Bien, capítulo 2.

2: El caballero León

Un nuevo amanecer en Barcelona. Un nuevo y esclavo amanecer en España.

Enrique de Hanover III* tamborileaba los dedos en la mesa del comedor real. Estaban ansioso por la visita que recibiría en el lujoso recinto, adornado con telas rojas y moradas. Había objetos de oro y plata por doquier. Sobre la mesa estaba la fina vajilla china decorada con campos de durazno en tinta azul, copas de vidrio alemán y cubiertos finos.

La elegante puerta de madera oscura se abrió dejando entrar a la mujer mas bella de España: Catalina de Borbón. Una belleza de 17 años, cabello pelirrojo y largo, peinado en bucles que se alternaban con cintas color oro y plata, ojos de zafiro, con esa piel color crudo típica de las pelirrojas. Su vestido era color lila con varios toques, mangas sueltas del codo para abajo, encajes en la falda. Era la Princesa de España hasta que Enrique llegó.

-Su alteza- dijo ella haciendo una reverencia.

-Catalina, sabes que no debes molestarte en esas formalidades.

-Sin embargo, su majestad ¿que sería de los humanos sin modales?- respondió esta, hábilmente. Tomó asiento en un extremo de la mesa.

-Debo decir que hoy te encuentras....radiante. Más de lo normal- rectificó.

-Gracias, majestad.- "¡Que se pudra en en noveno infierno de Dante!" pensó para sus adentros mientras fingiá una sonrisa.

Los criados del palacio comenzaron a traer el desayuno. Primero unos bocadillos, seguido de un omelette de queso manchego con jamón, acompañado de paella. Por último les trajeron una jarra con algo humeando. Pusieron una taza al lado de Catalina y otra con Enrique. Sirvieron un líquido café claro, espumoso y con un agradable aroma.

-¿Que es esto?- preguntó extrañado el rey.

-Chocolate, señor. Es de nuestras colonias americanas. Debo añadir que es una exquisitez.

El rey lo probó y se mostró impresionado con el sabor tan dulce y agradable que tenía la bebida. De inmediato ordenó mas.

-Debo decir que de las Indias Occidentales, España se llevó la mejor parte.

-Hasta que llegaron ustedes- murmuró para sí Catalina. Sospechando algo, preguntó- ¿Algún motivo para invitarme a desayunar, señor?

-Catalina, sabes que mi hijo Robert Alexander pronto cumplirá los 18 años. Por lo tanto, podrá heredar el reino. Y deseo fervientemente que seas su preciosa esposa.- Esto último le cayó como patada en el estómago a la joven.

-¿Cuando vendrá?

-Dos meses.

Azotó la puerta, furiosa. Apenas acabado el desayuno, Catalina dio rienda suelta a su ira, en la soledad de su cuarto.

- ¡Espantoso! ¡De verdad odioso! ¡Cree que por el simple hecho de que, para evitar la muerte de mas españoles inocentes, le dimos cobijo en nuestro palacio y rendimos nuestro país a su armada y poder, él puede decidir mi futuro? ¡Estúpido reyezuelo de Inglaterra! ¡Si Berenice no fuera como es y tuviera a su otro hijito vivo, entonces sería dueño de Francia también! ¡Que suerte tenemos de que muriera si no, los pobres de la Resistencia serían criminales ya que la unión sería absolutamente legítima y luchar contra ella sería crimen de estado!

Se tiró en la cama y volvió a hundirse en aquella terrible sensación de soledad que le producía aquella jaula de oro que era su habitación y su palacio. Gritó en el almohadón como loca y se quedó dormida.

Raven estaba recogiendo los juguetes mientras los niños dormían. Según ella, se veían mejor así que despiertos y dándole lata. "Raven cuéntanos un cuento", "¡Raven, fulano me pegó!", "Raven tengo hambre". Raven aquí, allá, Raven para siempre. En eso, su hermano pasó escondido por una capa muy gruesa de tela color café.

-¿A donde vas?- preguntó- Y con eso encima. ES primavera, te vas a deshidratar.

-Tengo una informante y esta me ha dicho que debe verme de urgencia.

-Ah.- respondió con cierto desprecio en la voz- Que te diviertas.

El lugar donde Robin vería a su informante no era seguro para nada. Era una vieja casona a punto de derrumbarse, con un campanario. Pero como era el único lugar al que los soldados no se acercarían ni aunque les pagaran, era perfecto. La informante siempre iba con una capa desteñida que ya no se sabía si era morada o café. Llevaba la cara cubierta para que no supieran quién era.

-Dime que ha pasado y porqué debía venir tan pronto.

-El rey desea casar a la Princesa Catalina con su hijo, el Príncipe Robert Alexander.*

-¿Cuanto para la boda?

-Dos meses, señor. Recuerde que si no la evita, ustedes serán criminales.

