno y se fueran a fugar a Canadá para casarse. Les queda mucho camino que recorrer, Malfoy. Sólo son los chicos con lo que salen en el colegio.

- Se te olvida, Ginevra, que estamos hablando de tu hijo. Y parece que es normal en tu familia quedarse alucinado del novio del colegio y casarse con él. -Sonrió al ver su rostro sonrojado con tonos de ira. -Además, a mi no me parece ni bueno, ni normal, y esperaba que me ayudaras a hablar con ellos.

- ¿Con ellos?, ¿Te refieres a los dos, Malfoy? -Draco no quiso contestar, sólo fijo sus ojos en los de ella. -No, claro que no lo haré. Yo puedo conversar con mi hijo, pero no le voy a prohibir que siga viendo al tuyo, esa decisión es de ellos. Y con Scorpius hablas tú con tu esposa. No tengo nada que decirle a él.

¡Mierda! ¿No se suponía que los Weasleys eran buenas personas y que siempre estaban encantados de ayudar a todo el mundo? No son más que unos egoístas, arribistas y embusteros.

Draco no quería admitir su actual estado de crisis. Astoria cuando lo supo le dijo con su voz más melodramatica que toda la culpa era de él. Que su familia no tenía ninguna deformación porque siempre habían evitado emparentarse con los Black, quienes tenían la sangre y la mente tan corroídos como su antigua casa. Y que ella no estaba hecha para afrontar esa clase de problemas y que no sabía cómo hacerlo.

Todo el peso del problema sobre Draco, y no tenía idea de como abordar a su hijo sin que hubiese un escándalo social de proporciones y sin que el chico se fuera de su casa o algo por el estilo. Fue cuando pensó que los Potter iban a tener que sufrir lo mismo que él y creyó que Ginevra Weasley podía ser su mano amiga en aquella situación, porque a Harry Potter no le pedía ni un favor, ni aunque fuera la última opción que le quedara. Ya le debía suficiente, y no podía tolerar mirar otra vez esos ojos socarrones.

- Nunca quise que hablaras a solas con él. Lo que quería pedirte es que si podemos juntarnos los cuatro. Tu hijo,... -la voz se tornó seca cuando dijo aquellas palabras. -Scorpius, tú y yo.

- ¿Para qué, Malfoy?

- Bueno...Me gustaría que supieran nuestra opinión al respecto...

- ¿Nuestra? -le interrumpió Ginny, pero Draco la ignoró y continuó con la voz cada vez más espesa.

- ...Y me gustaría saber algunas cosas y me parecería mejor que las preguntara una mujer...

- ¿Qué tipo de cosas te gustarían saber?

Draco sintió que el ambiente se había vuelto denso y pesado. Que le faltaba el aire y que tenía vergüenza. No, no era vergüenza, era algo superior, estaba verdaderamente incómodo. Se moría de pudor por tener que preguntar en voz alta las dudas que le asaltaban una y otra vez a su mente y que casi no le dejaban dormir.

- Quiero saber que tan avanzada va su relación.

- ¿Qué tan avanzada? -Repitió ella con voz contenida. -¿Me estás diciendo que lo que tú quieres saber es si ellos dos lo han hecho? -Draco tenía la mirada afilada y los labios apretados. ¿Acaso esa mujer no sabía lo que era un lenguaje pulcro y educado? ¿No tenía pudor? ¡Claro que no! Si todo aquello era un plan que los Potter habían ideado. -Por supuesto que no lo han hecho, Malfoy. ¡Se les notaría! Y si no te das cuenta son bastantes torpes y urgidos sus besos...Definitivamente ellos todavía no se ha enculado.

¿Todavía? ¿Enculado?

La voz despreocupada, y con un excesiva normalidad que salía de la garganta de Ginny Weasley hizo enrojecer a Draco Malfoy de una forma muy intensa. Quizás nunca había tenido tanta sangre en las mejillas como hasta ahora.

La imagen mental de su hijo afirmado en ese colchón de pasto y el puto menor de Potter montándoselo en los terrenos de Hogwarts, lo hicieron fruncir los ojos con furia. Cerró los puños y golpeó el escritorio de cristal con violencia.

- ¿Qué te pasa, Malfoy? ¿No me digas que nunca te has enculado a alguien?

Qué le importaba a esa estúpida mujer si él se había montado sobre alguien. Qué le importaba su vida sexual. Qué interés podía tener en saber que Astoria, un par de veces al mes, separaba con hastío las piernas y se quedaba tendida en el colchón con la mirada fija en el techo, y la boca torcida. Que dejaba escapar un par de gemidos fingidos y los dedos se enterraban en la sábana hasta que él se deslizaba por su cuerpo, dejando un rastro humedo y brillante, para recuperar el ritmo normal de su respiración tendido a su lado. ¿Qué le importaba?

