Discramiler: "Nada me pertenece, todo es de Rowling."

Yo solo escribo lo que busco leer y al no encontrarlo siempre, lo escribo.

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Entre varitas y besos

Capítulo IV

-¿Te sientes mejor, Granger?-preguntó Alastor Moody a su pupila. El auror acababa de entrar a su departamento, sin haber avisado antes que iría, por la chimenea-¿Por qué no funcionan los hechizos defensivos?

-Por que los desactivé por si era alguien del ministerio, ante alguna emergencia-dijo la chica, sorprendida de verlo allí-¿Pasó algo?

-No, sólo mera preocupación-respondió el hombre mirando el lugar con ojo mágico-, tengo un par de noticias que te gustarán saber.

-Cuenta-dijo sirviendo una taza de té a su jefe, en la mesa del living-, ¿Con azúcar?

-Por favor- agradeció con un gesto la taza de infusión y habló: Como te habrás enterado, Malfoy se casa con Parkinson.

-Al parecer es lo único interesante para los periódicos.-dijo la chica.

-El departamento de finanzas descubrió un par de movimientos extraños.

-¿Lavado de dinero?-preguntó, no sorprendiéndose por ello.

-Eso creen, pero aún no tienen pruebas.

-¿Y? ¿Qué tienen que ver los aurores con finanzas? ¿Nos pondrán a seguir a morosos de impuestos y declaraciones fiscales?

-Es lo último que le faltaba al ministro- dijo el experimentado auror, apretando su mandíbula con enfado-, y lo hizo.

-¿Es una broma, no?

-Dicen que ya no hay más focos de magia oscura, y que aurores responderá a las necesidades de orden del ministerio.

-¿Estudié para auror, combatí a Voldemort, maté a Lestrenge para... perseguir morosos de impuestos?

-Eso parece- dijo Moody, compartiendo su enfado con la chica-, pero mírale el lado positivo, es el último año de mandato del ministro.

-¿Y no puede ser reelecto, cierto?

-No creo que lo logre si se pone a molestar a quienes lo dejan estar allí con impuestos.-sonrió con una mueca.

-¿Qué se supone que hará el escuadrón?-preguntó Hermione.

-Darte apoyo en tu misión.-respondió el auror con tono educado.

-¿Mi misión? Creo que la medimaga dijo por escrito que debo descansar y recomendó...

-El jefe de aurores ordenó que fueses tú quien hiciese la misión.

-¿A quién debo decirle que pague sus impuestos?-dijo Hermione con sarcasmo mal contenido.

-Debes encontrar pruebas incriminatorias de Malfoy en relación con sus movimientos económicos. Estarás infiltrada.

-¿Es idiota ese jefe que tenemos?- explotó la castaña- Es sabido que Malfoy me odia, ¿Cómo quieren que lo haga?

-El ministerio le ha dicho que hay varias amenazas con respecto a su vida- Hermione bufó molesta, si que había amenaza... ella mataría al ministro por sus "grandes" ideas- y ha dicho que le darán protección permanente, por lo menos hasta que se case y vaya de viajes de boda.

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-No es justo, a mi me tocó a Goyle, y a ti te toca Malfoy.- se quejó Nymphandora Tonks- El mío huele a vestuario y el tuyo aceptó pagar los gastos de protección para su viaje de negocios a París.

- Por lo menos Goyle no sale mucho, Malfoy me hará caminar todo el día y tendré que escuchar a la estúpida de Parkinson.

-No va.- corrigió Kingsley con amabilidad- Malfoy acaba de enviarte un cronograma para que modifiques tus asuntos, y dijo que su prometida no irá al viaje por que no puede cancelar sus compromisos.

Hermione bufó molesta y apretó su pelota de estrés en la mano. Tonks, al lado suyo miraba el pergamino que Malfoy había enviado y volvía a quejarse.

-¡Irás al Ritz! ¡Y yo debo ver a ese coso seboso comer!

Hermione, internamente, agradecía que a ella le tocase Malfoy. Ver a Goyle comer era fuerte, un castigo que nadie merecía.

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Hermione estaba en su departamento, guardando las cosas que creía necesarias en su baúl. Llevaba uno muggle, un Luis Vuitton original, encantado para que tuviese lugar.

Adentro había guardado túnicas y ropa muggle. Elegante sport, de gala y un par informal. Como también irían a Mónaco, y soñaba con escaparse en algún momento de la pesada e incómoda presencia del rubio, llevaba un traje de baño. ¿Qué vida era si veía la

maravillosa Costa Azul y no podía darse siquiera un mísero baño?

Estaba concentrada tachando cosas de su lista, que no se dio cuenta que las llamas de su chimenea mágica comenzaron a arder y tornarse verdes. De repente, un hombre rubio con elegante vestimenta mágica, salió de allí.

-Disculpe, pensé que le habían avisado de mi visita- dijo el rubio, con su característico tono frío. Hermione, inmediatamente se dio vuelta y lo apuntó con su varita, la bajó inmediatamente al ver quien era.

-No, el ministerio últimamente no informa muy bien.- dijo la chica, incómoda de percatarse el tono sexy en la voz del hombre.

- Lo lamento, volveré...

-No importa, continuaré luego- dijo cerrando su baúl-, ¿Una taza de té?

