Aclaraciones: La historia de Gravitation ni sus personajes me pertenece. Pertenecen a la magnífica mangaka Maki Murakami.
Esta historia tiene contenido Yaoi así que si eres menor de edad o no tienes el criterio adecuado, será mejor que te abstengas a leerla.
Nota importante: Creo que algunos de ustedes se han confundido un poco, los personajes de la historia no tienen la misma edad que en el principio de la trama original de Gravitation, prácticamente la dinámica que manejo, es el hecho de que Yuki es un escritor famoso, y Shuichi fue el vocalista de una famosa banda llamada BL (cómo sucede en la serie), sin embargo nunca llegaron a conocerse. Por lo tanto, en esta historia Shu tiene alrededor de 24 años y Eiri 28, así que por ahí pueden ir haciendo cuentas de la edad de los demás. Lamento no haber aclarado esto desde un principio, pero más adelante ya tendrán una idea más clara de qué fue lo que sucedió en todo ese tiempo y por qué las cosas están como están. Espero que quedé claro este punto, gracias por leerlo y disculpas.
Capítulo 2. Complicaciones
El chico caminaba con cierto desgano por los pasillos del edificio, deteniéndose en la puerta que se suponía era el baño de hombres. Abrió la entrada de un golpe para adentrarse en aquel sitio y dirigirse hacia los lavabos, en dónde se colocó frente al espejo para observar con cierta desconfianza su reflejo. Se pasó las manos por los mechones de cabellos rosados para despeinarlos un poco, como si esto le ayudase a aclarar sus ideas. Suspiró con cansancio y se empinó al frente para mojarse el rostro con el agua fría que caía del grifo, por lo menos así lograría refrescarse un poco. Volvió a erguirse y se dedicó a seguir con sus dedos el contorno entre negruzco y morado que tenían sus ojos, a causa de las largas jornadas de insomnio que últimamente solían atacarle, las ojeras ahora sobresalían más que antes.
Siempre había sido un optimista empedernido, le gustaba mostrarse feliz, ya que pensaba que el estado de ánimo podía contagiárseles a los demás, y un espíritu entusiasta podía levantar hasta el más pesimista de los estados. Sin embargo, desde hacia unas semanas, no, desde ya bastante tiempo, que ni siquiera recordaba la fecha con exactitud, sonreír con naturalidad se estaba volviendo una tarea difícil de cumplir, algo bastante extraño para la arrasadora personalidad del cantante. Intentaba mantener la fachada de jovialidad solo para evitar las incómodas preguntas con las que los demás no dudarían con bombardearle. Preocupándose por su salud, argumentando que tal vez necesitaba realizarse algunos estudios clínicos, qué tal vez necesitaba recurrir de nuevo a las terapias. Cosas que él ya sabía de antemano, eran totalmente innecesarias. Pero la mayor razón de aquella actuación era evitar preocupar a sus amigos, que desde aquel incidente parecían estar al pendiente de cualquier mínimo cambio en su carácter, que los pusiera alerta de que sucedía algo malo, algo que era bastante común desde lo sucedido aquella vez.
Él mismo ya había superado esa etapa, o al menos día con día trataba de convencerse de que era así, convencerse de que la vida debía continuar y que no valía la pena estancarse por algo que, a pesar de que había sido demasiado doloroso, ahora ya formaba parte de su pasado, pasado que debía dejar atrás.
A pesar de que luchaba con todas su fuerzas por olvidar aquellos momentos, el destino parecía ir siempre en su contra, pues las cosas parecían siempre complicársele, para hacerle más difícil aún todo el asunto. La llegada del rubio era una prueba clara de aquello, no entendía la razón del supuesto interés que el sujeto solía mostrar hacia su persona, siempre estaba intentando acercársele o dirigirle la palabra y eso le molestaba muchísimo.
De antemano sabía cuáles eran sus intenciones, incluso un ciego podría darse cuenta de las miradas que el de ojos dorados solía dedicarle. Estaba acostumbrado a lidiar con personas como él, ya que no era raro encontrarse con ellas en el medio en que trabajaba, pero aquel tipo lo sacaba de quicio, algo dentro de él le hacia querer evitarlo a toda costa, quería evitar tener el menor contacto que se pudiera, hacerle ver que no estaba interesado ni un poco en ser parte de sus aventuras, que no necesitaba alguien que le trajera más tragedia a su vida, cosa que el escritor parecía presagiar, un sinfín de tragedias. Sabía que de cierta forma se estaba comportando como un crío, evitar al rubio todo lo que se pudiera estaba teniendo repercusiones en el avance de las letras de las canciones, estaba afectando el trabajo de todo los integrantes de la banda, además de que lo que lo llevaba a hacer tales cosas era sólo una estúpida corazonada, algo de lo que no estaba seguro, y de lo cual podría estarse equivocando.
