Hasta que ella duerma
Por Katsumi Kurosawa
Capítulo 8
Apellido
Estás estudiando el apartamento que compartes con tu amigo Lyserg en Inglaterra.
Te sientes raro… Falta una semana para tu cumpleaños y sientes como tu corazón se acelera de una forma desconocida.
Te sientes feliz. No sabes por qué y te parece que te estás volviendo loco…
Quizá lo estás puesto que tu mamá te ha llamado y te ha dado la noticia de que te quedarás más tiempo allá.
Dos años más que se te hacen eternos…
Pero aquel extraño sentimiento ha hecho que abstengas el aliento, los ojos se te llenan de lágrimas y se te escapan un par. Las limpias con cuidado porque no quieres que el peliverde de de cuenta.
¿Qué es esa felicidad sin razón?
—Yoh —susurra Lyserg enfocando sus ojos verdes en tu libro—. ¿No estás pensando muchas cosas? No pones atención a tus estudios, mañana tenemos el examen… Dios, ya son las tres de la mañana…
Lyserg tenía Razón. Si querías regresar debías mantener un buen promedio aunque odiaras tanto estudiar.
…………
Una semana tiene tu bebé.
Es lo más hermoso que has visto jamás…
Lo acaricias mientras duerme, aquel sábado doce de mayo en el cual celebra el cumpleaños número 17 de Hao Asakura. Sin embargo también se celebraba el cumpleaños de Yoh…
Pero que importaba eso si habías prometido olvidarlo.
Hao lo mira también. Y es que es tan hermoso, rubio, delicado, parece un regalo tuyo, como si fuese su hijo… de cualquier manera tenía los rasgos aunque no muy notados aun, de él.
— ¿Cómo dices que va a llamarse? —pregunta casi aislado de cualquier cosa exterior.
—Hana—le respondes mirando su expresión encantada imposible de imaginar.
— ¿Por qué? —lo sabe, lo sabes, todos lo saben ya, aunque no hayan conocido al pequeño.
—Los nombres, ya te lo había dicho, no me hagas repetirlo—miras a un lado.
Es una cosa tan rara que conserves a Yoh en el nombre de tu hijo… en el "Ha" justo en la fonética del kanji hoja…
—Hana Asakura —susurra mientras acaricia sus hermosos cabellitos dorados.
—Kyouyama —lo miras algo molesta.
—No, Asakura, porque le daré mi apellido— te quedas sin palabras en lo que él le dice cosas bonitas al bebé.
Su apellido. De cualquier manera sería un Asakura… aunque no por el verdadero padre…
—Vamos a hacer la fiesta ya, es tarde y aprovechar que el pequeño Hana esta dormido, mejor… —musitas sin ganas de separarte de él.
Van a decorar la cabaña. De todas maneras Hao ha dejado de hacer sus fiestecitas sin sentido y sólo hace los cumpleaños y las fiestas para reunir a los amiguitos de Funbari, también ha dejado de invitar a sus "amiguitas" a sus fiestas y ha aprendido a integrarse a un ambiente íntimo que sólo los amigos de verdad provocan.
Quizá maduró más desde que comenzó a trabajar de lunes a viernes, casi sin ver a su madre y pasar los fines de semana contigo. Se maneja tan bien sólo que aunque sus padres pudieran controlarlo, no podrían con la independencia pronunciada del castaño.
Uno que otro globo, los refrescos y las botanas están ahí. Los tragos han sido disminuidos gracias a los regaños que propinaste.
La fiesta sería agradable.
Todos comienzan a llegar desde las ocho de la noche. Manta y Opacho son los primeros, dejando los regalos en la mesa y dándole las felicitaciones al cumpleañero.
Horo, Ren y Pilika llegaron después. Pilika abrazó a Hao, Horo lo zarandeó gritándole con euforia que estaba viejo y Ren se limitó a darle un golpecito en el hombro.
Todos conocían ya al pequeño Hana puesto que el día de su nacimiento la cabaña fue visitada más que nunca.
Sin embargo alguien más toca la puerta haciéndote olvidar tus pensamientos.
No ves quien es puesto que Hana ha comenzado a llorar al escuchar al eufórico Horo y corres a calmarlo.
