Hasta que ella duerma
Por Katsumi Kurosawa
Capítulo 3
La chica de la playa
Años antes…
Estas sentado a la orilla de la playa.
Junto a la palmera y bajo el sol.
Daba miedo que Hao pudiera conseguir su fin maquiavélico y logró llevarte al mar ese día en el cual estas deprimido porque has terminado con tu novia.
Pero… ¿Sería verdad que Tamao no era para ti?
Tamao no fue contigo al mar; obvias las razones. Sin embargo, ella también es amiga de todos los que están ahí: Manta, Horo-Horo, Pilika, Ren, Jun, Opacho, Hao y… por supuesto… tú.
Tienes dieciséis años. Es por eso que piensas que eso de Tamao es una estupidez para deprimirte; sientes que le estás dando mucha importancia a lo que no funcionó con la pelirrosa.
Suspiras. La brisa del mar te trae aquel olor maravilloso… te saboreas y vuelves a llenar tus pulmones de aquel puro aire.
—Chanel—susurras adivinando el aroma que ha hechizado tus sentidos.
Tamao ha quedado muy lejos cuando buscas a la dueña de semejante aroma.
La ves. Es una chica rubia que camina solitaria por la playa con las sandalias en mano, un sombrero de palma cubriendo sus rasgos a la sombra y un lindo vestido color vino, levemente corto.
Tendrá tu edad o más pequeña.
Que cosa más linda…
La sigues con la mirada y gracias a Kami ella no lo ha notado.
Se mueve con ritmo, balanceando las proporcionadas caderas al son del caminar de sus torneadas piernas.
Se ha sentado entonces a metros de tu presencia mientras se quita el maravilloso vestido vino y te deja ver el precioso bañador color azul de dos piezas que muestran su imponente figura.
Te quedas petrificado.
Notas que tus rodillas tiemblan. No sabes exactamente por qué… si es el hecho que el bañador le queda excelente o… que es hermosa o… que sabes que es amor a primera vista.
El sol la acaricia y de momento piensas que quieres alargar uno de tus rayos para tocarla…
Te levantas torpe.
Tratas de dirigirte a ella pero estás atontado. Te ríes de ti mismo puesto que o estás muy enamorado… o es el hecho de que tus piernas se han dormido de tanto tiempo que llevabas sentado esperando un milagro como ese.
Es entonces cuando tomas el valor y fuerza, te acercas a la niña de cuerpo dorado… sólo necesitas hablarle.
—Hola, Hao… no te había visto —te dice cuando estás a medio metro de ella.
Tratas de decirle que no eres Hao pero tus piernas se hacen de mantequilla y estás algo ocupado tratando de sostenerte en pie.
— ¿Puedo sentarme? — intentas decir y ella asiente como si quisiera decir "¿Qué más me da…?"
—La última vez que te vi, tenías el cabello muy largo… —susurra dejando caer su cabeza hacia atrás con la intención de que el sol llegue hasta el último rincón de su cuello mientras que se apoya con sus manos.
Te le quedas viendo nada disimulado a aquel par de divinas formas que se irguen ante ti como esperando al contacto con tus manos.
Sonríes y tratas de desviar la vista, tu sonrojo se hace más evidente a los rayos del sol.
—Yo… —comienzas—. Yo no soy Hao.
Ella analiza tu mirar y se da cuenta que lo que dices es cierto.
—Asakura Yoh… —extiendes tu mano y te da la suya.
—De todas formas eres su hermano… ¿No es así?—te escudriña cual cucaracha aplastada y continúa viendo el mar—. No habías venido ¿Cierto?
—Pues… no—te rascas la cabeza y tratas de capturar el punto que ella mira. Pronto te das cuenta de que ella sigue siendo sólo "ella"—. ¿Cuál es tu nombre? —sueltas con poco tacto, como es característico de ti.
—Kyouyama Anna —susurra.
Le sonríes de forma boba. Anna se te queda viendo como indiferente…
Es fría, lo sabes, pero hay algo en ella que te gusta mucho y no sabes porqué. Sólo quieres quedarte ahí a ver la brisa jugar con su cabello.
—Lindo tu vestido —le sueltas al azar y ella te ve como si fueras un maniático sexual—. Lo digo con buenas intenciones—haces un puchero cual niño de seis años.
Ella se limita a regresar su gesto de desconfianza al de indiferencia.
— ¿Vives aquí? —le preguntas nuevamente al azar puesto que te has dado cuenta que ella se resiste a una conversación.
—No… —musita— Por ahora vivo en Morioka. Pero nací en Aomori y cuando era más pequeña venía con mis padres a esta playa, tenían una casa aquí.
— ¿O sea que vendieron la casa?
—No. Es mía… o lo será al menos cuando sea mayor de edad —agrega sin perder ese matiz helado en cada palabra—. Dije "tenían" porque murieron cuando tenía ocho años.
—Lo siento —te sientes estúpido.
