Hasta que ella duerma

Por Katsumi Kurosawa

Capítulo 6

No volvió

Las maletas están el la puerta.

Una semana falta para que se cumpla el mes que le prometiste a Anna para volver.

Empuñas la mano con fuerza. No has podido resistirte a la voluntad de tus padres que han sido crueles haciendo semejante cosa.

Cuando el avión a Inglaterra comienza a elevarse, recuerdas que Hao puede decirle a Anna algo importante…

Pero ya no puedes…

La pena te consume…

Cuando pones un pie en Inglaterra, un mensaje de texto es lo que le mandas a Hao.

"Dile a todos que le guarden a Anna el secreto de que estoy aquí"

Dice.

Lo meditas cuando vas en camino a la casa de Lyserg, un viejo amigo y con el cual te quedarás hasta que la tormenta ceda.

Te quedarás ahí por dos largos años…

…………………………………

Algo te despierta desesperada ese día. No sabes por qué razón.

Llegaste un día antes a la playa para verlo y ese era el día en el cual lo verías.

Llega un punto de las tres y media de la tarde y tú te encaminas a esa palmera.

Llevas tu sombrero de palma y algo de bloqueador solar.

Te sientas y tu reloj da las 3:55 de la tarde.

Te aplicas el bloqueador y continúas esperando.

De pronto el reloj que da las 4:30 parece estar algo adelantado para tu gusto y la desesperación cede ante la calma.

Te abrazas las rodillas.

De pronto te pones a pensar que eso natural de las mujeres no te ha visitado y quizá días de retraso.

Bajas la vista y ves la arena.

No sabes que haces ahí si ya son las cinco de la tarde y te cubres con un pareo para que el sol no siga cambiando la tonalidad de tu piel porque el bloqueador quizá ya no es efectivo…

Te levantas a las seis de la tarde y te diriges a tu casa algo ensimismada por ser tan estúpida y creer en las palabras de un tipo que ni siquiera conocías.

Cuando entras a tu casa piensas que quizás eres demasiado cruel e Yoh se retrasó… llegaría al día siguiente talvez…

En ello piensas en aquella noche que te había cambiado la vida.

Piensas en la manera perfecta como él acarició tu cuerpo…

En eso pasan dos días.

Luego piensas en el perfecto tino del desliz de su mano al quitarte los botones del vestido.

En eso pasa una semana…

Cuando llegas a pensar en que te quitó la ropa interior cual experto en el arte, es cuando concluyes que te ha engañado de una manera cruel y caíste como la niña estúpida que eres.

Seguramente él era un experto… Seguramente sabía engañar a las mujeres y las llevaba a la cama igual que Hao.

Seguramente toda aquella torpeza, ese cuento de su madre, sus palabras diciendo "Te amo", quizá todo eso fue una jugarreta para que te le entregaras…

Pero que estúpida has sido…

Te vio la cara nada más…

Él no te amó… nunca te amó…

Pronto te das cuenta de que tu retraso se ha prolongado cerca de dos quincenas y cuando vas con el médico, él te asusta con lo que de hecho ya sabías y sin embargo tratabas de justificar con algún otro padecimiento.

—Estás embarazada —susurra el doctor rubio, Fausto.

Te llevas la mano a la boca.

¿Qué?

Desilusionada, engañada… sola, abandonada y… encima ¿Embarazada?

Sales del consultorio con cordura y seriedad.

Lo que le dices a tus tutores sólo desata una bomba de insultos y degradación a tu persona cosa que te vuelve demasiado vulnerable y sin embargo, enfrentas todo con una cara seria… enfrentarás tu responsabilidad tal cual.

Tus tutores enfriaron la cabeza una semana después… cuando tu doctor dice que tienes cinco semanas de embarazo.

Te han enviado a la casa de playa… a vivir y terminar tu bachillerato en una preparatoria abierta…

Trabajas como la mesera de un restaurante de mariscos y estudiarás por las mañanas.

Es duro mantenerte por ti misma pero sabes que te lo mereces por tonta. Te fallaste a ti misma…

Que ganas tenías de ver a ese maldito de Yoh Asakura para desgajarlo a golpes.

Aunque se necesitan dos para bailar tango…

En todo caso la más descuidada fuiste tú…

No sabes ni siquiera que estás siendo muy dura contigo misma.

Una noche estás recostada en tu cama tratando de descansar. Miras al techo y piensas en él…

No volvió…

Tus ojos se llenan de lágrimas y tratas de negar que se deslicen por tus mejillas hasta perderse en tu cuello.

—Maldito…

Te levantas de tu reposo. Tus cuatro meses de embarazo apenas se notan porque eres muy delgada.

Te pones una camisa más propia y sales de tu casa como impulsada por el magnetismo de la sobrenatural luna.

La miras en el cielo. Caminas sin rumbo mientras acaricias tu vientre tratando de dejar el llanto y la tristeza porque sabes que él lo sentirá también.

Lo último que quieres es que él o ella, también sufra.

—Anna… —esa voz de pronto te pone alerta.

Lo ves parado frente a ti. Su cabello castaño está atado en una coleta.

Tiene una camiseta blanca con una estrella roja al frente y unos shorts de mezclilla acompañados con unas sandalias.

Los ojos se te llenan de lágrimas en lo que él te ve sorprendido.

No sabes cómo pero corres para alcanzarlo y lo abrazas de la manera más fuerte que tu cuerpo te permite en lo que lloras débilmente.

Esto del embarazo te tiene muy sensible. Es odioso no poder contener las lágrimas.

—Hao —le murmuras aforrándote a su pecho sin dejar de llorar— ¿Qué pasó con él? POR FAVOR… dime… dime ¿qué pasó con él?