Lo traes en tus brazos cuando miras a la nueva invitada. Nunca la habías visto pero intuyes quien es…
—Aquí estás Anna… quiero presentarte a una amiga de la infancia… —te dice Hao en lo que la chica se sonroja al ser llevada del brazo hasta la rubia—. Ella es Tamao Tamamura…
Te quedas estupefacta. No sabes como reaccionar… te ves tentada a darle una media sonrisa en lo que ella se enfoca en tu bebé.
—Que hermoso es… —susurra mirándolo con sincera atracción.
—Es mi hijo —le dice Hao de una manera orgullosa y convencida, a lo que te dan escalofríos.
Ella sólo sonríe como confirmando que realmente sabe que es de Yoh.
—Es una preciosura —dice, se acerca y lo mira mejor.
Es realmente un pastel… dormido nuevamente en tus brazos, como si sólo con tu contacto fuera feliz…
Es tan maravilloso y aterrador sentir como una persona depende de ti…
La joven se incorpora a la fiesta, la cual transcurre sin ninguna novedad y con mucha diversión.
Sin embargo nuevamente alguien toca a la puerta. No te imaginas quien es…
Vas a abrir. Tienes a Hana en brazos puesto que cada vez que lo dejas en su cuna, llora.
— ¿Sí? —le preguntas al hombre de unos aparentes cuarenta y cinco años, cabello castaño y barba crecida.
Has tenido que preguntar porque se ha quedado estupefacto mirándote y al bebé.
— ¿Tu eres Anna Kyouyama? —susurra después de un casi paro cardiaco.
—Sí –le dices simple aunque algo desconfiada.
—Soy Mikihisa Asakura —suelta mientras sientes caer en el total vacío.
El padre… el padre de Yoh, frente a ti y Hana está presente.
Te quedas callada, seria, helada…
No sabes que decirle, tus piernas se hacen de mantequilla derritiéndose al sol. Hana abre los ojitos, sin llorar, mira a su alrededor y se encuentra al señor encantando la vista a este.
— ¿Puedo cargarlo? —susurra y tú se lo pasas delicadamente.
El hombre lo mira. Lo escudriña, sonríe mientras toma una de las pequeñas manitas de tu hijo y tú no sabes donde meter la cabeza.
— ¿Qué haces aquí, Mikki? —el susurro de Hao ha sido tan claro que te volteas a verlo. Supones que él sabe que aunque tengas esa cara de iceberg, ruegas por ayuda de salir de semejante situación.
—Vine a conocer a tu hijo, tengo que autorizar que le des el apellido ¿No?—musita el señor Mikihisa acariciando la carita de tu bebé—Pero aunque me mientas no soy tonto, este niño no es tuyo.
Aquello de alguna manera dolió. No sabes por qué pero así es… ¿Qué es lo que tiene ese hombre que te hace flaquear? ¿Será acaso su increíble parecido con su hijo? No en el físico claro está.
Esa sonrisa tranquila, casi tonta… el desgraciado de Yoh es su vivo retrato…
—Me recuerda mucho cuando cargaba a Yoh —concluyó su argumento y notas como la molestia de Hao es como una enorme aura negra.
—Pero lo será —susurra el cumpleañero apretando los puños—, lo quiera Yoh o no, mientras yo esté aquí, seré su padre…
Aquello, mas que un acto de nobleza hacia ti, sonó como un acto de venganza a su hermano. Mikihisa sonríe… de momento a otro, te ha parecido que a él se le pasó por la cabeza que Hao era idéntico a su madre.
No dices nada. No te incumbe esa discusión padre e hijo aunque hablen de tu hijo.
Hana está muy a gusto con el nuevo individuo y es muy extraño que ni siquiera llore.
Mikihisa te lo roba mientras saluda a todos los presentes quienes se han quedado estupefactos al mirarlo ahí, justo a él y con el bebé en sus brazos
—Eres una chica muy bonita —te dice a la ligera cuando regresa de repartir saludos en lo que te ruborizas y mantienes tu cara de piedra— y por lo que me cuentan, valiente y tenaz.
—Gracias —es lo único que se te ocurre contestarle.
—Hicieron una buena elección…
Te quedas tonta. ¿Qué es lo que quiso decir el viejo?
