Hasta que ella duerma

Por Katsumi Kurosawa

Capítulo 7

El día que nació

Uno de esos meses llegó Manta. Nuevamente sentiste que fue enviado por Yoh pero ya ni te incomoda.

Sin embargo estás algo triste porque justo la noche pasada te han despedido del restaurante porque pues… estás embarazada y todos los clientes se quejan de la tiranía del dueño al dejar a una niña embarazada ser mesera.

A lo que los clientes se referían quizá era a que te dieran las vacaciones obligadas y pagadas debido a tu condición de empleada. No obstante el dueño no quería pagarte las vacaciones así que te despidió para que dejaran de levantar quejas.

Dios… La cabaña es visitada continuamente.

El pequeño rubio te visita mientras está con su pequeña novia Opacho quien es muy amiga de Hao.

Manta dice que quiere poner un hotel en la playa, muy cerca de tu casa y que quiere que seas una de sus empleadas.

—He oído que vas a estudiar administración ¿No es así? —te dice con una sonrisa.

—Pues sí… administración hotelera…

Levantas una ceja. Tratas de imaginar quien de las bocas sueltas le ha dicho pero no puedes concluir.

—Ya tienes un trabajo asegurado —el chico te ve esperando la respuesta, pero no respondes— Bueno… si es que aceptas claro está.

—Pues sí…

Musitas simple.

Después de una charla animada, Manta te pregunta la edad. Te sientes algo incómoda pero respondes que estás por cumplir los dieciséis.

Él, comenta que a sus diecisiete, ha adelantado tantas materias (años escolares más bien) que está en el tercer semestre de Administración de Empresas en la Universidad de Tokio.

— ¿Cómo conociste a Yoh? —preguntas y el chico da un salto de sorpresa.

Seguramente ya sabe quien es el padre de tu hijo puesto que se pone nervioso y sudoroso.

—Pues… todos vivimos en el mismo barrio—se afloja la diminuta corbata azul—. En Tokio, en el barrio Funbari, pero Yoh se regresó a Izumo, Horo-Horo a Hokkaido, Ren a China y pues… nos separamos. Como a Hao le gusta hacer fiestas, nos reunimos todo el verano y disfrutamos de la fiesta…—lanza una risita nerviosa—De hecho, te conocimos en la primera fiesta que él hizo en la playa para reunirnos, los amigos de Funbari.

Opacho platica con Hao en el comedor. Está en la casa como todos los fines de semana y sin que se lo pidan.

El chico presumido ha cambiado mucho aunque sólo en unos siete meses o quizá menos.

—Sé que te has quedado sin trabajo… tienes ocho meces de embarazo ¿No? —el enano ha dicho eso con extrema cautela.

—Sí…

—También sé que pintas —mira a la pared que estaba decorada a mano, como una noche de la playa y la luna llena elevarse en todo su esplendor—Sería bueno que pintaras un cuadro para mí… —toce un poco y trata de sacar el tema siguiente—: Mi padre ha abierto una flota de barcos rentables muy cerca de aquí… ¿Gustas trabajar ahí?

Miras al piso.

¿De dónde viene tanta amabilidad¿Tanta preocupación¿Tanto amor que no mereces…?

Buscas los ojos de Manta. Él está a la expectativa de lo que digas.

—Sí —murmuras algo seca—Muchas gracias…

Manta te sonríe.

Se quedará esa noche y te pagará aunque tú te niegues rotundamente, porque estás agradecida, de eso mucho que está haciendo por ti.

Estás con Hao una de las noches más frías de esa playa… cosa que para todos los citadinos es bastante caluroso.

Miras al cielo. El mar danza nuevamente de esa manera triste como el día que Yoh se despidió.

Te llevas la mano al cuello para tocar tu nuevo accesorio. No sabes porqué te pones ese collar de garras de oso… quizá es que te gusta torturarte…

Hao mira el mar también. Ambos están sentados en la arena, en lo que un azul exótico se pinta junto al cielo y el mar.

—Es increíble que él lo haya logrado y yo no… —la voz de el castaño te deja helada de una manera inverosímil.

— ¿Qué¿Quién? —le preguntas algo desorientada y al mismo tiempo sabes a que se refiere.

