Discramiler: "Nada me pertenece, todo es de Rowling."

Yo solo escribo lo que busco leer y al no encontrarlo siempre, lo escribo.

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Entre varitas y besos

Capítulo IX

Hermione Granger se despertó luego de un sueño reparador que había obrado maravillas en su restaurada piel. No tenía ojeras y tenía un saludable rubor natural en las mejillas.

El sol estaba en alto y entraba a su habitación a través del pesado cortinado.

Bostezó sonoramente y vio que había una lechuza que volaba por su habitación.

Abrió el sobre y vio una prolijísima caligrafía, cuidada y masculina.

"Hermione, espero que recuerdes que almorzaremos juntos hoy. Te he disculpado la cena de anoche, pero quiero almorzar contigo. Aparece en la chimenea de la biblioteca, te espero a la una. Lucius"

Miró el reloj, quizá si avisaba con tiempo podía cancelar su cita. Pero no, eran las doce del mediodía; tenía una hora para arreglarse para su almuerzo.

Abrió su placard, que lucía prácticamente vacío; a excepción de esa ropa que a ella no le gustaba y no había seleccionado para llevar de viaje.

Miró las pocas prendas que ahí tenía. Un vestido de gala que no daba para la ocasión, un vestido negro que le parecía demasiado escotado y un par de vaqueros que no usaba desde que tenía trece años, pero de los cuales estaba demasiado encariñada para tirar.

El vestido era su única opción. No era su idea de un almuerzo casual, pero dado que el vestido de gala no le quedaba; debería adaptarse.

Con un par de movimientos de varitas, el vestido paso a verde con una delicada guarda bordada en hilo de color ocre.

Los únicos pares de zapatos que tenía allí eran aquellos que no utilizaba; los de gimnasia y unos stilettos; que con un toque de varita redujeron considerablemente su taco y se ensancharon en la punta para que su pie entrase cómodamente.

Faltaba media hora. Se duchó rápidamente y apenas se maquilló. Mojó su pelo con la poción alisadora y este rápidamente quedó en unas prolijas ondas maleables, que anudó en una coleta en su nuca.

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-Muy slytherin; perfecto.- sonrió el hombre que estaba cómodamente sentado en la butaca más grande enfrente a la chimenea de la impresionante biblioteca de la casa Malfoy. Hermione asintió embobada mientras miraba los libros; de repente el rubio careció de completo interés, los libros eran mucho más interesantes.

-Hola.- saludó un momento después, recuperándose de la impresión de ver una biblioteca tan completa y cuidada como aquella.

-Veo que te ha gustado la biblioteca. Suele causar ese efecto de aturdimiento la primera vez que la vez.

-Es preciosa.

-Claro que sí.- dijo demostrando su poca modestia- Mi padre la agrandó considerablemente; fue director de la biblioteca mágica de Londres y varios libros que están aquí son copias únicas junto con los de la biblioteca mágica.

-¡Tienes el Libro de Sibila! – dijo fascinada al ver el libro en la vitrina.

-Nada de lo que dice se ha cumplido, no se por que le dan tanta importancia.

-La adivinación no sirve.- sentenció la castaña- A mi me "echaron" de mi clase de adivinación.

-¿Te expulsaron de una clase?-preguntó el rubio alzando una ceja.

-La profesora me dijo que "carecía de ojo interior" y opté por una retirada estratégica. Francamente, ¿Existe el ojo interior?

-El mío nunca ha funcionado.- reconoció Lord Malfoy.

Un plop interrumpió a Hermione que iba a responder. Un elfo doméstico hizo una profunda reverencia ante ambos magos y dijo:

-La comida está lista, señor Malfoy.

-Perfecto Tipsy, gracias.- se forzó por decir, al ver la cara de molestia de Hermione ante los elfos domésticos- Almorzaremos en el jardín. Por cierto, el ministerio no revisó mi casa.