— ¿Quiénes? —lo miras entornando los ojos.
Él mira a Hana, mientras lo arrulla suavemente, luego se detiene y te mira.
—Yoh y Hao —y vuelve a concentrar su atención en el pequeño—, por pelearse por ti.
Aquello te molesta; mucho. Miras al gemelo mayor quien en la ventana ve el mar sin mirarlo.
Aquel semblante molesto sigue presente y a la vez se ve triste… como quisieras arrancarle esa cara que día a día te recuerda lo que quieres olvidar…
El señor te devuelve a tu hijo como si le costara separarse de él.
Se ha quedado dormido nuevamente, esta vez te da la impresión de que no despertará. Así que lo depositas en su cuna.
Cuando vuelves a la sala, ni Hao ni el señor Mikihisa están ahí.
Te mala espina.
Los buscas en el patio trasero. No están ahí.
Vas al pórtico y vez a Hao sentado en el pórtico y el padre en una de las mecedoras.
— ¿Cómo supiste que no es mío? —le escuchas decir mientras te escondes tras la puerta.
—Porque ya sé de todas tus "aventuras" y no eres descuidado —el tono divertido del padre es tan extraño que te dan escalofríos. ¿Cómo puede tomarse todo a la ligera?
El castaño chasquea la lengua. Parecía ser que nunca se llevó bien con ese hombre
—Además, ese niño es definitivamente un Asakura… tiene "eso" de los bebés de nuestra familia… ¿Sabías que descubrimos lo de "la chica de la playa"?
Hao se quedó tenso.
— ¿A que te refieres, viejo?
—Tu madre descubrió a Yoh —murmuró—, ella sabe de Anna aunque no sepa ni como se llama… lo intuyó, es muy desconfiada.
—Por eso lo mandó…
—Sí—le cortó suavemente—. Ahora sé el resultado del capricho y necedad de tu hermano.
Tus piernas tiemblan. Te da rabia… quisieras correr… quisieras también acercarte y desgajarle la cara a golpes a uno de los dos, después escogerías a cual… mas no respondes y te resignas a seguir escuchando la conversación.
— Sabes una cosa… autorizaré el apellido porque…
La voz del señor es interrumpida por el insistente timbre del móvil del chico.
— ¿Sí…?—responde pesadamente—Ah… Hola… cuanto tiempo sin escucharte… —algo de fastidio hay en su voz— ¿Cuando vuelves, trozo de basura?—pronto su silencio es tenso— ¿Dos años más?—le escuchas decir verdaderamente sorprendido— Pero ¿Qué se cree mamá…? Así que serán cuatro años los que estés allá… bien… no importa, felicidades a ti… Gracias, adiós…
—Ya sabes por que lo autorizo —sonrió— ¿Te parece bien, Anna?
Te quedas helada.
Te asomas por la puerta ya que no te queda de otra. Miras al mayor de los gemelos quien, asustado, calla y no dice más.
No pides una explicación.
No la quieres.
Sin embargo ya sabes que él no está en un lugar cercano. Intuyes que en el extranjero… también sabes que no lo volverás a ver en mucho tiempo.
Estás muy triste.
Ya ni sabes por qué.
Pasarán unas semanas antes de que el pequeño Hana tenga el apellido.
Tus tutores se presentaron. El señor Mikihisa está muy feliz.
Te acercas a firmar y ves a Hao sonriendo también…
Sin embargo hay algo raro en su sonrisa que te inquieta. Un toque de esos que dicen sin decirlo "haré lo correcto" y obviamente es bastante extravagante en Hao.
Te da miedo.
En aquel momento él se acerca a firmar.
Ves el bolígrafo deslizarse lentamente con una letra que no era la de él. Lo sabes porque muchas veces lo has visto escribir.
Entonces firma:
Asakura Yoh
Continuará
Notas del autor:
Ja!!!!
Lo logré…
Por fin logro acabar un capítulo de un fic desde que comencé a trabajar. Porque el capítulo anterior lo tenía escrito desde uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu xDDDD
Feliz año nuevo
Te amo, pato-kun xD
Oh, sí…
Ciao…
Que los ilumine la eterna luz!!!!!!!!
