Hasta que ella duerma

Por Katsumi Kurosawa

Capítulo 4

La despedida

Has paseado de la mano con ella por toda la playa.

No cabes en ti mismo de felicidad…

Hasta que esa mañana una llamada de tu madre cambia tus planes y derrumba tu mundo en menos tiempo de lo que jamás te imaginaste.

Ella tiene razón. Ya faltaste una semana a clases por estar con la rubia y el regaño de mamá ha sido bastante severo.

La citaste esa noche.

Quieres despedirte de buena forma, explicarle que las circunstancias piden una separación física durante un lapso.

Sin embargo las palabras de Anna suenan en tu cabeza… "Caballeroso, nada holgazán, que supiera valerse por sí mismo, que se atreva a dejar todo por mí… refinado… musculoso… no sé… tú sabes… también tienes madre…"

—No soy nada de lo que ella quiere… —aquel murmullo sólo lo has oído tú.

La miras delicadamente.

Han llegado de nueva cuenta a la casa de playa de Anna y le has pedido que vista aquel atuendo color vino con el que la conociste.

No sabes por qué ha accedido con tanta facilidad, pero así es, lo tiene puesto y le queda maravilloso.

La casa por dentro es simplemente sublime. De decorados rústicos a cierto punto, bambú por todas partes y muebles de mimbre de lo más fino.

Todo dorado, beige y café, aunque vivo, de alguna manera, vivo.

Ella te sirve algo de refresco de sandía que había preparado.

Estás sentado en uno de esos sillones para dos a los cuales les llaman "love sit"…

El refresco aunque está delicioso, pasa con dificultad por tu garganta. En realidad no sabes que tu rostro y tus actos te delatan.

Anna te ve fijo y eso hace que te pongas frío.

Se sienta a tu lado y te ve aún.

Sientes de pronto una necesidad de disfrutar tus últimos momentos con ella. Se nota puesto que no puedes alejar tus manos de su cuerpo por un segundo.

Te mira extrañada cuando le atraes a ti con uno de tus brazos y es tan pequeña que no haces esfuerzo alguno.

Vuelves a buscar su boca. No quieres perder aquel dulce sabor que se ha vuelto tu adicción.

La sueltas sin quererlo.

Ella hace un ruido que interpretas como un "¿Qué te pasa?". Con eso sabes que tienes que decirle.

Antes de que comiences, la rubia se levanta y se dirige a la ventana y ve el mar moverse triste ante sus ojos.

—Ese movimiento del mar ha sido siempre como noticias tristes para mí… —dice y tratas de armarte de valor para no lastimarla con más tiempo.

—Tengo algo muy importante que decirte… —susurras con apremio, te levantas y te acercas a la ventana mientras notas como su cabello se mueve con la brisa.

Ella se acomoda un mechón dorado, como si esperara con paciencia que le expliques por qué has estado comportándote de esa manera tan extraña.

—Por el tono en el cual lo dices parece una muy mala noticia —mira al piso como si ya supiera lo que vas a contar.

—Me voy… regreso a Izumo—tratas de decir pero es de alguna manera muy difícil de sacar—. Mañana…

Ella mira al piso todavía.

Se ha quedado tensa.

Parece que oscila entre temblar y quedarse quieta y es por eso que parece rígida.

No voltea, ve a la nada y te sientes el desgraciado más maldito que existe.

Das un paso y la abrazas por la espalda.

Ella se ha quedado tan inmóvil que da miedo. Su silencio es muy extraño aunque sepas que desde siempre ella no habla mucho.

— ¿Cómo es que me lo dices justamente hoy? —musita quedamente y no encuentras una emoción clara en sus palabras.

—No lo sabía. Mamá me llamó en la mañana…

— ¿Cuándo volveré a verte? —pregunta dándose la vuelta para levantar la vista, escudriñarte e intimidarte.

—Ah —vacilas. Aquella mirada tiene un efecto poderoso en ti—. No lo sé…

Tratas de desviar la mirada pero es tan penetrante que te obliga a ver.

Sin embargo sus ojos cristalinos han derrumbado tus defensas y tu única salvación es abrazarla más fuerte.

Miserable no es una palabra que alcance a describirte. Algunos insultos fuertes se te ocurren…

De hecho no hay palabra alguna, insulto alguno que lo logre.

—Un mes… —le dices algo desesperado—. Lo prometo, volveré en un mes… vas a esperarme junto a la misma palmera y bajo el sol… a las cuatro de la tarde. Regresaré por ti y te convertirás en mi esposa.

—Yoh… —musita ella y por fin responde a tu abrazo escondiendo su rostro en tu pecho, provocando que unas lágrimas corran por tus mejillas.

Lo logró. ¿Cómo? ¿Es tan impetuoso lo que sientes por ella?

Te acaricia la espalda con delicadeza. Agradables escalofríos recorren tus sentidos mientras lo hace.

Es increíble lo mucho que estimula tu olfato con el perfume, tu oído con su voz, el tacto con sus manos, el gusto con su boca…

Bajas la cabeza y besas su cuello lentamente provocando que Anna ladee la cabeza para que tengas mejor acceso.

La estrechas en tus brazos. Sabes que lo que sientes no puedes demostrarlo de otra manera.