– Shuichi. – El pelirosa se sobresaltó al haber sido interrumpido el cauce de sus pensamientos, sin embargo no pareció alarmarse demasiado, conocía perfectamente esa voz, después de unos instantes y tras suspirar largamente por segunda vez, se giró con lentitud para darle la cara al recién llegado.
– Sigues pensando en eso, ¿cierto? – Le interrogó aquella persona, cruzándose de brazos, a lo cual Shu respondió dándole la espalda de nuevo, con la supuesta intención de cerrar la llave del lavabo. El pelirrojo dedicándose simplemente a observar la espalda de su amigo, esperó lo que pareció ser una eternidad antes de que el chico respondiera.
– Sé que estoy complicando las cosas, pero no puedo evitarlo. – Se recriminó el pequeño, consciente de que lo que estaba haciendo estaba mal.
– Si es tan difícil para ti, tal vez deberíamos hablar con Tohma, explicarle las cosas. Sé que entenderá si tomas la decisión de darte un pequeño descanso. – Trató de convencerle el guitarrista, a pesar de que sabía que se encontraban en un momento crucial de sus carreras, y que tenían muchos asuntos pendientes referentes a la formación de la nueva banda con el eterno ídolo del pelirosa. Sabía perfectamente que la prioridad de todos era el bienestar del cantante, por lo que no sería muy difícil posponer algunas semanas los proyectos si esto le permitía al revoltoso vocalista aclarar sus ideas y volver con todo a lo que tanto amaba.
– No, Hiro. – Sentenció Shuichi sin pensárselo mucho, completamente serio. – No puedo seguir retrasando más las cosas, tuve el suficiente tiempo para pensar bien en todo, para deshacerme de las heridas, ahora debo encargarme de asuntos de mayor importancia. – Por algunos momentos la actitud del chico sorprendió al pelirrojo, sin embargo conocía demasiado bien al pequeño para saber que no estaba del todo seguro, pero por el momento no le detendría, dejaría que el chico hiciera lo que le pareciera mejor.
– Nee, volvamos al estudio, los demás deben estarnos esperando. – Shu se colgó del brazo de su mejor amigo con una radiante sonrisa en el rostro, comenzando a jalarle fuera del cuarto de servicio en dirección del estudio de grabación.
Por su lado, cierto rubio, al asegurarse de que no había moros en la costa, abrió con lentitud la puerta del baño, por casualidad había entrado momentos antes a los sanitarios, cuando de repente escuchó la voz del guitarrista del grupo con él que estaba trabajando, y poco después también la del de ojos amatistas, por lo que la curiosidad le ganó, así que decidió esconderse en total silencio, rogando por qué no le descubrieran y quedara como un chismoso que, obviamente no era.
Sin embargo por ese chico llegaba a hacer cosas que hasta a él mismo le sorprendían, pues sabía que jamás haría algo tan estúpido por alguien más. De esa manera fue como logró escuchar la no muy extensa charla que habían tenido los dos chicos. Claro que para Yuki todo seguía siendo un misterio, pues no había entendido nada de lo que estos habían hablado, lo único que el escritor había descubierto es que algo había sucedido en el pasado del pelirosado, que ahora debía averiguar. Estaba seguro de que lograría convencer a Tohma para que este le soltara toda la sopa, así tendría una idea de cómo proseguir con el plan de conquista del chiquillo. Y es que cuando a Eiri se le metía algo en la cabeza, nada lograría que se rindiera, por lo qué haría lo que fuera posible para cumplir sus metas. Vaya, ahora que lo veía desde cierto punto, en algo se parecía al estúpido de su cuñado, que ironía.
De cierta forma estaba molesto consigo mismo ya que se estaba comportando como un colegial enamorado, lo único que le faltaba era mandarle cartitas de amor a Shuichi confesándole sus sentimientos. Se alborotó el cabello con fuerza, se estaba volviendo loco, cada vez estaba pensando en cosas más irreales e idiotas.
Sin esperar, decidió que lo mejor sería volver al estudio, todavía tenía trabajo que realizar, tendría que tratar unas horas más con el imbécil del conejo antes de poder arreglar los asuntos que ahora estaba pendientes.