Y se desapareció.

Ese olor a humo tan extraño confundía a Dick. No era del tipo de humo que usaba cuando hacían retirada, era mas bien como olor a....lavanda y ámbar. Ya sabía que su informante estaba en el palacio y sin duda tendría una buena posición para saber los movimientos del Rey Enrique antes de que sus espías pudieran darse cuenta.

-Bien. Será tiempo de ir a palacio.- se ajustó los lentes y partió de vuelta a la base.

Victor miraba divertido como Raven cuidaba de los niños. Ellos seguían insistiendo en que ella era una hada, una bruja buena o de perdida un ángel bueno. Pero apenas esta perdía los estribos, era todo menos un ángel.

-Nany- le dijo en broma- Ven conmigo- se dirigió a los niños y les dio un dulce a cada uno- Pórtense bien en lo que Raven y yo volvemos y entonces les daré mas dulces ¿entendido?

-Gracias Victor.- suspiró aliviada- ¿Y...a donde me llevas?

El centro de Barcelona era un lugar espléndido. Los edificios parecía que los habían construido jugando a "mi edificio es mas alto que el tuyo", por lo que Victor y Rachel se escondieron en uno que tuvo la mala suerte de perder.

-Muéstrame lo que sabes hacer.

Rachel titubeaba lanzando hechizos. Se revolvía al grado de que transformó al moreno en un hurón, luego en sapo y cuando logró hacerlo humano de vuelta, provocó una nube de tormenta sobre su cabeza.

-¡Tra....tra....transformatia! ¡Pluvia!

Y la lluvia se fue. Victor se sonrió, divertido por los errores de la joven hechicera.

-Definitivamente, la Academia de Hechicería de Canterbury inculca un estilo muy particular de defensa a sus alumnos. Transformación en animales y lluvia ¿eh, Rachel?

Pero esta sólo se tiró, frustrada, en el piso.

-Era genial en las prácticas de amaestramiento, como curación- dijo con un hilo de voz- o pócimas. Pero combate, lo que mas requerimos en estos momentos tan difíciles, nunca ha sido lo Mio. Me pongo nerviosa y por eso se me olvidan los hechizos, los cambio. Y mi mala puntería. Ni cuatro años de escuela lo corrigieron.

-No es para que te frustres, Ravelita.- dijo sentándose a su lado, en la orilla del edificio- Yo también era de mala puntería, pero me corregí.- ella parecía no oír nada.- ¿Hay modo de facilitarte las cosas?

-Las pócimas. Hay algunas que son base y las uso para cosas específicas con ponérmelas en el brazo, pienso en algo y la pócima lo hace sin que use un hechizo. Existen las de defensa, las de combate e incluso una que sirve como liana.

-Entonces usa eso en combate.

-¿Me pides....que yo pelee a su lado?- preguntó, sorprendida.

-¿Pues a que otra cosa veniste?

-No...yo solo preguntaba.

Un ruido extraño los puso en alerta. Levantaron la vista y frente a ellos estaba un joven de 16 años, con un traje estilo mosquetero, color amarillo con un sombrero de ala ancha con una pluma del mismo color. En su lado izquierdo estaba una espada. El sol de la tarde les impedía verlo bien, por lo que no supieron ni el color de sus ojos ni el de su cabello. Caminó hasta estar apenas a un paso de ambos jóvenes.

-Tú- susurró Victor.

-Tranquilo, Victorinox,- respondió burlón- Oí rumores de que tenían integrantes nuevos y vine a presentarme.- levantó a Raven y con delicadeza, tomó su rostro entre sus manos. La observó por unos minutos y añadió- Soy el Caballero León, preciosa.

-Ketti.

-¿Ketti?

-Ke/ti/importa.- dijo Raven furiosa porque, en vez de sentir miedo o algo, se sentía como entre las nubes. Y estaba mas que colérica al sentir que su corazón iba a mil por hora mientras este la tenía en sus brazos. Extrañamente, en vez de que él la soltara con rudeza, lentamente retiró sus brazos y dio un paso atrás. Miró por encima del hombro a Victor mientras se alejaba.

-No se te olvide que aún tengo una venganza que ejecutar, Victorinox.

Dio un salto al vacío. Por impulso de miedo y curiosidad, Raven y Vic se acercaron al otro borde del edificio y, al mirar abajo, no había nadie. Se miraron incrédulos. Entonces la chica reaccionó que no había visto los ojos del Caballero León.

-¿Bueno o malo?- preguntó, tratando de entender que sucedía

-Bueno, aunque no esté de nuestro lado. Es como un Robin Hood, ya sabes, "robar al rey Enrique, que viva eteeernamente- dijo con burla- para darlo a los pobres". Es curioso, pero desde su aparición hay palomas en Barcelona.

