Discramiler: "Nada me pertenece, todo es de Rowling."

Yo solo escribo lo que busco leer y al no encontrarlo siempre, lo escribo.

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Entre varitas y besos

Capítulo VI

Lucius Malfoy era una persona de armas de tomar... Sobretodo si su orgullo o inteligencia se veían ofendidos.

Y en este caso, ambos se sentían profundamente tocados.

Cuando comprendió el plan de su futura esposa, comenzó a caminar como un león (divertida paradoja) encerrado. Hermione se sentó en el sillón, reflexionando sobre lo incrédulos que eran los hombres hasta que el hombre dejó de caminar en círculos y se detuvo enfrente a ella.

-Debemos volver a Londres.

-Cierto.

-Tengo que matarla.

-No.

-Y recuperar mis cosas.

-Precisamente.

-Y... y casarme.

-No con ella.

-No podré casarme con un cadáver.- sonrió.

-¿Cadáver?-preguntó Hermione, que en algún punto de las múltiples cosas que mascullaba el mago, se había perdido.

-Pues sí, la mataré.-dijo con toda tranquilidad

-¿E ir a Azkaban y que el ministerio se quede con lo suyo?

Nuevamente dio en el blanco. Lucius Malfoy la miró y se desplomó en el sillón, enfrente a ella.

-Buen punto...- dijo, reflexivo.

-Creo que lo mejor será que se presente rápidamente en Londres e impida que tome posesión de sus cosas en Gringrotts.

-Cierto.- dijo, pensativo- ¿Qué haría en mi lugar, Hermione?

-No se, nunca planeé casarme con una serpiente...- Lucius sonrió ante el doble sentido-, pero creo que intentaría recuperar lo mío antes que nada... y luego fingiría lamentarme profundamente cuando salga en el Profeta que mi casi marido tuvo tan desafortunado accidente.

-¿De escoba?

-Dudo que me vuelva a gustar un fanático del Quiddich... Odio que pongan a las escobas antes que a mí.

-¿Alguna vez ha pensado en casarse, Hermione?-preguntó el rubio. La castaña lo miró sin entender la pregunta.

-No...- reconoció, sintiéndose extrañamente cómoda al estar allí, hablando con el hombre- Creo que el matrimonio es para toda la vida, y nunca estuve segura de lo que sentía...

-Para ser Gryffindor, se resigna bastante.- dijo el rubio.

-¿De dónde viene este cambio de tema?

-Curiosidad mía... Es ciertamente una criatura interesante, Granger. Es Gryffindor, pero piensa como Slytherin.

-No creo que mi forma de ser lo ayude en sus problemas casi maritales, Lucius.- interrumpió, molesta por el curso de la conversación- Será mejor que intentemos transformar estas ropas en algo presentable y nos aparezcamos en Londres.

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Luego de varias ideas y venidas con la varita, Hermione logró que su ropa se convirtiese en una sencilla túnica azul y que los pantalones de seda del mago en una túnica gris de la tela original.

-Buen gusto.- sonrió contento con el resultado de la varita de la chica-, Igualmente lamento haberme dejado los zapatos en el hotel.

-Yo tampoco traje zapatos.-dijo dándose cuenta del detalle. Con otros movimientos de varita, el mobiliario se convirtió en dos pares de botas de color oscuro.

- Creo que servirán.- dijo el rubio, colocándoselas-, espero que luego le pase la cuenta de la ropa que perdió al ministerio.

- Lo haré.- dijo Hermione, luchando con su bota.- Auch- dijo al pegarse con una silla. Lucius alzó una ceja de manera irónica.

- Una auror calificada no puede con una bota... evidentemente es Gryffindor.- sonrió, agachándose a ayudarla. Con cuidado, acarició la delicada piel de la pantorrilla, y siguió su caricia por el borde interior de los muslos... Hermione se había olvidado de todo; sólo tenía presente el camino de los dedos de Malfoy y las múltiples sensaciones que la "inocente" caricia podía darle.

Cuando recuperó el sentido, se dio cuenta que el mago la había ayudado con la bota, y que su mano seguía en su pierna, entre la tela de la túnica y su piel. Los ojos grises de él relampagueaban.

Hermione sentía que su pulso se había perdido en algún momento de la caricia

Se quedaron en esa posición por unos minutos, simplemente mirándose; analizándose como hacían con su enemigo antes de un duelo.

El mago seguía con su mano en la pierna, mientras que subía su cabeza hasta el cuello de la chica. Hermione cerró los ojos, sintiendo una oleada de placer en su espalda; fuertemente intensificada cuando los labios rosados del hombre acariciaron el lóbulo de su oreja, descendiendo con cuidado por la delgada línea de su cuello

-Terminemos esto antes de que nos arrepintamos.- murmuró Hermione, cuando la razón cobró sentido en ella por un momento.

Lamentando profundamente que el momento se hubiese terminado, Lucius asintió y se separó de ella, fingiendo que nada había sucedido.

Hermione se paró con dificultad, fingiendo no ver la mano que el hombre le ofrecía para levantarse.