Al igual que los chicos, salió del baño directo a su actual zona de trabajo, respirando profundamente pues ya se imaginaba el caos que estaba armándose allí, y sí, a varios metros de distancia ya se escuchaban los gritos de cierto integrante del grupo.
Cuando llegó a la puerta se enteró de lo que sucedía: Shuichi estaba arrinconado en una de las esquinas del estudio, mientras K le apuntaba a la cabeza con una metralleta y una mirada de psicópata en el rostro, Hiro y Suguru estaban observando todo al igual, supuestamente divertidos y resignados. Y es que esta ya era una escena común de ver. Por alguna extraña razón que él desconocía, el vocalista no estaba rindiendo al 100 cuando tenía que grabar una canción, así que siempre terminaba siendo amenazado por el manager, mientras el chiquillo se la pasaba berreando y soltando una sarta de palabrerías inentendibles.
Yuki suspiró con pesadez, si bien el chico pelirosa le interesaba, se estaba cansando de lidiar con estos problemas, sabía bien que su mayor cualidad no era la paciencia, así que esperaba no terminar por asesinar a alguno de ellos, sobre todo al otro vocalista peliverde, que ahora que se fijaba bien no estaba en aquella sala, también era bastante normal encontrárselo revolcándose en el suelo con Shuichi mientras "jugaban", que a él le parecía más otra cosa.
– ¡Shuichi! – Se escuchó la voz detrás de Yuki, quien continuaba parado en la puerta, todos se giraron para mirar al que recién llegaba, captando toda su atención. "Hablando del rey de Roma" fue lo que pasó por la cabeza de Eiri, al reconocer inmediatamente el timbre de voz del idiota de Sakuma, pero algo más llamó su atención.
– ¡Shuichi! ¡Mira quién ha venido a visitarte! – La expresión del de orbes amatistas había cambiado completamente, sus facciones le mostraban entre sorprendido y emocionado, y mientras el escritor se preguntaba por qué, la posible respuesta pasó corriendo frente a sus ojos.
– ¡Otou-san! – Un chiquillo de cabellos color chocolate, entre unos 5 y 6 años salió disparado en dirección del vocalista que aún se encontraba en aquel rincón.
– ¡Haru! – Shu gritó con tanta fuerza que casi lo dejaba sordo y sin pensárselo lo envolvió en sus brazos en un abrazo protector, con una radiante sonrisa, que el escritor estaba seguro, jamás le había visto al pelirosa en el tiempo que llevaba de conocerlo. A leguas se notaba que el cantante no cabía de felicidad. Yuki sonrió con levedad, era algo nuevo ver al vocalista tan feliz, sin embargo, el hilo de sus pensamientos se vieron interrumpidos al recordar lo que el niño que aún se encontraba abrazado a Shuichi había dicho.
"¿Otou-san?" El gesto se de Eiri se descompuso a uno de completo horror. "¿PADRE?" Aquella palabra se repetía constantemente en los pensamientos del rubio. No, eso no podía ser verdad, aunque… Ahora que lo pensaba, no sabía prácticamente nada de la vida del pelirosa, así que eso no era para nada imposible.
"¡Mierda!" Pensó el escritor con pesar, golpeándose la frente contra el marco de la puerta, asegurándose de que nadie lo estaba viendo, y apretando los puños con fuerza para retener la ira que le contenía, evitando romper cualquier cosa que estuviera cerca. Ahora todo se complicaba más, si bien, ya tenía suficiente con que Shu se la pasara ignorándolo todo el tiempo, una nueva problemática había llegado a arruinarle y complicarle más las cosas:
El vocalista tenía un hijo, Shuichi Shindou ¡¿era padre?!
+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+.+
Notas de la "Autora":
Lamento el retraso de la historia, he estado en proceso de cambiarme de casa, por lo qué no me ha sido posible estar muy al pendiente de la historia, además de qué con el regreso a clases se me han acabo totalmente las ideas, hasta hoy pude acabar la historia, y darle un rumbo que al menos logró convencerme.
Pues como podemos ver, las cosas se le están complicando a Yuki, sin embargo, no todo es como parece. Pero no sólo a él, sino también a Shuichi, que ya presiente que aquel rubio no le traerá nada bueno a su vida. En el próximo capítulo sabremos un poco acerca de Haru, y veremos si realmente resulta una molestia para el plan de conquista de nuestro querido escritor.
Gracias a quiénes se han tomado la molestia de dejar un review, espero que sigan leyendo esta historia, besos.
(Apenas noté que desde el principio he estado escribiendo mal el nombre de Ryu, no sé por qué no me había dado cuenta, una disculpa a las fans, ¡lo siento!)