La sensación del palacio Imperial de Barcelona era una noble muy extravagante. Cabello endiabladamente rizado, negro, ojos oscuros, piel de chocolate y una sonrisa retadora. Cuando se presentó causó el máximo revuelo entre todos los nobles.

-Soy Amaia de Sinveregüenza, duquesa de Narnia, Vizcondesa de Fairyoak- aunque pareció pronunciar Ferlyuak- y Marquesa de Pitufilandia.

-En...encantado- dijo el rey. No confiaba en que los poblados mencionados fuesen reales, pero como era pésimo en geografía (pensaba que el mar adriático estaba en Grecia y que Galicia era provincia de Francia), lo creyó.

No sólo sus irreverentes modales atraían la atención de todos, sino que también gustaba de trepar a los árboles y mecerce en las ramas. Por esos motivos, había terminado por seguir su "hobbie" cuando nadie la veía. Ni los guardias.

Y en esas estaba cuando miró a un guardia de sus mismas características físicas dormido con la cabeza en el piso y los pies sobre un banco del jardín. Roncaba a pierna suelta mientras una pluma se le mecía en la nariz.

-Eso- dijo medio cantadito- De perezoso en el trabajo.

El guardia se levantó, sorprendido e inmediatamente hizo una reverencia cómica.

-¿Yo? ¿Flojeando? ¡Jamás, su alteza! Sólo estaba....revisando que el suelo estuviese cómodo para vuestros pies.

-Payaso- dijo en tono despectivo. Pero casi enseguida, una mano fuerte la sujetó del brazo y la detuvo.

-Amy Brown, ¿todo listo para el sabotaje?

-Listo, Vic. Te envío los informes en dos horas.

-Que sea media. Y sigue tu investigación sobre la informante de Dick.

-Lo haré.- antes de irse le dio un beso en la mejilla a Victor.- Cuídate mucho.

Raven fue levantada mas temprano que de costumbre. Iba a ayudar con el sabotaje por sus habilidades, junto con otros quince hombres y mujeres, contando a su hermano y Dick. Se dirigieron al Gran Salón Plateado para dar inicio a su ataque.

Pero cuando llegaron ahí, sólo estaba en el salón la Princesa Catalina. Dick, sorprendido, dio un paso al frente. La joven estaba serena y buscaba con la mirada al jefe de los rebeldes.

-Princesa,- tartamudeó Dick ante ella. Estaba impresionado- hemos venido.....

-Agradezco su intervención. Me permiten creer que aún hay personas que están dispuestas a darlo todo por un ideal. Yo evacúe personalmente a los nobles para darles un desayuno a costillas de los demás, para agradecerles la esperanza que infunden a mi pueblo- sonrió.- Disfrútenlo.

Corrió hacia un túnel que se había abierto bajo las escaleras y este casi al instante cerró cualquier acceso.

-¿Será una trampa?- preguntó Amy, que era la única que no había salido corriendo.

-Habrá que ver.- dijo Fabricio. La prueba ya estaba: Raven estaba inconciente sobre su plato. Su amigo corrió a tomarle el pulso- Está viva, sólo está dormida.- olió el plato- Somnifero. Y sólo su plato lo tiene. ¿Pero porqué?

-Vaya, fiesta para los rebeldes- dijo una voz, en tono burlesco- ¿Porque no comienzan con las copas y brindan a salud de su lider de pacotilla?

Buscaron inquietos con la vista la voz, descuidando así a la desmayada chica. Voltearon rápidamente y ya no estaba ahí. Sólo había una nota color amarillo y, escrita con una letra demasiado fina, una nota.

Dick:

Si quieres ver de nuevo a tu hermanita, deberás hacer lo que yo diga.

De todos modos, lo que no me quieras decir o hacer, haré que ella lo diga y haga.

Larga vida para tí y tus muchachos.

Caballero León.

-¡Ese maldito!- gritó Dick, impotente.- ¡Quién sabe que le hará a Raven!.

-Tranquilo hermano. La recuperaremos.- dijo Victor intentando calmarlo.

-¿Ehm? ¿Donde estoy?- se preguntó Raven abriendo los ojos.

Frente a ella estaba una pared color gris enfermizo. La luz era tan fuerte que sin duda era mediodía. Su cama estaba dura. Miró en derredor buscando a alguien mas y se topó con un joven oculto entre las sombras. Apenas se podía ver un reflejo dorado en su cabello.

- Eres tú. ¿Para que me quieres?- dijo exaltada.

-Eso no importa ahora, porque eres mi prisionera.

-Ya lo veremos- intentó decir un hechizo, pero de sus manos no salió luz alguna.

Por primera vez, Raven no tenía poderes.

Se sentía indefensa por completo, desamparada a merced de un hombre del que podía esperar cualquier cosa.

Tenía miedo.