Pasa un rato en un silencio incómodo.
— ¿Estarás en la fiesta? —te sorprende rompiendo el silencio.
—Sí —susurras simple—. A eso me trajeron… aparte de olvidar a mi ex-novia.
Vuelve a guardar silencio.
Tontamente te imaginas que ha de estar feliz de enterarse de que estás libre. Eres un niño muy iluso… sólo eso se cruzó en tu mente después de semejante pensamiento idiota.
— ¿Cuántos años tienes? —calculas antes de que conteste.
—Quince —tus cálculos han fallado puesto que la has creído de tu edad— ¿Y tú?
—Dieciséis —miras tus pies con interés.
Después se despide excusando que sus tutores quizá estaban preocupados aunque a ella no le importa mucho.
Después te dice que espera verte y hablar contigo en la fiesta porque no todos los amigos de Hao le caen bien.
Te quedas aun en la arena con el corazón latiendo con fuerza y tus ojos perdidos en el cielo.
Más tarde, tratas de que algún tipo de ropa no se vea tan desaliñado pero aun fresco porque al entrar la noche, hizo un calor similar al del día.
La fiesta de Hao estaba muy animada. Sobre todo cuando el baile era el centro de atención.
De pronto entre el ruido y la brisa salina vuelves a sentir aquel aroma del perfume caro.
—Hola —dice a tus espaldas y te sobresaltas.
Giras en tu eje y la encuentras con su vestidito azul y sandalias a juego.
—Horrendo ¿No es así?—se refiere a su atuendo—. Mis tutores me obligan a vestirme de color… creen que tengo una fijación con el negro.
—Pues te queda bonito —le sonríes y ella baja la vista y su cabello cubre los rasgos más destacados de su lindo rostro
Parece que no quiere que veas su expresión. Quizá sonríe y es cruel al no mostrártelo.
— ¡Anna!
—El día se ha arruinado —susurra la rubia girando lentamente la cabeza para ver a Hao Asakura acercándose a ambos.
—Ya conocías a mi hermano… que bien… —su tono es algo entre burlón y celoso.
Anna le regala una sonrisa sarcástica.
—Voy por un refresco ¿te traigo uno, Anna? —no sabes cual es la razón de decirle eso.
Ella asiente.
No quieres dejarla. Menos con él… que mata a toda mujer que ve y la convierte en su seguidora zombie.
Tomas unos vasos y los ves de lejos. Ella sigue indiferente mientras responde una que otra pregunta de Hao.
Cuando estás por regresar con ellos hechas otro vistazo y tu hermano acaricia levemente el hombro de Anna.
Estás en un trance de enojo. Sólo hasta que sientes la mano izquierda algo fría es que te percatas que has hecho pedazos uno de los vasos.
—No te preocupes Yoh —Horo se ha acercado a ti—. Ella no le hará caso nunca. Es muy inteligente puesto que sabe quién tiene malas intenciones… además… cinco, cuatro, tres, dos, uno…
¡CLAP!
—Todas sus conversaciones terminan así —termina Ren quien se ha acercado también.
Ves a Hao sonreír. No puedes creer que le divierta ser abofeteado.
Al parecer, a ella también le divierte porque por fin sonríe cruelmente.
—A él le fascina que ella haga eso —agregó Horo sin importancia— ¿Desde cuándo la conoces?
—Hoy en el mar.
—Nunca le hemos hablado. Nosotros la conocemos de vista desde el verano pasado… —susurró Ren dando un elegante sorbo a su vaso.
—Seh…
Te acercas entonces mientras Hao se ríe, despidiéndose. Dice que hay muchos invitados a los cuales no les ha dado la bienvenida.
Anna te mira y recibe su vaso.
Después de unas horas, te dice que te invita a ir a su casa un rato, que sus tutores la han dejado sola, como había pedido.
Le has dicho que sí…
Mientras caminas por la playa sientes algo siniestro que va despertando cuando comienzas a sentir confianza con alguien.
—Les pedí que me dejaran un tiempo más y accedieron porque saben que esa casa es de mis padres —susurró cuando caminaban por la arena blanca que iluminaba la luna.
—Que raro a tu edad y te dejen sola… —sonríes como bobo.
—Fue más difícil de lo que crees…
Pronto llegan a lo que parece una elegante casa de playa con el pórtico de madera, sillas colocadas estratégicamente para ver la luna y el mar, y un tinte solitario, provocado por la nada.
—Quieres pasar o nos quedamos aquí —levanta su poderoso mirar hacia ti y las piernas se te hacen de gelatina.
—Aquí está bien…
Te sientas en una de esas curiosas sillas y puedes mecerte en ella cosa que te fascina. Tratas de no hacerlo porque sabes que te verías totalmente tonto.
La brisa salina se siente excelente en lo que la frescura del aire nocturno hace un buen contraste con el aparente calor.
