N/A: Los nombres de algunos titanes saldrán cambiados, como el de CB o Chico Flash (quedó en Fabricio)

3: Extraño.

El joven soltó una carcajada al ver la asustada cara de su prisionera. Esta apretó los puños, impotente.

-No soy torpe, señorita- se notaba que era español de nacimiento en la voz- Si miras tu mano derecha, sabrás porque no podrás atacarme nunca más. No mientras estés en mis dominios.

Raven miró rápidamente. Tenía una pulsera de oro trenzado con plata. En el centro había una gema color verde enfermo que parecía tener dentro una pequeña tormenta. "Pensándolo bien....todo en casa de este hombre tiene color enfermo".

-La pulsera de la anulación. Creí que sólo era un mito o si existía no la tendría algún plebeyo puro. O por lo menos un bandido como tú- dijo con voz baja. Torció levemente los labios.

-Entonces, ahora que estás indefensa, debes obedecerme o tu castigo será caro ¿Entiendes?

No se te olvide que aún tengo una venganza que ejecutar

-Yo soy tu venganza. ¿Cierto?- preguntó Raven, entendiendo por fin las palabras que había dicho días atrás.- Algo deseas de mi hermano que tuviste que secuestrarme. ¿Cierto?- insistió.

-Piensas bastante rápido.- dijo este sentándose en una silla de mimbre viejo.- Bien, sí, deseo vengarme de Dick Grayson.

-¿Porqué? ¿Que te hizo?- exclamó en tono desafiante.

Rápidas imágenes de llamas, flechas y balas cruzaron la mente del rufián. La última era una mujer bellísima caer al piso mientras la sangre manchaba su vestido, color verde y el cabello rizado se desparramaba sobre él, un niño. Su misma voz, sus mismos gritos de ese recuerdo lo hicieron volver a tiempo presente, llenándolo de furia ante su prisionera. Amenazante, la acorraló en una pared.

-No tienes derecho a preguntarme nada.- dijo con la voz ahogada- Aquí el que hace las preguntas soy yo. Y quién debe sufrir eres tú.

Raven miró sorprendida a su captor. Era rubio, con el cabello lloviéndole sobre la frente. Tenía ojos verdes como los árboles, a diferencia de los de Catalina, que eran verdes como esmeraldas. Atractivo, una especie de galán maldito. Pero lo que la tenía en shock total eran dos marcas en los iris: la del iris izquierdo era un halcón y la del derecho era un águila real.

"No es posible" pensó. Él, por su parte, notó que en los ojos, ella tenía una marca en forma de media luna y dos extraños lunares perfectamente redondos sobre la ceja izquierda.

Poco a poco, él se apartó de ella con lentos pasos hacia atrás. Raven caminó cautelosa hacia atrás, se sentó en la cama, sin bajar la guardia, mirándolo fijamente, esperando que no le diera un ataque de locura de nuevo.

-Me llamo Gabriel.- dijo simplemente, pensando que por lo menos su prisionera debía saber el nombre de su enemigo. Le puso un plato en una mesita de noche que había al lado de la improvisada cama que había hecho para Raven.- Come.- dijo como ordenándole.

La hechicera tomó el plato y lo miró: era una sopa aguada con algo de carne y unos pocos fideos. Apenas suficiente para calmarle el hambre, pero realmente pobre.

-Gracias- dijo simplemente y comenzó a sorber la sopa. Gabriel la miró, sorprendido y ocultó la vista, avergonzado.

Raven pasó el resto del día preguntándose porqué Gabriel había intentado ahogar un grito en cuanto le preguntó algo y porqué cambió tan drásticamente su actitud de un instante a otro. Definitivamente, si era así, entonces no debería dormir mientras él estuviera despierto. No sabía que podía ocurrir.

Dick en el Palacio de Barcelona en esos momentos entretenía a la Corte tocando una pieza musical en guitarra flamenca, de modo tan magistral que a algunos les arrancó un par de lágrimas. Pero justo al final se equivocó de nota y todos lo notaron. Catalina la primera.

-Sir Dick Freeman,(N/A: Ese apellido lo usa para molestar al rey: "Freeman"= hombre libre) disculpe mi intromisión- preguntó de ese detestable modo educado que le habían inculcado de hablar- Noto que hoy está disperso, como si algo le molestara.

-No se equivoca, Princesa. Mi hermana ha sido secuestrada por ese villano que se hace llamar Caballero León y temo demasiado por ella. Lamento que eso haya interrumpido su entretenimiento. No volverá a pasar, mi señora.

Enrique de Hanover miraba fijamente al joven músico mientras su nobleza prisionera se perdía en la bella melodía que se oía. Intentaba mirarlo a los ojos, buscando una seña de identidad que le quitase ese extraño presentimiento que tenía desde que Dick habia entrado a trabajar en el Palacio como músico. Pero este le huía la vista. Amy mientras tanto observaba la cara que tenía Catalina: estaba absorta en la melodía. Ella ya sabía que la Guitarra flamenca era su instrumento favorito.

Gabriel observaba la luz de la luna caer sobre la delicada silueta de su prisionera, que estaba dormida de lado, aparentemente. Los recuerdos volvieron a invadir su mente a la par que en silencio lloraba, en un intento por evitar que ella supiera que él era humano. O algo humano. Cerró los ojos intentando bloquear el dolor que lo invadía, pero al abrir los ojos y ver su enorme soledad, se decidió por sollozar un poco. Después de todo, Raven debía de estar dormida y no lo oiría.

¿Y que era esa extraña seña en forma de media luna que tenía en los ojos la hechicera? ¿Sería musulmana en secreto o así era su iris?

Raven estaba despierta por completo, sólo se fingía dormida para ver de que era capaz el Caballero León. Escuchaba los sollozos que emitía en forma ahogada. Y por un momento pensó en sí misma. No podía dormir bien nunca, siempre el alba la sorprendía dando vueltas en su cama sin haber cerrado los ojos. A lo mejor el también era insomne y por eso lloraba. O también tenía un recuerdo torturándolo.

En ese momento, se decidió a quedarse, pese a que ya había previsto como escapar, esperando descubrir que era lo que tenía Gabriel y porqué en sus ojos había dos señas de identidad diferentes.

Aunque su hermano terminara con los nervios de punta, ella ya se había decidido a demorarse lo mas que pudiera para tratar de cambiar el rumbo de aquel joven. Costara lo que costara.