-No encontraba excusa para rechazar su invitación.- respondió en tono bajo, con un adorable rubor en las mejillas y sonrisa de disculpas.

-¿Por qué cambió de opinión?-preguntó, disfrutando la cara azorada de la chica.

-No cambié de opinión, pero le di mi palabra que vendría.- reconoció Hermione.

La sonrisa del rostro de Lucius Malfoy se borró por un momento, esforzándose a lucirla pero ya sin la calidez que había mostrado hasta ese momento.

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El almuerzo transcurrió con tranquilidad, algunas conversaciones banales y nada más. El ambiente era tenso, ni Hermione ni Lucius se sentían cómodos allí. El "compañerismo" que había surgido entre ellos parecía haberse esfumado, y ahora sólo quedaba un silencio incómodo

Hermione intentó escapar de la situación,

-¿Dónde queda el toilette? Tengo las manos un poco pegajosas.

-Por aquí.- dijo el hombre levantándose y guiándola por uno de los pasillos de la casa –La puerta de madera atrás del jarrón con azucenas.

-Gracias.- dijo la chica.

El baño era igual de impresionante que el resto de la casa. La grifería tenia forma de serpientes talladas en bronce con las expresiones marcadas en oro. Las paredes lucían prolijas con el diseño de mármol verde que contrastaba con el piso de mármol blanco, adornado por una guarda verde.

Después de perder algo de tiempo y rogar que el mago se hubiese cansado del fracasado almuerzo, Hermione salió del toillette, encontrándolo sentado en la mitad del pasillo en una silla tapizada en cuero de algún animal extraño.

-¿Fue un fracaso, cierto?- preguntó mirando la pared de enfrente suyo, sin saber bien como empezar una conversación sobre la conversación nula durante su almuerzo.

-He tenido almuerzos peores.- sonrió Hermione, sintiéndose al fin un poco más cómoda.

-No creo que haya habido algo más tedioso que este almuerzo. No tenemos idea de que preguntar y que no.- reconoció el anfitrión.

-No hay por que forzar las cosas.- dijo Hermione con naturalidad- Al fin y al cabo pertenecimos a bandos opuestos en la guerra, nunca me llevé con Draco – los ojos del hombre se oscurecieron al recordar a su hijo- y sólo nos llevamos un poco mejor por una casualidad.

-¿No crees en el destino, no? –preguntó de repente.

- No francamente.- reconoció la castaña.

-Yo sí.- dijo con tono suave- Creo que somos bastante parecidos, de hecho usamos las mismas estrategias de evasión entre nosotros.

-No los estoy evadiendo.- interrumpió Hermione, sintiendo que necesitaba "des ofender" al mago.

-Para empezar no quisiste almorzar conmigo...

-No quise forzar algo que no va, no lo quise "evadir"...- intentó discutir.

-Yo sí.- interrumpió sorprendiendo a Hermione. Tenía la mirada fría y cuando se paró, Hermione recordó cuanto más alto era.

-¿Por qué?-preguntó Hermione, recordando la antigua doctrina de Voldemort y cuestionándose mentalmente como reaccionaría, cuanto daño le haría que la emplease como argumento.

-Por que me recuerdas a Narcissa.- respondió con sinceridad- No físicamente, pero Narcissa solía responder de modo parecido al tuyo y es realmente desconcertante.

-Estoy segura que un tiempo conocerá a alguien que le recuerde a si misma y podrá continuar.

-No quiero continuar.- reconoció recostándose contra la pared. Hermione lo miró extrañada, sin entender.

Era una situación sumamente surrealista, pero Lucius Malfoy estaba demostrando que también podía ser débil.

-Nada te obliga, Lucius.- murmuró Hermione, recostándose en la pared, enfrente a él.

El mago sonrió, sin responder en palabras. Lentamente se acercó a la castaña, que por alguna razón estaba estática. La tomó de la nuca y sin pensarlo una vez, comenzó a besarla. Hermione se abrazó a él y respondió al beso con ansias.