El castaño te responde el desesperando abrazo.

—Iba para tu casa en este mismo instante… yo… quería verte…

—Hao… ¿Qué pasó con Yoh? Dime por favor…

—Desapareció… —murmura el chico

No haces más preguntas. Con eso ha bastado…

Te pide ir a tu casa así que tienes que regresas sobre tus pasos.

Lo invitas a pasar y se sienta en ese mismo sillón en el cual se sentó Yoh la última vez. Le ofreces refresco de melón y te sientas frente a él después de quitarte la camisa que portabas quedándote en una camiseta.

Hao te ve extrañado. Deja de tomar puesto que ha notado la nueva forma de tu cuerpo.

—Anna… —comienza.

—Estoy embarazada de Yoh —le cortas en lo que el castaño se queda petrificado ante la idea.

—Pero… —el chico tiene los ojos muy abiertos de la sorpresa. Se muestra desesperado de momento a otro y se acomoda con frecuencia los mechones sueltos de su coleta—. Él no lo sabe…

—Claro que no… —por fin estás seria, no sabes por qué pero ahora estás tan dura como una piedra—. Hazme un favor: no quiero que se entere…

—Pero Anna… algún día va a regresar y se va a enterar de que…

—NO… no tiene por qué… el hecho de que sea su padre biológico no quiere decir que pueda ser…

Pero te callas porque no sabes a donde dirigir tu argumento.

El muchacho se queda callado también, pensando en algo, como una batalla interna por decirte lo que sabe o no.

Dile a todos que le guarden a Anna el secreto de que estoy aquímurmura y casi no lo oyes.

— ¿Cómo? —tratas de confirmar lo que acabas de oír, por si algún detalle estuviera mal.

—Nada…

Así que él no quiere que sepas donde está… Seguramente no quiere ser encontrado, porque sabe el pecado que cometió y no quiere pagarlo.

—Nadie, nadie de los que conoces debe decirle a Yoh que estoy embarazada… al que hable lo mato…

Hao se quedó ese fin de semana y volvió al siguiente.

En eso, Horokeu Usui llega a tu casa y se queda petrificado ante tu condición.

—Ah… hola… supongo que no me conoces…

—Horo-Horo —recitas y tienes el presentimiento de que Yoh lo ha mandado a investigarte.

—SÍ… yo sólo… bueno, es que me he quedado con Ren Tao en esta playa y perdí mi dinero… Ren se niega a pagarme el hospedaje en un hotel decente y mi hermana Pilika ya está aburrida de buscar y…

— ¿Quieres quedarte a dormir?

—Quería que me rentaras un cuarto para los tres… —se rasca la cabeza.

Tú lo meditas durante segundos y terminas por decirle que sí.

Convives con ellos ese fin de semana y notas que son muy divertidos; escuchar pelear a Tao y a Usui por tonterías es muy entretenido.

Pilika es algo fastidiosa pero aprendes a sobrellevarlo

Les tomas confianza y aprendes a conocerlos y entonces te visitan con más frecuencia.

Esa misma noche, que cumples los seis meses de embarazo, estás sentada en tu pórtico viendo la luna.

Horo se sienta a tu lado y la mira también comentándote que está hermosa con sus tonalidades doradas.

—Es de Yoh, ¿no es así? —te suelta con poco tacto.

—Sí —le respondes simple.

Esa noche pareces estar tranquila. Y es que a veces no sabes como vas a reaccionar con esas hormonas algo locas.

—No te atrevas a decirle que es suyo o te arrancaré la cabeza—recitas serena.

Horo tiembla. Sabes que él sabe que lo que dices es enserio.

—Ren lo sabe también, ¿No? —miras al piso y te das cuenta que este chisme se extenderá más rápido de lo que crees.

—Fue él quien me hizo pensarlo…

— ¿Por qué?

—Por el modo en que se portaba Yoh cuando entramos en la preparatoria, más distraído de lo que era, y sabíamos que eras su novia… antes de que se fuera —se detiene de golpe, nada disimulado.

No preguntas a qué se refiere puesto que ha dejado de importarte lo que pase con ese desgraciado. Aunque de alguna manera intuyes que ese maldito sospechaba que te embarazó.

—Puedo… ¿Puedo abrazarte? —murmura de repente y te quedas estática.

— ¿Por qué?

—Creo en eso que dicen que los bebés sienten… quiero que el tuyo sienta que es amado…

Te quedas seria. No tenías ni idea que Horo tuviera pensamientos tan… curiosos.

—Si eso es lo que quieres…

El chico peliazul sonríe, te rodea con sus brazos. Recuestas ligeramente la cabeza en su hombro en lo que el chico acaricia tus mechones.

—Todo se solucionará… eso es lo que él siempre dice —musita sincero—. Es su hijo, sé que no volverá en mucho tiempo pero créeme, Anna, si algo no le va faltar a tu bebé, es un padre…

Sientes la brisa arrullarte junto con la voz de Horo en el aire y te relajas quedándote algo dormida.

No sabrás cuanta razón tiene el chico de peinado de puercoespín…

Continuará

Notas del autor:

o.o que? Que cosa es esta!!!!!!!!!!!!!! u.uU nada mejor se me ocurre a la 2:09 a.m. xDDD

Bueno, la actitud de Horo es influenciada por el bebé. No sé si han notado que a veces, cuando le agradas al bebé, sientes una simpatía increíble con su madre así que mmm… algo así es lo que quise plasmar.

Wow MESES SIN ACTUALIZAR, ME DARÉ UN TIRO!!!! Para que no me maten antes xDDDDD

Ja ne!!!!