Con un chasquido desaparecieron, para volver a aparecer segundos después en Londres.

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El ministerio inglés estaba vacío. Hermione recordó la primera vez que lo había conocido, cuando tenía quince años y habían ido a "salvar" a Sirius

Extrañamente, estaba con uno de los principales actores de esa noche fatídica, pero con un sentimiento completamente diferente.

Excitación, adrenalina corriendo por sus venas y seguridad. Pese a estar junto con un conocido ex mortífago, solos en el vestíbulo del ministerio de Gran Bretaña, se sentía a salvo con él.

-Creo que nos apresuramos al venir aquí. Tampoco Gringrotts debe estar abierto.- dedujo Hermione.

-Debe haber planeado una noche de festejo para mañana sacar todo mi dinero.- dijo el rubio, sin soltar a Hermione.

Habían tenido que aparecerse juntos; y no la había soltado, pese a que ella si.

-Creo que deberíamos ir a mi departamento... No me parece buena idea que vaya a su casa en esta situación.

-Puedo pedir una habitación en el caldero chorreante.- dijo el rubio. Hermione se sintió ligeramente molesta por que la rechazase, pero lo ocultó perfectamente.

-Seguramente Tom no tendrá problemas en darle una habitación en esta situación...- murmuró Hermione. Lucius la apretó más contra sí, y con un chasquido desaparecieron; para volver a aparecer en el departamento de Hermione.

Hermione se soltó rápidamente al volver a su departamento.

-En unas horas iré a Gringrotts y espero solucionar todos los inconvenientes.- dijo el hombre. Hermione asintió.

-Creo que podrá dormir en el sillón.- dijo, convirtiéndolo en cama mediante un hechizo. Lucius asintió- Buenas noches.

-Buenas noches.- dijo con tono frío, volviendo a ser Lucius Malfoy.

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Hermione rápidamente cambió su ropa por un holgado camisón y se metió en su cama.

Dio varias vueltas en su cama, hasta que pudo dormirse.

En cambio, Lucius Malfoy seguía revolviéndose inquieto en el sillón, el cual era un poco pequeño para él. Pensó con amargura en Amanda Parkinson, pensó con agradecimiento en Hermione... no sólo con agradecimiento, luego de esa noche su "admiración" como viejos enemigos de guerra había cambiado; sentía que compartían un vínculo no explícito que esa noche había demostrado ser más fuerte que lo que jamás se hubiese. Y gracias a ese, estaba vivo.

Siguió sin poder dormir hasta que vio que en el horizonte, el sol comenzaba a levantarse. Inspeccionó un poco el departamento y rápidamente llegó a la conclusión que Granger lo usaba como lugar de guardar libros, pero que no estaba decorado especialmente para disfrutar. Parecía que la chica no lo sintiese su hogar, sino un mero lugar de subsistencia.

Miró por el mínimo espacio que había quedado en entre la puerta y la pared que la chica no había tenido problemas para dormirse.

Fue hasta el baño y con un conjuro recortó su incipiente barba y vio su habitual aspecto... Estaba cansado de él; quería cambiar. Con otro movimiento de varita, su cabello comenzó a acortarse hasta que quedó prolijamente corto; quitándole unos cuantos años de encima.

Sonrió al ver su nuevo y prolijo aspecto. No parecía más "Lucius el mortífago Malfoy", se parecía más a aquel joven ingenuo que había ingresado a las filas de Voldemort sin saber que era realmente; a aquel joven que había dado el "sí" a Narcissa Malfoy, condenándose a un matrimonio de veinte años donde ninguno había sido feliz.

Salió del baño y se encontró con la dormida cara de Hermione.

-¡Ah!- gritó la castaña asustada- ¿Lucius?

-Buenos días, Hermione.- saludó, besándole la mano.

-¿Qué...?

-Decidí que necesitaba unos cambios...

-Le queda...bien, ¿Ya terminaste con el baño?

-Si, te espero para desayunar.

-Si está apurado por ir a Gringrotts ve...

-Tenemos tiempo; recién son las seis; abre a las ocho.

-De acuerdo.- dijo la chica, bostezando.

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Amanda Parkinson también estaba nerviosa, expectante y contenta. Había arreglado sus principales preocupaciones; resumiéndose:

Tenía el dinero Malfoy, que la idiota de su prima no había conseguido, y para esas alturas, Lucius Malfoy estaría muerto.

Llenó una copa con brandy, el mejor y favorito de Lucius, y lo saboreó antes de beberlo. Realmente no extrañaría a su "casi" marido; sabía que se hubiesen condenado a un matrimonio tan... insulso, aburrido.

Y a ella no le gustaba el aburrimiento, se dijo mentalmente. Sonrió al ver el cuerpo de su amante, que se movía inquieto en la enorme cama matrimonial que se suponía que estrenaría con Lucius Malfoy.

-¿Estás despierto, Blaise?- preguntó con voz suave. La única respuesta que consiguió fue un sonoro ronquido.

Bebió su copa y sonrió al ver que el sol se levantaba. Debía prepararse para su mejor paga actuación, la de la sufrida casi esposa de Lucius Malfoy.