-Por favor- aceptó con un ligero movimiento de cabeza-, ¿Esto es un barrio muggle?

"¿Por aquí no vino de cacería mientras portaba la máscara?" se contuvo de preguntarse Hermione Granger.

Sin embargo, vio que la curiosidad era genuina y que el hombre estaba siendo cortes.

-No enteramente. Viven algunos magos por aquí.- respondió con sencillez, extendiéndole una taza de té, y sirviéndose una ella. Se sentaron frente a frente en los sillones del living.

-No conocía esta parte de Londres... Me ubico poco fuera del Londres mágico.- reconoció, corriendo su cabello con un gesto incómodo.

-Suele suceder-murmuró, sin saber que decir. Bebió parte de su taza en silencio. Sentía la mirada penetrante del hombre sobre ella y no sabía como actuar.

-Estoy seguro que le habrán dicho los motivos por los que el ministerio me ha ofrecido protección, ¿cierto?

-Una parte-dijo, sintiendo la rabia correr al recordar que ahora los aurores eran el "brazo armado" de los cobradores de impuestos,

-Mis viejos amigos no están contentos conmigo, al igual que parte de la familia de mi esposa.

-¿Y eligieron justo las fechas próximas a su matrimonio para recordárselo?

-Eso parece-sonrió de lado-, sin embargo no creo que intenten hacer algo; conociéndolos intentarán atacarme económicamente no físicamente.

Hermione miró la tranquilidad con la que el hombre se expresaba. Sentado en su sillón, derrochaba masculinidad por donde se lo mirase.

Incluso con el pelo rubio y lacio, envidia de gran parte del mundo femenino.

-El viaje es para fortalecer finanzas, Srta. Granger. Necesito que se vista de acuerdo a los lugares donde iremos- Hermione lo miró con una ceja irónica-, quiero dejar mis asuntos listos antes de irme de viaje con mi esposa.

Se produjo un silencio incómodo tras el asentimiento de Hermione.

-¿Algo más que pueda hacer por usted, Sr. Malfoy?

-No- negó demasiado rápido-, la veo mañana a las nueve en mi casa.

- Hasta mañana a las nueve.

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Hermione bostezó disimuladamente. Eran las nueve de la mañana, estaba en la casa Malfoy y Lucius aún no había terminado de desayunar. Al parecer, estaba hablando por chimenea con su prometida antes de ir de viaje.

Miró la sala donde lo esperaba. Un precioso escritorio estilo Luis XV enmarcaba el lugar. Además, había una pequeña biblioteca antigua detrás con algunos títulos que a Hermione le sorprendían... ¿muggles?

-Veo que le ha gustado la sala.-dijo la melodiosa voz de Malfoy detrás de ella.

Hermione se sobresaltó y casi lo atacó, pero se contuvo y sonrió.

-Buenos días.-dijo con cortesía- preciosa casa.

-Lástima que no la disfrute tanto desde hace tiempo...-dijo con tono perdido, mirando por el enorme ventanal.

Hermione se calló, lamentando el camino que había tomado su comentario.

-¿Terminó de arreglar sus asuntos?-preguntó Hermione, fingiendo interés en el suelo.

- Si.- respondió con tono tranquilo-¿Usted?

-Todo arreglado. El ministerio monagués ofreció ayuda para su protección.

- Espero que no sea necesaria.

Hermione, internamente deseó que el viaje fuese lo más corto posible.

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No podía quejarse. Malfoy se había comportado como un caballero.

Hermione no había hablado desde que salieron de Inglaterra; se sentía incómoda junto con él.

Miró al rubio, que conversaba con unos clientes, cercano a ella. Dudaba que fuesen a atacarlo, y hasta el momento Malfoy no había demostrado nada "ilegal".

Estaba distraída, sintiendo como sus párpados pesaban.

-¿Se encuentra bien, Señorita Granger?-preguntó el rubio. Hermione se sobresaltó pero dijo:

- Perfectamente, gracias.

-Luce un poco pálida.

- Mi color de tez.- respondió, intentando que no se le notase el sonrojo ¿Por qué sus pulsaciones se aceleraban de esa manera cuando el hombre se acercaba?

-Entonces agradecerá el sol que hay en Mónaco. Me dijeron que hace un tiempo fantástico.

- La costa azul siempre es preciosa.

Silencio nuevamente. Era lógico que no tuviesen tema de que hablar, prácticamente no se conocía. Sólo unos cuantos enfrentamientos en la guerra, conocer la vida del otro para atacarse; pero nada más.

-He terminado mi reunión. No pienso moverme del hotel hasta la noche; si quiere puede salir.- sugirió el rubio.

Hermione lo miró sorprendida... Demasiada amabilidad.

Seguro que esperaba un ataque y que ella no estuviese para hacerla quedar mal, o quería que se fuese para tratar algún asunto.

-Creo que me quedaré descansando en el hotel.- dijo la chica.

Lucius Malfoy asintió y no agregó nada más.

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La habitación del hotel era perfecta, enorme, cómoda y lujosa. Hermione agradeció al botón que le llevó el equipaje y le dio una propina que el hombre agradeció con un simple "mercí".

Cansada se tiró en su cama, y se durmió rápidamente.