—Te amo –murmuras convencido.

Ella se queda quieta. Sientes que de alguna manera no te cree… claro, es inverosímil amar a alguien en tan poco tiempo…

Acaricias su cintura.

—Te amo… —recitas nuevamente mientras continúas besando el terso cuello y ella responde con pequeños suspiros.

Repites esas dos palabras fuertes y ella te mira a los ojos para enterarse de la verdad.

Te amo,vuelves a repetir. Los ojos de ella se vuelven espesos.

Te adueñas de sus labios y ella corresponde suavemente ante tu arranque de instinto.

Nunca habías sentido algo así.

Feroz…

Trazas el camino de besos desde su boca, su mentón, su cuello, su pecho, quitas con una habilidad desconocida los primeros botones de su vestido color vino y en cada abertura besas la piel que se va descubriendo.

Ella cierra los ojos.

Parece tomar el acto con mucha madurez.

No sabes lo que te pasa. Te das cuenta que te estás sobrepasando de los límites y sin embargo ella no te detiene.

El último de los botones marca un beso tuyo en ambos muslos y Anna salta ante tu atrevimiento.

Te levantas para volver a su boca y la rubia se ve tan dulce que hasta la ves… inocente.

Supones que lo es y tal hecho provoca más seguridad en tu persona y la tomas de la mano. La llevas a su cuarto…

Apagas la luz.

No imagina cuan nervioso estás.

Vuelves a su boca tratando de no parecer lo que eres… un abusivo…

Ella sigue respondiendo dulce.

Apenas rozas el vestido y provocas que se caiga de los hombros de la chica. Observas su cuerpo con cautela ya que sabes lo tímida que es.

Acaricias su espalda mientras capturas el lóbulo izquierdo de su diminuta oreja. Logras arrancarle más suspiros.

La empujas ligeramente y provocas que se baje de sus lindas sandalias negras.

No se anima a quitarte la ropa, así que comienzas por desatar tu camisa botón a botón.

Cuando vas por e tercero ella levanta ambas manos y detiene las tuyas.

Te quedas quieto. Piensas por un segundo que se ha arrepentido de lo que comenzaste… sin embargo en un movimiento más continúa quitando los botones y cuando nada une la camisa la jala débilmente y esta cae también.

Le sonríes. Ella te besa de nuevo y sus manos capturan el broche de tus pantalones. Lo desata y de un dos por tres ambos visten sólo su ropa interior.

La abrazas. Te quedas estático un momento esperando que ella piense las cosas y te detenga pero sólo recuesta la cabeza en tu hombro en lo que tú miras su cama con temor.

Sigues acariciando su espalda y te topas con el broche del sujetador. Sonríes… Hao te ha contado que al principio es difícil de quitar…

Te concentras al tacto y lo quitas tratando de no parecer estúpido.

Ella abstiene el aliento…

Aquello es como confirmar la culminación.

Sin quitar la prenda caminas hasta tropezar y caer con ella en la cama, miras sus ojos y vuelves a besarla.

Es ahí cuando deslizas la prenda y un vacío en el estómago te avisa que falta sólo una…

Ella se adelanta a tu acto y coloca las manos en tus boxers para deslizarlos lentamente y quitártelos.

Contienes el aliento.

Sólo una…

Una prenda…

Tomas las bragas y las deslizas también…

Es ahora cuando la ves a los ojos y te pierdes en ellos…

Te colocas sobre ella… tienes algo de miedo por continuar…

Te introduces levemente…

Escuchas sus suspiros.

De momento a otro en el cual te ha desquiciado el calor interno, ella suelta un grito reprimido.

Te asustas.

Mantiene los ojos cerrados…

—Abrázame —musita extendiendo sus brazos y la obedeces por sentirte culpable.

Continúas el vaivén. Anna no vuelve a gritar.

Estás ocupado en asimilar todo eso que sientes, la primera vez que lo sientes; lo disfrutas sin poner peros…

Llega el momento en el cual percibes como eso que en tu vida te imaginaste sentir… aquello maravilloso, placentero, delicioso, llega a su fin.

Te detienes.

Te recuestas en su pecho mientras jadeas débilmente, aferrándote a la cintura de esa, la mujer que amas.

Anna acaricia tu cabello.

Qué he hecho… te preguntas de manera estúpida. Como si fuera un shock darte cuenta ya con la cabeza fría.

Te recuestas a su lado; la abrazas…

No las soltarás…

Voy a amarte por la eternidad…

Continuará…

Notas del autor:

Sí… como pueden notar, me equivoqué de capítulo pero aquí está el verdadero, porque había subido el de Entre azul y buenas noches en este… u.u Error de tecleo xDDDDDD

Espero no me haya pasado de la clasificación que traté de no hacerlo… ya sé, he escrito cosas peores pero creo que esta vez entro en la clasificación T… XDDDD

Bien cursi el fin del cap pero… mmm… bueno xDDDDD

JAJAJAJA

Bueno… más rápido de lo que esperaban en cuarto capítulo y tal vez me tarde más en el siguiente…

No desesperen…

n.n

Ya verán que todo se solucionará XDDDDD

Ja ne!

Ciao y que los ilumine la eterna luz!