La luna se irgue poderosa ante ustedes y sabes que estas embriagándote de esa chica. No sabes si eso es peligroso o puede ser lo mejor que va a pasarte en la vida.
La banda sonora de la noche es el sonido del mar quien danza con la luna en un perfecto vaivén.
Pronto Tamao vuelve a tu cabeza.
—Mamá dice que debo encontrar a una niña muy linda—dices sin ningún rumbo y de momento ha parecido una insinuación—, que debe ser lo opuesto a mí: que se tome las cosas en serio, que sea ambiciosa aunque no exagere, que vea por mi bienestar… no sé si me aconsejaba o me insultaba…
Te detienes.
Sabes que Tamao no tiene nada de lo que quería tu madre para ti y aun menos…
Anna sigue callada escuchando tus niñerías y siendo lo suficientemente madura para tratar de entender a tu madre.
—Pero papá dice que debo olvidar lo que dice mamá y tratar de que la chica me robe el corazón a la primera y así averiguar si ella me corresponde —te ríes como el idiota que eres pensando que ya sabes de donde sacaste eso idiota—. Pero también dice que es difícil que una chica me robe el corazón a la primera y ha tenido razón… también dice que hay que esperar a que el gusto se convierta en cariño y suba peldaños hasta convertirse en amor…
— ¿Por qué me dices todo esto? —dice simple, directa, como notando que tramas algo aunque en verdad no es así.
—Por nada en especial… —suenas muy sincero—. Sólo reflexionaba en la verdad tan obvia… ella y yo no funcionamos y sé por qué…
Ella hace un ruidito. No sabes si es porque le importa un pepino tu vida o simplemente le parece raro que trates de hablarle de algo que consideraría personal.
— ¿Y tú?—sacas de repente— ¿Cuál sería tu hombre ideal?—has sonado tan cursi que te ha dado risa.
Ella lo piensa. Continúa callada, como malhumorada pero parece ser que esa es su manera de ser.
—Mamá quería que me casara con un príncipe—comienza como si le desagradara la cursilería de sus palabras—. Caballeroso, nada holgazán, que supiera valerse por sí mismo, que se atreva a dejar todo por mí… refinado… musculoso… no sé… tú sabes… también tienes madre…
—Pero no sé lo que una madre querría para su hija…
Ella suspira. De alguna manera intuyes que Anna realmente quiere un hombre como el que quería su madre. Si no es por gusto propio, tal vez en honor a la memoria de la mujer que sólo quería el bien para su hija.
Se quedan callados nuevamente…
Sabes que te gusta hasta ese punto de la noche. Es muy agradable estar con ella.
A la mañana siguiente regresas a su casa y la invitas a pasear por la playa.
Ella accede.
Paseas con ella el resto del mes y la emoción crece. Te despiertas todos los días para verla, te duermes pensando en ella.
Es tan raro lo que llegas a sentir por alguien que apenas conoces. Es tan fuerte la confianza que llegas a sentir por ese alguien.
Sin embargo después de tanto tiempo que pasan paseando por esa playa, se lo dices.
Sí, se lo dices.
Tu corazón late con rapidez y sientes como tus manos han aumentado su temperatura mientras esperas a que ella te responda.
Has elegido el lugar, junto a la palmera y bajo el sol donde la conociste, para decírselo.
Tartamudeaste un poco pero por fin pudiste sacarlo.
Diez segundos parecen horas cuando ella despega los labios lentamente para sonreír.
Crees que estás muerto y que se va a reír de ti…
—Sí —te dice entonces con una sonrisa.
Una de las pocas sonrisas sinceras que ella te ha regalado en exclusiva.
La abrazas.
Kami…
No puedes creerlo…
Ella ha dicho que sí… ella es tu novia…
Levanta el rostro y te ve sin borrar su sonrisa. Estas tentado…
Bajas la vista a su boca acercas la tuya para depositar un beso suave en lo que rodeas su cintura…
En serio estás enamorado…
Continuará…
Notas del autor:
Mmmm… es curioso lo que escribo después de una cita con el ortodoncista y modifiquen mis frenos. Porque si señor, tengo brakets! Braces! Frenos… como quieran decirles… uuU ya llevo los dos años y espero que me los quiten y será pronto.
Mmm y eso que importa, importa el fic…
Por fin escribo un capítulo largo OH! KAMI! Bueno, nueve hojas de Word es algo… o no? xDDDD por lo menos para mí lo es, que de seis hojas no pasaba.
Este capítulo como se dieron cuenta ya, es de hace unos años, la edad de Hana para ser exactos.
No quise empezar la historia con esto porque… no sé, amo las historias que te plantean las consecuencias y luego te dicen los actos que llevaron a esas.- Kami… que soy complicada.
Algunas ideas me las dio la canción "la chica de ipanema" que interpreta Jarabe de Palo en español. Porque originalmente viene del portugués, Garota de Ipanema
Espero que lo hayan disfrutado…
Ja ne!
Ciao…
Y… Que los ilumine la eterna luz!