—Yoh, logró llegar —susurra sin demostrar una emoción clara, mirando ahora la arena.

— ¿A dónde¿A embarazarme? —aquello sonó más triste de lo que querías plasmar.

—A ti… a ti pudo llegarte mira.

No quieres sostener su mirar, así que te entretienes jugando la arena con los pies.

Pero sus brazos rodeándote han hecho que pierdas esa aparente concentración. Una rara sensación te recorre, un sentimiento extraño.

Se ha sentado detrás de ti y te rodea totalmente.

Tus manos tiemblan.

Aquel contacto te ha recordado a Yoh… es inevitable y bastante molesto. Sin embargo es de alguna manera algo que deseas y disfrutas.

Hao posa los labios entre tu cuello y tu hombro.

Ya sabías que es un experto si de mujeres se trata… eso es molesto también, puesto que Yoh sigue presente en tu cabeza.

Su boca camina hasta tu cuello, luego a tu mejilla…

Le miras en lo que tu cabeza puede girar para mantener el contacto visual.

Él pasea sus ojos marrones por tus labios. Quieres que lo haga de una vez, no sabes por qué pero quieres que te bese en ese mismo instante.

Como si obedeciese tus órdenes, él se acerca, midiendo si lo vas a rechazar y concluye que no, así que posa sus labios en los tuyos de manera suave.

Sus manos no se quedan quietas y se deslizan por tu espalda, tu cuello, tu cabello, suavemente y sin cesar.

Sin embargo, el dulce momento es interrumpido por un extraño dolor. Sí… uno muy feo…

Hao te dice que es mejor que entren a la casa y descanses puesto que llevan la tarde afuera y quizá tu espalda no resiste la posición.

Al pasar de un largo rato, horas quizá, el dolor se hará más intenso y tiendes a tratar de resistirlo, sudando frío, de alguna manera no puedes dejar de hacerte la fuerte.

Hao se pasea por tu habitación con su teléfono celular y ese tono serio, casi tenso, que casi nunca le oyes.

Habla al Hospital cercano.

—Hao… —musitas.

— ¿Sí?

—Se me rompió la fuente…

Los ojos del castaño palidecen y habla con más desesperación a la señorita lerda que le está atendiendo.

Unos paramédicos llegan a recogerte en poco rato, cuando el reloj marca ya las tres de la mañana del día siguiente. Sin embargo, la dilatación excede los nueve centímetros así que estás lista para dar a luz en ese mismo instante.

En lo que los dos jóvenes, están pálidos ante su extraña situación, tratan de preparar la habitación para la llegada.

—Cuando mi esposa dijo que y no quería tener más hijos creí que no volvería a hacer esto… —susurra uno y te dan ganas de partirle el labio y uno que otro de sus miembros.

Hao se agarra de los cabellos corriendo de un lado a otro por su cámara, aunque se lo habías prohibido terminantemente. Es tan raro verlo así… ni el verdadero padre soñaría estar en tal situación.

Entre la cámara, el dolor, el sudor, el cansancio, continuas en pie en el momento culminante que casi te hizo perder el sentido, aquel que con un último esfuerzo hizo llegar a tus oídos el maravilloso llanto del bebé…

Tratas de recuperar el aliento buscando con la mirada al niño. Lo encuentras… ellos lo limpian con delicadeza.

Hao lo mira impresionado desenfocando ligeramente su cámara sin quererlo realmente…

Y es cuando los chicos deciden que es buena idea dártelo así que lo colocan entre tus brazos y tú le sonríes…

Continuará…

Notas del autor:

Holas!!!! Tengo hambre, sueño y algo de pánico.

Estoy feliz porque pasé cálculo diferencial de panzazo u.uU

Por fin acabó mi semestre y me suicidaré… xDDD figuradamente

Y eso que importa…

Mmm… he aquí el séptimo capítulo y me duele la cadera… Dios… envejezco x.x [de pronto me sentí como Daiuske Moriyama (creador de Chrno Crusade) en las notas finales de sus mangas con eso de la cadera

Vaya que locura con este capítulo cursi.

Bienvenido Damián-kun al Fanfiction, uno de los pocos hombres de aquí… xDDD

Me voy…

Ja ne o!

Y que los ilumine la eterna luz!!!!