Con la cara todavía contorsionada por la rabia, Draco sin querer se imaginó a Astoria puesta en cuatro y a él sobre ella, ambos agitados por una violenta danza. Sin saber por qué pensó en Harry Potter y se vio a él encaramado sobre su espalda. Y después la cara de Harry iba cambiando, como si hubiese tomado poción multijugos, y ahora Draco respiraba sobre una nuca de donde salía una cascada de mechones largos y fragantes. El cabello con cada embestida se volvía más y más rojo, y él se vio asimismo tomando un puñado y recogerlo hasta la raíz y desde ahí jalandolo con fuerza, como si fuera la unica soga que lo sujetaba a ese cuerpo diminuto y cremoso, ese cuerpo que resistía cada uno de los intentos de Draco por enterrarla en el colchón, mientras sus propios labios susurraban propuestas. ¿Quierés que te tire el pelo más fuerte? ¿Quieres que te de un par de palmetazos en las nalgas?

El pantalón de Draco se hizo más estrecho de pronto o su verga se había alzado escandalosamente. Tragó saliva mientras intentaba controlar la erección de caballo que tenía bajo la costosa tela de lino. Frente a él, estaba Ginevra Potter que le miraba con los ojos muy abiertos y curiosos, y él sentía que todo el cuerpo se le empapaba de un leve sudor frío. Ella le sonrió de un modo que le puso los pelos de punta, parecía que sabía que clase de problemas ocultaba él bajo su mueca de desagrado. Y nunca la había visto tan bonita, porque pese a los mil defectos que podía enumerar de ella en menos de diez segundos, siempre supo que era bonita. Se corrigió mentalmente, es bonita, aún lo es, quizás aun más. Y se fijó en cada detalle de su rostro, en las numerosas pecas que nacían de su estrecha nariz, en los ojos cálidos, en los labios sonrientes y el cabello furioso, y se le hizo tan similar a la última visión que nuevamente sintió la carne punzante y latente como si se le hubiera bajado el corazón hasta sus caderas.

- Ese no es asunto tuyo. No te traje hasta aquí para hablar de mi vida.-la voz le salía a duras penas, como si hasta las cuerdas vocales le transpiraran. -¿Me vas a ayudar, entonces?

- No lo sé, Malfoy. Tengo que hablarlo con Harry. ¿Te llamo por teléfono?

- No tengo de esos estúpidos cachivaches muggles.

- Entonces te mando una lechuza.

Vio esas piernas alzarse, y recordó aquellas sobre las que afirmaba su propio cuerpo. No se levantó, ni la acompañó hasta el umbral. Sólo quería que se fuera. Vio la cara de desconcierto de Ginny cuando ella se despidió y él estiró su mano, levemente humedecida, y evitó tocarla tanto como le fue posible, sólo rozando las puntas de sus dedos brevemente.

Cuando Ginny salió de su oficina, Draco contó hasta diez, esperando que desaparecieran los efectos de su alucinación. Sin embargo corrió hasta su baño, se bajó los pantalones con impaciencia y se toqueteó mientras pensaba en Ginevra Potter y en eĺ sobre su espalda suave y eterna.

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Nota de Autora: Sé que me demoré eones y que tengo todas mis historias abandonadas, pero trataré de ponerme al día tan pronto como sea posible. Espero que les haya gustado el minicapítulo de Draco y no sé de quién sea el próximo, quizás de Albus o de Astoria. Todavía no me decido.

Y creo que ya les dije que tenía una encuenta en mi profile, pero por si acaso...¿podrían pasarse y dejarme su preferencia, por favor?

Besos gigantes y muchas gracias por el apoyo que recibí con el capítulo anterior. En serio, sé que el DracoGinny no es una pareja famosa, ni tampoco es la reina del barrio. Pero es de mi preferencia, y de algunos pocos. Por lo tanto sé que este tipo de historias no tienen mucho apoyo, menos aún si tiene algo de slash metido por ahí. En todo caso no es que los reviews sean el gran tema, porque si quisiera reviews escribiría DracoHermione como mala de la cabeza o en su defecto, escribiría Harry/Ginny. Y abandonaría mis parejas pocos famosas que me hacen muy feliz. Es sólo cosa de gusto, pero aún así, me honran un montón cuando a la gente que le gusta esta pareja (y la que no, también) me dicen que la historia es de su agrado.

Se les quiere... ah...y a las personas que les gusta estas fechas: ¡Feliz Navidad!