Discramiler: "Nada me pertenece, todo es de Rowling."
Yo solo escribo lo que busco leer y al no encontrarlo siempre, lo escribo.
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Entre varitas y besos
Capítulo VIII
-Auch.- dejó escapar Lucius Malfoy, recostado en al cama del San Mungo.
-¿Se siente bien?-preguntó Hermione, quien estaba leyendo el diario, al lado de él, sentada en una cómoda butaca.
- Si, gracias.- dijo el hombre, cohibido ante la presencia de la chica.
-Arrestaron a Amanda, pero su amante sigue prófugo.- dijo dándole el Profeta.
Lucius bajó la mirada sintiéndose un poco sonrojado ante la situación... no era cómodo hablar de tu prometida y su amante.
Se quedaron en silencio por unos momentos, hasta que Hermione dijo:
-El ministerio le envió esto.
-¿Qué dice?-preguntó.
-No lo sé, está dirigida a usted.
-¿Y no la abrió?-preguntó alzando una ceja.
-No suelo abrir la correspondencia ajena.- dijo molesta.
-Pensé que era un hábito en las mujeres.- sonrió de lado- Al principio me enojaba con Narcissa por ello, pero terminé acostumbrándome.
-Pues puede volver a acostumbrarse a abrir sus propias cartas.- dijo con una sonrisa que el hombre respondió.
-Cierto.
Lucius Malfoy leyó la carta y sonrió.
-Amanda me manda saludos desde Azkaban, tuvieron la delicadeza de darle la misma celda que usé...- bebió un poco de agua que había en un vaso y preguntó- ¿Sabe cuándo me darán el alta?
-Le preguntaré al medimago.- dijo levantándose.
-Que vengan a avisarme, estoy pagando el servicio; no tienes por que hacerlo Hermione.- interrumpió con una mueca- ¿Algo interesante en el Profeta?
-Nunca publican lo realmente interesante.- dijo Hermione, pasándole el periódico, mientras recordaba que las semanas anteriores el mago enfrente a ella llenó las primeras páginas de todos los periódicos.
El mago pareció comprender lo que la chica pensaba y sonrió de lado.
-Era Amanda la que llamaba a los reporteros, no yo. Por mi ni hubiese hecho un compromiso.
-¿Quién hubiese dicho que el mago más fotografiado de los últimos años no le gustaban los periodistas? Saca fotos Oso.- dijo la asquerosa voz de Skeeter.
-¿Sabe que esta violando el decreto de protección del ministerio? Dijo Hermione, con mal humor. La reportera la miró de reojo, pero siguió con sus preguntas, que Lucius no respondió.
-¿Puede retirarse? Evidentemente, no estoy en el San Mungo por propio gusto. Le concederé una entrevista cuando me sienta mejor.- dijo Malfoy con tono arrogante. Hermione vio sorprendida como la reportera sonreía encantada, como si le hubiesen dicho que se casaría con ella.
-¿Haría eso Señor Malfoy?-el rubio asintió- Muchísimas gracias... ¡Una entrevista del mismísimo Malfoy! Vamos Oso.
-Deje las fotos que sacó.- dijo Hermione, deteniendo al fotógrafo, que contra su voluntad sacó la película y se la entregó.
-¿Hace algo hoy a la noche?-preguntó Malfoy, mientras miraba el -Profeta.
-Depende de cuando le den el alta.- respondió la chica con sinceridad, mientras miraba por la ventana.
-¿Si me diesen el alta en unos minutos?-preguntó.
-Creo que iría a dormir... Estoy un poco cansada.
-Entiendo.
Se produjo un silencio tenso, en el que el rubio fingió estar interesado en el periódico, hasta que pareció aburrirse y lo bajó.
-Vamos a ir a cenar.- decidió con tono firme.
Hermione alzó una ceja de manera irónica.
-No recuerdo haber dicho que aceptaba.
-Debes hacerlo... Diré que como el amante de mi prometida esta libre, mi vida corre peligro... Debes cuidarme.- sonrió de lado.
-Pues le pediré a Tonks que me reemplace.
-Tks tks.- hizo con su lengua- Le diré al ministro que eres la única en quien confío.
-¿Siempre consigue lo que se propone?
-Nunca lo dudes.- sonrió francamente- Estoy seguro que le gustarán los jardines de la casa... Narcissa procuró hacerlos preciosos.-dijo, sin tristeza en su voz.
-No creo que sea una excelente idea... El ministerio revolvió todo buscando pruebas en las acusaciones contra Parkinson.
-Los elfos seguramente habrán...
-Los llevaron a interrogar.- interrumpió Hermione.
-¿Sigues buscando excusas para no cenar conmigo?
-Yo también consigo lo que deseo.- sonrió Hermione, de un modo muy Slytherin.
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Hermione estaba estupefacta. El hombre acababa de despertarse luego de una semana en coma y lograba convencer al medimago de que le autorizase salir del hospital con la condición de hacerse un par de chequeos al día siguiente.
-¿Alguna vez fuiste a Hirondelle?- Hermione lo miró con una ceja de manera irónica. Todo su sueldo de un mes no alcanzaba para pagar el vino en ese lugar.
-No tuve el placer.-respondió de modo escueto- Espero que descanse y no debamos volver al San Mungo... Sinceramente detesto el olor a los hospitales.
- Siempre me desagradó- reconoció el hombre-, creo que pasaré por mi casa para bañarme... huelo a ¿Desinfectante?
-De pino y limón.- asintió Hermione.
- Creo que será mejor que nos bañemos antes de ir a cenar.
- No recuerdo haber dicho que iría a comer contigo.- dijo Hermione, mientras Lucius Malfoy se acercaba más y más a ella.
No respondía, de hecho el silencio reinaba en ese pasillo vacío del San Mungo, donde Hermione Granger estaba acorralada entre la pared y Lucius Malfoy.
-No te obligaré a nada que no quieras Hermione. Sobretodo si te desagrado tanto...
-No me desagradas-"más bien creo que me agradas demasiado" pensó para ella misma mientras se mordía el labio inferior nerviosamente-, pero creo que no corresponde que vayamos a cenar juntos.
-¿Por qué no? Finalmente, combatimos en el mismo lado de la guerra, perdimos seres queridos en ella- la mirada gris del hombre se oscureció un poco, pero continuó- pese a lo cerca que podamos estar, nunca me dejaste acercarme a ti.
-¿Y para qué querrías eso? ¿Es una especie de culpa por no haber elegido bien a tu prometida?-El hombre apretó la mandíbula, pero Hermione siguió hablando sin percatarse de ello-, no quiero relacionarme contigo más de lo estrictamente necesario, Malfoy.
-Lucius... y yo decidiré que es necesario y que no.- dijo besando la barbilla de la chica, para luego continuar con la frente- Hoy no saldremos si esa es tu decisión, pero mañana quiero que almorcemos juntos.
Hermione asintió, completamente perdida en los ojos del rubio. Para cuando entendió que había aceptado almorzar al día siguiente con él, el rubio mago presumido ya había desaparecido.
