Discramiler: "Nada me pertenece, todo es de Rowling."
Yo solo escribo lo que busco leer y al no encontrarlo siempre, lo escribo.
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"Entre varitas y besos"
Capítulo III
Los días habían pasado, las noticias no. Hermione Granger ojeaba sorprendida "Corazón de Bruja". ¿Cómo lograban, después de dos semanas, el compromiso de Lucius Malfoy siguiese siendo noticia?
Misterio. No se entendía. Todas las semanas un artículo diferente. "Lucius Malfoy le regaló un collar de diamantes y rubíes valuado en millón y medio de gallons a su prometida", "La futura señora Malfoy prometió donar su vestido de novia a la caridad", "Lucius Malfoy y su prometida, en la ópera de Odessa"
¿Es que era el único tema de actualidad? Al parecer si, todas las ediciones eran dedicadas al rubio y su prometida.
Hermione miró la revista. Con esa túnica negra ajustada, ciertamente lucía guapo pero se superaba a si mismo cuando vestía de sport.
Dejó la revista en el revistero de la sala de esperas del consultorio mágico. Los mareos habían continuado. Le había dicho a Alastor que necesitaba el día libre, el hombre no la había cuestionado en absoluto.
-Hermione Granger- llamó la medimaga. Hermione sonrió dándose seguridad y entró al consultorio, de paredes y muebles blancos.
-Soy al doctora Klop-se presentó la mujer-, ¿Qué te ha pasado?
- Me baja la presión de repente y me desmayo-explicó.
-¿Algo más? ¿Algún problema importante de estrés?
-No creo... Soy auror, pero me dedico a trabajo de logística.
-Entiendo; ¿Algún problema personal que te esté preocupando?-preguntó, midiéndole la presión con un par de encantamientos.
- No particularmente-respondió.
-¿Tienes alguna dieta especial?
-No, como de todo.
La medimaga la miró por encima de sus anteojos y volvió a mirar la foto de su expediente.
-¿Tu no eres la amiga de Potter que se desmayó en la fiesta de Malfoy?
Hermione miró a la medimaga sin entender la pregunta o mejor dicho, a que venía.
-Si... ¿Tiene algo que ver?
-No médicamente-sonrió- sólo cotilla-reconoció la mujer- Creo que lo mejor será que varíes tu dieta, come más balanceado y creo que necesitarás un par de días de reposo absoluto... Le enviaré el diagnóstico al jefe de tu unidad.
Hermione asintió.
-¿Cuál es mi diagnóstico?
- Estrés- comentó la mujer simplemente.
Se despidió con cortesía y salió del consultorio más tranquila. Daría una vuelta por el callejón, quizá fuese a Gringrotts a sacar algo de dinero para hacer unas compras y luego iría a descansar a su casa.
El callejón Diagon lucía tan encantador como siempre que se acercaba un fin de semana largo. Algunos niños correteaban y los escaparates lucían novedades.
Comenzó a caminar, con paso tranquilo disfrutando la brisa y el sol; cuando sintió una mano en su hombro. Sacó su varita rápidamente y giró, para encontrarse con Lucius Malfoy.
-Se le cayó la pañoleta- dijo entregándole una pañoleta de gasa anaranjada.
-Gracias-sonrió desconfiada-, no me di cuenta.
- Mucho viento para primavera, ¿No?-preguntó con tono casual.
-Eso creo- respondió Hermione mirando los adoquines del piso. Sentía su pulso palpitar y la incómoda sensación del calo abrazante.
-¿Almorzó?-preguntó con educación, tono frío y con algo de expectativa.
-No, acabo de...-pero se cortó al darse cuenta de lo surrealista de la situación.
-¿De?-preguntó el con curiosidad.
- ¿No encuentra esta situación un tanto extraña, señor Malfoy?-preguntó Hermione, mirándolo directamente a las enormes orbes grises del hombre.
- No me parece raro conversar en una calle-respondió, coincidiendo internamente con ella-, pero si, creo entender a que se refiere.
Se miraron un momento y al mismo tiempo corrieron sus miradas incómodos, mirándose de lado. No sabían como describir el pulso acelerado de ambos y las mejillas sonrosadas.
-Creo que será mejor que me vaya.-murmuró Hermione.
-No-dijo el hombre sin pensarlo. Hermione lo miró confundida-, disculpe...Tiene razón, no debo molestarla más.
Ante la sorpresa de la chica, el hombre hizo algo que nunca le había visto hacer, tomó su mano y con caballerosidad, le dio un beso.
Luego de ello, desapareció.
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-¿Qué hizo qué?-preguntó Tonks al escuchar lo que decía su compañera/ amiga de trabajo. Estaban tomando un té con masas en la casa de la castaña, mientras esta le contaba lo sucedido con Malfoy.
-Lo que escuchas, me devolvió la pañoleta, me preguntó si había almorzado y me besó la mano antes de irse- respondió Hermione, agregándole más hebras a la tetera-, la verdad que desde que Alastor me contó que detuvo mi caída en la casa Malfoy, estoy sorprendidísima.
- No sólo detuvo tu caída- dijo al matamorfomaga sorprendida-, ¿Qué te ha contado Alastor exactamente?
-Que detuvo mi caída cuando me desmayé en la escalera.
-El fue quien te llevó hasta una de las habitaciones- dijo la aurora,
Sorprendida por los detalles omitidos-, y revisó que estuvieses bien.
-¿A qué te refieres?-preguntó con la voz cortada, sintiendo como su pulso se aceleraba cada vez que recordaba la cercanía del rostro de Malfoy.
-Antes de llamar a un medimago, el revisó que no tuvieses ningún golpe o maleficio.
Mientras su amiga hablaba, describiendo los detalles omitidos por su jefe y la escueta nota del periódico mágico, Hermione sentía que había una causa más relacionada entre sus desmayos y Lucius Malfoy. El hombre la estresaba, era nocivo para ella.
